Advertencia: odié este cap :'v cambio y fuera (?)


-¡Miren, ahí está el insecto!

-¡Desaparece!

-¡Nadie te quiere aquí!

-¡Ve a cortarte las venas!

-¡Hasta a tus padres les da vergüenza ajena!

...

-¡Nunca haces nada bien! ¡Dime, ¿quién te manda a juntarte con esa sarta de muertos de hambre para que arruines tu vida!

-¡No pagamos tus estudios para que te andes drogando!

...

-¿Quieres probar?

-¿Qué es?

-Sólo prueba, y si te gusta, te aseguro que olvidarás todos tus problemas.

...

La potente luz de la habitación dificultaba su labor de abrir sus ojos, después de sumirse en lo que parecía un largo y profundo sueño.

En cuanto se adaptó, vio a un joven con la mirada puesta encima. A juzgar por su ropa y su mascarilla blanca, supuso que era uno de los técnicos del lugar.

-Despertaste -el sujeto pareció alegrarse-. Ya veía que otro se nos iba.

Se extrañó más por las palabras del sujeto que de él mismo; era un desconocido, después de todo. Trató de levantarse sobre la cama, pero sentía su cuerpo extrañamente pesado, y notó la aguja clavada a su brazo, que estaba conectada a la bolsa de suero que colgaba a su lado.

El chico notó lo que quería y le quitó la aguja al ver que ya se encontraba estable. Luego, agarró la bolsa vacía y la dejó sobre una mesa.

-Amaya, ¿no? -inquirió, sentándose en la primera silla que vio y bajando su mascarilla por el mentón.

-¿Quién eres?

-Oh, cierto, no me he presentado -rió-. Soy Haru, me dejaron a tu cuidado durante toda esta semana que estuviste inconsciente.

La chica no tuvo ninguna reacción, estaba tan concentrada en los acontecimientos ocurridos anteriormente que no le importó que se hubiera demorado días en despertar de su coma.

-¿Qué pasó? -preguntó, cuando logró sentarse sobre el colchón.

-Te desmayaste por la pérdida de sangre -explicó Haru-. Por lo que vimos, te sacaste sangre por ayudar a tu amigo rubio, la cual comprobamos que era compatible con la suya; sin embargo, no estuvo bien lo que hiciste -la regañó.

-¿No están exagerando? Querían un donante, ya lo tienen; si van a regañarme por tener la voluntad de donar mi sangre, mejor ahórrense los comentarios, que suficientes problemas tengo para aguantar sermones de adultos amargados -aquel comentario dejó con la boca abierta al sujeto, sólo por no saber qué responder. Normalmente, no contestaban a los sermones-. ¿Qué pasó con Kyo? -cambió de tema.

-Será mejor que lo veas por ti misma.

Haru la ayudó a bajar de la cama, y claro, verificar que podía caminar bien. Una vez que lo comprobó, salieron de la habitación y caminaron por los largos y desolados pasillos hasta llegar a Cuidados Intensivos. Una de las habitaciones tenía una ventana, por lo que podían ver el interior, sin necesidad de ingresar.

Vio un cuerpo inmóvil sobre la única cama del lugar. Lo reconoció enseguida como el de Kyoichi, pues era el único que no tenía más que una pierna. Estaba conectado a varios aparatos, excesivamente pálido, lo que daba a entender que realmente fue una larga lucha salvarlo, incluso desde ahí, podía ver lo que quedaba de sus heridas.

Se veía tan tranquilo que le asustaba; le asustaba pensar que con esa tranquilidad, él podía morir. Él, algún día, moriría, se daría cuenta de ello, pero no le iba a importar, y si le importaba, ni se inmutaría, porque es la ley de la vida, y no podría hacer nada por impedirlo.

-Cuando trataban de detener la hemorragia, él murió -relató Haru-. Estuvo muerto por veinte minutos; después, de milagro, lograron reanimarlo y estabilizarlo. Por eso está en esta habitación; él está bien, pero de repente, presenta complicaciones.

-¿Complicaciones?

-Su ritmo cardíaco disminuye hasta casi detenerse, tos con sangre, convulsiones, o está a punto de tener otra hemorragia -nombró-. De casualidad, ¿tu amigo padece de hemofilia?

-Hasta donde sé, no -Amaya respondió, sin quitar la vista del rubio-. Tampoco sé si tiene antecedentes.

-Qué extraño, porque la hemorragia no paraba -el sujeto rascó su nuca-. Bueno, supongo que le preguntarán cuando despierte.

Para la chica, observarlo desde la ventana era un martirio, pese a que entendía los motivos para tener que acatarlo.

-¿Qué hace ella aquí? -preguntó Hitomi.

Se encontraba sentada en el suelo, al lado de Taiga en la azotea, conversando sobre temas triviales, hasta que el rubio llegó con la chica emo.

-¿No puedo estar aquí? -preguntó Amaya, un poco a la defensiva.

-No he dicho eso.

-Acostúmbrense, se quedará con nosotros a partir de ahora -dijo Kyoichi, sentándose al lado de Hitomi.

Amaya lo imitó, algo insegura.

-A menos que quieran arrojarla a la boca del lobo.

-Para nada -dijo Taiga.

Él miraba curioso a la chica emo. No sabía por qué, pero le gustaba su estilo rebelde y gótico. Suponía que si Kyoichi se dignó a incluirla, debía ser por algo, y no precisamente por apartarla de los que la molestaban.

-Suéltalo, nosotros no te juzgaremos.

Con esa simple frase, había encontrado su lugar. Al terceto no les asustó su forma de ser, al contrario...

Era la primera vez que alguien le sonreía sincero por quién era.

-Ese chico es muy fuerte.

Amaya volteó a ver a la pelirrosa a su lado, que había aparecido de la nada. Ella sonreía, la típica sonrisa que la caracterizaba.

-Señorita Yuki, ¿cómo está Hosuke? -preguntó el chico.

-Lograron extraer el veneno, ahora está bien -respondió-. Al parecer, un animal es inmune al efecto letal.

-¿Qué? -preguntó Amaya-. ¿Le pasó algo a Hosuke?

-Hace una semana, nos llegó un paquete y Hosuke estaba dentro, muerto.

-Eso no importa, lo importante es que ahora está bien.

Se apartó de la ventana para mirar a los dos adultos. Ya no soportaba ver a Kyoichi desde ahí; nunca le gustaron los hospitales, y menos cuando se trataba de un ser querido. En efecto, ella en vez de decir "hospital", "clínica", o cualquier sinónimo de salud, lo catalogaba de "morgue".

-¿Dónde están los demás? -preguntó.

Sin responder, los tres comenzaron a caminar. Amaya iba a cierta distancia de los mayores, pues al no conocerlos, no quería tenerlos cerca, menos sabiendo que Yuki era de confianza para el equipo, pero el problema era de la emo, que odiaba el contacto de la gente, a menos que le demostraran que era de fiar.

Yuki abrió la puerta de una habitación, por donde se asomó y vio a todo el equipo reunido, cada uno en cada cama, incluidos Ayumu y Koei.

Bueno, casi todos.

-¡Amaya!

-¿Cómo es eso de que te sacaste sangre? -inquirió Hitomi.

-Pues...

-¡¿Sabes que pudiste morir?! -la regañó Sho.

-¡Por Dios, qué chica tan valiente! -exclamó Mitsuru, lloriqueando de la felicidad.

-¡Ojalá todos tuvieran tan buen corazón como el suyo! -lloriqueó Mantaro.

Sep, hasta los Cuatro Incompetentes estaban ahí.

-¡Nos habríamos lamentado toda la vida si algo te ocurría! -incluyendo a Hosuke, que siempre exageraba.

-¿Por qué hiciste eso? -preguntó Koei. Él todavía poseía las heridas de la explosión, pero gracias a unas medicinas que le daban, sanaban rápidamente, lo que no significaba que, una vez desaparecidas, estaba del todo recuperado.

-Cálmense, lo importante es que está viva, no en riesgo vital -dijo Taiga.

-Al fin alguien que me entiende -Amaya alzó los brazos, como si le hablara a Yatogami (?)-. Además, no encontraban donantes, tenía que correr el riesgo.

-Amaya, nadie te puso una pistola en la cabeza -dijo Koei.

-Pero Kyo es mi hermano, y ustedes habrían hecho lo mismo en mi lugar.

-Amaya tiene razón -dijo Yuki-, pero ahora está bien, no hay de qué preocuparse; afortunadamente, pudimos encontrar dos más.

-¿Y cuándo nos dan de alta? -preguntó Gabu. Se veía tan impaciente.

-Muy pronto -rió Haru-. A propósito, supongo que ya lo sabían, pero una vez que se recuperen, tendrán que luchar un tiempo sin Shido.

El equipo adoptó una postura seria, esperando oír las tan obvias palabras de ese médico, junto con otras más de las que no estaban informados. Era de esperarse; uno no se recuperaba en poco tiempo de una pérdida de extremidades, y sumando a las tan llamadas "prótesis", el proceso se extendía.

-... y no me refiero sólo al estado físico -continuó-. Shido sufrió algo demasiado fuerte, al punto de ser traumatizante, por lo que es normal que tenga secuelas psicológicas; da igual que digan que él es más frío que el hielo y que, por su culpa, se adelanta la época de nevada -bromeó. Se oyeron unas leves risas-, pero puede tener cambios de actitud por lo que le pasó, y les recomiendo vigilarlo y ayudarlo, que él no va a poder afrontar esto solo, y si puede, le va a tomar un largo tiempo.

-¿Qué hay de las prótesis? -preguntó Hitomi.

-Ya estamos trabajando en eso, y la chica esa... -hizo señas con sus manos- la que tiene hijos.

-¿Miyu? -preguntó Taiga.

-La misma -afirmó-. Ella nos está ayudando en la creación de las prótesis.

Las miradas se posaron en Taiga, sorprendidas.

-Bueno, eso es todo, chicos.

El sujeto se marchó con Yuki. Amaya, que se quedó en el sitio, se dirigió al lugar de Taiga, sentándose al borde de la cama.

-Miyu... ¿haciendo prótesis? -preguntó Koei.

-Quiere estudiar Traumatología -el pelinegro se encogió de hombros.

Amaya recordó la revista que Kyoichi le había pasado en la casa de la mencionada.

-Eso es nuevo.

-Nos salió más inteligente de lo que pensábamos -dijo Gabu.

-Lo más estúpido que ha hecho fue quedar embarazada de un idiota y tratar de separar a una pareja -dijo Taiga-. En realidad, no sé qué es de ella ahora; no tengo muchas esperanzas en que haya cambiado.

Esas palabras sonaban una y otra vez en la cabeza de la emo, quien tras salir de la habitación, se paseó por todos los pasillos para saciar su aburrimiento, y de paso, para ubicarse en ese enorme lugar. Hubo un momento en que la vio en el laboratorio, metida en su trabajo, y cuando tomaba un pequeño descanso, iba con sus hijos y jugaba con ellos.

Kyoichi le habló más de Miyu de lo que hizo Taiga, por lo que sabía que la chica era insoportable, incluso el día que la conoció, se había preparado mentalmente para cualquier actitud, pero ella no actuó como esperaba, y al parecer, la misma impresión tuvo todo el equipo. Sin embargo, habían tenido una mejor impresión, y por lo que había visto, la castaña evitaba hacer cualquier tipo de comentario, si le daban una orden, ella la acataba sin rechistar, y la mayoría del tiempo, estaba con Ren y Yui.

Es más, incluso la había visto feliz con ellos, parecía que se divertía, pero Amaya no guiaba sólo por eso; esperaba encontrar algo en ella que les diera motivos a los chicos para repudiarla.

El rubio le había contado qué problemas tuvo con ella, y le sorprendió escuchar que incluso había llegado a las agresiones físicas. Pese a eso, no escuchó en ningún momento que el chico hablara mal de ella; pensó que era porque le había dicho todo en la cara, o quizás porque, como no la volvió a ver, no había necesidad de hablar sin saber.

Pensó en todo lo que había oído mientras veía a Miyu dormir en el incómodo suelo, con los niños a su lado.


Desde el incidente, había pasado un largo mes, aunque para los chicos, había pasado un año.

Tal como les habían indicado, tendrían que luchar por su cuenta por un tiempo. Los entrenamientos se tornaron más duros y Suiren estaba cada vez más insoportable en cuanto a ello, y de vez en cuando tenían que viajar a la Zona X por investigaciones que realizaban con gran parte del equipo. Claro, en más de una ocasión tuvieron que enfrentar a los seres responsables de la destrucción; al principio, no los ignoraron... pero después del primer intento, Sho infundió miedo a todo su equipo y optaron por escabullirse y escapar cada vez que se topaban con una cazadora u otro aliado.

Lo normal.

Pero a pesar de todo, habían demostrado más seriedad en los entrenamientos. Ninguno se quejaba y acataban las órdenes al pie de la letra. Claro, tenían sus problemas, debido a que los más principiantes se frustraban con facilidad cuando algo no les salía bien, por lo que Suiren vivía regañándolos como si de una semana a otra lograran manipular bien las armas que les dieron a elegir para el combate.

Desde el primer día, empezaron a entrenar con todo tipo de armas y técnicas de combate y artes marciales. Gracias a Dios, Suiren les había dado a elegir una especialidad, ya que más de uno tuvo el temor de agarrar un arma y darle un mal uso, al punto de herir a alguien con ella. Luego, se dividieron en parejas, quedando Sho con Kakeru, Makoto con Ayumu, y Gabu con Taiga.

La primera pareja practicaba lanzando cuchillos a una tabla de madera con una figura humana, con una diana dibujada en lo que sería el pecho de la misma, done se encontraría el punto débil. Si hubieran sabido el punto débil de las cazadoras y las otras criaturas, habrían preparado tablas con su figura, pero al no saberlo, partieron por lo más simple, cumpliendo ya una semana con lo mismo, y el que Kyoichi haya logrado derrotar a dos de ellas no les garantizaba la victoria.

Y probablemente, el rubio habría dicho lo mismo de haber estado despierto.

La segunda pareja practicaba con Koei, sin embargo, se turnaban para practicar, ya que Makoto había elegido un arma de fuego por querer probar un nuevo estilo de batalla, y Ayumu quería aprender a pelear. Ahora mismo, él estaba practicando los golpes y patadas que el ninja le había enseñado, cayéndose de vez en cuando perdía el equilibrio o aterrizaba mal cuando alguna de las técnicas contenía una voltereta o un simple salto, mientras que la pelinegra recuperaba el aliento debido al sobreesfuerzo.

Y la última pareja, es decir, los hermanos Samejima, hacían lo mismo que Ayumu y Koei, con la diferencia de que ellos tenían un combate de verdad, o al menos el simulacro. Se turnaban cada cierto tiempo para uno lanzar ataques y el otro se defendía, y ahora mismo, Gabu lanzaba ataques contra su hermano, que esquivaba o interceptaba los mismos. Otro detalle era que ambos habían agarrado navajas por elevar el nivel de dificultad, y claro, se notaba que eran principiantes en el uso de ataques con cuchillo, pero había que admitir que habían mejorado con tanto entrenamiento, que casi no se notaban sus fallas a simple vista, salvo cuando tenían de encargada a una niña con supuesto instinto asesino.

Su batalla terminó cuando llegó el turno de Taiga de ser el atacante, y Gabu, tratando de esquivar uno de sus ataques, trató de realizar un Wall Flip, utilizando el árbol que tenía tras él, pero cayó al suelo antes de siquiera intentar realizarlo.

La azabache sopló con fuerza el silbato que colgaba de su cuello, indicando que se detuvieran para tomar un descanso, lo cual fue como un alivio porque todos estaban a punto de sufrir un arranque de ira porque las cosas no salieron como esperaron.

Todos se reunieron en el pórtico de la cabaña para resguardarse del fuerte sol, mientras que unos bebían agua civilizadamente y otros animales se la derramaban encima y se sacudían como perros.

En eso, vieron a la señorita Yuki acercarse, con su típica sonrisa.

-Han mejorado -los elogió.

-Es muy difícil -se quejó Sho-. Apenas y le damos a los pies de la figura.

Y era verdad, todos los lanzamientos que realizó con Kakeru eran fallidos, y con suerte, llegaban a los pies o las piernas de la figura. Otros cuchillos seguían clavados en la tierra.

-¿Hacer una voltereta es difícil? -preguntó Gabu. No preguntó como queja, tampoco como si se confiara, era más porque le daba curiosidad.

-De una semana a otra, no se dominan técnicas de lucha -dijo Suiren.

-Bueno, esa impresión das, Suiren -dijo Makoto.

Oh, sí. Makoto acaba de sacarle eso en cara a una niña que, de inocente, no tenía nada.

-¿Qué dijiste? -la niña trató de intimidarla, pero ella ni se inmutó.

-La verdad, simplemente.

La magia de ser la hermana menor de un rubio salvaje.

-Los Shido dan miedo -Kakeru miró a Taiga, quien asintió, haciendo una mueca como si fuera un caso perdido.

-¿De qué voltereta hablas? -preguntó Yuki, mirando al pelirrojo.

-La que usó Shido contra Koei -respondió éste.

Automáticamente, todos recordaron ese momento.

-¿El Wall Flip? -preguntó Makoto.

-¿Él nunca te la enseñó? -la miró.

-En realidad, cuando le pido a mi hermano que me enseñe una técnica, siempre me dice que no, así que hace rato que dejé de insistirle -le bajó una gota por la nuca.

¿Cómo olvidar el episodio del Pedal Ground?

Un aura oscura rodeó a la multitud.

-Por lo que vi, es difícil -cambió de tema-. Supongo que también depende de la disposición; cuando era pequeña, veía a mi hermano practicar esa voltereta y se notaba que era difícil, y aunque se haya demorado menos de una semana en dominarla, acabó herido.

-¿Menos de una semana? -preguntó Sho, sorprendido.

-Mi hermano es muy terco -suspiró.

-Se parece a alguien -tosió Gabu, recibiendo una colleja por parte de la pelinegra, lo que sacó risas a todos, incluyéndolo.

-¿Por qué hacía eso? -preguntó Sho.

La expresión alegre de Makoto desapareció, tornándose seria, y todos sintieron la tensión en el ambiente a causa de su repentino cambio de actitud. ¿Por qué nunca hablaba de ese tema?

-Hablando de Enigma -Suiren miró a Yuki-, ¿cómo se encuentra?

-Ahí está, sobreviviendo -medio sonrió.

En realidad, no sabía nada de él. Al menos, nada nuevo; no es como si seguir inmóvil, pálido como papel y respirando mediante la mascarilla de oxígeno tuviera mucho avance.

-¿Ya no tiene problemas durante su recuperación? -preguntó Sho.

-Hace días que no los tiene; sin embargo, hay que echarle el ojo. Con ese chico, nunca se sabe qué pasará -dijo, recordando todo el lío que se presentó por salvarlo en su labor de detener la hemorragia y en la búsqueda de un inusual grupo de sangre.

-Ese apodo que le pusiste le queda bien.

Todos miraron hacia el techo de la cabaña, donde Amaya siempre solía acostarse boca abajo.

-Apareció el mono -se burló Taiga. Amaya sacó su lengua, infantil.

-¿Qué hay de Hitomi? Hace días que no la vemos -dijo Arthur.

Era como si Hitomi hubiese desaparecido del mapa desde que le dieron de alta, prácticamente, antes que al resto. Desde ese momento, no la volvieron a ver, menos cuando se asomaban por la habitación del rubio.


Hitomi se encontraba en la habitación fría de su novio, sentada a borde de la cama que pasaba intacta, con la vista en la pared, concretamente, en el dibujo que el chico había hecho antes de enfrentarse a un destino que nadie pidió.

Se había dirigido ahí en busca de alguna respuesta a todo lo que estaba ocurriendo, y también para no tener que acompañarlo por horas, impaciente. Pensó que la mejor forma de distraerse era buscando algo que sirviera de ayuda para todo el equipo, pero no encontraba nada y sólo se dignó a descifrar el dibujo de la pared.

Algo le decía que ese símbolo tenía un mensaje oculto, y estaba segura que su novio pensaba lo mismo. A ambos les dio esa impresión desde que el chico comenzó a dibujarlo una y otra vez, agregando y borrando detalles para averiguar algún misterio.

Soltó un suspiro pesado, rendida. Ni ella en su mente podía formar algún mensaje a través de las líneas. Parecía que el símbolo cumplía su objetivo: la lucha eterna y el esfuerzo inútil. Todo por nada.

-Hitomi -la nombrada volteó a ver al menor de los Yamato en el marco de la puerta-. ¿Qué haces?

-Nada -respondió simple la chica-. Sólo pensaba.

-¿En qué?

-En todo lo que ocurrió -medio sonrió-. ¿Y los demás?

-Preparando comida -Ayumu sonrió-. Seguramente, tienes hambre -se acercó a la chica y agarró una de sus manos, que reposaban sobre su regazo-. ¡Vamos!

Sin rechistar, la platinada se levantó y salió de la habitación, siendo guiada por Ayumu hasta la cocina. La mesa estaba repleta de comida y Sho ya estaba adelantándose a devorar todo con Kakeru, lo que sacaba las risas de algunos y las reprimendas de otros, pero no era como si pudieran controlarse después de los duros entrenamientos de Suiren.

-¡Suéltame! -todos voltearon hacia la puerta para ver a Amaya, pataleando para que un divertido Taiga la dejara en el suelo-. ¡Puedo caminar sola!

-Los monos suelen escaparse -bromeó el pelinegro.

-¡Esos son los gatos!

-Con lo traviesos que son los monos, no está de más.

-Qué lindos~ -canturreó Suiren. Apareció de la nada, sobresaltando a la parejita-. Por cierto, quiero una sesión de kamasutra en vivo.

¿Es normal que una niña pequeña diga eso?

Ah, es cierto... No era una niña.

-Eso ya es trabajo de otra parejita -Taiga miró a Hitomi, dejando a su novia en el suelo y con sus brazos rodeando su cintura. La platinada frunció el ceño-. ¿Aún no lo han hecho?

-¿Deberíamos? -inquirió la platinada.

-Llevan cuatro años, es ya es cosa suya -se encogió de hombros.

-Apúrense, yo quiero un mini Enigma o Princesa correteando por la base -Suiren sonrió como Konata Izumi con complejo de gato de Cheshire (?).

-Siempre supe que estabas demente -dijo Koei, con una gota en la nuca.

-¡Oye!

-Al menos me entiende -dijo Amaya.

-¡No le metas ideas en la cabeza! -exclamó Hitomi, sonrojada hasta las orejas.

-Mejor cállense, que podemos invocar al rubio salvaje y nos va a matar -bromeó Taiga.

-Peor, va a poseer a Hitomi -dijo Gabu.

-Uy, me gusta cómo suena eso~ -canturreó Suiren.

-En serio, cállense -dijo Hitomi.

-¿Qué es el kamasutra? -preguntó inocentemente Ayumu, por lo que a todos los rodeó un aura oscura.

-Verás, es... -Hitomi le cubrió la boca a Suiren. Quizás qué saldría de su boca.

-Mejor comamos y después te explicamos -dijo Sho, nerviosamente. Seh, hasta él sabía de qué hablaban.

En realidad, no le iba a explicar nada. Sólo dijo lo de la comida para distraerlo, después ni se acordaría de la palabra.

Sin más, todos se sentaron alrededor de la mesa y comenzaron a comer, como una familia, y entre conversaciones triviales, alguna que otra discusión infantil y risas, hasta se habían olvidado de todo lo que pasaba por un momento.


"¡No es justo, siempre me ganas!"

-¡Ya verás, algún día te ganaré!

-Espero que así sea.

Ese día nunca llegó...

-¿Qué pasó con tu amiguita, Shido? ¿No pudiste protegerla? Ay, la pobrecita estaba sufriendo y no le bastó con todo lo que hicieron por ella, por eso...

Antes de que terminara de hablar, el chico recibió un puñetazo que lo mandó a chocar con la pared y terminar en el piso. Una patada en la cara, otras más en el abdomen; una de ellas casi lo mandó volando al final del pasillo.

Terminó con más de un hueso roto. El rubio le había dado una gran lección al único que se atrevió a abrir la boca.

-Oye, está pasando otra vez.

-¿Qué?

La enfermera dejó de escribir sobre el portapapeles para mirar a su compañera, que se encontraba examinando al aún inconsciente Kyoichi. Dejó el portapapeles sobre la mesa y se dirigió a la camilla.

El rostro del rubio permanecía sereno, pero el electrocardiograma no decía lo mismo; nuevamente, disminuía su pulso.

-A estabilizarlo, rápido -dijo la enfermera, apretando el botón de un dispositivo que le entregaron para una situación así.

"I tried to have it all
And I'm stuck in the middle..."

-¡Amo tu voz!

-No es para tanto -Kyoichi rodó los ojos, apoyando la guitarra sobre el atril.

-Por favor, si eres el que mejor canta entre nosotros -decía Taiga.

Kyoichi lo miró como si hubiera contado el peor chiste de todos. Seh, el peor.

-Es irónico tener buena voz y nunca cantar -se burló Hitomi.

-¿Qué tal si llegas a cantar con One Ok Rock?

-¿Te han dicho que eres un idiota? -Kyoichi alzó una ceja.

-Sí, tú siempre lo haces -las dos chicas del grupo rieron.

-¿Por qué no cantas algo? ¡Vamos! -lo animó la niña.

-No.

-¡Sólo por esta vez!

-He escuchado eso muchas veces -se burló.

-¡Kyoichi!

El terceto rió.

-Bien, pero sólo una.

-¡Sí!

"I couldn't have it all now I'm alone..."

-Entonces... ¿no volverás a cantar? -preguntó Hitomi.

El rubio no volvió a hablar tras esa pregunta, y su silencio se prolongó por toda una semana.

"And I've been down and out
Now I'm stuck in the middle..."

-¿Qué tal si formamos una banda? -dijo Taiga, un día.

-¿Qué? -inquirió Hitomi.

-Estás loco -dijo Kyoichi.

-Vamos, Kyoichi, tú tienes buena voz -trató de convencerlo el pelinegro.

-¿Y tú no tienes?

-No tan buena como la tuya.

-Pero formar una banda no es tan fácil como parece -acotó Amaya.

-Bueno, no estoy diciendo algo sobre llegar y formarla, sólo es una idea.

-Yo paso, no me metas -el rubio comenzó a caminar.

-Vamos, Kyoichi -pero el chico ignoró los llamados de sus amigos.

"I'll never get to say this is enough..."

-Vaya, se tardó.

-Vamos, Shido; lo lograste una vez, una más no hace la diferencia.

Solían pensar que la razón por la que el chico dejaba de respirar era porque, en realidad, él no quería vivir.

"Awai yuki no you ni fuwari to ochiteku..."

Él no dejó de cantar porque así lo quiso.

Dejó de cantar porque, simplemente, no podía, ni aunque lo intentara...

"Namida no oku ni kimi to miteita hazu no eien..."

A veces, maldecía su existencia. Sin embargo, cada vez que su pulso disminuía, él sentía que alguien se lo llevaba.

"¡Kyoichi, vamos a jugar!"

"Ustedes ni siquiera deberían estar aquí..."

-Shido, ¿me escuchas? -escuchó en ecos la voz de la señorita Yuki.

La pelirrosa había llegado a la habitación tras recibir el llamado de emergencia, luego de que el rubio comenzara a reaccionar alterado ante las atenciones de los enfermeros, como si estuviera teniendo una pesadilla, que en teoría, así era.

-Tranquilízate, estamos contigo -cada vez escuchaba más cerca la voz femenina, al mismo tiempo que sentía unas manos sobre sus mejillas, propinando suaves caricias.

Tenía miedo. Miedo de despertar, de ver la realidad, de notar lo inútil que se veía ahora que no tenía todas sus extremidades. Porque sí, todo el tiempo lo recordó, que era un chico que debía volver a depender de la gente, que no quería dar lástima. Estaba despertando y no sabía cómo reaccionar. No quería ver a nadie a la cara, no quería ver sus expresiones de lástima y romper a llorar ahí mismo.

-Hermano...

-Shido, resiste -escuchó decir a Arthur.

-Vamos, tú puedes, amigo -escuchó decir a Sho.

Sintió cómo le quitaban la máscara de oxígeno. Aún no abría los ojos, no quería hacerlo. Sentía el picor en ellos, a la vez que se humedecían por todo lo que había pasado desde que empezó su lucha por sobrevivir, y hasta ese momento, seguía cuestionándose si fue buena idea hacerlo. Quizás lo hizo por su hermana, por sus amigos, o por su novia, pero no sabía en realidad qué quería.

Llegó a pensar que ellos no lo necesitaban; total, ¿quién iba a querer trabajar con un lisiado que sólo iba a retrasarlos en su misión, y que iba a dar pena por su falta de extremidades?

-Kyoichi -escuchó a Hitomi.

Por si fuera poco, todos se sorprendieron cuando vieron las lágrimas correr libres de su jaula.

-Déjenme a solas con él, por favor.

-¿Estás segura? -preguntó Yuki.

Lo siguiente que escuchó fue a todos salir de la habitación y cerrar la puerta; todos se alejaron por el pasillo para darles más privacidad. Mientras tanto, él sentía todavía el peso en el borde de la cama, donde Hitomi estaba sentada.

La chica acariciaba sus hebras de oro, esperando paciente a que él decidiera abrir los ojos y enfrentar la realidad.

Tras una larga espera, así lo hizo, lentamente, como si le afectara la luz de la habitación, aunque no fuera así, y lo primero que vio fue la expresión preocupada de su novia.

Ella lo ayudó a sentarse sobre el colchón, para luego abrazarlo, dejando que llorara en su hombro.


Mientras, el resto del equipo seguía por el pasillo a la pelirrosa, de camino al laboratorio, donde según había dicho antes, estaban preparando las prótesis.

En cuanto llegaron al lugar, vieron científicos por todos lados, caminando de un sitio a otro, alguno que otro con planos en sus manos o anotando datos sobre un portapapeles. A lo lejos, lograron reconocer la asimétrica cabellera castaña, al lado de un grupo de especialistas que proyectaban unos planos en la pantalla que tenían al frente.

-Con que aquí estaban -sonrió Yuki, cuando se acercaron al grupo, el cual la saludó animadamente.

Se notaba que la mujer era bastante querida y respetada entre su gente.

-Las prótesis están casi listas; Aibara les está haciendo unos arreglos -avisó uno de ellos, señalando a la castaña, que estaba concentrada trabajando con el brazo izquierdo

Cuando se posaron tras ella, vieron las tres extremidades. Miyu tenía en sus manos el brazo de metal, material que habían utilizado para las tres prótesis; mediante una especie de control, movía el brazo levemente, junto con la mano y los dedos. Sobre la mesa, frente a ella, reposaban el antebrazo y la pierna derechos.

-Hiciste un buen trabajo -Miyu se sobresaltó y volteó a ver a Yuki.

-Ya están listas -dejó el brazo junto a los otros miembros-. Hecho a la medida, con sentido del tacto y traté de hacerlo lo más liviano posible, para que no se le dificultara moverse.

La pelirrosa tamborileó el metal con sus dedos.

-Menos mal que era un sueño frustrado -ironizó Taiga, por lo que Miyu bajó la cabeza, avergonzada.

Haru, el mismo médico que los había estado acompañando hacía más de un mes, se acercó a Yuki.

-¿Cómo está el chico? -preguntó, a lo que la mujer suspiró.

-Está consciente, y se podría decir que, físicamente, estable, como dijiste, mas no de forma psicológica -explicó-. Ahora mismo, Hitomi se quedó con él, y él no quería ver a nadie.

-Ya me lo temía -soltó un suspiro-. Al principio, puede sentir rechazo, es normal. Sé que no es fácil tratar con él, pero en general, no es fácil tratar con este tipo de situaciones.

Las miradas volvieron a los miembros de metal.

Cuando volvieron a la habitación, vieron que Kyoichi se había quedado dormido y Hitomi estaba cuidándolo, y a juzgar por su actitud, era mejor que así fuera, para estar más tranquilos. No sabían si eso podía usarse como una excusa, sólo sabían que se había prolongado por toda una semana, y eso fue lo que pensaron, hasta que la señorita Yuki les dijo que Kyoichi no quería ver a nadie, y no sólo los médicos les recomendaron no asomarse por ese pasillo. Ella era la única que se salvaba del rechazo del chico, junto con Hitomi, Makoto y unos cuantos médicos que estuvieron a su cuidado.

Pese a los sermones, los chicos de vez en cuando iban a ver al chico, pero sólo se asomaban por la ventana, por un momento, y luego se iban, sin dejar que el rubio notara su presencia. Verlo en ese estado era bastante lamentable; seguía siendo la misma persona, pero se sentía extraño verlo con sólo la mitad de un brazo y una pierna, hasta que un día vieron que ya tenía sus miembros de metal y siempre estaba mirando a la nada, en compañía de Yuki, o su hermana y Hitomi.

Ésta última era la que más pasaba tiempo en ese lugar.

-Chicos, ¿están listos?

Voltearon a ver a Yuki, quien estaba apoyada en el marco de la puerta. Se habían reunido en la cocina a esperarla, para recibir el visto bueno para ir a ver a Kyoichi. Esta vez, la visita definitiva.

Claro, a Yuki le costó hacer entrar en razón al chico, que finalmente se resignó, o por lo menos eso quiso creer.

Por lo mismo, ahora caminaban por el pasillo donde se encontraba la habitación del joven. A esas horas, deberían estar entrenando, pero por la situación, Suiren les dejó llegar tarde, mientras no se prolongara la visita y usaran eso como excusa para ausentarse.

-Lo que dijo Haru -dijo Yuki, deteniéndose frente a la puerta de la habitación-. Tratar con Shido va a complicarles la existencia de ahora en adelante, espero que no mucho, y si es así, espero que puedan soportarlo.

Al no oír ninguna queja, abrió la puerta.

En un rincón de la habitación, sentado en una silla de ruedas, estaba el rubio, con la mirada perdida. No sabían si era porque no reaccionaba ante nada, o simplemente no los escuchó.


Todavía espero el día en que los creadores se dignen a hacer una segunda temporada TT-TT y disculpen el extraño capítulo :v es que ando falta de inspiración :l

La verdad, quería dejar la "resurrección" de Kyoichi para el próximo cap, pero cagué :D me quedé sin ideas :'D tuve que rellenar con lo que hacían los chicos en entrenamiento y con unos recuerdos hueones que se me ocurrieron por andar escuchando "Stuck in the middle" :v

En fin, no tengo mucho que decir -.- creo que este ha sido el peor cap que he escrito -.-U

Akira... exacto, c mamut 7u7 xDDDD es que tengo una especie de obsesión con las prótesis :v y al menos logré mi objetivo de poner emocional a alguien con recuerdos xD

Y esa es mi triste historia -inserte foto de anciana rubia con diseños de funeral- (?)

¿Qué quieren para el próximo cap? TT-TT

Chao chao!