Este es un capítulo un poco más corto, en un par de días subiré el que sigue...

A no desesperar que casi acaba la historia


Habían pasado ya tres meses desde que Daniel y Regina eran pareja. Siendo que comenzaba el verano las temperaturas comenzaban a subir y junto a ellas la pasión que sentía el uno por el otro.
En todo el tiempo que llevaban juntos era increíble cómo, ni Cora ni Henry, habían sospechado nada, sobretodo siendo que Regina había cambiado mucho desde que estaba con él: ya no era tan ingenua, sabía muchas cosas más de la vida y poco a poco iba reuniendo coraje para enfrentarse a su madre, aunque por el momento no lo había hecho.
"Regina ha estado muy distraída últimamente" dijo una tarde Henry a Cora
"Va a cumplir 18 ¿Qué esperabas?"
"Si, lo sé. Pero esto es diferente"
"¿Diferente en qué sentido? Yo la noto igual"
"Deja, serán sólo imaginaciones mías" dijo al final Henry con desgano.
La realidad es que Regina no estaba distraída, simplemente lo aparentaba, en realidad en esos momentos estaba más que atenta a todo lo que la rodeaba, tal vez por miedo a que la descubrieran.
Por otro lado Daniel quería hacerlo oficial, quería contarle a sus padres, y quería poder pedirle formalmente la mano de Regina a Henry; pero ella siempre decía que era más oportuno esperar otro momento.
"Siempre dices eso, ¿acaso te avergüenzas de mi?" Pregunto Daniel algo molesto por la misma respuesta de siempre.
"Por supuesto que no, ¿por qué dices eso? Daniel yo te amo, pero temo que mi madre..."
"Tu madre no podrá hacer nada para separarnos, yo haré hasta lo imposible para estar junto a ti"
"Lo sé, y yo también por estar a tu lado, a tu lado me siento segura, confiada, alegre; a tu lado me siento completa." Hizo una pausa y continuó "Precisamente por eso quiero hacer las cosas con calma y esperar al momento oportuno."
"Está bien, esperaremos"
La muchacha sonrió y siguió camino con el caballo, pero sabía que Daniel no se había quedado conforme, por lo que estaba dispuesta a compensarlo con algo, alguna cosa se le ocurriría.
Una tarde llego un mensajero del rey con un mensaje para Henry.
"E-es por aquí" dijo Regina al recibirlo, mientras que lo guiaba por la casa hasta Henry.
"Buenas tardes señor Mills, vengo con un mensaje urgente del castillo"
"Hija, déjanos solos por favor" pidió Henry y Regina tuvo que obedecer.
" Ahora sí, procedo a informar una tragedia que ha ocurrido, la reina ha muerto. Me han encargado que le diera la noticia y que le informara que el funeral se realizará mañana y usted está invitado a participar de él, pero sola y únicamente usted, no podrá venir acompañado por nadie."
Henry se quedo paralizado por un momento al escuchar la noticia. Cuando pudo reaccionar agarro un bolso pequeño y puso algo de ropa para el viaje. Tenía que asistir y darle el pésame al rey, sobretodo luego de que le habían invitado.
Luego de despedirse de su mujer y su hija partió junto al mensajero hacia el palacio.
Cora y Regina habían vuelto a quedar solas, y la muchacha que creía saber lo que venía, esta vez se equivocaba.
Al día siguiente, durante la tarde Cora le anuncio a Regina que saldría y que debía cuidar de la casa. Ni bien hubo dicho eso desapareció en una nube de humo morado.
Como no sabía cuánto tiempo tardarían sus padres en volver, aprovechó ese mismo instante para ir a ver a Daniel.
Se acercó por detrás, sin hacer ningún ruido. Ni una mosca hubiera sabido que ella estaba ahí. Se quedó observando a Daniel por un momento. Le encantaba verlo, ver como trabajaba, ver el amor que sentía por los caballos y la delicadeza con la que los trataba.
Era increíble el poder que él tenía sobre ella, es decir, como a pesar de lo que tenía que soportar durante el día con su madre, él lograba sacarle una sonrisa en menos de 10 segundos. Era casi imposible que estuviera con él y no sonriera.
Cuando Daniel se puso a limpiar el último rincón del establo, ella se acercó por detrás, sorprendiéndolo mientras le hacía cosquillas.
El muchacho dio un pequeño grito y comenzó a reír tratando de frenarla y cuando logró sujetarle las manos dijo "¿Así que te gustan las cosquillas?"
"No, no. A mi no…" Dijo ella tratando de alejarse para que no la alcanzara.
"¿Segura? Porque a mí me pareció que si" dijo riendo el muchacho y comenzó a hacerle cosquillas.
Ella dio un pequeño gritito agudo y comenzó a reír "No, no… frena, frena."
"Si quieres que frene dime las palabras mágicas…"
"Por favor Dan, frena" Exclamó ella mientras se retorcía de la risa.
"No, esas no son…" Dijo el muchacho e intensificó el movimiento de su mano.
"Dan, por favor frena de una vez" Siguió riendo ella.
"Solo di que me amas y me detendré"
"Te amo Daniel…" Dijo. Él frenó y ella añadió "Siempre te amaré"
Daniel se acercó a ella y la volvió a besar.
"Y yo a ti, jamás dejaré de amarte Regina Mills, ¿me oíste? Jamás"
Regina se acercó más a él abrazándolo mientras lo empujaba contra una pared y lo besaba.
Si darse cuenta, se vieron a sí mismos sobre la paja, pegados el uno al otro, admirándose de la belleza y perfección de los rasgos de cada uno. Las inexpertas manos recorrían la bronceada piel de él...sus ásperas manos, manos trabajadoras, fuertes, grandes, seguían las líneas de su cuerpo por encima de la ropa. No eran más que un par de amantes jóvenes que juegaban al amor, dejándo llevar sus actos por lo que sentían por el otro.
Pero no todo era sensualidad, había tiernos roces entre ellos, la manera que en él perfilaba su rostro con la nariz aspirando su dulce aroma o cuando ella acariciaba la punta de su nariz y suspiraba profundo al sentirse presa de sus brazos.
Poco a poco el fue desprendiendo los botones de su saco celeste que acostumbraba a usar cuando se dirigía a los establos. Ella le quitó el chaleco y luego la camisa, quedando maravillada al ver su cuerpo. Continuaron con arrumacos al mismo tiempo que él se deshacía de la ropa de ella, primero por el saco, luego las botas. Le quitó la camisa dejándola solo con el corsé.
Permanecieron mirándose por un instante, un instante que parecieron horas.
Cuando él comenzó a desabotonar el pantalón marrón de ella un ruido los trajo a la realidad. Una voz, una mujer llamando. Era Cora, había regresado antes de lo planeado, los había interrumpido a mitad del acto de amor que estaban por realizar, llamaba a Regina, y se dirigía al establo.
"¡Regina!" Gritaba y su voz se hacía cada vez más potente. "Regina como te encuentre otra vez en el establo…" Comenzó a amenazar.
"Está viniendo… volvió antes de lo que yo esperaba" susurró ella muerta de miedo "No puede vernos así"
"Tranquila, vamos… Vístete" Dijo él mientras se colocaba nuevamente su camisa y el calzado así nada más como pudo.
"Me va a ver… Me castigará de por vida… nos asesinará a los dos"
"Tranquila, eh, tranquila… no te encontrará, ven" Daniel la llevó hasta el interior de una caballeriza y cerró la puerta, dejando que se escondiera dentro, previamente haberle dicho que no hiciera ruido.
"¡Daniel!" Vociferó Cora.
"Dígame señora" respondió él como buen empleado.
"¿Dónde está Regina?"
"¿Regina? Bueno, dijo que quería dar un paseo mi señora"
"¿Y por qué Rocinante está aquí?" Preguntó ella desconfiada
"No lo sé mi señora. No quiso llevarlo, me sonó muy extraño de su parte, pero ella es quien manda"
"¿Dijo por dónde iría?"
"No mi señora. Solo dijo que quería dar una vuelta por los terrenos de la estancia."
"Si la ves, dile que la estoy buscando y que quiero hablar con ella"
"Si mi señora"
Cora miró de arriba abajo al mozo de cuadra. En sus ojos se notaba el desprecio que sentía.
Regina en el interior de la caballeriza terminaba de vestirse, rogando que su madre no la descubriera en ese lugar y mucho menos de ese modo. No escuchaba nada de lo que ocurría afuera.
De pronto la puerta se abrió y ella se echó para atrás temiendo lo peor. Al ver que era Daniel el que abría la puerta corrió a sus brazos, tratando de calmarse viendo que el peligro ya había pasado.
"Tienes que ir, tu madre te estaba buscando y no se la notaba muy contenta"
"¿Y cuando lo está? Lo siento Dan, mejor voy a ver qué es lo que quiere"
Se despidieron con un beso y Regina fue a afrontar a su madre, sin tener idea alguna de lo que podía llegar a pasar.