¡Sí! ¡Ya actualicé!
Perdón por la espera, pero además de estar perdiendo mi facilidad para escribir, la escuela se pone cada vez más pesada…
Muchísimas gracias a los que me han dejado reviews, créanme que cada vez que me ponen uno siento que no soy una loca que nada más escribe por escribir, snif, snif…
Bueno, aquí les puse un capítulo largo para que la espera haya valido la pena y también para que tengan algo que leer en lo que actualizo de nuevo :P Besos!
¡Ah claro! Los personajes son de Masashi Kishimoto, yo sólo los tomé para hacer una historia sin tantas peleas sin sentido que giran alrededor de Naruto para en cambio darle una sugerencia a este señor de lo que podría hacer para ganar más raiting (¿Será?...)
¿Alguien responde a mi post anterior de "Aminorando el odio"?
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El croar de las ranas le dio la bienvenida de vuelta al mundo. Se incorporó en silencio y recayó en lo vacía que se veía su habitación ahora que Neji no estaba a su lado abrazándola y ofreciéndose para reconfortarla y secar sus lágrimas. En sueños sintió cuando él la había recostado en su futón antes de dirigirse a la puerta y dejarla descansar después de haber expresado todo su dolor; mismo que después de acumularse durante tantos años se había desatado no sólo por ver a su padre en tan mal estado, sino porque cuando rompió el jarrón, su padre dijo su nombre. Así era como la conocía: La que lo arruinaba todo.
Pensó que a esas alturas las lágrimas y el sentimiento ya se habrían vuelto a apoderar de ella, pero en cuanto tanteó sus mejillas secas sonrió: Neji había acabado con sus lágrimas con tan sólo estrecharla y acompañarla, tal como lo hacía cuando eran niños. Avanzó con lentitud hasta la escalera de la Mansión Principal y descendió cada peldaño deseando haberse puesto uno de sus kimonos para así sentir cómo la tela resbalaba por la madera. Caminó hasta la parte trasera de la enorme residencia, donde se recargó en uno de los pilares que sostenían la estructura de su hogar y eran los custodios del jardín de su madre, que estaba lleno de flores acompañadas del más intenso de los verdes; muy al contrario del patio del centro de la Mansión, que sólo contaba con un árbol seco y en vez de pasto o musgo tenía tierra simple, lo que lo hacía el lugar predilecto por su padre para entrenar con Neji, aunque a veces preferían atravesar los territorios Hyuuga, con sus casas y tiendas, para llegar al Dojo.
La joven tenía planeado acuclillarse bajo el cerezo, donde estaba la tablilla mortuaria de su madre, a la que debía rezar en cada ocasión que pudiera. Ni siquiera había dado cinco pasos en su dirección cuando escuchó un tintineo; y como buena kunoichi, de inmediato se giró y lanzó un Juuken contra quien sea que se hubiera infiltrado en la Mansión.
–No pensaste que sería tan fácil ¿o sí? –El que estaba detrás de ella no era otro que su primo, que con una mano había neutralizado el golpe de Hinata, mientras que la mano izquierda permanecía oculta en su espalda.
–Neji... –El castaño tomó asiento en el escalón que servía para bajar del piso de la casa al jardín; acción que Hinata imitó. Sin intercambiar ningún sonido, Neji expuso ante los apagados ojos de Hinata su preciado collar negro, mismo que le habían quitado en el hospital. Ella lo tomó con cuidado y sonrió mientras lo colocaba alrededor de su cuello-. Gracias… –susurró tan bajo, que su primo no la escuchó. A continuación, Neji levantó un pequeño saco del piso y lo depositó en las manos de la confundida peliazul-. ¿Qué…? ¿Qué e-es esto?
–No lo sé. Me lo han dado en el hospital cuando te dieron de alta –contestó él-, al parecer lo traías amarrado a tu brazo –Hinata recapacitó las palabras de su protector y comenzó a esparcir el contenido del saco.
–¿Lo haz abierto ya?
–No.
–Pues… Ahora lo veremos –aclaró Hinata sonriendo ligeramente-. Después de todo estamos juntos e-en esto ¿n-no es cierto?
–¿Juntos en qué? –preguntó Neji, haciendo que Hinata volteara a verlo confundida.
–Di-dijiste que cuando hiciera otra tontería como esa, debería avisarte.
–¿Y acaso vas a escapar y a lastimarte gravemente cada dos minutos? –se burló él, creyendo dejar por zanjado el asunto.
–Posiblemente –Neji sintió como si lo hubiera golpeado en el estómago-. ¿Me ayudarás a encontrar mi Pirámide de Cristal?
–Sí, claro Hinata –dijo sarcástico-. Dudo que esas Pirámides existan, y mucho menos que haya un conjunto de pistas que mágicamente se revelarán ante ti. Naoko-san ya te dio ese extraño collar, así que bastará con que lo pongas en tu cuello y sigas tu vida normalmente.
–Prometo… prometo que si m-me ayudas… T-te daré lo quieras, l-lo que sea –lo miró suplicante-. Pero deberás i-ir conmigo hasta las raíces d-de todo este a-asunto
–No me interesa obtener algo de ti.
Hinata mordió su labio inferior al no saber qué ofrecerle a su primo. De la nada, la respuesta surgió en su mente.
–¡Yo…! ¡Y-yo te permitiré ingresar como ANBU cuando sea líder del clan! –ofreció.
–¿Qué te hace pensar que yo quiero ser ANBU?
–Es e-el máximo rango como ni-ninja, además, el clan no permite a los miembros d-del Bouke ingresar a la élite.
–Hinata, aún cuando acepte, no tenemos ningún indicio de que las pistas existan –la susodicha se levantó y de su sudadera sacó una pequeña fotografía de su madre que de inmediato mostró a Neji.
–Es mi tía.
–Oka-san –corrigió Hinata-. ¿La recuerdas?
–Bastante, sí ¿pero por qué me das esto?
–Mi-mira su cuello –Neji pudo ver un dije de sol, el mismo que acababa de regresarle a Hinata.
–Tu madre te heredó un collar.
–¡No es eso! –Exclamó ella sentándose a su lado de nuevo-. Días después de li-liberar a Tatsumi, lo encontré en alguna parte de los territorios Uchiha –Neji la miró confundido.
–Exactamente… ¿Exactamente qué hacías en ese lugar?
–Yo… No lo sé… Estaba en la aldea… Cuando… Cuando e-escuché la voz de Oka-san… La seguí sin mirar hacia donde iba y… cuando e-encontré el dije escondido entre unas tablas, me di cuenta de dónde estaba.
–Por supuesto… ¿Y eso en qué nos ayuda?
–Pues… Esa misma noche Oka-san me visitó en sueños y m-me dijo que yo tenía una maldición… que ella tenía la culpa. A la mañana siguiente nos… nos a-atacó Tatsumi y apareció en mi espalda…
–El símbolo Uchiha marcado a fuego… –completó él mientras Hinata asentía.
–¿Entiendes a que lleva to-todo esto?
–El elemento de los Uchiha es el fuego… El collar de tu madre lo encontraste en los territorios de ese clan… y Tatsumi era un miembro del mismo…
–¿Cómo sabes e-eso?
–Tú… Murmuraste el nombre completo de Tatsumi, y su apellido era Uchiha –contestó Neji-. Además revisé su expediente médico, y decía que en un accidente se lastimó de la misma manera en la que tú y también tenía el mismo grupo de lunares en la espalda.
–¿Lunares…?
–Sí, los que tienes en la… –Neji calló de inmediato, recordando que esa imagen había sido una violación a la privacidad de la heredera. Arrepentido, vio a Hinata, que estaba completamente sonrojada.
–¿Cómo sa-sabes de m-mis lu-lunares? –Neji se sintió avergonzado de revelar la respuesta de esa pregunta. Mejor sería evadir el tema.
–¿Eso importa? Los Uchiha están demasiado mezclados en esto. Ahí está tu anhelada Pirámide, punto –Hinata negó con la cabeza-. ¿Ya te tomaste la molestia de ir a revisar siquiera? –Ella asintió. Ambos Hyuuga callaron, Hinata avergonzada, y Neji atando cabos sueltos a una velocidad de vértigo-. Apuesto a que lo hiciste la noche en que llegaste malherida ¿o me equivoco? –Hinata asintió de nuevo-. ¡Es la mayor tontería que he escuchado! ¡¿Cómo se te ocurre ir al hogar de tu vida pasada a molestarla?
–Necesito respuestas a-antes de que e-ella acabe conmigo… N-no tenía opción.
–¡Claro que tenías! ¡¿Qué tal ir de día?
Hinata abrió la boca para responder, pero calló.
–Lo… Lo siento –dijo cabizbaja, haciendo que Neji notara el tono con el que le hablaba, o mejor dicho gritaba, a su prima.
–Es… es mi culpa… Perdona –se disculpó.
La heredera asintió con lentitud antes de retomar la palabra.
–De la Mansión Principal tomé esto –dijo pasándole a Neji los dos libros.
–Eso es imposible –protestó el castaño-. El clan Uchiha no tenía ninguna jerarquía; era como un conjunto de personas normales viviendo juntos, no había líder.
–¿Entonces…? ¿E-esto lo tomé de una casa normal? –preguntó Hinata mientras que su primo inspeccionaba uno de los libros.
–Temo que no –Neji enseñó a Hinata la primera página del libro que sostenía en sus manos-. Tomaste estos libros de la biblioteca personal de Fugaku Uchiha –dijo señalando el nombre escrito en el borde de la hoja-, el padre de Sasuke Uchiha.
Hinata sintió un nudo en la garganta. La noche en que traspasó el portón Uchiha destrozó la casa de uno de sus antiguos compañeros y robó dos libros propiedad de su padre. Sin duda, si es que Naruto lograba regresar a la aldea al único heredero de la dinastía del Sharingan, ganas no le faltarían al ojinegro de reclamarle. La peliazul suspiró con pesar.
–¿P-por lo menos habla de a-algo interesante? –preguntó a su Nii-san, que no había dejado de pasar las hojas del libro.
–Interesante no, pero sí muy útil.
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Neji se abría paso saltando los techos de los territorios Uchiha seguido de cerca por Hinata, que aún no terminaba de entender qué era lo que hacían a tan altas horas de la noche ahí si el propio Neji la había regañado por haberlo hecho.
–¿E-entonces ese libro tiene la dirección de cada Uchiha? –preguntó Hinata, dejando varios techos atrás.
–Hai.
–¿Y eso de qué nos sirve?
–Entraremos a la casa de Tatsumi.
Hinata quedó atónita.
–¡¿P-pero para qué?
–No lo sé con seguridad, pero quizá encontremos algo útil.
Ambos bajaron a la calle y comenzaron a caminar como personas normales ubicando una dirección, tomándose la molestia de caminar durante un largo rato guiándose con los letreros que indicaban el nombre de las calles y el libro, que decía la intersección de las mismas y el número de casa.
Neji avanzaba con su rostro serio y sus movimientos calculados, aunque con el oscuro deseo de que Hinata se asustara y lo abrazara; cosa que no estaba muy lejos de la realidad, pues Hinata temblaba sin parar y cada vez que escuchaba crujir a una tabla de madera le daban ganas de aferrarse al brazo de su primo, pero se contenía y cerraba con fuerza los ojos pensando que de tomarse ese atrevimiento él la reprendería.
–Es por aquí, vamos –concluyó Neji tomando la mano de Hinata y conduciéndola al interior de una casa.
Hinata estaba muy confundida por la iniciativa de Neji de tomarla de la mano, como para reponerse rápidamente cuando él la soltó y le indicó que activara su Byakugan para no tropezar. Ella obedeció y vio a Neji evitar pisar una sección del piso, pero pensando que tan sólo estaba jugando, Hinata no se preocupó y con toda confianza posó su pie en la madera.
–Cuidado con la… –El sonido de la madera desgarrándose hizo a Neji llevarse una mano a la frente-. Madera podrida –completó-. ¿Hinata? ¿Estás bien?
Al no haber respuesta, el ojiblanco se aproximó a la abertura, topándose con algo que nunca imaginó y que su Byakugan no había percibido: Bajo ellos había una habitación subterránea y Hinata había encontrado la escalera que conducía a ella.
–¡Hinata, levántate! ¡Mira esto! –dijo moviendo a la peliazul, pero ésta no le contestó-. Por favor, Hinata… No es el momento para desmayarte.
De pronto, se escuchó un gruñido.
–Mi cabeza chocó contra unos escalones… Podría estar muerta.
Neji esbozó una media sonrisa.
–Cierra la boca y ven –ordenó poniéndola en pie, pero ella se negó y sólo utilizó su ayuda para sentarse-. ¿Qué haces?
–Me duele… –contestó tomando su cabeza con ambas manos-. Ve tú.
Neji bufó y descendió la escalera con ayuda de su Byakugan.
–¿Qué ves? –preguntó Hinata desde arriba.
–Nada especial… Pergaminos empolvados, telarañas y un reloj antiguo.
–¿Qué dicen los pergaminos?
–Eh… –hizo una pausa para desenrollarlos-. Técnicas del clan Uchiha. Nada que nos sirva.
–V-vaya… Un golpe para nada…
–Espera. Hay un resplandor detrás del reloj.
Hinata supuso que su primo movía el reloj de lugar por el horrible rechinido que llegó hasta sus oídos y la obligó a cubrirlos. El arrastre se detuvo y escuchó unos cuantos pasos resonar en la estancia.
–¿Neji? ¿Encontraste algo?
La peliazul no recibió respuesta, y tras llamar a su primo en la oscuridad varias veces sin recibir respuesta, decidió aventurarse en la desconocida habitación con el Byakugan activado y sosteniendo su cabeza para evitar un ataque renovado de dolor.
También vio los antiguos pergaminos, pero no se interesó en ellos, sino en la abertura que estaba al lado de un reloj de madera bastante alto. Se acercó a ella y apenas había pasado un pie dentro cuando escuchó un alarido de dolor y vio cómo su primo se había pegado a la pared sosteniendo su cabeza. Hinata se olvidó de su propio dolor y corrió hasta el castaño.
–¡Neji! ¿Qué pasó?
–¡Desactiva tu Byakugan!
–¿P-pero qué…?
–¡Sólo hazlo!
Hinata obedeció y ayudó a Neji a ponerse de pie.
–Ayúdame a llegar a la Mansión, ahí te diré lo que vi.
Hinata asintió y ofreciéndose como apoyo, deslizó su brazo por los hombros del ojiblanco y lo condujo hasta la escalera, donde el muchacho tropezó con la mayoría de los escalones mientras maldecía y gruñía a causa de brutales y repentinos dolores de cabeza. Salieron de los territorios sin ningún otro percance y de la misma manera recorrieron el camino hasta la Mansión. Hinata acompañó a Neji hasta su cama y luego bajó a la cocina a esperar por el té que había pedido en cuanto habían entrado por la puerta principal y que no se tardó en recibir de manos de una anciana antes de que ésta se retirara a dormir.
Subió la escalera, tocó a la puerta de su primo antes de entrar y lo vio beberse el humeante contenido de la taza tras incontables declinaciones por parte de él e incansables insistencias suyas.
Neji le tendió el recipiente y se levantó del futón mirando la nada.
–Me gustaría saber qué pasó, pero eso puede esperar hasta mañana. Por ahora duerme, estoy segura de que eso aminorará tu dolor, Nii-san.
–No me llames así –murmuró con un tono ronco-. Ahora sal, no quiero involucrarte más en esto.
–¿De qué hablas? –preguntó Hinata dando un paso dudoso, pero luego cobrando un gesto contento-. Con gusto me quedaré a velar tus sueños.
–No es necesario, Hinata.
–Insisto.
–Hinata… –exclamó con aires intimidatorios.
–¡No te dejaré sólo! –Se acercó a tomarle del brazo e intentó hacerlo sentarse en su futón-. Anda, recuéstate.
–¡Por todos los Kamis, Hinata! –vociferó él, liberándose-. ¡No estoy de humor para negociar o ceder ante tus caprichos! –Hinata llevó asustada las manos a su pecho y retrocedió con ojos atónitos-. ¡¿Qué tan difícil es hacerme caso e irte a tu habitación? –El castaño se llevó la mano a la frente en muestra de su terrible jaqueca-. ¡Ah…! Perdóname. Sé que tus intenciones son buenas… ¡pero el dolor es insoportable y no tolero ninguna presencia ahora!
Hinata pestañeó algunas veces con la cabeza agachada hasta que creyó entender a su primo y volvió a mirar su rostro contraído en una mueca de enfado e impaciencia. Pasó una mano frente a sus ojos al notar que él no la miraba a ella, sino a un punto fijo y lejano en la habitación. Neji detuvo la suave mano en el aire y la retuvo un momento antes de dejarla ir con lentitud dolorosa.
–No es necesario que lo hagas. No veo absolutamente nada: estoy sumido en un paisaje oscuro, difuso y lleno de sorpresas no siempre agradables.
Hinata rodeó con una combinación extraña de cariño y remordimiento la mano que había osado pasar frente a la blanca mirada de su primo y tras susurrar un sutil "buenas noches", se acercó a la puerta y la deslizó dispuesta a salir, pero antes de que siquiera uno de sus pies abandonara el cuarto, se giró y cerró la puerta. No se movió. Se quedó quieta dándole la cara a la puerta de papel y pensando en lo mínimo que le debía a su primo: una disculpa.
–¿Hinata?
La susodicha se giró, pero una fuerza ajena a ella la obligó a no contestar, atormentando así al miserable muchacho que sentía que su cuerpo lo engañaba: su olfato, detectando una nube tenue de aroma a lirios, su corazón, latiendo con furia, y su piel, erizándose aún cuando la puerta había sido deslizada y no creía sentir otra presencia u respiración cerca. Tomó asiento en su futón y masajeó sus sienes pensando en lo mucho que le afectaba la presencia de Hinata y en lo peligroso que sería hablar en voz alta mientras que su vista no volviera. Se puso en pie de nuevo y tanteó todo su cuarto en busca del armario sin sospechar que estuvo a punto de tocar a la inmóvil y curiosa de su prima al menos en cinco lugares nada propios para él.
Al no obtener resultados, se quitó la camisa sin más miramientos y volvió a sentarse en su futón con la cabeza gacha antes de revolverse el cabello con violencia y una fundada desesperación. Se quitó la banda ninja de la frente y se acostó; cediendo en cuestión de minutos al cansancio y al dolor y dejando como única persona conciente a su protegida, que mantenía ambas manos fijas en su rostro en un intento de contener el irremediable rubor que le subía desde el cuello, y agitaba sin cesar su cabeza para que la imagen de los anchos hombros de Neji y su fornida espalda dejara de surgir y surgir en su memoria.
Pasada su conmoción, caminó con pasos lentos y graves hasta la cabecera de la cama y se inclinó sobre él, asomándose su colorido collar de inmediato, pero ella lo guardó de nuevo bajo su camiseta de maya y procedió a arriesgarse a tocar la marca que su primo escondía y que le inyectó una oleada de terror al hacerlo: casi como si estuviera sintiendo todo el sufrimiento que había causado en todos sus siglos de existencia en el clan Hyuuga; y al ver que su primo no despertaba cuando la delineó con cierta insistencia tratando de borrarla de forma milagrosa de esa blanca frente, se atrevió a depositar un casto beso en el centro de la misma, justo en la equis.
Su primera intención era despertarlo y persuadirlo de ir a un doctor cuanto antes, puesto que cuanto antes se tratara más posible sería que recuperara la vista, pero al plantarse frente a su inconciente cuerpo y ver su siempre sereno rostro, pero esta vez no con un aire de indiferencia y frialdad, sino con uno de tranquilidad y talvez de alegría, retrocedió y se deslizó con ayuda de la pared para poder sentarse en completo silencio en el frío piso, completamente dispuesta a cuidar toda la noche que nada despertara a su protector.
Hinata deseó morirse esa noche. Lo deseó más que de costumbre porque recayó en el terrible peso que su existencia representaba para el castaño, que no podía vivir salvaguardándose a sí mismo solamente, sino que también tenía que salvarla a ella de tontos accidentes casi siempre producidos por ella misma. Abrazó sus rodillas en un acto de protección contra el frío y de los hechos que la sentenciaban como la culpable de la infelicidad de Neji, de haber sido la causa de que una situación de muerte se presentara ante su padre y de que él siempre recibiera los mismos castigos que ella por "no haberla cuidado". Por culpa de ella era que se había quedado ciego y su culpa también sería que el mayor orgullo de los Hyuuga se apagara para siempre cuando debía estar en su máximo esplendor con casi dieciocho años de edad.
…En otras palabras, era la culpable de mandar al caño toda la vida por demás prometedora que él tenía por delante gracias a nada más que su propia dedicación, fuerza y tenacidad.
¿Y mientras tanto ella qué hacía?
Meterlo en sus propios problemas, comprometerlo a estar cuidando de su salud, distraerlo con sus tonterías… Pirámide de Cristal, sí claro.
Los amargos y húmedos caminos se marcaron casi de inmediato en sus mejillas, y estuvo a punto de borrarlos, pero pensó que si mañana Neji recuperaba la vista, al verlos él entendería que no había sido su intención haberse entrometido en su vida y de lo mucho que sentía ser una carga tan pesada e insoportable para él…Y talvez de esa manera le perdonaría todo lo malo que ella le había traído y él tendría la seguridad de que de no ser porque se le impondría una pena a él, ella estaría dispuesta a huir para salir de su fructífera vida.
…Si es que no de quitarse la propia.
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–Despierta.
Los constantes golpecitos en su frente y la repetición incansable de "esa" palabra la hicieron reaccionar y toparse en primer lugar con un muchacho de cabello largo y castaño y acreedor de una mirada directa y profunda que estaba ocupada en contemplar el distraído y somnoliento revolotear de las pestañas que resguardaban a otro par de ojos blancos, pero cálidos.
A los dos segundos de contemplarlo recuperó sus memorias y sus conocimientos: Ella era Hinata Hyuuga, heredera del clan, tenía una hermana menor, su madre había fallecido y su padre estaba delicado de salud, la persona que tenía enfrente era Neji Hyuuga, su primo, y recientemente ella había estado más que preocupada por él debido a que había perdido la visión; era perseguida por un fantasma que…
–Tus mejillas están mojadas y tus ojos brillan –dijo él, y ella todavía no lograba reaccionar-. No me dirás que lloraste toda la noche por mí, ¿o sí?
El hombre se puso en pie y ella lo siguió con la mirada, notando que se manejaba con total confianza por la habitación y que numerosas veces la volteaba a ver por encima del hombro.
–Espera un momento… –susurró levantándose-. Acaso… ¿acaso ya puedes ver?
Él se encogió de hombros y luego asintió, sin imaginarse que la peliazul se precipitaría hacia él y lo abrazaría con tal fuerza, que casi lo hizo perder el equilibrio. La mujer se aferró a él y lloró de felicidad, pero él, al escuchar los primeros gimoteos intentó apartarla sin conseguirlo.
–¿Por qué lloras? –preguntó aún teniendo el femenino rostro en su pecho.
Hinata se alejó y se limpió las mejillas.
–¿Bromeas? –preguntó feliz-. ¡No sabes lo preocupada que estuve! ¡Qué alegría! ¡Recuperaste la vista!
La ojiblanca volvió a abrazarlo y él no se lo impidió. De hecho, el contacto duró hasta que la Hyuuga se separó con los ojos como platos.
–¿Qué pasa?
Nos castigarán si me ven en tu habitación a estas horas –Hinata activó su Byakugan por unos instantes y no tardó en correr hasta la puerta-. ¡Nos veremos más tarde! –susurró sonriente antes de devolver la puerta a su sitio.
Llegó al instante a su cuarto y al parecer, sin que alguien la hubiera visto. Se sentó frente a su tocador, luego se paró, se rió sin saber por qué, se miró en el espejo sorprendiéndose del aspecto deslumbrante que tenía y después se fue directo a la regadera sin saber por qué se sentía tan inestablemente nerviosa, feliz y ansiosa esa mañana tras haber sido el rostro de Neji lo primero que vio.
No supo cuánto se tardó en la bañera, pero asumió que para cuando había terminado de vestirse y de cepillar su cabello ya habrían dado las dos de la tarde. Sonrojándose de su propia tardanza y con la intención de salir de la Mansión y encontrar algo que hacer, se dirigió a la puerta corrediza, pero una clase de vibración en su pecho llamó su atención, y al bajar la mirada se encontró con que su dije de sol estaba parpadeando. La inexplicable necesidad de tomar el saquito que reposaba sobre su mesita de noche se hizo presente y sin esperar más, la Hyuuga se acercó al mueble donde había dejado el paquete con el símbolo Hyuuga, lo tomó y caminó hasta su tocador, donde tomó asiento y desenfundó el misterioso objeto.
–Un pergamino… –dijo tomando con fuerza los extremos del pergamino antes de jalarlos para dar paso a un gran pedazo de papel que la ojiblanca comenzó a leer de inmediato.
Princesa... ¿qué tal te trata la vida, Hina-chan?
Ahora que lees esto ya debes de ser toda una mujer, y en cambio yo, mientras escribo esto te estoy viendo jugar en el jardín junto con Neji, tu primo ¡apuesto a que ahora son grandes amigos!
La peliazul tragó saliva con dificultad.
Resta muy poco para la llegada de tu hermana, Hinata, y creo que ya tienes edad para enterarte de que, cuando yo tenía catorce años, una mujer me señaló en la calle y me dijo que pariría a una maldita y a otra niña que por conservar su egoísta vida… Acabaría con la mía.
Es incuestionable que no le creí, pero después conocí a Tatsumi Uchiha, quien rápidamente se convirtió en mi mejor amiga.
Nos confiábamos todo, hasta que un día, ya cuando habíamos cumplido dieciocho, me comentó que una hechicera le había dicho que estaba maldita, y desde entonces no dejó de hablar sobre eso.
Casi nunca le prestaba atención:
Ocupaba ese tiempo para planear la próxima boda entre tu padre y yo.
No le llegué a entender mucho.
Trato de recordar ahora con mucha desesperación sus palabras y lo escaso que logro recordar es algo que dijo sobre… ¿Rostros?
Algo de unas mujeres que tenían el mismo rostro que ella y que estaban malditas.
Recuerdo que me contó absolutamente todo sobre la maldición, pero princesa, te ruego me perdones, pero no me pareció necesario recordarlo.
Lunas después, cuando teníamos veintitrés años y yo ya estaba casada, ella llegó a la Mansión y me entregó el collar que había usado desde que la conocí: es un dije negro con forma de sol; no comprendí porqué, pero desgraciadamente…
Al día siguiente me enteré de que…
¡Llorosos se vuelven mis ojos sólo de recordar! Lamentablemente, el caso fue que… se suicidó.
Abrumantes razones debieron obligarla, pero nadie sabía cuáles eran.
Vaya que enserio lloré sin parar durante varios días, incluso semanas.
Exactamente como hago ahora, pues recordarlo me entristece, ¿y sabes?
Buscaste la flor más bonita del jardín, me la trajiste hace un rato y me diste un abrazo… ¡eres tan dulce!
Únicamente vivía yo del recuerdo.
Secaba mis ojos llorando aún.
¿Comida? no, ¿dormir? Tampoco.
Absorta en mis pensamientos, era como vivía:
Ensimismada con mis sentimientos de culpa por no haber notado sus intenciones desde un principio.
Nunca lo creerás, pero llegué a tal extremo de la depresión que me desmayé, y cuando me revisaron, nos enteramos de que el clan Hyuuga tendría una heredera; y sí Hina, me refiero a ti.
Me duele contarte que esa noticia lo único que cambió fue que me obligaron a dormir y a comer, pero después de eso, yo seguía llorando:
Implorando a los Kamis que regresaran a Tatsumi a mi lado.
Luego, por lo que yo pensé era mera casualidad, una noche me animé a salir al jardín en el que ahora tu tratas de trepar un árbol y Neji te ayuda; y mientras contemplaba el cielo, vi aparecer la luna, y recordé el cuento que alguna vez me contó mi abuela, y que ahora yo te he contado tantas veces.
Embelesada por la visión de la luna, sentí la necesidad de salir del estado tan deplorable en el que estaba, y de repente, una estrella fugaz pasó, por lo que la seguí con la mirada, y a los pocos segundos, mi vientre comenzó a doler, por lo que supe que pronto nacerías, y que serías algo muy, muy especial, princesa.
Cuando vi tu dulce carita no pude evitar esbozar mi única sonrisa en meses, por lo que convencí a Hiashi de llamarte Hinata, pues desde que tú naciste, el mundo se volvió un lugar mucho más luminoso para mí.
Hinata, querida…
Observándote a diario recuerdo la preocupación que me embargó cuando cumpliste tus dos años:
Eres idéntica a Tatsumi, sólo que con los iris blancos.
Temí lo peor, así que pregunté a los padres de Tatsumi si podía llevarme sus diarios y libros, sin embargo no tenía ninguno.
Enserio lo lamento, Hina-chan.
Respecto al collar, nunca hizo nada fuera de lo común como yo esperaba, sin embargo decidí regresarlo, por lo que cuando ningún Uchiha me veía lo guardé entre unas tablas sueltas, pero si así lo quieres, puedes ir a buscarlo tú misma, marqué el lugar con un círculo; y como ya sabrás la cadena la tiene (o tenía) la mujer que te dio este pergamino.
No sé si me oigo como una loca, pero princesa, si no temiera por el hecho de que yo podría morir en el parto de tu hermana, no escribiría esto.
Orienta a tu hermana por la vida Hina, y recuerda que te amo a ti, a tu hermana y a tu padre.
Dudo que mi carta te haya servido, pero al menos ya sabes que no eres la única que ha tenido la maldición, pero espero que seas tú la que la detenga.
Espero que no mal interpretes lo que te voy a decir:
Rompe las reglas del clan si es necesario, Hina, pero sé feliz.
Oro para que tu hermana y tú no sean unos títeres más del clan.
Sólo te pido como última cosa:
A veces tu padre puede ser muy estricto, pero por favor compréndanlo y no lo juzguen demasiado rápido; él quiere que ustedes tengan todo un futuro por delante.
Sé quién es el hombre con el que me casé, y estoy segura de que él pondría primero a sus hijas, antes que al resto del clan.
Inevitablemente, el recuerdo de un sueño llegó a la mente de Hinata:
"Están a punto de pasarte muchas cosas que quizás no comprendas, pero sé que saldrás adelante y terminarás con la maldición"
"¿C-cuál maldición?"
"La que ha atormentado a miles de mujeres antes que tú"
"¿Y-yo…? ¿Y-yo t-tengo e-esa maldición?"
"Me temo que sí, mi niña. Y en parte, fue por mi culpa"
"¿Tú culpa? ¿Tú tenías e-esta maldición?"
"No… pero, ya lo entenderás, Hina, no te preocupes"
Hinata miró la minúscula gota de agua que había caído en el papel y palpó sus mejillas, dándose cuenta de que había estado llorando en silencio desde que había leído del puño y letra de su madre que ella había llegado en un momento tan oscuro y gris para ella. No hubo gimoteos, mucho menos susurros. Sólo se levantó, se limpió el rostro y reacomodó el pergamino sobre su tocador.
Salió de la Mansión con el ánimo por los suelos y sin la menor idea de qué podría hacer, sólo con ganas de respirar otro aire, pero al ver pasar no muy lejos de ella una shuriken de cartón recordó que recientemente no había pisado ni en sueños un campo de entrenamiento, así que se trasladó a uno de inmediato, y tras mucho buscar, ubicó a Kiba en uno de ellos pasándola en grande con Akamaru. No tardó en acercarse, pero de cualquier forma Kiba ya la había detectado, así que aún lejos de ellos, el Inuzuka la saludó.
–¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí? –Akamaru ladró-. Efectivamente, a la que todos creíamos desaparecida. Hinata Hyuuga.
–¡Kiba-kun! –reprendió ella sonriente, sentándose junto a él.
–Bueno, bueno, ¿pues qué querías que dijera si no te he visto en un buen tiempo?
Ella miró el suelo.
–N-no exageres. Recuerda que hace un par de días nos vimos en… bueno…
–Estabas tan confundida y malherida que no me extrañaría que me dijeras que no sabías ni quién eras.
Ella elevó la mirada y la depositó en la suya.
–Muchas gracias, Kiba-kun, de no ser porque tú llegaste, no sé lo que habría sido de mí…
–En vez de agradecerme –interrumpió él-. Deberías decirme qué pasó –Hinata contrajo sus labios y desvió la mirada-. Hinata…
–Preferiría no hablar de eso, Kiba-kun.
–¡Hinata, nos conocemos desde hace años! ¿Enserio no puedes decírmelo?
–Por favor, perdona que no te lo diga –fue su respuesta.
Akamaru se echó frente a ellos y Kiba comenzó a acariciar su lomo, desencadenando un silencio sumamente incómodo.
–Y… ¿cómo va tu recuperación? –Hinata lo miró de nuevo-. Supongo que por eso no haz estado viniendo a los entrenamientos.
–Etto… –la peliazul se aclaró la garganta-. F-fue u-una hemorragia interna y c-creo que una infección ma-masiva en mi brazo, pero ya estoy completamente sana.
–¡Me da gusto escuchar eso! –exclamó el Inuzuka, sonriente.
Hinata sonrió también, pero se sonrojó y miró al suelo.
–¿Qué te pasa? Te noto nerviosa.
–Y-yo n-no lo sé… así he estado desde que me levanté esta mañana –Kiba se incorporó y comenzó a olfatearla-. ¿K-Kiba-kun?
El susodicho volvió a sentarse, pero esta vez cruzó los brazos y cerró los ojos con aspecto severo.
–Enserio estás rara, y además exhalas otra vez ese aroma que tanto me molesta –él abrió los ojos, encontrándose con la mirada confundida de ella-. Pero Naruto no está por aquí… –añadió extrañado-. Espera… No me dirás que estás enamorada de mí, ¿o sí? –preguntó acercándose a ella.
–¡K-Kiba-kun! ¡No juegues con esas cosas! –pidió ocultando su rostro tras sus dos mechones y su flequillo.
El muchacho se alejó con la misma rapidez, pero soltando una sonora risotada que, aunque la Hyuuga no notara, era amarga.
Hinata estaba avergonzada, su corazón latía con fuerza y su cabeza daba vueltas: No era un secreto que su corazón albergaba a alguien, pero en toda la semana no había pensado en el sonriente rubio y tampoco lo había visto, en todo caso, el muchacho que más espacio había estado consumiendo en su cabeza, memoria y ¿corazón?, era…
Akamaru se incorporó y ladró hacia los árboles que estaban frente a ellos. Kiba lo llamó y aún así no hizo caso. Hinata perdió todo el color que había adquirido ante la alarma de que algo se acercaba.
–¿Qué está pasando? –le susurró a Kiba.
–Nada; sólo que Akamaru no se acostumbra a todo el ruido del equipo que está entrenando en el campo contiguo –Hinata relajó su cuerpo-. No sé por qué seguimos topándonos con el equipo de Gai cada vez que venimos. Es como si no pudieran venir otro día o al menos elegir otro espacio para entrenar.
–¿C-cómo? ¿N-Neji-kun está ahí? –preguntó con un leve asentamiento de rubor en sus mejillas.
Kiba no contestó, sólo se encogió de hombros mientras continuaba llamando a su lado a Akamaru.
–Ya veo… –pensó la ojiblanca poniéndose en pie-. Enseguida regreso, Kiba-kun.
Sin esperar una respuesta de su parte ella se dirigió con paso apresurado a los arbustos a los que Akamaru ladraba, y tras acariciar una última vez al animal, ingresó al campo de visión de tres ninjas.
–¡Hinata! –La saludó la única chica del equipo, que estaba sentada a la sombra de un árbol-. ¡Hola!
A lo lejos Lee y Neji tenían un combate cuerpo a cuerpo, pero ninguno de los dos le prestó atención.
–Buenas tardes, Tenten-san –contestó ella inclinándose ligeramente-. V-venía a hablar con Neji, pero… veo que e-está ocupado con Lee-kun.
Tenten se alarmó por la forma tan informal y seca con la que Hinata mencionaba el nombre de su primo: Neji. No más hermano mayor. Asintió con dejes de su pasmo antes de silbar con ayuda de sus dedos, parando al instante los frenéticos movimientos de sus compañeros, siendo Lee el primero en acercarse, mientras que Neji secaba su sudor.
–¡Hinata-san! ¡Nunca nos habíamos visto en un entrenamiento! –la susodicha sólo sonrió-. ¿Cómo haz estado?
–Etto… B-bien, gracias por preguntar –Se asomó disimuladamente por encima del hombro de Lee y se percató de que Neji la miraba-. ¿E-entrenando duro? –fue lo que atinó a decir tras apresurarse a mirar el suelo.
–¡Claro! ¡Así es como debe de ser si quiero vencer algún día a tu primo! –dijo sonriente-. Es bueno, pero uno de estos días…
–Hinata –interrumpió el castaño ya caminando hacia el trío.
–Neji –contestó ella en un hilillo de voz.
–¿Qué necesitas?
–Etto… –comenzó a jugar con sus manos y se sintió incapaz de revelar sus intenciones-. Yo… quisiera que… bueno, sólo si es que p-puedes… que tú… –balbuceó sin darse valor.
La heredera sintió como tres pares de ojos tenían clavada en ella la mirada, un par de ellos con una severidad y frialdad que le provocaban esa ola de nervios. Vaciló unas cuantas palabras más antes de suspirar con ambas manos en el pecho.
–N-nada, olvídalo. P-por favor disculpen la interrupción –susurró antes de girar sobre sus talones y caminar de vuelta a los arbustos.
–¡Hinata, espera! –La peliazul se volvió para toparse con la experta en armas-. Ya es tarde y planeábamos ir a comer algo antes de continuar… ¿te gustaría acompañarnos?
–¿Y-yo? N-no, no… No podría…
–¡Anda, Hinata! ¡Será divertido! –añadió Lee con la mano en su hombro, haciéndole asentir aún no muy convencida.
–De acuerdo, entonces sólo levantaré mis cosas y nos iremos –zanjó Tenten.
–¡T-te ayudaré! –exclamó la menor del grupo acuclillándose a unos metros de ella. No tenía ni siquiera tres pergaminos en blanco entre sus manos, cuando sintió a alguien de pie junto a ella-. N-Neji…
–Viniste por algo, ¿qué es?
Hinata se puso en pie y lo miró a los ojos.
–Prometiste contarme lo que viste anoche –murmuró y él miró el cielo.
–No sería correcto describírtelo, pero quizá a esta hora se pueda apreciar sin necesidad del Byakugan.
–¿Entonces…?
Neji deslizó un brazo por sus hombros y dirigió a la peliazul hasta Tenten para que le entregara lo poco que había recolectado.
–C-creo que no podré a-acompañarlos, v-verás… –intentó explicarse la mujer, pero Neji la tomó de la mano y la jaló hasta la salida, dejando a sus dos compañeros con una impresión que no dejaba de parecerles imposible.
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Con una mano en el pecho y otra ocupada por el contacto de Neji, fue como el par de Hyuugas cruzaron a pie la aldea, sin saltos por los tejados, sin correr a gran velocidad y sin soltarse de las manos. Hinata seguía confundida y el sonrojo de su cara aumentaba conforme más personas se quedaban prendados de la imagen. Neji no habló, y mucho menos ella, pero de alguna manera que no se supo explicar, la heredera estaba sumamente contenta de que Neji la tuviera de la mano y que lo hiciera frente a todos; pero ¿por qué?
Hicieron al menos el doble de tiempo antes de llegar a los territorios Uchiha, pero había valido la pena. Entraron a la casa que Hinata ya ni siquiera recordaba, se adentraron en ella e incluso descendieron por las escaleras subterraneas que había descubierto. Neji deshizo el agarre una vez que ambos entraron por el hueco de la pared y estuvieron frente a una puerta cerrada.
Hinata adelantó su mano e intentó girar la manija, pero ésta no cedió, tenía puesto el seguro. Posicionó su mano a un costado del mecanismo de la cerradura y aplicó un Juuken, pero no pasó nada, sólo se escuchó un crujido, y a juzgar porque Hinata se llevó la mano al pecho y sus ojos se humedecían conforme el tiempo pasaba, no había sido la puerta.
–No lo entiendo… Es madera común y corriente y aún así no se rompió.
Neji no contestó, pero de cualquier forma Hinata comenzó a mover sus manos a una velocidad vertiginosa, pero el castaño la detuvo.
–Ni siquiera pienses en activarlo. Yo lo hice y me quedé ciego por horas.
La mujer bajó las manos despacio y luego las acercó al marco de la puerta.
–Neji... –tomó su mano y la puso junto a la suya-. ¿Sientes eso? –murmuró.
–Es chakra –Ella asintió-. Está sellada por un flujo de chakra.
–Sí, y al parecer… Es bastante antiguo…
Un momento de silencio y luego el par se miró al mismo tiempo.
–N-Neji… ¿crees que…? ¿Crees que detrás de esta puerta esté la Pirámide de Cristal?
Él la miró y sólo se giró, alejándose de ella y la puerta cerrada. Hinata no necesitó ver más para saber que a su primo seguía disgustándole todo el asunto de sus vidas pasadas, su maldición y la Pirámide de Cristal. Él era demasiado escéptico como para involucrarse a fondo.
–Sólo puedo decirte que sin esa llave, será imposible entrar –ella alejó sus manos y se agachó para intentar ver algo a través de la minúscula ranura de la llave-. Debo volver con mi equipo.
–Hai. Yo… Yo también tengo un par de cosas pendientes –murmuró con un repentino apagón del brillo de su mirar.
Neji se hizo a un lado y la dejó subir primero la escalera; él sabía bastante bien la dura e inminente fecha que se aproximaba para la cada vez más dócil heredera del clan Hyuuga.
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