Entrada siete: Los frikis también podemos ser populares

O eso piensa Alfred F. Jones.

No sé si lo he dicho en alguna de las entradas de este blog, pero bueno, lo digo ahora: soy un nerd, un friki.

Sí, normalmente solía ser el blanco de todas las burlas de los matones como Sadik. Al menos en la escuela primaria. Ya cuando entré en el instituto conocí a Iván y desde que me junto con él no me han vuelto a hacer bullying. Bueno, obviando el hecho de que Iván es algo así como un matón. No te pega no te deja en ridículo delante de media escuela, pero puede llegar a ser MUY intimidante (sino que se lo pregunten a Raivis o a Toris. Por cierto, Raivis es un chico que está en un curso menos que el nuestro pero aún así se viene en los recreos con nosotros).

Bueno, esta entrada, con ese título tan peculiar, se debe a que 'me hice amigo' (aún no estoy muy seguro de lo que pasó, y no sé si debería llamarle amigo) de Alfred F. Jones, uno de los chicos 'populares'.

Seguro os preguntaréis, ¿y cómo es que alguien tan nerd como Eduard pudo haberse hecho amigo de alguien como Alfred?

Pues todo fue gracias a Toris.

Estábamos él y yo volviendo de clase cuando el yanqui se puso a hablar con mi amigo (cosa que no me molestó en lo más mínimo. De hecho, aproveché y me puse a escribir la siguiente entrada del blog).

Cuando de repente Alfred vio algo de mi mochila (que iba mal cerrada) y lo tomó rápidamente.

-¡Vaya, tienes el nuevo cómic de Spider man!-dijo y se puso a hojearlo.

-Exacto.

-¿Pero cómo? ¡Si salió hace nada!-exclamó Alfred algo sorprendido (no sé por qué. Estamos en la era de la tecnología, esas cosas se piden por internet y te llegan en seguida a casa).

-Lo compré por internet.

Bueno, un tema llevó a otro y así acabamos, Toris y yo, siendo invitados a una fiesta que Alfred dio anoche en su casa.

La fiesta fue...rara, al menos para mí.

Mucha gente de mi clase vino, y de letras también hubo personas que vinieron. De hecho, Arthur, el ex de Alfred, vino. Fue todo muuuy tenso. Al menos cuando ambos estaban juntos en la misma habitación.

Luego, así de cotilleos hay unos cuantos. Por ejemplo, varia gente se lió pero aún no sé si son parejas oficiales.

Cuando me entere de más lo publicaré, aunque en la siguiente entrada (obviously).

Entrada publicada el 23-1-2015


ELIZABETHA

Han pasado ya dos semanas desde que dejé mi relación con Rodde y la verdad es que no me arrepiento de nada.

A ver, es un buen muchacho y un gran amigo, pero nuestra relación de pareja se estaba yendo a pique... sí, lo mejor desde luego ha sido dejarlo...

Bueno, mejor dejo ya estos pensamientos y me centro en lo que estoy haciendo, que es plancharme el pelo, y como no preste mucha atención más que planchármelo me lo voy a quemar.

Cuando acabo de arreglarme, tomo mi bolso y me voy hacia la casa de Vladimir y Aurel, en donde últimamente paso más tiempo que en mi casa. No porque Vladimir esté trabajando y necesite que yo esté de niñera con Aurel, sino porque entre Vlad y yo ha surgido una extraña amistad. Es algo parecida a la que tengo con Gilbert, pero Vladimir tiene algo más enigmático que ese albino egocéntrico.

-Hola-saludo a Vlad cuando me abre la puerta.

-¿Te has quemado el pelo?-pregunta con una carcajada a modo de saludo. Ruedo los ojos y entro en la casa.

-¿Ahora te da por criticar los peinados de los demás?-pregunto mientras entro en el salón.

-No, solo si es el tuyo y está chamuscado-responde el ojirrojo con una sonrisa.

No respondo nada y me siento en el sofá con cansancio. Llevo varios días en los que no he parado de hacer cosas, y estoy reventada.

-Te noto deprimida-comenta Vladimir sentándose a mi lado-¿ha pasado algo?

-Han pasado, y pasan, muchas cosas-respondo con un suspiro-estoy hasta arriba de trabajos del instituto, por no decir lo mucho que tengo que estudiar. Por otro lado está mi vida social, que se está yendo a la mierda. No sé si lo sabías ya o no, pero Rodde y yo hemos cortado. Luego está el tema de mis amistades. Emma está ahora saliendo con Antonio y parece algo serio. A ver, me alegro de ello, ¿sabes? Pero ya casi ni me habla desde que está con Toño. Maddie cada vez está más rara. No sé que le pasa, pero Sakura y yo estamos preocupadas por ella. El otro día fuimos a hacerle una visita y tenía cara de haber estado llorando, y no parecía muy entusiasmada por que estuviéramos allí... en general todo es un poco mierda...y más que deprimida lo que estoy es cansada.

-Vaya, jamás pensé que alguien tan mediocre como tú tuviese una vida tan ajetreada.-dice Vlad sonriendo con arrogancia, ganándose una mirada de odio de mi parte.-Deberías relajarte un poco. Todo se acabará solucionando, ya verás.

-Eso espero...-digo suspirando. Cierro los ojos con cansancio, sintiendo como Vlad se sienta a mi lado. Me quita el bolso de las manos pero no le digo nada, pensando que querrá algún caramelo o alguna chorrada que siempre llevo.

-¿Qué haces?-pregunto sin abrir los ojos.

-Voy a hacer que tu vida sea un poco más divertida.-responde con cierto deje de malicia en la voz.

Abro los ojos con curiosidad y al ver lo que está haciendo me vuelvo loca.

-¿¡Pero qué haces, maldito loco!?-viendo como se lleva mi teléfono al oído, dispuesto a hablar con alguien, y pidiéndome silencio poniéndose el dedo índice en los labios.

-Calla mientras hablo, pero tranquilízate, es una llamada con número privado.-dice poniendo el altavoz al móvil. No digo nada, aunque no estoy muy conforme con la idea.

-¿Diga?-preguntan al otro lado de la línea. Levanto las cejas al reconocer esa voz como la de Roderich. No sé si reír o colgar la llamada. Al final decido que ninguna de esas dos opciones, prefiero quedarme en silencio y ver qué hace Vladimir.

-¿Estoy hablando con Roderich Edelstein?-pregunta Vladimir con voz en falsete.

-Sí, soy yo-responde él con voz dudosa.

-Me complace informarle que ha sido expulsado de la orquesta del instituto.

Ahogo una carcajada y me llevo las manos a la boca. ¿Se creerá Rodde eso?

-¿Pe...perdona?-pregunta escéptico Roderich.

-Que usted, Roderich Edelstein, está expulsado de la orquesta del instituto. Vaya a la vuelta de vacaciones al aula de música y recoja sus pertenencias para no volver nunca más. Espero que pase unas muy buenas Navidades. Adiós.

Cuando cuelga, Vladimir y yo estallamos en carcajadas. Tenía razón, ha hecho que mi vida sea un poco más divertida.


ARTHUR

No llevamos ni un día entero en el instituto y ya me estoy hartando de todo. Los impresentables que tengo por compañeros de clase no paran de armar jaleo y a este paso el maestro se va a enfadar y va a adelantar el examen, o incluso ponerlo hoy mismo.

En fin, al menos no tengo muchas dificultades con la asignatura, que por cierto es latín. Pero hay gente como Feliciano, quien no para de liarla, que sí que va mal y me voy a reír mucho como pongan examen sorpresa.

La hora pasa lentamente aunque con muchas interrupciones por parte de inútiles. Cuando suena la sirena que indica el cambio de clases me dedico a salir al pasillo para hablar con Sakura. Sin embargo, ella está con Ludwig y Feliciano, sus inseparables amigos. Me dispongo a ir a saludarla cuando de repente alguien se me adelanta y le da un abrazo.

-¡Sakura!-llama/grita Alfred. No puedo evitar mirarle con asco y girarme de brazos, intentando volver disimuladamente al aula, aunque me da curiosidad oír la conversación entre él y mi amiga, así que finalmente decido quedarme.-te estaba buscando.

-Suéltame, Alfred-responde Sakura intentando salir del abrazo-¿qué pasa?

-Era para invitarte a una fiesta que voy a dar este viernes próximo en mi casa.

-Mañana es viernes-dice Sakura una vez que ha conseguido zafarse del abrazo de Alfred.

-Lo sé jejejeje. Ya sabes, estás invitada, mañana a las siete en mi casa-dice con una gran sonrisa-por cierto-dice mirando a Feliciano y a Ludwig-si quereis vosotros dos también podéis venir.

-Gracias-agradece Feliciano con una sonrisa tonta-allí estaremos.

-¡¿Qué?!-grita Ludwig-yo no puedo ir, Alfred.

-¿No puedes o no quieres?-pregunta Feliciano perdiendo la sonrisa y mirandole un poco mosqueado.

-Las dos cosas, en realidad-dice el rubio apartando la vista de sus ojos.

-Bueno, pues vendrás sí o sí-sentencia Feliciano con dureza-estaremos los tres allí, Alfred, cuenta con nosotros-dice Feliciano mientras abraza a Sakura y a Ludwig.

-Por cierto, Sakura, ¿a que no sabías quien más va a venir a mi fiesta?-dice Alfred a mi amiga, cuando de repente repara en mi presencia, inadvertida hasta ahora. Nos miramos incómodos y se produce un silencio muy tenso que Alfred acaba rompiendo.

-Ho-hola, Arthur, ¿cómo estás?

-Perfectamente, sin tener que relacionarme cada maldito día de mi existencia contigo.-respondo con frialdad.

-Ah, va-vale. Por cierto, mañana por la noche doy una fiesta en casa y si quieres puedes venirte.-dice Alfred con dificultad, algo intimidado con mi actitud. No respondo nada y, echándole una última mirada fría, vuelvo al aula.

Cuando acaba el cambio de clase me vuelvo a mi sitio y respiro hondo varias veces para no ponerme a llorar delante de todo el mundo.¿Cómo se atrevía ese idiota a tratarme así, como si nunca hubiésemos tenido una relación? ¡Maldito gordo estúpido! Mientras escucho las aburridas palabras del maestro de filosofía siento como una algo pequeño impacta en mi espalda. Me giro y veo que es una pelotita de papel. Busco a ver quien ha sido el desgraciado que me la ha tirado y no tardo mucho en encontrarlo. Francis. Ruedo los ojos cuando nuestras miradas chocan y me giro hacia delante, ignorando al francés, cosa que me resulta casi imposible ya que el bastardo no para de tirarme más bolitas. Me giro otra vez mirándole con asco, y él me señala hacia abajo, hacia las pelotitas, indicándome con la mano que las lea. No tengo nada mejor que hacer, así que cojo una bolita y la leo:

"¿Estás bien? Antes parecía que ibas a llorar..."

¿Qué demonios le importa al idiota ese si estoy bien o dejo de estarlo? No es asunto suyo, por lo que decido pasar de él el resto de la hora.

Cuando acaba la clase, que se me ha hecho eterna, Francis no tarda en venir hacia mi y acosarme.

-Vete-le digo nada más verle, sin darle tiempo a abrir siquiera la boca.

-¿Me dejas al menos preguntarte por qué no me respondes a las notitas que te he enviado?-pregunta Francis frunciendo un poco el ceño, pues odia que le ignoren (así que sonrío mentalmente, pues me encanta fastidiarle).

-Primero, no tengo por qué responder a nada tuyo. Segundo, en el hipotético caso de que te hubiese respondido, el maestro me habría pillado y toda la bronca me la habría llevado yo.-respondo recogiendo mi material, ya que filosofía era última hora.

-Bueno...-dice Francis-¿qué te parece que te acompañe a casa?

-¿Qué te parece si te digo que no?-pregunto saliendo del aula, y cómo no, el maldito francés me sigue.-además, tu te vas con tus insoportables amigos, ¿o te has enfadado con ellos y por eso vienes a mi a buscar consuelo?

-Te voy a acompañar te guste o no.-dice Francis con resolución.-necesitas desahogarte. Y no, no me he peleado con nadie.

-¿Desahogarme de qué?-pregunto sin mirarle, saliendo del instituto.

-De tu ruptura con Alfred.

Vale, ya me está empezando a tocar lo que no debe.

-Escúchame, imbécil.-digo girándome hacia él-no te necesito, y menos para desahogarme de algo que no te incumbe para nada, así que te agradecería que dejaras ese tema y ya de paso, me dejaras a mi en paz.

-Claro que necesitas desahogarte, mon amour.

No le respondo esta vez, pero me pongo a caminar a paso rápido, realmente enfadado ya. Y cómo no, el imbécil ese me sigue.

Cada vez camino más rápido hasta que finalmente corro, y el maldito pervertido me sigue siguiendo.

-Espérame-grita el maldito, quien me está alcanzando.

Paso completamente del francés y sigo andando a paso rápido.

-¿Sabes?-escucho su voz demasiado cerca y decido subir el ritmo hasta que escucho lo que dice-Los libros de ESDLA no son tan buenos.

Paro de golpe, tan de golpe como para que se choque contra mi, para mi completo disgusto.

-¿Acabas de insultar a LA saga de libros, gabacho?

-Claro que no-sonríe con esa estúpida sonrisa de suficiencia-solo digo que no son tan buenos como dices, es decir, son demasiado lentos. Se tiran más de medio capitulo solo hablando del tono de verde de los árboles.

-Pues eres completamente estúpido-vuelvo a darle la espalda, total, no me merece la pena seguir hablando con él.

-¡Oh, venga ya! No seas así, si tampoco pienso que sean malos.

-¿Entonces por qué lo dices?-vuelvo a pararme delante de esa estúpida sonrisa. Dios ¿acaso no tiene otra expresión en el rostro?

-Te has parado.

-Idiota-voy a seguir andando pero no me deja.

-Diría que soy tu idiota, pero no quiero que me pegues, mi rostro es lo demasiado hermoso para eso.

Creo que el odio tiene que notarse a través de mis ojos.

-Vale, tonterías aparte. ¿Vas a desahogarte ya o vas a hacerme seguirte hasta tu casa?

-NO vas a seguirme hasta casa, nadie va a hacerlo y tú menos que nadie-debería seguir andando pero no se por qué, sigo parado.

-¿Con tan malos ojos me ves como para no querer desahogarte cuando lo necesitas?

-Francis, métetelo en la cabeza. NO NECESITO DESAHOGARME-le grito. No me gusta gritar, pero es que me desespera.

-¿Estás seguro? Pues estás llorando-dice, mientras intenta poner la mano en mi mejilla. Mano que le quito de un manotazo.

-No me toques, idiota y no estoy llorando-le digo mientras toco mi mejilla. Para mi sorpresa hay una lágrima en ella.

-Pues deberías ir al médico, te gotean los ojos. Vamos, Arthur, es normal que lo pases mal después de una ruptura y sobretodo si llevabas tanto tiempo en esa relación.

-No estoy mal-el francés levanta una ceja-o eso intento... de verdad, intento no estar mal-no sé por qué, pero una vez empiezo a hablar.

Al final, acabo contándole cómo fue la ruptura. Francis me escucha sin hacer ningún comentario. De repente, y sin venir a cuento, se acerca a mi y me abraza.

Por un momento pienso en apartarle de un empueón, pero sin saber cómo ni por qué, acabo devolviéndole el abrazo.

Estamos un rato abrazados hasta que por fin dejo de llorar y me separo, limpiándome las lágrimas de los ojos.

-Alfred tal vez tenía razón, Arthur.-dice Francis.-últimamente la cosa estaba mal, y lo sabes. Lo mejor ha sido dejarlo para no estropear vuestra amistad.

-Él ya no es mi amigo.-digo enfadado nada más oír esa falacia.

-Claro que lo es.-dice Francis con una sonrisa-solo que estás enfadado con él, pero sigue siendo tu amigo.

Decido no responder a eso, ya que por más que ese pervertido diga que Al sigue siendo mi amigo, yo sé cual es la verdad.

-Bueno, me voy.-digo cuando llegamos a la puerta de mi casa.

-¿Vas a ir a la fiesta?-pregunta Francis antes de que yo me vaya.

-¿A qué fiesta?-pregunto con el ceño fruncido, aunque supongo que se refiere a la del cerdo ese.

-A la de Alfred-responde Francis.

-No lo creo.-respondo girándome, dispuesto a entrar a mi casa, pero Francis me coge el brazo antes de seguir caminando.

-Espera, Arthur.-me pide serio-deberías ir. Quizás un poco de diversión te ayude a superar la ruptura.

-Ya veré.-respondo simplemente y entro a casa.


ALFRED

A hora y media que de comience la fiesta sigo sin haber preparado nada aunque al menos lo tengo todo comprado y las bebidas en el frigorífico enfriándose pero es que el sofá es demasiado tentador como para levantarme, así que sigo jugando un rato más al Super Mario Bros en la Nintendo.

Cuando un pez gigante decide comerse a Mario a traición, apago la pantalla, evitando ver el cartelito en el que pone Game Over. Odio ese cartel.

Dejo la Nintendo a un lado y bajo las piernas del respaldo del sofá, dejando que la circulación vuelva a ella.

-¡Maddy! ¿Te apetece ayudarme con los preparativos de la fiesta de esta noche?-grito para que me escuche desde el piso de arriba.

En vez de una contestación lo que escucho son unos pasos, veo asomar una cabeza rubia por la escalera.

-¿Fiesta? ¿Qué fiesta, Alfred?-pregunta, levantando la voz lo justo como para que pueda escucharla pero sin gritar.

-Pues la fiesta que voy, bueno vamos, a dar hoy en casa aprovechando que mamá y papá se han ido a casa de Uncle Gladys ¿No te lo dije?-pregunto, con una sonrisa.

-Pues no, Al, no me dijiste nada sobre ninguna fiesta-dice my sister aún sin subir el tono de voz, pero comenzando a bajar las escaleras de forma tranquila, como lo hace todo siempre-pero no cuentes conmigo, no me gustan las fiestas, y menos las que tú organizas, que parecen propias de un adolescente estadounidense.

-Maddy, I'm an American teenager. Además, mis fiestas son legendarias, no puedes decir que no te gustan-digo, levantandome del sofá.

-Me da igual, no me gustan y no puedes obligarme a participar en ella-contesta, tan terca como siempre-además, seguramente acabaréis todos borrachos y jugando a juegos estúpidos.

-¿Y qué piensas hacer? ¿Encerrarte en tu cuarto?-me río por lo patético que suena eso.

-Es posible-se gira y se va, subiendo las escaleras. Cuando escucho la puerta cerrarse decido olvidarme un rato de ella y comenzar a prepararlo todo.

A las 10 y 15, es decir, 15 minutos antes de que comience a llegar la gente ya está todo colocado en su sitio y yo arreglado. Me dejo caer de nuevo al sofá (que ahora está junto con el resto del mobiliario del salón en una de las paredes del salón para que no estorben) y hago un repaso para cerciorarme de que no falta nada por poner.

Los platos con los bocadillos y patatas está repartidos por toda la sala para que todo el mundo tenga algo a mano, los vasos (de plástico, al igual que los platos) están justo al lado de los refrescos. El hielo está en una nevera portátil debajo de una de las portátil está conectado a los altavoces del Home Cinema y la lista de reproducción está puesta, solo falta darle al play y lo más importante: todas las botellas de bebidas alcoholicas estás apiladas y bien visibles. Hay alcohol de todas las clases que se me han ocurrido, desde botellas de mojito y tinto de verano hasta el tequila. Esta botella, que no es la única que tengo, está rodeada de vasos de chupitos y platitos con puñados de sal y rodajas de limón.

Como está todo en su sitio y todavía quedan varios minutos antes de que llegue la gente decido subir para ver si soy capaz de hacer entrar en razón a Madeleine.

Toco en la puerta antes de hablar.

-Maddy ¿de verdad te vas a quedar encerrada toda la noche?-tengo que esperar un poco antes de que llegue la respuesta, amortiguada por el sonido de la puerta.

-Sí ¿algún problema?

-¡Pues claro que hay un problema!-abro la puerta para encontrarla sentada en la cama, apoyada en la pared y leyendo un libro-¡No puedes ser así de aburrida y asocial, Madeleine! Va a venir todo segundo de bachiller y tú te vas a quedar aquí, encerrada.

-Ya te lo he dicho, Al, no me gustan la fiestas. Hay demasiada gente, demasiado ruido y demasiado alcohol-deja el libro sobre sus piernas, marcando la página por la que se ha quedado leyendo con un dedo.

-¡Pero si hasta va a venir Sak! ¿Cómo podemos ser hermanos? Si ni si quiera pareces una adolescente. Te tiras las tardes aquí encerrada, leyendo ¿eso es vida?

-Si ser adolescente es emborracharse todos los sábados prefiero no serlo, la verdad.-vuelve a levantar el libro, dejando de prestarme atención.

-Dios, eres increíble.-en ese momento suena el timbre, así que cierro la puerta del cuarto de mi hermana de un portazo-¡Pues que sepas que al final el asesino es el mayordomo!

-No hay asesinos en La metamorfosis--escucho su voz a través de la puerta.

-God, es aburrida hasta para leer.-digo para mi antes de plasmar una sonrisa enorme en la cara y abrir la puerta.

-¿¡DÓNDE ES LA AWESOME FIESTA!?-el albino entra sin esperar si quiera a que me aparte de la puerta.

Francis, Antonio y Emma son algo más educados y por lo menos me saludan antes de entrar, aunque sus saludos se pierden entre el sonido de la música que acaba de encender Gilbert.

-¿Sabeis por dónde andan los demás?-pregunto a voz en grito.

-Viene de camino la mayoría-me responde Emma también gritando-no creo que tarden mucho más en llegar.

-Mes amis ¿sabeis qué es el juego de 7 segundos en el paraíso?-pregunta el francés, llevándose una patata frita a la boca.

Antonio y yo negamos con la cabeza, pero Emma asiente, y parece bastante ilusionada.

-¿Qués os parece si jugamos esta noche? Las reglas son sencillas ¿verdad, Emma?

-¡Yo lo apoyo!-grita la rubia, asintiendo varias veces con la cabeza-pero ¿a qué nivel tienes pensado llegar, Fran?

-Eh, eh, nosotros también queremos saber de qué va el juego-interrumpo, señalandonos al español y a mi.

-Oh, las reglas son muy sencillas ¿puedo explicarlas yo, Fran?-sin esperar la respuesta comienza a explicar en qué consiste el juego.

-Se juega poniendo todos los nombres de los participantes en un bol y todos los niveles en otro. Luego, una mano inocente va sacando tanto las parejas como los niveles. El primero en salir es el secuestrador, y el segundo el secuestrado, aunque eso suele importar poco al final. Bien, la cosa está en que el secuestrador se lleva a su victima a un sitio pequeño y oscuro.

-Generalmente se usan los armarios-interrumpe Francis, pero después hace un gesto con la mano para que continúe la chica con la explicación.

-Sí, bueno, pues en ese sitio el secuestrador le hace lo que quiera a la victima durante 7 minutos-termina ahí de explicar.

-¿Y qué es eso de los niveles?-pregunta ahora Antonio, que parece bastante interesado en el juego.

-Hay distintos niveles, desde el 1, que son solo caricias, hasta el 7, en el que se vale absolutamente todo.-el rubio no puede evitar poner una cara un tanto pervertida mientras lo explica.

-¿Qué? ¿Os apetece jugar?

-Yo por mi sí.-contesta el castaño.

-¡Contad conmigo!-grita Gilbert desde algún lado de la sala que no logro determinar. Ni si quiera sabía que había estado escuchando.

Todos se giran hacia mi, esperando mi respuesta.

-Sí, por qué no.-respondo al final.

A los pocos minutos de que nos expliquen todos los niveles y las distintas formas para determinarlos, que parece que dependen de quién organice el juego, en este caso Francis y Emma, los demás invitados comienzan a llegar.

Son las 11 de la noche y esto no ha hecho más que empezar.


TOÑO

No sé muy bien cómo es que todos hemos sido arrastrados a jugar al Yo nunca, la cosa es que aquí estamos todos, en el salón cerrados en un círculo y rodeados de vasos con distintos licores de sabores.

Sin duda el que está más animado por el juego es Alfred, que no para de dar botes aún estando sentado, aunque también puede ser que vaya medio borracho.

-Muy bien-interviene mi novia-¿Todos sabéis jugar?-pregunta, mirando directamente a Sakura y al chaval ese que siempre va con el portátil, que ahora mismo no recuerdo como se llama.

-No-dice la asiática-solo tengo una idea, pero no estoy segura de las reglas.

-Pues verás, Sak-empieza a explicar Feliciano antes de que Emma abra la boca-tienes que decir algo que nunca hayas hecho, y quien sí lo haya hecho bebe.

-Eso es-sigue Fran-pero como muchas veces la gente se queda sin ideas, lo que podemos hacer es no seguir ningún orden, a quién se le ocurra algo que lo diga y ya.

-¿Y si solo se nos ocurre algo que sí hemos hecho?-pregunta Victoria, la verdad es que no entiendo por qué está aquí, quizás conociera a Heracles de algo, ya que llevan toda la noche juntos.

-Bueno, pues bebes tú también y listo, tampoco vamos a complicarnos demasiado la vida.-interviene Alfred ahora, que parece ansioso por empezar a jugar.

Cuanto todo el mundo lo tiene las reglas claras (aunque varias nos las acabamos de inventar sobre la marcha) empieza el juego en sí la primera persona en decir algo es Govert.

-Yo nunca he conducido borracho.-dice el rubio, mientras observa quién bebe y quién no.

Los primeros en beber somos Francis, Gilbert y yo, que nos miramos y nos reímos. Después de ver cómo hemos bebido los tres sin ningún miedo la gente comienza a soltarse. Beben también Emma (cosa que yo ya sabía), Ivan, y para sorpresa de todos Arthur.

-¡Cejas! ¿tú conduciendo borracho? o mejor ¿tú con la suficiente vida social como para emborracharte?-le digo al rubio, buscando picarle un poco, ya que lleva una noche demasiado tranquila.

-¿Antonio formando dos frases coherentes seguidas? Esto sí que es un milagro.-responde el ojiverde con una sonrisa de suficiencia algo afectada por el alcohol.

-¡Haya paz!-grita Francis-¿quién sigue?-pregunta antes de que hable Heracles.

-Yo nunca he robado algo con un valor superior a 10 euros.

Esta vez la gente bebe más rápido: Arthur de nuevo, Gilbert, Chiara, Roderich, Govert y Eli beben.

-¿Qué?-comienza a hablar Roderich, con la voz bastante pastosa-no hace falta desperdiciar el dinero si nadie mira.

-Yo nunca tuve sexo (o algo parecido) en un lugar público-dice Ivan antes de que nadie le conteste al pelinegro.

Con esta pregunta no mucha gente bebe: Francis y Emma son los únicos. Y por una vez en mi vida soy capaz de detectar un "cambio en el ambiente", como lo llaman. Vamos, que noto la mirada de odio que Govert le echa a Emma, a la que ella contesta tirandole un beso. Sé que es de broma y para picarle, ya que son ex0, así que no me preocupa y lo de Em ya lo sabía, no es nada nuevo.

La gente comienza a lanzarse, y las preguntas ya comienzan a ser más seguidas.

-Yo nunca negué un beso-dice Roderich, al que ya se le están comenzando a subir los colores por el alcohol.

Con esta bebe tanta gente que no soy capaz de verlos a todos, a quien sí que veo claramente beber son a Ludwig y a Chiara.

¿Eso significa que la morena ha rechazado a alguien? A lo mejor se le ha declarado gente, no es de extrañar ya que es bastante guapa, es más, antes de empezar a salir como Emma estaba coladito por ella ¿Y si ella está saliendo con alguien ahora? Eso significa que he perdido la oportunidad que tenía de estar con ella ¿Por qué me pongo celoso? Si ella ya ni si quiera me gusta, yo quiero a Emma, por algo estamos saliendo ¿no?

-Lud, no me digas que tú has rechazado el beso de alguien. Que fuerte me parece, y yo que pensaba que eras algo así como un oso amoroso. Todo abrazos, besos y achuchones.-dice Feli mirando con una mirada asesina que parece copiada a la de su melliza.

Ludwig mira a Feliciano y determina que no tiene que hacerle caso porque está borracho así que vuelve a prestar atención al resto de los jugadores.

-Yo nunca me he insinuado para conseguir algo sin intención de follármelo-grita de repente Gilbo mientras se ríe y se lleva el vaso a los labios.

Los jugadores nos quedamos asimilando la oración antes de ver si bebemos o no. Yo no estoy del todo seguro de lo que quiere decir pero tengo sed, así que bebo un largo trago.

-Yo nunca me acostaría con alguien por 20.000 €-dice Feliciano, casi sin esperar a que termine de beber.

Suena una carcajada general y bebemos casi todos, son 20.000 euros, con eso seríamos ricos. Como no es de extrañar todos los que admitieron haber robado beben, todos menos el Cejas, también beben Feliks, Ivan e incluso Sakura se lleva sutilmente el vaso a los labios.

-Yo nunca he estado enamorado de mi compañero/a de mesa-dice Eli, y aunque ella bebe duda durante un segundo que no pasa desapercibido para Roderich, su antiguo novio y compañero de mesa, quién directamente no bebe hasta que no han bebido todos los demás, como haciendo esperar a Elizabetha.

Ludwig y Feliciano beben y tengo entendido que se sientan juntos, aunque no tiene por qué haber sido este año.

Emm y Natasha también beben, aunque esta última más que tragarse el alcohol parece a punto de escupírselo en la cara a mi chica.

Bebe Victoria, pero no tengo ni idea de con quién está sentada en su instituto.

Y beben también Sakura y Heracles, que se miran mientras beben, es solo un momento, pero lo vemos todos. Prácticamente ha sido como una declaración pública que, aunque el griego parece no haber notado, hace que la japonesa se ponga completamente colorada.

-Yo nunca he experimentado para ver mi orientación sexual-dice la ex de Francis.

La primera en beber es Emma, seguida muy de cerca por Fran, pero no son los únicos en beber, beben también Ivan, su hermana, Eduard, Feli, Alfred... pero de quien todos estamos pendientes ni si quiera hace amago de llevarse el vaso a los labios.

-¿Qué?-salta Feliks-¿acaso tengo monos en la cara? No bebo porque a diferencia de vosotros, panda de inútiles, yo siempre he tenido claro que me gustan los penes. Osea, eso es fácil de saber.-sigue el polaco, con una sonrisa de Cheesire.

-Yo nunca he hecho un streaptease.-sigue el americano, aunque aún está mirando a Feliks entre temeroso y orgulloso-en serio, no sé bailar de forma sexy y menos si tengo que quitarme ropa mientras. Una vez lo intenté y casi me abro la frente cuando me tropecé con los pantalones.

Suena otra carcajada general, la verdad es que no es difícil imaginarse a Al en una situación de ese estilo. Con la risa se me olvida mirar quién ha bebido. ¿Habrá bebido Chiara? A lo mejor sí que ha hecho alguno... ¿a su novio, quizás? Aunque debería preocuparme más por si ha bebido Em o no, ella es mi novia, no Chiara.

-Yo nunca he hecho piarda-interviene Sakura que, junto con Arthur, Ludwig y Eduard son los únicos que no beben.

-Yo nunca he sido infiel-dice el Cejas.

-¿Estás seguro de eso, mon amour?-pregunta Francis, a quien le brillan los ojos como si estuviera enfadado, o eso o dolido.

-Claro que estoy seguro, you pervert, no todos somos unos puteros de tres al cuarto, como tú.-contesta Arthur.

-¿Sabes que los besos son considerados como cuernos?-vuelve a atacar Fran. No sé a dónde quiere llegar a parar, pero tampoco pienso detenerle.

-Claro que lo sé, git, pero eso no significa que yo haya puesto los cuernos.

Antes de que esto se convierta en una pelea peor decido intervenir con lo primero que se me viene a la mente:

-Yo nunca he sentido asco al tener relaciones con alguien-pero, como no, mi subconsciente me traiciona ya que a eso llevo dándole vueltas ya un tiempo, el otro día me puse a pensar en todas las personas con las que ha estado Emma y me di cuenta de que eran bastantes (que yo sepa) y esa noche fuimos a hacerlo y me encontré pensando en toda la gente con la que lo habría hecho antes que conmigo. No fue nada agradable, la verdad.

Aún así no bebo, todavía estoy lo suficientemente sobrio como para darme cuenta de que eso solo me va a acarrear problemas.

-Yo nunca me he hecho fotos en ropa interior o desnudo-dice Toris, al que ni si quiera había notado aquí hasta este momento.

-Espera, espera ¿hacerse una foto en bikini cuenta como ropa interior?-pregunta Natasha.

-Sí-dice Toris, con quien ahora ella tiene bastante confianza.

Si tenemos en cuenta los bañadores yo creo que todos nos hemos hecho alguna foto "en ropa interior" aunque claro, así pasa desapercibido quién se la ha hecho desnudo.

-Yo nunca me he enamorado de nadie por internet-vuelve a intervenir Eli.

Esta vez solo bebe una persona, aunque lo hace muy seguro de sí mismo. Al final Eduard va a tener cojones y todos, eso no es algo que admita todo el mundo.

-Yo nunca He jugado al streap pocker-dice Feliciano, aunque bebe después de decirlo. Muchos de nosotros también bebemos, pero me fijo en que Chiara bebe, osea que alguna vez ha jugado a esto. También beben Toris y Feliks ¿habrán jugado juntos? ¿Y si resulta que a quien le negó el beso Chiara es a Toris? Él parece que está enamorado de Natasha, pero quién sabe...

-Yo nunca dije un "te quiero" sin sentirlo-la voz de Fran me saca de mis pensamientos. Cuando lo dice Arthur clava sus ojos en los de él, como intentando descifrar un código altamente secreto o algo parecido, pero Francis aguanta la mirada de manera estoica, mirada que se mantiene aún cuando Gilbo interviene.

-Yo nunca he sido sacado a patadas de un bar-grita el albino. Con esto beben 4 personas que no me sorprenden: Ivan, Feliks, Govert y el mismo Gilbert.

-Yo nunca he tenido sueños eróticos con nadie de los que está jugando a esto ahora-ahora es el turno de Eduard, que parece que esta noche se está lanzando.

No puedo evitar buscar con la mirada a la persona a la que llevo observando todo el juego y sí, Chiara bebe. Es decir, que Chiara ha soñado con alguien de aquí ¿Con quién habrá sido? Fran es bastante guapo y Gil tiene una especie de imán para las chicas, Toris es su amigo desde hace bastante tiempo, Heracles, Govert, Ivan, Ludwig, Arthur, Alfred... hay tantos chicos aquí. Seguro que está enamorada de uno de ellos y no puedo hacer nada para evitarlo. Mierda

-Yo nunca voy a dejar de recordar a mi primer amor-por un momento me siento mal, ya que ha hablado mi novia mientras yo me lamentaba por que otra chica tiene novio, pero luego analizo la pregunta y me doy cuenta de que, claramente, no va por mi, sino que va por...

-Govert ¿no piensas beber?-pregunta la rubia a su ex.

-¿Te piensas, acaso, que si bebo va a ser por ti?-pregunta el rubio, como respuesta. La tensión se palpa en el ambiente y durante unos segundos solo se miran. Todos nos olvidamos de beber.

-Yo nunca he tenido fantasías sexuales con alguien que está aquí presente-se escucha la voz de Chiara.

-¿Pero tú no has bebido antes con lo de los sueños, sorella?-pregunta Feliciano.

-Pero no es lo mismo pensar que soñar-se defiende ella.

-Pues yo creo que sí-sigue, testarudo su mellizo.

-Y yo te digo que no. Venga a callar y a beber.-termina la discusión la italiana, empujando el baso a los labios de su hermano, que bebe por obligación.

-Yo nunca he tenido relaciones con la pareja de alguien que está aquí presente.-dice Natasha, con su voz fría como el hielo.

Ya quedamos bastante pocos jugando, la mayoría se ha rendido y ahora están por otras zonas de la casa o están bailando aquí al lado nuestro, aún así Emma bebe y eso me hace volver a pensar en lo que pensé el otro día ¿con cuánta gente estoy "compartiendo" a Emma?

-Yo nunca me he olvidado de haber tenido relaciones con alguien una noche.-dice, para mi sorpresa por el tema, Ludwig.

Bebemos casi todos, entre los que me incluyo ¿para qué voy a mentir? además, estoy ya bastante mareado como para pensar en si beber aquí me deja mal o no.

-Yo nunca he follado con nadie de los que está jugando a esto ahora.-dice Feliks, arrastrando un poco las vocales.

-Pero bien que te gustaría ¿eh?-le dice Gilbo, riéndose.

-Contigo el primero, guapo.-le responde el polaco mientras le sopla un beso y le guiña un ojo.

-Yo nunca he besado a alguien del mismo sexo.-interviene Govert, supongo que temiendo cómo se pueda tomar Gilbert lo que ha dicho Feliks.

Los que beben aquí no son sorpresa para nadie, los gays, las lesbianas, los bis y los que han experimentado con su sexualidad.

-Yo nunca he tragado semen.-suelta de repente Francis, como quien habla de que está lloviendo. Todos nos miramos y nadie hace nada... al principio.

Como no, Emma es la única en beber, aunque Feliks ha hecho un amago, o eso me ha parecido ver por el rabillo del ojo. Cuando mi novia bebe me guiña el ojo, pero más que otra cosa siento repulsión, aunque sé que no debería.

-Yo nunca he mentido sobre mi preferencia sexual para evitar una cita.-dice el polaco, aunque después bebe-bueno, no fue exactamente una cita, era un tío que me entró en la disco, pero como que era demasiado feo y no.

-Dios mio. Me da vueltas la cabeza.-dice Alfred, que acaba de beberse de un solo trago uno de los vasos-¿qué os parece una última pregunta y un descansito?

Los pocos que hemos aguantado hasta el final del juego asentimos, supongo que unos más borrachos que otros.

-Yo nunca mentí en este juego.-dice Alfred, justo después de rellenarse el vaso con las manos temblorosas y beber. Aunque no es el único, todo bebemos. Es decir, que todo el mundo ha escondido cosas durante el juego.

Tras apurar el vaso hasta el fondo me tumbo en el suelo, y una chica se me apoya en el pecho, por un momento deseo que sea Chiara, pero no, es Emma.

En serio ¿qué me pasa con la italiana? Ese tema ya lo tenía más que olvidado ¿o no?


SAKURA

He de reconocer que la fiesta no está tan mal como pensaba. A ver, no pensaba que fuese a ser un completo desastre pero... no sé, no esperaba pasármelo tan bien. Tal vez sea por que llevo todo el rato hablando con Heracles. Feliciano tiene razón, creo que me gusta, y Alfred ya es agua pasada.

Después de la indirecta directa que Elizabetha ha hecho, diciendo "yo nunca me he enamorado de mi compañero de mesa" y sólo él, Emma y yo hemos bebido, creo que ha quedado bastante claro que yo le gusto y él me gusta. Oh, me sonrojo solo de recordar ese incómodo pero a la vez romántico momento.

-Sakura, ¿estás bien? De repente te has puesto muy colorada.-dice Heracles, interrumpiendo lo que estuviese diciendo (que ahora mismo no sé que era, pues estaba perdida en sus ojos verdes que recientemente me he dado cuenta de que me encantan).

-¿En serio? Será que hace mucho calor aquí dentro. Voy a ir al baño a echarme agua-digo mientras me río idiotamente.

¿Pero qué demonios me pasa?¿Por qué me comporto como una quincerañera enamorada? ¡No estoy enamorada! ¿O sí? en el yo nunca he dejado claro que sí que lo estoy...pero es que todo esto me da mucha vergüenza.

Voy caminando alegremente hacia el salón, donde está Heracles, y... siento como si se me rompiese algo en el corazón.

Heracles está hablando con una Victoria animadamente, y se le ve muy feliz.

¡Se está riendo!

¿Por qué se ríe con ella?

(Conmigo apenas se ríe, solo sonríe a lo sumo...)

Me acerco lentamente, observando a la Victoria. Es bastante risueña, en el yo nunca era quien hacía los comentarios para intentar quitar la tensión que se producía, y parece que ahora mismo contagia su risa a Heracles. Frunzo el ceño y me acerco a ellos.

-Ya he vuelto.-digo interrumpiéndoles. La chica me mira dejando de reír y Heracles me la presenta.

-Mira, ella es Victoria, no sé si te acordarás. Cuando fuiste al baño se puso a hablar conmigo y resulta que tenemos muchas cosas en común-dice Heracles, sonriendo a Victoria.

-¿Ah, sí? Qué bien-murmuro con una sonrisa falsa, deseando que Victoria se vaya por donde haya venido.

Sin embargo, no tengo esa suerte y pasan unos largos veinte minutos en los que Victoria y Heracles me excluyen completamente de su conversación. ¿La razón? Resulta que estaban en el mismo colegio y no lo sabían hasta ahora, y en este momento están hablando de cómo eran sus compañeros, los profesores, y lo que hacían en las fiestas de fin de curso.

-Voy a subir arriba, a ver si está Maddie-le digo a Heracles, quien asiente pero sigue hablando con la otra chica.

Subo enfadada las escaleras. ¿Desde cuando soy el segundo plato de Heracles, más aún después de esa 'confesión' por mi parte en ese estúpido juego ? Me parece increíble que prefiera hablar con esa completa desconocida que conmigo.

-¡Sak!

Me giro y veo a Alfred que viene hacia mi con una gran sonrisa. ¿Y este ahora qué quiere?

-¿Qué quieres?-pregunto de mala gana, pero él parece no darse cuenta de mi pésimo humor y me toma del brazo, empezando a andar hacia su cuarto.

-Ven, te estaba buscando, vamos a jugar a la botella.

-¿Vamos?-pregunto soltándome de su agarre.

-Sí, claro.-dice entrando a su cuarto. Le sigo y veo que Gilbert, Antonio, Emma, Francis, Arthur, Feliks y Chiara están sentados en círculo alrededor de una botella vacía de tinto de verano.

-Bien, ya estamos todos, podemos empezar.-dice Alfred sentándose entre Francis y Feliks. Le imito y me siento entre él y Francis, ya que Feliks no me inspira mucha confianza.

-¿Maddie no va a venir?-pregunta Gilbert desilusionado.

-Nah, está en su cuarto y no piensa salir la muy asocial.-dice Alfred rodando los ojos. Gilbert suspira y se cruza de brazos

-Oh, l' amour-murmura Francis con una sonrisa.

Empezamos el juego y la botella señala a Francis y Alfred.

-Esperad-grita Emma antes de que los dos se besen.-para que esto sea más divertido bebamos un chupito cada vez que nos toque besar a alguien.

-Eso hazlo tú, pero yo no me pienso emborrachar.-dice Chiara cruzándose de brazos mientras fulmina a Emma con la mirada.

-¿Te da miedo emborracharte, Chiara?-pregunta Gilbert a la italiana con una sonrisa.-Alfred, no sé cómo has podido dejar venir a esta fiesta tan awesome a gente tan aburrida.

-¡Yo no soy ninguna aburrida!-salta Chiara dándole una colleja a Gilbert, quien está sentado a su lado.

-¿Entonces tienes miedo de besar a quien te guste estando bajo los efectos del alcohol?-pregunta devolviéndole la colleja, aunque sin tanta fuerza.

La italiana se sonroja y le insulta en italiano.

-Bueno, si ella no quiere beber que no lo haga. Ya deja claro que es una rancia. Pero los demás sí bebemos.-dice Emma sonriendo con superioridad a Chiara.

-¡Está bien, panda de imbéciles, beberé!-se rinde la italiana, fulminando a Emma con la mirada.

Así que, antes de besarse, Alfred y Francis beben un chupito de ron.

Todos aplauden durante el beso, menos Chiara y yo. Sin embargo, internamente grito a lo fangirl "¡yaoi!"

La segunda pareja en besarse es Emma y Gilbert.

-Sin pasarte, ¿eh?-advierte Antonio a su amigo en plan de coña aunque con un tinte de seriedad.

Beben (Gilbert toma bastante más alcohol de lo que se entiende por un chupito) y se besan largo y tendido, hasta que Antonio se levanta a separarles.

-¡Dije que sin pasarte!-exclama el ojiverde enfadado a su amigo, quien se sonroja un poco y vuelve a su sitio.

Luego es el turno de Feliks y Arthur.

-Vale, esto va a ser muy raro-se ríe Emma, y esta vez todos tenemos que darle la razón. Arthur bebe más de la cuenta, al igual que Gilbert antes, y se acerca a Feliks y le besa violentamente justo antes de que el rubio hubiese retirado el vaso de sus labios.

-Vaya, veo que me tenías ganas, Arthur-dice Feliks cuando el otro se separa, quien no le contesta y se sienta de nuevo en su sitio.

Después es el turno de Feliks y Gilbert.

-Vale, sin mariconadas, ¿eh?-dice Gilbert riendo nervioso antes de que Feliks se tire prácticamente encima suya para besarle. El rubio le rodea el cuello con los brazos y le tira al suelo, mientras que Gilbert corresponde al abrazo. Pasan varios segundos laaargos hasta que por fin Gilbert se separa.

-Dije que te dejaras de mariconadas, tío.-se ríe, pero es ignorado ya que Feliks une de nuevo sus labios a los del albino y le besa felizmente. Solo cuando Francis y Antonio se levantan a separarles es cuando ese beso lleno de pasión acaba.

La siguiente pareja...somos Alfred y yo.

Abro los ojos desmesuradamente y me quedo sin habla.

-E-Esto debe de ser un error. Mirad, la botella señala a Francis, no a mi.-digo riéndome nerviosa.

-Da igual, Francis y Alfred ya se han besado, así que para no repetir le besas tú.-dice Emma sonriéndome con superioridad.

-Toma.-dice Alfred tendiéndome el vaso y me lo llena de mojito hasta un poco menos de la mitad. Nunca antes he bebido, y me da cosa...

-No tengas miedo, solo es mojito-dice Emma al verme dudar.

-Pero...

-Venga, no seas cobarde y bebe-dice Alfred bebiéndose de un trago su chupito, chupito que por cierto ocupaba el vaso entero.

Me llevo el vaso a los labios y bebo con timidez, sintiendo las miradas de todos sobre mi. Ahora que me doy cuenta, el mojito sabe muy dulce, me gusta...

-Venga, bésala ya, Al-dice Feliks, quien está dándole un trago a una botella de vodka que hay por ahí.

Me sonrojo pensando que el chico que llevaba meses gustándome me va a besar.

Cierro los ojos y dejo que Alfred me bese, mandándolo todo a la mierda, incluido todos esos pensamientos en los que me decía que Alfred ya no me gustaba ni me merecía.


GILBERT

-Me meo-digo antes de levantarme y salir del círculo reunido al rededor del bol que están utilizando para formar las parejas de los 7 minutos en el paraíso.

-¿Te meas o eres un cagado? A lo mejor te da miedo ser una víctima y estar a merced de alguien-dice uno de los 3 Feliks que veo tumbados en el suelo, con la cabeza apoyada en las manos.

-No, es que me meo, si quieres comprobarlo te meo encima-le digo al que está más a la izquierda, intento andar hacia él, pero el suelo se desequilibra y casi me caigo al suelo.

-¡No! nada de mear en el salón que como my mother se de cuenta la palmo-dice Alfred, que mira embobado todas las papeletas con los nombres de cada uno.

-Pues me largo. Luego vuelvo-me giro sin pararme a mirar quién está escogiendo a las parejas esta vez.

-¡Espera!-alguien me coge del pantalón desde el suelo-sé la mano inocente para el nivel de la próxima pareja-dice Feliciano, antes de tenderme una ensaladera llena de papeles doblados.

Meto la mano entre los papeles hasta que saco uno de ellos y se lo doy al italiano, aunque se le cae de la mano.

Mientras me voy por el pasillo escucho a Feli leer el papel.

-Nivel...4, o eso creo.

Lo siguiente que escucho es un conjunto de risas borrachas, así que supongo que ya ha salido elegida la siguiente pareja.

No es nada fácil andar por el suelo cuando este parece bailar bajo tus pies, así que me pego a una de las paredes del pasillo (no es que me haya caído sobre ella) antes de seguir andando, apoyando la mano en la misma pared. Tras un tiempo interminable consigo llegar al bendito baño. Donde, ya que estoy aprovecho para echarme agua fría por la cara y por el pelo, eso me despeja algo la cabeza antes de volver a recorrer el largo pasillo.

Cuando salgo me dirijo por la que creo que es la dirección correcta, pero me doy cuenta de que no lo es cuando llego a una parte desconocida de la casa, las escaleras.

¿Seré capaz de subirlas con la borrachera que llevo encima? Bueno, no pierdo nada por intentarlo. Como no tengo nada mejor que hacer que probar que soy awesome hasta estando borracho me pongo a subirla y cuando llego arriba me doy cuenta de que bajarla tiene pinta de ser bastante más complicado.

Como soy inteligente decido esperar a que todo deje de darme vueltas antes de bajar nada, no vaya a ser que me deje los piños en uno de los escalones.

Sigo recorriendo el pasillo, con la mano apoyada en la pared hasta que esta choca con una puerta cerrada. A lo mejor es el cuarto de Al y puedo aprovechar para tumbarme un rato en su cama.

Abro la puerta esperando encontrarme el cuarto azul y lleno de posters frikazos del americano, pero lo que encuentro es un cuarto con 3 paredes blancas y una roja en la que se apoya una cama bastante grande. Es un cuarto bonito y ordenado, es más, se parece más a un cuarto de chica que a uno de chico.

-¿G-Gilbert?-pregunta desde alguna parte una voz femenina.

-¡Hostia! si aquí hay alguien-suelto sin pensar al ver a la hermana del rubio sentada sobre una alfombra, con algo que parece un libro a un lado.

-¿Estás borracho?-vuelve a preguntar la rubia desde el suelo.

-Claro que no ¿acaso me crees el típico chico que se emborracha a la primera de cambio?

-Pues... ¿sí?-esto lo dice tan bajo que casi no la escucho.

-Bien, Mad, me conoces mejor de lo que pensaba y todo-le digo, riéndome y entrando al cuarto, cerrando la puerta.

-¿Me dejas tu cama? Es que estas estúpidas paredes no paran de dar vueltas y me estoy empezando a marear-le pregunto a Madeleine mientras me mira anonadada.

-¿Por qué cierras la puerta?-pregunta, sin contestar.

-Pues porque estaba cerrada ¿por qué estaba cerrada, a todo esto?-me tumbo en la cama aunque ella todavía no me ha "dejado".

-No quería que nadie me molestara...-admite Maddeleine.

-Perfecto, pues ahora que está cerrada nadie nos molestará ¿no crees, Mad?-cierro los ojos para que todo deje de dar vueltas.

-Nadie me llama Mad-susurra la rubia, aunque creo que está hablando para ella-¿de verdad estás bien? ¿Necesitas algo?-escucho ruidos, así que supongo que se ha puesto de pie.

-Sí, sí, estoy bien-le digo, haciendo un gesto con la mano para que no se preocupe.

Nos quedamos un rato callados, aunque creo que ella sigue de pie. Quizás se piense que me he quedado dormido o algo.

-¿C-cómo va la fiesta?-pregunta de repente.

-Pues bien, es awesome, pero tampoco está mal tener algo de tranquilidad ¿cómo es que no has bajado?

-No me gustan las fiestas en general, estoy mejor aquí-admite. Abro un ojo y la veo de pie, parece algo incómoda.

-Oye, hablas muy flojo, acércate más o me va a parecer que estoy hablando solo.

La veo dar un paso chiquitito con el ojo que tengo abierto y no parece dar ni un paso más.

Nos volvemos a quedar callados y yo cierro de nuevo el ojo.

-Pues deberías bajar, yo creo que podrías pasarlo bien, además está una amiga tuya y todo-le digo para romper el silencio.

Dice algo que no logro escuchar y vuelvo a abrir el ojo para darme cuenta de que está en la misma posición de hace un rato. Alargo el brazo y llego a coger su mano, así que tiro de ella y hago que se siente en la cama, a mi lado.

-Repite-le digo.

-Digo que ya sé que ha venido Sakura, pero que aún así no quiero molestar-dice ella, que parece bastante cortada ahora mismo.

-¿Y por qué ibas a molestar? ¿Acaso eso es lo que piensas, que molestas a las personas?-abro ahora los dos ojos para verla bien. Tiene una mueca algo triste en la cara.

-Sí-dice sin más. Entonces noto movimiento debajo de la mano y me doy cuenta de que todavía tiene la suya debajo así que la suelto.

-Pues menuda gilipollez-esto de estar tumbado ayuda bastante y ahora tengo la mente algo más clara.

-No, es solo que... bueno, no es nada-hace amago de levantarse así que la vuelvo a sujetar.

-Claro que es algo, ahora te quedas y me lo cuentas, nadie se deja una historia a la mitad si habla con Gilbert Beilschmidt-la miro a los ojos, la verdad es que los tiene bonitos.

-No es ninguna historia... Gilbert-duda un poco al decir mi nombre-es solo que no me siento integrada con los demás chicos de nuestra edad.

-Pero eso es porque no lo has intentado, solo te encierras aquí en tu cuarto ¿cómo esperas así poder socializar?-no le suelto la mano porque sé que se va a escapar y el tema de conversación me interesa y me está despejando bastante la cabeza.

-Pero es que no me parezco a los demás, no me gusta el alcohol y no me gustan los sitios con ruidos fuertes ni con mucha gente-se queja ella.

-No tienes por qué beber alcohol si no quieres y a la música y la gente te acostumbras, es más, puedes pasarlo bien si te sueltas un poco.

-No es tan fácil como eso, no soy una persona fácil con la que hablar.

-¿Y qué estamos haciendo nosotros ahora mismo? Lo que pasa es que no te quieres lo suficiente y eso no es bueno-le digo yo, dándole un pequeño apretón en la mano. Vuelvo a cerrar los ojos porque me estoy volviendo a marear.

-¿De verdad que estás bien? ¿Ni si quiera quieres agua?-pregunta ella, que ahora parece algo preocupada.

-Hombre, si tienes algo de agua no te la niego.

Entonces se levanta y escucho que abre la puerta. Al poco tiempo la escucho venir de nuevo y cerrar la puerta de nuevo. La noto sentarse en la cama y abro un ojo para verla.

Lleva dos trenzas algo despeinadas, pero no le quedan mal, es más, me gusta como le quedan.

-Deberías ponerte más veces las trenzas, me gusta como te ves con ellas-le digo mientras me incorporo para beber.

Ella no dice nada pero me tiende una botella llena de agua bastante fría. Cuando termino de beber vuelvo a tumbarme pero ella hace el amago de levantarse así que la vuelvo a coger. No me apetece que se vaya, me gusta estar con ella.

-No puedes desagradarle a nadie, Mad, eres demasiado dulce para eso-le digo, sin pensar mucho.

-¿Q-qué?-pregunta la rubia que ahora está bastante roja.

-Kesesese ¿ves? a eso me refiero. Eres demasiado dulce y demasiado mona para desagradar a nadie.

Maddeleine no habla, aunque creo que lo intenta, porque mueve los labios. Pero antes de diga nada se escucha un golpe en la puerta, como si alguien se hubiera chocado contra ella.

La puerta se abre y solo me da tiempo de ver una mancha que corre a por la rubia sentada a mi lado.

-¡MADDIE! ¿Sabes que te quiero y que eres mi super amiga del alma?-pregunta Sakura, que está colgada de su cuello.

-Sak, estás borracha-dice como toda respuesta Mad, aunque veo que sonríe.

La asiática comienza a hablar demasiado rápido y demasiado borracha como para que se entienda gran cosa, solo logro captar palabras sueltas como "amiga, instituto, siempre y te quiero".

Decido cerrar los ojos un poco más mientras estas dos hablan, o por lo menos lo hace la asiática, para ver si se me pasa algo más el mareo y convenzo a Maddeleine de que se baje un rato a la fiesta.


FRANCIS

Cuando Gil se va, tras elegir el nivel de la siguiente pareja, miro a Antonio, quien está al otro lado de la habitación. Parece que está bastante borracho, y está echando miradas demasiado directas a Chiara, aunque la italiana ni se entera.

-Alfred y...no leo bien lo que pone aquí-dice Feli sacando los nombres de la siguiente pareja de una ensaladera.

-A ver, déjame leer a mi.-digo cogiendo los papelitos que tiene en las manos y al ver quienes forman la siguiente pareja me da un ataque de risa.

-¿Quiénes son, Fran? No te hagas de rogar y di algo ya-se queja Emma.

-Pues...-digo todavía riéndome un poquito y dirijo la vista a Sakura, quien se sonroja al pensar que es ella-la siguiente pareja es Alfred y Heracles.

Alfred escupe lo que sea que estuviera bebiendo y Heracles aprieta su vaso de plástico hasta destrozarlo.

-Esto tiene que ser una broma.-dice el griego mirando con odio a Alfred. Éste está riéndose, dando golpes en el suelo.

-Pues no lo es, mon ami.-digo enseñándole los papeles con su nombre y el del americano.

-¿En serio voy a tener que besarme con éste?-pregunta Alfred, una vez que ha terminado de reírse.

-Besarte y todo lo que tu quieras, mon amour. Recuerda que os ha tocado el nivel cuatro.

Heracles no dice nada y se mete en el armario cruzado de brazos pero a Alfred casi que le tenemos que empujar para que entre. Decidimos que, a parte de ponerle el pestillo a la puerta deberíamos ponerle una mesa o algo por si acaso le da por liarse a hostias aunque al final no pasa nada de eso.

A los 7 minutos les abrimos la puerta, los dos parecen bastante tranquilos para haber pasado 7 minutos ahí encerrados aunque al menos no ha salido ninguno de los dos con un ojo morado.

Volvemos a sentarnos todos al rededor de la ensaladera en la que Feli (que nadie sabe cómo ha llegado a ser el encargado de sacar los nombres) vuelve a rebuscar para sacar los dos nombres de la siguiente pareja.

-¡Eh Lud, mira te ha tocado a ti!-grita el italiano pegandole Ludwig el papel con su nombre a la cara-y tu pareja va a ser...-revuelve más los papeles antes de sacar un nombre-¡Eli!

El alemán se pone completamente rojo al mirar a la castaña pero asiente, como si aceptara una misión.

-No tienen nivel-canturrea Feliks que desde que salió su nombre ha decidido que se va a pasar el resto del juego tumbado en el suelo.

-¡YO LO COJO!-grita Victoria corriendo hacia la segunda ensaladera, de la que saca el primer papel que se encuentra.-¡JÁ, NIVEL 5!-grita esta vez más fuerte que antes.

-¡Uuuuuh! es la primera vez que sale el 5-dice Emma mientras mira alternativamente a la pareja.

Ludwig parece una estatua, no se ha movido del sitio aunque creo que se ha puesto más rojo si es posible, Elizabetha, en cambio ya está en la puerta del armario.

-Vamos Ludwig, que tampoco voy a comerte, son siete minutos.-dice la castaña.

La mirada de Feliciano no me pasa desapercibida, tampoco es que eso sea difícil teniendo en cuenta que parece desear poder matar a la húngara en estos mismo instantes, aún así no dice nada cuando su amigo se levanta ni cuando entra de la mano de su amiga al "paraíso".

-Pues a mi me da que estos dos al nivel 5 no le van a sacar provecho-dice Antonio, mirando a la puerta cerrada.

-¿Te has quedado con las ganas de que nos saliera a nosotros, mon ami?

-No, no te lo creas tanto Fran, que con el 4 íbamos bien.

-Es que en verdad aunque salga un nivel 5 tampoco tienes tiempo de hacer gran cosa-interviene Emma, que aunque debería estar cabreada Toño es su novio no parece importarle en absoluto.

A los 7 minutos abrimos las puertas para dejar salir a Eli y Ludwig, los dos con la respiración acelerada y él con el pelo bastante revuelto.

Apenas les da tiempo a sentarse antes de que Feliciano vuelva a meter la mano en la ensaladera.

-¿Qué pone aquí? Ah, vale, creo que pone Vic-vuelve a sacar otro papel-y Ludwig. ¡Venga ya! ¿Otra vez?-suelta un bufido antes de tirar lo papeles hacia donde están todos los demás.

-Y el nivel es...-esta vez es Feliks el que saca el papel-el nivel 1-dice, un tanto decepcionado.

Ahora el alemán no se queda estático, sino que incluso se levanta antes que Victoria, que antes de nada le ha dado un largo trago a lo que sea que esté bebiendo.

Durante los 7 minutos que pasan juntos Feliciano se dedica a mirar fijamente a la puerta, como esperando que explote si se concentra demasiado aunque claramente eso no pasa.

-Feli que solo se están toqueteando, joder, no es el fin del mundo-veo que no soy el único observador de por aquí, aunque pensé que Chiara estaba dormida, llevaba sin hablar desde casi el principio.

-¿Ya se te ha pasado el cabreo por no entrar tú con Antonio?-contesta Feliciano, sin despegar los ojos de la puerta.

-¿Pero tú eres tonto o subnormal?-pregunta la italiana justo antes de meterle una de las mayores collejas que he visto en mi vida a su hermano.-A la próxima te callas si no quieres otra.

Durante el resto del tiempo ninguno de los italianos vuelve a hablar y Antonio se dedica a observar cada movimiento de Chiara aunque ella no parece notarlo.

Al abrir las puertas Vic y Ludwig salen hablando como si en vez de haber estado 7 minutos encerrados en un sitio claustrofóbico, vinieran de tomar café.

No tarda en salir la siguiente pareja, cortesía de nuevo de Feli, que parece haberse repuesto bastante bien del ataque de celos de hace unos segundos.

-Antonio y-al italiano le da tal ataque de risa que no puede continuar la frase así que Alfred termina arrebatándole el papel de las manos.

-Y Arthur... oh my God-prácticamente susurra.

El español se echa a reír como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia, el británico, por el contrario se lleva el vaso que tiene al lado a la boca y lo vacía de un trago.

-No-dice el rubio.

-¿No irás a negarte, verdad?-pregunta Emma, mirándole inquisidora y cruzada de brazos.

-Bueno, acaba de hacerlo-le responde Chiara a la belga que, como siempre que está de ella va buscando pelea.

-¿Tú también te niegas, Toni?-el castaño apenas puede contestar porque sigue riéndose, aún así niega con la cabeza, mirando a su novia.

-Decidido, Arthur, o entras tú solito o te metemos nosotros, tú elijes.

-El muy idiot solo se ha negado para torturarme-se queja Arthur, que no hace ningún movimiento que indique que piensa levantarse del suelo.

Aunque creo que nadie dudaba que el rubio estaba en lo cierto una carcajada de mi amigo termina de confirmarlo.

-Muy bien ¿quién me ayuda a arrastrarle dentro?-preguntó, desafiante, Emma.

-Vale, entro-no sé si está así de rojo por la borrachera, por la vergüenza o el cabreo, pero tampoco me da tiempo a preguntarle antes de que entre al armario que tenemos como paraíso.

Cuando Antonio le sigue y cerramos las puertas las risas del español se escuchan amortiguadas, aunque no paran en los 7 minutos que están los dos dentro de el armario.

-¿En serio le ha entrado en ataque de risa pava ahora?-pregunto, a nadie en especial- Vaya desperdicio de nivel 4, la verdad.

Y sí, es un nivel completamente desperdiciado, porque a los 7 minutos, cuando abrimos las puertas Antonio sigue sin parar de reír y el único cambio es que ahora Arthur también lo hace, aunque de forma bastante más disimulada.

Ya algo preocupado por la salud mental de mi amigo decido llevármelo a que se moje un poco la cara o algo, a ver si se relaja. Pero ni si quiera llegamos al cuarto de baño antes de que se escuche un grito desde el salón.

-¡Me niego! No pienso entrar ahí-no es difícil distinguir a la italiana mayor.

Al escucharla al castaño se le pasa la risa de golpe y se pone completamente serio.

-¿Con quién le ha tocado?-me pregunta, como si yo lo supiera.

-Pues ni idea, mon ami, si no entramos no nos vamos a enterar-damos media vuelta y cuando entramos de vuelta al salón este parece otro.

Todos los papeles con los nombres están tirados por el suelo y la ensaladera está al otro lado de la sala. Chiara, que tiene toda la pinta de haberle dado una patada al bol, está lo más alejada posible del armario.

-No puedes negarte, Chiara, a Arthur no le hemos dejado porque Toni ha dicho que quería y yo digo lo mismo-la belga está completamente tranquila.

-No, no y no. Antes de entrar ahí contigo me corto un brazo, o mejor, te lo corto a ti.

-Cari ¿verdad que no puede negarse?-ahora Emma le está hablando directamente a Antonio.

-Pues... no, supongo que no-concluye al ver la mirada de su novia.

La verdad es que son una pareja extraña, en vez de darse apoyo en obligar a meter a gente en el armario deberían hacer lo contrario.

-Oh, venga ya ¿acaso os pagan por hacernos sufrir a unos cuántos? Si no quiere entrar no entra y ya-para mi sorpresa Arthur es el que ha saltado a defender a la italiana.

-No, eso no sería justo, si Arthur ha tenido que entrar ahora tiene que entrar ella y como es mi casa yo decido-Alfred se hace oír por encima de todos los demás y, por sorprendente que parezca con ese argumento tan infantil consigue que la gente le apoye.

Al final me toca a mi arrastrar a la italiana dentro del armario y recibir unos mordiscos y patadas que no quería para nada. Justo detrás entra Emma, muy sonriente y cierra la puerta.

-¿Qué nivel les ha tocado?-pregunta Antonio, que no ha vuelto a reírse.

-El 1 pero como que da igual, esas dos no duran ahí los 7 minutos ni de coña.

Y Feliks estaba en lo cierto, no tardamos ni 2 minutos en tener que abrir el armario por petición expresa de Emma, que grita desde dentro que la saquen antes de Chiara "la deje calva".

Al abrir la puerta la rubia sale rápidamente, mientras que la italiana sale tranquila (parece todo lo contrario a como entraron) y sacudiéndose de la mano un puñado de pelo sospechosamente rubio.

-Bueeno... ¿saco a alguien más?-duda Feli, que se ha dedicado, con la ayuda de Sakura, la que, por cierto, creo que es la que está más borracha de todos los que está aquí, a recoger los papeles que su hermana ha tirado por el suelo.

-Sí, osea por lo menos tres más ¿sí?-le contesta Feliks, que desde hace un rato ha dejado de estar tumbado y parece buscar algo en todos aquellos que no salen elegidos.

-Bueeeno... pues los siguientes son-el italiano saca los dos primeros papeles que toca-Sak y Al.

-Nivel 3-dice Toño, que aprovechando que ha ido a sentarse junto a Emma, coge el papel.

La japonesa se pone completamente roja y no ayuda para nada el comentario de Alfred.

-¡Mejor, así queda todo entre amigos!-el americano se levanta y le tiende la mano a Sakura, que no opone ninguna resistencia a acompañarle, aunque a cada paso me parece que van tiñéndose de rojo más parte de su cuerpo.

Cuando cierran la puerta Heracles resopla y echa una rápida mirada a las puertas por las que la pareja acaba de desparecer. Bueno, al menos el griego es mucho más sutil que Feliciano.

Mientras pasan los 7 minutos el italiano a cargo de formar las parejas se dedica a remover todos los papeles, de forma que cuando dejamos salir a los dos amigos, ella más roja de lo que jamás pensé que una persona podría llegar a ponerse y él con una sonrisa idiota en la cara.

¿Se habrán besado? viéndoles actuar no sería de extrañar, y teniendo en cuenta el estado en el que va la pelinegra, además, no creo que Al sea de los que desperdicia un nivel 3 con una chica mona por muy amiga suya que sea.

-A ver, a ver, la penúltima pareja es-Heracles con-el castaño se queda un segundo callado, como si intentara descifrar el nombre de la pareja del griego-¡Ah! soy yo-dice, alegremente después de conseguir descifrar su propio nombre.

Feli, al contrario de su hermana echa una mirada a Heracles antes de encogerse de hombros y dirigirse hacia el armario, seguido por el griego.

-¿No hay nivel?-pregunta el ojiverde antes de cerrar la puerta.

-Nivel 4-se adelanta a nadie el polaco, que prácticamente ha volado para coger él el papel.

-Vale-justo cuando el griego cierra la puerta habla Sakura.

-Me voy a ver a Maddie-dice, como si se hubiera acordado de golpe de ella, y sale entre corriendo y tambaleándose del salón.

-¿A quién ha dicho que va a ir a ver?-pregunta Emma.

-A my sister, que es una aburrida y ha decido quedarse encerrada en su cuarto-bufa Alfred, como si la decisión de su hermana le molestara.

Los siete minutos pasan mientras la gente intenta recordar quién es la hermana del americano, a la que casi nadie parece conocer.

-Muy bien, veamos cuál va a ser la última pareja-el italiano coge los dos papeles tras rebuscar durante largo rato, removiendo todos los nombres y los lee en silencio, haciéndose de rogar.

No me gusta nada la mirada que Feliciano me lanza justo antes de leer los dos papeles.

-Francis y-el italiano hace una parada y mira a todo el mundo, el muy cabrón sabe cómo crear tensión-Arthur.

¿Arthur? ¿De verdad entre todos los que estamos jugando me ha tenido que tocar con él? Esto tiene que ser una broma.

-WHAT!?-por un momento creo que es el ojiverde quién hace la pregunta, pero es Alfred.

-¿Algún problema con el juego, mon ami?-pregunto al americano-¿O acaso tengo que recordarte que Arthur es tu ex?

-Vamos, Fran, que no te ha dicho nada-intenta intervenir un muy borracho Antonio.

-He said nothing-interviene, ahora sí, el inglés que está empezando a levantarse.

Mientras yo también me pongo en pie me parece escuchar a alguien quejarse porque tanto Alfred como Arthur están hablando solo en inglés pero no presto atención. Toda mi atención está puesta en cierto rubio que ya está en pie, aunque con lo borracho que va dudo que sea capaz de sostenerse mucho rato.

-Arthur, no tienes que hacer esto si no quieres-Alfred también se ha levantado y, la verdad, me está empezando a hartar.

-¿Acaso he dicho que no quiera?-el inglés tiene la voz pastosa pero se le entiende perfectamente.

Vale, eso me ha dejado confundido. Pensé que Arthur se reiría y me patearía, o lloraría y me patearía o algo por el estilo pero en ningún momento se me ocurrió que accediera a participar si yo era su pareja.

Por lo que veo Jones tampoco se esperaba esta reacción porque vuelve a sentarse sin decir nada.

-¿Estás seguro de esto, Kirkland?-pregunto prácticamente susurrando en su oído.

-Déjate de tonterías y terminemos ya con esto de una vez-dice, completamente seguro el ingles antes de cogerme del brazo y dirigirme hacia el armario.

No puedo evitar ponerme nervioso cuando me coge del brazo aunque no debería, es más, es él el que debería estar temblando de pies a cabeza, no yo. Aún así es Arthur, envalentonado por el alcohol, el entra primero así que le sigo y cierro la puerta. Desde el exterior se escucha una voz femenina (creo que es Victoria) gritando que nuestros 7 minutos acaban de empezar.

En ese momento Arthur comienza a temblar y me doy cuenta de que en verdad sí que está nervioso, no puedo evitar sonreír.

-Vamos, vamos, mon amour, solo tienes que relajarte un poco-le digo, con una voz bastante tranquila teniendo en cuenta mis propios nervios. Apoyo mis manos en sus hombros y acaricio un poco sus brazos, aunque no me atrevo a hacer mucho más.

-Estoy relajado-no le veo pero noto perfectamente como cruza los brazos y por su tono de voz supongo que tiene el ceño fruncido.

-Pues no lo pareces, no estás relajado si tienes los brazos cruzados-bajo hasta sus manos y le descruzo los brazos.

En vez de una respuesta escucho un pequeño paso y noto su boca rozar mi oreja.

-Quizás eres tú el que está tenso, Bonnefoy.

-Arthur, quizás no deberíamos hacer esto, estás muy borracho.

-A la mierda el "no deberíamos" soy mayorcito para saber lo que puedo hacer y lo que no-dice, todavía con su boca pegada a mi oído.

No me paro a pensar en una respuesta, honestamente tampoco creo que fuera capaz de pensar una ahora mismo. Simplemente busco su boca con la mía.

No es el primer beso que le doy pero este es distinto. No sé si es el alcohol, si es el estar encerrado en un sitio tan pequeño o si es que es verdad lo que llevo ya un tiempo temiéndome.

Paso las manos de las suyas a su camisa, más concretamente bajo su camisa y estoy tan concentrado en esto que no noto que él ha hecho lo mismo hasta que no noto sus manos frías contra la espalda.

Es él el primero en separarse para buscar algo de aire y en el momento en el que momento en que nuestras bocas se separan yo bajo la mía hasta tocar su cuello.

-No-Arthur se gira de forma que me hace separarme de él-el cuello no.

-¿Por?

-No quiero que me toques el cuello-apostaría todos mis ahorros a que ahora mismo está rojo.

-Impídemelo entonces-le digo antes de volver a besarle el cuello, aunque antes le sujeto las manos para que no pueda apartarme, o pegarme, cosa de la que sería bastante capaz.

Siento como se estremece pero aún así me empuja lo justo para volver a juntar su boca con la mía. Nuestras lenguas vuelven a explorar la boca del otro al igual que nuestras manos van abriéndose camino entre la ropa.

Entre caricias y besos pierdo completamente la noción del tiempo, hasta que otra vez la voz femenina vuelve a aparecer anunciando que solo nos quedan 30 segundos en "el paraíso".

Nos separamos a la vez pero nos volvemos a juntar de nuevo, aunque este último beso no tiene nada que ver con los anteriores. Si ya estos eran distintos a los que le había dado antes el último no tiene ni punto de comparación.

Es un beso completamente dulce, no es un beso de dos jóvenes borrachos jugando a los 7 minutos en el paraíso sin saber lo que sienten el uno por el otro, no. Es un beso de dos personas que se quieren.

Nos volvemos a separar pero esta vez no hay otro beso sino la voz del inglés rompiendo el silencio.

-You're doing it to me again, but this is wrong, to wrong. And I hate you.

No me da tiempo a contestarle nada antes de que las puertas se abran y Arthur salga, como si nada hubiera pasado. Pero, si yo no lo he entendido mal algo ha pasado, algo muy muy gordo.


RODERICH

Nunca me han gustado las fiestas, siempre son lo mismo, una panda de adolescentes ultra hormonados que beben hasta que no pueden con su cuerpo, una música horrenda que te perfora los oídos y que, obviamente, no puedes quitar porque sino te tachan de "aburrido".

Y lo peor de todo, a mitad de la fiesta un idiota borracho, al que no voy a nombrar, pero cuyo nombre empieza por "G" y termina por "ilbert" ha derramado un líquido (supongo que como todo aquí, algo alcohólico) por la mesa en la que yo estaba, más concrétamente por la zona exacta en la que estaba apoyado mi móvil.

Así que aquí estoy, con el móvil estropeado e intentando que esta horrenda música no me acabe dando dolor de cabeza.

-Pues la fiesta no está mal para ser del idiota capitalista-Iván, que no ha dejado de beber vodka en toda la noche, pero que no parece para nada borracho me mira, supongo que quiere que le conteste.

¡Ah! claro, se me ha olvidado comentar que el suceso del móvil ha acabado haciendo que me junte con un grupo de lo más variopinto, formado por Iván, su hermana Natasha, y dos amigos de ambos, Toris, y Eduard.

-Esta fiesta es un asco.

Volvemos a quedarnos un rato callados, mirando como los muy idiotas del resto de la gente hacen un círculo alrededor de una bol o una ensaladera o algo similar.

-¿Y por qué no te vas?-pregunta de nuevo el ruso, como si no hubiera habido una pausa en la conversación.

-Porque quedé con que alguien me recogía cuando le avisara, pero ahora no le puedo avisar porque se me ha estropeado el móvil-señalo el aparato, bueno, más bien señalo a Eduard, que tiene el móvil en la mano y que lleva un rato intentando repararlo.

-¿Has quedado con el chico con el que engañaste a Elizabetha?-me pregunta ahora la hermana de Iván.

-Yo no la engañé, simplemente ahora salgo con él-tampoco tengo por qué darle muchas explicaciones a la rubia sobre mi vida amorosa.

-Creo que voy a poder arreglarlo, pero voy a necesitar bastante rato-interrumpe Eduard.

-Vale, como quieras, pero haz que funcione.

De nuevo se hace el silencio entre nosotros y digo entre nosotros porque en esta maldita fiesta no se puede hacer el silencio, entre la música y los gritos de los borrachos, entre los que está Elizabetha. Ahora que lo pienso fríamente no entiendo cómo pude salir con ella, es guapa y me cae bien, pero no compartimos gustos por nada, estoy mucho mejor con Vash, con él al menos me entiendo.

-¿No te molesta que esté aquí Elizabetha?-me pregunta Toris, que parecer haber visto el hilo de mis pensamientos de los que me acaba de sacar.

-No ¿debería?

-No, bueno, habéis cortado hace no mucho, no lo sé, solo opino que es algo raro que cuando coincidáis los dos no pase nada, actuáis como si nunca os hubiérais conocido-¿Y ahora por qué se dedica a analizarme?

-Ya, es que lo mejor es cortar todo lazo con la antigua pareja, así no sufres y ya-cojo el vaso en el que estoy bebiendo (no dije que no bebiera alcohol) y me lo llevo a la boca.

-Roderich no sentía nada por Elizabetha ¿es eso, da?-se mete ahora el ruso en la conversación.

-Sí, lo sentía, por lo menos al principio, luego ya no. El amor se va igual de rápido que viene-esta conversación está llegando a un sitio al que no me gusta porque no, no me gusta hablar de lo que sentía o dejaba de sentir por mi ex.

-Emma no sentía nada por mi y por eso me engañó-ahora es el turno de Natasha de contar su trágica historia que, la verdad, es que no me interesa lo más mínimo.

-Ya, yo te lo dije, te iba a hacer daño, Nat.

-Pero yo no la ignoro, yo la odio-la rusa se ha puesto a arrugar el vaso de plástico que tenían en la mano, una visión bastante perturbadora ya que el vaso ha terminado chorreando líquido rojo.

Por un momento pienso en preguntar cómo es que saben tanto de mi relación con Elizabetha, pero tampoco quiero que la conversación vuelva a girar en torno a ese tema, bueno, más bien no quiero que haya más conversación.

No es porque no me caigan bien, aunque tampoco lo hacen, siendo sinceros, es solo que ya tengo demasiado con el maldito dolor de cabeza que me están dando la música y el alcohol.

Durante los siguientes 15 minutos me mantengo en silencio y sin participar en otras de las superfluas conversaciones en las que me estoy viendo envuelto esta noche que parece no tener fin.

-El amor a primera vista sí que existe ¿verdad, Roderich?-el ruso vuelve a intentar meterme en la conversación y encima busca mi apoyo.

-No, es imposible enamorarte de una persona con una simple mirada, puede ser que te atraiga, pero no te enamoras-respecto a este tema siempre he sido muy tajante así que no tengo ninguna duda a la hora de contestar.

Las dudas me entran después, al ver la mirada del ruso, que parece oscurecerse por momentos. Quizás sí que debería haberle dado la razón.

-Lo que pasa es que nunca lo has vivido, así que ni si quiera sabes de lo que estás hablando-me dice Iván.

-¿Roderich? Ya tengo arreglado el móvil-Eduard se mete, de nuevo, en la conversación, enseñando con orgullo el móvil con la pantalla encendida.

-Ah, pues gracias-le digo, mientras le cojo el móvil de las manos y compruebo si Vash me ha hablado, cosa que sí ha hecho.

-De nada-dice, alegremente el rubio.

-Eduard tú sabes que el amor a primera vista existe-debo suponer que es una pregunta, aunque a todas luces es una afirmación.

Supongo que asiente, pero no le miro. Como pensaba Vash me ha mandado varios mensajes preguntándome que qué tal va la fiesta.

Le respondo, contándole brevemente lo que ha pasado con el móvil, el alcohol y el albino idiota y le pido que venga a recogerme.

"Vale, en media hora estoy allí"

Menos mal, solo me queda media hora más de una conversación para nada interesante en la que parece que todo el mundo va a darle la razón al ruso y me voy de esta horrible fiesta. Aunque en realidad no ha estado tan mal como pensaba en un principio que sería.


TORIS

-Iván, voy un momento adentro.-dice Natasha cortando a Eduard, quien estaba hablando de algo relacionado con su blog, y se mete de nuevo en esa casa de locos.

-Vale-responde Iván aunque su hermana ya no le oye.

-¿Me lo parece a mi o Natasha está esta noche muy distante?-pregunto de repente, dejando salir esa duda que lleva toda la noche rondando por mi cabeza.

-Te lo parece porque estás enamorado.-responde Eduard con una sonrisa.-pero Natasha siempre es así.

Frunzo el ceño al oír eso de que estoy enamorado pero no digo nada más. Quizás Eduard tenga razón y ella sea siempre así. Aunque ha habido más veces en las que Natasha no estaba tan callada. Parece que está en su mundo, pensando en cosas completamente alejadas de la fiesta. Y puede que así sea en parte, ya que Emma, su ex, está en la fiesta, y han habido varios momentos, como cuando hemos jugado al yo nunca, en los que la tensión entre ellas era claramente palpable.

-Por cierto, Iván...-empiezo, sin embargo, soy cortado por Elizabetha, quien parece realmente cabreada.

-¡Esto es el colmo!-grita enfadada, con los brazos en jarra.-¿¡No hay ningún sitio en esta casa en la que no halla gente besuqueándose!?

-¿Te parece que nos estamos besuqueando?-pregunta Eduard.

-Ja-ja, ni gracia-responde Elizabetha frunciendo el ceño.-ahí dentro parece que hay un puticlub, en serio.

-¿Quiénes se estaban liando?-pregunto con curiosidad.

-Antonio con Emma, aunque antes casi besa a Chiara. Francis con Arthur en el sofá, y como nadie los pare van a llegar a algo más que un simple beso. Alfred está muy cariñoso con Sakura aunque aún no se han besado ni nada, y Feliks antes ha intentado besarme.

Cuando la morena se calla, se forma de repente un silencio incómodo que nadie quiere romper. Iván está mirando distraído su vaso de vodka, sin enterarse de nada. Sin embargo, Eduard y yo nos miramos.

-Toris, ¿me acompañas un momento adentro?-pregunta mi amigo, intentando salir de este sitio en el que la tensión entre Roderich y Elizabetha va cada vez más en aumento.

-Sí, sí.-respondo de inmediato, adelantándome a él y entrando a la casa rápidamente.

-¿Has sentido la misma incomodidad que yo con esos dos ahí?-pregunta Eduard nada más llegar al salón. Me giro y veo que Iván se ha quedado ahí fuera, con los dos ex novios.-Espero que no haga preguntas como las que le ha hecho antes a Roderich...

-Conociéndole, espérate lo peor...

Antes de responder a Eduard, siento como alguien me toca el brazo y me giro para descubrir que es Natasha.

-¡Natasha!-exclamo, alzando las cejas.-¿dónde estabas?

-¿Nos podemos ir?-pregunta sin hacer contacto visual conmigo.

-¿Qué pasa?-pregunto, ignorando la presencia de Eduard, quien se pone a escribir en su móvil.

-Me siento mal...-murmura, y no sé cómo es que consigo oírla, con todo el follón que hay aquí montado.

-Vámonos entonces.-digo girándome para indicarle a Eduard que nos vamos.

-¿Quieres que te deje intimidad a ti y a tu chica?-pregunta Eduard sin molestarse en susurrar eso, haciendo que mi cara se ponga como un tomate y no sepa responderle coherentemente.

-No, idiota.-responde Natasha en mi lugar.-nos vamos todos.

Y como todos sabemos, nadie contradice a Natasha.


FELIKS

Esto es un completo caos. Osea, no es la primera fiesta a la que voy, ni mucho menos, pero esta es tan como una película barata. Dan ganas hasta de llorar, o bueno, puede que ese sea el alcohol.

Llevo no sé cuanto tiempo tumbado en uno de los sofás de Alfred, con con un mareo increíble. Durante este rato me ha parecido escuchar que un chico ha vomitado pero ni si quiera abro los ojos para enterarme.

Sí que los abro, en cambio, cuando algo, una bolsa de patatas, se estrella en mi cara.

-Deberías comer si estás mareado.-Chiara se deja caer a mi lado en el sofá. Aunque no lo admita sé que está preocupada. Haré el esfuerzo.

-Como que no tengo nada de hambre.-Aún así abro la bolsa con manos torpes. Después de todo no quiero que me de un bajón de azúcar con tanta gente alrededor, y con todo lo que he bebido no sería de extrañar. Maldito páncreas inútil.

Nos quedamos los dos un rato en silencio, cogiendo patatas de la bolsa. Luego, ella dice de irse, me comenta algo más, pero no sé el qué. Quizás vaya a tomar un poco el aire o algo así.

Me vuelvo a quedar solo, aunque no por mucho tiempo.

-Tú.-Un mastodonte de pelo engominado se me acerca.

Le miro sin decir nada, esperando que siga hablando.

-Tienes cara de estar amargado. Si te has traído dinero te lo soluciono rápido.

-¿¡Qué!?-Abro los ojoso como platos. Vale, como que no estoy siendo el alma de la fiesta, pero esto ya pasa de castaño oscuro.

-Vamos, no seas nenaza.-Me insiste el de ojos azules, Govert.

-Osea... vale que estés mal de pasta ¿pero tanto como para prostituirte?

Y el pedazo de tío de casi dos metros se sonroja como una niñita a la que acaban de pedir salir. Me muerdo el labio para evitar reírme en su cara, pero no lo consigo ni de lejos.

-¡Es maría, pedazo de inútil!-grita, moviendo una bolsita transparente con el contenido.

Aún tardo un poco en acallar la risa lo suficiente como para contestarle algo. Limpiándome una lagrima miro la susodicha bolsa. Hay cantidad suficiente como para colocar a medio ejercito.

No voy a decir no he probado los porros, aunque solo fue una vez y dos o tres caladas porque me ahogaba bastante con el humo.

-¿Cuánto quieres?-Le pregunto, sonriendo. Siempre hay una segunda vez para todo.

-Depende, cuanta más gente más barato.-Dice Govert, a quien le brilla los ojos. Supongo que la codicia le puede.

Quedamos en que me avisa en un rato, cuando tenga a más gente. Por un momento pienso en ir a por algo más de alcohol, pero acabo por descartar la idea. Ya voy lo suficientemente mareado.

Pasados unos 15 minutos o así el mastodonte de Govert vuelve a taparme la visión.

-Ya estamos, vente fuera.

Con pasos mecánicos (y evitando por los pelos chocarme contra el paragüero de la entrada) le sigo hasta llegar al césped de la casa del americano. Hay más gente de la que me pensaba, y todos forman un círculo.

Durante unos segundos pienso que han empezado sin mi. Osea, esa cara de embobados no la pueden tener si haber fumado. Sin embargo, están todos mirando a Arthur, que se dedica a liar los porros de manera casi profesional.

Levanto las cejas al verle.

-No preguntes.-Me aconseja el inglés, que sigue con la vista clavada en sus manos. Concentrado.

Me siento al lado de Elizabetha, a la que conozco por ser de la clase de Liet, que me sonríe. Al otro lado hay un hueco vacío. Me doy cuenta de que Govert se ha vuelto a largar, así que falta gente. El hueco no tarda en ocuparse por un chico de pelo castaño al que parece que acaban de despertar. Tampoco es de mi clase.

Cuando Govert llega con el último integrante del grupo me quedo a cuadros.

-¿Feli?-El italiano me saluda, tan contento, y se sienta entre el mastodonte y una chica asiática, a la que reconozco como amiga de Feliciano.

Vale, creo que somos, sin duda, el grupo más raro que se ha formado en toda la noche. Osea, es que no pegamos para nada. Muchos ni si quiera nos hablamos, aunque no es nada que un poco de maría no pueda solucionar.

Mientras el holandés se dedica a explicar a los "primerizos", como él los llama, cómo tienen que inhalar (después de habernos pedido el dinero, claro), miro a la gente que forma el circulo.

El mastodonte, Arthur, la ex del pervertido, Heracles (o algo así), Sakura, Toño, la puta (Emma, no la Bichopalo), Feli y yo.

Govert enciende el primero de todos los pitillos que hay. Hace una pequeña demostración de qué hacer con el humo.

Rápidamente el porro empieza a pasar de unas manos a otras. La primera en ahogarse con el humo es la ex del pervertido, Victoria, creo recordar. Aún tosiendo la morena se ríe. Ni si quiera ha tenido tiempo a colocarse, pero bueno.

Cuando la chica me lo pasa me quedo mirándolo unos segundos.

Bueno solo voy a divertirme un poco ¿qué hay de malo en eso?

Con esto en mente le doy una calada honda, saboreando el humo y dejando que llegue hasta mis pulmones. Lo mantengo ahí mientras le paso el cigarrillo a Toño.

Emma se lo quita de las manos y le da ella una calada, tras unos segundos reteniendo el humo, se lo pasa al hispano con un beso. Ambos se ríen.

Miro todo el proceso soltando el humo por la boca poco a poco. Quizás lo he retenido demasiado tiempo, porque ya estoy más mareado que al principio.

De todas formas no importa. Osea, esta sensación es muchísimo mejor a la del mareo por alcohol o por bajada de azúcar. En realidad es una sensación bastante buena.

Cuando Feli se lleva el porro a los labios todos miramos expectantes. Es su primera vez, así que seguramente se acaba ahogando, al igual que Victoria.

Sin embargo, el italiano le da la calada con una naturalidad tal que parece que lo lleva haciendo toda su vida.

-¿Estás seguro de no haberlo probado antes?-Pregunta Arthur, escéptico, mientras sigue la trayectoria de la maría. Esta pasa a manos de la amiga de Feli, Sakura.

-Claro.-Responde el castaño, con una sonrisa inocente en el rostro.

La asiática, como era de esperar, sí que se ahoga. Tose tanto que acaba con lágrimas en los ojos, roja y aceptando la botella de líquido (dudo que sea agua) que Elizabetha le pasa.

A medida que van aumentando las caladas, el ambiente, al principio algo tenso, se va relajando entre nosotros.

Sakura es la primera en abandonar, tirándose al suelo y riéndose como pensé que no era capaz.

Heracles no tarda en acercarse a ella, pero la japonesa le echa. Mientras sigue riendose, como si con su sola presencia el griego le hiciera cosquillas.

Cuando Elizabetha lo deja también, tumbándose en el suelo con una sonrisa soñadora, un grito de Sakura nos sobresalta a todos.

-¡Chiara!-Grita, como si la conociera de toda la vida. Entre el humo que estoy exhalando veo a la asiática intentar ponerse en pie. No lo consigue, así que se deja caer mientras sigue riéndose. Me contagia la risa, así que, aunque la mirada de mi amiga es aterradora solo atino a reírme.

-Ciao, sorella!-Saluda felizmente Feliciano, llevándose el porro a la boca.-¿Quieres un poco?-Le pregunta a su hermana, ofreciéndoselo.

-¿¡Pero tú eres subnormal o qué te pasa!?-Las risas se van apagando. Todos nos quedamos en silencio. Bueno, todos menos Arthur, que sigue empeñado en hablar solo, diciendo que no vemos a las hadas porque somos estúpidos.

-No seas aguafiestas, Chiara. Si solo lo estaba probando.-Antonio, con toda la cara llena de pintalabios de su novia, intenta calmar a la italiana. Mal hecho.

-¡Y tú también eres subnormal! ¿Cómo le dejas fumar porros tan tranquilo, pedazo de bastardo? ¿Acaso no sabes lo idiota que es sin estar colocado?-Los ojos de la italiana brillan. Bien podría ser por el alcohol o bien por la furia, como que no tengo ni idea.

Yo, conociendo a mi amiga, decido quedarme al margen. Intentando aguantar la risa que me da todo esto.

-Shhh. Esa es la hermana de Feliciano. Pero no habléis tan alto, que está enfadada.-Dice, de repente el británico, mandando callar al aire.

Todos estallamos en carcajadas. Hasta Chiara se ríe, aunque eso no evita que coja a un sonriente Feliciano de la patilla y se lo lleve de vuelta a la casa.

Respiro aliviado, solo me he llevado una mirada de odio de la castaña. Estoy más que acostumbrado.

-Bueno, pues a más tocamos.-Dice Govert, que también tiene una sonrisa estúpida en el rostro, mientras enciende otro porro.


LUDWIG

Definitivamente, venir a esta fiesta ha sido la peor idea de todas.

Llevo toda la noche intentando buscar a Sakura para hablar con ella sobre Feli, ya que creo que siento algo por él, pero no quiere escucharme. Está con Alfred y no tiene pinta de que vayan a separarse en lo que queda de fiesta. Además, lleva varias copas de más encima y está un poco borracha. Pero eso no es nada comparado con Feli, quien está completamente ebrio.

-Jo, Lud, yo quiero volver a jugar a siete minutos en el paraíso.-dice, por no decir que arrastra las palabras, Feli, agarrándome del brazo y tirando de él. Estamos sentado en un sofá del salón, donde aún queda gente bailando.

-¿Y que quieres que yo le haga?-intento razonar aunque sin éxito.

-Dile a Francis que juguemos de nuevoooo-se queja apretando más mi brazo.

-Suéltame, que me vas a hacer daño.-digo soltándome de su agarre sin muchos problemas.-además, Francis está con Arthur y no creo que quieran que le interrumpan.

-Pero Luuud, quiero jugaaaar -lloriquea abrazándome por la cintura. Siento como mi cara arde cuando mi amigo hace eso, así que le empujo hasta que se suelta completamente.

-¿Por qué eres tan malo conmigo?-pregunta mirándome con los ojos acuosos, casi a punto de llorar.

-No digas tonterías.-respondo secamente, poniéndome en pie, pues decididamente tenemos que irnos de aquí.

-¿Y ahora a dónde vas?-pregunta Feli desde el sofá-¿Me abandonas, no? Eso es lo que llevas haciendo durante las últimas semanas.-dice, comenzando a llorar. Otras veces me preocuparía por sus cambios de humor, pero estando en una fiesta como esta no son tan raros.

-Ahora vuelvo. Voy a...-digo, intentando buscar alguna mentira que le convenza.-a ir a por tu chaqueta, que se quedó en el cuarto de Alfred.

-Ah, es verdad.-dice intentando levantarse, pero se cae en el sillón, riéndose. Por su forma de actuar diría que lleva algo más que alcohol en el cuerpo.-ve tú a por mi chaqueta que tengo frío, Lud.

-Vale, pero no te muevas de aquí, ¿eh?-digo yendo hacia las escaleras, buscando desesperadamente a Sakura, quien está en el cuarto de Alfred con Elizabetha.

-¿Sakura?-pregunto dudoso entrando al cuarto, no queriendo interrumpir la conversación de las dos amigas.

-Hola, Lud-dice ella con la voz cortada, como si estuviese llorando. Y así es, tiene la cara llena de lágrimas y está limpiándose los ojos, completamente rojos. Ella está igual que Feliciano ya que, hace apenas unos minutos la he visto riéndose como si no hubiera un mañana-¿qué quieres?

-¿Estás bien?-pregunto preocupado. No sé que es mejor, que estuviese como antes, riéndose tontamente a causa del alcohol, o así, llorando ya después de habérsele pasado el efecto del mismo.

-S-Sí-responde ella rápidamente.-no es nada, solo se ha metido algo en el ojo.

Obviamente, no me creo esa burda mentira, pero si ella no quiere contarme qué le ocurre no puedo forzarla a hacerlo.

-Venía a decirte que me voy con Feli. Le acompaño a su casa. ¿Quieres venirte con nosotros? Y te acompaño a tu casa si quieres.

-No, me voy a quedar a dormir con Maddie, pero gracias.-dice con una pequeña sonrisa.

-Bueno, pues eso, que ya nos vamos. Adiós.-me despido de las dos chicas y bajo al salón donde me encuentro que Feli está cabeceando.

-Feliciano, despierta que nos vamos.-le ordeno zarandeándole del hombro con algo de fuerza, haciendo que despierte.

-¿Lud?-pregunta frotándose un ojo.

-Vamos, levántate-digo tomándole de un brazo y tirando con fuerza de él para poner a Feli en pie, quien se levanta aunque con dificultades.

-¡Lud, para! Todo se mueve, así no puedo andar.-lloriquea cerrando los ojos con fuerza, mareado.

-Tranquilo, yo te llevo.-digo pensando en alguna solución.-Mira, te vas a subir a mi espalda, ¿sí?

Antes de que pueda contestar, me agacho hasta quedar a su altura y le digo que se suba. Él lo hace dudosamente, pero al final consigo que se agarre a mi cuello y yo le cojo de las piernas.

-Nos vamos.-digo cuando llegamos a la puerta a Iván, Eduard y Toris, quienes están hablando en el porche. Creo que son los que más sobrios están de la fiesta, aparte de mí. Se despiden de nosotros amablemente y emprendo el camino de vuelta hacia casa de Feliciano. ¿Debería volver a por Chiara? Es la hermana de mi mejor amigo, y me da cosa dejarla allí sola...aunque si vuelvo será más tarde, no podré con ella y Feli a la vez.

A mitad de camino, mientras voy pensando en algunas de las indirectas que se han dicho en el juego de "Yo nunca", siento como Feliciano me rodea el cuello en un abrazo y me suspira en el oído.

-O-Oye, Feli, ¿qué haces?

-Lud, eres un idiota-murmura en sueños. Me sonrojo un poco, sin saber cómo tomarme eso.

-¿Y eso por qué, si puede saberse?-pregunto con curiosidad.

Sin embrago, no me responde y se queda callado hasta que llegamos a su casa.

Cuando llegamos a su portal, bajo a Feli de mi espalda, esperando que esté despierto.

-¿Feli?-pregunto mientras le bajo.

-¿Sí?-pregunta él, que afortunadamente ya se ha despertado.

-Ya hemos llegado a tu casa.-digo sujetándole del brazo, por si se cae o algo.

Feliciano no dice nada durante un rato en el que cierra los ojos y se lleva las manos a la frente.

-¿Estás bien?-pregunto preocupado, esperando que no vomite encima mía.

-No, no estoy bien.-dice con voz ronca. Levanta la cabeza y me mira con los ojos centelleantes.-estoy harto, Ludwig, estoy realmente harto de que seas tan idiota cuando se trata de temas amorososo. ¿Es que acaso no tienes sentimientos?

No sé qué responderle, ya que no sé a qué se refiere, pero esto no me gusta. Son pocas las veces en las que Feliciano se enfada, pero cuando lo hace, suele ser terrible.

-¿Por qué dices eso?-pregunto, esperando que me grite o algo. Sin embargo, en vez de recibir un chillido de su parte lo que recibo es un beso. Me quedo de piedra, sin saber qué hacer. Feliciano me ha cogido la cara con las manos y me está aplastando sus labios contra los míos.

De repente, se separa bruscamente y entra corriendo a su casa, ya que el portal lo acaba de abrir un hombre que lleva una bolsa de basura en la mano y se dirige a los contenedores que están en la acera de enfrente.

Miro a Feliciano irse sin saber cómo reaccionar durante unos momentos. Cuando por fin reacciono y me pongo a andar hacia mi casa, me llevo un dedo a los labios, donde hace menos de cinco minutos Feliciano me ha besado.


EMMA

Creo que al final me he emborrachado, pero no mucho o por lo menos todavía soy capaz de hablar con coherencia.

-Antonio voy a salir.

-¿A dónde?-pregunta él con cara de idiota. Quizás también esté borracho.

-Pues afuera.-digo yendo hacia la puerta. Antonio se empieza a reír sin razón alguna, pero no dice nada, vale, entonces es que está borracho, siempre se ríe así.

Cuando salgo, veo que hay un grupo de gente mirándome de los que no reconozco a la mayoría, por no decir a ninguno de ellos ¿estos son amigos de Alfred? porque tienen más pinta de haberse colado aquí.

-¿Tu eres...el loco ese, no? ¿Iván te llamabas?-pregunto a uno muy alto que me empieza a mirar raro y al que creo reconocer. Me acerco a él lentamente mientras hablo.-no me caes mal. De hecho, me pareces muy mono. Si quieres un día podemos quedar y hacer lo que tu quieras.

No sé por qué, empiezo a reírme sola, quizás es que Antonio me ha pegado su tipo de borrachera, si es que eso es posible. Um... ahora que lo pienso estoy saliendo con Antonio, que está aún dentro de la casa, tanto o más ebrio que yo.

-Además, siempre me has parecido muy sexy.-añado acercándome más a él y abrazándole del cuello. No pienso preocuparme por tener novio ahora, además, hace tiempo que no siento nada por él, como me pasa siempre que una relación se alarga más de lo necesario.

De repente, alguien carraspea y me giro. Es gracioso porque no la he reconocido hasta ahora... entonces quizás estoy más borracha de lo que pensaba porque es Natasha.

-Ah, hola Nat, ¿cómo estás?-antes de que me responda, me doy cuenta de que tampoco me importa cómo esté y vuelvo a reirme-en realidad tu hermano me parece mucho mejor partido que tú-le digo, aún mirando al chico que creo que se llama Iván. La verdad es que no estoy segura de por qué le digo eso, bueno, siempre puedo echarle la culpa al alcohol.

Vuelvo a reírme al ver la cara que pone, al escucharme, entonces alguien me empuja y me caigo al suelo. Me quedo ahí tumbada ya que, por el golpe todo empieza a darme vueltas alrededor y que la gente se ponga a gritar no me ayuda nada. No entiendo lo que dicen, pero hasta yo puedo notar perfectamente que están enfadados, lo que no sé si conmigo o entre ellos.

Iván está gritando con alguien que se parece a él en estatura, pero no logro distinguirle bien así que no debe de ser algo relacionado conmigo. Intento levantarme para reconocer al chico que está peleando con el ruso, pero noto como algo ácido sube por mi esófago y antes de vomitar decido volver a tumbarme en el suelo y cerrar los ojos, esperando que al abrirlos no todo baile a mi alrededor y que mi estómago no decida que es mejor expulsar todo el alcohol.

Cuando acaban de pelear, o por lo menos es lo que parece porque se dejan de escuchar gritos abro los ojos a tiempo para ver cómo la persona que estaba gritando con Iván se acerca a mi para ayudarme a levantarme, una vez estoy en pie me lleva casi a rastras hacia el jardín ya que sigo bastante mareada por el alcohol y el golpe que me he dado contra el suelo.

-¿¡Pero qué demonios pasa contigo!?

Vaya, ahora que está más cerca ya le distingo mejor... y creo que es...

-¿Govert?-me río al ver que parece enfadado.

-¿Qué mierda tienes en la cabeza para ir a ligarte a Iván estando Natasha delante?

-Me pareció muy lindo.-digo, me mira incrédulo, pero no es tan difícil de creer que me pareciera lindo, me gustan los ojos claros y él los tiene muy claros.

Govert se pone a hablar de algo que no entiendo muy bien. De repente me doy cuenta de lo bonitos que son sus ojos no son del color de los de Iván pero siempre me han gustado los ojos de Govert, y me acuerdo de que fue lo primero en lo que me fijé de él cuando le conocí, antes de comenzar a salir. La verdad es que echo de menos el tiempo en el que salíamos, por muy larga que esa relación pudiera ser nunca me aburrí y estoy segura de que no me aburriría. Me pregunto si sus labios sabrán igual que antes.

-...y por eso, Emma, no puedes-

No sé que es lo que no puedo hacer porque antes de que mi ex continúe hablando le beso torpemente pero eso no me impide darme cuenta de que sus labios no han cambiado para nada, es como volver atrás en el tiempo. Mientras le beso le abrazo por la cintura.

A partir de aquí ya no recuerdo nada más, aunque creo que no fui rechazada precisamente.