Muchas gracias por todos los comentarios, y los apoyos a la historia. Espero que este capitulo también sea de vuestro agrado. ¡Nos vemos el lunes!
Las calles de Madrid estaban concurridas aquella noche, había muchos seguidores del equipo inglés celebrando la victoria de los suyos, y ellos intentaban llegar lo antes posible al restaurante. Cerca del estadio Harry conocía un pequeño restaurante, elegante y con comida deliciosa, sabía que a Draco le gustaría.
En el restaurante el moreno se encargó de que le consiguieran la mejor mesa, y también la más apartada del resto de los clientes, quería tranquilad. ¿Para que?, exactamente no lo sabía, pero mientras terminaba de ver el partido se percató de que Malfoy tenía razón, no estaba viviendo la vida, estaba pasando por ella sin pena ni gloria. No quería ser el héroe del mundo mágico, pero tampoco quería dejar de disfrutar de todo lo maravilloso que la vida puede ofrecerte.
Robbie era con creces lo mejor de su vida, y disfrutaba de él cada segundo de su vida pero ¿había algo más? Sí, tenía que haberlo, amigos, diversión, amor… no, no podía amar, ya lo había hecho una vez tanto que estaba seguro que había perdido la capacidad para hacerlo. Había entregado su corazón, cada fibra de su ser y no los había recuperado, nunca lo haría porque se habían ido con él.
- Potter… - siseó el rubio dándole una patada en la espinilla
- Au... – el dolor le hizo volver a la realidad - ¿Qué?
- El camarero lleva cinco minutos esperando por tu pedido…
- Oh… disculpe – sonrió al hombre y pidió un plato de risoto – Vino de la casa, por favor.
- ¿Qué pensabas? – preguntó el rubio – Creí que te había dado un telele, Hermione me mataría si te pasara algo.
- Yo… nada solo… el partido – sonrió agarrando la copa rápidamente nada más que el camarero le sirvió el vino - ¿Qué haces?
- Enviarle a Hermione un mensaje, no sabe donde estoy, y no quiero que piense que estoy de fiesta, o pasándolo bien.
- ¿No lo estas pasando bien? – Draco levantó la vista y alzó una ceja.
- Potter, estoy trabajando, para mí esto es igual a estar 8 horas en el ministerio.
- Ya, claro… - otro trago, y terminó el contenido de la copa, se apresuró a rellenarla, la garganta se le secaba demasiado rápido.
- Potter, no te emborraches ¿Quieres? No me apetece tener que cargar contigo – dijo sin dejar de mirar la pantalla del móvil.
- A diferencia de otros, yo se parar de beber… - murmuró dejando la copa sobre la mesa.
- ¿Qué has dicho? – Draco guardó el teléfono y le miró directamente
- Nada, ahí llega la cena – el camarero depositó los platos sobre la mesa y cenaron como parecía costumbre en ellos en un tenso silencio.
Harry terminó el risoto un par de minutos antes de que Draco diera buena cuenta de la lubina en salsa verde que había pedido, se excusó y salió al baño. Draco arrugó el ceño pensando en lo extraño del comportamiento del moreno, de repente parecía como en otro mundo, luego sereno y calmado, después irritante. Potter parecía una caja de bombones, nunca sabías lo que te iba a tocar.
Tamborileó los dedos sobre la mesa, tardaba demasiado, giró la cabeza y observó el pasillo por el que se había ido, no había rastro del moreno. Pasaron cinco minutos más y no regresaba, empezaba a preocuparse¿y si lo habían atacado¿Y sí había estado tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de la influencia de la magia oscura en el lugar?
Se levantó y avanzó hasta el servicio, entro en todos los cubículos pero Potter no estaba, comenzó a preocuparse, más aún cuando preguntó a un camarero y le dijeron que no lo habían visto. Aplicó un hechizo al local para detectar puntos de magia negra y observó su móvil donde podía ver el resultado, pero nada, no había un solo foco oscuro. Maldijo a Potter por haber perdido su magia, porque así no podría localizarle, tampoco podía llamar a Hermione porque lo mataría y aquello no le parecía divertido.
Arrojó unos billetes sobre la mesa y salió corriendo del restaurante, en la puerta se puso la chaqueta y comenzó a pensar por donde empezaría a buscar.
- Joder, Potter… ¿Dónde coño estás? – echó a correr calle abajo y se tropezó con una figura.
- ¿Malfoy¿Dónde vas?
- ¡POTTER! – gritó el rubio - ¿Dónde cojones te habías metido?
- No tenía tabaco – le dijo
- No tenías tabaco… no tenías tabaco – murmuró - ¡ERES GILIPOLLAS! Eso es lo que eres, ha estado a punto de darme un infarto… Preocupado por tu asqueroso culo y tú has ido a por tabaco…
- Lo…lo siento – se disculpó clavando la vista en el suelo – Yo…solo…
- Vale, bien… - le agarró por el brazo y tiró de él – vayámonos a casa, me apareceré contigo.
- No… - se soltó – No quiero volver a casa, yo… quiero…
- ¿Qué quieres? – le preguntó entre dientes.
- Celebrarlo – intentó mostrar una tímida sonrisa.
- Potter… - siseó – No creo que tengas ni idea de cómo se debe celebrar algo, así que no me toques los cojones y vamonos.
- Tienes razón – dijo mirándolo fijamente – pero estoy seguro que tú sí.
- Claro… ahora vamonos – volvió a cogerle por el brazo pero lo único que consiguió en un pequeño forcejeó por parte del moreno fue pegarse más al cuerpo de Harry.
- Enséñame – "estoy tan cerca de él", pensó Draco – Tienes razón, no estoy viviendo la vida yo… necesito distraerme un poco... y tú… ¿Me enseñaras? – los ojos del moreno brillaron y la sangre del rubio se disparó, bombeó tan rápido el liquido carmesí hacia su corazón que estaba seguro de que iba a salírsele por la boca.
- … - repasó su rostro con los ojos, los ojos verdes pidiendo desesperadamente, la nariz recta, los labios entreabiertos dispuestos a recibir un beso – Vale… - dijo con voz ronca – pero luego, a casa.
- Claro, lo que quieras – el moreno sonrió y Draco dio un paso atrás
La zona de la castellana, era una de las zonas más exclusivas para salir por las noches en la ciudad de Madrid, y Draco lo sabía, le gustaban los sitios nuevos, en pleno auge, donde siempre podía encontrar al actor de moda, o al numero uno en las listas musicales, disfrutaba mezclándose con la jet set de los muggles, y haciéndoles caer a sus pies.
Draco era guapo, pero no era eso lo que llamaba la atención de hombres y mujeres, era su descaro y arrebatadora sonrisa, y su forma de provocar, una sola mirada y muchos ya estaban a sus pies, pocos – vale, bien, ninguno – se habían resistido a sus encantos, y el rubio se aprovechaba de ello.
Conseguía las mejores mesas en los restaurantes, entrada gratis a los locales más exclusivos, copas por parte de algún grupo de chiquillas inconscientes. Pocas veces Draco Malfoy no había conseguido lo que quería.
Un coqueteó inofensivo y un guiñó descarado fue lo que le hizo falta al rubio, para meter a Potter en la zona VIP del Buda uno de los locales más chic e importantes de la noche madrileña.
Se dejó caer sobre una de los grandes cheslones de piel blanca que rodeaba la sala VIP, tras él Harry que aun intentaba recuperarse de la desfachatez del rubio con el portero, se sentó en la otra esquina observando todo con detenimiento. No era amigo de fiestas, ni de salir por las noches, así que pese a desear cambiar un poco su vida, darle vidilla a la parte social de la misma, se encontraba perdido.
- Potter no te voy a morder – le dijo el rubio cuando lo vio sentarse en la otra punta – no quiero chillar para poder hablar – le dijo cuando el moreno se levantó y se acercó a él - ¿Qué quieres tomar?
- Cerveza.
- Potter, no puedes venir a un sitio como este – señaló el lugar – y pedir una cerveza. Yo pediré por ti.
Le observó caminar con elegancia hasta la barra, vio como colocaba los codos sobre la barra y se inclinaba sobre ella para hablar en el oído de una camarera, rubia y de escote verdaderamente prominente. La muchacha sonrió de inmediato, y se carcajeó una vez, después frunció el ceño, y de repente los dos estaban mirando a Harry y la rubia le sonrió ampliamente antes de guiñarle un ojo. El moreno parpadeó un par de veces y después le devolvió una tímida sonrisa. Un par de minutos después Draco volvió al sofá con dos copas.
- Bebe despacio, es un poco fuerte – le tendió una copa.
- ¿Qué le has dicho? – preguntó señalando a la camarera.
- Secreto profesional – dio un trago a su eristoff black con limón, y su lengua se tiñó ligeramente de negro.
- ¡DIOS! – exclamó el moreno cuando el alcohol quemó en su garganta - ¿Qué coño es esto?
- Bourbon cola, te dije que era fuerte – de nuevo un pequeño trago, y un nuevo tinte negro a su lengua.
Oteó la discoteca en busca de una pieza, no podía evitarlo, si salía tenía que cazar, estaba en su naturaleza, puede que en otro momento de su vida Potter hubiera sido el rey de los Gryffindors, pero Draco era ahora el rey de la noche. Un pelirrojo, alto y en compañía de otros tres chicos le guiñó el ojo cuando paso la vista sobre el grupo, le observó detenidamente, era atractivo, un poco joven para su gusto – al diablo, a Draco le gustaban todos – pero lo más importante es que parecía receptivo.
- Vamos – le dijo al moreno mientras se ponía en pie.
- ¿A dónde?
- A bailar… ¿no querías que te enseñara a disfrutar de la vida?
- Sí, pero… yo no… no se bailar – agachó la cabeza.
- Tonterías todo el mundo sabe bailar – el rubio tiró de él hasta la pista, dejaron las copas sobre unas de las pequeñas mesitas que había rodeándola y comenzó a moverse al ritmo del hit parade del momento – Potter, muévete.
- No se bailar – le dijo completamente quieto – no tengo ritmo.
- Hasta mi padre tiene ritmo – le dijo el rubio – Muévete – comenzó a bailar directamente frente al pelirrojo.
- No se, me da vergüenza, todo el mundo nos mirara.
- A la mierda los demás – se paró y le miró a los ojos – Primera regla para disfrutar de la vida: Disfruta sin importar lo que los demás piensen.
- Pero…
- ¡Potter! – exclamó desesperado, llevó sus manos a las caderas del moreno – Muévete.
- No… - tragó saliva – no se bailar.
- Muévete – se pegó más a él – Muévete – le dijo despacio enfrentando sus ojos.
- No… se…
- Muévete – empujó sus caderas contra las del moreno y sus cuerpos encajaron – Ahora – inclinó la cabeza hacia delante, para hablarle al oído – Muévete, Potter.
Con la voz ronca y rota dejó escapar su aliento sobre el cuello del moreno, haciendo que todo Harry temblara bajo sus manos, empezó a moverse contra él, la cadera contra la suya, las manos en la cintura deslizándose hasta la parte de atrás, un dedo que se coló bajo la camisa del moreno. Y entonces Harry por puro instinto reaccionó y comenzó a moverse, no seguían el ritmo de la música, seguían el ritmo de sus cuerpos, de lo que ambos demandaban.
Fue poco lo que sus dos miembros tardaron en despertar el uno contra el otro, pegándose más cada vez, aumentando los roces y las sensaciones que se esparcían por todo el cuerpo. Harry comenzó a notar como el deseo se apoderaba de él, como el sudor que bajaba por su espalda era producto del calor que el rubio le estaba dando.
Draco, estaba tan excitado que olvidó por completo el numerito que había pensando montar para el pelirrojo, ahora solo tenía ojos para los que tenía a escasos centímetros de los suyos. Contuvo un jadeó cuando Potter cerró los ojos producto de una oleada de placer que sus movimientos le producían, cuando los volvió a abrir no necesitó palabras para explicar nada más.
Lo tomó de la mano y casi corriendo salieron a la parte de atrás del local, Draco lo pegó a su cuerpo y un crack fue lo único que sus cuerpos dejaron en el lugar minutos después.
Después del incidente con los cazamagos, la casa de Harry estaba protegida contra las apariciones por varios conjuros que la propia Hermione había lanzado al apartamento, así que ambos se aparecieron en el rellano de la escalera.
Cuando la sensación de mareo se despejó, Draco empotró a Harry contra la pared y sin mediar palabra abordó sus labios, desesperado lamió y succionó primero los labios para entrar a matar con su lengua un par de segundos después. Apoderado por el deseo sus manos demandaron demasiado pronto la piel del moreno, colándose bajo su camisa que a tirones salió de dentro de los pantalones, recorrió el abdomen primero y después la espalda, de arriba abajo, mientras seguía explorando aquella boca con completa desesperación.
Harry comenzó a gemir entre los besos, estaba desbordado por todo lo que estaba pasando, hacia tanto tiempo que nadie le besaba o le tocaba, que sentía que iba a morir, demandando más y más, todo le parecía poco, quería que el beso fuera eterno, que el rubio continuara abordando su boca hasta el final, también que sus manos le recorrieran por entero. Enredó sus dedos en los cabellos rubios y tiró de ellos hacia atrás.
- Llaves… - jadeó
- ¿Dónde? – preguntó con la respiración agitada el rubio.
- En el bolsillo de delante – la mano de Draco se coló en él rápidamente rozando descaradamente el prominente bulto bajo el pantalón – Ahmmm – se mordió el labio cuando el rubio hizo una pequeña presión sobre él – Rápido – demandó el moreno.
Las llaves salieron un segundo después y trastabillaron hasta la puerta del apartamento enredados en un nuevo beso, de nuevo fue el moreno quien quedó empotrado contra la puerta, y la mano del rubio la que llevó la llave a a la puerta e intentó abrirla mientras que Harry devoraba su cuello.
- ¡DRACO!
- Mierda – murmuró el rubio cuando la voz de Hermione sonó a solo un par de metros, Harry dejó de besar su cuello y pegó la cara a su cuerpo intentando pasar desapercibo.
- Draco – Hermione apretó los dientes, e intentaba tranquilizarse - ¿Qué se supone que estas haciendo?
- Intentaba abrir la puerta – dijo el rubio fijando la vista en el apetitoso cuello del moreno.
- Ya… ¿y por que tus manos están en el culo de Harry?
- Porque de momento era al único sitio a donde podía llegar… - dijo el rubio – si me hubieras dado unos minutos más…
- ¡DRACO! – gritó más enfadada aún – vamos, ya ha terminado tu turno.
- Verás Hermione yo creo que…
- Draco, basta. Entra en el apartamento – el rubio se despejó del moreno pero se inclinó un segundo más sobre él.
- Dame media hora – los ojos del moreno se abrieron como platos cuando la figura rubia se separó de él – Hermione¿sabes? Tienes el don de la oportunidad.
- Cállate – le pegó un buen coscorrón en la cabeza – Buenas noches Harry.
- Bue… buenas noches – la puerta del apartamento contiguo y Harry tuvo que dejar resbalar su espalda sobre la puerta para sentarse y serenarse.
Excitando aún hasta el extremo, intentaba racionalizar lo que acababa de ocurrir. Estaba en un local con Malfoy, intentado explicarle que no tenía ni idea de cómo se daba un solo pase de baile, y ahora... miró a su entrepierna, y un escalofrío recorrió su espalda. Nunca antes se había sentido así, nunca la pasión le había cegado de aquella manera, se había sentido borracho de deseo por el cuerpo del rubio, necesitado de sus manos y de su boca, podría haber hecho cualquier cosa si Hermione no los hubiera detenido.
Se levantó despacio y terminó de girar la llave metida en la cerradura, avanzó con paso tranquilo hasta su habitación, se desnudó prenda por prenda, dispuesta a darse una de de las duchas frías más dolorosas de toda su vida.
El grifo del agua corría cuando se observó en el espejo, desnudo, y completamente excitado, estuvo tentado de terminar aquello, pero desistió, lo mejor era una buena ducha fría.
- Si entras en esa ducha, te juro que te haré la vida imposible
Entró dando grandes zancadas tras dar un sonoro portazo y observó a la figura que se encendía un cigarrillo sentado sobre la mesa de la cocina.
- ¿Qué coño pretendías hacer?
- Tirarme a Potter – dijo con tranquilidad
- ¿Te has vuelto loco? – preguntó con la voz demasiado aguda.
- No Hermione, solo estaba terriblemente excitado – le dijo – de hecho, aun lo estoy, y me gustaría terminar con ello cuanto antes, así que échame la bronca pronto, le dije que solo tardaría media hora.
- No vas a ir.
- Oh… amiga claro que voy a ir – dio una larga calada al cigarro.
- Te lo dije Draco, no juegues con Harry… pero como siempre tuviste que ignorarme…
- No te ignore, y no estoy jugando con él – se bajó de la mesa – Solo va a ser un polvo Hermione, créeme, le estoy haciendo un favor. Lo necesita.
- Pero no contigo.
- ¿Por qué no¿No soy guapo?
- No, es solo que…
- ¿No estoy a su altura? – preguntó enfadado - ¿No soy lo suficientemente bueno para Harry Potter?
- Deja de decir tonterías…
- Si son tonterías, explícame porque no puedo tirármelo, sí el está por la labor.
- Por… porque – se mordió el labio – Porque no quiero que salgas herido.
- ¿Qué? – preguntó el rubio.
- Draco, yo… conozco a Harry… y… no quiero que te haga daño.
- ¿De que hablas? – preguntó completamente perdido.
- Draco yo se que… no va a ser solo un polvo.
- Oh… no claro que no – se relamió los labios.
- ¡Deja de pensar con la polla! – le gritó – Por favor, Draco, no lo hagas – se acercó y tomó sus labios – No quiero verte sufrir, no lo soporto.
- No digas tonterías¿no me conoces? – la castaña asintió - ¿Cuándo me implicado con alguien más de la cuenta?
- …
- ¿Cuándo?
- Nunca…
- ¿Ves¿Por qué iba a ser distinto con Potter?
- Draco… - Hermione le suplicaba de tal modo que estuvo a punto de ceder.
- Un polvo Hermione, uno y nada más. Lo prometo.
- Por favor… Draco… no lo hagas.
- Lo necesito, tengo que reconocerlo – sonrió de medio lado – Potter me la pone dura desde el primer día que volví a verlo – susurró en su oído.
- ¡Draco! – se apartó de él.
- Cuando me tiré al proveedor ese… ¡Dios! Solo pensaba en Potter…
- Vale… basta – la castaña le tomó los ojos – Uno Draco, nada más quítate esa maldita obsesión… y nada más.
- Lo prometo – sonrió – Y ahora me voy antes de que Potter haya decido ponerle remedio al asuntó – besó su frente y salió corriendo por la puerta del apartamento.
Hermione se sentó en una silla de la cocina, observando la puerta por la que Draco terminaba de salir, algo le había dicho desde el primer momento que para el rubio aquello no sería más que un polvo, que tenía que detenerlo, pero también sabía que no había manera de hacerlo, era demasiado terco.
- Si entras en esa ducha, te juro que te haré la vida imposible – por el reflejo observó a Malfoy de pie junto a la puerta del baño.
- … - sus mejillas se enrojecieron al saberse completamente desnudo ante el rubio, y sobre todo cuando sus ojos grises le recorrieron de arriba a bajo de aquella manera.
- … - se acercó despacio hasta el y pasó sus manos por el vientre del moreno y comenzó a tocarle descaradamente, cuando sus dedos juguetearon con uno de los pezones Harry se inclinó hacia atrás pegando todavía más su cuerpo – Conozco mejore formas – deslizó la mano por la entre pierna del moreno – de arreglar estos problemas – su mano se aferró con fuerza al miembro de Harry.
- Ahhh…- ladeó la cabeza y el rubio se apoderó del cuello que tenía a su disposición besando, y marcando cada centímetro de la piel que tenía ante él, mientras su mano bombeaba una y otra vez sobre el miembro del rubio.
Respiraba tan rápido, y de forma tan agitada que temía quedarse sin aliento, pero estaba al borde de la locura, las manos blancas del rubio contrastando con su piel, recorriendo su pecho, sus piernas. Los besos por el cuello, los mordiscos en los hombros, y el miembro del rubio apretando bajo aquellos molestos pantalones contra sus nalgas.
- Potter voy a follarte – tembló excitado entre sus manos – aquí, frente al espejo, quiero ver tu rostro cuando te corras – le volteó rápidamente para besarle con desesperación y dejar que las manos ansiosas de Harry le quitaran la ropa y se desplazaran sin ningún pudor por todo su cuerpo.
Le desnudó tan rápido que Draco tuvo que admitir que Potter parecía más ingenuo de lo que era, se devoraron durante un rato, frotándose piel con piel, sudor con sudor, y ¡oh Merlín! erección contra erección. Antes de volverse completamente loco, el rubio volvió a voltearlo, colocándose a su espalda, sacó un lubricante del bolsillo del pantalón y lanzando un hechizo anticonceptivo, untó sus dedos con el denso líquido y recorrió las nalgas del moreno primero hasta llegar a su entrada.
- Mmmmmm – Harry se inclinó sobre el lavabo cuando el primer dedo se movió en su interior, hacia demasiado que no estaba en aquella situación, y podía asegurar que era la primera vez que estaba experimentando aquellas cosas.
- Potter, te juro que no tienes ni idea de cómo me pones… - dijo el rubio posicionándose en su entrada – me moría de ganas por hacer esto.
- AHMMMM – el gritó del moreno resonó en toda la casa, y Draco se acordó de poner entonces un hechizo silenciador.
Comenzó a moverse despacio en su interior, se sentía extasiado, era demasiado bueno, el interior del moreno se apretaba contra su miembro casi le estrangulaba, pero aquello un verdadero placer, a lo que tenía que añadir la maravillosa visión que el espejo comenzaba a darle.
El calor que sus cuerpos emanaban hizo subir la temperatura del baño varios grados, y el vaho se acumuló en el espejo pero Draco podía verlo con el rostro de medio lado, mordiéndose los labios mientras él se clavaba una y otra vez, más rápida, más duro, haciéndolo jadear más rápido, con la espalda arqueada hacia atrás y reclamando sus besos. Harry torció al rostro hacia él y demandó sus labios, atrapados al instante en un beso tórrido y apasionado, lleno de saliva y lengua, se dejaron llevar en el movimiento de sus cuerpos.
- Mmmmmm – Draco deslizó una de sus manos hasta el más que erecto miembro de Harry y comenzó a masturbarlo, de manera lenta, torturándole, agitaba la mano deprisa hasta notar las primeras gotas de presumen, pero después apretaba la base y detenía el orgasmo.
- Mal… Malfoy… por favor… - suplicó Harry.
Pero el rubio estaba disfrutando demasiado, la imagen que el espejo le devolvía, un cuerpo perfectamente esculpido, con la piel suave perlada de sudor, con los músculos tensos producto de la tensión, el rostro enrojecido, los labios hinchados, y el cabello pegado a su frente, era la imagen más excitante que sus ojos había tenido la oportunidad de ver.
- ¿quieres que siga? – le preguntó deteniéndose mientras metía la lengua en su oído - ¿quieres correrte conmigo? – apretó con fuerza la punta de su miembro
- Si…si… por favor si… - Draco sonrió triunfante y salió de su interior para clavarse con más fuerza, justo entonces deslizó con fuerza la mano sobre el miembro del moreno y ahogó un gemido mordiendo su hombro cuando el orgasmo le recorrió todo el cuerpo - Mmmmmm
Harry tuvo que agarrarse al lavabo porque sus piernas le flaquearon tras el maravilloso orgasmo que le había sobrevenido, recorriendo su cuerpo de arriba abajo, se inclinó sobre el mármol del lavabo y Draco lo hizo con él, aun en su interior, recorriendo con su lengua la espalda del moreno, provocándole pequeños escalofríos que hacían que el vello se le erizara.
- Ahora, si que nos vendría bien esa ducha – dijo el rubio retirándose de su interior.
- … - Harry alzó la vista y lo vio tras de él, sudado y sonriente, con la felicidad rondando en su rostro, y entonces se dio cuenta de lo que había hecho, se miró en el espejo, y el alma se le cayó a los pies – Tienes ducha en tu apartamento.
- ¿Qué? – no podía haber dicho aquello, Draco tenía que estar alucinando.
- Que te duches en tu apartamento – Harry ni siquiera se giró se deslizó en el interior de la ducha cerrando la mampara y metiéndose bajo el chorro del agua.
Draco permaneció inmóvil algunos minutos, aquello no podía ser cierto, era él quien daba boleto a sus amantes, no quien recibía el pase fuera de la casa, y mucho menos después de semejante polvo. Observó la figura bajo el agua, quita con la frente apoyada en los azulejos y una mano sosteniendo el peso de su cuerpo también en el alicatado de la ducha.
- Potter… ¿estás bien? – preguntó un tanto extrañado de su propia intención.
- Malfoy, vete a tu apartamento – le dijo en tono neutral
- Pero…
- ¡QUE TE LARGUES! – gritó
Draco atónito recogió su ropa y se marchó vistiéndose escaleras a bajo. Harry golpeó una vez el azulejo con la palma de su mano, después otra, y otra y otra… hasta que desesperado gritó todo lo que su garganta pudo dar de sí. Después se deslizó y se sentó en el suelo, bajo el reguero de agua.
- Lo siento… lo siento… lo siento
Zafiro Potter; ¡Holas! Eleguí al madrid porque uno de mis mejores amigos es del madrid, y me apetecía hacerle la puñeta un rato, jejeje... además los merengues no me gustan mucho, bueno ni los cules, si te consuela saberlo. Yo es que soy del Depor. Poco a poco las cosas van mejorando entre todos... o no... muajajaja. Besis y gracias
