Nota autora: Siento muchísimo no haber actualizado en estas semanas, pero meha sido imposible actualizar por el grado de saturación que estoy teniendo. Como siempre (o al menos desde el anterior capítulo) Ace Attorney no me pertenece. Si me perteneciese la otp de Phoenix y Maya sería ya canon. Sin más dilación, que disfrutéis. Un saludo, LPP.
Lo que tenía ante mis ojos no se parecía en nada a mis expectativas. Empezando porque mi fiero acompañante tenía el aspecto de una dulce niña. ¿Ella era la que tenía que vigilarme porque podía ser peligroso? Menos mal que no soy un Lang, sino creo que hasta me lo tomaría a chiste. Aunque esto era, en realidad, era lo que menos ocupaba mi atención. Lo que más me sorprendió fue que aquella niña era la misma niña a la que había invitado a cenar a mi casa… Aunque si me paraba a pensar, tenía hasta sentido. Si ella sabía algo estaba claro que tenía que estar relacionada con esta tropa.
-Yo seré tu guardia-dijo con una sonrisa.
-Os dejo para que os presentéis-Diego se marchó de allí tomando un sorbo de su taza, que parecía que nunca se terminaba.
-Siento mucho no habérselo dicho-rompió el silencio con esa disculpa.- Pero cuando vi que tenía ese mapa, se lo dije a todos e ideamos este plan para capturarlo.
-No te preocupes-sentí pena al ver su triste semblante.
-Bueno, comencemos-recuperó la energía propia de los niños.- Es un placer conocerlo, me llamo Pearl Fey y de ahora en adelante seré la persona que lo vigile.
-Phoenix Wright, aunque el nombre que me ha dado la capitana es Nick, el aprendiz.
-Entonces yo también le llamaré señor Nick-afirmó con una sonrisa.
-Te tomas muy a pecho lo que dice Maya, ¿no?-pregunté tras comprobar que me iba a llamar por mi nuevo apodo.
-¡Por supuesto! Admiro mucho a Maya la mística.
-¿La mística?-pregunté confuso al escucharla.
-Así es como la conocen, Maya la corsaria mística. Aunque nosotros se lo acortamos cariñosamente a solo "la mística".
-Umm… Ya veo.
-Bueno, ahora, si me permite le enseñaré el Saint-Várune-comenzó a caminar hacia un lado de la cubierta dispuesta a enseñarme todos los rincones del barco.
La niña me enseñó todas las estancias que había en el navío. El barco estaba lleno de lujos, desde los acabados que tenían los muebles hasta las alfombras y los tapices que decoraban las paredes. Estaba impresionado, en mi vida había visto tanto lujo. Mi vida era más humilde, trabajaba para vivir y no mucho más.
Pearl y yo anduvimos por las distintas salas, pasamos por todo tipo de habitaciones, desde el comedor hasta la sala de armas.
-Pearl-la llamé mientras caminábamos por uno de los pasillos del interior.
-¿Sí, señor Nick?
-Esto… ¿cómo es que eres tú la que me va a custodiar? Que-que no te sienta mal, pero es que una niña tan pequeña…
Se escuchó una pequeña carcajada. Algo le había hecho reír y yo no sabía lo que era.
-Señor Nick-dijo con una sonrisa traviesa.- ¿Le falta algo?
(¿Qué si me falta… ¡Un momento!)
Me metí la mano en los bolsillos y la miré. Sostenía una pequeña bolsa en la mano, bolsa que tenía unas pocas monedas.
-¿Cómo has…?-pregunté atónito.
-Seré pequeña, señor Nick, pero no me subestime-me devolvió la bolsa.
(Lección aprendida, nunca juzgues un libro por la portada)
-De ahí a que el apodo que me dio Maya la mística fuese Pearl, el tesoro.
(Ya veo que a la capitana le gustan los juegos de palabras)
-El apodo viene de que mi nombre significa tesoro y que además se me da bien robar tesoros-dijo con orgullo.
Continuamos caminando y, poco a poco, nos acercamos a un pasillo más oscuro. No me gustaba el lugar al que estábamos yendo, es más sabía a dónde estábamos yendo.
-Aquí pasará la noche-indicó la niña.
-¿En la celda?-pregunté mirando esos barrotes que me habían tenido encerrado.
-Entienda que su confianza nos la iremos ganando poco a poco-cerró la puerta cuando entré a su interior.
Así me volví a quedar encerrado. Comprendí que aunque dijesen todos que yo iba a formar parte del equipo, eso no era muy cierto. No podían confiar en mí, aunque esperaba que con el tiempo me considerasen uno de ellos. Poco a poco me estaba haciendo a la idea de vivir en alta mar, no es que me disgustase mucho, en cuestión de tiempo creo que podría llegar al nivel del resto de integrantes del Saint-Várune. Me gustaba esa idea del cambio de aires, aunque… el cambio en sí no lo acababa de asimilar, tenía ganas de volver a casa y olvidar esto, pero… una fuerza aún mayor también hacía que quisiese quedarme con ellos para vivir las aventuras que unos piratas podían tener.
A la mañana siguiente, me desperté cuando oí la voz de Pearl llamándome. Me erguí y traté de desperezarme como pude. Cuando Pearls abrió la puerta, pude salir a fuera.
-Bien, señor Nick, hoy tenemos un día muy ajetreado.
-¿Y eso? ¿Es que nos va a atacar un barco enemigo? ¿O se avecina una tormenta?-pensé en la multitud de cosas que podrían ocurrir.
-Mejor aún-dijo feliz entre saltos.- ¡Hoy vamos a atracar en una isla!
(Volver a pisar tierra firme… Sí no estaría mal)
-Cuando paremos en la isla compraremos comida para el viaje.
-Un momento, ¿viaje?-pregunté confuso.- ¿Es que nos estamos dirigiendo a alguna parte?
-Te lo contaré en el desayuno-dijo marchándose hacia el comedor.
Pearl y yo caminamos hacia el comedor. Cuando llegamos allí, comprobé que no había nadie. Probablemente el resto de piratas ya había desayunado. Me alegraba poder llevarme algo de comida a la boca, llevaba sin comer desde el día en el que me habían capturado y mi estómago llevaba quejándose desde hacía mucho tiempo.
La joven pirata me indicó un sitio para poder sentarme. Luego se acercó a la barra que daba con la cocina, allí cogió dos platos y se acercó a la mesa en la que estaba. El menú parecía constar de una especie de bollo de pan dulce con un vaso con una bebida que parecía leche de coco o algo así.
(Umm… Está rico. No pensaba que los piratas cocinasen bien…)
-Bueno, señor Nick, ya es hora de que le explique los planes que tenemos-dijo la niña mientras desayunaba.- La capitana Maya la mística ha estado investigando el mapa que usted tenía y-recalcó su última palabra.- Hemos descubierto algo.
-¿Algo? ¿Lo qué?-pregunté con curiosidad. Había tratado de deducir el rincón secreto al que tenía que ir, pero, a decir verdad, no había obtenido ningún resultado.
-Bueno, pues… ¡ah, espera! Maya la mística me ha prohibido contártelo.
-Pero antes me habías dicho que me lo dirías-necesitaba tener algo más de información y creo que ella sería a la única a la que se la podría sonsacar.
-Pero…
-Venga… Pearls…-decidí llamarla de ese modo cariñoso para que cogiese confianza.- Un secreto entre los dos, ¿qué te parece?
-Pues… Bueno, pero solo entre los dos-dijo convencida.
(Genial, Phoenix sonsacando información desde el día en que nació)
-Acérquese-dijo haciéndome una señal con sus manitas.
Yo hice lo que me indicó y me acerqué a mi oído.
-Solo sé que tras oír esas palabras, la capitana se puso a estudiar el mapa. Lleva día y noche tratando de averiguar el lugar al que debemos ir. Y, anoche, descubrió algo. ¿Sabe usted lo que significa la palabra Isla…. Isalo… Isaloterma?-recordó el nombre con dificultad.
-No.
-Yo nunca lo había escuchado, pero me explicaron que era una palabra que significa: dos puntos de un mapa con la misma variación de temperatura.
-Entonces tendremos que ir a un punto con esas Isalotermas.
-Exacto. Hemos puesto rumbo hacia esas islas, pero antes de emprender definitivamente el viaje, queremos parar en la isla más cerca-explicó.
-Ya veo…
Cuando terminamos de desayunar, salimos a la cubierta del barco. El aroma del mar me impregnaba y hacía que recordase mi hogar. Ver ese inmenso mar hacía que me sumiese en un estado de calma profunda, una sensación casi inexplicable. Lo único que me despertó de ese estado en el que me encontraba sumido fue el tirón que me dio Pearls. Al agarrarme, caminó hacia delante, por la cubierta.
-Bueno, señor Nick, estamos a punto de atracar-se acercó a uno de los bordes.- Imagino que estará deseando pisar tierra firme.
-Sí…-miré hacia el puerto en el que íbamos a atracar.
-Cuando lleguemos abajo, tiene que ayudarnos a llevar la comida. Así también podrá conocer al resto de la tripulación.
(Cierto, eso de pasar mis horas encerrado en esa prisión ha hecho que no tenga ni idea de quiénes son el resto de piratas. A día de hoy solo conozco a Pearl, Diego y… Maya)
En cuestión de minutos, el barco se paró en aquel puerto. Nunca antes había estado en esa isla. El hecho de visitar un nuevo lugar me parecía algo increíble. En mi vida hubiese creído que iba a viajar a lugares tan lejanos.
Cuando llegamos, bajamos a tierra firme. Apoyar mis pies sobre la tierra sólida era algo que ya casi había olvidado, el balanceo del barco era completamente distinto al de la estabilidad de la tierra.
-Oye, Pearls, ¿vamos a saquear alguna tienda? Porque si es así yo no creo que vaya a serviros de mucho…
-¡¿Por quién nos toma?!-me gritó de sopetón ofendida.- Una cosa es que seamos piratas y otra muy distinta es que seamos bandidos.
(Yo pensaba que los piratas también eran bandidos…)
-El Saint-Várune solamente está formado por gente honesta. Nosotros solamente robamos a nuestros enemigos, no a los amigos.
(Un pirata honrado… Que se lo digan a los que atacaron mi taberna aquel día a ver qué piensan)
-Y entonces, ¿de dónde sacaremos la comida?
-Tenemos nuestros depósitos-dijo con orgullo.- En esta isla tenemos un pequeño escondite en el que guardamos provisiones para estos casos.
La pequeña me indicó como llegar a ese "escondite". Al parecer era una casa abandonada al este de la isla. Por allí no pasaba mucha gente, así que era el lugar perfecto. Además habían conseguido cerrar la puerta de tal modo que solamente los integrantes de este barco pudiesen conseguir entrar a su interior.
-Señor Nick me voy adelantando-comenzó a correr por el camino.- El que llegue el último llevará la caja más pesada.
Cuando terminó de decir eso, la perdí de vista entre la gente.
(¿Se ha ido? Pero…)
Aquello me sorprendió, elle era mi guarda, tenía que estar acompañándome, ¿no? No sabía si aquello era exceso de confianza o que me consideraban tan tonto que no escaparía.
Miré a mí alrededor. No había nadie que conociese. Podía volver a casa. Recuperar la vida que había dejado y sin que nadie se enterase. Giré mirando el camino que podía tomar, el que me llevaría de vuelta a casa. ¿Qué se suponía que debía hacer?
(Si tomo ese camino podré… ¡No! Pearl confía en mí, el Saint-Várune confía en mí… No voy a abandonarlos. Mia aquel día confió en mí, no puedo fallar ahora)
Volví a girar decidiendo seguir las indicaciones que la joven me había dado.
-Buh-escuché a mis espaldas una voz de hombre.
Me giré para comprobar quién era.
-¿Pretendías escapar?-era Diego el que me hablaba.
-¿Qué?-me sorprendió. No sabía que hubiese alguien espiándome.
-Puedes hacerlo...-me tentaba.- Si tomas ese camino puedes dejarnos a todos y volver a tu absurda vida de antes.
No respondí.
-Tú tranquilo, yo tendré la boca cerrada, ¿qué me dices, aprendiz?
Hice caso omiso a sus palabras y comencé a dirigirme hacia el camino que Pearls me había dicho.
-Ahora formo parte del Saint-Várune-fue lo único que dije.
-Me alegra oír eso-dijo con una sonrisa marchándose de allí.
Poco a poco me fui alejando de la civilización. Definitivamente aquel escondite estaba bien escondido. Mientras iba caminando me iba haciendo la misma pregunta, ¿qué era lo que había pretendido Diego? ¿Me estaba poniendo a prueba? Ahora ya daba igual, había tomado una decisión.
