Fic parte del reto Kinktober propuesto por Es de fanfics, en Facebook.
LIBERTAD
Noche VI
~juguetes~
Nada es más aburrido, para él, que viajar en una nave individual saiyajin. Usar una nave nodriza hubiera sido ideal para escoltar a los pequeños aspirantes a soldados de élite, pero sus superiores insistieron en la importancia del acostumbramiento a viajes individuales, sobre todo aquellos de corto trayecto, como el que hacen ahora, pues la hibernación no es más que un gastadero absurdo de combustible si se trata de un viaje tan corto.
Pero qué aburrido esperar mientras tanto, entregarse a una contemplación de la inconmensurable galaxia que a ninguna parte lleva más que al interior de uno mismo.
El esférico es tan estrecho que ni siquiera puede uno estirar las piernas; resulta de lo más incómodo pese a lo confortable que resulta, por lo menos en principio, la butaca. En estos viajes, por el reducido espacio, las actividades a realizar en pos de matar el tiempo se limitan a intentar dormir un poco, concentrarse en algún material de lectura o realizar entrenamientos mentales; Goten ninguna gana tiene de ninguno de ellos. Es que, al mirar lo que se extiende ante sus ojos, lo que refulge de sí mismo es lo que lo inspira, lo único que existe.
El entorno, persuasivo, ejerce su influencia: el estrecho espacio, la intimidad del viaje en soledad, la oscuridad que las estrellas no llegan a doblegar del todo.
El mero pensar en qué estarán haciendo Trunks y Marron mientras él está encerrado ahí, sin lograr dormir, sin conseguir dejar de pensarlos a los dos.
Se contiene, pudoroso: se juró a sí mismo no ceder a tentaciones fuera de los aposentos del Palacio Real, no pensar ni hacer nada que le implique un disfrute que sólo para detrás de la puerta debe dejar.
Pero no puede. En esa estrechez, en esa soledad, en esa oscuridad, no, no puede.
Se reprocha: debe dejar de ser tan dependiente, ¡pero no puede! Los ama demasiado, los necesita cada momento, no tolera separarse de ellos. Es demasiado el amor que contiene dentro de su corazón; reprimir sus sentimientos es imposible, pues es lo que más lo llena, el grupo, la familia, los tres contra el mundo.
Lo que el grupo es: todo cuanto tiene significado en el vasto universo.
La plenitud absoluta.
Agitado, prepara el escenario con urgencia notoria en sus desordenados ademanes, incapaz de tolerar ni la soledad que lo rodea ni el amor que lo desborda: «intercomunicador: sólo emergencias», «pantalla: desactivada», «scouter: apagado». Al terminar de configurar la computadora interna, desliza no sin ansiedad la mano debajo del asiento, donde mantiene su compartimento secreto. Toma el precinto y lo contempla temblando no de miedo, sino por todo aquello que lo excede.
El conservadurismo saiyajin ve al sexo como un medio de reproducción, el acto sagrado de perpetuación de la sangre. Quienes dedican el acto al amor son considerados extravagantes; quienes lo dedican al placer, degenerados. Se considera a sí mismo un poco de ambos y lo hace con orgullo, aunque sabe mejor que nadie cuán discreto debe ser en pos de no perjudicar ni a Trunks ni a Marron. Es por ello que el precinto casi siempre permanece escondido, guardado para momentos especiales, cuando no están ellos junto a él y él precisa contactarse con ellos.
Dentro de los actos etiquetados como «degenerados», hay uno especialmente grave: aquel que implique a la cola saiyajin. El órgano, de vital importancia para la guerra, una herramienta de exterminio ideal, la que más prestigio en las artes violentas ha dado a los saiyajin a lo largo de la historia, es casi tan sagrado como la sangre lo es; es lo que distingue a un saiyajin de quien no lo es. Así lo siente la sociedad, una parte intocable del cuerpo de un guerrero, un área demasiado sensible como para ser ultrajada mediante actos indignos. Pero, como con cada parte de un cuerpo, no a todos les provoca lo mismo.
Ve el precinto en la palma de su mano y la respiración se le desregulariza en lo consecuente. Por el prejuicio social imperante, es algo que aún le cuesta aceptarse, pero también aquello ante lo cual no puede evitar ceder. Es que el descubrimiento había sido un accidente: en una noche donde Trunks propuso un juego en especial, al apretarle la cola con una mano en un arrebato irrefrenable hizo que Goten viera una luz diferente ante él. Le dolía como a todo saiyajin dada la naturaleza sensible de la cola; le encantaba, ya que era más el gusto que ardía de fondo que el dolor superficial lo que destacaba más.
—¿Te gusta…? —le preguntó Trunks casi con sorpresa.
—Sí… —jadeó Goten contra la almohada donde tenía hundido el rostro.
Siguió el regalo: Trunks le dio el precinto la noche siguiente para que explorara la sensación descubierta.
Considerado el juguete sexual más infame de Vegetasei, la herramienta más sucia y digna de lo más ruin de la sociedad, de los centros subterráneos ilegales del placer, es la falta de respeto más grande al poder saiyajin: es el sometimiento absoluto del guerrero, la ofensa a la sangre y al poder.
Es, en realidad, un gusto como cualquier otro. Nada más.
Usarlo es fácil: consiste en colocarlo unos cinco centímetros debajo de la punta de la cola y apretarlo al gusto del portador. Aunque sonrojado, Goten estira la cola y busca ponérselo. Mientras lo hace, recuerda cuando Trunks le pidió que lo usara en él, para probar: terminó suplicándole entre dientes, al borde de un llanto que en Trunks jamás será común, que se lo quitara. No le gustó ni un poco.
Les resulta maravilloso, a ambos, cuánto es capaz de gustarle a él.
Se lo coloca, aprieta, sisea sin poder evitarlo. Se relaja en el asiento, acaricia pudorosamente entre sus piernas por sobre el traje de látex que lo protege; mira la galaxia, y en ella jura verlos a los dos. Violentamente, se baja la ropa del uniforme. Con la mano derecha, pinta sobre su dureza el universo que se imagina.
Está en el lecho, lo iluminan los vitrales rojos. Marron lo ama con la boca; Trunks con la fiereza con la que lo embiste. Una mano del último aprieta su cola con brusquedad explícita mientras Goten jala a Marron hacia él, una vez, dos, mil.
—¿Te gusta, niño masoquista…? —pregunta Trunks mordisqueándole un hombro, la voz ronca y agitada, masculina.
—Me fascina… —exclama Goten en un hilo de voz que retumba en el estrecho espacio que lo encierra.
Se mueve contra Marron al ritmo que Trunks se mueve contra él; escucha la respiración de ambos, la de Marron tapada por lo que hace, la de Trunks desatada sobre su hombro. Se escucha a sí mismo, por sobre todo, agonizando por esta muerte de a tres, por la sublime manifestación de la extravagancia y la degeneración revelándose como lo que realmente son: pasión, simple y llana pasión, la de un grupo donde reina el amor, uno que expresa el amor con el sexo y roza con las manos una forma más desprolija e imperfecta, real por cómo se siente, de la felicidad. Es como correr y correr y correr por un pasadizo oscuro y violento, triste y estrecho, en búsqueda de la luz final, aquella brillando en el fondo, una donde triunfe la exaltación máxima del cuerpo, el corazón, el espíritu.
La verdad.
Corre, y corre, y ve a Marron delante y siente a Trunks detrás, y el precinto aprieta obscenamente mientras su mano se esfuerza por alcanzar la maldita, hermosa, preciada luz al final.
—¡Ah!
Y la alcanza.
Goten cae sobre el respaldo sin más aire ni consciencia, una sonrisa perfecta en sus labios. Retira el precinto, lo guarda y se acurruca de lado contra el asiento.
Cuánto los extraña. Cuánto amor guarda en sí mismo, tal vez el más nítido de los tres por su carácter esencialmente dulce; con cuánta verdad ansía expresarlo. Cuánto ama Goten cuando es fiel a su naturaleza, cuando deja de reprimirse, de llenarse de pudor, en pos de bañarse bajo esa luz celestial que nada de malo, en su belleza absoluta, podrá tener.
Porque Goten es, más que un ser, un corazón, y Trunks es el cuerpo donde funciona, y Marron es el alma que los constituye.
—Hasta mañana… —susurra antes de rendirse ante el sueño con la sonrisa triunfante en los labios.
~Noche VI. Fin~
¡Hola! Este capítulo, que por suerte fui capaz de reescribir luego de que se me borrara ayer (¡gracias por los ánimos!), es el que subo más sonrojada.
Quería tocar algunos asuntos tabú: la cola, que por la serie sabemos lo sensible que puede ser, y la idea de verla como una zona erógena de la anatomía saiyajin. Creo que acá entra en juego el gusto: a algunas mujeres, por ejemplo, no les gusta que les toquen los pechos, incluso les produce dolor ese tacto; a otras, les encanta. ¿Por qué no pensarlo igual con la cola saiyajin? Aunque resulte un poco raro lo que escribí, más en plan investigativo que erótico, me pareció interesante hablar del tema.
Espero les guste y gracias. n.n
«Juguetes» es una de esas temáticas que me dan algo de pudor dentro de las que engloban el reto. No me lo daría de estar publicando esto en Adult Fanfiction, pero acá sí, por el rating y por cierta vergüenza que me produce tocar el tema con el vocabulario que me gusta emplear normalmente. Por eso quise inventar algo que pudiera ser saiyajin, que se entendiera el prejuicio y el pudor hacia el objeto y que Goten pudiera disfrutarlo con libertad, que de eso se trata el reto, del disfrute en libertad absoluta de los tres. Ojalá no haya quedado demasiado mal.
«Para gustos, colores», dice el dicho. De eso se trata este capítulo en especial.
Muuuuuuchas gracias a IsabelCordy01 (mi linda musa), SimpleG (¡también estoy muy feliz de que leas, hermosa!), SilvinLewisDragneel y SteelMermaid por sus reviews. ¡Gracias al apoyo de gente del fandom con el reto! Se los agradezco con el alma.
Gracias por leer, ojos que miran del otro lado de la pantalla.
¡Nos leemos mañana con espejo de por medio! ;)
Dragon Ball © Akira Toriyama
