Abrió los ojos y notó que algo no estaba bien. Le costó unos segundos darse cuenta de que no notaba su cuerpo. Todo era blanco a su alrededor. Miró sus manos y estaban ahí, pero no notaba nada. Respiró y pensó en dónde podía estar y qué había pasado. Fue entonces cuando se acordó de Magnus, del ataque por su magia fuera de control, de él abrazándolo para impedir que esta creciese como había pasado en Edom. Se acordó de Edom y pensó por un momento que había muerto y que quizás estaba en el más allá.
'¡Magnus!' Gritó desesperado. '¡Magnus!'
Pero nadie contestó a su llamada. Empezó a andar por el inmenso vacío esperando no encontrarse con un Angel o alguien que le dijese que había muerto. No podía morir, no sin saber si Magnus iba a estar bien.
Corrió pero no había fin a la blanca inmensidad. Volvió a gritar el nombre de su novio y vio una figura a lo lejos. Por un momento tuvo miedo de acercarse, pero necesita respuestas. Fue con paso decidido hacía ella y se dio cuenta de que no era un adulto o un Ángel, sino un niño. Su pelo era negro cual ala de cuervo y estaba vestido con una ropa que Alec no había visto antes. Se acercó y vio como el niño miraba sus manos. Se arrodilló y fue entonces cuando pudo verle la cara y fijarse en los ojos de gato.
'Magnus.' Dijo con cuidado, pues aunque conocía esos ojos no sabía a lo que se estaba enfrentando.
'No puedo pararla.' Dijo el niño tratando de no llorar.
Fue entonces cuando Alec se dio cuenta de la magia que había en las manos de Magnus. Tiras negras rodeando su natural magia azul.
Algo dentro de él le dijo que no debía tocarla, que era peligrosa. Pero ignoró ese sentimiento al igual que lo había ignorado antes. Con cuidado llevó sus manos a las pequeñas manos del niño, pero esté las alejó.
'No.' Dijo pegándoselas al cuerpo. 'Te hará daño.'
Alec se percató de que Magnus no parecía reconocerle.
'No me hará daño.' Dijo con tono dulce, como cuando hablaba con otros niños. El niño le miró y Alec sonrío. 'Confía en mi.'
Magnus pareció pensárselo pero al final estiró los brazos. Alec acercó las manos y dejó que la magia tocase sus dedos, notando las pequeñas punzadas de dolor.
'Tienes que aprender a controlarla.' Dijo Alec, pues no sabía dónde estaba o qué sucedía, pero sabía que tenía que ayudar a Magnus. 'Es parte de ti.'
'Es mala.' Dijo el niño. 'Hace cosas malas.'
Alec asintió y recordó la noche en la que Magnus le contó cómo había matado a su padrastro y pensó si Magnus había sido así de pequeño cuando eso sucedió; si la imagen que tenía delante era una replica de la de esa noche.
'Lo sé. Pero también hace cosas muy buenas.'
El niño le miró con los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas. 'Pero no quiero ser malo. No quiero… no quiero ser un monstruo.'
Alec sabía que no sentía su cuerpo, pero notó como se le paraba el corazón.
'No eres un monstruo.' Cogió las manos del niño con ternura y esperó a que éste se calmase. 'Tu magia es parte de ti. Es maravillosa, capaz de cosas extraordinarias.'
Magnus le miró sin creerse lo que decía. Alec pensó en que necesitaba otra forma de llegar a él.
'Magnus, ¿ves las tiras azules de energía? Tienes que concentrarte y hacer que toda tu magia sea así.'
'¿Por qué?'
'Porque eso hará que te sientas mejor. Confía en mi.'
El niño le miró y Alec conocía esa mirada. No pudo evitar sonreír. Había cosas que el tiempo no cambiaba.
'¿Confías en mi?' Preguntó con una sonrisa.
El niño asintió.
'Concéntrate y piensa en algo alegre.'
'¿Cómo qué?' Preguntó Magnus y Alec no supo qué decir. No sabía si Magnus estaba atrapado en su infancia, pero lo que no quería pensar era que de pequeño no había tenido ningún recuerdo alegre, pues era demasiado doloroso.
'¿Puedo pensar en ti?' Preguntó el niño con inocencia y Alec le miró sorprendido saliendo de su estupor. 'Tu me das paz.'
Alec asintió con un nudo en la garganta y vio como Magnus cerraba los ojos y se concentraba. La magia empezó a cambiar y poco a poco cambió de color hasta que toda fue casi azul. Magnus abrió los ojos y sonrió, orgulloso de casi haberlo conseguido, pero en ese momento la magia explotó, lanzando a Alec por los aires y alejándole del niño.
'¡Magnus!' Volvió a gritar cuando pudo levantarse, pero todo volvía a ser blanco a su alrededor.
Caminó hacia donde había dejado al niño pero no había nadie. Buscó en la blanca inmensidad pero no vio nada. No fue hasta segundos más tarde cuando notó como era empujado contra el suelo. No le dio tiempo a levantarse pues una mano le agarró del brazo y se lo retorció, apretando su cara contra el suelo.
'¿Quien eres?' Dijo una voz que conocía muy bien pero que no tenía el calor y la fuerza a la que estaba acostumbrado. Sonaba joven, apresurada.
'Alec.' Dijo relajando su cuerpo pues sabía que no tenía nada que temer. 'Me conoces.'
'No recuerdo conocer a ningún cazador de sombras.' Magnus no soltó su brazo y Alec pudo notar como Magnus pegaba su otra mano al suelo al lado de su cabeza. Su magia más negra que cuando la vio de niño.
'Me conocerás.' Dijo Alec, el cual pensaba que iba a tener que enfrentarse a diferentes momento de la vida de Magnus antes de encontrar al suyo. 'En el futuro.' Dijo para clarificar. No sabía cuánto decir, pues no comprendía muy bien la situación en la que estaba. Pero si tenia que conocer cada versión de Magnus lo haría.
'¿Qué es lo que quieres?' Preguntó sin soltar el brazo de Alec y este tuvo que respirar para no liberarse del agarre, pues ahora podía notar a la perfección su cuerpo y dolía.
'Quiero que te relajes.' Dijo moviendo la cabeza y queriendo ver esa versión de Magnus, pero no pudo ver mas que una mata de pelo negro más largo de lo que estaba acostumbrado. '¿Me puedes soltar?'
'¿Cómo sé que no me atacarás?'
'Vas a tener que confiar en mi.' Contestó Alec.
A los pocos segundos notó como la presión cedía y movió el brazo con cuidado, dándose la vuelta y mirando esos ojos dorados que tan bien conocía. Magnus seguía encima de él, listo para defenderse en caso de un ataque, pero eso era lo último que Alec tenía en mente.
Magnus de niño había sido adorable, pero Magnus de adolescente no tenía nada de adorable. Alec no sabía cuántos años tendría, pero no podía ser mayor que Clary. Su pelo de media melena estaba medio atado con una coleta, sus ropas sueltas y ásperas. Un extraño collar muy rudimentario colgaba de su cuello y había una cicatriz bastante reciente en su garganta, sin duda de una soga. El estómago de Alec se revolvió al pensar qué podía haberle sucedido a Magnus a esa edad para tener esa marca.
'Dices que me conocerás, pero no has dicho porqué.' Dijo Magnus, el cual le miraba con cierta altanería.
'¿Acaso importa?' Alec trató de recostarse y Magnus le dejó, sentándose en el suelo enfrente de él. Alec le imitó, viendo como sus manos seguían con la magia activa en ellas. La oscuridad cada vez más presente.
'¿Qué quieres de mi?' Preguntó Magnus.
'Quiero que te relajes.' Volvió a repetir Alec. Se fijó en los ojos de Magnus y no pudo evitar pensar qué hubiese sucedido si le hubiese conocido así, más o menos de su misma edad. Era extraño tener delante a la versión adolescente que un día se transformaría en el hombre que amaba. 'Que controles tu magia.'
'¿Por qué quieres que la controle?' La voz de Magnus agresiva. Alec entendió que fuese la época que fuese, la magia de Magnus era un tema delicado. 'Puedo hacer lo que quiera con ella. Puedo crear y destruir.'
Había algo oscuro en la voz de Magnus, algo distinto a lo que estaba acostumbrado.
'¿Es eso lo que quieres? ¿Usarla para destruir?'
'¿Por qué no? Al fin y al cabo ellos me quieren dar caza. ¿Por qué no iba a usarla para defenderme?' Las palabras de Magnus hicieron que su magia con toques cada vez más negros creciese, rodeándole los brazos y subiendo por ellos.
'¿Quién te quiere matar?' Pues aunque Alec no quería saber de la vida de Magnus si este no se la contaba, no pudo evitar preocuparse. Sobre todo dada la forma en la que Magnus había hablado.
'Todos.' Contestó Magnus con honestidad. 'Gente como tu, con runas en la piel. Gente como yo.' Magnus miró sus manos y frunció el ceño. 'Dicen que soy una abominación.'
A Alec se le volvió a encoger él corazón y, aun sabiendo que no debía, cogió las manos de Magnus, notando los pinchazos de dolor. 'No eres una abominación.'
Magnus le miró sorprendido y fue a contestar pero algo cambió en él. Sus pupilas se estrecharon y la negrura creció al rededor de su iris. Alec notó como le cogía las manos con fuerza y sintió dolor. Cuando Magnus habló no era su voz, sino una mezcla entre la suya y la de su padre.
'Es inútil tu cometido.' Dijo Magnus sin pestañear. 'Tarde o temprano sucumbirá y, cuando eso pase, su parte humana, al igual que tu, morirá.'
Alec trató de librarse de las manos de Magnus, pues sabía que era Asmodeus el que hablaba por él, pero no pudo. La cara de Magnus se fue transformando poco a poco, sus venas volviéndose negras, su piel quemándose, transformándose en un ser demoníaco. Alec trató de liberarse, trató de gritar, pero no pudo hacer nada más que notar el dolor en su piel, ver como su novio se transformaba en el ser que siempre le habían dicho que era.
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Alec abrió los ojos y se encontró con el mundo blanco sin fin. Se sentía cansando, como si no hubiese dormido bien. Se puso de pie y empezó a andar, esperando encontrarse con otra versión de Magnus. Cuando se encontró con él, éste tenía el pelo más corto, llevaba ropa de mejor calidad, la mirada perdida en el suelo y tenía las manos manchadas de sangre. Alec respiró y se encaminó a él, sabiendo que se enfrentaría a cuantas versiones de Magnus hiciese falta con tal de llegar a la suya.
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Magnus no conseguía controlarla. No sabía dónde estaba, pues solo veía blanco a su alrededor, pero sabía que no podía estar en ningún sitio físico. Notaba su magia bajo su piel de forma extraña, como cuando había estado en Edom, pero ahora era diferente, pues no quería soltarla, no quería que pasase como había pasado entonces, cuando todo su ser había cambiado y se había convertido en el hijo que su padre siempre había querido.
Miró sus manos y vio cómo su magia era cada vez mas oscura. Respiró y trató de ir a ese lugar en su mente que Ragnor le había enseñado. Trató de meditar pero un gritó rompió su concentración. Se giró y vio a Alec caminar hacia él. Se le veía extremadamente cansado, pero no dejaba de caminar. Magnus corrió a su encuentro justo a tiempo para cogerle en brazos, pues sus piernas cedieron, haciendo que ambos acabasen de rodillas en el suelo.
'Magnus.' Dijo Alec con cautela. Más una pregunta que una afirmación.
'Alexander. ¿Qué haces aquí?'
Magnus vio como Alec sonreía y se preocupó. Alec no podía estar ahí. Debía de ser un producto de su imaginación. Pero el peso de Alec era real, al igual que la energía que sentía al tocarle.
'Te encontré.' Fue todo lo que dijo Alec.
Magnus se recostó mejor en el suelo, apoyando a Alec contra su pecho. Ambos respiraron por unos segundos. Fue entonces cuando Magus se dio cuenta de que no sabía cómo habían llegado a donde estaban.
'¿Qué ha pasado?' Preguntó.
Alec se movió ligeramente en sus brazos. '¿Qué es lo último que recuerdas?'
Magnus hizo un esfuerzo y recordó a Alec diciéndole que su lugar estaba a su lado. Sus ojos.
'Edom. Crear el portal.'
Alec asintió pero Magnus no pudo ver su sonrisa de alivio al oír esas palabras.
'Volvimos a casa. Pero no despertabas. Catarina dijo que era porque no quedaba magia en ti y que quizás debías descansar.' Magnus miró a Alec y vio los ojos de este, el cansancio que había en él. 'A media noche empezaste a convulsionar, tu magia salió libre, pero no la de siempre, sino negra. Como…'
'Como en Edom.' Acabó Magnus, sabiendo que Alec le acababa de confirmar sus miedos.
'Estabas fuera de control, Magnus. Pero no despertabas.' Había angustia en la voz de Alec.
'¿Qué pasó? ¿Cómo hemos acabado aquí?'
'No sé lo que es aquí, pero lo último que recuerdo fue abrazarte.'
Magnus le miró y Alec se movió para mirar a Magnus.
'Pensé que si te tocaba podría conseguir que controlases la magia. Que si notabas mi energía…'
'Alexander, dime que no abriste tu energía cuando estaba fuera de control.' Pues Magnus temía donde estaban si eso había pasado.
'Pensé…'
'¡No pensaste!' Gritó Magnus, notando como su magia crecía poco a poco sin que él pudiese hacer nada. Alec se movió en sus brazos, recostándose.
'Magnus, debes calmarte.' Dijo este, sin inmutarse ante su cambio de humor.
'¿Sabes lo que has hecho?' Dijo Magnus en el mismo tono de enfado. 'Has firmado tu sentencia de muerte, Alec.'
'Magnus…' Alec subió las manos y tocó la cara de Magnus, preocupado al oír como este no le llamaba por su nombre completo. 'Todo va a salir bien. Solo tienes que controlarla.'
Magnus no sabía que sus ojos estaban brillando con ese fuego que le recorría las venas, pues la cara de Alec no era otra que la de amor. No era consciente de que su magia subía por sus brazos, tornando su venas en negro poco a poco. Pero si podía sentir ese poder, como si estuviese de puntillas mirando hacía un abismo y quisiese dejarse caer. Caer era tan fácil. No tenía que hacer nada, solo dejar que la gravedad funcionase.
'Magnus.'
Magnus se fijó en Alec y notó como daba un paso hacía atrás en ese abismo en su mente.
'Es parte de ti.' La voz de Alec dulce. Le cogió las manos y el brujo vio sus venas, su magia, en lo que se estaba transformando.
'Siempre he temido que este día llegase.' Dijo Magnus, sabiendo que no podía ignorar la realidad, no cuando sus almas estaban atrapadas en un plano de la realidad que poco a poco se iba consumiendo. Alec había pasado por algo así cuando había buscado a Jace, pero esto era distinto, pues ahora había ligado su energía a la suya. Y Magnus no sabía si sería capaz de volver en sí, si podía encontrar el camino de vuelta ahora que todos sus miedos habían cobrado forma. 'Pero nunca he querido arrastrarte conmigo.'
Magnus miró a Alec y vio la confianza que había en sus ojos, el amor incondicional. No sabía si era merecedor de ello.
'Catarina está a fuera. No sé cuánto tiempo habrá pasado pero sé que dentro de poco la alarma se activará en el Instituto y vendrán.' Alec se movió, juntándose más a él. 'Magnus, tienes que controlarte antes de que eso pase.'
'No puedo.' Magnus trataba de reprimir las lágrimas, pues estaba lleno de impotencia.
'¿Por qué?'
Magnus no se esperaba esa pregunta y no tenía respuesta.
'Esta magia.' Dijo Alec subiendo sus manos. 'Es tuya. Es parte de ti.'
'Es mi parte más oscura, mi esencia de demonio.' Refutó Magnus.
Alec respiró fuertemente antes de hablar, su tono serio. 'Magnus, eres medio demonio. Es hora de que lo aceptes.'
Magnus abrió los ojos ante las palabras de Alec. Él sabía lo que era, lo había sabido y aceptado hacía muchos años. No necesitaba que un joven nefilim se lo recordase.
¿A quién quieres engañar? Dijo una voz en su cabeza que sonaba muy parecida a la de Ragnor. ¿Has realmente aceptado quién eres o solo has pensado que lo has hecho?
'Sé quien soy. Lo que soy.' Dijo Magnus con voz seria.
'Pues deja de huir de ello.' Dijo Alec.
Hubo un silencio en el que Magnus midió sus palabras.
'No sabes lo que me estás pidiendo.'
'Te estoy pidiendo que dejes de huir.' Dijo Alec. 'Sé lo que es querer negar quien eres, y sé que al final hay que aceptarlo o te acabará consumiendo.'
'No es lo mismo.' Dijo Magnus.
'Lo es.' La voz de Alec subida de tono, pues estaba empezando a perder la paciencia. 'Magnus. Tu padre es un Ángel Caído. Tu eres medio Ángel Caído. La sangre que corre por tus venas lleva fuego del Infierno. ¿Qué es lo que tanto te cuesta aceptar?'
Magnus soltó sus manos y notó como la magia salía de ellas, como quería quemar algo. Nunca había querido enfrentarse a esa realidad, no desde que la había intuido. Siempre había querido pensar que al final del día era como cualquier otro brujo. Había ignorado la llamada de su padre, de su reino. Había aprendido a contener esa parte que le pedía destrucción. Ese fuego que le pedía quemar hasta convertir todo en cenizas.
'En lo que me puedo convertir.' Dijo Magnus poniéndose en pie. 'No comprendes nada, no entiendes lo que es sentir este fuego, esta ira, estas ganas de venganza sobre un delito que no ha sido cometido en mi.' Dio unos pasos atrás, viendo como Alec no se movía pero no dejaba de mirarle. 'Hay una oscuridad en mi que no puedes comprender, que no puedes ni empezar a imaginar.'
'Puede que no.' Dijo Alec. 'Pero sé que no hay nadie con un corazón más puro, más benévolo que el tuyo.' Alec se puso de pie a duras penas, no dejando de mirar a Magnus. 'Sé que no eres el monstruo que temes ser.'
'¿Cómo?' Preguntó Magnus sin acabar de creerse las palabras de Alec. 'Hay tanto de mi que no sabes. ¿Cómo puedes estar tan seguro?'
Alec se acercó a él y aunque Magnus quiso alejarse de Alec no pudo. Alec volvió a cogerle las manos y Magnus notó una mueca de dolor en el rostro del joven. Trató de respirar y relajarse.
'¿Confías en mi?' Preguntó Alec.
Magnus asintió.
'Pues créeme cuando digo que he visto lo suficiente como para saberlo.'
Magnus le miró sorprendido, notando como los ojos de Alec se cerraban, como empezaba a apoyarse en él. Fue entonces cuando recordó lo que Alec le había contado de su experiencia con la runa parabatai.
'¿Cuánto tiempo llevas aquí?' Preguntó, pero Alec no le pudo responder, pues empezó a caerse, perdiendo el conocimiento, y Magnus no tardó en cogerlo en brazos, arrodillándose de nuevo.
'Alexander.'
/
'Está muriendo.' Dijo Catarina, la cual tenía la muñeca de Alec en sus manos y le estaba tomando el pulso al mismo tiempo que controlaba la energía del cazador de sombras con su magia.
'Lleva demasiado tiempo unido a él.' Contestó la otra bruja. 'Si Magnus no vuelve en sí dentro de poco le perderemos.'
'¿Hay algo que podamos hacer?' Preguntó Catarina, mirando a su amiga y viendo como su magia blanca pasaba por la cara de Magnus.
'Me temo que no. Todo depende ahora de Magnus.' Contestó Tessa.
Continuará
Esto no era para nada lo que tenía pensado escribir.
Tengo que ser sincera, yo tenía toda esta historia planeada e iba a ser así pero al mismo tiempo no iba a ser tan intensa y tan psicológica. No sé si esto sigue gustando o no, espero que sí. Al igual que espero que los pocos capítulos que faltan sean de vuestro agrado (y del mío)
