† Capítulo VII †

Me quedé de piedra, inmóvil ante lo que había oído salir de su boca. Tan sólo imaginar sus labios junto a los míos, me hacía desear morir. Durante un momento, el tiempo se paró, mis ojos en los suyos y los suyos en los míos, el mundo desaparecía a nuestro alrededor, sólo existíamos él y yo, perdidos en la inmensidad de la noche. Estaba completamente enamorada de él, lo era todo para mí, era mi corazón entero, deseaba perderme con él y pasar juntos toda una eternidad. Todo este tiempo desperdiciado, estos casi diecisiete años de vida no tenían valor alguno hasta que lo conocí, era todo lo que soy.

Apoyé ambas manos en su asiento, para ir acercándome poco a poco a sus labios, un tiempo que se me antojó eterno. Mis labios rozaron ligeramente los suyos, entonces noté sus dos manos sujetándome con suavidad la cara. Nuestras respiraciones se mezclaron y nuestras lenguas comenzaron a acariciarse, me sentía volar a medida que los latidos de mi corazón eran cada vez más fuertes y acelerados. Al fin mis latidos tenían sentido, dos años llevaba soñando besarlo, notar tan cerca su presencia.

Al cabo de unos minutos que superaban la perfección de los sueños, separó su cara de la mía y sonrió.
-Déjame cambiar de asiento y te llevo a casa, que ya es tarde.
-No importa a qué hora llegue a casa, mis padres están de aniversario e iban a pasar la noche fuera.
-De todos modos, una niñita inocente como tú hace ya tiempo que debería haberse metido en cama.
-Te odio - le dije dulcemente, con ironía.

Cambiamos de asiento, y giró las llaves en el contacto.
-No enciende - siguió girando las llaves, pero el coche no arrancaba - ¡Me cago en la puta! ¡Y encima a estas horas no hay grúas, y estamos en el medio de nada! - estaba empezando a ponerse nervioso, eso me preocupaba.
-¿Y si llamas a tu hermano?
-Compartimos el mismo coche, no puede venir andando. Habrá que dormir aquí, y por la mañana llamar a una grúa.
-A mí no me importa.
-En serio, menuda mierda, lo siento.
-No te preocupes... Hala, ¿y esto? - me sorprendí al divisar una rosa azul, mi flor favorita, encima de la guantera.
-Ah, la flor. Es que crecen en el patio de la novia de Pein, y cogí una porque me recordaba a ti. Quería dártela, pero no veía el momento - la tomó con una mano, me quitó el lazo del pelo, sustituyéndolo por la hermosa flor - Mi rosa azul.

Sonreí y volví a acercarme a él para besarlo de nuevo, me había vuelto adicta a él, nadie me hacía sentir las emociones que Nagato despertaba en mí.
-Vamos a los asientos de atrás, que hay más espacio - fuimos a la parte trasera del coche, y él abrió la bandeja para coger una manta del maletero - Si tenemos que dormir en el coche, mejor que nos tapemos para no coger frío, sobre todo tú - me dijo con una mirada traviesa, mirándome como si yo fuera algo comestible, y colgó la susodicha manta en uno de los asientos delanteros.
-¿Te importa si me quito el corsé? - dije tras unos segundos de silencio - Es que me agobia un poco, al ser tan ajustado...
-Qué va, tú ponte cómoda - le sonreí con dulzura, y fui desatando los cordones del corsé, que dejé sobre la bandeja. Volví a mirarlo, para encontrarme con su fija mirada, esta vez no en mis ojos, sino más abajo, y con esa mirada hambrienta.
-¿Qué pasa? - pregunté confusa.
-No, nada, nada - hizo un movimiento como si se hubiera acabado de despertar de un trance - Yo me voy a quitar los zapatos, si no te molesta.
-Claro que no me molesta - los dejó también sobre la bandeja, y lo mismo hizo con su sudadera, dejando ver su camiseta de Drop Dead.

Quedamos en silencio durante un tiempo, una vieja farola cuya bombilla estaría a punto de fundirse era todo lo que iluminaba el desierto lugar. Nagato se acercó a mí hasta que nuestros costados se rozaron, y me sostuvo la cara con suavidad, haciéndome mirarlo fijamente. Pasó una mano por mi pelo, y me quitó la rosa para dejarla encima de mi corsé. Entonces volvió a sostenerme la cara para besarme de nuevo, tras unos segundos en los que ambos nos perdimos en la mirada del otro.

El beso fue largo y dulce, hasta que separó un poco sus labios de los míos al quedar sin respiración, y me abrazó fuertemente, como si estuviera intentando no perderme. Y jamás me perdería, mi corazón era más suyo que mío, desde la primera palabra que compartimos, decidí entregarme completamente a él. Bajó la cabeza para apoyarla en mi hombro derecho, al mismo tiempo que sus manos se posaban suavemente en mi cintura, y las mías abrazaban su espalda. Notaba su cálido aliento en mi oreja, una de sus manos subió hasta mi cuello, acariciándome.

Cuando se separó de nuevo un poco, me recosté sobre el asiento, y él comenzó a desatarme las botas, dejándolas con cuidado sobre el suelo, y entonces se recostó encima de mí, apoyando las manos a ambos lados de mi cabeza. Me besó, un apasionado y húmedo beso que me hizo derretirme. Pasando una de mis manos por su nuca, lo acerqué más a mí y le besé el cuello, rozándolo con los dientes, y noté cómo su respiración aumentaba de intensidad.

Con una caricia, me bajó la parte superior del vestido, y pasó ambas manos por dentro de mi sujetador, acariciándome suave y pausadamente, lo que me hizo tener que morderme el labio inferior para conseguir continuar en silencio. Recorrí su espalda con mis dedos por dentro de su camiseta, y luego bajando hasta su trasero, que empujé lentamente hacia mí, pegando más su cuerpo con el mío, haciéndome notar cada centímetro de su cuerpo sobre mí.

Lentamente, me fue quitando las medias de red, con cuidado, acariciándome con cada roce de sus manos. Le bajé los pantalones, sin dejar de besarlo apasionadamente. Me levantó la falda con sumo cuidado y, acto seguido, me desnudó de cintura para abajo. Sus manos volvieron a acariciar mi pelo, y entonces sentí un nuevo roce que lo decía todo. Cerré los ojos, no estaba asustada de lo que iba a ocurrir, sólo incrédula. De ahí a unos segundos, noté un movimiento brusco y ese roce desapareció. Abrí los ojos preguntándome qué ocurría, y él ya estaba sentado, volviendo a vestirse.
-Lo siento, pero no puedo, no puedo hacerte daño.
-No me vas a hacer daño - me incorporé, colocándome la ropa - Y, aunque me lo hagas, no me importa... - intenté no cruzar mi mirada con la suya, quería decirle que lo amaba, pero no era capaz.
-Creo que ya hemos llegado demasiado lejos. Además, son más de las tres de la madrugada, ya deberíamos estar durmiendo.

Había vuelto a aparecer esa forma suya de ser, frío e impasible, sin mostrar ninguna emoción en su rostro, tal y como era antes de haber hablado conmigo por primera vez. Había dejado de sentirme especial por la manera de la que me trataba. Cogió la manta, y se acostó en horizontal sobre los asientos de atrás, lo mismo hice yo, y nos tapó a ambos con la manta. Se volteó quedando de espaldas a mí, ¿había hecho yo algo malo?

[HINATA]

Me llevó en brazos hasta su habitación, y allí me posó en la cama, acomodándome entre los cojines mientras él se bajaba los pantalones. Se puso de rodillas delante de mí y me quitó el vestido con cuidado, para luego volver a abrazarme y besarme apasionadamente, el calor y los latidos de nuestros corazones aumentaban cada vez más y más. Pasé las manos por debajo de sus boxers, acariciando su trasero, clavándole las uñas en él, arañándolo, al mismo tiempo que él comenzaba a mordisquearme los pechos. Le quité los boxers sin dejar de tocarlo todo lo que podía, para así poder acariciarlo mejor. Él me desabrochó el sujetador y lo tiró al suelo, lanzándose salvajemente sobre mí, que caí acostada en la cama, intentando reprimir mis gemidos mientras él lamía mis pechos.

Con las dos manos, me quitó lo que me quedaba de ropa y empezó a acariciarme con más intensidad, jugando con sus dedos en mi clítoris, hasta que no pude evitar gemir fuertemente. Metió dos dedos dentro de mí, al principio dolía, pero llegué al orgasmo al poco tiempo de haberme acostumbrado. Entonces fui yo la que se situó sobre él, frotando mi cuerpo contra el suyo, una mano agarrada a uno de sus hombros y la otra masturbando su miembro, mientras él me agarraba por el trasero. Lo miré a la cara, su expresión excitada, las pequeñas gotas de sudor que brillaban sobre su pecho, los leves gemidos que soltaba, eso me ponía más y más caliente.

Tras haberle dado otro apasionado beso con todo mi corazón, hundí mi cabeza entre sus piernas, haciéndolo gritar inevitablemente. Aumenté el ritmo de la felación cuanto más entrecortada oía su respiración, hasta que se fue en mi boca. Me tomó por los hombros para acostarme en la cama, y ahora fue él el que se dispuso a hacerme lo mismo a mí. Pero yo no podía esperar, quería sentirlo ya dentro de mí.
-Naruto... quiero que me hagas ya el amor.
Me sonrió, con esa sonrisa que conseguía derretirme, y se recostó encima de mí, para irme penetrando poco a poco.
-¡Aaahh... más rápido, más rápido!
Aumentó el ritmo cuando yo se lo pedía, y cuando ya ninguno de los dos podía más, llegamos juntos al clímax.

Me besó dulcemente en la boca, y quedé dormida entre sus sábanas, entre sus brazos, notando su respiración tan cerca de mí.

[KONAN]

Desperté entre sus brazos con los primeros rayos del sol, estaba cansada, confusa y deprimida. Me puse el corsé y las botas, con cuidado de no despertar a Nagato. Tenía un nudo en la garganta, pues ya nada me tenía sentido.