In the dark
Capitulo 7
Recuerdos
Shouji se quedo sentado sin decir palabras durante un largo rato, mirando a los tres acompañantes, atento a cualquier cosa que digieran. Si bien era cierto la revelación lo había desconcertado, lo que más le impresionaba era que Natsumi estuviera ahí. Un pensamiento desagradable se cruzó en su cabeza. Ella, desde cuando estaba ahí, ¿Habría escuchado lo que él le dijo a Kacho? No quería que ella pensara que él intentaba entregarla. Entrelazó sus dedos y los apretó. La miró de reojo; ella estaba a su lado seria, con la ropa que él le había entregado en la casa y con una chaqueta de él, que le quedaba muy grande. Se veía tan tierna y delgada que le causo una cierta ternura.
-Natsumi…- la llamó Shouji –quiero que sepas…- le tomó una de sus manos -…que si quería que Kacho te viera no era para exponerte-
-Tranquilo- sonrió –Lo entiendo-
-Es una suerte que no hayas ido con otra persona-
-Lo mismo pienso- asintió Kaoruko –Si fuera el caso, en este momento seria Michael el más molesto con Shouji- Natsumi abrió los ojos y se exaltó al escuchar el nombre de su inseparable amigo, que habría tenido que soportar toda la noche a joven líder, ya era hora de que ella llegara a calmar su sufrimiento.
-Es hora de irnos- Dijo Natsumi y se levantó -Kinoshita ¿te quedaras aquí?- la mujer se levantó y negó con la cabeza.
-No. Después de lo de anoche hemos decidido no dejarte sola- Shouji y Kacho voltearon a mirarla.
-¿Qué pasó?- preguntó el moreno de bigotes. Natsumi sin pensarlo volteó a mirar a Shouji quien la miraba con preocupación.
-¿Es por la trasformación?- preguntó con cautela.
-No- Natsumi no encontró las palabras exactas para expresarle los hechos al joven, así que fue Kinoshita quien les informó los acontecimientos.
–…Anoche un hunter atacó a Natsumi- Shouji se levantó con preocupación. –Michael estaba furioso- le comentó a la oji-verde -Pero ya todo acabó. Daisuke está muerto y Michael quiere formar una guerra en contra de los hunter que están aquí, en Kyoto.-
-No es algo que debamos conversar- Natsumi se interrumpió y caminó hacia la ventana. Kinoshita la siguió y ambas observaron a la persona de baja estatura, cubierta por una capucha negra, que se encontraba de pie observando la casa.
-Ha salido solo- comentó Kinoshita. Natsumi no terminó de escucharla, salió de la casa rápidamente, tomando el sol que había ese día.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó. La persona se abalanzó hacía ella y la abrazó.
-Estaba preocupado por ti-
-¿Has venido solo?- él asintió.
-Volvamos a casa- Natsumi comenzó a caminar por la calle, sin esperar ni voltear a mirar a la casa.
Kinoshita observo la escena desde el interior de la casa.
-¿Quién es?- le preguntó Shouji que se había movilizado hasta su lado.
-El líder- murmuró Kinoshita, y los ojos del moreno se abrieron sorprendidos.
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Natsumi entró en la habitación de Michael sin pedir permiso, pero se quedo en una pieza cuando vio que Michael estaba recostado con una chica vampiro.
-Lo siento- se escudo y salió corriendo de la habitación, sin olvidar cerrar la puerta. Michael se quedo mirándola, sin expresión en su rostro.
-Creo que es hora de que me levante- Se envolvió con la sabana y caminó hasta el baño. Tryce se quedo mirando la figura de su espalda mientras él se alejaba.
-¿Has vuelto? ¿Qué sucedió? ¿Shouji te aburrió?- Michael entró en la sala que siempre compartían, mientras su tono burlesco la molestaba.
-No es eso. Sho fue a buscarme- él rubio rió a carcajadas y se sentó a su lado.
-El mocoso se ve amenazado por Shouji- Natsumi hizo una mueca y observo la cicatriz en el brazo del muchacho.
-¿Estas herido? ¿Fue por mi culpa?-
-No es nada. Solo no he tenido la oportunidad de proveerme de energía-
-Sí, al parecer estas muy ocupado- le mostro una sonrisa picara.
-Tryce es un encanto- le comentó.
-Nunca te vi interesado en ella-
-Todo fue muy rápido, así que no preguntes- Natsumi apoyó su cabeza en el sofá, sin perderlo de vista.
-Quiero saber ¿Qué le dijiste a Shouji?-
-¿Qué le dije? Nada, solo lo que pensaba-
-Y eso es el problema, piensas demasiado en todo y en todos. ¿Le dijiste sobre Sho? ¿Le rebelaste que él está con vida?-
-Sí, lo hice y no me arrepiento- Ella sonrió complacida. –No pareces molesta-
-No lo estoy- la puerta que conectaba con la habitación de Natsumi se abrió con fuerzas. Sho entró en la sala y se acercó a Natsumi.
-Natsumi, quiero hablar contigo en privado- Michael sonrió y se removió en el sofá, pero no se levantó y no hizo ningún gesto de que él se iría. Sho lo miró con rabia y le tomó la mano a Natsumi. –Ven, vamos a la pieza- la chica asintió y miró a Michael con una leve sonrisa en los labios.
-¡Quiero que lo saques de la casa!- le dijo Sho apenas estuvieron solos. –No lo soporto, pasa todo el día molestándome y poniendo en duda mi liderazgo-
-Entiéndelo, Michael ha estado siempre conmigo, es difícil para él que tú, un niño que apenas tenga trece años de vampiro, tome el mando-
-Por eso mismo, porque soy un niño- Natsumi se arrepintió de sus palabras. No había querido decir niño en la forma que Sho lo había tomado.-No quiero seguir siendo un niño. Quiero tener mi cuerpo- abrazó a Natsumi posesivamente –Ayúdame. Ayúdame a obtenerlo-
-Pero eso significa que Shouji-
-En este momento ya no importa, lo que a él le suceda no tiene nada que ver con nosotros- Natsumi abrió los ojos sorprendida por lo que el niño decía.
-Dime que no es cierto-
-Natsumi, hay que hacer ciertos sacrificios, ya te lo había dicho- ella lo alejó de su cuerpo y caminó con prisa hasta la ventana.
-No puedo, Sho, yo ya no creo en tus palabras- Saltó por la ventana y se perdió en la calle. Sho corrió hasta la sala en busca de Michael, para que fuera tras ella, pero la sala estaba vacía. Salió al pasillo y legó hasta la habitación que ocupaba el rubio, pero tampoco se encontraba. Apretó los puños con fuerza y caminó hasta la habitación de Kinoshita, pero Aoi lo detuvo.
-Kinoshita no esa- le informó.
-Aoi… ¡busca a Michael y Natsumi, y tráelos de regreso!- ordenó furioso.
-Sí- el castaño caminó con prisa hasta la escalera.
-Natsumi "no me traiciones, no me abandones ahora"- Se apoyó en la pared y tapó su rostro con sus manos.
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-¿Qué debería hacer? Shouji- se apoyó en la lapida, vieja y mohosa, abrazándola y cerró los ojos. –Contéstame, Nunca te he pedido nada, pero tú siempre has sabido cómo responderme. Ayúdame a hacer lo correcto-
-¿En qué tendría que ayudarte?- la voz de Michael la distrajo, pero ella se quedo en su lugar.
-¿Qué debería hacer?-
-Sabes lo que pienso de Sho ¿Verdad?-
-Lo sé-
-Creó que él no es Shouji- Natsumi no hizo ningún comentario. –Creo que él tiene algunos de los recuerdos creados por él-
-Lo sé-
-No hay tales recuerdos, ninguno de los dos reconocimos esos momentos como verdaderos. Quizás él los invento o tuvo una visión, un sueño o lo que fuera, pero no son reales. Abre los ojos, Natsumi, y piensa en lo que sucedió ¡Tu misma enterraste a Shouji cuando murió! ¡Tú fuiste la que cerró sus ojos aquella tarde y la que lloró sobre su cuerpo! No te mientas a ti misma sobre lo que tienes que hacer-
-Michael, si yo matara a Shouji ¿Qué harías?-
-¿Sinceramente?-preguntó, y la chica asintió –Me iría con los hunter- la chica volteó a mirarlo, sorprendida por su respuesta. –Aunque te he seguido amando durante estos doscientos años… siempre he esperado que te vuelvas a encontrar con Shouji, y si llegaras a dejarlo por Sho, nunca te lo perdonaría-
-Yo también lo creo- confeso –Que Sho no es Shouji-
-Te dejo para que pienses en lo que vas a hacer- Michael se dio media vuelta y emprendió su marcha, sin que ella hiciese algo para detenerlo.
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Michael caminó por la calle. No le importaba realmente si ella estaba con un humano, cuando la conoció ella estaba casada con uno, pero ambos se amaban; por eso no podía permitir que un mocoso viniera a molestarla ahora que lo único que la mantenía viva era el recuerdo de su esposo.
Esa noche tendrían una fuerte discusión, podía sentir que la decisión de Natsumi sería una gran revuelta. Fuera cual fuera la decisión tendría que pelear; ya sea con Natsumi o con Sho, así que tenía que estar preparado.
Entró en un local (de mala muerte) con atención "especial". Caminó hasta el final del pasillo y se encontró con algunas mesas ocupadas por viejos lujuriosos que bebían, mientras observaban a las bien formadas bailarinas con escases de ropa y movimientos sensuales. Se sentó en una de las mesas y a los pocos minutos llegó una mujer con paso seductor y sonrisa forzada.
-Hola guapo- lo saludo ella -¿Qué vas a tomar?-. No pudo verle bien el rostro por la escasa luz que había, pero no le importo, lo único que necesitaba era que ella le sirviera bien.
-Servicio especial- respondió. La chica guiñó el ojo y le tomó la mano, para dirigirlo. Michael se levantó guiado por la chica llegaron hasta la puerta trasera, que los dirigió a un pasillo.
-Pareces conocer este lugar- Le dijo la chica. Ahora podía verla mejor; Era una mujer alta con cabellera ondulada, su piel era blanca y tersa; llevaba ropa interior extremadamente delgada, de color rojo y negro, y con encajes. Usaba portaligas y zapatos de tacones.
-He venido otras veces- le comentó sin mirarla demasiado. Siempre había odiado a las chicas de esa calaña. Su ropa le recordó a la que Tryce había llevado la noche anterior y sin pensarlo apretó los dientes por la rabia. "¿de dónde ha sacado que me gustan las chicas así?"
-Sera un gusto atenderte- le dijo la chica. Los dos se detuvieron frente a una puerta y acto seguido entraron. Antes de que se pudieran acomodar la chica lo arrinconó entre la puerta y su cuerpo. -Eres muy atractivo ¿lo sabías? Las mujeres deben pelearse por ti-
-No exactamente- Ambos juntaron sus labios en un gesto apasionado.
-Pero eres tan exquisito- volvieron a juntarse, pero esta vez ella levantó un poco la rodilla para frotar la pierna de él. Introdujo su lengua en la boca de la chica y ella sonrió. Las manos del rubio delinearon la figura y bajaron hasta sus muslos, acariciándolos y moldeándolos. La imagen de Tryce hizo que se horrorizara y empujara a su acompañante. -¿Qué te pasa?-
-Lo siento- dijo apenado y se sentó en una de las esquinas de la cama.
-No, está bien- ella se sentó sobre sus caderas y comenzó a moverse exóticamente sobre ella, para intentar excitarlo, pero él solo la miró desilusionado. -¿Qué te pasa, amor? Pareces deprimido. En casa no deben tratarte con cariño- la última frase lo molestó, cerró los ojos y tomó aire.
-A decir verdad, tengo a alguien esperándome ahora- La mujer lo miró a la cara con una sonrisa.
-¿Me dejaras en este estado?-
-No. Por supuesto que no, te are algo que nunca…-Colocó sus ojos de color escarlata brillante -…Olvidaras- la chica intentó levantarse, pero ya era demasiado tarde, él enterró sus colmillos con fuerza sobre el cuello.
Se quedo sentado en la cama mientras observaba el cuerpo de la mujer que acababa de morder. Ella estaba tirada en el piso con un horrible corte en el cuello y otro en la muñeca, y junto a ella había otra chica más en la misma forma. Se apoyó en el respaldo de la cama y miró los brazos de la mujer.
La primera vez que vio a Natsumi, lo que primero vio fue su mano en contacto con la suya, de eso habían pasado cerca de doscientos años, por aquel entonces él aun no tenía nada de experiencia. Había viajado hasta Japón con sus padres, por un proyecto ferroviario. Tenía alrededor de veintidós años. Natsumi y Shouji veinticuatro.
Conoció a Natsumi, cuando los dos se chocaron en una pequeña tienda que vendía broches para cabello. Ambos se habían interesado en el mismo y aunque ya llevaban un rato parados mirando el accesorio, no se habían fijado en el otro. Las cosas en ese entonces eran muy diferentes a cómo eran ahora. La personalidad de Natsumi era más enérgica e irresponsable, e incluso más libre y feliz. No le importaba salir sola, pero la mayoría de las veces salía en compañía de su marido.
Esa mañana ambos se decidieron por comprar el broche y al mismo tiempo fueron a tomarlo para verlo de cerca, pero él tocó la mano de Natsumi y la miró con preocupación. La piel de la muchacha era muy fría y aunque él era de tez blanca, ella estaba muy pálida. Natsumi lo miró directamente a los ojos. Fue ahí cuando apareció Shouji a calmar los ánimos. Se interpuso entre ellos y tomó el broche, para luego acercarlo a la chica y probárselo.
-A mí me gusta- comentó él -¿Lo quieres?-
-el joven lo tomó primero- Dijo Natsumi y desvió la mirada. Shouji observo al rubio y le sonrió tiernamente.
-¿Va a llevarlo?- le preguntó, pero él no fue capaz de responder afirmativamente, así que el moreno lo entendió como un no. –En ese caso me lo quedo- sacó unas monedas de su bolsillo y se las entregó al vendedor. Michael observo a los dos extraños. Ella iba vestida con un lindo Kimono azul con flores amarillas y él tenía un traje negro del ejército japonés. Shouji colocó el broche en el cabello de Natsumi y le sonrió. –Creo que te ves hermosa- ella agachó la mirada y se sonrojó levemente. Volteó a ver a Michael y se inclinó a modo de despedida. –Permiso- los dos se alejaron por la calle tomados del brazo.
Después de eso todos sus recuerdos eran confusos. Al momento de la trasformación los únicos recuerdos que se mantuvieron intactos eran cuando conoció a Natsumi, cuando nació Satoshi y la muerte de Shouji. En todos ellos aparecía Shouji. Se hizo la idea de que eran los recuerdos de Natsumi los que traspasaron a su mente y por eso siempre estaba el moreno en ellos.
Suspiró y tomó un poco de vino que había en una botella sobre el velador.
Esa noche el clima cálido permitía que las personas estuvieran afuera de la casa. Shouji estaba nervioso. Hacia algunas semanas Natsumi se había visto extraña, su estomago se había hinchado un poco y sus pechos habían crecido. Shouji sabía lo que era, ella estaba esperando un hijo de él, pero lo habían mantenido en secreto durante algunos meses. Shouji converso con un doctor amigo de la familia para que la viera, pero sabía que era difícil. Natsumi era un vampiro desde unos años y la familiaridad con otros humanos la colocaría nerviosa. El moreno le había pedido que no matara a sus víctimas al momento de robarle su sangre, pero ella no había podido evitarlo, el hecho de tener un bebe en su vientre le exigía más energía, así que se vio obligada a atacar a los animales, lo que no fue muy favorable.
El día en que el doctor llegó hasta la casa, para revisarla fue el mismo que ella comenzó a dar a luz a su bebe. Shouji la tomó en brazos y la condujo hasta su habitación. Algunas de las sirvientas de la casa la ayudaron, pero el moreno no dejo entrar a nadie por petición de ella. Cuando llegó el doctor el niño ya nacía y tuvo que ingeniárselas para salvar a la madre. La pérdida de sangre fue estrepitosa que puso nervioso incluso a Shouji. Cuando el bebe nació y el médico lo alejo de la madre para dárselo a una de las sirvientas fue cuando Natsumi perdió el control. Su cuerpo por la necesidad de tener a su bebe y la falta de sangre hicieron que sus instintos la traicionaran. Se levantó, aun cuando el médico se lo había prohibido y atacó al hombre.
Shouji y Michael conversaban en uno de los pasillos mientras la sirvienta les mostraba a la hermosa criatura que llevaba, aun con un poco de sangre en su cara. Natsumi salió al pasillo y atacó a la mujer para arrebatarle a la indefensa criatura. Siguió con sus pasos hacía la mujer y ella salió corriendo, en ese momento fue cuando Shouji se interpuso y recibió el impacto de las uñas a través de su cuerpo. Natsumi no pudo continuar con su ataque por la falta de energía y se tambaleó. Aun con la profunda herida que lo hacía sangrar, se acercó a ella y la afirmó antes de que cayera al piso.
-¡Michael…!- lo llamó el moreno, pero el chico apenas se movió. Nunca había visto a Natsumi en ese estado. – ¡Michael!- lo volvió a llamar. El rubio se acercó a la pareja y afirmó a Shouji, pero él negó con la cabeza. –Por favor asegúrate que el bebe este bien- el rubio asintió y corrió por donde se había ido la mujer. Shouji levantó a Natsumi y la llevo hasta una de las habitaciones.
Desde ese momento él no tenía recuerdos de lo que pasaba, pero si recordaba la muerte de Shouji que fue unas semanasmás tardes.
La herida, que Natsumi le hizo a su esposo, no fue tan profunda así que no había peligro. Él se recuperó y volvió a dirigir la casa como siempre, aun cuando un nuevo doctor le dijo que tenía que reposar. Uno de esos días el moreno le había encargado la misión a Michael de tomarles una fotografía para el álbum familiar; lo que encantó al rubio.
Pero no todo estaba bien, la herida se abrió y se infectó. Su cuerpo perdió las defensas y no pudo resistir cuando la peste llegó hasta ellos. Michael estaba aislado con Satoshi, ninguno de los dos podía acercarse a Shouji por el temor de contagiarse. Natsumi era la única que lo cuidaba; La servidumbre también había enfermado y se habían retirado de la casa, así que solo quedaban ellos tres más el bebe.
Recordaba perfectamente cuando entró en aquella habitación; El sol teñía la habitación con un extraño color anaranjado y rojizo. Todo parecía tan asfixiante, pero más que preocuparse por eso era Shouji quien tenía su atención. Se hallaba en la cama, mientras que Natsumi le mojaba la frente con un trapo de agua fría, para bajar la temperatura de su cuerpo. La visión del hombre postrado en esa cama lo hizo enloquecer, nunca lo había visto tan mal, ni siquiera cuando Natsumi lo había herido.
-No quiero que te acerques- le dijo Shouji, con sus últimas fuerzas, al ver que el rubio se acercaba a él.
-Shouji, nos conocemos desde hace dos años. No me importa tu apariencia- se escudo el rubio.
-Es la enfermedad lo que me preocupa- respondió el enfermo y tosió un poco.
-Por favor, no te esfuerces- le pidió Natsumi cambiando el paño y depositándolo sobre su frente.
-Michael, quería despedirme de ti- dijo Shouji, pero no pudo ni siquiera mirarlo. El moreno después de haber sido un fuerte soldado de guerra, ahora no tenía ni fuerzas para levantarse.
-¡No digas eso!- lo retó Natsumi.
-Escucha a tu esposa- le sugirió Michael –Hay muchas personas que han sobrevivido-
-Deja que te convierta, Shouji- interrumpió Natsumi. Él le tomó la mano y negó débilmente. Su cuerpo estaba húmedo por la fuerte temperatura y su pecho se alzaba frágilmente en cada respiración. Volvió a toser y esta vez un poco de sangre salió de su boca, manchando sus labios. Natsumi tomó un paño húmedo y limpió el rostro de su esposo.
-No. Si lo haces, temó que algo malo va a pasar y finalmente odiaras este momento-
-Si no lo hago también lo odiare- Shouji tosió otro poco de sangre. Natsumi lo abrazó. –Por favor, Shouji-
-Por favor Michael- la interrumpió convaleciente. -cuídala-
-No hables así – sugirió el rubio con calma, pero ya no podía aguantar más. Esos cuatro años que habían estado juntos pasaron tan rápidos que no se había percatado hasta qué punto se había encariñado.
-Natsumi, transfórmalo. No quiero que estés sola. Michael será tú compañía, estará contigo ¿Verdad?-
-Si- asintió él rubio, apretando los puños y reuniendo la fuera para no llorar. Shouji acaricio el rostro de Natsumi forjando una sonrisa en sus labios –Por favor, quédate con Michael y espérame. Volveré a tu lado, es… una prome-sa. – las últimas palabras habían sido casi inadvertidas al oído de la chica. La mano del chico cayó pesadamente sobre la tela de la cama y su respiración se detuvo por completo.
Michael abrió los ojos, agotado por el sueño que había tenido. Al parecer el alcohol, incluso en ellos, tenía un efecto somnífero. Tiró la copa hacía un lado y esta se impactó contra la pared. Se incorporó y pasó sobre las chicas con cuidado de no pisarlas. Se detuvo frente a la puerta y volvió a echar un vistazo a los cuerpos, sin nada más que hacer, salió de la habitación y abandonó el lugar sin que ninguna persona lo notara.
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Pasaron largos e interminables minutos hasta que Natsumi se levantara de la tumba y se hincara frente a ella.
-He actuado inmaduramente, Shouji- comenzó a decir –Michael, él esta molestó conmigo por eso mismo y encuentro que tiene razón. Sé que soy una cobarde porque no admito las cosas como realmente lo son, pero quiero hacer lo correcto, por mí y por los de mi clan. Aunque esto signifique que tenga que sacrificar a las personas que amo. Shouji… aquel día…- No pudo evitar que algunas lagrimas rodaran de sus ojos -…cuando te herí, yo no sabía lo que hacía, no sabía que esa herida te iba a ocasionar… no lo sabía. Aun cuando te había atacado tú me brindaste de tu sangre. Siempre me protegiste y es por eso mismo que yo lo hare, te protegeré para devolverte la vida que tú me diste- Se levantó y observo por última vez la tumba. –Creo que no volveré en un largo tiempo. Adiós mi amado Shouji- Siguió su camino sin voltear a mirar la tumba del viejo cementerio.
Continuara…
