Disculpen si demoré en actualizar ._.*, tenía que subir capítulo en uno de mis fics; pero ya lo acabé, me siento realizada y ésta vez podré dedicarme de lleno a ésta historia *:D

¡GrizGreen… mi amigor bella! Ya no me regañe, aquí está el capi que le prometí *xD todito para usté… que a fin de cuentas el fic también es suyo ¡Recuerde que se lo regalé! *:P

Sin más… los dejo con la historia.

Besos *:3

. ..Venuz' FloriLuna. ..*


*. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .[.Only a Girl.].. . . . . . . . . . . . . . . . . . .*

Capítulo 7: "Trampa… ¡Lista!"

Fue despertando cuando los rayos de Sol se empezaron a colar por los enormes ventanales de la suite; aunque apenas si se pudo mover. Le dolía todo el cuerpo, como si se hubiera caído o alguien le hubiera dado una buena tunda; eso, sumado al enorme dolor de cabeza que juraba, haría que ésta explotara. No recordaba todos los sucesos de la noche anterior… se había perdido completamente cuando se quedó hablando con aquél chico de cabello marrón y del cual, no podía recordar el nombre.

Llevó las manos a su cabeza mientras emitía algunos quejidos. ¡Qué Dios la ayudara! No soportaba la jaqueca que se traía.

—¡Buenos días señorita!— La saludó una mujer, vestida de mucama.

Lili se asustó al oír una voz que no conocía dentro de su habitación; por lo que, se sentó rápidamente sobre la cama para ver de quién se trataba… aunque esto provocase que todo alrededor se le moviera.

—B-buenos días. ¿Quién es usted? Creí que las mucamas sólo entraban cuando las habitaciones estaban vacías— Decía la rubia extrañada y aún con las manos sobre su cabeza.

—Su novio me pidió que la cuidara; también me pidió que le trajera el desayuno junto con algunas pastillas para el dolor de cabeza y… me dijo que le diera eso— Explicó la mucama, señalando la charola con comida sobre la mesa de noche y un enorme ramo de flores que yacía sobre el pequeño comedor de la suite.

—¿N-novio?— Preguntó sonrojada y sin dar crédito a lo que la mujer le acababa de decir. ¡Vaya que Kazama estaba siendo atento con ella! Después de todo, dudaba que se refiriera a alguien más.

—Sí, su novio. Se ve que se preocupa mucho por usted, vino hace media hora para ver si ya había despertado— Respondía la señora con una sonrisa —Debería de tomarse las pastillas que le dejé en la charola y comer; con eso, probablemente se le alivie el dolor— Dijo, al notar que la ojiazul se masajeaba la cabeza.

—Sí, gracias—

—Ya que está despierta; iré a limpiar los demás dormitorios… ¿Quiere que le avise a su novio que…?—

—¡No!— Casi gritó la monegasca, ya que si le decía, lo más seguro sería que Jin la fuera a buscar y por nada del mundo quería que la viera en ese estado… ¡Parecía que recién la habían sacado de una película de terror! ¡Lucía espantosa! —Yo lo buscaré en cuanto esté lista—

—Bien. Tenga un lindo día— Se despidió la mujer entendiendo a lo que se refería.

En cuanto la mucama salió de su dormitorio; Emilie se sentó a la orilla de la cama, viendo su desayuno sobre la mesa de noche, ¡No tenía ni hambre! Pero era verdad que si quería sentirse mejor, debería ingerir alimento. Llevó su plato al pequeño comedor; y mientras comía con desgano, no quitó la vista de aquél hermoso ramo y la sonrisa que éste le provocaba.

Después, no dudó en darse una ducha… ¡Se sentía fatal! Y para colmo, lo más probable era que ese mismo día debería entrenar junto con su sexy compañero de equipo… Jin.

Alrededor de hora y media después; salió de la suite. Llevaba un bikini color rosa con una cadena color oro en la parte del cuello y a los costados de la parte inferior; junto con un pareo corto del mismo color y su bolsa de playa… estaba dispuesta a relajarse aunque sea un momento.

Caminaba con elegancia sobre el pasillo y en dirección al elevador, a pesar de las pequeñas palpitaciones que sentía sobre su cabeza dado al dolor que aún no se iba en su totalidad.

Escuchó a lo lejos el tintineo del elevador, haciéndole saber que alguien saldría de allí… y así fue; aunque para su sorpresa, fue cierto pelinegro; quién no dudó en ir hacia ella.

—Hola señor "Bailo con todas menos con Lili Rochefort"— Lo saludó enfadada a la vez que trataba de esquivar su presencia y proseguir su camino. Desgraciadamente para ella, esa imagen era una de las pocas que recordaba tras haberse alcoholizado tanto.

—Lili, por favor no empieces— Decía el CEO del Zaibatsu con seriedad. No podía creer que la rubia estuviese dispuesta a pelear con él tan temprano; además, le había mandado flores a su habitación… ¿No podía perdonarlo aunque sea por ese lindo detalle tan raro de él?

—Bueno… pero no creas que porque dejaste un enorme y hermoso ramo de flores te voy a…— Detuvo su habla para mirarlo. Se odió, ¿Cómo no aceptar la "disculpa" de aquél hombre que le encantaba? —¡Está bien, te perdono! Pero sólo por eso, y porque mandaste a una mucama a cuidarme— Kazama sonrió satisfecho.

—¿Estás mejor?—

—Un poco. La verdad es que ya no aguantaba la cabeza, pero el desayuno, las pastillas y esa ducha refrescante… me calmaron el dolor— Sonrió la monegasca —Y… ¿Entrenaremos hoy?— Cuestionó la joven con aquella sonrisa, poniéndose frente a él y tomándolo por ambas manos.

Jin se postró nervioso; con tanto embrollo, había olvidado por completo hacerle saber a Lili que no serían compañeros de equipo… ¡Genial! ¡Y justo ahora que la chica parecía mantener la paz nuevamente con él!

—Pues… bueno… yo…— El pelinegro no encontraba las palabras para decírselo sutilmente y de manera en que ella no se enojara… o al menos no tanto.

—¿Ahora qué hiciste?— Lili lo fulminó con la mirada e inmediatamente lo soltó para poner sus manos sobre sus caderas.

—Nada… sólo…— ¡Era Lili! ¡Por Dios! Entonces… ¿Por qué justo ahora sentía temor? No podía ser que le tuviera miedo a ella… aunque más bien era, miedo a perderla.

—¿Sólo qué?— Se impacientaba la Rochefort.

—¿Recuerdas el día de la "cita" con Hwoarang y Xiaoyu?—

—¿Cómo olvidarlo?—

—¿Y recuerdas que te mencioné que Leo Kliesen había hecho cita para verme en el Zaibatsu?—

—¡Sí! ¿Qué con eso?—

—Bueno; pues pasa que… no podré ser tu compañero de equipo— Habló firme y con seriedad.

—Perdón, perdón… creo que tenía algo en el oído, ¿Podrías repetírmelo?— Dijo Emilie enfadada y con una mirada que le decía que se retractara; aunque por obvias razones, el pelinegro no lo haría.

—Que no seremos compañeros de equipo— Dijo sin más, tratando de no mostrar su extraño nerviosismo. ¿Por qué tenía que ser así cuando se trataba de ella? Los nervios eran algo que casi no conocía hasta que empezaron sus supuestas citas con la Rochefort.

—¿Cómo pudiste hacerme eso?— Explotó, gritando por la ira —¡Van tres veces que me dejas plantada! ¡TRES!—

—Lili escucha… si me dejaras explicarte, tal vez…— Aunque se postraba calmado; por dentro, estaba desesperado… ver a la ojiazul gritándole enfadada, lo exasperaba, haciéndole creer lo peor.

—¡No me interesa saber tus excusas! Dime… ¿Te irás con Xiaoyu? ¿O con quién?—

—No… por eso te mencioné a Leo…—

—¡Ah, muy bien!— Lo interrumpió —¿Y yo? ¿Con quién me pusiste? ¡Házmelo saber de una buena vez!—

—… Con Kazuya— Dijo sin más, preocupado ante su nueva reacción; ya que la rubia, rio sarcásticamente.

—¡Sí, claro! ¿Así pretendías cuidarme? ¿Por qué mejor no le dices de una vez que tú y yo salimos para que me asesine?—

—Él no sabe nada; por lo tanto no te haría daño—

—¡Qué gran consuelo!... ¿Sabes qué Jin…?— Las lágrimas se empezaron a acumular en sus ojazos azules. La voz se le quebró y miró al suelo —No te me acerques más— No sabía cómo era que, de un momento a otro; había querido a Kazama con gran fuerza, y por lo tanto… ¡Dolía! Le dolía que jugara con ella de esa manera y en cierto aspecto; le recordó a su amado padre. Siempre había tenido el mismo problema con él; ya que, a pesar de amarla con todo su ser, el Sr. Rochefort a veces no tenía tiempo para ella… por eso había contratado a Sebastián desde que era apenas una bebé y su madre había fallecido durante su nacimiento.

¡No quería un chico que tampoco tuviera tiempo para ella debido al trabajo! ¿Por qué tenía que estar sufriendo por cosas en las que ella no tenía la más mínima culpa? ¡Ah, claro! ¡Porque lo quería!

No obstante, en ese momento… sólo quería huir de allí. Jin la debilitaba tan sólo con su presencia; además, moría por soltarse a llorar… y ésta vez, no permitiría que el líder del Mishima Zaibatsu la viera en ese estado.

—Lili…— Le habló de la manera más cariñosa que, según él, pudo. Sintió la mano del chico sobre la de ella.

—No me toques— Alcanzó a gritar mientras evadía su agarre —¿Por qué mejor no te vas y dejas de buscarme?—

—¿Estás terminando conmigo?— Por algún motivo, algo le punzó en sus entrañas. Ella soltó una pequeña risilla, nuevamente, sarcástica.

—¿Cómo voy a terminar algo que ni si quiera ha empezado?— Lo miró, dejando salir una de las muchas lágrimas que esperaban por salir —Ni si quiera te has tomado la molestia de querer formalizar algo conmigo; al contrario, parece que te diviertes—

—No digas tonterías Lili— Trató de acariciar su mejilla para quitar aquella lágrima que le restaba belleza… más, fue imposible.

—¡Sólo aléjate! ¿Sí?— Sin poder contener más las lágrimas que hacían grandes méritos por salir; salió corriendo de allí sin destino alguno.

Kazama sólo se quedó perplejo; con algo que lo desgarraba por dentro… algo que no se sentía muy bien. Un terrible miedo se apoderó de él, uno de esos miedos que no recordaba haber sentido después de la muerte de su madre… el miedo a perder a alguien que se quiere.


Corría lo más rápido que sus piernas le permitían; bajó hasta el lobby e incluso salió a las tranquilas calles de la Isla. Llevaba sus manos tapando sus ojos; no le importaba a dónde se dirigía… ¡Sólo quería estar lejos de Jin Kazama! Lo más lejos que le fuera posible como para desahogarse y llorar todo lo que su cuerpo le permitiera.

—¡Cuidado!— Escuchó gritar a la voz de algún chico, seguido del claxon de un automóvil… fue hasta entonces que se alarmó, quitó las manos de sobre sus ojos y miró a su derecha.

Un auto acercándosele fue lo último que vio; después, sólo sintió el fuerte golpe contra el suelo y a cierto chico prácticamente encima de ella. Trató de ver el rostro de su salvador, pero el Sol no le ayudaba a su causa; hasta que el joven se levantó y le estiró la mano.

Lili se sorprendió más que nunca… ¿Steve Fox? ¿Qué diantres hacía ahí? Esperaba por todos los cielos que todo haya sido una casualidad.

Correspondió a la ayuda que el rubio le prestaba; para así, levantarse del suelo.

—Gracias— Dijo en voz débil a la vez que se sacudía, más que nada, evitando que el boxeador viera sus hinchados ojos llorosos.

—¿Estás bien?— Preguntó el chico un tanto consternado; más que nada, porque la monegasca se veía demasiado distraída y con un estado de ánimo diferente al que siempre parecía tener.

—Sí— Respondió, quitando las lágrimas con sus manos.

—¿Quieres que te ayude en algo?— Una vez más, Steve ofreció su ayuda. Nunca se había tomado la molestia de dirigirle la palabra a la Rochefort; en realidad, siempre había creído que no era más que una niña mimada y cabeza hueca, pero ahora… parecía bastante triste y dolida… además, ¡Era rubia! Con lo mucho que se debilitaba por las mujeres con cabellos dorados.

—N-no… bueno, sólo… ¿Podrías acompañarme hasta mi dormitorio en el hotel?— Habló cabizbaja. Lo pensó mejor por un segundo; acompañada, sabía que Jin no se le acercaría.

—Sí… vamos— La idea no le había agradado del todo; pero aun así, aceptó. Emilie en verdad parecía tener la cabeza en quién sabe dónde… y probablemente, a ese paso, algo malo le pasaría. Por lo menos así no sentiría culpa de que algo malo le sucediese al pensar que la dejó sola en medio de las calles… completamente distraída.

Ambos caminaron hasta el hotel. Steve sólo miraba de soslayo a la ojiazul; quién sólo veía con tristeza el suelo por dónde caminaban… aunque su llanto había cesado.

La monegasca llamó al elevador presionando un botón; y mientras esperaba, se sentó en las escaleras que yacían a un costado del mismo… colocando su cabeza sobre la pared de su izquierda. El rubio la imitó, aunque lucía un tanto incómodo; no deseaba que alguien lo pudiese ver con ella y armar un zafarrancho lleno de mentiras… más que cualquier cosa ¡Porque él ya tenía una chica que le robaba el sueño!

El sonido de las puertas abriéndose alertó a Fox, quién inmediatamente, miró a la monegasca. ¿Por qué mierda no se movía? Estaba desganada, eso ya lo sabía… pero así jamás llegarían a su estúpido dormitorio.

—El ascensor ya está aquí— Le hizo notar.

Lili sólo lo miró, sin ningún gesto de nada en su rostro. Había recordado que unas malditas flores le esperaban en la suite; las cuáles le recordarían aún más a Kazama… por lo que, cambió de opinión, no subiría a la habitación.

—Creo que me quedaré aquí. Gracias por salvarme y… por acompañarme— Agradeció la Rochefort regresando a su posición de antes sobre la escalera.

Steve la miró una vez más con preocupación; pero en fin, ¡Allá ella!

—No hay de qué— Sin más, el chico dio media vuelta y se fue de allí casi corriendo antes de que los vieran juntos.

Emilie suspiró, tragó saliva y se sentó firme. Miró su atuendo; se suponía que en ese momento se iría a relajar un poco a la playa… ¿Por qué cancelar sus planes sólo por un idiota que no la valoraba? Así, sacó un espejo de su bolso para acomodarse el cabello y el maquillaje… ¡Era hermosa! ¡Jin Kazama era el que se lo perdía! No iba a pasársela llorando por él… ¡Estaba en una divina Isla paradisiaca y tenía que disfrutar!

Se levantó con decisión de la escalera; sonrió y nuevamente, caminó a paso elegante.

Pasó por la piscina dónde parecían estar Paul, Anna y Heihachi, pero les restó importancia.

Al llegar a la playa, Lili se adueñó de una de las sombrillas; poniendo su toalla sobre la arena y sentándose en la misma. Divisó a Leo Kliesen, surfeando de una manera espectacular.

Ese chico siempre le había llamado la atención y lo había catalogado como el único "hombre" dentro de los torneos que valía la pena.

¡Un segundo! Jin había mencionado que Leo era su compañero de equipo… ¿Por qué no seducirlo? ¡Así, Kazama se daría cuenta de lo que perdió! Además, Kliesen era guapo, refinado, nunca andaba babeando por las chicas y tenía muy buenos modales… ¡Era perfecto!

La sonrisa regresó a ella.

Observó una sombrilla más cercana a la ubicación de Leo; por lo que, no dudó en cambiarse hacia ese lugar. Se recostó sobre su toalla en alguna de las muchas poses sensuales que conocía… ¡En algún momento Leo Kliesen pasaría por allí y la miraría!

Tras girar un rato entre las olas, Leo se detuvo… dejando de lado el surfeo para ir a alguna otra parte. Fue verdad que pasó muy cerca de la Rochefort, pero "éste" ni si quiera la volteó a ver. Enfadada, Lili se levantó de aquél lugar… tomando sus cosas lo más rápido que pudo sin perder de vista al "rubio".

Prácticamente corrió detrás de "él", ¿Cómo la pudo pasar de largo? ¿Acaso no era lo suficientemente bella como para robarse una de sus miradas?

Kliesen habló con el chico moreno que rentaba las tablas de surf; fue hasta entonces que lo alcanzó.

—Hol…— Se dispuso a saludar sonriente, pero Leo nuevamente se fue. No sabía si estaba distraído o si sencillamente la evitaba… sea como fuese, ella no permitiría eso. Por un momento creyó que era mala persona por querer "utilizar" al "chico" para sus fines, pero quien sabe… tal vez él le sacaría a Kazama del corazón ¡Y todos felices!

—Hola— Le habló el chico que rentaba las tablas de manera pícara, ¡Já! Como si le hubiese hablado a él… ¡Iluso!

Rodó los ojos en señal de fastidio y se fue de allí. Por ahora dejaría las cosas así con Leo… después lo volvería a intentar.

Se dirigió a las regaderas; que yacían en la división entre la playa y el hotel, para quitarse la arena. Se quitó el pareo, dejando lucir cada parte de su bikini. Unas voces y risas masculinas que se oían bastante cerca la hicieron voltear.

—Hola linda— Le habló uno de los tres chicos; él de en medio, un rubio de ojos verdes.

Al principio, la monegasca se asustó; y quien sabe cómo, giró la mirada a la puerta del hotel. Sus ojos se iluminaron cual estrellas… ¡Jin Kazama iba saliendo de allí! Aunque claramente, no tenía en mente meterse a la alberca o a la playa; ya que, éste llevaba un pantalón deportivo y una camisa que le quedaba algo entallada… y parecía ¿Buscar a alguien? Pero… ¿A quién?

Sintió que en cualquier segundo, Kazama la miraría… así que era hora de continuar con el plan que el día anterior le había dado comienzo; muy a pesar de que ese trío de peleles que la miraban dieran asco... ¡Por lo menos eran guapos!

—Hola— Sonrió la Rochefort a los tres idiotas.

—Sería una pena que esa hermosa y blanca piel se queme; si quieres, puedo echarte bloqueador solar— Habló nuevamente el rubio ojiverde.

—No, gracias, ya iba a meterme—

—Entonces, ¿Qué me dices de una caminata por la playa ésta noche?—

—P-pues…— Con un leve tartamudeó, buscaba las fuerzas para decirle que sí… ¡Pero no podía! Simplemente no quería tener "citas" con alguien que no fuera Kazama.

¿Quiénes eran ese trío de patanes? Había ido a buscar a Emilie por el hotel… ¡Y se encontraba con que tres idiotas flirteaban con ella!

Le valió un reverendo cacahuate que unos pocos luchadores estuvieran por allí cerca… ¡Iría a rescatarla de esos tres papanatas!

—Anda, no seas tímida— Le sonrió el rubio.

—Ya te dijo que no— Habló Jin poniéndose prácticamente frente a él; y a pesar de ser un tanto más alto y mucho más fuerte, el rubio ni se inmutó.

—Gracias Jin, pero, yo escogeré mi propio veneno— Dijo con toda su fuerza de voluntad para no brincar ante los celos del CEO del Zaibatsu y para decirle que sí al desconocido, haciendo a un lado al pelinegro —¿A las ocho está bien?— Le habló al ojiverde

El japonés se quedó mirándola, sorprendido.

—Aquí estaré— Sonrió triunfante a la vez que miraba a Kazama de manera retadora.

La monegasca sonrió, aunque por dentro estaba nerviosa… probablemente había actuado de una manera tonta y repleta de niñerías; incluso juraba que más adelante se lo lamentaría… ¡Pero ya estaba hecho! Además… ¿Quién dijo que sí estaría allí esa noche con ese idiota?

El pelinegro miró de reojo a la ojiazul hasta que ésta entrase nuevamente al hotel. Por un momento pensó en ir tras de ella, pero eso sólo haría las cosas aún más obvias de lo que ya lo eran para los que, tal vez, llegaron a ver la escena.

Por ahora… mejor optaría por ir a entrenar; ya intentaría hablar con ella… ¡Una última vez!


Decidió irse a cambiar para entrenar completamente sola; pero por nada del mundo iría con Kazuya ¡A ningún lado!

Se puso un pantalón deportivo bastante entallado color gris, un top rosa que dejaba a la vista todas sus curvas y un par de lentes grandes que le cubrieran del Sol que la esperaba.

Caminaba nuevamente por los pasillos del hotel; ésta vez, enfadada, ¡No podía quitarse al CEO de la cabeza! Y menos al ver las endemoniadas flores que nunca pudo destruir… es decir, ¡Jin Kazama le había mandado flores! Eso era cosa del otro mundo… por lo tanto, las malditas más bien eran sagradas para ella.

Se adentró en el elevador; esperando llegar hasta el lobby… aunque éste se detuvo primero en uno de los pisos. ¡Fantástico! Alguien le interrumpiría su momento solitario y lleno de rabia… y para su sorpresa; era nada más y nada menos que Leo Kliesen; quién corrió antes de que las puertas del ascensor se cerraran.

—Buenos días— Escuchó decir al "chico" de manera cortés a la vez que sentía su mirada sobre de ella. ¡Vaya! Ahora que se veía tan poco sensual sí notaba su presencia.

—Buenos días— Respondió la monegasca con sequedad. Había decidido no mirarlo… para empezar, porque no estaba de humor para empezar a flirtear con él como había planeado; y segundo, porque Leo ni si quiera se había percatado de que le hablaba en la playa.

Las puertas se abrieron en el lobby. Sólo vio a Kliesen prácticamente correr lejos; probablemente a entrenar con el idiota de Kazama teniendo en cuenta su vestimenta deportiva.

Sea como fuese, le restó importancia para retomar su camino.


¿Qué mierda estaba pasando con él? ¿De cuándo acá se deprimía por algo ajeno a la muerte de su madre? Esas, y muchas preguntas más invadían su mente mientras se veía a sí mismo en una de las paredes de espejos del gimnasio… sentado con las piernas entre abiertas, los codos apoyados sobre sus rodillas a la vez que dejaba caer sus manos; lucía bastante pensativo.

Escuchó la puerta del lugar; abrirse y cerrarse nuevamente. Se auxilió con los espejos, viendo desde su posición que se trataba de Leo, quien parecía fiscalizar cada rincón del gimnasio, pero que curiosamente, no se había percatado de su presencia.

—¡Qué rico se ve todo!— Oyó a Kliesen mientras ésta corría emocionada hasta una mesa larga y rectangular con frutas, jugos, bebidas energéticas, uno que otro pastelillo… entre otras cosas.

—Toma lo que gustes— Dijo el pelinegro desde su posición y mirándola aún desde el espejo. Leo pareció alarmarse un poco al escucharlo; giró y caminó hacia él.

—¿Jin?— Yacía cabizbajo. Sintió la mano de la chica sobre su hombro, fue hasta entonces que subió la mirada hasta cruzarse con la mirada de Leo —¿Pasaste una mala noche?—

El CEO del Zaibatsu sólo suspiró al recordar la noche anterior; a pesar de todo, al final todo no había salido del todo mal… hasta le causaba un poco de gracia recordar a Lili en su estado de alcohólica. Más bien, se sentía decaído por la más reciente "pelea" con la Rochefort y la manera en que había accedido a salir con aquél mozalbete de la playa.

—¿Me quieres contar? ¿O prefieres dejarlo para otro momento?— Trató de animarlo la joven rubia con una sonrisa… después de todo, era de las pocas personas que conocían la situación.

La verdad que sí; quería contarle todo. Necesitaba a alguien que le aconsejara al respecto, ya que no sabía mucho del tema… además, Leo era una chica; lo que podría ser más fácil si de tratar de entender a Lili se trataba… aunque eso, era lo que él creía. De todas maneras, no quería hablar de ello… de momento.

—Es preferible entrenar— Sin más, se levantó de aquél lugar, dirigiéndose a la mesilla de bocadillos y tomando uno.

—Vi a Lili en el elevador; no se veía de buen humor— Kliesen lo imitó, dirigiéndose de igual manera, a la mesa.

—Ella… tuvo una noche muy movida— Optó por decir con desgano; ya que, no quería hacer sentir culpable a Leo por su última discusión con la mencionada.

—¡Oh! Al parecer no han ido bien las cosas con ella ¿Verdad?— Decía la ojiazul mientras tomaba un jugo de naranja y agachaba la cabeza; sintiéndose culpable.

—Yo…— Jin cambió su semblante; sonriendo de medio lado y mirando a su compañera —No. Tal vez al final me ayudes y yo podría ayudarte a ti— Dijo el pelinegro para después tomar un poco de agua y encaminarse al centro del gimnasio —Vamos, si vas a ser mi compañera tengo que indicarte unas cosas—

Leo sonrió y corrió hasta su posición; iniciando así, su arduo entrenamiento.

Toda la tarde; ambos buscaron la mejor forma de sincronizarse durante la pelea, así como uno que otro agarre como equipo y algún combo que pudiesen realizar como compañeros. Unas horas más tarde… Leo y Jin terminaron sentados en el suelo del gimnasio, un tanto agotados.

—Bien, entonces… si te golpean más de ocho veces seguidas ¿Qué harás?— Cuestionaba el japonés.

—Cambiaré de lugar contigo lo más rápido posible… y tú, deberás hacer lo mismo bajo esa situación— Respondió Eleonore. Kazama sólo asintió —Y… cambiando de tema— Miró sonriente al chico de ojos caramelo —Dime… ¿Ya pensaste en una forma en la que Lili entienda cuál es su lugar contigo?—

Jin la miró sin entender.

—Sé más específica—

—¡Sí! Ya sabes… si Lili quiere una relación seria contigo; ¿No sería bueno que se diera cuenta con que familia se está metiendo?— La rubia sonrió con malicia; a lo qué el CEO sólo se sorprendió para después mirar el suelo… pensativo.

—No creo que sea conveniente algo así— Por muchas ganas que tuviera de presentar a Lili como su novia oficial; cuando lo fuese, a su familia… la verdad era que todos en esa supuesta familia estaban locos y no eran normales… además, ¡No tenía idea de lo que sucedería si ellos o el mundo entero supiera de su relación! Era ahí cuando temía por la vida de la monegasca… ya que; si Heichachi y Kazuya eran capaces de todo por verlo muerto… ¿Por qué no harían lo mismo con ella?

Extrañamente, recordó aquél día de su cumpleaños en el restaurante… Kazuya se postró un tanto diferente para con él.

—Heihachi, Lars, Lee y Asuka son tu familia después de todo, además… es mejor que conozca a tu padre, como compañero de equipo aunque sea—

—Una táctica… interesante— Sea como fuese, aceptó que sería algo interesante de ver; además, si querían ponerle un dedo encima a la Rochefort… sería sobre su cadáver, y eso nunca pasaría.

—Jin, sé por voces que Lili es una niña de buena familia; eso quiere decir que es consentida, caprichosa, con un ego más alto que el tuyo puede ser— Kazama rio un poco ante los verídicos comentarios de Leo —Pero hay algo que mi madre me dijo cuando era pequeña… si quiere que cambies, ella también debe de cambiar— El CEO la miró, atento. Creía que tenía cierta razón… además, justo en la mañana, la monegasca le había mencionado algo sobre formalizar su "relación" —No porque la ames vas a dejar que siempre haga lo que se le dé la gana. Igual va para ti Jin—

Kazama se sonrojó un poco ante aquellas palabras tan ciertas; más que nada, porque sin saberlo… Eleonore le había mencionado el no hacer todo lo que ella quería, y curiosamente, él siempre hacía lo contrario ¡Cumplir los caprichos de la princesa Rochefort!

—Me retiro Jin… mañana nos vemos en la primera pelea. Espero que Lili y tú logren arreglar sus problemas. Le diré a "Don Nombre de Trabalenguas" que ya no se meta— Sonrió la joven mientras se levantaba dispuesta a irse, no sin antes darle un rápido y pequeño abrazo a su nuevo compañero de equipo y salir de allí; incluso fue tan rápido, que el pelinegro no alcanzó a asimilarlo, por lo que, no lo pudo corresponder.

Divisó a Leo irse, y hasta entonces, se decidió a buscar a Emilie.

Salió del gimnasio en dirección al lobby; para así, adentrarse en el ascensor y subir hasta el piso en dónde la habitación de la monegasca se hallaba; no obstante, éste se detuvo en el tercer piso.

Las puertas se abrieron para revelar a aquella chica de cabellos dorados y ojos azules que tanto le gustaba; quién buscaba algo dentro de su bolso. En un instante, Emilie subió la mirada mientras estaba a punto de entrar y abrió los ojos como platos al ver que Jin estaba allí. Sin pensarlo, dio un paso atrás antes de entrar y antes de que las puertas se cerraran.

Sin embargo, en un movimiento veloz, el CEO alcanzó a salir del mismo al percatarse de que Lili no entraría.

—¿A dónde vas?— La tomó del brazo con el entrecejo fruncido… ya se estaba cansando de sus juegos.

—A un lugar dónde te mantenga fuera de mi alcance— Trató de zafarse de su agarre, sin éxito.

—Ya me estoy hartando de todo esto. Si te busco es porque me importas… ¿Es muy difícil entender eso?— Habló fuerte, firme y serio.

La chica se quedó un tanto pasmada ante su tono voz; además, tenía razón… a alguien a quien no le interesas, no te busca, no te manda flores, no te lleva a un fino restaurante, no te cuida de idiotas con las hormonas alborotadas ni hace todo lo que le pidas a pesar de que vaya en contra de su voluntad u hombría.

Tal vez estaba siendo demasiado dura y tonta para con él… sólo había algunas cosas que aún no entendía… ¿Por qué siempre la dejaba plantada? ¿Y quién coño era la rubia de ayer?

—Entonces, di lo que tengas que decir, pero… hablemos en un lugar más privado… ¡Y tienes sólo cinco minutos!— Se hizo la fuerte para oprimir nuevamente el botón del elevador y adentrarse en éste.

Dentro, vio que Jin presionaba el número veinte.

—¿Qué hay en el piso veinte?—

—Mi habitación— Contestó sin mirarla; se sentía algo molesto.

—¿Qué?— Se alarmó la ojiazul —¿Pero qué clase de mujer crees que soy?— Preguntó ofendida.

Una muy loca— Pensó Kazama —Dijiste que querías charlar en un lugar tranquilo—

—S-sí, p-pero…— Sin saber qué más decir… bufó y se cruzó de brazos.

Al llegar a dicho piso; ambos caminaron por el pasillo. Lili divisó a un par de guardias custodiando una puerta…

—¿Para qué tanta seguridad? Como si no supieras defenderte… mírame a mí, soy una dama y sólo llevo a Sebastián conmigo todo el tiempo… no necesito un ejército— Hablaba la joven mientras caminaba.

—Pronto lo necesitarás…— Dijo por lo bajo; y es que si ella realmente deseaba formalizar algo con él… podía jurar que así sería.

—Señor…— Habló uno de los guardias; uno alto, moreno y fornido. El pelinegro le lanzó una mirada de asesino… ¿Qué nadie entendía que le repateaba las pelotas que le llamaran así? —Leo Kliesen está adentro esperándolo, dijo que era urgente—

Suspiró resignado… —¿Y ahora qué?— Pensó en sus adentros.

Jin abrió la puerta y entró al lugar, seguido por Lili. Ambos miraron a Leo, quién recién se había levantado de una de las sillas del pequeño comedor; aunque la Rochefort trató de esconderse detrás del CEO… ¿Qué pensaría de ella viéndola entrar a la suite de Kazama? ¡Su plan se vendría abajo! Eso, sumado a que probablemente lo iría contando por doquier.

—Buenas tardes Jin, perdón por entrar así— El pelinegro le echó una mirada fulminante, ¿Qué mierda hacía allí? Peor aún, ¡Justo en ese momento!

Por su parte, Emilie no perdía de vista a Kliesen, preguntándose exactamente lo mismo que el "dueño" de la suite… ¿Qué hacía ahí? Un terrible pensamiento la invadió… ¿Acaso Jin y Leo…? ¿Podría ser que…? ¡No! ¡Se negaba a creerlo! Para empezar, Kazama no parecía gay… ¡Y Leo tampoco DEBÍA ser gay, sólo era muy refinado! De lo contrario; no podría insinuársele y sería otro motivo para que su plan fracasara.

Trato de controlar sus pensamientos y desvaríos si es que no quería parecer una loca.

—Habla— Dijo el japonés de manera cortante.

—Tendrá que ser a solas… ¡Es realmente importante!— Kliesen se mantuvo firme.

—Pasa al balcón— Señaló dicho lugar que permanecía con las puertas corredizas de vidrio, abiertas.

—¡No, a solas!— Ordenó Leo mientras señalaba el baño.

Resignado, Jin bufó y se adentró en el gran sanitario de la suite junto con su compañera de equipo.

La Rochefort los miró intrigada… ¿Qué harían dentro? ¿Qué era tan importante como para que Leo se encerrara con Jin en el baño?... —Tranquila Lili; sólo son compañeros de equipo— Se dijo en sus adentros.


—¿Qué carajos te pasa mujer?— Preguntó Kazama enojado y en un tono de voz que sólo Leo pudiese escuchar.

—Perdón, pero es urgente— Se disculpó la joven entre murmullos.

—¡Ya habla!— Se exasperaba el pelinegro.

—Tengo una solución para que Lili no esté con tu padre— Soltó de golpe la muchacha; obteniendo así, la máxima atención de Jin, quién se recargó de brazos cruzados sobre la puerta —Steve me comentó que Dragunov se había negado a ser su compañero y estoy casi segura de que Kazuya hizo lo mismo con Lili—

—O sea que así… Steve podría ser compañero de ella— Decía pensativo y sonriendo de medio lado.

—Sí, y Dragunov de Kazuya… sería bueno que esos dos estuvieran juntos. Así, Lili no estará con tu padre, y Steve… él es buen compañero; tal vez ella no se enfade tanto—

—Es posible. Veré que puedo hacer— Dijo un poco más calmado teniendo en cuenta su estado anterior; alejándose de la puerta para poder abrirla y salir ambos de allí.

Miraron a la monegasca sentada sobre el borde de la cama mientras hacía quién sabe qué cosas en su celular.

—Adiós Jin— Se despidió Kliesen.

—Adiós— Contestó nuevamente de forma cortante.

—Espero que disfrute su día— Le habló a Lili de manera tierna y sonriente.

—G-gracias…— Tartamudeó un poco a la vez que miraba a Leo sorprendida. Observó al "chico" irse; luego, sonrió ampliamente como tonta enamorada —¡Qué lindo niño!— Casi gritaba a los cuatro vientos, más que nada, para que Jin se enterara.

—¿Niño?— La miró confundido… luego recordó que ni él mismo se había percatado de que Leo era mujer hasta que ésta le mencionó su nombre completo. Kazama no supo si reír estrepitosamente o no… Lili trataba de encelarlo ¡Y con Leo! Pensó en mencionarle la verdad… pero vamos, ¡Eso le quitaría lo divertido a todo! Sería interesante ver a la Rochefort en sus intentos fallidos por flirtear con Eleonore y sin saber que se trataba de otra chica —¿Por qué? ¿Acaso te gusta?— Trato de preguntar sin mostrar la gran sonrisa de burla que moría por salir.

—¿Y a quién no? Es lindo, atento, con clase y muy guapo— Decía ella sonriente.

—… Ah— Dijo sin más, claramente, restándole importancia.

¿Por qué coño no le hacía una escena de celos o algo así? ¿Por qué no se lo reprochaba? ¿Tan poco le importaba? Su furia aumentó.

—Bueno, como ya pasaron tus cinco minutos y no tienes nada que decir. Me voy— Se levantó enfadada, tomando su bolso y dirigiéndose a la puerta.

—Está bien— Hizo un esfuerzo sobre humano para no negarse y acorralarla contra la pared; para así, impedirle el paso. Si su plan era darle celos con Leo Kliesen ¡Moría por verlo! Vaya que Lili le gustaba enojada; hacía cada huevada que daba risa y causaba cierta ternura. Pensó en mencionarle a Eleonore sobre eso, pero creyó que sería más interesante si se lo guardaba para sí mismo y sólo miraba como se iban dando las cosas con naturalidad.

Sorprendida ante su respuesta, la ojiazul abrió la puerta y salió de allí a paso apresurado.

Jin se quedó dentro, pensativo… ¡Era un estúpido! Había olvidado al imbécil de la playa con el que, supuestamente, Emilie tendría una cita. Podía permitir que Lili flirteara con Leo para disque darle celos… ¡Pero esa cita no! Tenía que hacer algo ¡Pronto!

Corrió hasta la puerta; dispuesto a impedir aquello…

—¿Y ahora qué haces?— Preguntó cierta rubia bloqueándole el paso de la puerta —¿Ya verificaste los papeles que te puse sobre el escritorio?— Se adentró en la habitación.

—No Nina— Resignado, imitó a la mujer.

—¡Pues deberías! ¿Qué te pasa últimamente? Sé que no eres más que un niño, pero ahora sí que actúas como uno… por lo menos antes parecías más maduro e interesado por el Mishima Zaibatsu—

—Le pongo la misma atención que antes; además, dime algo… ¿Tu salario se ve afectado?— La miró de manera retadora.

—No— Contestó tranquila.

—Entonces no opines—

—Es Rochefort ¿Cierto?—

—¿De qué hablas?— Por muy nervioso que lo haya puesto eso, mantuvo su postura, firme y seria.

—Podrán hacer tontos a todos, pero a mí no. No me importa tu vida amorosa; sólo quiero derrumbar a mi hermana tanto como tú a la Corporación G—

—Es lo que intento— Caminó hasta el escritorio para sentarse y echarle un vistazo a los papeles antes mencionados.

De igual manera, Williams caminaba por toda la suite mientras leía con detenimiento otros papeles.

¡No podía concentrarse! No sabía ni que mierda decían esos papeles; sólo tenía a una persona en la cabeza… ¡Lili!

Empezaba a entrar en un estado de desesperación… ¡Tenía que detenerla de salir con ese mequetrefe! Pensó por un momento… Nina sabía todo aparentemente… tal vez…

—Nina, tú eres una mujer…— Habló el pelinegro sin despegar la vista de los mentados papeles.

—¡Qué observador!— Decía la rubia ofendida.

—Sólo… olvídalo— Una vez más, se resignó.

—¡Arréglalo!— Le gritó Williams desesperada; a lo que Jin la miró confuso —Discutiste con ella ¿No? ¡Sólo arréglalo!—

—¿Por qué te interesa?— La miró atento.

—Porque claramente eso te distrae ¡Y ya me harte de que me dejes todo el trabajo a mí!— Azotó los papeles sobre la mesa.

—¡Muy buena idea Nina! ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Arreglarlo! ¡Qué sencillo!— Decía sarcástico y con el ceño fruncido.

—Es una niña mimada Jin ¿Qué tan difícil podría ser complacerla?—

—¡Mucho!— Gritó eufórico. Claramente, Williams no tenía ni la más remota idea de lo que era tratar de hacer feliz a la Rochefort.

—Escucha, conozco a las chicas como ella. Sólo obséquiale algo bonito, grande y brillante— Habló Nina como si se tratara de lo más obvio del mundo, ¡Un déjà vu!

—No se me ocurre nada… ¡Y lo necesito YA!— Dijo frunciendo el ceño.

Nina golpeó parte de su cara con la palma de su mano; ¡De verdad que Jin no tenía idea de lo que era tener una relación de pareja!

—Escucha, te voy a ayudar… pero que quede claro, que tienes que dejar de distraerte tanto con esa "princesa"— propuso Williams, o mejor dicho "advirtió". La mujer caminó en dirección a la puerta; luego, volteó a mirarlo —¿Qué esperas? ¡Vamos a comprarle algo!— Gritó ella mientras rodaba los ojos y salía de allí.

Kazama se levantó de inmediato y siguió a Nina… ¡Sólo esperaba que todo eso funcionara! ¡Oh! Y por supuesto… ¡La amenazaría para que ésta, no dijera nada al respecto! Aunque estaba seguro de que sólo bastaría una buena cantidad de billetes para lograrlo.

Continuará…


Traté de apurarme lo más que pude para subir el capi ._. y pronto tendré listo el siguiente *:D

Como verán; Lili cada vez está más loca *xD pero es mera decisión por quedarse con Kazama *-* y él… bueno, veremos si Nina le enseña algo para tener contenta a la "princesa" Rochefort Jajá. Por otro lado, esperemos que a la pobre de Leo no le dé algo cuando Lili empiece de coqueta *xD y aún queda por ver, cómo se llevará ella con su nuevo compañero de equipo… Steve Fox ¡Ajúa!

Agradecimientos especiales a mi sensual amigor; GrizGreen… ¡La adoro! Ya usted sabe *:3 ya quiero ver qué pasa con el "Hombre Distraído"… ¡No me haga esperar mucho! Que muero por leer la conti *xD

De igual manera, ¡Gracias a todos los que leen! *

Besotes.

. ..Venuz' FloriLuna. ..*

*:3