CAPÍTULO 7.

Cuando Candy vio subir a Terry al autobús, sintió que algo empezó a arder dentro de ella, a quemarse, a doler como nada en este mundo le había dolido. La primera vez que Terry se había ido, había sido doloroso. Si lo había extrañado durante el tiempo que no lo vio. Pero de alguna manera había podido manejarse con normalidad. Sin embargo ahora era diferente. Después de lo que había pasado entre ellos y del sentimiento de amor que había descubierto que tenía para él. Nunca había imaginado que a una persona le pudiera doler tanto, tanto el corazón, Aquello era peor, él no se iba a una base militar para recibir entrenamiento, no. Ahora él se iba a la guerra, dónde podía morir. ¡Madre mia...! No quería pensar así, Pero Por más que intentaba no hacerlo, ese pensamiento estaba en su cabeza aferrandose a torturarla

¿Qué voy a hacer ahora? No quería llorar frente a los padres de Terry, pero ya no aguantaba con el dolor que estaba sintiendo. necesito de toda su fuerza para controlar el río de emociones que corrían por su alma. Con cada segundo que pasaba él se alejaba más y a ella el corazón le estaba doliendo de una forma mortal, insoportable, la iba a matar. Cuando el camión desapareció de su visión ahogó un sollozo. A duras penas miró a la mamá de Terry. Ellynor también sufría

Pearl Harbor.

Diciembre 8 de 1941.

4:45 p.m. Local Time.

Los estadounidenses ven la guerra de manera diferente. La ven como una aberración una interrupción de la Norma. Pero si se les obliga a la guerra, siempre debe ser una guerra moral, una Cruzada moral. Aunque cualquier hombre Sensato. sabía lo absurdo de ello. Su guerra con España fue azotada por falsos informes de atrocidades españolas. entraron en la última guerra con el idealismo de que pondrían fin en la última guerra. Incluso el detestable tratado de Washington fue soñado por ellos como medio para prevenir la guerra. Yamamoto suspiró de nuevo. "Hace meses cuando compareci ante el emperador para discutir los planes de acción, me aseguraron que nuestro Ministro de relaciones exteriores, había asegurado al emperador qué los estadounidenses serán informados, al menos una hora antes del ataque, que las negociaciones estarían y todos esfuerzos diplomáticos rotos, lo más cerca posible de una declaración abierta de guerra. Se me aseguro que esto se haría en los términos más claros en enequívocos, lo que dejaría claro, antes del inicio de las hostilidades que por lo tanto existiría un estado de guerra. A partir de eso. Entonces me sentí seguro de que una advertencia sería enviada inmediatamente desde Washington a todas las bases".

Genda no pudo evitar sacudir la cabeza. "¿Qué? ¿Para darle tiempo a nuestro enemigo para prepararse y recibirnos?" Se habría duplicado, tal vez triplicado nuestras perdidas. "¿Por qué es esto una preocupación ahora?" Genda preguntó, su hostilidad de abandonarse antes, tan preocupado estaban las características del almirante, por el sonido de su voz.

"Si conocieras a Estados Unidos como yo". --respondió Yamamoto en voz baja. "Si, lo entendieras. Siempre he creído en el viejo código de los samurái. Que si es enviado a matar a un hombre y está dormido, la única acción honorable a tomar es despertarlo primero, dejar que se vista para enfrentar la muerte, tomar su espada y salir donde la familia no será testigo de la lucha. Matar sin previo aviso es el acto de un ninja, un asesino, un cobarde, no de un hombre honorable. Me Temo que ahora así es como Estados Unidos verá este día y el resultado será Torbellino de rabia.

Docientas Cincuenta millas al oeste de Pearl Harbor El Enterprise 5:00 p.m.

El almirante de la hora local William "Bull" Halsey arrugaba la nota que acababa de entregar su oficina de Señales. Las noticias eran horribles, cada acorazado hundido o gravemente dañado por dos oneladas de atacantes japoneses. Miles de personas habían muerto, la otra orgullosa flota, una agudiza, granjas de tanques petroleros, dique secos, instalaciones de reparación, barcos destruidos en un tercer ataque. ¡Maldita sea! Todavía nadie pensó en rastrear A qué dirección habían partido los japoneses después de que la huelga había terminado. Por lo que sabían, Los japoneses estaban a cincuenta millas de distancia o a cincocientas millas de distancia. Habían estado dirigiendo su escuadrón de exploradores desigual todo el día en busca de algo, cualquier cosa. Se puso de pie salió hacia el puente Volador y miro hacia abajo como un gato salvaje.

Grumman preparado para despegar para mantener la patrulla sobre la flota ¿Dónde estaban los malditos japoneses? Ni un solo tonto de vuelta en Oahu. Se habían molestado en tomarse el tiempo para mirar por unos minutos, para ver por dónde se habían ido Los japoneses. ¿Donde se encontraron después de la huelga, corrió hacia norte, oeste, este, sur? podrían entrar en cualquier lugar dentro de docientos kilómetros de Oahu en cualquier dirección...

El USS Arizona ( BB-39) se hundió y ardía furiosamente, el 7 de diciembre de 1941. Sus cargadores delanteros habían explotado cuando fue alcanzado por una bomba japonesa. A la izquierda. Los hombres en la popa del USS Tennessee (BB-43) estaban jugando mangueras de fuego en el agua para rozar la quema de aceite lejos de su barco.

Millas cuadradas de océano para esconderse en... pero por Dios que encontraría a los bastardos. Volviendo, miro hacia atrás a su bastón. "Para cuando terminemos con ellos". gruñó, "el japonés sólo se hablará en el infierno. Ahora vamos a buscar a sus portadores".

Terry nunca había visto tanto movimiento en una base. Ni siquiera cuando simulában un ataque había sentido tanto nerviosismo, una preocupación. Suspiró y pasó la mano por su cabello, agobiado por aquellos momentos. Como había pensado , al día siguiente, el Presidente declaró la guerra a Japón. Ahora ya no había vuelta atrás. Era un militar y sabía lo que aquello significaba.

Iría a la guerra. Por un lado estaba ansioso por ello, quería ir y vengar lo que había hecho en Pearl Harbor. Por otro lado estaba asustado. Trago saliva, en sus ojos había algo diferente, gris, negro, rojo. Tenía miedo —No —se dijo rápidamente y En ese momento su cabeza no dejaba de dar vueltas llena de pensamientos en todos siempre Candy, sus padres Aquellos pensamientos le mantenían en vilo todas las noches. — Terry volvió a suspirar. Lo primero que había hecho cuando llego a la base de Chanute fue viajar con el sus compañero a Hawái y allí estaba ayudando. era que podía hacer, mientras esperaban nuevas órdenes

Los siguientes días fueron duros, no había sido consciente de aquel ataque hasta el momento en que había visto la isla de Pearl Harbor con sus propios ojos. La primera sensación había sido la pérdida, la pena… Pero a medida que iban pasando las horas y los días aquellos sentimientos se transformaba en una ira y rabia que iba creciendo cada vez más en su interior. Los fallecidos, todos ellos compañeros militares que habían muerto en aquel fatídico ataque Japonés. La lista era realmente larga. La de familias que habrían perdido un padre, un hermano, un hijo… No podía ni imaginar el dolor que les embargaría cuando se lo comunicasen. Obviamente No había perdón. La mayoría de los militares de Pearl Harbor eran jóvenes, era una base militar que se caracterizaba por su juventud, pues al encontrarse en Hawái atraía. Como la mayoría de jóvenes militares Terry se vio arrastrado a la guerra más cruel que se había conocido hasta ese momento. Cada día recibían nuevos reclutas ansiosos por combatir y que habían superado un pequeño periodo de formación.

—¿Terry? — escuchó que alguien lo llamaba, Identificó aquella voz al momento. Se salió de la cola en la que estaba haciendo para coger su cena con un movimiento ágil buscando entre la gente, hasta que lo vio. Albert avanzaba hacia él.

—¡Albert! —dijo realmente sorprendido. Corrió hacia él y se fundieron en un gran abrazo mientras se golpeaban la espalda—Hermano. ¿ Pero qué…? ¿Qué haces aquí—dijo Albert separándose un poco de él.

—¡Joder! Qué alegría verte. —Terry lo miraba realmente sorprendido y alegre—. Llegué hace dos días a esta base. ¿Cuándo has llegado tú?

—¿Cómo que dos días? —. Yo tambien —comentó Albert divertido.

Charlie se les unió unos minutos después se habían sentado los tres en una mesa por el centro del enorme comedor. Hacía prácticamente medio año que no sabía nada de Albert

—¿Y qué tal con la familia? —le preguntó Albert.

--Ya te has de imaginar la noticia cuando me llamaron para presentarme en la base.

-- Si me lo puedo imaginar, también Mis padres. Mi mamá estaba inconsolable. —¿Qué me dices de Candy? ¿Cómo está?

--Candy... la verdad ha tenido experiencias difíciles.

—¿Pero ya es tu novia? —preguntó Albert, el cual lo miraba algo confundido.

Terry se quedó en actitud pensativa unos segundos. Realmente no se lo había planteado. ¿Qué eran realmente?

—Yo pensaba que sí —comento Charlie incluyéndose en la conversación—. De hecho lo parecéis, cuando vino estabais…

—¿La conoces? —interrumpió Albert intrigado. Charlie sonrió y se aproximó a él por encima de la mesa.

—Sí. La trajo un día y le dio una vuelta en avioneta.

—¿La subiste en una avioneta? —preguntó Albert con una risa. Luego negó con su rostro—. ¿Y no chilló de miedo? —continuó.

—Pues con ella no —continuó Charlie—. La muchacha bajó bastante encantada.

—Ya entiendo, un vuelo romántico y tranquilo ¿no? —Albert le guiñó el ojo a Terry, que los miraba ceñudos por los comentarios de sus amigos.

—Es lo mejor para conquistarlas --. Terry miró de nuevo hacia Charlie.—Me moría de la curiosidad por conocerla, y al fin la conocí.

--La verdad es muy bonita ¿verdad? -- comento Albert Terry lo miró de nuevo pero ahora enfadado.

—Por Dios, Albert —le reprochó Terry.

—Cállate. Estuve cinco años viéndote lamentarte. Tengo derecho a saber.

—Y señaló automáticamente a Charlie para obtener una respuesta. Terry volvió poner cara de disgusto y luego giró su rostro hacia charlie, el cual recibió una mirada intrigada.

Charlie solo se encogió de hombros sin decir nada.

—Yo me la hubiera traído, no vaya a ser que me la roben —sentenció Albert riendo. Al momento Terry soltó el tenedor desquiciado por el rumbo de la conversación mientras los dos reían. Albert colocó una mano en el hombro de Terry, su amigo el cual lo miraba seriamente.

— Tranquilo hombre—bromeó.

Terry volvió a pinchar un trozo de salchicha.

—Tenemos que encontrarte una nueva novia Albert, en serio, cada vez estás peor. Albert sonrió por aquel comentario, pero no dijo nada más al respecto.

Los oficiales y generales habían sido conscientes del cambio sufrido en sus soldados, así que debían aprovechar aquella rabia que los consumía para comenzar a movilizar a las tropas. Pocas semanas después reunieron a unos cuantos aviadores, entre ellos a Charlie, Albert y Terry.

Finalmente se llevaría a cabo un ataque a Japón. Solo aviadores de formación militar lo cual implicaba que sería una misión de alto riesgo. No querían a los nuevos, sino a los mejores que tenían experiencia y horas de vuelo acumuladas.

El coronel James H. Doolittle fue el director de la operación que querían llevar a cabo. Por lo que les explicaron, un oficial del arma de submarinos llamado Francis Low, creía posible operar con bombarderos embarcados en un portaaviones. Si los portaaviones podían acercase levemente a Japón, podían enviar los bombarderos para un ataque aéreo — La misión era bastante arriesgada y eran conscientes de que la misión pudiese fallar y ellos morir.

Tras la larga charla, Terry miró el reloj de su muñeca y vio que marcaba casi las diez de la noche. Cogió el teléfono y marcó el número de teléfono de Candy. Esperó un par de tonos hasta que ella contestó.

—¿Sí? —Terry se quedó sin respiración durante unos segundos y luego sonrió automáticamente. Era la primera vez que la llamaba. Había hablado con sus padres hacía una hora.

—Hola —pronunció apoyándose contra la pared.

—¿Terry? —preguntó sorprendida.

—Sí —sonrió él.

—¡Terry! Oh, Dios mío —pronunció con infinita alegría—. ¿Desde dónde me llamas?

—Desde una base en Hawái.

—Ohhh. —Pudo detectar su tristeza—. ¿Hawái?

—Sí.

—¿No es desde casa de tus padres? —preguntó con algo de esperanza.

—No, lo siento —sonrió de forma amarga.

—Vaya ¿vas a venir en tu permiso? —preguntó rápidamente. Terry suspiró mientrad observaba a un compañero de la base que lo saludaba con un ligero movimiento de cabeza.

—Lo siento cielo, no puedo.

—¿No? ¿Por qué? Terry suspiró nuevamente y se pasó la mano por su rostro. No quería explicarle demasiado a sus padres, pero con Candy… Con Candy necesitaba desahogarse, no quería mentirle u ocultarle algo. Pero tampoco podía hablar de la misión porque los teléfonos pudieran tener algún tipo de intersección.

—Es mejor no dejar las bases militares muy vacías. Es mejor ser precavido y estar alerta. Escuchó el suspiró de ella.

—¿Tú estás bien? —preguntó ella con algo de melancolía en la voz.

—Sí. —Luego se quedó unos segundos callado—. Pero te echo de menos.

—Yo más —pronunció en un susurro—. Oye, tú no puedes venir pero ¿yo puedo hacerte una visita?

—No —dijo rápidamente, incluso asustado porque ella pudiese acercarse a una base militar—. Será mejor que no —comentó con dolor en la voz—. Las bases militares son un blanco perfecto. Además quizás muy pronto Me mueven de lugar entiendes cariño. Candy suspiró con melancolía —He hablado con mis padres --comento Terry--. No les he querido explicar mucho.

—Entiendo... Tu madre está bastante asustada. Todos estamos asustados, Terry. Pero no quiero que se preocupen más. Terry se apoyó contra la pared, deseando poder abrazarla,

—¿Los has visto?

—Sí. Comí con ellos —pronunció un poquito más alegre.Aquello le gustaba a Terry—. Tu madre me viene a ver bastante y me insiste en que vaya a comer y cenar con ellos desde… desde que vieron cómo te despediste de mí. Terry comenzó a reír.

—Bueno, ve con ellos. Ellos te han querido mucho siempre. No creo que sea solo por eso —se medio burló.

—Terry... —comentó de nuevo con un hilo de voz.

Él suspiró.

—Me gusta que no estés sola. — dijo con tono más animado.— Te extraño mucho Terry.

Aquello le sacó una lágrima a Terry.

--No te imaginas todo lo que yo te he extraño. Candy Tengo que dejarte ya —susurró.

—¿Me llamarás pronto?

—Sí. —Se quedó mirando el teléfono colgado de la pared, colocado ahí hacía menos de una semana para que los soldados pudiesen hablar con sus familiares—. Descansa. Buenas noches… y no te preocupes —añadió rápidamente.

—Buenas noches —susurró.

Terry se quedó con las palabras en la boca un «te quiero», pero no pudo decirlo. Algo lo frenaba. La quería, más que a nada, pero pronunciar aquello sabiendo que quizás se marcharía para no verla más le dolía demasiado. Le había dicho de la misión en palabras que Candy había entendido ya que era confidencial..

Unas horas antes de la operación se les llamó a los aviadores que llevarían a cabo el ataque a Japón, para informarles la estrategia que debían seguir.

-"Señores la misión es acercarse con el portaaviones a cuatrocientas millas de la costa japonesa y bombardear posteriormente su costa y el centro industrial nipón. Cada avión debía llevar cuatro bombas de quinientas libras de alto poder explosivo, el ataque debía hacerse a plena luz del día. Una vez los bombarderos abandonasen el portaaviones, este retornaría a la base naval lo más rápido posible"

—"Señores tenemos que coger a Japón por sorpresa. Los japoneses podían descubrir un portaaviones Americano en sus aguas y atacar, en ese caso la misión se debería abandonar. Así que todo debía ser llevado con el mayor secretismo posible. En cuanto el portaaviones se acercase a cuatrocientas millas de la costa japonesa los bombarderos despegarían y el portaaviones volvería a toda máquina hacia la base naval de Virginia. Los altos mandos solicitaron a la URSS que prestase sus bases para poder aterrizar los bombarderos durante el ataque".

Terry dio de nuevo la vuelta en la cama mientras escuchaba los ronquidos de algunos compañeros entre la oscuridad. A medida que se aproximaban a la costa Japonesa le era cada vez más difícil conciliar el sueño, y cuando conseguía hacerlo lo único que le perseguían eran pesadillas sobre ataques, sobre un posible ataque a Estados Unidos que acabase con la vida de sus padres o de Candy.

Algo le llamó la atención y Terry abrió los ojos colocando su espalda recta. Se escuchaban pasos rápidos en la planta superior. Miró su reloj y observó que marcaban las tres y diez de la madrugada. Se quedó quieto escuchando cuando de repente la puerta de aquel dormitorio se abrió de golpe.

—¡Levantaos! —gritó el oficial. Al momento encendió las luces—. Puede que nos hayan descubierto.

De pronto todos saltaron de la cama. Albert se colocó a su lado de inmediato, en calzoncillos, y Charlie saltó desde la litera superior. —Joder —gritó Terry mientras se apartaba, pues Charlie había estado a punto de caer encima de él. fue hacia la silla y agarró los pantalones y la camisa y se los puso. Ni siquiera esperó a abrocharse la camisa correctamente, salió de la habitación corriendo junto al resto de sus compañeros,

El general Doolittle colocó sus manos sobre la barandilla y observó durante unos segundos a todos los soldados.

—Esto no se trata de un simulacro —comentó con voz excesivamente grave—, por si alguien lo estaba pensando.

En pocos minutos saldrá una patrulla aérea de tres aviones que realizarán un reconocimiento de esa zona.. Sé que aún estamos muy lejos de la costa japonesa para que nuestros aviones salgan, pero es posible que recibamos algún ataque. Prepararos todos para un posible ataque y despejad la pista.

Al momento todos se pusieron en movimiento, los nervios se apoderaron de todos ante un posible ataque por parte de los japoneses al encontrarlos allí, en sus aguas.

Los tres aviones Dauntless SBD Douglas despegaron para entonces debían ser las cinco de la madrugada. Unos minutos después la misma patrulla alertó que se había detectado justo a cuarenta y dos millas náuticas un barco no identificado. Cuando ya había amanecido, el USS Hornet, y el portaaviones de Terry detectó en el radar ese mismo barco a diez mil yardas. Se trataba el Nitto Maru, el cual no tardó en transmitir a Tokio sobre su presencia.

Habían sido descubiertos a seiscientas treinta millas de la costa japonesa de Inubo Saki, un día antes de lo previsto para el ataque, algo que nos echaba por alto todos los planes.

El vicealmirante ordenó que hundieran el pesquero japonés antes de que transmitiera la posición en donde se encontraban, pero por mucho que disparában las torretas estában demasiado lejos para acertar.—Los japoneses no tenían radares. En ese momento se dieron cuenta cuenta de que Japón había rodeado toda su costa con pesqueros que la vigilaban. Y realmente les había funcionado porque pudieron transmitir toda la posición. Así que el tiempo y la distancia con la costa jugaban en su contra, pero igualmente, no habían llegado hasta allí para nada. Debían intentarlo.

Después de que el general explicase los problemas que habría con el combustible dada la distancia y que seguramente no les daría tiempo a llegar a China decidieron salir igualmente, en ese mismo instante, ya que la flota en sí no podía quedarse más tiempo allí, puesto que seguramente ya sabían su posición. Desde el ataque a Pearl Harbor no tenían casi flota naval y no podían arriesgarse a perder algún barco más. La decisión en parte fue fácil, la flota naval volvería a Estados Unidos, y los militares, lo único que podían hacer era aceptar su destino. Se programó el despegue de inmediato, contában con pocos minutos, apenas veinte. Pero en esos veinte minutos se intentó reducir el peso de los aviones al máximo y se cargó algo más de combustible extra, incluso quitaban la única arma que habían dejado en el avión, la ametralladora. Aquello era gracioso. La substituyeron por un palo de escoba, así quitábanmás kilos.

Pero eso no era lo peor: hacía un viento espantoso, lo cual dificultaba bastante el despegue que de por sí ya era complicado. Solo tenían ciento cincuenta metros de pista. Además, todo eso en movimiento, porque mientras tanto también se íban acercando al barco pesquero japonés con la idea de poder hundirlo. Al final Terry se enteró de que lo habían conseguido hundir. Nada más hundirse dieron la vuelta y volvieron a toda máquina hacia Pearl Harbor. —Terry no estaba ya allí en ese momento —No, su avión salió fue sexto, Albert fue el quinto.

Terry era un piloto tan experimentado como Albert. Eran unos excelentes aviadores. Las primeras cuatro horas de vuelo dirección la costa habían sido horribles, el viento hacía que se desviasen de su trayectoria haciéndoles perder más combustible del necesario. Pero una vez avistaron la costa japonesa el tiempo cambió sorprendentemente. Era un día claro y soleado, lo cual les permitiría fijar bien sus objetivos.

—Joder —pronunció Albert a través de su radio transmisor, mirando por la ventana—. Hay un montón de barcos japoneses. La madre que los parió. Terry se acercó a la ventana para observar. Había varios montones de patrulleros, petroleros, cargueros y transportes vigilando las costas.

—Muchachos —gritó uno desde su nave—, hemos tenido suerte de que el tiempo estuviese revuelto, al menos hemos podido pasar desapercibidos entre las nubes. Vamos a pillarlos en bragas —Terry rio, como si realmente aquello le divirtiese.

—¿Pero el pesquero japonés no habrá alertado? —preguntó Charlie por el radio transmisor mirando la el avión número 5 y él avión número 6. Terry y Albert se encogieron de hombros.

—Quizás no --comento Terry

—O quizás no le han creído —comentó Albert con una sonrisa

—¿Quién en su sano juicio atacaría al aliado principal de Hitler? Gary gritó desde su avión el numero uno, de alegría mientras elevaba su brazo, eufórico.

—Nosotros. —Luego se echó a reír—.Os vais a enterar, cabrones. —Giró un momento su rostro hacia atrás y los observó durante un segundo, realmente eufórico.

Comenzaron a sobrevolar tierra. Los prados verdes y las altas montañas aparecían en el horizonte. Todos se levantaron para observar el paisaje a través de los cristales delanteros, todos unidos por un mismo fin, defender a su país, a su patria. Terry observó durante unos segundos a sus cuatro compañeros mientras atravesaban las altas montañas de Japón. Sabían que el combustible no les llegaría, casi con toda seguridad, para llegar a China y poder aterrizar. Pero no les importaba. Igualmente su mente voló hacia sus padres, hacia Candy, los recuerdos se amontonaron en su mente y notó cómo el corazón se le aceleraba recordando la última conversación que había tenido con ellos. Quizá él muriese, pero no sería en vano, moriría por ellos, por su seguridad, por su vida.

—Eh —gritó Albert por el radio transmisor para que pusieran atención en el radar y sacándolo a Terry de su ensoñación—. Han despegado cazas enemigos. Vienen a detenernos. Gary miró hacia el radar.

—Están muy lejos y nosotros nos encontramos a menos de diez millas de la ciudad. No llegarán a tiempo.

—Tenemos vía libre —pronunció Terry. Automáticamente se acercó a su derecha para observar el cielo a través de la pequeña ventana. Realmente no podía divisar ningún caza japonés a simple vista, pues aún se encontraban muy lejos. Lo único que podía divisar era a ambos lados a compañeros bombarderos preparados igual que ellos para el ataque—. Todo limpio.

—Mirad hacia delante. La gran ciudad de Tokio se elevaba entre las montañas. Era realmente enorme—. ¡Sorpresa! —pronunciaba Albert en plan de broma saludando—. Mirad quién os viene a hacer una visita —seguía bromeando. Rio un poco más y se giró hacia atrás para observarlos—. Sentaos, puede que haya movimiento. Todos tomaron posiciones tal y como habían estudiado aquellas últimas semanas.

En cuestión de minutos se encontraban sobrevolando la ciudad, a baja altura. Podían ver pequeños puntos moverse de un lado a otro corriendo, obviamente todas las personas buscaban refugio. Definitivamente, les habían pillado por sorpresa. Igual que hicieron ellos. Pero ellos no iban a atacar directamente al pueblo, contrariamente, los japoneses, en su ataque a Pearl Harbor, habían disparando incluso sus metralletas sobre las personas civiles. No, ellos lanzarían las bombas sobre las empresas, sobre centros importantes, no iban a ir a por la población civil. Observó cómo Gary desde el avión uno, miraba de reojo a su bombardero, que se había situado a su lado.

—¡Cargad! —gritó Gary al ver el objetivo. Automáticamente, apretó el botón y un sonido metálico les indicó que la bomba se estaba colocando correctamente para ser expulsada.

Terry miró por la ventana. Estaban sobrevolando unos edificios totalmente blancos. En ese momento bajo un poco más la altura, de esta forma harían ellos un blanco seguro.

—¡Fuego! —gritó Gary. Al momento el chasquido se escuchó por todo el bombardero.

Terry giró su rostro hacia su amigo, hacia Albert el cual tenía la mirada fija en el horizonte, observando todo a través de las ventanas principales, pero tuvo que notar su intensa mirada porque giró su rostro hacia él.

—Por nuestra nación —pronunció Terry desde su radio transmisor observó a Albert durante unos segundos, no hizo falta que dijese nada, la intensidad que había observando en su mirada tras escuchar aquellas palabra lo decía todo.

—¡Fuego! —gritó Albert.

—¡Fuego! —gritó Terry.

Continuará...

Saludos lectores y feliz botón de la semana, o sea el miércoles.

(JillValentine.x)