¡Maldito Sherlock Holmes, maldito deseo sexual!


Nota del autor: Muy bien el momento deseado ha llegado. Espero que les guste como a mí al escribirlo.


Estaba atrapado entre la pared y su cuerpo, como mis dedos en su cabello. Lo que quedaba de mi dudosa heterosexualidad, quería escapar.

Si dudosa.

Porque no me gustaban los hombres, me enloquecían las mujeres; sobretodo las rubias con ojos azules que les hacían parecer ángeles.

Pero Sherlock…

Sherlock Holmes es otro caso.

Siempre ha sido un hombre misterioso, con esos ojos que me fascinan, esas expresiones raras y su comportamiento infantil, tal vez era una parte de amor paternal como con Kilian. Pero no. Sherlock, era alguien que se metía en tu alma, para penetrar en tu corazón y dejar una huella permanente. A pesar de que a veces me sacaba de quicio haciendo que desee golpearlo o ahogarlo con la almohada mientras duerme en el sofá, siempre terminaba perdonándolo y haciendo lo que el quería.

Tal vez ahora estaba haciendo exactamente lo que él quería. Tener sexo conmigo, besarnos, abrazarnos… desearnos.

Nuestra relación… ¿Qué clase de relación tenemos? Porque primero éramos conocidos, luego compañeros de piso, posteriormente colegas, finalmente amigos y ahora amantes. ¿Amantes? Me adelanto a los hechos. Aunque Sherlock haya admitido que me ama, ¿yo que he admitido? solo admito que me agrada, que me llama la atención su persona, que sufri su muerte, que estoy disfrutando mi primera vez en el placer que provoca el sexo gay. Pero eso no significa que lo ame ¿o sí? Ahora mi cabeza no puede pensar, por dos motivos: porque estoy confundido ante toda esta conmoción y porque mi cerebro esta experimentando esta lujuria.

Lujuria, llevada a cabo por los labios de este hombre. Sus labios paseaban por mi cuello delicadamente, subían y se iban detrás de mi oreja. Visitaban mis labios donde se quedaba por más tiempo… tal vez segundos pero eran eternos.

Sus manos debajo de mi camisa, acariciando cada rincón de mi abdomen. Encontraba mis tetillas y las jalaba o pellizcaba.

–John… -me hablo al oído mientras me quitaba la camisa- déjame ir más allá -me pedía permiso- no solo quiero tocarte y besarte, quiero poseerte. –Me agarro del cinturón del pantalón- quiero descargar toda esta lujuria sobre ti, este deseo que me ahoga desde que me fui de tu lado. Quiero realizar esas fantasías que se proyectaban en mis sueños, quiero tomarte. –Me mordió el cuello-.

No me negué. Como dije, Sherlock es un bastardo de satán. Ya estaba tentado por la lujuria y en mi pene se comenzaba a notar. Bien que podría empujarlo, sacarlo de aquí y masturbarme. Pero un fuego que salía de mi miembro hizo que mi cerebro… mejor dicho, mi parte de razonamiento se hiciera mierda por lo cual, tome a Sherlock del cuello de su camisa y lo bese apasionadamente sin dejarlo tomar aire, porque el aire que iba a recibir era de mis pulmones.

El beso fue apasionado, me tomo de la cabeza para empujarme más hacia sus labios. Me separe.

–Te…tengo unos condones -mencione con nervios, mierda parecía un niño de 15 años en su primera vez. Solo espero que tan poco se refleje en mi pene.

–Si, lo se -los saco de los bolsillos de su bata- antes que vengas los agarré y conseguí el lubricante –abrió el cajón donde estaban los condones, sacando de ahí el lubricante.

–¡Tu maldito hijo de puta! -le grite- ¿Por qué carajos revisas mis cosas? –Mi mente comenzaba a razonar- Espera un segundo. ¿A caso planeabas violarme si me negaba? –exclame reclamándole.

Él se encogió de hombros y torció un poco los labios.

–Bueno, no iba ser violación. -tenia el cinismo de admitirlo- porque planeaba excitarte utilizando diferentes métodos. –conto con los dedos- esperar a que leyeras tus revistas pornográficas que escondes debajo de la almohada –señalo mi escondite- y entrar en el momento de tu erección; tocarte cuando estés dormido para provocarte;

Mi boca estaba tan abierta. Ante su explicación, no era su plan lo que me dejo así, era la forma en que lo decía. Lo mencionaba de una forma tan tranquila, como si le hubiera preguntado la hora.

–emborracharte como lo hizo… Kilian -mostro cara de molestia-

–¿Qué Kilian que? ¿Sabes lo que paso? –Comencé a interrogarlo en cuanto escuche el nombre de Kilian-

–y posiblemente si te hubiera obligado si no controlaba mi deseo carnal. -menciono- llegue en el momento exacto –tenía una cara de triunfo- ¿no escuchaste el violín? –Ahora tenía una cara de travieso- me agradecerás, dejándote llevar en esto.

–¿Quieres que te de las gracias? Por evitar que tenga sexo con Kilian cuando tu ¡planeabas violarme! -exclame molesto por la ironía.

Pero era tarde, Sherlock estaba sobre mí insertándome besos mientras su mano acariciaba por debajo de mi pantalón y mi erección se notaba, él se dio cuenta. Me miro con una sonrisa descarada y lujuriosa, se quito la bata y su camisa.

–No estas molesto del todo -su rostro travieso cambio a uno pícaro- al menos tu pene dice que le emociono oír mi plan

Maldito deseo sexual. Maldito pene que no ha tenido sexo desde hace tres años. ¡Maldito Sherlock Holmes! que llena de deseo prohibido a cuanta persona pasa por su lado y sobretodo porque tiene una maldita razón.

Lo maldecía mientras se desvestía ante mí. Pero al observar nuevamente esa piel blanca, aquellas maldiciones se fueron al carajo. Su piel me hipnotizaba para llamarme a tocarla. La cuál hice. Le pase mis dedos delicadamente, en cada línea de su abdomen. Trague saliva comprobando que Sherlock Holmes no es humano.

Porque su cuerpo es una obra de arte, ¿creará por Dios? Ya que él crea las maravillas y bellezas del mundo para recordarnos su majestuosidad suprema. ¿Creado por Satán? Puede ser, ya lo he dicho antes. La verdad, no lo se.

Su piel blanca lo hace parecer que es una estatua mármol sin sentimientos, como dicen muchos. Una que cobro vida mágicamente. Si no fuera por la suavidad de su piel ante mi tacto, lo creería.

Y tal vez fui el culpable que cobrará vida tras un deseo idiota o tal vez se enamoró de mí y para estar a mi lado tuvo que hacer un trato. Sigo dudando que realmente me ame, a pesar que me lo dice. Sigo pensando que no es real, que es un sueño muy raro.

Pero no quiero despertar aun.

–Eres hermoso -dije en voz alta.

Sherlock sonrió ante eso y se acostó encima de mí, se movía como una serpiente sobre mí. Me gustaba la sensación de su piel acariciando la mía. No me besaba, no me lamía, ni chupa o mordía, solo acariciaba mi piel con la suya.

Se detuvo.

Me beso tiernamente, mordió mi labio inferior suavemente.

Comenzó a lamer desde mis labios hasta por encima de mis pantalones, que ya me apretaban. Subía y bajaba. Su lengua pasaba sobre mi abdomen, mi pectoral.

Toco mi cicatriz del hombro con sus finos dedos. Puse mi mano para cubrirla, gire mi cara de la vergüenza. Él con un cuerpo perfecto y yo con un cuerpo marcado por la guerra, era vergonzoso e insultante para su cuerpo de arte.

Quito mi mano y toco la cicatriz.

–Tu cuerpo es perfecto -me abrazo- aunque hayas perdido un ala, mi ángel. –beso la cicatriz, la lamio.

Adivinaba cada pensamiento mío y por ello sabía que decir. No sabría si odiarlo por ello, o amarlo porque comprendía cada parte de mi ser.

Siguió hacia mis pezones, los mordía, los chupaba y los jalaba con su mano mientras uno estaba en su boca.

Llego por encima de mi pantalón, lo miro por unos segundos.

–Pídemelo, John -me vio a los ojos con una mirada de cachorro- di lo que quiero oír. -Afirme con la cabeza indicándole que siga.- No, John. Quiero oír tu voz suplicar por mí. –Se acerco colocando su frente contra la mía- dime: "Sherlock, hazme tuyo" –me indico la frase

–Sherlock -cruce mis brazos sobre su cuello- quiero ser tuyo. Hazme tuyo. Demuéstrame lo que me dijiste, que soy tuyo y de nadie más –lo bese apasionadamente, la lujuria y la adrenalina dominaban mi mente.

Correspondió el beso mientras su mano desabrochaba por completo mi pantalón. Al terminarlo se alejo de mis labios.

–Así es, eres solo mío, -fue bajando- solo mío John –se puso de frente a mi casa de campaña que se formo entre mi erección y mi ropa interior roja.- ahora te lo demostrare –con una voz tan sexual como la de él, ¿como es que no me vine antes?- el rojo es el color de la pasión, despierta el amor y la lujuria -menciono tras lamer encima de mi calzoncillo- tu pre-semen sabe rico –sonreía con una cara de maniático.

–Aaah… -se sentía bien el oral que me hacía.

Mi ropa interior quedaba más humera conforme su lengua y su boca pasaban. Me lo chupaba por encima del calzoncillo, haciendo que a veces pensara que era mi semen salía. Sherlock me quito la ropa interior y comenzó a tocar mi pene. Con sus dedos presionaba las venas palpitantes.

–Aaah… mmh -me retorcía solo con eso

–Te gusta esta presión, ¿verdad? -su respiración se agitaba y un bulto comenzaba a notársele- sabes… John –se puso sobre mi miembro aplastándolo por segundos- me masturbaba pensando en ti –esas palabras y la presión que me daba me emocionaban- comencé a hacerlo… -saco el lubricante- cuando mi pene se endurecía al pensar en tu sonrisa –se unto el lubricante en los dedos- relájate. –Besó mi miembro-

Sentí como su dedo índice, alargado entraba en mí. Sherlock me preparaba para penetrarme y también le realizaba leves mordidas a mi pene.

Oooh… mmm Dios… -me trata como a su violín- ah… Sher… Sherlock –delicadamente y destructivamente.

–Tu pene quiere explotar -me miro con deseo- hazlo en mi boca –lo trago mientras me metía un segundo dedo.

–Sher… Sherlock -lo agarre del cabello y comencé a mover su cabeza de atrás para adelante. Acelerando mi venida- aaaah Sherlock uh mmm tu… tu lengua Dios, es… magnifica.–me vine en su boca y el movía su lengua para hacer que siga saliendo, saco los dedos de mi ano. Coloca cada una de sus manos en una de mis nalgas, clavándome sus uñas- deli…delicioso.

Dije lo que pensaba en voz alta, Sherlock lo oyó. Me miro subiendo su mirada en mí. Saco mi pene de su boca, se arrodillo sobre la cama quedando sobre mi miembro y pude observar su silueta, exquisita… magnifica. El semen se le caía chorreando de los labios, los cuales mostraban una sonrisa.

Sí… él me escuchó.

–Apenas es el comienzo -se bajo el pantalón que aun llevaba puesto- esta más duro que cuando pensaba en ti –agarro mi mano llevándosela sobre su pene- es tu culpa John –con mi mano y la suya, hizo que baje su bóxer- tendrás que hacerte responsable –hizo que lo masturbe- aah… John eres muy lindo… -acariciaba lentamente su pene palpitante de la emoción- con esa cara sonrojada llena de pena y vergüenza… uhm… -me beso en la frente- pero con tus ojos de lujuria y tu boca saboreándome.

Voltee sonrojado hacia otro lado y ¡Dios mi miembro comenzaba a levantarse ante sus palabras!

mmm… ooh John… ¿quieres penetrarme? Aaah –me reto con la mirada- ¿quieres… argh –hablaba entre cortado pues al hacer la pregunta inconscientemente mi mano aumento el ritmo como cuando me masturbo- aaaprovechar este… uhm momento? –saco un condón y se lo puso a mi pene, lo lubrico.- Pero no. –Maldito solo quiere engañarme- primero déjame entrar en ti –separo mi mano de él- ¡aaaah! –gimió fuerte, ya que me aferre a su pene que era mío y no lo iba a soltar, por ello lo jale.

–Estas muy sensible -le dije en un tono desafiante.

Sonrió ante el desafió, se levanto y con una fuerza desconocida me giro colocándome de a cuatro patas.

–Muerde la almohada -sonrío- porque si te muerdes los labios sangradas –pos su barbilla sobre mi hombre respirando cerca de mi oído- pero quiero oír cada uno de tus gemidos –me beso el cuello.

Nuevamente unto el lubricante pero estaba vez a mí entrada. Sentí ese cálido liquido chorrear sobre mí. Inicio con un dedo que movía como gusano entrando a un agujero, luego dos que abría y cerraba como tijeras y giraba como llave.

–Uff… Dios sherlock -murmure mientras mordía la almohada para callar mis gemidos por miedo a que la Sra. Hudson nos oiga… más de lo que de seguro ya habrá escuchado.

Saco ambos dedos de mi ano, con uno solo rozaba la entrada.

Estas listo… -me mostro su dedo con un fluido pegajoso proveniente de mí- Lo meteré despacio –lo menciono al mismo tiempo que lo realizaba.

–Uyyy -me mordí el labio en cuanto sentí su penetración

Se sentía raro… era la primera vez que lo hacía con un hombre. Era una experiencia extraña pero me gustaba y me excitaba en solo pensar que es Sherlock. Sus manos me agarraban desde la cintura mientras el lo sacaba y metía. Poco a poco su ritmo aumentaba.

–Ooh… yeah… -mis dedos rasguñaban el colchón de la cama- aah… ser… sherlock -su nombre comenzaba a escaparse de mi boca.

Sus empujones cada vez más fuertes, ahora una de sus manos masturbaba nuevamente mi pene.

–Mmh… aa Jooohn -él también me llamaba- estas muy… estrecho –hablaba entre cortado por los gemidos- oooh mhm se ve que soy el primero

–aaah -sus empujones se volvieron más violentos- Sherlock… es muy duro

–Espero que sea el único a partir de ahora -no me escuchaba. Su mano en mi cintura marcaba sus dedos y mi miembro en su otra mano era apretado- me oíste John –se volvió más rudo- Tú eres mío, solo mío John. –sus empujones me lastimaban-

–¡Sherlock! Tranquilo, me lastimas. -ya no estaba disfrutando. Sherlock estaba loco de celos- ¡Te lo prometo! –trataba de tranquilizarlo- ¡Soy tuyo desde ahora porque te amo! –le grite y admití.

Él se detuvo tras decirle que lo amaba. Me quede con la boca abierta dejándome caer sobre la cama aun con mi pene erecto. Me gire viéndolo. Ambos estábamos agitados y Sherlock aun estaba con su miembro palpitando. Me tape la cara con los brazos.

–Te amo, John. -quito mis manos de mi rostro- lo siento, tanto. Tres años sin ti, tres años donde tu pudiste haberte conseguido a alguien –Sherlock esta… ¿llorando?- solo pensar en eso… -puso mi mano derecha sobre una de sus mejillas- me duele… me enloquece… eres él único que ha logrado sacar sentimientos en mí -me beso en los labios, tiernamente- te amo y soy feliz que tu sientas lo mismo.

–Sherlock -lo bese apasionadamente- te amo aunque a veces quiera matarte –reí al igual que él- Aun no te has venido –comencé a acariciarle su miembro mientras le besaba el cuello- deja que te ayude.

Ahora era mi turno de hacer gozar a Sherlock. Le mordí su manzana a la vez de sus pezones.

–John… espera -me empujo con sus manos- deja que te ayude –agarro mi pene sentándose sobre él- ya… -se sostuvo de mis hombros, bajando y subiendo dejándose penetrar- aaah argh… Joohn tu pene es exquisito

–Nooo, Sherlock… -trataba de respirar hondo para hablar- tu eres quien… oh… dios… si eres virgen -lo sentí tan apretado y mire la sangre que salía- sher… sherlock ¿te duele? –le pregunte tratando de evitar ese dolor.

–Nooo. Al contrario mmh -sus dedos se aferraron a mis hombros- Me encanta –jalo mi cabeza hacia él para besarnos con la lengua, dejando que nuestros fluidos cayeran al separar los labios.

–De verdad, eres quien lo hace perfecto -lo abrace y le mordí la barbilla. Retomando la acción con mis manos mientras él seguía bajando y subiendo.

Nos besábamos. Nos mordíamos y nos chupábamos los labios, el cuello, el lóbulo. Le quite el condón y me metí su pene en mi boca.

A Sherlock le costo moviéndose de esa forma, por lo que se estaba haciendo círculos o zarandeando de lado a lado su cintura. Mi boca succionaba cada vez más rápido, usaba la lengua para taparle el orificio para excitarlo más. A veces lo hacía con mi dedo. Me agarraba del cabello para jalarme como se lo hice.

–John… ¡no aguanto! grrr -me dijo.

–Vengámonos juntos. -le acaricie el rostro.

Acelero el ritmo de su cadera mientras le masturbaba al mismo ritmo. Inicié a sentir su líquido junto como él mío.

–¡Aaaah! -exclamamos al mismo tiempo.

Su semen me cayó en mi cara y parte en mi boca. El mío dentro de un condón. Se dejo caer a un lado de la cama, agitado. Respiraba como yo… con desesperación.

Se ladeo dándome la espalda unos minutos. Yo, me lamí su semen que estaba alrededor de mi boca, con mi mano limpie el resto y lo bebí estando en mi mano.

–¿Ya terminaste? -pregunto sin mirarme.

¿A caso tenía vergüenza de ver como tomaba de su semen?

–Si. -respondí.

Se giro hacia mí, se veía feliz. Como un niño que se salió con la suya. Lo mire y le acaricie su rostro, jugué con esos rizos que estaban húmedos por el calor corporal sobre sus ojos. Veía fijamente sus ojos místicos y el se relamía los labios.

–John, tu dices que lo hago perfecto -hablo- pero es porque eres tú a quien se lo hago.

Reí discretamente. Hice un puño con la mano para cubrir esa risa.

–Duele… -comente- pero me gusto -sonreí tras un suspiro- porque fuiste tu.

Nos besamos por última vez cayendo dormidos. Se quedo en mi alcoba, sobre mi cama. Pero conmigo entre sus brazos y yo sobre su pecho como una nueva almohada.


Al día siguiente, pensé que al despertar Sherlock Holmes no iba a estar a mi lado. Que todo fue un sueño erótico.

No me equivoque, él no estaba a mi lado.

Se encontraba entrando a la habitación con una bandeja de desayuno que puso sobre mi buro. Una comida para dos. Lleva una de las tostadas en su boca y el periódico bajo el brazo.

–Sherlock, ¿Por qué traes el desayuno? -Pregunte admirado y sonrojado. Nunca lo había hecho.

–Porque tu no vas a poder a bajarte de las escaleras -sonrió pícaramente- mejor dicho, no podrás ni salir de la cama. Le dije a la Sra. Hudson que te encontrabas enfermo y como necesitaba hablar contigo sobre el caso de "ese" –así le llamada a Kilian- me ofrecí a llevarte el desayuno y desayunar contigo mientras te hablo de los avances.

–La Sra. Hudson… puede que sospeche -dije apenado.

–Claro que puede sospechar, pero no le interesa mientras le paguemos el alquiler –comento mientras me cubría con la sabana de la vergüenza- te tengo una noticia que te alegrara… -en un tono serio y molesto- sobre "ese"

Me quite la sabana en cuanto lo oí.

–¿De kilian? -pregunte- ¿le ha pasado algo?

Sherlock torció los labios, se sentó a mi lado cruzándose de brazos.

–Dije que son buenas para ti, no para mí. –menciono, le deseaba el mal. Kilian tenía razón Sherlock no planeaba ayudarlo- mi red de vagabundos me han dado datos de esos hombres: Philip Brett y Difyr Smith. Ambos americanos e ilegales, El primero buscado por estafar a más de una empresa y el segundo, por asesinar a un político. Los vieron reunirse por última vez en un bar. Pero por los informes entiendo que se reúnen en determinado tiempo.

–Entonces podremos detenerlos a tiempo antes que lo atrapen y dar con la banda -Sherlock solo giro los ojos-

–Si, solucionamos su caso me miró- me prometes que ya no lo veras.

Suspire y negué con la cabeza. La cual me rasque, necesitaba pensar bien.

–Entonces, me permites verlo hasta que terminemos su problema. -lo mire desafiante- si me dices que sí, acepto tu condición.

Pff… -inflo sus cachetes- de acuerdo. Pero no lo veras nuevamente.

Sonreí ante mi victoria, lo abrace y bese su mejilla. Claro, luego con mis manos hice que gire su rostro hacia mí y le bese sobre sus labios.

–Le enviare un mensaje a Lestrade para informarle -saco su móvil para escribírselo- come para que tengas energías y puedas ayudarme en atraparlos y para continuar con lo de anoche –me vio con lujuria.

–Cof, cof Sherlock. -casi me atraganto con mi comida- no puede ser diario… -baje mi vista- mira como me estoy…

–Te ves hermoso y tentador alzo la sabana que me cubría- fiuu –chiflo y me guiño el ojo como la primera vez que lo conocí.

–¡Sherlock! -jale la manta todo sonrojado-

–John, ya te vi desnudo y te disfrute. No debes avergonzarte -me beso la frente- pero me encanta que seas así de lindo.

Le metí una tostada en la boca para que deje de hablar o me iba a matar de la vergüenza.

Desayunábamos tranquilos hasta que Sherlock se levanto para meter su mano debajo del colchón, como si supiera que buscar.

–¿Tú crees esto? -me tiro una carpeta encima- o más bien, ¿de donde sacaste esto? –mire el portafolio y era la que encontré con mi nombre. Había olvidado que la puse debajo del colchón de la cama. Sherlock se levanto de su lugar, dio unos pasos frente de mí con los brazos cruzados. Separo un poco su pierna derecha, me vio seriamente mientras levantaba una de sus cejas.

–No, creo en esto. -Le respondí- dude por un momento cuando lo leí. Pero no. –avente la carpeta lejos- tu me quitaste esa duda.

–¿Dónde lo encontraste? -pregunto

–En tu habitación, antes que Kilian se mudara aquí. -respondí.

–Kilian… eso es todo -puso sus manos sobre su cintura con cada de enojo- ¡Nada de lo que dice ahí es verdad! –Me señalo-

Mi móvil sonó al mismo tiempo que él de Sherlock.

–Es Lestrade -menciono al responder- ¿Qué me tienes? –pregunto

–¿Hola? Respondí al número desconocido-

–Miente. No le creas. No te ama decía una voz irreconocible-

¿Perdón? ¿Quién habla? -preguntaba

–solo te mantiene bajo su control y no hablo de Kilian. –colgaron.

¿Bueno? ¿Hola? –la llamada misteriosa se corto.