Disclaimer: El manga/anime SNK no es de mi propiedad.
22 de Noviembre. Reincarnation (Reencarnación).
# de palabras: 1636
Género: Romance/ hurt-comfort
Había cajas regadas por todo el interior del departamento. La mayoría ya estaban vacías: Petra había desempacado y acomodado sus pertenencias en su habitación, baño y cocina. Sólo le faltaba la sala.
—Hola —saludó al hombre del portarretrato y luego lo colocó sobre el mueble que yacía frente a su puerta. Se trataba de su padre: en la imagen el lucía diez años más joven y cargaba a una pequeña y rubia niña con dos largas coletas entre sus brazos. Petra se acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja; aquel color de cabello había desaparecido, ahora, lo traía rojizo y era corto, hasta la altura de sus hombros.
Los años avanzaban rápido. Cuando menos lo piensas, ya has dejado tu niñez atrás y ahora la vida sólo trata de responsabilidades. Y no paras de crecer, hasta que mueres.
La etapa de las responsabilidades y la independencia le habían llegado: se había mudado de Alemania a Paris para estudiar en la mejor universidad de Europa. Había conseguido empleo como maestra de medio turno en un jardín infantil. Lo cual estaba bien, le gustaban mucho los niños.
Para ser su primera vez viviendo extremadamente lejos de casa, no le estaba yendo tan mal. El departamento era muy pequeño, al igual que el edificio: sólo contaba con seis pisos pero estaba situado en una tranquila calle. Tal vez eso se debía a que la mayoría de los habitantes eran personas mayores (de cuarenta años en adelante).
La gran desventaja que veía era que el gimnasio más cercano de la localidad estaba situado a una hora del departamento. Sería pesado ir y venir todos los días pero no le quedaba de otra.
Petra era una mujer que le encantaba hacer ejercicio. Le gustaba estar activa y cuando cumplió 15 años sus padres accedieron a meterla a clases de defensa personal. Aún no comprendían de donde su hija había sacado tal admiración por esa clase de deportes y para ser honestos, ni siquiera Petra tenía idea. Sólo sabía que los necesitaba: algo en su interior le pedía siempre estar alerta y no ser débil.
Y no lo era.
Aún así, a pesar de ser catalogada de ser la chica más ruda de entre su grupo de amigas, tenía otros pasatiempos que eran, incluso, más tranquilas que el de esas chicas: le gustaba leer, dibujar y convivir con sus dos pájaros a los que llamó free y hope. El primero era blanco y la segunda, azul. Por supuesto, ellos la acompañaban en su nuevo hogar: estaban colgados frente a la ventana principal, cuya vista era la calle inclinada de piedra. Estaban inquietos y los comprendía, los cambios nunca eran fáciles. Pero son necesarios.
Los admiró por un largo rato al poner el último retrato familiar sobre el mueble: amaba los pájaros, amaba sus alas. Desde que tiene uso de razón aquellos animales han sido sus favoritos. La manera en que ellos abrían sus alas para volar, lejos, con fuerza, con libertad, le fascinaba.
Y por eso, dentro de una semana, se tatuaría un par de alas del mismo color que sus mascotas en su brazo derecho.
Oh, también era la "loca obsesionada con alas" de su grupo de amigas.
—Tiempo de seguir —avisó a sus pájaros quienes seguían danzando de un lado a otro. Y comprendió que se sentían atrapados. Petra hizo una mueca cargando un par de cajas vacías y miró a su alrededor: los muebles, los dos únicos pasillos, las ventanas, el silencio.
Ella también se sentía atrapada.
A pesar de que sus padres siempre trataron de darle todo lo que ellos no tuvieron, a pesar de que ella siempre ha sido una buena hija y le ha ido hasta ahora bien con todas las metas que ha propuesto; que se esfuerza, que es un poco talentosa; que, a pesar que siempre la molestan, tiene buenas amigas que la cuidan y la quieren… demonios, a pesar de todo eso, no se siente completamente «ella».
Había algo que le hacía gran falta en su vida. Algo importante. Y al igual que su obsesión por los deportes, no sabía de dónde o el porqué de aquel sentimiento. Era frustrante. Demasiado. Llorar por razones desconocidas, porque te sientes sola y lloras más porque sabes que no es así. Ves a tu familia, a tus amigos y conocidos. Están contigo siempre, haciéndote reír, haciéndote pasar un buen rato pero sabes que aquello no llena. Y te hace sentir culpable, porque su amor no es suficiente para acabar con aquel vacío de tu interior.
Y ahora, aquel sentimiento empeoró porque ya ni con ellos contaba. Estaba sola, en un país desconocido, con gente extraña y costumbres diferentes a las suyas. Sola y sin saber cómo afrontar con ese problema, ¡porque ni siquiera sabe lo que quiere!
¿Qué es lo que le falta? ¿Qué es lo que le hace falta para sentirse por primera vez en su vida, ella?
A fuera de su departamento, en el tercer piso, apilaba las cajas que sacaría a la calle en la noche, cuando terminase oficialmente de desempacar. La montaña comenzaba a crecer y unas cajas más obstruirían las escaleras, pero Petra no se daba cuenta de aquello, porque era muy distraída y desorganizada. Y no estaba pensando con claridad.
Una puerta se abrió tras ella, se dijo que tal vez sería el vecino, al cual, todavía no conocía. De hecho, no conocía a nadie del edificio "Rose". Tal vez se trataría de una pareja de ancianos y si contaba con mucha suerte, una que amaba los pájaros tanto como ella.
—Oye, nueva, la basura va a fuera —informó una voz joven, proveniente de un hombre. Petra seguía ocupada apilando las cajas ya que una columna estaba a punto de caer.
—Lo sé —murmuró estresada—, al rato la sacaré. «Pero no me ayuda» —pensó malhumorada y bufó.
—Tsk —Petra se detuvo sintiendo como una oleada eléctrica invadía su espina dorsal—. En este lugar se prohíbe que los inquilinos sean unos puercos. De otro modo, se largan —señaló el hombre de veintiún años a sus espaldas. Entrecerró sus filosos ojos al no tener respuesta alguna de la chica pelirroja.
—¿Eres sorda? —cuestionó alargando su mano para girarla del hombro. Le ponía de mal humor ser ignorado pero, aquel movimiento se congeló al igual que todo su cuerpo cuando aquella pelirroja giraba su rostro, estupefacta, asustada e incrédula.
Levi con su playera gris, pantalón de mezclilla y tennis viejos color blanco, retrocedió. Por instinto o por sorpresa pero lo hizo mientras sus ojos se abrían de par en par repitiéndose una y otra vez que aquello era tan solo un sueño. Uno más, de esos que lo hacían levantarse en la madrugada empapado de sudor y lo envolvía en un tornado de confusión y dolor.
—¿Heichou? —espetó Petra con sus ojos vidriosos y se llevó sus dos manos a su boca como si hubiese pronunciado un nombre prohibido y maldito, pero a la vez, necesario.
Sufrió un mareo, uno que le duró tal vez diez segundos al ver como una película de una época extraña llena de dolor y sufrimiento pasaba frente a sus ojos: ahí se podía ver y podía ver a ese hombre de cabello oscuro, luchando una y otra vez en un horror que no parecía tener fin. Vio su vida cuando la humanidad yacía acorralada detrás de esos muros, por culpa de los titanes. Se vio peleando, se vio llorar, reír, dormir. Se vio al lado de ese hombre, vio como la besaba, como la amaba. Se vio morir y vio con tanta claridad el dolor de Levi al descubrir su cadáver sobre ese árbol, en ese día y entonces, lloró.
Levi se había agarrado con fuerza su cabeza con ayuda de una mano, veía ido el piso porque él también estaba viviendo aquel recuerdo y entonces supo que nada de eso era un sueño.
Y Petra seguía soltando un mar de lágrimas y luego rió porque por fin, después de dieciocho años, descubrió que era lo que hacía falta; porqué se sentía incompleta y porqué lloraba con profundo dolor todas las noches.
Se lanzó a sus brazos, tirando casi todas las columnas de cajas vacías que rodaron por las escaleras y lo abrazó con tanta fuerza que logró sentir el latir de su agitado corazón y aquello la hizo sentir más viva que nunca.
—¡Lamento haberle fallado, heichou! —chilló sintiendo su cuerpo descansar, como si por fin se hubiese librado de un horrible peso que ha cargado desde quién sabe cuántas vidas ya.
Por fin lo dijo, por fin se había disculpado y entonces, Levi, aún sin poder creerlo, sin pronunciar palabra alguna y con su mirada bien fija a la nada, la abrazó: sus dedos jugaron con el cabello rojizo, tratando de comprobar por una ocasión más de que estaba despierto y que la mujer que yacía en sus brazos llorando era la misma que amó en esa oscura época que al final, logró encontrar la luz.
Él sintió sus tranquilos latidos contra su pecho y despertó de aquel trance: una fuerte descarga recorrió todo su cuerpo hasta llegar a su cerebro, obligándole a reaccionar. Era Petra, maldición, ¡la tienes en frente, abrázala y no la dejes ir, reacciona y no seas un imbécil por una vez en tu vida!
La aferró a su cuerpo con fuerza, percibiendo su calor, comprobando que ella estaba viva y que esta vez nada ni nadie se la arrebatarían. Esta vez, no.
Los dos cayeron de rodillas, sin deshacer el abrazo.
—Por fin te encontré —murmuró mirando hacia arriba, agradeciéndole a la vida por no ser una reverenda perra en esta ocasión. Por apiadarse de él y dejar volver a encontrarse con ella, en una época, que sabía, todo sería diferente—. Petra, mierda, ¡estás aquí!
Nota final: Pues, ha llegado el final de esta actividad. Quiero darles las gracias por acompañarme en toda esta semana con mis historias, por dejarme sus comentarios y permitirme saber sus opiniones y sentimientos respecto a esta preciosa pareja! Espero que hayan sido de su completo agrado y que se hayan divertido tanto o más que yo :D. Recuerden que no importa si nuestra amada Petra ya no está ;-; ella vivirá entre nosotros sus fans *la saluda con respeto* ok no ._. y bueno, ¿qué más? Esto no es lo último que verán de mí (?) les seguiré trayendo más historias de estos dos *-* y de otras parejas más del universo de snk :p
Sin más qué decir, me despido por hoy. Espero leerlas pronto *-*, ¡muchísimas gracias!
Ineverloveyou.
(Se pide que se respeten los derechos de autor de cada una de las historias aquí presentadas).
