Capitulo 7
Una promesa
"Como ambos de nuestros corazones creen
todas estas estrellas nos guiará a casa"
Al llegar a la orilla, se encontraron de nuevo con el dolor y la agonía de la gente del pueblo, los gritos se escuchaban desde adentro del lago, había cuerpos flotando en las orillas, quemados o simplemente ahogados. Niños, ancianos y mujeres llegaban hasta la orilla, ya sin vida, los demás les recogían atribulados por las escenas de terror que estaba presenciando. A los lejos se veía subir una pequeña humareda, donde antes estuvo la ciudad asentada, ahora solo quedaban cenizas.
Apenas bajaron, las niñas volvieron a sumirse en la desesperación, pues no había noticias de su padre y hermano. Tauriel intento calmarles, pero no ayudaba mucho, estaban realmente tristes y las comprendía, al menos logro que ya no llorasen, pero sabía que el dolor interno seguí ahí.
Decidida a mantenerlas ocupadas, se ofreció a ayudar a los heridos pues aquello le ayudo en su dolor, esperaba les sirviera a ellas también ya que había muchos y requería apoyo. Nadie reparo en que una Elfa Silvana y dos pequeñas se ofreciese a ayudarles, sin embargo se agradeció su intervención.
Kili, no comentó nada después de que ella despertará, apenas le parecieron unos cuantos minutos los que estuvo ahí recostada, pero le fue el tiempo suficiente para recuperar energías. Le ayudo a bajar del barco y después aunque cojeara se negó a ser atendido nuevamente, sabía que había casos más graves que el suyo.
Creía que debía decirle algo, lo deseaba, pero no encontró las palabras exactas y mejor calló.
Mientras atendía algunos heridos, observó como los demás enanos recuperaban algunos víveres para emprender el viaje hacia la montaña. El regresaría al agua, estaban lejos de la orilla de la montaña. Volvería a dejar que se marcharse, no podría evitarlo, el debía cumplir con su misión y ella a buscar a su amigo y Príncipe.
Las cosas debían seguir su curso. Tan simple como aquello.
No supo cuando tiempo estuvo ahí entre vendas improvisadas, raspones y quemaduras leves, que solo requerían ungüentos de hierbas del lugar, se sintió tan bien ahí, sabía que estaba ayudando, que estaba cumpliendo con un propósito que se le había negado antes, quizás la sangre, las lágrimas no era la mejor parte del trabajo, pero el ver que los demás se sintieran un poco mejor la reconfortaba, le daba algo que hacer.
Todavía las niñas no encontraban a su padre y sabía que entre más tiempo pasara, menos esperanza cabría en sus corazones, pero pese a ello, ayudaban a los enfermos, le gusto verse en ellas fuertes y decididas pese a un futuro incierto, aferradas a la idea de volver a ver a su padre y hermano entre los heridos que seguían llegando.
Al menos eso le hacía feliz.
Hasta ahora.
/
- Bueno, podrías quitar esa expresión de tu rostro – dijo Fili molestó.
- ¿Cuál? – Pregunto extrañado Kili a su hermano – No te entiendo –
- Esa que te cargas desde que ella se bajo del barco, parece que te hubieran quitado tu arco antes de la guerra, mínimo podrías fingir que te interesa regresar con nuestro tío, a la compañía con quien salimos hace ya mucho tiempo… lo recuerdas a recuperar Erebor, la montaña solitaria… -
- Si, lo sé, por eso estamos aquí… crees que lo he olvidado… no soy tan estúpido, ten algo de fe en mi… - dijo torpemente.
- Kili… te he visto… pareces que estas en todas partes menos aquí, solo concéntrate, esta es la misión que hemos esperado toda la vida… lo recuerdas… - dijo relajando el rostro y dirigiéndolo hacia donde sabía estaba la elfa – No es de mi incumbencia lo que tú y ella se traigan entre manos… pero debo decirte que llevas las de perder hermano… - dudo si decirlo - … Creo que eres tú el más interesado en esa relación… y no es que me oponga… pero no quisiera verte lastimado… -
- Fili… - dijo Kili, dirigiendo su mirada a su hermano – Es que si la conocieras como la conozco yo… ella es… es tan hermosa… -
- Eso se ve… pero no es eso lo que te ha gustado solamente verdad… ¿verdad?... escúchame Kili, el amor debe ser algo más que solo el físico, porque no voy a negarte que es hermosa… pero ella te haría feliz… podría amarte… -
- No solo me atrae lo que puedo ver si te preocupa tanto… pero… ¿Crees que no podría hacerlo? – Dijo tirando al suelo la soga que cargaba – De verdad crees que no podría yo ser merecedor de su amor… -
Por más que lo pensará aquella idea seguía dándole vueltas en la cabeza, La he visto Kili, ella te aprecia no tengo duda de ello… los vi… vi como te miraba… mientras te sanaba y antes de ello… se veía angustiada por ti… algo que no percibí en el bosque cuando te capturo. Eran dos personas totalmente diferentes… y mientras te sanaba, sonreía le hacía feliz poder salvarte… pero… - recogió la soga y la puso en las manos de su hermano – Cuando hablaste con ella en sueños – Su actitud fue diferente… se acercó a ti para decirte algo al oído y cuando le sujetaste la mano, ella se alejo… no supe cómo interpretar eso… no me hace sentir muy bien que haya hecho eso –
- Gracias por preocuparte… ella ha pasado por una vida difícil… me gustaría creer que sus sentimientos hacia mí son algo más que mero aprecio… pero si así los fueran sería muy feliz… ella es alguien difícil de olvidar… creo que a partir de ahora cada vez que vea las estrellas mi memoria la traerá a mí. Supongo que ser realista es lo que sigue… solo soy un simple enano, que no puede ofrecerle la vida que merece… pero te diré que he disfrutado cada momento a su lado… son mágicos y posee el don de hacerme sentir vivo, con deseos de saltar de la montaña más alta y a la vez en paz como si ya no necesitase demostrarme nada… como si solo la necesitase a ella a mi lado… sé que es imposible, que es solo una falsa ilusión a la que aferrarme…
- Kili te conozco… nunca has estado así por alguien antes… pero no creo que sea amor… es demasiado… -
- Pronto, peligroso, imposible… si es todo eso… y yo que tú no me atrevería a no ponerle nombre a mis sentimientos, se llama amor y es lo que siento por Tauriel… porque soy yo quien siente algo por ella, yo soy quien si ella me amara, no dudaría ni un instante llevarla conmigo a mi hogar y estar siempre con ella, solo necesitaría saber que ella me quiere y solo eso me haría falta… no necesito la aprobación tuya o de mi tío, de nuestro pueblo, inclusive de mi madre. Solo yo puedo saber lo que ella provoca en mí, solo ella podría hacerme el enano más feliz del mundo… y si ella me aceptara no dudaría retar al mundo y echarle en cara que le amo y que defendería nuestro amor ante cualquiera que no esté de acuerdo… bien has dicho al decir que no te incumbe, eso solo es entre ella y yo… -
- Pero… tienes una familia… acaso no te importa, lo que piensen… o si lo aprobarán… seguro serías retirado de la presencia de nuestro tío… sabes lo que piensa acerca de cualquier Elfo y el hecho de que ella te haya salvado, puede que no cambie las cosas… me preocupas Kili, no deseo verte metido en tantos problemas, por alguien que quizás, no te ame ni la mitad de lo que tú lo haces… -
- Por lo mismo, no puedo decir que este en problemas… no aún todavía… ella está aquí y todavía tengo esperanzas… mientras pueda verla… puedo vivir con ello… el futuro no lo conocemos, y escapa inclusive de manos de los reyes de estas tierras… inclusive de ti hermano… ni tu ni yo sabemos que nos traerá el día de mañana… por lo pronto permíteme mantener mis esperanzas y alégrate por mí… porque si ella me acepta… verás al condenado enano más feliz de la tierra… como si ya hubiera encontrado el tesoro más grande del mundo en los ojos de la Elleth que ama y le corresponde. Hasta entonces solo déjame aferrarme a la esperanza… y ahora pongámonos a trabajar porque estoy seguro que nuestro tío desea vernos ya… ya verás pronto conoceremos Erebor y ello también me alegra el corazón… -
Fili, admiro a su hermano, su rostro intentaba reflejar que no le preocupaba su situación. Estaba perdidamente enamorado de una hermosa Elfa del bosque, que pertenecía al rey de Mirkwood, de donde apenas habían escapado con vida hace unos días y pese a ello, albergaba esperanzas de que ella le correspondiese, de que por algún milagroso hechizo, ella le amase como él.
Le había visto extrañado, llegar justo a tiempo para derrotar a los orcos en la casa y ver su rostro angustiado, después mientras le sanaba su rostro manifestaba la alegría de poder salvarle y después mudar su rostro cuando lo hizo, como si no supiera qué hacer con aquello ahora, de verdad, podía su hermano mantener esperanzas con ella. La noche anterior le vio conversar con él y pasaba lo mismo, ella parecía querer alejarse e irse de ahí y sin embargo ahí se mantenía atenta a lo que su hermano decía, como si quisiese escucharlo todo sobre él.
Aquello le resultaba desconcertante, era su hermano, Kili siempre había sido ojo alegre, le había visto coquetear con algunas enanas del pueblo o a los lugares donde iban, tenía un encanto para gustar a las féminas, estas le miraban más que a los demás, con aquella sonrisa y sus ojos parecía hechizarlas. Pero el nunca le había visto volver la mirada más de dos veces a ninguna y mucho menos hablar sobre amor, sobre futuro con algunas de ellas, siempre terminaban en malos sonetos o versos de poemas que estudiaba en casa, porque le gustaba la lectura después de una buena sesión de tiro con su inseparable arco. Quizás esto fuera obra de su apasionado carácter.
Enamorado de una Elfa Silvana
Sintió deseos de reír, aquello le parecía una broma, su tío de seguro lo regañaría como había hecho cuando chicos, pero esta vez su hermano, no se quedaría callado ante su tío, seguro que esta vez se rebelaría a la voluntad de su tío a quien querían como si fuese su propio padre, no tuvo dudas y sintió miedo, porque los conocía a ambos y aquello no terminaría bien, sobre todo para Kili. Sabía de antemano que defendería sus sentimientos, como lo hacía cada vez que sentía que algo no estaba bien o no era justo, tal como lo había hecho en aquella posada. Su hermanito siempre fiel a sus ideales, a la justicia y a las causas perdidas, como aquella.
Él solo necesitaba el más mínimo empujón y saltaría sin cuerda del acantilado más alto, solo dependía de ella, estaba dejando las cartas sobre la mesa siendo atento, considerado, amable, todo lo que ya sabía que era su hermano, con él, con su madre y con la gente que le rodeaba, pero ella lograría darse cuenta de aquello.
volteo a verla y ella miraba fijamente hacia un punto a través de un hombro herido que se encontraba vendando, deseo ver que veía, siguiendo su mirada le encontró observando a su hermano que levantaba unas mantas conseguidas depositándolas dentro de la barca.
Entonces se dio cuenta de algo, ella no estaría ahí solo porque estuviera deseosa de salvar vidas y prestar su ayuda a cualquiera, seguro estaba ahí para salvar la vida de su hermano solamente, entonces podría ser que por ello su hermano mantenía las esperanzas, quizás ella no lo supiese o se negase a darse cuenta… o era por Traición o por Amor… y las dos le inquietaron, ambas no eran buenas respuestas y en ambas ellos no serían los únicos lastimados… - maldición Kili – pensó, le resultaba increíble que su pequeño hermano siempre terminase poniéndose en peligros innecesarios. Pero ante ese razonamiento ella les había salvado la vida a todos, quizás mereciese el beneficio de la duda.
Su deber era para con su gente, su pueblo, como le había enseñado su tío, pero él siempre supo que antes que el pueblo y los bienes, estaba su pequeño hermano a quien él le pertenecía. Respiro profundo, esperaba que todo aquello terminase bien para ambos. Tenían muchas cosas que decirse y él no quería tener que consolar a su hermano por perder a la elfa de quien se había enamorado, pero tampoco deseaba verle partir con ella para siempre, alejándose de su vida porque seguramente aquella sería la sentencia de su tío le daría.
Decidió no preocuparse más por el futuro de ambos, lo próximo a hacer era regresar a Erebor con vida y los suficientes víveres, esperaba que la suerte les acompañase y que todo fuese más sencillo al llegar ahí, porque aquella experiencia estaba resultando ser más tortuosa de lo que se hubiera imaginado.
Cuan equivocado estaba.
/
Se encontraba atendiendo a un paciente, cuando percibió un aroma familiar.
- Legolas – exclamo volviéndose hacia él.
- Vaya Tauriel, con que aquí estabas, pensé que vendrías conmigo… - miro alrededor como buscando algo - ¿Dónde están los enanos? –
- Preparándose para partir rumbo a la montaña – dijo desangelada - Pronto se marcharán –
- Supongo que la noticia no te tiene tan contenta… pero tengo noticas más preocupantes que esa… -
- ¿Que quieres decir?… - pregunto intentando parecer tranquila.
- Necesito que me acompañes y rápido… despídete y marchémonos… -
- No regresaré todavía a Mirkwood – dijo firme.
- No iremos todavía ahí – dijo mirando sobre su hombro – Creo que quieren hablar contigo, ese enano que seguro salvaste… - exclamo serio y con el ceño fruncido.
Ella se volvió y vio que Kili le miraba afuera de la tienda improvisada que habían levantado para atender a los pacientes.
Sus ojos, la seguían mientras camino hacia él. Legolas se fue en dirección opuesta, él le había pedido ayuda y ella debía prestarla, era su Príncipe, pero por sobre todo era su leal amigo, ella se lo debía, se marcharía y después… después ya no le vería más… la montaña estaba tan cerca… pero qué razón le traería a ella a salir de ese lugar, en caso de que ella siguiese con vida… en caso que él Rey no la castigase con la cárcel o la muerte…
Camino hasta ponerse a su lado, el se volvió y la dirigió lejos del Príncipe que los observaba, no le agradaban las miradas que le regalaba, sabía de antemano, que no era de su agrado los enanos, pero intuía que le agradaban menos los enanos a los que le gustaba la capitana de su guardia y mucho menos los que se enamoraban de la misma Elfa que él estaba enamorado.
- Tauriel – dijo suavemente.
Fili le observó desde el bote y le llamó – Kíli -
- Ellos son tu familia, debes volver con ellos – devolvió ella seriamente, el momento había llegado y debía ser muy fuerte, estaba siendo muy doloroso y presentía que no era buena con las despedidas.
Entonces mientras giraba, le escucho hablar. Fue un susurro, pero ella le escucho claro.
- Ven conmigo – dijo dulcemente, aferrándose a esa esperanza - Yo sé lo que siento. No tengo miedo – dijo mirándola a los ojos fijamente, poniendo su corazón frente a ella, sujetándose al límite de aquella esperanza – Tú me haces sentir tan vivo y en paz… - dijo suavemente dándole una tierna sonrisa.
Ella le vio abriendo los ojos como platos, la brisa le mecía suevamente el cabello, las voces pronto se perdieron y todo desaparecía frente a sus ojos, el tiempo nuevamente se congelaba, solo estaban ellos dos y él le estaba pidiendo que le siguiese, que fuera con él a su casa, con él. Se sintió tentada, ella quería ir allí, estar con él. Pero estaría huyendo de sus responsabilidades. Era una capitana de la guardia, que había huido, pero seguía ostentando aquel titulo mientras y no podía olvidar que allá a donde fuese él, Kili era un príncipe, heredero de los tesoros y tierras de los enanos, que no ostentase el título de Rey ya era demasiado, pero aún así era un príncipe, que se debía a su pueblo y a su familia sobre todo. Ella no podría entrar a la vida de alguien así y destruir sus sueño, en el fondo sabía que no tendrían futuro, el probablemente terminaría desterrado como ella, solo porque aquel sentimiento que crecía dentro de ella le dijese que aceptase.
La realidad nuevamente le golpeaba duramente. Primero poniéndola en el hogar de alguien que la quería y donde ella siempre sería tan solo una elfa plebeya sin nada que ofrecer y ahora situándola a lado de alguien a quien quería amar, dejándole bien en claro que si ella llegase a ese lugar, le haría el mismo daño que pudo haber cometido antes.
La vida era realmente injusta.
No podía solo hacerla no querer nada de ella, tenía que arrebatarle hasta el último de sus deseos. El mas anhelado, poder amarle sin aquel sentimiento de no hacer lo correcto, el no dar rienda suelta a lo que sentía.
De sentir que algo en su vida era tan real como el amor.
Bajo la vista, ahí estaba ella sin saber que responder… lo intentó y le vio a los ojos, él estaba esperando esta vez una respuesta, quería oírla de sus labios, esperaba con todas su fuerzas escucharla decir que iría con él. Asido de un pequeño fragmento de esperanza y debía ser ella quien lo rompiese, no podía creerse encontrarse en más dolorosa tarea.
Volvió la vista a él y le vio buscando algo entre sus ropas.
Se maldijo por dentro.
Ella volvía a intentar irse, aquello no terminaría nunca, él la miraba, diciéndole que no se alejase y ella debía partir. Era inevitable.
- Tauriel… Amrâlimê – dijo mientras ella se volvía.
- No sé lo que eso significa – dijo rápidamente, esta vez intentando parecer enfadada, pero no logro convencerse ni a ella misma.
- Yo creo que sí – dijo con esa hermosa sonrisa en su rostro, parecía convencido de que ella sintiese algo por él ¿Por ello reía? El había visto algo que ella creía ocultarse bien. O es que todo su acto estaba rebasándola…
La respiración nuevamente la traicionaba.
El aire cambió, Legolas nuevamente estaba tras de ella, como si hubiese escuchado de lo que hablaran antes. Tauriel se puso rígida y escucho a su Señor hablar con ella, indiferente a la escena que se llevaba a cabo en la playa.
- Mi Señor Legolas – exclamo seria.
Kíli miraba como ella se había transformado en la capitana que conoció en el bosque, hace algunos días.
- Despídete del enano – Esta si fue una orden – Te necesitan en otro lugar.
Se volvió sin palabras a él que la contemplaba con tristeza, pues no pretendía que esa fuese una despedida… él, quería saber la verdad, deseaba saber si ella también le amaba.
Si aceptaba una vida con él.
Ella solo pudo regalarle una abatida mirada y pronto aquella sería la más triste de las despedidas.
Ambos se miraron perdidos y el camino con sus familias es lo que seguiría, ella con Legolas y el con los enanos que ya subían a la barca.
Camino hacia su hermano y amigos, mientras ella aún le veía marcharse y sin pensarlo se volvió hacia ella. Entonces ella sin entender cómo, se encontró levantando su mano para que él la tomara entre la suya.
Él la sujeto con delicadeza y entonces sintió su calor, al igual que aquella agradable sensación que emanaba de su corazón y calentaba su cuerpo entero.
Kíli depositó algo pequeño y frío en su mano.
La abrió asustada y luego le miró consternada, para volver la vista a su mano. Era la piedra que le dio su madre, como recordatorio de su promesa. Aquella piedra que prometía volvería a ella, que regresaría a casa con su madre.
Qué estaba haciendo ahora en sus manos…
- ¿Esta… esta es la promesa de tu madre…? … ¿Por qué me la has dado?... – dijo consternada.
- Porque eres mi nueva promesa… volveré a ti Tauriel y esta vez escucharás lo que tengo que decirte… iré a cumplir mi misión y en cuento me liberé de ella, regresaré por ti… consérvala junto a ti, hasta que vuelva a verte, así podrás devolvérmela… - dijo tomando sus manos nuevamente y besándolas apenas con sus labios, sintió el roce de aquellos labios tibios sobre sus manos y experimentó cosquillas por el bello que tenía por barba, así como un estremecimiento en todo su cuerpo. Él se levanto de aquel delicado toque y sonrió para ella, como sólo él sabía hacerlo.
Entonces le dejo ahí, volviéndose a la barca, donde ya le esperaban los demás enanos, que les admiraban confundidos y admirados.
El volvió la vista hacia ella una vez más y se marchó.
Ella no podía dejar de verle.
/
No es que estuviera seguro de que lo haría o cómo reaccionaría, pero no quería perderla. Ella era todo. Su todo.
Intento no ser demasiado brusco con ella, pero quería entendiera lo que ella era para él. No podía decirlo más claro, pero si lo precisaba, esperaba tener el tiempo suficiente para volver y decírselo las veces necesarias. Intentaba convencerse que ella le quería, pero se mostraba reacia a mostrarlo.
Él la amaba y cuando le dejo ahí, quiso pensar que ella también.
Ven conmigo
Le había dicho, de verdad le quería con él, deseaba compartir el resto de su vida con ella. Aquella piedra simbolizaba lo importante que era ella para él, su promesa… no sabía que le diría hasta que le vio… y luego vio al Elfo, el apuesto príncipe del reino del bosque, a su lado y ella le sonreía. Quizás esperaba demasiado y ella amase a aquel príncipe, un heredero al reino, uno valiente y apuesto como los de su pueblo. El no podría competir con aquellos atributos, no solo en lo físico, él no era poseedor de un titulo de ese tamaño.
Luego la recordó riendo con él, conversando y sus miradas, como le miraba y ella había ido a salvarle, o al menos eso pensó… Cielos debía dejar de pensar en ello, no podría realizar ese viaje hasta Erebor y pensar en ella todo el tiempo, debía concentrarse, estaba alejándose de ella, de eso estaba seguro, su perfume ya no llegaba hasta él. No quiso verle una vez más, aquello sería muy doloroso. Le daría tiempo, quizás aquello era bueno, podría pensarlo y reflexionar sobre lo que ella sentía por él.
Para el eso era claro: Le amaba.
Amrâlimê
Esas palabras flotaron de sus labios tan livianas, suaves y arrolladoras. Era su idioma, seguro ella lo sabría, sino al menos las interpretaría en el contexto. No se arrepentía de nada, si ese fuese el final de la historia y no volviese a verla pensó que al menos el había logrado decirle como se sentía, los sentimientos que ella provocaba en él…. De todas formas deseo que no fuese el final de todo ello. Lo deseo de corazón.
Su hermosa visión, su estrella resplandeciente, su querida Tauriel.
/
Después de ver el pequeño bote perderse entre la niebla y el humo, todo se desvaneció, las voces sonaban distantes, los rostros borrosos, el cielo se hizo gris, estaba parada como una de las estatuas de la casa del rey, solo de adorno, pues todo lo que había dentro se había vaciado, no quedaba nada ahí. Sintió las lágrimas caer por sus mejillas, pero le parecían heladas, frías y como si a la vez le quemaran la piel. No supo cuanto tiempo estuvo ahí, hasta que unas voces de júbilo la sacaron de su perturbador silencio.
Escucho como las niñas festejaron ver a su padre y hermano sanos y a salvo. Se limpio las lágrimas y enérgica camino hacia ellas, para regalarles una sonrisa, pues sabía que las esperanzas de aquellas niñas al menos se habían cumplido aquel día. Lo que había comenzado como un viaje fuera de sus tierras en busca de justicia y la anhelada libertad, estaba por llevarla a la más triste de las miserias, en pocos días la vida le estaba mostrando el camino al que debía sujetarse y no apartarse de él, seguía deseando no regresar, pero al final ese era su destino… debía regresar a su casa… que para entonces no se le antojaba llamar así.
Les dedico pocas palabras, no estaba en condiciones de hablar de más, ni de dejarse llevar por los sentimientos, no era el momento ni el tiempo. Legolas aún la esperaba, en aquella esquina, con la mirada fija en ella y el rostro serio, no estaba molestó pensó, pero no habría que provocarle, no podía negarse que su amigo estaba incomodo por la presencia del enano y las miradas que le regalaba a ella. Además de obviar que le había abandonado por salvarle. Tarde o temprano aquel tema saldría a colación y no sabía si en esta ocasión pudiese mentirle o engañarle respecto a lo que había pasado esos días en los calabozos, la misma noche anterior o sobre el motivo oculto por el que salió de sus tierras.
Se dijo a si misma que lo mejor era seguir el rumbo de las cosas.
- ¿Por qué tardaste tanto? – le recibió el.
- Necesitaba hacer algunas cosas antes, tú mismo lo has visto, hay heridos y las pequeñas… -
- Tauriel ¿Me refiero a por que te quedaste en la orilla? Supongo que el enano, no quería marcharse… cuando entenderá… - dijo esperando que ella terminara su frase, pero vio que ella solo se quedaba callada - ¿Hay algo que deba saber?... alguna novedad…
- Ninguna Legolas, marchémonos, no deseo estar más por aquí - poniéndose en marcha.
- Esas palabras me agradan, vámonos tengo una ligera sospecha y me gustaría estar seguro sobre ello, te lo contare en el camino –
En ese momento apareció Freren, amigo y consejero del padre de Legolas.
- Señor Legolas, su presencia ha sido requerida en el reino –
- Vamos Tauriel –
-Espere Señor… la dama Tauriel ha sido desterrada – explico tranquilamente.
Legolas… se detuvo y volteo a verla… su padre sabía lo que pasaba con Tauriel, aquel castigo era demasiado.
Ella siempre lo supo, las consecuencias de sus actos tarde o temprano la alcanzarían, esta era la resolución del rey, no moriría… pero estaba desterrada del reino, no era más una capitana… era libre, una simple elfa, sin hogar, ni posición, sin nada. La noticia le sorprendió en un inicio… ahora tendría que aceptarlo, como se dijo desde el principio.
Legolas no podía dejar las cosas así… e intento arreglar las cosas, como él sabía que podrían funcionar – Entonces dile a mi Padre que si no hay lugar en el reino para Tauriel… no lo habrá más para mí – sentenció mirando con firmeza a los ojos del emisario.
- Legolas… lo ordeno tu rey directamente… tu padre –
-Sí, lo es… pero él no manda sobre mi corazón… iré al norte ¿vienes conmigo? – y sin detenerse a hablar sobre lo que acababa de decir se marcharon.
- ¿A dónde? –
- A Gundabab -
Ella asintió, agradeciendo que su amigo le defendiese, sabía que él podría hacer entrar en razón a su padre… por él, por ella no había mucho que hacer, por lo menos seguiría viva, pero no sabía cómo le sentiría eso sin tener un hogar o al estar alejada de su amigo y todavía más de Kíli.
Le entristeció la noticia, pero ya lo esperaba… había cambiado mucho en tan poco tiempo.
Lo que realmente le tenía así era otra cosa.
Se sentía como el día que perdió a sus padres, por ello no debía amar a nadie, por que terminaba perdiéndolos, no valía la pena sentirse así, pero así se sentía. Sacudió la cabeza ligeramente, no quería llamar su atención y él se diese cuenta de cómo estaba, entre menos supiera mejor, no lo heriría ni ella tendría que recordar lo doloroso que le estaba siendo dejarle ir a él. El tiempo le había hecho casi olvidar a sus padres, quizás lo mismo pasase con el arquero… o quizás no contase con siglos para el olvido… quizás pronto estuviese muerta y con ella moriría esos sentimientos guardados.
- ¿A dónde es que nos dirigimos? – pregunto decidida a sacar ese tema de su cabeza. Era buena pensando y rastreando, debía concentrase y dejar a un lado lo que convertía en un ser con sentimientos.
- Seguí a los orcos hasta que logre escucharles hablar acerca de una tierra lejana y perdida hace muchos años, quizás ni la recuerdes, pero fue uno de los pilares en la guerra del anillo, se encargaba de las legiones y ejércitos más fuertes del Señor obscuro. Me pareció decirles que aquel lugar está nuevamente en acción. Pensamos que era terreno completamente muerto, pero ya no estoy seguro… quizás mi padre deba saberlo y así podamos tomar una acción en concreto… -
- ¿Crees que tu padre, intervendrá?... – pregunto dudosa – La verdad es que dudo mucho que tu padre se inmiscuya en asuntos que no le competen, menos si no involucran a tu casa o tierras… -
- Esta vez, yo seré quien intervenga, creo que tienes razón al decir que debemos hacer algo con la fuerza y talentos que tenemos, si es verdad lo que dijeron, toda la tierra estará en peligro –
- Me alegro que lo veas así… -
- Supongo que por ello ayudaste al enano ¿cierto?, no podías solo dejarle morir… - dijo mientras caminaba a su lado – Supongo que debía aprender aquello desde hace tiempo, pero estaba cegado por el dolor y la pérdida… solo intenta comprenderme –
- Jamás te he juzgaría por ello, no tendría por qué hacerlo… después de todo eres mi única familia y te acepto como eres –
- Tauriel… supongo que no ha sido fácil para ti todo esto ¿verdad? –
- No, pero me ha hecho fuerte… no estoy quejándome… no soy así –
- Lo sé, siempre supe que eras diferente –
- Ya, será mejor que nos demos prisa, quizás así podamos ver que se traen entre manos esos indeseables orcos y trasgos –
- El trabajo ante todo siempre – le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, qué más podía decirle.
- Ya me conoces –
- Ya verás como recapacita mi padre… volverás al reino, te lo aseguro –
- Legolas… siempre lo supe, no me preocupa no volver… no me malinterpretes… te extrañare amigo, de eso no me cabe la menor duda… - tomó aire y siguió – Quizás esta sea mi oportunidad de ver el mundo ¿no crees? – sonrió.
Solo antes deseo devolver su piedra…
Caminaron nuevamente por largo camino, uno que nunca había recorrido, entre más se encaminaban a las tierras del norte, la vegetación era más rala, los caminos más escarpados y el aire más denso, aquel lugar no era uno de los que ella hubiese deseado conocer antes de salir de Mirkwood, de ello estaba segura, pero tenían una misión. Le inquietaba el interés de Legolas por conocer si era cierto esa noticia sobre las legiones de ejércitos, realmente recordaba haber leído algo acerca de aquella batalla, pero no le era trascendente en ese momento, el dueño del anillo fue derrotado por un hombre y de aquel anillo, no volvió a saberse más y deseo que así se mantuviera por siempre.
Qué fin podría desear un ejército de tal magnitud, más que destrucción y muerte, pero qué relación tenían con los orcos y trasgos que seguían a la compañía del tío de Kili, no lo comprendía bastante bien… los reinos de los hombres, enanos y elfos habían colindado muchos años y no eran los únicos en estar situados de aquella manera, había estudiado en los mapas, había montones de pueblos que conocía que se encontraban en similar situación y no entendía que importancia tendría que les siguieran a ellos. Entonces le recordó.
Se detuvo en seco y pregunto con voz ahogada - ¿Qué información les dio el orco que capturamos el otro día? –
- ¿El día que te marchaste? ¿Por qué lo preguntas? – quiso saber él, quizás su mente ágil le había hecho llegar a la conclusión que él mismo temía - Responde -
- Yo pregunte primero, dime Legolas – esta vez se puso frente a él cortándole el paso – Por favor dímelo –
- No mucho antes de que mi padre le cortara la cabeza… - respondió tranquilamente.
- Legolas, por piedad dímelo – No estaba acostumbrada a rogar, pero aquella duda crecía dentro de ella, carcomiéndola.
- Nos informó acerca de la cacería de los enanos… algo que ya te había informado antes ¿recuerdas?-
- Si, lo dijiste antes de llegar a Esgaroth… ¿pero qué tiene que ver eso? –
- Recuerdas haber escuchado del nigromante que reside cerca de las tierras del sur, de donde creíamos que venían las arañas… creemos que se trata de algo más maléfico y obscuro… ¿recordaras el nombre de Azog?
- ¿El trasgo? – no estaba entendiendo nada y Legolas estaba concentrado en cómo decir cada palabras.
- Bien, en Esgaroth pelee contra un hijo de este y ellos tienen la misión de no permitir que haya un rey bajo la montaña… su misión es terminar con el linaje… con el linaje de Durín… - lo dijo pensando como causar el menos daño posible, esperanzado con que ella no conociera quienes pertenecían a aquel linaje, aunque lo dudaba mucho – Thorin y sus sobrinos –
- ¿Cómo has dicho?... pero… pero ¿Por qué? – abrió los ojos desmesuradamente.
- La montaña ha estado sitiada, desde hace mucho y parece que forma parte de la estrategia de aquel a quien sirve Azog y su hijo –
- El dragón, formaba parte de ese plan… ¿quieres decir que ese plan ha estado en acción desde hace tantos años? –
- Al parecer, el mal que creyeron estaba destruido sobrevivió y no ha estado sin quehacer, como pensábamos todos… si lo que encontramos en estas tierras es verdad… la vida de muchos está en peligro… por no decir la de los mismos enanos que acabas de defender… incluido el arquero que sanaste, la montaña está del otro lado en un punto estratégico para los obscuros deseos del Señor de las tierras del sur, la montaña será tomada como sea… –
Sintió que el mundo caía de lleno sobre ella, no estaba preparada para una noticia de esa magnitud. Nunca habían estado a salvo. El no estaría a salvo mientras ese ejército y aquellos trasgos tuviesen una meta por cumplir.
Le había abandonado.
Le iba a perder.
Respiro profundo, la cabeza le dio vueltas y sintió que quería caer, pero se mantuvo fuerte. Hasta ahora solo eran suposiciones de Legolas, no había nada confirmado, más que solo el hecho de que una compañía de orcos diezmada por ellos intentaban hacer, pero podía haber más, quizás cientos, quizás miles más.
- Pues vayamos y salgamos de dudas, entre más pronto lo sepamos, más pronto se podrá actuar –
- Tauriel, ¿Qué harás si descubrimos que es cierto todo aquello? –
- Lo que sea necesario mi estimado Mellôn, ¿No harías tú lo mismo? si invirtiéramos los papeles –
- Supongo que de todas maneras me habrías arrastrado… –
- Sé que contaría contigo -
Caminaron cerca de cuatro días, no llevaban caballos y aunque estaba cansada, le animaba descubrir la verdad en las palabras de aquel orco. Si ello era cierto, todos estaban en peligro, los hombres de la ciudad del lago, quienes querían dirigirse a la ciudad del valle, con la esperanza de establecerse ahí, pues habían perdido todo lo que amaban y tenían en aquellas tierras. Si era verdad aquella noticia, habría muertes a diestra y siniestra y todo por el derecho sobre una montaña habitada nuevamente por los enanos hijos de Durín. Donde se encontraba el enano del cual sus pensamientos, siempre que podían escapaban a él.
Observó los altos peñascos de tierra roja y árida, el olor a azufre era asfixiante y no había ni sol ni estrellas en aquel lugar. Toda vegetación y fauna creyó estaba muerta, hasta que el sonido de unos fuertes aleteos y gruñidos le hizo volver la vista, junto con la de su acompañante. Murciélagos, demasiados, todos parecían ir fila, como si se dirigiesen a algún lugar en particular, como si estuviesen entrenados. Sintió miedo, todo apuntaba a que sus sospechas eran ciertas, la guerra estaba por caer sobre quienes amaba y había cuidado y peor, ellos no la esperaban.
- Murciélagos de las tierras del sur, supongo que no estábamos tan errados después de todo - sugirió Legolas a su lado – Escóndete no vayan a verte, deben estar entrenados para la guerra… -
Ella se inclino sobre la tierra, vio sombras dentro de la gran fortaleza y le vio entonces, descendía de aquel lugar el Trasgo que vio en sus tierras, aquel que hirió a Kili en la pierna, el mismo desagradable y nauseabundo. Alto con su arma a lado, vociferando en alta voz, palabras obscuras que parecían ordenes a una multitud de trasgos y orcos que hacían fila tras él. Todos los que le seguían no eran muy distintos a él, cargando sus arcos, espadas y dagas para dar muerte a quien se atravesase en su camino. Listos para la guerra.
Una guerra planeada hace más de setenta años
La guerra de esa época.
Una guerra contra los enanos. Contra la Familia de Durín, incluido Kili.
Debían avisar, debían saber lo que se avecinaba, ella no podría vivir con ello, comprendía lo que pasaría y la idea de no hacer algo al respecto, le frustraba. Detenerlo le sería imposible, por más que Legolas estuviera sobre calificado en el arte de la guerra y ella fuera buena con espadas y arco, ambos no podrían detener a un ejército de tal magnitud.
Por todas las estrellas del universo, deseo poder correr como nunca lo había hecho, ni siquiera sintió deseos de descansar, pues no quería perder mucho tiempo en ello, era cuestión de vida o muerte, no solo la de los enanos, sino la de los pueblos vecinos, su pueblo mismo y el de los hombres. Debían hacerlo saber, pero quizás ya fuese demasiado tarde, por que aquellas horribles criaturas ya salían de sus escondites, imperceptibles y con la firme seguridad de que llegarían sin ser vistos, pues antes que nada contaban con el beneficio de tomarlos desprevenidos y aquello en la guerra siempre terminaba siendo un beneficio arrollador.
- Esperemos a que pasen, o no podremos siquiera a ayudar a los que hayan quedado – dijo mirándola a los ojos – Nos daremos prisa Tauriel te lo prometo, intentaremos llegar antes que ellos, somos más ligeros… pero debemos dejar que salgan todos o nos verán y no podrás ayudarle más –
Ella asintió, no había otra forma, intentaron bajar del lado contrario por donde ahora marchaba el enorme regimiento con destino a la montaña solitaria, donde por fin se desataría la guerra.
- Legolas… ¿Qué encontraremos cuando lleguemos? – se sentía intranquila y no podía evitar que su rostro reflejara su angustia.
- Quizás ya haya empezado la guerra pero haremos lo posible por servir y salvaremos a los que podamos, nos necesitarán… -
- ¿Crees que lleguemos a tiempo para…? – pregunto temerosa.
- No lo sé… pero lo averiguaremos, tranquila… todo estará bien… -
- Eso espero… - no sabía si sería capaz compartir sus sentimiento con él – es que… tengo... -
- Es normal tener miedo Tauriel, no somos ajenos a los sentimientos… podemos sentir el miedo, la desesperación o el abandono… - dijo serenamente – Pero sé que podemos albergar el amor, la lealtad, la paciencia y la bondad… -
- Es que he perdido tantas cosas en la vida Legolas… - dijo sin importarle que lo que pensara.
- A mí nunca querida Tauriel… esperemos nunca perdernos en el camino… siempre podrás contar conmigo y con mi apoyo en todo… ¿Lo recordaras, cuando lo necesites? -
Poco le importaba ya si debía volver o no… debía salvarle… ayudarle, estar con él… le dolería no poder decirle que le amaba… que moría por no habérselo dicho… no importaba si tenía que perder la cabeza por ello y si el castigo fuese la muerte… antes no le importaba morir por un ideal… ahora por lo menos quería mantenerse viva hasta ayudarle a devolverle la roca que guardaba celosamente en su pecho, después de aquello, si él se salvase, poco importaba si ella muriese, él es quien debía vivir… ella podría morir tranquila, sabiendo que él cumpliría sus sueños, sus promesas y tendría la oportunidad de una vida plena y completa… ella estaba agradecida con el destino que tuviese… había vivido toda una vida en las últimas tres semanas… desde que conoció al joven arquero pidiendo ayuda en medio del bosque le cambio la vida, llevándola a vivir la vida que deseo por muchos años.
Tenía que salvarle, fuese como fuese.
Desearía tener la oportunidad de decirle que contaba con su amor y su completa admiración. No tendría tiempo para ello, no era el tiempo para pensar en ello, pero necesitaba hacerle saber que le pertenecía de maneras que no podía explicar, que ni siquiera las entendía todas, pero su amor era suyo y de nadie más.
Su corazón tenía dueño
Le pertenecía a él. A un enano. A Kíli.
Le alegro por fin dejar de engañarse.
