Disclaimer: Los personajes de CDM (Amour Sucré o My Candy Love) pertenecen a su creadora, ChiNoMiko.
NOTAS: Creo que tengo un problema con hacer niños a los personajes de CDM, pero, sinceramente, ¡es que son tan adorables! Y además, pienso que las historias más terrorificas suelen suceder cuando somos niños, ¿o me equivoco? Puede ser... ¡Aún así adoro hacer relatos así XD!
Argumento #07: Rosalya detestaba la presencia del señor Kingsley, y el mundo creía que exageraba.
Personajes #07: Rosalya y Leigh
Género #07: Horror/Misterio/Suspense
Palabras #07: 657 palabras.
#07 Helados
[Rosalya y Leigh]
A Rosalya nunca le gustó el señor Kingsley, aunque era heladero y siempre le ofrecía lo que vendía gratis—sabiendo lo mucho que solía engullir la que, por entonces, era una niña—con una sonrisa de oreja a oreja.
Y la razón principal de ello es que, en cada ocasión que salía de su casa para saltar a la comba con un vestido nuevo, el señor Kingsley estaba allí, aparcado al final de la calle y con sus ojos salientes fijados en su figurita menuda, de cabello suelto, calcetines hasta las rodillas y zapatitos de claqué (o al menos, parecidos).
Eso ocurría—según la pequeña y dulce Rosalya—casi cada día, y empezaba a molestarla hasta el punto de replantearse el comportamiento tan relajado de sus padres, cuando abrió la boca la primera vez que sucedió; habiendo excusado la actitud del adulto con que "no era como ellos" y continuando ambos con sus vidas sin preocuparse demasiado por las quejas continuas (y pataletas) de su única hija sobre el tema. Así que, a la par de los meses, y viendo de reojo como la camioneta iba a acercándose cada vez más a ella, Rosalya decidió buscar protección en Leigh, preocupada porque algo malo llegara a sucederle.
-¿Y que quieres que haga aquí?-se le había quejado en un momento Leigh, sentado al borde de la acera y viéndola saltar (como todas las tardes) con ceño aburrido. Antes de que su novia le hubiese llamado, tenía planes de ir al bosque con sus amigos, y ahora se arrepentía un poco de haberlo dejado todo por una cosa tan absurda como le había dicho la menor minutos más tarde, ya que la furgoneta no había aparecido en todo el rato que llevaban allí-No está, no creo que me necesites hoy, Rosalya.
-¡No!-la niño infló los mofletes, roja de vergüenza porqué incluso Leigh la creyese exagerada-¡Estoy segura de que aparecerá y tú me tienes que proteger, eres mi novio!
-Me estoy aburriendo…
-¡Pues te aguantas!
Y efectivamente, el señor Kingsley acabó apareciendo una hora más tarde, pero esta vez frente a ellos, ofreciéndoles helados con un rostro afable que Rosalya recibió como una señal de esconderse tras su pareja.
-Tengo helados de todo tipo-decía el hombre, mostrando sus mejillas gruesas hundirse en una sonrisa-. ¿No quieres invitar a la muchachita, caballerete?
Leigh se lo quedó mirando un par de minutos, analizando que, realmente, había algo extraño en aquel varón de cuerpo rechoncho y cabello rapado. Pero no deducía que todo aquello indicara que quisiera hacerles daño, por lo que, con una misma sonrisa, le cogió la mano a Rosalya, poniéndola a su costado.
-No te preocupes, Rosa. Lo siento. ¿De qué sabor lo quieres?
Pero Rosalya no le dirigió la palabra, más bien, frunció el ceño y, gritándole "¡Idiota!", desapareció como un rayo hacia el interior de su hogar, dejando solo a Leigh delante el heladero, que continuaba ofreciéndole comida.
Desconcertado, el muchacho regresó hacia el hombre—que todavía mostraba su lado más amigable—y amablemente le pidió dos tipos de helados, uno para él, y otro para Rosalya.
La conocía demasiado bien. Sabía que dentro de poco saldría con lágrimas a pedirle a perdón y estaba casi seguro de que encontrárselo con un helado haría eso más llevadero.
-¡Aquí tienes!-habló de nuevo el señor Kingsley, sacando sus dos fuertes brazos llenos de pelo hacia el exterior para que Leigh cogiera ambos helados. Lástima que uno de ellos cayó al suelo en cuanto el adulto lo soltó veloz, para coger al joven y arrastrarlo con él al interior del vehículo y antes de seguir este su camino por la recta calle; con la música sonando.
Como Leigh había predicho, Rosalya salió minutos más tarde, con lágrimas en los ojos y disculpándose en alto, solo para darse cuenta con furia que su novio ya no estaba allí.
Apenas se dio cuenta del helado derretido que había quedado como prueba en el suelo…
