Ciudadanos de Neo Arcadia. De acuerdo con el sistema meteorológico de este mes, se tiene programada una lluvia de mediana intensidad para las 3:30 p.m. La hora actual: 3:15 p.m.

Zeta y yo bajamos del tren al mismo tiempo que la lluvia artificial comenzaba; una lluvia que escurría del tejado del Domo Edén.

Neo Arcadia no dejaba de sorprenderme, aunque todavía me resultaba difícil hacer la distinción entre humanos y Reploids. Y lo irónico es que Zeta me había dicho que aquello sería lo primero que notaría.

"Este día ha sido relativamente tranquilo," dijo Zeta. "Normalmente los humanos no son tan amigables."

"¿Y los Reploids lo son?" pregunté.

"Más nos vale. Nosotros somos ciudadanos de segunda clase."

Me daba la impresión de que Zeta estaba deliberadamente menospreciando los logros de Neo Arcadia. Eso me dio una sensación de malestar, y en cierta forma llegué a desear que algo horrible ocurriera en plena luz del día, para quedar convencida de que formar una Resistencia con él era la mejor idea.

Pero a cada paso que dábamos, me sentía cada vez más cautivada por la ciudad. Nunca había visto tanto orden, tanta belleza, tanta paz…

Hasta que arribamos a un edificio de concreto oscuro, tan horrendo que me trajo recuerdos de la misma Ciudad Impura.

"¿Debemos entrar ahí?" le pregunté, atemorizada.

"Bienvenida a la Fortaleza Omega," dijo Zeta, y notando el temor que mi voz denotaba, añadió con reprobación. "Te dije que te quedaras con Noëlle."

"Lo sé. Pero quiero ver con mis propios ojos a ese tal Phantom," respondí, aunque la verdad era que había elegido viajar con él porque me sentía más segura con él.

Las puertas de la Fortaleza Omega se abrieron cuando nos acercamos. Me escondí en el cuerpo de Zeta y él pasó de largo a un par de Pantheons que vigilaban a la entrada. Ni siquiera reaccionaron al verlo, lo cual me resultó un tanto molesto. ¿Acaso todos los Reploids eran máquinas sin emociones? Y todavía me faltaba conocer a Phantom.

El salón principal de la Fortaleza Omega era amplio y concurrido, con innumerables muebles y aparatos que yo nunca había visto y cuya función desconocía. El diseño del interior no era mucho más atractivo que el exterior. Yo ya había entrado a algunos edificios de Neo Arcadia antes de arribar con Zeta a la fortaleza, de modo que tenía una pequeña idea de lo que era bello y lo que era nocivo para los ojos.

Lo que más me sorprendió fue el elevador que tomamos para subir. Los Neo Arcadianos eran bastante sofisticados. Entonces me percaté de que Zeta estaba nervioso, quizá tan nervioso como aquella noche en el túnel. Mi atención volvió a centrarse en él. Por un momento consideré preguntarle qué le ocurría, y quizá ofrecerle algo de apoyo, pero Zeta me había dado órdenes de no hablar mientras estuviéramos dentro de la morada de Phantom. Me había advertido que habían ojos y oídos ocultos en cada rincón del edificio, y que por lo tanto, disimular era la mejor opción.

El elevador se detuvo en el último piso. Las puertas se abrieron. Zeta avanzó a paso lento. Rodeamos una gran mesa redonda, cruzamos un largo corredor con ventanas a los laterales desde los que se observaba el panorama de la ciudad, y finalmente llegamos a un cuarto donde un Reploid aguardaba.

"Zeta, has hecho bien en mostrarte."

Al instante supe que se trataba de Phantom. ¿En realidad era mejor que Zeta? ¿Si hubiera estado en la Ciudad Impura, habría podido derrotar a esa serpiente gigante? A mí no me daba esa impresión, pero admito que su voz y su mirada eran bastante intimidantes. De inmediato, sin orden previa, Zeta comenzó dar el recuento completo de lo que ocurrió en su misión fallida. Cómo había abandonado a los Pantheons a su suerte, y cómo había tenido que pedir un rescate cuando los Mechaniloids aún abundaban en la ciudad. Cómo había decidido arriesgar la vida por tres Reploids de los que sólo sobrevivió uno.

"Me sorprende tu relato," dijo Phantom, con voz inexpresiva. "Hanumachine y yo te entrenamos con el objetivo de que pudieras lidiar con un ejército por tu cuenta. Y sin embargo, te ves superado por un Mechaniloid de más de cien años de antigüedad. Quizá sobreestimaba tu habilidad cuando decidí enviarte a esa misión."

"Puedo enmendarlo," dijo Zeta. "Si me da otra oportunidad—"

"Nosotros cumplimos la misión, o morimos. Protegemos a la gente que nos importa con nuestras vidas, porque sabemos que no hay segundas oportunidades."

"Lo sé..."

"La Ciudad Impura continúa inaccesible," dijo Phantom. "¿Pudiste resolver el enigma?"

"Los Mechaniloids no me dejaron investigar la zona por completo," mintió Zeta. Fue ahí que realmente se puso nervioso.

Se hiso un pesado silencio. Phantom miraba a Zeta fijamente. Los pensamientos del Guardián parecían indescifrables, pero su mirada daba la impresión de poder ver a través del casco de Zeta, encontrándose con el rostro de alguien entre la espada y la pared. Zeta agachó la cabeza.

"Sabes lo que tienes que hacer," dijo Phantom. "Lárgate."

"Sí señor," Zeta recibió esa orden con los brazos abiertos. Regresamos al elevador, y cuando las puertas se cerraron detrás de nosotros, Zeta finalmente pudo estar tranquilo. Seleccionó el piso tres y comenzamos a descender lentamente.

Yo quería decir algo, pero tuve que guardar cualquier comentario para cuando saliéramos. El elevador se detuvo y abrió las puertas para mostrar un corredor con varias habitaciones. En una de las puertas colgaba un papel con el nombre de Zeta escrito con marcador. La puerta se abrió automáticamente. Zeta se adentró en su oficina, que podría describirse como típica, pero bastante ordenada y limpia. Esto perdía mérito si uno tomaba en cuenta que en Neo Arcadia uno no utilizaba hojas de papel más que cuando era absolutamente necesario. Los archivos por computadora eran las nuevas hojas, los dedos eran las plumas, y los gadgets eran las carpetas. Zeta se sentó en la única silla que había, detrás del único escritorio que había.

"Es hora de ponerlo todo sobre papel," dijo casualmente, como si pensara en voz alta. "Esto será tardado…"

Sonreí ante aquél gesto. Al final de todo seguía acordándose de mí.


"Hiciste bien en venir, Zeta. Me agrada que la gente tenga bien ordenadas sus prioridades," dijo Phantom.

La jornada laboral de Zeta había terminado hace poco. Técnicamente, debía estar descansando. Pero ahí estaba, en la Fortaleza Omega, en la zona subterránea donde los prisioneros de guerra eran alojados.

"¿Qué necesita de mí, señor?" preguntó Zeta.

"Recibí tu reporte esta tarde. Después de cinco días de tortura imagino que RZ-21 debe estar en mala condición física y mental. Quisiera verlo con mis propios ojos."

¿Con qué fin? pensó Zeta, pero no formuló la pregunta. Se había puesto ansioso. RZ-21 había sido tenaz en guardar silencio, y como consecuencia, las sesiones de tortura continuaron empeorando. Después de infligirle incontables heridas, Zeta había logrado extraerle la información necesaria para resolver el enigma; la pista definitiva que los conduciría hasta la base de operaciones principal de los Insurrectos.

"Ven, Zeta."

Zeta obedeció y caminó con Phantom hasta que llegaron al cuarto en el que RZ-21—aún atado a la misma silla de antes—se encontraba. Lo encontraron dormido. Su piel sintética estaba llena de grietas.

"El precio que hay que pagar por la justicia," dijo Phantom, al cerciorarse de que el prisionero seguía vivo. Luego miró a Zeta. "Veo que no te dejaste doblegar por la culpa. Hiciste bien."

Zeta no quería ser elogiado por algo tan atroz.

"¿Ahora que sabemos en dónde se esconden los Insurrectos, qué sigue?" le preguntó a su maestro.

"Ya deberías conocer la respuesta," dijo Phantom. Zeta creyó entender: era hora de acabar con los Insurrectos, de una vez por todas.

"Señor, quisiera asumir la responsabilidad de exterminar a los Insurrectos."

Él había dado con la información. ¿No le daba eso derecho a quedarse con la gloria?

"Eres sólo un capitán, Zeta. Tu lugar está con el resto de los soldados. Dejaré que Samekh se haga cargo de lidiar con los Insurrectos de una vez."

Zeta se enfureció tan sólo de escuchar ese nombre.

Samekh había cambiado desde que había superado a Zeta en rango. La soberbia había tomado control de él.

"Supongo que es lo justo," dijo Zeta tratando lo mejor posible de no protestar.

Había otra cosa que también le preocupaba.

"¿Ahora que el prisionero ha hablado, significa que finalmente podrá reincorporarse a nuestra sociedad, verdad?"

"Explícate mejor, Zeta."

"Cuando un humano comete un crimen en Neo Arcadia, se le encierra en prisión, se estudia su estado psicológico, y se determina si puede o no reintegrarse a la sociedad al final de su condena. Los índices de criminalidad de los Reploids eran casi inexistentes hasta que aparecieron los rebeldes, pero se les trata de una forma similar. Estoy consciente de que RZ-21… o como él se hace llamar, Gale, ha matado a varios humanos, y no he olvidado que intentó escapar de la justicia. Gale es un Maverick."

"Ciertamente. ¿A qué quieres llegar?"

"Gale ha pasado por mucho. Perdió a su hermana Mist, y fue abandonado por su mejor amigo, RZ-42. Y yo lo he obligado a revivir ese dolor. He destruido su mente, y dudo que pueda recuperarse de eso fácilmente. Incluso si lo hiciera, me parece que el dolor de aquellas pérdidas sólo era aliviado porque tenía un propósito, el cual era destruir Neo Arcadia. ¿Pero qué pasaría si lo hiciéramos olvidar a Mist y a RZ-42? Quizá sea la única manera en que podamos recuperarlo."

"Es más difícil de lo que piensas. Puedes borrar los recuerdos pero no puedes borrar el pasado."

"¿Alguna vez se ha intentado?"

"A veces no necesitas intentar algo para saber que va a fracasar. Zeta, la razón por la que te he llamado, es porque quiero que ejecutes a RZ-42 por sus crímenes. Aquí y ahora."

Zeta no podía creer lo que escuchaba, y por lo mismo su respuesta vino con un tono aún cordial.

"Ya nos ha dicho todo lo que sabe. ¿Qué ganaríamos con asesinarlo?"

"Demostraremos que la justicia en Neo Arcadia no es una mera ilusión."

"¿Justicia? ¿¡Esto!?" Zeta había alzado la voz contra un superior, uno que era capaz de asesinar Reploids en un abrir y cerrar de ojos. Pero en ese momento, Zeta ni siquiera lo tomó en cuenta. Cuando se incorporó a las filas del ejército Neo Arcadiano, había jurado obedecer todas las órdenes, pero aquello le resultaba cada vez más difícil.

"Zeta, quiero que camines hasta quedar en frente de RZ-21."

"¿Qué? ¿Por qué?"

"Aquellos que miran a sus víctimas a los ojos antes de arrebatarles la vida, son los que están seguros de que hacen lo correcto. Asumo que RZ-21 nunca ha visto tu rostro detrás del casco. Mayor razón para que des la cara ahora. ¿O vas a negarle el derecho a saber quién terminó con su vida?"

"No… no puedo."

Zeta comenzó a temblar. Sentía miedo y a la vez ira. Estaba enfurecido con Phantom, con Samekh, con X, con los humanos y con los Insurrectos. Todos se habían vuelto locos.

"¿Crees que RZ-21 habría hecho lo mismo por ti?" preguntó Phantom. Sonaba decepcionado. Y aquello enfureció más a Zeta.

"¡Esto no es lo correcto!" le espetó al Guardián. "¡De ninguna manera lo es! ¡No tenemos que rebajarnos a su nivel!"

"Para mantener iluminado el sendero, debemos dar muerte a los Mavericks. No podemos exponer a los humanos al peligro de otra guerra de Reploids. El sueño de Neo Arcadia debe sobrevivir."

Zeta se quedó en silencio.

"Pero parece que no estás dispuesto a hacerlo. En ese caso, sencillamente lo haré yo." Phantom desenvainó su katana.

"Te equivocas," dijo Zeta voz temblorosa. "Estoy dispuesto a hacerlo, y lo haré."

Zeta se puso frente a Gale. Al activar su guadaña, el zumbido del aire calentándose espontáneamente hiso que el prisionero se despertara. Estaba débil, malherido, y agonizando. Sus ojos cansados miraron a Zeta fijamente. Zeta se estremeció, y casi apartó la vista para esconderse de aquella mirada implorante.

"Hola, Gale," dijo Zeta con voz serena. "Finalmente nos vemos a los ojos…"

"¿Dónde está Mist?" musitó Gale cansinamente.

"Está esperándote."

Y un segundo después, Gale estaba muerto, decapitado de forma rápida y certera.

"Un Maverick siempre será una aberración," dijo Phantom. "Zeta, tengo otra tarea para ti. La máxima prueba de tu lealtad. Si logras completarla con éxito, habrás demostrado a todos que tienes derecho a formar parte del Escuadrón Zan'ei."

Zeta observaba el cuerpo decapitado de Gale, aún atado a la silla, con expresión sombría.

"¿Qué quieres que haga?"


A no demasiada distancia de la guarida de Phantom, Noëlle llevaba toda la tarde y parte de la noche esperando a que Zeta apareciera. Estaba sentada en una banca justo debajo de un árbol cuyas hojas se mecían al ser golpeadas por las gotas de la lluvia. Las calles se habían tornado coloridas por el efecto de los focos, semáforos y lámparas reflejándose sobre la superficie mojada. Los humanos iban y venían con sus paraguas en mano.

Dos humanos se detuvieron cerca de donde Noëlle estaba sentada; una mujer y su pequeño hijo. El niño observó a la Reploid fijamente con una expresión de curiosidad.

"¿No se mojan tus circuitos?" preguntó.

Noëlle se quedó muda. Tratar con niños nunca se le había dado bien. El niño volteó a mirar a su madre.

"Mami, deberíamos compartirle nuestro paraguas."

"Ellos no lo necesitan, querido," respondió la mujer con tono dulce, pero serio. "Y te he dicho que no hables con desconocidos."

"¿En verdad le ha dicho eso?" preguntó Noëlle con el tono amable que tanto había practicado. "¿Podría decirme por qué?"

La mujer se quedó atónita. Luego preguntó, alzando la voz más de lo necesario, "¿Acaso ustedes no se enteran de nada?"

Y Noëlle nuevamente se quedó sin palabras. Comenzaba a lamentar haber abierto la boca.

La mujer, por su parte, pareció interpretar el silencio de Noëlle de forma incorrecta, porque se disculpó momentos después.

"Lo lamento…" dijo, "es sólo que… estoy asustada."

"¿Ocurrió algo malo, señorita?" se atrevió a preguntar Noëlle.

"¿Cuándo no?" la mujer rio con nerviosismo. "¿Recuerdas el ataque de los Insurrectos en el área R-1782? Bueno mi padre estuvo cerca. Alcanzó a escuchar la bomba detonándose y los gritos de las personas. Si hubiera estado en ese edificio por más tiempo quizá se habría sumado al número de muertos. Y lo peor es que va en silla de ruedas, por Dios. No sabemos dónde se pueden encontrar los responsables. ¿Qué tal si están justo aquí, caminando entre la muchedumbre sin ser reconocidos? Observando, planeando, o incluso asesinando…"

"Mamá, no hables de eso," el niño comenzó a lloriquear. "Me da miedo…"

"No te asustes, hijo. Ya vamos a casa."

El taxi que esperaban había llegado. La mujer y el niño se marcharon sin siquiera despedirse y de un momento a otro, Noëlle volvía a estar sola. Y así le gustaba. Cerró los ojos y se concentró en disfrutar aquél momento de paz antes de que llegara Zeta, escuchando las gotas de lluvia golpear el concreto, las hojas y el pasto meciéndose por la ventisca, los ruidos de los vehículos pasando cerca, con sus llantas creando olas en los charcos, la música proveniente de una taberna cercana. Y en un punto, la sirena de una ambulancia.

La noche fuera del Domo Edén era muy diferente; tanto así que le resultaba inquietante. Estaba demasiado acostumbrada a escuchar las sirenas, los cláxones, las risas, las balas, las explosiones, los gritos…

Amaba el ruido. Significaba que el mundo seguía vivo, y ocasionalmente le gustaba añadir su voz a aquel concierto de ruidos. Pero sus palabras a menudo lastimaban a los demás sin que ella se diera cuenta. Siempre se lo habían dicho. Pero un día, encontró una solución en el canto. Había agarrado práctica en solitario, pero no sabía si estaba mejorando. De modo que así, con los ojos cerrados, el agua resbalándole por el rostro, y la mirada dirigida al cielo, comenzó a tararear.

"Nunca te imaginé cantando." Era Zeta.

El tiempo había volado.

"¿Qué tal lo hago, señor?"

"Creo que tú eres el único juez que necesitas."

"No realmente…"

"Me gusta cómo cantas," le dije a Noëlle con sinceridad. "Deberías hacerlo más a menudo."

Zeta se sentó al lado de la Reploid. Yo volaba en círculos encima de sus cabezas.

"¿Phantom le ha causado problemas?" preguntó Noëlle a Zeta.

"No," respondió Zeta, pensativo. "Pero la verdad es que nunca le dio demasiada importancia a la misión. Poco antes de que me asignara el trabajo parecía estar discutiendo un asunto más importante con X. Sólo pude escuchar lo suficiente para enterarme de que el escuadrón Zan'ei iba a participar en la operación. Lo más probable es que aún no hayan regresado."

"Hablé con una humana antes de que ustedes llegaran. Me dijo que los Insurrectos habían atacado el área R-1782."

"Eso es noticia vieja," dijo Zeta. "Es posible que la misión del General Phantom tenga que ver con los Insurrectos, pero no me haría ilusiones; los Insurrectos son excelentes en jugar a las escondidas. Muchas veces hemos creído tenerlos en nuestras manos, y al final, lo único que encontramos son bases vacías. A veces con algunos 'regalos' como trampas o minas aún funcionales."

"Prefiero que no los encuentren," dijo Noëlle. "Que los Insurrectos mantengan ocupado a X mientras nosotros hacemos crecer nuestra organización. Después podremos ayudar a los Insurrectos en su lucha."

"No," dijo Zeta, meneando la cabeza. "De ninguna manera puedo estar de acuerdo con lo que dices. Los Insurrectos matan inocentes sin dudar un segundo. Le disparan a niños a quemarropa y ríen. Colaborar con Mavericks como ellos nos quitaría todo nuestro prestigio, y yo no podría soportar mirarme al espejo sabiendo que ayudé a un grupo que desea asesinar a todos los seres humanos, catalogándolos a todos como criminales tan sólo para cometer sus actos homicidas con mayor tranquilidad."

"Siento que se están olvidando de mí," protesté. "¿Quiénes son los Insurrectos? ¿Y qué es un Maverick?"

Zeta fue quien me respondió.

"Los Insurrectos son una resistencia formada por un grupo de Reploids misantrópicos que desean borrar a la especie humana de la faz de la Tierra. No les interesa si eres un civil, un niño, o un inválido. Ellos culpan a los humanos del estado actual de las cosas. Se consideran el siguiente paso en la línea evolutiva del Homo Sapiens. Al rebelarse contra los humanos violan las tres leyes de la robótica, de modo que son Mavericks."

"¿Eso significa que ustedes también se convertirán en Mavericks?" pregunté.

"Neo Arcadia nos catalogará como tales, pero jamás nos rebajaríamos a herir a humanos para cumplir con nuestros objetivos, y eso es lo que realmente importa."

"Hable por usted, señor," le dijo Noëlle. "¿En verdad cree que podremos arreglárnoslas sin los Insurrectos? Sólo lo creeré cuando suceda."

"Mejor morir que colaborar con los Insurrectos. Pero dejemos de distraernos, ¿de acuerdo? Tenemos asuntos más urgentes que tratar. Necesitamos escapar de la ciudad ahora que podemos, y para eso necesitamos Unidades de Escape. Son artefactos que permiten la teleportación a cualquier lugar que desees, en caso de que no lo sepas Lezza."

"Gracias," dije.

"¿Dónde se supone que los conseguiremos?" preguntó Noëlle.

"Ese es el problema. Yo cuento con una Unidad de Escape," dijo Zeta, y nos mostró un aparato que llevaba colgando del cinturón. Era del tamaño de una manzana, con un teclado y una pantalla. Se parecía a una calculadora sumamente voluminosa.

"¿Eso tiene la capacidad de teleportar a las personas?" pregunté con incredulidad.

"Sólo si tiene un Cristal de Energía dentro. La teleportación requiere enormes cantidades de energía, y el tamaño de las Unidades de Escape sólo permite introducirles un cristal, cuya energía se agota desde el primer uso. Me gustaría conseguir muchas unidades. De esa forma podremos ayudar a escapar a posibles aliados. Neo Arcadia está enviando a varios Reploids inocentes directo a su muerte. No perderían nada trabajando con nosotros. Sin embargo, en un mundo en el que la energía es cada vez más escasa, la teleportación ha dejado de ser bien vista por la sociedad Neo Arcadiana. El tráfico por Transervidor ha decaído exponencialmente, y en cuanto a las Unidades de Escape, los Reploids Mutos son los únicos que siguen usándolas… y no hay manera de que yo pueda derrotarlos en combate. Son demasiado hábiles."

"Bueno señor, quizá le interese saber que algunos Transervidores conectan con regiones más allá del Domo Edén," dijo Noëlle.

"Mala idea," respondió Zeta. "Nos encontrarían analizando el historial de transportes."

"Eso lo sé muy bien, pero quizá haya algo que podamos hacer, como hackear el Transervidor para que no nos puedan seguir la pista. ¿Qué le parece?"

"¿Sabes cómo romper con la seguridad del sistema?" le preguntó Zeta, genuinamente interesado.

"No, pero pensaba que quizá… con todo su entrenamiento, usted sabría cómo."

"Se me entrenó para combatir, no para espiar. Yo no sería capaz de programar un 'hola mundo.' "

Zeta nunca se había detenido a pensar en la cantidad de problemas que debían afrontar los Reploids que se rebelaban contra X. La ciudad de Neo Arcadia, y el mismo planeta, se habían convertido en una gigantesca prisión, todo a causa del empeño de X en proteger al mundo de las amenazas externas. Y a cargo de mantener a los prisioneros vigilados y sumisos estaban los Cuatro Guardianes: Fefnir, Leviathan, Harpuia, y Phantom, que solo los locos se atrevían a desafiar.

"Las computadoras son mi segundo universo," comenté. "Seguro podría ayudarlos con su problema utilizando mis poderes. Para mí, lidiar con un antivirus no es muy distinto a eliminar a un Mechaniloid."

"Con todo y tus poderes, jamás seríamos capaces de aprovecharlos sin las aptitudes necesarias. Nuestro tiempo es poco, de modo que preferiría que alguien lo hiciera por nosotros. Conozco a alguien que es un maestro de la programación. Su nombre es Bertram."

"¿Se refiere al famoso científico?" preguntó Noëlle, y Zeta asintió. "¿Cree que esté dispuesto a cooperar?"

"Quizá, si logramos convencerlo… La verdad es que Bertram jamás estaría de acuerdo con lo que nosotros intentamos hacer. Y no quisiera meterlo en problemas. Si hay alguien que puede solucionar la crisis de energía, es él. ¿Pero qué otra opción tenemos?"

"Están los Insurrectos," le recordó Noëlle. "Si de alguna manera logramos contactar a su líder, creo que estaría feliz de ayudar. Dudo que cuente con un Reploid tan hábil como usted en sus filas."

El comentario no le hiso gracia a Zeta.

"Conociendo a Forest, seguro nos pedirá que lo ayudemos en uno de sus ataques terroristas primero, para así asegurarse de que no lo vamos a traicionar," replicó.

"Señor, yo estaría dispuesta a hacerlo."

"No serías capaz."

"¿Le gustaría apostar?"

"No puedes estar hablando en serio." Zeta sonaba alterado. Su visión amenazaba con resquebrajarse. ¿Acaso Noëlle también era como ellos?

"A veces es necesario sacrificar unos pocos para salvar a miles," dijo Noëlle. "Esa es la mentalidad de X y sus Guardianes, a quienes obedecías hace unos días."

"Y es poco más que una excusa de la que se valen los asesinos para mantener sus conciencias tranquilas. Si el mundo que buscamos exige el sacrificio de inocentes, entonces ese mundo no puede ser mejor que el que ha creado X. No pienso ensuciarme las manos."

"¿Cómo sabe que sus manos están limpias, después de tantos años de trabajar para Phantom?"

"Yo no mato niños…" murmuró Zeta. Fue entonces que Noëlle se percató de que la mano de su compañero temblaba.

"Lo que usted intenta hacer, eso de mantener sus manos limpias, sólo es posible si se esconde de las decisiones difíciles. Y el mundo no puede ser salvado por cobardes."

"Noëlle…" comenzó Zeta. Pero cualquier frase que fuera a decir, no pudo salir de su garganta. Apretaba los puños nuevamente.

Noëlle adoptó una expresión de confusión. No era su intención enfurecer a Zeta. ¿Qué había hecho mal?

Entonces Noëlle optó por sonreír. Era una sonrisa amable y cautivadora. Pero Zeta ni siquiera la miraba.

"Yo estaría dispuesta a hacerlo," dijo Noëlle, "pero eso no significa que sea lo correcto. Lo lamento, señor. Olvide lo que he dicho. Haremos las cosas a su manera. Vamos a escapar de esta ciudad sin recurrir a los Insurrectos."

Zeta se mantuvo en silencio. ¿Qué me acaba de suceder? Se sintió avergonzado de sí mismo.

"¿Zeta?" intenté llamarlo, cada vez más preocupada.

"Noëlle, ¿por qué aceptaste venir conmigo?"

Noëlle, aún sonriendo, respondió, "Usted trata de ocultar sus emociones detrás de ese casco, pero el poco tiempo que he pasado con usted me ha dejado claro que es capaz de sentir tanto como cualquier otra persona. Es por eso que se arriesgó tanto por TR-11 y LD-86. Es por eso que actualmente se niega a colaborar con los Insurrectos. Y es por eso que lo voy a ayudar."

"Gracias," dijo Zeta con sequedad. Tras una pausa, añadió, "Pero no pienso meter mis sentimientos en todo esto. No necesito un rostro cuando tengo una máscara. Hagamos esto porque es lo correcto, y por ninguna otra razón, ¿de acuerdo?"

Noëlle negó gentilmente con la cabeza, pero no respondió.

Fue entonces que los tres nos percatamos de que un trío de Pantheons caminaba hacia nosotros.

"¿De dónde salieron?" dijo Zeta y se puso de pie para encarar a los Reploids.

"¿Será una nueva orden del General Phantom?" preguntó Noëlle, que se había levantado también.

Los Pantheons se detuvieron frente a los dos. Eran tres Hunters, y con sus brazos de cañón le apuntaron a Zeta.

"Mayor Zeta, por órdenes del General Phantom, queda usted bajo arresto," dijo el Pantheon que lideraba al grupo. Su voz era aguda y artificial. No sonaba humana en absoluto.

"Debes estar bromeando…" dijo Zeta. ¿Cómo pudieron enterarse?