-Los territorios del Este son míos. No quiero tener que repetirme – Oswald miro al mafioso enfrente de su escritorio, sentado en la silla de cuero que tenía para las visitas molestas que debía de atender por los negocios – Podemos volver a iniciar una guerra en las calles – Tradujo – Ya sabes… como al inicio. Sangre aquí, por allá, salpicando tus bonitos zapatos – Maroni echo un vistazo a los mocasines de Coblepott – Veo que has mejorado. Ya no usas de los baratos – Oswald jugo con el caramelo que tenía en la boca. Entreteniendo su lengua en algo que no fuera destrozar al hombre – Te dejo el treinta por ciento del territorio y sabes que estoy haciéndote el favor de no matarte y dejarte en el patio de juegos.

Oswald no opinaba lo mismo. Él había aniquilado el clan del italiano venido a menos a Gotica. Él había sembrado un nuevo orden sin la necesidad de besarle el culo a ninguno de los Mafiosos del círculo de Gotica… claro que tenía su propia oscura historia del como salió del circo y sus pininos en las grandes ciudades pero que le valían para no temerle a un desesperado hombre, uno que intentaba esconder lo perdido que se encontraba.

Maroni perdió sus territorios en su lucha callejera. En su guerra que ocasiono tantas bajas que los ciudadanos libren mejor se atrincheraban en sus casas después de las siete de la tarde. Cuando apenas el sol estaba metiéndose por el ocaso.

Casi fue como quitarle el dulce a un bebé.

-Treinta por ciento y es todo lo que conseguirás.

-No quiero, ni debo, ni tengo que hacer negocios contigo – Puntualizo una vez se cansó del silencio. También de la charla. Ese fútil intento de negociación era mediocre – Creo que no entiendes el concepto. Negociar implica que ambas partes tienen un bien del interés del otro, pero, aquí, mi preciado, Maroni, no hay tal. Usted no tiene nada que me interese – Puntuó y el Italiano iba a soltar su enorme lista de aliados… que estaban en otra ciudad por lo que Oswald prefirió interrumpirlo- Si te vas, puedo ignorar tu amenaza y puedes irte. Sin rencores.

-¡Esto es…! – Golpeo su enorme mano en el caro escritorio de madera pero si ímpetu le duro poco…Zsasz, uno de los hombres del pingüino, le apuntaba con un arma, una que simulaba una inofensiva sombrilla – Las armas no se permiten en las reuniones. Respeta las tradiciones, Pingüino.

-Yo las respeto – Canturrio y el tenso ambiente aumento. Oswald era un pésimo mentiroso cuando deseaba serlo – Por…

-¡Oz!

Se escuchó por toda la oficina. Sin dj practicando, o personas cargando el vino, el club estaba en silencio. Maroni se tallo los ojos, incrédulo ante la visión del pequeño pelirrojo que se ponía en pie para dar tambaleantes pasitos que se precipitaban aparatosamente en pequeños trotes para luego caer al suelo de bruces y volver a levantarse, con calma para intentar de nuevo. El espectáculo duro unos buenos minutos hasta que el pequeño pudo llegar hasta el costado de su padrino.

-Zsasz – Era lo único que Roy sabia decir bien y es que el nombre del asesino era tan naturalmente gutural que no había problemas. El asesino le dedico una sonrisa que casi hizo que uno de los guardaespaldas de Maroni se hiciera orina encima pero para Roy, fue motivo de risa. Sus manitas aplaudieron y Zsasz sin dejar de apuntar al mafioso, le acaricio con ternura la cabeza al ahijado del amo, cuidando que no se cayera hasta que lograra estirar los bracitos al jefe para que lo cargara en su regazo – ¡Ino! – Hipo con ímpetu - ¿Ino? – Ladeo su cabecita, contrariado porque Oswald no le cargaba de inmediato - ¡Ino!

-Te dije que te quedaras en tu casita – Y es que Oswald había mandado a traer a su oficina en el Iceberg una casita de juguete con cocina incluida, piscina de pelota para que nadara al deslizarse por una de las resbaladillas de plástico que pidió poner en la entrada de la casita. Roy estaba siendo cuidado en ese momento por uno de sus hombres, padre de familia, apto para hacerla de niñera mientras él debía de ocuparse de Maroni – Lo que me hace preguntar… ¿El cómo saliste? – Dijo mientras cargaba a su ahijado.

Roy chillo y repitió "Ino" todas las veces que quiso… luego ya menos eufórico por estar en el lugar que más le gustaba cuando visitaba a su padrino, le dedico una mirada de muerte a Maroni, la misma que su padre ponía cada vez que su Tío Júpiter hacia enojar a su Papi Conner… Y le gruño, tan fuerte que Oswald y Zsasz asintieron orgullosos de la ferocidad con la que el pequeño Habanero se manejaba.

Por su parte, Maroni tuvo que recordarse que la boca abierta era de mal gusto y dejaba en pleno conocimiento su desconcierto.

-Y Maroni – El hombre trago duro… La frialdad del Pingüino no mermaba con el chiquillo en brazos – No azotes la puerta cuando salgas. Las bisagras son de hielo… difíciles de conseguir y mantener, hermosas a la vista, sí, pero, tienen sus desventajas.

-No – Dijo y todos los hombres se cuadraron ansiosos – Es momento, Pingüino – Oswald arrugo su fina nariz. Odiaba que le llamasen así - ¡No voy a dejarte mi ciudad!

-¡Guarragagg! ¡GARRARRRARAAARRRGG! – Se lanzó Roy, seguro de que el tono de ese feo hombre no le gustaba. Hacía que su padrino se pusiera tenso y le apretara de más contra su pecho - ¡Gragraa!

El mafioso le mando un gesto de desdén al niño y Zsasz se enfureció. Nadie despreciaba al principito, y nadie lo hacía enfrente de él y vivía como si nada. Maroni estaba en su lista negra, la personal. La de negocios no requería tanto odio. A más tardar la semana siguiente no habría más Maroni con el que su jefe debiera lidiar.

-Si no quieres que tu bastardo salga herido en un tiroteo, Pingüino – Y Maroni lo sentía en sus huesos, ese niño era valioso. El Pingüino haría de todo para no dejarle tocar al escuincle. Maroni se comportaba como hacia él con su hijo – Acepta. Así podrás enseñarle a gruñir cuando truenes los dedos. Ahora es un cachorro mal entrenado, que de una patada pasa a mejor mundo – La amenaza hizo eco en Oswald… - Cualquier día.

-Lástima que tú no veas otro – Asintió.

Zsasz se encargó de dirigir la lluvia de plomo mientras Oswald Coblepott hacia caras extrañas a Roy… que media asustado por el estruendo no dejaba de temblar.

Oswald se dirigió a la piscina de pelotas, extrañado porque la niñera no apareciera… viva. Al parecer Maroni iba a dar el golpe de gracias si o si, que bueno que Roy estaba bien que sino, Croc buscaría su preciada y plumífera cabeza.

-Para la siguiente corres hacia mí, Principito.

Roy había llegado por una cursilería de Conner. El retirado prostituto dijo estar encargándose de la fiesta de cumpleaños de su pequeño y que deseaba fuera sorpresa, así que sin preguntarle si es que podía hacerse cargo del travieso y explorador Roy, le dejo la pañalera, la leche en formula y una papilla que Oswald no quería saber cómo consiguieron.

A Oswald no le molestaba cuidar de su ahijado, le encantaba hacerlo, no fuera que se mal interpretara pero, cuidar de un preciosos rojillo no era muy bueno cuando las cosas estaban poniéndose feas entre los clanes y los señores del Crimen. Él debía de defender su postura, lugar y territorio, anotar citas con gente indeseable y firmar con los policías corruptos. Roy gateaba y caminaba en su oficina el peor día de la semana pero eso no se lo haría saber… ya vería la manera en la que sus padres no se enterasen de la balacera.

-Roja – Dijo – Roy, di: Rojo… Rojo es como el color de tu cabello – Explico poniéndole la pelota roja en su regordeta carita – Rojaaaa…RROOJJAA.

-Maroni escapo, señor – Reporto Zsasz con desgano – Estoy preparando una cuadrilla para buscarlo. Poner las recompensas y esperar. Usted pida, jefe.

-Nadie entregara a Maroni – Roy hacia sus vocalizaciones con gracia. Los fieros guardaespaldas, pandilleros y bartenders hacían pucheros monos al escucharlo y verlo. Todos coincidían en que Roy era la cosita más linda que vieran en esas calles – Roja – Volvió a insistir y Roy se ponía de dicho color por la frustración – Dejemos que se esconda. La espera es peor que el cuchillo.

-Oa – Gruño Roy – Doa – Siguió tratando - ¡Doja!

-Eso sonó mejor – Concedió y tomo otra de las pelotas de la piscina. Roy hizo puchero, él quería jugar – Azul… Repite conmigo Roy, azul: AAZZUULL.

Roy cogió la pelota del dichoso color y se la aventó a la frente a su padrino, dejando bien en claro lo que pensaba de su insistencia. Él no quería estar repitiendo los nombres de eso, él quería jugar.

Pingüino se sobo la nariz y asintió.

-Seguro que tienes mejores modales para pedir las cosas, Principito Rojo – Roy salivo, vibrando sus labios y escupiendo ocasionalmente. – Azul.

-AZUL – Repitió Roy de mala gana, tan perfecto que después del segundo de incredulidad vino el vitoreo que le tomo desprevenido y le hizo rebotar del susto.

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-¿Tenías que llevarlo con el Señor Pingüino? – Hostigo Croc colgado de las paredes para ajustar la serpentina como se mandaba – Esas aves suyas tiene la manía de ponérselo a la espalda y nadar con él en esa alberca que Oswald mando a construir con agua caliente. ¡Caliente! ¿Cuándo has visto que los pingüinos les guste el agua caliente? – Siguió de mala gana.

-Desde que conocen a Roy – Y medito por un instante – No, no me gusta. Pongamos más rojo, Croc.

Croc detuvo a duras penas el bestial instinto de golpearse contra la pared bien duro para quedar en coma. Conner se había vuelto algo loco con la fiesta de Roy. No estaban para darse lujos, aún no, pero, Conner se las había arreglado para comprar de lo que le quedaba de su vida anterior, unos globos y serpentinas, pese a la instancia de Croc por robarse las cosas.

Conner no estuvo de acuerdo y para ahorrarse la pelea sin sentido, Croc, accedió a que Conner hiciera la fiesta a su gusto y el siguiente año sería a las normas de Killer Croc. Conner no encontró nada malo con el trato y lo sello con un sutil beso en el pulgar de la derecha, justamente con la que le estaba tocando en ese momento.

-No hay fiesta de cumpleaños sin pastel – Conner medito su nuevo descubrimiento – Croc… y no hay pastel para todos.

-Tú ve por Roy – Coordino – Yo conseguiré pastel para todos.

-Croc…

-No me hagas esos pucheros – Se quejó. Conner aún no creía que Croc no se diera cuenta lo dulce que era - ¿Ya viste al chico?

-Júpiter dice que estará en pie en una semana – Siguió pegando los globos - ¿No has averiguado quien dejo la cloaca abierta?

Killer Croc tenía la regla de cerrar la puerta de su mundo, porque era peligroso que alguien de allá arriba supiera sobre su reino. Ya era difícil el lidiar con los oficiales, los albañiles y gente que trabajaba el cableado dentro del alcantarillado, Killer Croc no lo hacía por miedo a que los descubrieran sino por temor a lo que sabía harían si los viesen. Y la gente que sobreviviera la caída no siempre serian pequeños, o personas desamparadas… huyendo de la atrocidad, sino personas que tenían familia que se preocuparían cuando no los vieran llegar a sus cálidas casas para cenar.

Las coladeras debían de permanecer cerradas.

-No… nadie tiene el valor – Soltó – El gato les comió la lengua.

-El cocodrilo – Dijo Conner, burlándose de Killer quien cariñosamente le soltó un coletazo en la espalda, empujándolo a la salida de su reino – Voy por Roy.

Croc le vio salir. Nadie creería que Conner había sido una vez un prostituto. No con esa manía suya de gacela aturdida. Con la gracia y amabilidad de una ama de casa, con esa briosa personalidad que llenaba de luz su hogar. Conner era modales, y luchaba por enseñarle a comer enfrente suyo, sin avergonzarse, y aun no lo conseguía y Croc no tenía pensado concederle ese capricho.

Conner ya pedía bastante.

-Despertaste – Saludo con fuerza. Guy no le contesto. Croc percibió como el pequeño pelirrojo se removía entre las sábanas limpias… amarillentas por la lejía y el uso, pero limpias. Un lujo en su reino – Guy – Dijo y el chiquillo se tensó – Hoy tenemos una fiesta. Mi hijo cumple su primer año.

-…

Croc suspiro. El chiquillo no había hablado desde que despertara. Hacia dos días lo pensaron normal pero cuando no lo hacía aun cuando debía de pedir comida o ayuda para ir al baño, era un enorme impedimento. Ayer lo habían encontrado tirado camino a los sanitarios. Y sobre su charco de sangre que atraía a las ratas. Fue una suerte que Júpiter chillara como la nena que era por no encontrarlo en la camilla.

-Si quieres…- Guy viro su rostro y Croc se dio por vencido.

Si el chiquillo no quería hablar, ya después se ablandaría... Nadie duraba tanto en silencio a menos que fuera mudo… pero comprobado que no era el caso, tenía que aguardar a que se dignara a honrarlo con su verborrea.

-Tenemos una buena comida – Dijo una señora cuando su Rey paso al lado de las calderas – Pollo, del bueno.

Antes era un riesgo robar pero desde que había organizado y unificado a sus vagabundos, los más fuertes hacían de ejecutores y guardianes. Él los llevaba a donde el Pingüino tuviera negocios o en un día ordinario, a conseguir alimento al asaltar las fábricas de comida.

Debían de ganarse la vida.

Al mejorar la alimentación, su pueblo mejoro. Poco a poco se verían los progresos. Hoy tenían dos atracos antes de que Conner llegara con su pequeño Habanero en brazos.

-El convoy de medicamentos vine por la ruta de la treinta y cuatro y quinta – Extendió el mapa. Usaba un marcador para trazar la ruta y los puntos clave para hacerse con el botín – Reforzaran la seguridad. Al parecer no somos los únicos que hemos tenido la maravillosa idea de hacernos con ellos… en otras ciudades las Triadas siguen el mismo plan. Acortaremos sus bajas y las nuestras si los hacemos volcarse en la curva.

-Pasan justo por debajo de las grandes alcantarillas, las de reja – Dijo otro.

-Pincharan los neumáticos justo allí. Son menos de una fracción de segundo… ¿Entendido? – Ellos asintieron – Arrancare la puerta y llenaran los sacos.

-Ocupamos toallas sanitarias – Dijo Gambito que estaba colándose en la reunión. Croc ni le dio la palabra, ni su permiso para que saliera de la guardería. Su valor estaba siendo prontamente cuestionado pero le dejo hablar, los enanos como él tenían valiosas cosas que aportar. Al fin y al cabo eran esos debiluchos los que recibían sus actos – No hay suficientes trapos para que usen. Y el doctor Júpiter se ha estado quejando de que las más chicas usan algodón para taponearse y luego no pueden sacarlo por completo y van a chillarle. – Los hombres hicieron su mueca de asco – Ocupamos Toallas sanitarias.

-Bien – Asintió Croc – Yo iré por ellas luego del convoy de medicamento. ¿Alguien quiere acompañarme? – Nadie levanto la mano – ¿Alguien que no sea Gambito? – Volvió a preguntar cuando sólo el chiquillo dio saltitos – Lárgate, chaval, ocupo que cuides de los demás.

Gambito le saco la lengua a su Rey y le mando un beso al aire. Satisfecho con que le hicieran caso.

Croc agradeció que Conner no estuviera presente.

-Luego de que deje el paquete femenino – Dijo poniéndole un nombre al asunto – Regresaremos a buscar uno de esos camiones que reparten las empresas panaderas. Conner tiene razón, es imposible conseguir pastel para todos… - Y mostro su sonrisa llena de dientes – Pero hay muchos roles glaciados y pan quesitos en envolturas.

Todo fue demasiado rápido. A las siete con treinta y tres, el camino pasaba por su ruta, con los oficiales escoltándole en motocicletas a los costados y en el frente, descuidando la retaguardia. Desde abajo, los hombres usaban los ganchos que el Pingüino les había facilitado como presente, ganchos que servían para afianzar los autos a tierra y frenarles en seco. Cuando el peso les hizo temblar debajo de la tierra, asomaron su mira por entre las rejas de metal oxidado y dispararon una milésima de segundo antes para que el gancho pinchara los neumáticos y se encajara en los rines haciendo que la camioneta chillara contra el asfalto y se volcara en la curva a la izquierda.

Los policías dieron su vuelta en "U" muy cerrada lo que les valió derraparse y facilitarles el noquearles. Killer Croc había sido específico, no quería muertos a menos que fuera necesario o bajo pedido de su cliente.

Todo el teatro duro tres minutos desde que Killer rajara las puertas hacia abajo, separándolas y arrojándolas. Mientras que los hombres quitaban las rejas de la alcantarilla y subían con sus bolsos.

Los sacos estaban repletos de sueros, intravenosas, conductores, incluso desfibriladores. Desinflamantes, cortisonas, adrenalina, equipo de cirugía básico y sangre. Júpiter saltaría de alegría al ver los antibióticos con los que surtiría su despensa. Gasas, vendas, fórceps y Croc juraba que al tener cajas de jeringas su médico le besaría los pies.

-Jefe… ¿Enserio irá por... eso? – Cuestiono uno de los Ejecutores cuando le terminaban de pasar uno de los sacos a su compañero - ¿Irá?

-Ya oíste a Gambito – Trono los dedos – Llévenselo al medicucho. Y prepárense para lo siguiente. Traigan a otros ocho ejecutores, quiero que vaciemos todos los camiones que veamos.

Killer Croc cerró la cloaca y trepo los edificios. Acostumbrado a hacerlo, a ir por los callejones hasta llegar a su destino. Ya no podía asaltar las mismas farmacias. No le parecía justo, además, si abusaba de ello, para la próxima los más pequeños no podrían hacerlo y sería contraproducente.

Decidió ir por un almacén comercial. Allí tenían de todo.

Hizo un hueco en la malla protectora y entro sin activar la alarma, algo muy difícil que sería admirado de tener alguien a su lado. Busco su objetivo y cuando lo encontró, se fijó que las cajas decían demasiadas cosas. Absorbentes, súper absorbentes, nocturnas, diurnas, alas, sin alas, panti protectores, tampones de flujo abundante o moderado, manzanilla, algodón, delgadas, ajustables, aloe vera, perfumadas y dejo de leer cuando vio la cantidad de marcas. Quizá debió de traer a una mujer para ayudarle a elegir.

En su divague, Croc no noto que su movimiento activo la cámara donde desde la cabina de vigilancia, un aterrado oficial de seguridad privada llamaba al cuartel de Gotica porque no podía creer lo que estaba viendo.

Uso la lógica: se llevaría tres cajas de seiscientos paquetes cada uno… esperando fuera suficiente. Cada paquete traía veinte a veinticinco piezas… Croc no era bueno contando pero suponía que eran suficientes. Y antes de partir, se paseó por la juguetería… Roy debía de tener un peluche nuevo… pero, lo que le llamo la atención, aparte de la ropa, la que ya llevaba encestada, fue un juego de flechas de juguete con un arco de plástico. Lo cogió.

Seguro que Roy aprendía a dispararlo rápido.

-¡Policía de Gotica, quieto! – Grito James Gordon con la pistola en lo alto, apuntando la espalda de Croc – Necesito refuerzos… el…es…¿Qué? – Tartamudeo al notar que su sujeto de arresto distaba de la figura humana a la que estaba acostumbrado a ver - ¿Qué?

Killer Croc le gruño y James disparo por reflejo, era eso o hacerse en los pantalones. Croc le lanzo encima uno de los estantes y James quedo atrapado, viendo a su criminal escapar con los juguetes, mantas y cajas de cartón que más tarde sabría eran toallas sanitarias.

Los compañeros de Jim entraron con las armas cargadas y sin seguro, esperando ver a su valiente compañero moribundo. Era extraño que Jim no hablara en medio de los arrestos o dijera algo. Así que acostumbrados a perder a sus compañeros, concordaron que pensar en Jim muerto era mejor. Pero, para su alivio, sólo estaba medio inconsciente por el golpe en la cabeza, que sangraba copiosamente.

-¿Qué esperas? – Se burló Bullock – Mamá Godzilla está en regla después de poner sus huevos jajajajajaaja – James seguía en la ambulancia que le estaba haciendo las valoraciones correspondientes después de su aparatosos fracaso con el arresto – Nadie te cree, James. ¿Sabes lo loco que suena eso? Aun para ser Gotica. Sólo te falto decir que este Cocodrilo gigante vive en las alcantarillas. Le darías vida a esas historias urbanas.

-Sé lo que vi.

-No hay forma en que ellos te crean.

-¿Me crees? – Dijo asustado. Su compañero siempre era incondicional pero suponía que incluso él debería de tener un límite - ¿Por qué?

-No eres de los que mienten… no cuando no hay un bonito jefe del Crimen inmiscuido – James ignoro lo dicho – Si dices que viste un Cocodrilo gigante robándose toallas sanitarias, te creo. Hay un cocodrilo gigante por allí.

-No lo haces sonar mejor – Se lamentó – Aun tengo que llenar el informe.

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Conner uso la puerta de los empleados, detrás del costoso y privilegiado club nocturno. Acostumbrado a hacerse invisible, dejo que los mozos de cocina le dejaran pasar, sabedores de quien era. Saludo al jefe de seguridad que le dejo con Zsasz que a su vez le llevo por la puerta correcta. Oswald no gustaba de estar toda la noche escuchando el estruendo de sus cantantes, los chismes de sus comensales, los incontables hombres que de repente deseaban emparejar a sus chiquillas caprichosas y sumamente peligrosas con él por ostentar el control de los bajos mundos en Gotica.

Oswald aun amaba y celaba su vida solitaria.

Conner encontró a su travieso principito rojo jugando con Oswald en la piscina de pelotas, arrojando a los lejos las mismas redondas cosas a los hombres que fingían ser hombres de Maroni y Falcone (Según estaban gritando), quienes caían muertos y revolcándose, convulsionando para darle realismo al juego que sacaba risotadas en Roy. Conner comenzó a preguntarse la normalidad con la que su hijo crecería entre los villanos. Cosas como bien o mal no debieran enseñársele no mientras estuviera rodeado de todo lo malo.

Conner no sabía cómo haría en unos años… cuando le tocara enseñarle a ser un buen niño.

Decirle que no fuera como la gente que le rodeaba… porque eran viciosos, fracasados, hombres que perdieron la fe, escoria, drogadictos, prostitutas y gigolos, ladrones y personas que eran todo lo malo en sus rascacielos de poder… no parecía adecuado. ¿Eso donde los dejaba a ellos? ¿A Croc y a él? ¿A Oswald y Júpiter?

-¿Tan pronto? – Exclamo Oswald con su dramatismo. Pescándole con amor la naricita fría a Roy – Aseguraba que tu esposo no tendría la fiesta preparada sino hasta después de las nueve de la noche, Conner.

Conner no gustaba de los modos correctos del señor del crimen. Ni de su manía por decir que Croc y él eran esposos… ellos no terminaban de decir algo al respecto. Eran dos personas unidas, sí, claro, por algo más que Roy pero en definitiva eran menos unidas de lo que gustaban aparentar. Aun debían de conocerse y el que los empujaran a hacerlo era incómodo.

Daban cosas por sentadas cuando ni al caso. Ni por asomo. Se avergonzaba al pensar en ello.

En sexo… en… bueno, no que pensara mucho sobre el tema. O quisiera saber más sobre eso. Pero ver a Croc dormir a su lado, en las noches, cuando Croc no sentía su pesada mirada, su escudriñamiento, era revelador: Croc no mostraba como los hombres ordinarios una erección si se frotaba o por las mañanas, no existían vestigios de un falo goteando o una pista que le dijera que podría hacer su entrada maestra. Lo que le llevaba a pensar que a lo mejor Croc aparte de metahumano era asexuado.

Y no tenía manera de saber si su hipótesis era acertada. No creía poder preguntarle a Croc directamente. No era como si pudiera hacerlo en sus paseos en las alcantarillas cuando ellos solos exploraban nuevos terrenos para ampliar. Aun no conseguía que comiera frente suyo… imaginaba que el sexo era un tabú también.

-Roy no puede desvelarse mucho – Comento, pidiéndole al Pingüino que le entregara a su hijo. Mismo chiquillo que se negaba pues era más divertido jugar con los hombres de su padrino que estar quieto en brazos de su papi- ¿Bajaras con nosotros, Oswald?

-Sí, mejor ahora. – Concedió – Pero quiero que comamos antes, Conner. Estoy interesado en algunas cosas. Asuntos que debiste de conocer… o sospechar, quiero confirmar lo que sabes de Duncan.

-Nada que te sea útil - Dijo de una, pálido por el recuerdo – El hombre es justo. Es una especie de redentor. Un salvador – Oswald bufo – Él nunca pierde.

-Eso he oído.

-Es cierto.

-¿Y qué has oído de mí, Conner? – Uno de los trajeados le entrego una copa de vino a su Jefe. Para de inmediato ofrecerle una al padre de su joven invitado, al que hizo caso de inmediato… muriendo por otra de las pelotas que le alcanzo.

Roy le pidió a Zsasz que bajara hasta su pequeña altura y el asesino así lo hizo, dejando que Roy jugara con su cara. Apretándole las hundidas mejillas y usando uno de los labiales faciales que el asesino le facilito para que decorara un poco su muerto rostro. Roy le remarco los labios en negro y coloreo la frente.

Roy hablaba, balbuceando algo que Zsasz "entendía" y le seguía la conversación.

Conner no alcanzaba a averiguar que era más terrorífico, mirara al asesino desollando a alguien o escucharlo hablar con su hijo de ratas muertas en las alcantarillas y sobre que le gustaba más: Un pony o un pez…. Conner esperaba que Roy dijera que un pez, porque no había forma de que en su casa cupiera un potro… o a lo mejor Croc se lo comía… Conner ahora quería que Roy dijera que deseaba un Pony.

-¿Eso es sangre? – Conner alcanzo a ver la mancha en la esquina de un pañuelo en la solapa de un hombre que seguía aplaudiendo la aventura de Roy sobre la cara de Zsasz. - ¡Oswald!

-Soy un señor del Crimen, Conner – Bufo aburrido –Si no trapeáramos el suelo con dicho liquido perdería mi toque. Zsasz sólo hizo lo que considero correcto.

-¡Roy! – Reclamo en la misma línea. Algo le pudo haber pasado a su pequeño.

-Roy estaba seguro – Conner vio el brillo predador en los orbes filosas de todos y trago saliva. Esos hombres, pocos hombres, eran como los de Croc, dispuestos a seguir a su líder y cuidar de sus intereses con su vida, con la fiereza de un animal… no eran como todos los hombres al servicio del Pingüino, estos pocos, eran privilegiados… eran cercanos – Roy estará seguro. Contesta mi pregunta, Conner… ¿Qué has oído decir de mí?

-Que es imposible que un animal de circo este en donde esta – Susurro – Que te pondrán de nuevo en la pecera, a saltar aros encendidos y a lamer los zapatos de tus amos por un poco de pescado. Dicen que eres peligroso, dicen que debes de irte ahora que puedes, dicen que no tienes aliados, dicen muchas cosas, Oswald… dicen que no tienes corazón – Y Conner no creía esta última, ni ninguna – Dicen que el Pingüino perderá Gotica en poco tiempo.

-Si perdiera… - Calibro – Si perdiera – Repitió con singular placer – Como si fuera a ser posible.

-¡Oswald! – Grito James Gordon en la puerta de la oficina insonorizada – Tenemos que hablar. Hoy ha sido una noche de los más extraña, primero el asalto a los Convoy de medicamentos con las mismas huellas de garras y luego, no vas a creérmelo – Chillo sin reparar en Conner y en Roy. Oswald arrugo su fina y blanca nariz, odiaba cuando Jim se ponía en su faceta histérica y llegaba su lado con las pintas de haberse revolcado en un basurero – Debo de estar alucinando, porque vi lo más extraño hasta ahora, le dispare a un cocodrilo, enorme, grueso… y estaba en el almacén robando… ¿Ah? ¿Vengo en mal momento?

-Para nada, Jim – Gordon sintió a su piel erizarse – Es una ocasión formidable. Quiero presentarte a dos personas muy importantes – Zsasz dejo de jugar con el principito y lo puso en manos de su padre que ahora no estaba a gusto al estar frente a un oficial de la ley. Roy beso la barbilla de su padre, en una mueca distintiva que tenía para saludar a sus padres. – Jim Gordon, te presento a Roy y a Conner, el hijo y el esposo respectivamente de Killer Croc, el enorme Cocodrilo al que quisiste encajarle una bala para hacerte unas botas, Killer Croc el Rey de las Alcantarillas y mi futuro socio para que Gotica siga siendo mía.

Jim tuvo que sentarse. Acostumbrado a los golpes que Oswald daba debía de hacerse a la idea pero, siempre, de alguna manera, el hombrecito conseguía sobrepasar sus propios límites.

Conoció a Oswald Cobblepott el día que le transfirieron a Gotica. El Pingüino hacía de las suyas en los territorios de Falcone. Desbancando y robándole, al principio, bajo sus narices, luego, a lo descarado… y para cuando él tenía la orden de arrestarlo, Oswald había conseguido que le ayudara en su viaje para hacerse un Señor del Crimen en un consejo de delictivos que respetaban la sangre. Jim conocía poco de los días en que Oswald tuvo que actuar para hombres completos y bien formados, prefería ignorar el cómo llego a Gotica y mejor quedarse con la versión cabrona.

La versión de modales excelsos que andaba con una sombrilla y etiqueta, el que jugaba con palabras rimbombantes y correctas para adular… se quedaba con la persona que le hacía no ver donde comenzaba y donde terminaba su ideología, porque en Gotica con el Pingüino, todo parecía desvanecerse y ahora que tomaba el poder, definitivamente, la brecha entre lo correcto y lo incorrecto, la versión de quienes debían de estar arriba y quienes abajo era cada vez menos nítida.

-Bienvenido a Gotica, Jim – Se burló Oswald nuevamente – Tengo Wiski. Debemos de estar presentables… hay una fiesta infantil a la que tenemos que asistir. Conner y Croc nos han invitado cordialmente.

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Croc termino de colgar los globos. Veía que sus pulgosos estaban presentables, limpios y cantando… según ellos una versión del "Feliz cumpleaños" muy a lo Gotamita. Ni pensar que antes se morían en esas pútridas aguas y ahora cantaban dentro de las pútridas aguas.

¿Él cambio?

No tenía idea… a lo mejor no y sólo era Conner el que creía que había hecho algo diferente pero la realidad era que él mismo no hizo nada… sólo hacer lo que creía mejor para su pedazo de mundo, para sus dos razones de vida.

Los llamados de su Habanero rebotaban, y los buenos hombres sonreían con orgullo… sabiendo como Croc se sentía al ser llamado por su pequeño a todo pulmón. Roy cogió la manía de gritar por sus padres cuando llegaba de estar con su Padrino. Ese pequeño demonio pelirrojo sería un consentido terrible cuando creciera.

-¡La señora de la casa a llegado! – Grito Croc con los brazos abiertos. Conner le arrugo la nariz, desconcertado por el impulso del grandote por hacerle la burla y Roy, bueno, él aplaudió tan sólo de escuchar a su padre hablar - ¡Y el festejado!

"Feliz cumpleaños, amor.

Feliz cumpleaños, señor.

El sol negro bajo,

Sombreando tu llanto.

De hiel te agasajo.

Feliz cumpleaños, primogénito.

Feliz sal y limón, señor.

El vinagre terso,

Erigiendo al amo de la exigüidad.

Feliz cumpleaños, majestad.

Hoy te damos nombre,

Hoy celebramos el camino que creares

Feliz cumpleaños, amor.

Gracias por nacer.

Feliz cumpleaños, príncipe"

Roy chillo feliz, sonriendo a cada cara que le hacía pucheros y boquillas. Saludándole al pasar en brazos de su papi. Uno de los adolescentes le coloco la corona de cartoncillo y Roy replegó contento, señalándose la cosa que se le caía de la cabeza pero que era puesta por Conner de nuevo. Roy se tallo el número uno que otra atrevida pinto con labial barato en su mejilla.

-Ha sido Júpiter ¿Cierto? – Conner dijo por lo bajo. Esa canción no parecía algo que por sí solos pensaran - ¿Verdad?

-Quiso hacer algo para Roy – Trago duro – Admito que no es la mejor canción – Opino Croc.

"Gotica te reclama

Sube, sube, alto antes que te clame

Gotica ruega tu nombre

Reclama tu alma"

Conner fulmino a Júpiter que se destornillaba de la risa, haciéndole señas de muerte a su pequeño, levantando el pulgar, recordándole de quienes debía de cuidar a Roy… de quienes debería de esquivar Roy en su momento.

"La noche te roba, príncipe.

Tu alma la esculpe el dolor

Feliz cumpleaños, desearas lo imposible

Honor, orgullo, no se conocen.

Insatisfacción o furia, germinares"

Croc asintió. Gotica no era para los débiles, no era una ciudad para ser feliz. No había nada en sus concretos o filos, en sus armas para brindar tranquilidad. Roy lo aprendería. Lo haría como él hizo, como Conner tuvo que aprender.

-Para evitarlo estamos nosotros, Croc.

-No podemos hacer que la maldad no lo toque – Croc acaricio los mechones rojos, con el tacto de siempre. Roy gorgojaba la nota, el himno… su himno de feliz cumpleaños.

"No, no, te lloraremos.

Cuando la noche te clame.

Feliz cumpleaños, príncipe.

Te amaremos"

Croc tenía que agradecerle a Júpiter. Le recordaba que nadie los aceptaba, le hacía ver en donde estaban. Quien era y a quien se debía.

Oswald aplaudió cuando el último de los coros se detuvieron y más de malas, con el nudo en la garganta, Conner siguió el ejemplo. Roy chillaba feliz, contagiado por tantas caras alegres.

-¡Que la fiesta comience!- Dijo Croc… Y Rugió, alto, fuerte, haciendo a su gente gritar. Haciendo a Roy imitarle.

Jim seguía de piedra, caminando sólo porque Oswald lo jalaba discretamente. Zsasz se sentía como en casa, se movía por todas partes, aceptando el tazón de comida que las amables señoras le daban y las jovencitas que le revoloteaban alrededor, impresionadas con el asesino y su trabajo.

La música sonaba, estridente como en cualquier antro. La pista de baile era una euforia, masas yendo y viniendo. Saltando sobre sus descalzos y mugrosos pies.

Jim alzo sus inspectores ojos por las tuberías, el cableado, los clavos, las luces, las calderas, el fuego… las tuberías de gas… él estaba en una versión deformada de la Atlántida subterránea. Los canales de agua sucia estaban separados de la limpia… ahora entendía de donde era que venían las fallas de flujo.

-Los trabajadores – Susurro – Los que nunca regresaron – Oswald alcanzo a oírlo – No puede ser.

-Killer Croc no quiere que los encuentren. Son un mito.

-Todos saben que hay vagabundos viviendo en los túneles.

Oswald le miro por largo tiempo y asintió.

-Claro… todos lo saben. Yo lo sé. El presidente lo sabe. Los niños huérfanos lo saben. Pero creo que nadie sabe, Jim, que en los Túneles hay un Rey. No niego que haya otros sin techo por aquí, en los túneles, personas que no quieren tener algo que ver con el clan del Rey Cocodrilo pero ellos no nos importan. A ellos pueden encontrarlos, quemarlos, sacarlos, perderlos, llevarlos al asilo… o cosas peores… ellos no pertenecen al clan de Killer Croc. No es a ellos a los que Killer protege.

-Veo que las cosas se están poniendo interesantes aquí – Llego Killer. Oswald asintió – No recuerdo invitar a un Policía.

-Dijiste que podía traer a mis invitados.

-No sabía que tenías policías en tus filas.

-Debo de tener de todo, Killer Croc. De todo. Mucho más ahora que tu esposo me ha confesado hay algo cocinándose en mi contra. Pero de eso hablemos en otro momento.

-Sabes que si pagas, tienes a mis hombres.

-Lo sé – Confirmo – Killer Croc, te presento a Jim Gordon.

-Ya nos conocimos – Confirmo – Me disparo – Acuso. Jim trago duro.

-Lo siento – Se disculpó no sabiendo que hacer. Croc se carcajeo - ¿Qué hice?

-Cobarde – Susurro Oswald – Eso es lo que eres, Jim – Croc le pidió a Conner que fuera con ellos y así lo hizo - ¿Y Júpiter?

-Con Zsasz, cuidando de Roy – Señalo Conner. El asesino se mostraba muy cómodo con el médico, hablaban tranquilamente una vez que las jovencitas ansiosas fueron despachadas – Temo que se entiendan demasiado.

-A ambos les gustan los filos… seguro que tienen varias anécdotas de cuerpos que contarse – Dijo Croc. Jim se incomodó – Un asesino en quirófano y otro en de las calles. Seguro que encuentran como vender órganos.

-No es gracioso – Dijo Jim. Croc dejo de reírse. Ya era hora de que el correcto hombre dijera algo. No que sólo se quedara tras de Oswald, intentando ser invisible – El mercado negro roba, asesina. Es el peor tráfico. Destruye familias. Son criminales los que roban. Atosigan. Lo ves normal pero no lo es.

Croc se cuadro y Conner se puso a su lado, intentando calmar a su compañero. Sujetándole del fuerte brazo, encajándose las escamas cuando Croc dio un paso al frente.

-Lo sé – Fue todo cuanto dijo – Sé lo que hace el mercado negro. Trabajo para ellos. Trabajo para el Pingüino – Oswald no dijo nada - ¿Qué roban? – Señalo a su gente que seguía encantada con la fiesta – Si, debemos de vivir. ¿Qué matan? – Se golpeó el pecho – Claro que lo hacemos… nos pagan, debemos de vivir – La sangre de Conner hizo mella en Croc. Olfatearla le dolía, le asqueaba. Le miro con ternura y le obligo a soltarle, prometiéndole que no partiría al policía – El mercado negro también son nuestro verdugo, policía. Usan a nuestras mujeres, sacrifican a nuestros hombres, se llevan a nuestros niños, les enferman y luego matan. Pero, claro, tú no nos ves… porque somos lo que queda cuando la mafia por fin nos suelta. Somos las personas que nadie quiere. Nadie.

-Croc – Consoló Conner.

-Somos – Y Jim supo que Killer Croc no hablaba por él… y su sospecha era por la manera en la que el meta humano sujetaba y veía a ese jovencito – Somos el objeto de los hombres justos. De los hombres que nos miran por debajo del zapato.

Oswald le pego con su bastón a Jim, diciéndole que debía de dejar solos a la parejita.

Aunque la paz no duro mucho… Croc alcanzo a escuchar el estruendo en la enfermería. Muy por debajo de la música, de los chillidos felices de Roy y de todos volviendo a cantar feliz cumpleaños, a duras penas el murmullo de la verdad vagaba. La queja de Guy, el quejido del vidrio, las camillas rompiéndose contra el piso. Las amenazas y los gritos.

El olor a sangre.

Croc salto en insofacto, dejando a Conner con las manos extendidas. Jim vio la brisa verde pasar a su lado y su instinto de policía se activó, sacó su arma, persiguiendo la acción.

Croc embistió al hombre que estaba encima de Guy. Y lo arrojo al lado de un cadáver. La enfermería estaba media intacta.

-Guy – Pidió. Revisándolo… las heridas se había abierto y tenía nuevas. Jim apuntaba al hombre que intentaba ponerse en pie - ¿Qué pasó?

-Querían robar – Acuso, sujetándose la mano rota… que nuevamente estaba quebrada. El yeso que Júpiter le pusiera estaba destruido – Los atrape vaciando la botica – Y Croc agradeció que ahora si Guy tuviera ganas de hablar – Apestan.

Y apestaban porque no eran hombres de su Clan. Llevaban cuatro chamarras encima y pantalones asquerosos. Rastas en el mugriento cabello, hecho nudo y Croc juraba que las pulgas saltaban de un hombro a otro.

-Pudiste pedir ayuda, Guy.

-Es la fiesta de tu hijo – Le recordó. Croc se tronó el cuello.

-Cuida a Guy, Conner – Pidió sin voltear y Jim pego un brinco al ver al muchacho junto con Júpiter al lado del mal herido niño – No te metas policía.

-No puedes tomar la justicia en tus manos.

Oswald le soltó otro bastonazo en el lomo. Jim le maldijo y Oswald le desdeño otro poco.

-Es nuestro mundo, Gordon – Dijo Conner – Esos hombres entraron, quisieron robar… y no conformes, atacaron a Guy – Júpiter estaba anestesiando a su paciente – Lo hirieron, tienen que pagar por lo que hicieron. Es el riesgo del ladrón, Gordon. Se les hubiera perdonado, Croc lo haría, es amable – Jim miro como el susodicho levantaba en vilo al sujeto y le rompía la espalda, justo por la mitad… y luego, aun agonizando, le aplastaba el cuello con un golpe de su cola – Pero lastimo a uno de nosotros… lastimo a Guy. Un niño que tu mundo de justicia hirió, Gordon. Él llego a nosotros escapando de tus compañeros. Y si Croc no pudiera darle justicia entre nosotros… Guy estaría desamparado, como siempre y no es la realidad, ya no.

Guy durmió tranquilo por la morfina.

-Oswald… dile a Zsasz que quiero que elimine un cuerpo – Oswald ni parpadeo – La fiesta sigue. No hay que arruinarla. ¿Cómo está el chico?

-Peleo como un cachorro – Elogio Júpiter – Fiero, leal… esperando ser de utilidad. Estará listo en unas horas… despierto si no tengo que inyectarle más sedante. La fractura puedo volverla a acomodar y los golpes no le hacen peligrar.

-Jim Gordon – Dijo Croc – Bienvenido a la fiesta de cumpleaños de mi hijo Roy. Espero que no quiera llevarme a la comisaria. Siento que no estemos de acuerdo.

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Más tarde, cuando el mal trago estaba olvidado y nadie más se enteró del atraco en la enfermería, por esa noche, no así en los días sucesivos, Croc y Conner bailaban con Roy en brazos, lanzándoselo de vez en ves y cachándolo en medio de las vueltas.

Todos tenían un panque en las manos… comiendo y bebiendo, celebrando.

-Nos retiramos, Jim… quiero hacer algo antes de llegar a casa.

Conner giro a Roy justo a tiempo para que viera como su padrino se retiraba. Roy sacudió su manita enérgicamente y siguió bailando a su estilo luego…

Tres horas después… Roy bostezo y sus padres dieron por terminada la fiesta.

-Mañana abriremos los regalos – Sugirió Croc.

-Si… pero quiero ir a ver a Guy primero – Killer asintió – Fue muy peligroso lo que hizo.

Guy estaba dormido y cobijado. Killer hizo que varios ejecutores custodiaran las puertas de entrada y más allá de los túneles, y montarían guardia en la enfermería. Si ya los atacaron una vez, volverían a hacerlo. Killer Croc no iba a permitírselos.

-Despídete, Roy – Le dijo Conner a su primor - ¿Qué tienes para Guy, hijo?

Roy se chupo el dedo y colgando de los brazos de su papi se abalanzo confiado sobre el durmiente para ponerle en el pecho el pastelito dálmata. Luego, se estiro hasta darle un besito en la barbilla, haciendo que sus padres se congelaran por un momento…

-Bbab omi, na uy – Dijo Roy y luego se acurruco en el pecho de Conner.

-Creo que ya está – Dijo Croc… - Gracias, muchacho. Muchas gracias por cuidar de nuestro hogar, nuestro, Guy… tuyo y de nosotros.

Guy lloro en silencio apenas sus invitados se fueran a dormir.

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Notas de la autora

Contra el Plagio, comienza la campaña "Robas Mis Sueños". Si Tienes una mala experiencia con el plagio, suma tu nickname, la historia que copiaron y quien lo hizo.

Soy Constelación de Salamandra o Polaris y la historia que me Robaron fue Verlos Envejecer y No somos Romeo y Julieta.

Y espero poder saber pronto de ustedes en sus comentarios. Les invito a pasar a leer mis otros trabajos y espero que esta semana sea buena para ustedes

¿Y qué piensas?

Agradezco infinitamente el que me tengáis tanta paciencia. Que me sigas leyendo, apoyando, comentando y que leas, de madruga, mañana, tarde o noche y digas que esto da para más.

A ti por seguirme, gracias.

A ti por comentarme, gracias.

A ti por inspirarme, mil gracias.

A ti por atreverte a conocerme, muchas gracias.