Capítulo 7
Era la primera vez desde que Terry salía a dar una vuelta con su hijo desde que había vuelto a Lakewood. Todos en el pueblo sabían las circunstancias en las que él había tenido que irse de allí años atrás, así que no debía sorprenderse por la mirada en que todos los miraban mientras caminaban por la calle, pero no le gustaba que Davy fuera el objeto de curiosidad de todo el pueblo.
- Papi ¿Por qué todos nos miran? – Le preguntó Davy con curiosidad.
- Supongo que les llamará la atención verme de nuevo caminando por estas calles – Contestó Terry mientras abría la puerta de la cafetería de Beth y dejaba pasar a su hijo.
Hubiera deseado ir a otro lugar, pero allí se servían los helados más deliciosos de Lakewood. Además, no tenía por qué temer a las amenazas que Beth le había hecho antes de abandonar el pueblo.
- Si vuelves a poner un pie en mi cafetería juro por Dios que me aseguraré que no puedas volver a disfrutar de tu sexualidad en tu miserable vida – Le había dicho mientras blandía en un cuchillo con su mano. A Terry no le extrañó tal muestra de lealtad con Candy, él mismo se hubiera puesto de su lado de no ser por las circunstancias.
De todas formas no creía que Beth fuera capaz de cumplir sus amenazas. Al menos no con Davy presente… eso esperaba.
Viejos recuerdos llegaron a la mente de Terry al cruzar las puertas de la cafetería. Durante su época de estudiante solía pasar por allí para tomar unas malteadas con sus amigos, comer una hamburguesa o simplemente pasar el tiempo.
Estaba por dirigirse al mostrador cuando visualizo a la dueña del lugar charlando con la dueña de su corazón.
Quiso evitarlo, pero para cuando se dio cuenta ya estaba parado frente la mesa donde Candy y Beth estaban tomando un café.
- Hola Candy – La saludo pero ella solo se limitó a mirarlo fijamente. Fue Beth quien habló.
- Déjame ir por mis cuchillos… - Intentó levantarse de su asiento pero se detuvo al oír la voz de un pequeño.
- ¿Papá? – Davy se había ocultado detrás de las piernas de su padre al darse cuenta de la mirada hostil de Beth - ¿Qué pasa?
- Nada.
- ¿Es tu hijo? – Le preguntó Beth con desconfianza.
- Si – Terry tomó a su hijo de la mano – Davy te presento Beth, ella es la dueña de la cafetería – A la mujer no le quedó más remedio que brindarle una sonrisa forzada al niño, después de todo, él no tenía la culpa por ser el hijo de un patán – Y ella es Candy – Le dijo mientras le dirigía una mirada a la rubia que aún continuaba sentada mirándolo fijamente – Candy y yo fuimos… - ¿Cómo explicarle a su hijo lo que esa mujer significaba en su vida? – Candy y yo fuimos grandes amigos en la escuela.
- ¿Tú conociste a mi papá? – Le preguntó el niño a Candy abriendo sus grandes ojos azules tan parecidos a los de Terry.
Candy se sorprendió al bajar la vista y encontrarse con el pequeño. Hasta el momento, solo había estado prestando atención a Terry, preguntándose porque la vida se empeñaba en encontrarlos.
- Esto… yo… - No sabía que decir. Ese niño significaba la traición de Terry. No quería comportarse como una verdadera bruja y arremeter contra un ser inocente. No quería que sus sentimientos albergaran odio contra un pequeño. No quería ser esa clase de persona – Sí – Terminó por contestar con una sonrisa forzada – Yo conocí a tú padre antes de que tu nacieras.
- ¿Y cómo era él antes?
- Bueno pues… - Candy no se esperaba esa pregunta. No era capaz de mentirle a un niño, pero tampoco quería decirle delante de Terry como lo había considerado antes de conocer su verdadera personalidad – Tu padre… él… pues no ha cambiado mucho desde entonces.
Terry rió.
- Ven – Le dijo a su hijo – Vamos a pedir tu helado.
- ¿Podemos sentarnos aquí? – Le preguntó Davy a la rubia.
Candy miró a Terry en busca de ayuda. Esperaba que él le dijera a su hijo que no, que definitivamente no podían compartir la mesa con ella, pero no dijo nada, solo se limitó a mirarla de forma expectante.
- Claro – Solo serían unos minutos. Lo único que tenía que hacer era compartir la mesa con Terry y su hijo durante un momento y luego se excusaría y se marcharía de allí.
Terry se sentó en la silla donde antes estaba Beth y pidió dos helados de vainilla.
- ¿Tú no vas a tomar uno? – Le preguntó Davy a Candy.
- No, gracias – Eso significaría más tiempo con ellos.
- Y trae uno de chocolate para Candy – Le pidió Terry a Beth. Ella quiso replicar pero no pudo - Es tu favorito ¿Verdad? Siempre lo ha sido.
Así que se acordaba de gusto de helado favorito… ¡Gran cosa!
Candy se quedó en silencio mientras Beth traía los helados. No podía comprender como Terry había sido capaz de utilizar a su propio hijo para estar cerca de ella. Había caído demasiado bajo.
- ¿Sabías que mi papá es un gran actor de teatro? – Comentó Davy con orgullo mientras lamía su helado.
- Sí – Se limitó a contestar Candy.
No cabía duda que el pequeño era hijo de Terry. Sus mismos ojos, la misma sonrisa, y el mismo carácter. Candy no podía evitar sentir una fuerte punzada en su corazón. Si no hubiera sido por ese niño ella y Terry tal vez hubieran tenido un futuro juntos.
- ¿Cómo están tus padres? – Le preguntó Terry a Candy para cambiar de tema.
- Bien.
- ¿Y Zach?
- He oído que ahora es abogado.
- El mejor de Lakewood.
Terry rió. Sabía muy bien que Candy estaba haciendo comparación con su propio hermano. Era obvio que Pete jamás lograría ser como Zach, ni siquiera podía considerarse un buen abogado.
- Y… ¿Te has mantenido en contacto con nuestros viejos amigos?
Decir "nuestros" no tenía mucho sentido. Candy y Terry no habían formado del mismo círculo de amigos durante la escuela, pero ella optó por dejarlo pasar.
- Sólo con Annie y Archie. La mayoría de nuestros compañeros abandonaron la ciudad al terminar la escuela.
- ¿Ellos aún continúan juntos? – Le preguntó.
Annie y él nunca habían cruzado más de dos palabras, pero Archie formaba parte del equipo de futbol donde él era capitán, por lo que habían compartido varias salidas y había sido testigo de sus infidelidades.
- Rompieron hace más de un año – Le respondió Candy adoptando una posición incómoda que no pasó desapercibida para Terry – Ella ahora está saliendo con Zach.
- ¿En serio? – Eso sí que no se lo esperaba. Terry nunca le había conocido una novia a Zach. Incluso había llegado a pensar que era gay, teniendo en cuenta todas las chicas que siempre habían estado detrás de él – No te gusta ¿Verdad?
- ¿Qué cosa?
- Que tu hermano y tu mejor amiga estén saliendo. Creo que no estas a gusto con esa relación.
- ¡Claro que sí! – Exclamó Candy - ¿Cómo se te ocurre que voy a estar celosa de ellos? – Había comenzado a exasperarse, y eso no le gustaba.
- Jamás hablé de celos – Dijo Terry con suma tranquilidad.
Candy sintió deseos de posar sus manos alrededor del cuello de Terry y estrangularlo hasta que dejase de respirar. Era increíble que solo él despertara sus instintos más agresivos, pero siendo sinceros, él tenía razón.
Había intentado no pensar en aquello, pero era obvio que no quería que Zach y Annie se casasen como su hermano lo tenía previsto. Al principio quiso convencerse de que Annie no era la mujer indicada para Zach, pero lo cierto era que su reticencia a aceptar esa relación se debía a sus propios celos.
Desde el día en que Annie y Zach comenzaron a salir, las cosas cambiaron rotundamente para con ella. Ya no tenía una amiga con la cual compartir una tarde charlando de cosas sin sentido, y su hermano ya no estaba pendiente de ella como lo había estado durante toda su vida. De repente, Annie organizaba cenas y salidas con amigos en común pero se olvidaba de invitarla a ella. Candy jamás se lo había reclamado, pero no podía negar que se sentía relegada, y eso dolía mucho. No entendía porque Annie había tomado esa postura. Por momentos llegaba a pensar que lo hacía adrede, pero no cabía en su cabeza que la persona a la que consideraba su mejor amiga estuviera haciendo aquello apropósito. Prefería pensar que simplemente Annie olvidarla llamarla o tal vez pensara que estaba demasiado ocupada para asistir a alguna de esas aburridas reuniones.
- Creo… creo que tengo que irme – Dijo Candy algo distraída mientras se levantaba de su silla.
- Espera – Le dijo Terry haciendo lo mismo – Te acompañaremos.
- No es necesario – Lo último que Candy quería era estar cerca de él.
- De todas formas nos queda de paso – Terry tomó una servilleta y limpió la carita de Davy.
No quería gritarle a Terry delante de su hijo así que terminó por aceptar su proposición.
Mientras caminaban por la calle, Candy se sorprendió gratamente al reconocer que no sentía odio hacía el pequeño. Davy era un niño adorable e inteligente. Y resultaba difícil entender como una mujer como Susana podría haber tenido un hijo así.
- Y papá dice que tendré que empezar la escuela aquí – Le contaba Davy a Candy, que no había parado de hablar desde que salieron de la cafetería.
- ¿Tenías muchos amigos en Nueva York?
- No muchos… mamá no me dejaba ir muy seguido a casa de mis compañeros de escuela. Decía que prefería que me quedara en casa mientras ella iba de compras para que estuviera más tranquila.
Davy fijó su mirada en el piso y Candy supuso que estaba intentando ocultad sus ojos húmedos por las lágrimas. No le sorprendía lo que el niño le estaba contando, para Susana solo existía una persona en el mundo, y esa era ella misma.
- Aquí los niños son muy amigables – Candy le sonrió al pequeño – Estoy segura que harás muchos amigos en la escuela.
- ¿En serio?
- Sí.
Davy volvió a mostrar el entusiasmo que había tenido antes de comenzar a hablar de su madre. Candy sintió pena por él. Según ella, ningún niño merecía tener una madre como Susana, pero la mayoría de las veces no comprendía como sucedían las cosas.
El sol estaba cayendo cuando Candy al fin llegó a su casa. Helena estaba sentada sobre su mecedora en el porche y sonrió con misterio al ver llegar a su nieta junto con Terry.
- Señora Helena – Terry se acercó a saludar a la anciana con una gran sonrisa en el rostro. La abuela de Candy había sido la única de todos los Waitzman que nunca lo había juzgado de una mala manera incluso antes de que sucediera la ruptura – Me alegra volver a verla.
- ¿Cómo has estado Terrence? – Le respondió ella con la tranquilidad que la caracterizaba – He seguido tu carrera por los periódicos. Estoy muy feliz porque hayas logrado cumplir tus sueños, se lo mucho que deseabas convertirte en un gran actor.
- A veces estamos tan focalizados en un ideal que no sabemos con exactitud cuáles son nuestros verdaderos deseos.
- Creo que has aprendido algo en todos estos años – Helena le sonrió a Terry con complicidad – Pero recuerda que nunca es tarde para retomar el camino del cual una vez nos desviamos - Terry solo asintió con la cabeza – Y este pequeño debe ser tu hijo – Helena dirigió una mirada dulce al niño que aferraba la mano de Terry.
- Sí – Dijo él con orgullo – Su nombre es Davy.
- Mucho gusto Davy – En niño se escondió con timidez tras las piernas de su padre y Helena rió.
- Solo vinimos a acompañar a Candy – Dijo Terry a modo de despedida. La anciana podía ser comprensiva y amable pero no el resto de los Waitzman – Nos veremos luego.
Candy se despidió de Davy y Terry con un simple beso en la mejilla. No le gusto esa última frase del castaño. No quería volver a verlo, temía que si lo hacia los viejos sentimientos renacerían, y eso era lo último que quería.
- No puedes huir de tu destino – Le dijo Helena como si pudiera leer sus pensamientos.
- Terry no es mi destino.
- ¿Eso crees?
- Lo nuestro termino hace muchos años y no hay vuelta atrás.
- Cariño… - Le dijo Helena con extrema dulzura – De lo único de lo que no pude volverse es de la muerte.
ooo
- Si la abuela pregunta de dónde venimos… solo dile que salimos a dar un paseo antes de la cena – Le dijo Terry a su hijo.
Al cruzar la puerta de la casa, fueron interceptados por Eleanor.
- ¿Dónde han estado? – Les preguntó poniendo los brazos en jarra.
- Fuimos a tomar un helado – Dijo Davy olvidando lo que su padre acababa de advertirle.
Terry observó la expresión furiosa de su madre y se excusó rápidamente.
- Iré a darme una ducha antes de la cena – Se retiró de allí antes de que Eleanor pudiera decirle algo.
No tenía ánimos para escuchar los reclamos de su madre. Tal vez en otro momento se hubiera detenido a discutir con Eleanor que él era el padre de Davy y estaba bajo su responsabilidad dejarlo comer dulces antes de la cena. Pero ahora solo tenía espacio en su mente para pensar en Candy. Cuando la vio en la cafetería no había cruzado por su cabeza que tal vez podría llegar a lastimarla ver a Davy con sus propios ojos, y tal vez no estuvo demasiado bien acercarse a ella sin pensar antes en sus sentimientos, pero lo cierto era que se sentía atraído a ella como por un imán. Afortunadamente, Candy no había demostrado ninguna clase de rencor hacia su hijo cuando tranquilamente podría haberlo rechazado. Por el contrario, todo el tiempo estuvo muy atenta con él, incluso más que su propia madre.
Se sacó su ropa y se metió rápidamente en la ducha, tal vez el agua fría le ayudase a aplacar el infrenable deseo que había sentido minutos atrás por Candy. No podía continuar disimulando la verdadera razón que lo había traído de vuelta a Lakewood. Helena lo había notado y el resto del pueblo no tardaría en hacerlo. Ahora solo le quedaba recuperar lo que alguna vez había perdido.
- ¡Maldición! – Exclamó Terry al sentir que el ardor entre sus piernas no cesaba ni con la ayuda de agua helada.
¿Cuánto tiempo hacia que no compartía la cama con alguna mujer? Desde el divorcio con Susana había pasado por la cama de varias actrices y modelos pero hacía varios meces que ya nadie lo complacía. Sabía que nunca encontraría a alguien como Candy.
Flashback
- No quiero que te detengas.
Terry estaba sorprendido por la audacia de Candy. La había invitado a almorzar a su casa porque ella se lo había pedido, pero nunca creyó que se animaría a dar un paso más.
Acostados sobre la cama, Terry no podía reprimir sus instintos. A los besos y abrazos se le sumaron las caricias más íntimas y podía sentir el cuerpo de su novia ardiendo bajo sus manos. Moría por estar dentro de ella, pero sabía que esa era la primera vez de Candy, que quería que fuera inolvidable.
Se tomó su tiempo para explorar cada rincón del cuerpo de su novia, complaciéndose con cada gemido que ella emitía.
Candy dio un respingo al sentir como los dedos de Terry apartaban a un lado su ropa interior y se introducían en su intimidad.
- ¿Te hice daño? – Le preguntó él con temor.
- No – Respondió ella – Solo… solo me has tomado por sorpresa – Y es que nadie la había tocado de ese modo antes.
Terry continuó moviendo sus dedos en el interior de Candy con toda la delicadeza que pudo reunir y poco a poco, ella fue relajándose hasta llegar a pedir más. Él mismo quería sentir más, así que con gran habilidad se despojó de la ropa interior de ambos y se colocó entre las piernas de Candy.
- Tal vez te duela un poco – Le dijo mientras rozaba su miembro contra ella – Puedo detenerme si quieres – Aunque no estaba muy seguro de ello.
- No… Terry… por favor.
No necesitó más respuesta que aquella y, con paciencia se fue deslizando dentro del cuerpo de Candy. Ella profirió un gemido de dolor al sentirlo, pero Terry la fue tranquilizando con palabras dulces hasta que se acostumbró poco a poco a los movimientos de él.
Terry no había vivido jamás una experiencia como aquella. Hacer el amor con Candy era algo diferente a lo que él conocía. Había algo distinto a ella y no podía explicar de qué se trataba.
Cuando no pudo continuar controlándose, Terry aceleró sus movimientos y se corrió dentro de Candy cuando ella también había llegado al clímax. Completamente agotado, se dejó caer sobre el cuerpo de su novia y enterró su rostro en el cuello de ella.
Fin de flashback
Terry no había podido comprender porque con Candy las cosas siempre habían sido distintas. Susana siempre había sido una mujer muy apasionada en lo que al sexo se refería, pero jamás había disfrutado hacer el amor con ella tanto como con Candy.
Ahora lo sabía. La única razón por la cual nunca había sentido lo mismo después ella era porque la amaba. Era una lástima que se hubiera dado cuenta de ello demasiado tarde, aunque según Helena… nunca era tarde para retomar el camino.
Continuará…
Mil gracias por todos los reviews!
Espero que les guste este capítulo =)
Besossssssssssss!
