Capitulo VII: La palabra libertad.
—Mamá, ¿Por qué tengo que ir al puerto?, quería seguir jugando en casa con Bobby. —dijo una niña de con un largo y despeinado cabello negro, y unos ojos verdes bastante brillantes.
—Tenemos que ir y ya. —dijo dándole a entender a la pequeña que no quería seguir hablando del tema y ésta siguió el resto del camino haciendo pucheros.
Madre e hija llegaron finalmente al puerto. Había numerosos barcos cargando y descargando mercancías de todo tipo. En su mayoría los barcos que salían de la isla iban llenos de todo tipo de frutas y verduras de la mejor calidad que puedas encontrar en todo el Grand Line y no solo eso, las frutas que crecen en la isla eran muy especiales no solo por su calidad, sino porque son frutas únicas en el mundo, puedes encontrar manzanas y bananas al igual que en todas partes pero en esta pequeña isla crecían frutas que en ningún otro lugar existen siquiera.
La niña continuaba haciendo pucheros y poniendo mala cara, su mamá no le había explicado absolutamente nada, ni siquiera le dirigió la palabra en todo el camino más que para decirle que tenían que ir y ya. Como granjeras que eran nunca se acercaban mucho al mar, vivían en una colina bastante lejos del puerto donde sembraban y hacían todas esas cosas que hace cada uno de los habitantes de lo que para la niña era la isla más aburrida de todas, donde lo único que hacían era cosechar y cultivar. La isla era tan remota y pequeña que ni siquiera tenía un nombre en específico, muchos la llamaban Isla Granjera, algunos otros La isla frutal o cualquier nombre que tuviera que ver con frutas o vegetales. No había muchos visitantes a parte de los numerosos comerciantes que venían en busca de mercancía, es decir, de los frutos y vegetales de la isla y algunos otros que venían a traer mercancía para vender en la isla, ya que la mayor parte de la población era granjera no habían muchos negocios que vendieran otra cosa que no fuera el resultado de sus propios cultivo.
— ¿Mamá que estamos esperando? —pregunto la niña cansada de esperar sin saber ni siquiera que era lo que esperaban. Su mamá una mujer de cabello muy rubio y tez pálida con los mismos ojos color esmeralda de la niña parecía estar bastante brava y eso la preocupó: —Mamá, ¿estás brava conmigo?
La mujer se sorprendió y miró a la pequeña con ternura cambiando su semblante: —No Lily, ¿cómo crees?, no has hecho nada malo linda.
—Entonces ¿Por qué pareces molesta?, y tampoco me has contado que hacemos aquí.
La mujer suspiró y se llevó los dedos pulgar e índice a la frente como signo de preocupación: —Es complica…
Se detuvo al ver que llegaba una pequeña barca que manejaba un hombre muy feo y gordo. Todas las personas que estaban en el puerto se quedaron bastante sorprendidas al ver que se acercaba una persona que no tenía para nada pinta de ser un comerciante ni mucho menos algún turista perdido que por alguna razón había llegado a la remota isla. El hombre parecía ser un pirata. Todos empezaron a ponerse un poco nerviosos con la presencia de aquel hombre. Pensaron que tal vez más atrás venía su tripulación o algo por el estilo. El hombre amarró su barca al puerto y se empezó a acercar a Lily y a su madre.
— ¡Lyanna! —exclamó el hombre de la barca acercándose hasta estar frente a frente con la mamá de Lily. — ¡Cuánto tiempo, mi querida Lyanna!
A Lily no le daba buena espina aquel hombre, se le hacía bastante repugnante y algo le decía que su amabilidad era bastante falsa.
—Cállate y sígueme, le pones los pelos de punta a la gente del puerto, y hasta a mí.
Lyanna no parecía para nada agradada con la llegada de ese sujeto.
Los tres emprendieron su viaje de vuelta a la colina donde vivían y al llegar a allí la mamá de Lily le propinó un puñetazo en la cara al hombre: — ¿Cómo se te ocurre?, pedirme esta clase de favor, Teach. Que yo recuerde no quedamos en buenos términos.
—Vaya, parece que estas más feroz de lo que recordaba. —dijo sobándose la mejilla y sonriendo.
—Quizás eso era antes de darme cuenta de que me habías utilizado todo el tiempo. Me mentiste y luego te fuiste con todo lo que tenía.
—Que yo recuerde nos divertimos mucho Lyanna, en otros tiempos nos queríamos.
—Yo quería a un hombre que nunca existió. Un buen hombre enfermo y sin familia. —bufó. —No sé cómo pude creerme aquella historia. Y ahora ocho años después me llamas por den-den mushi, me dices que es una emergencia y que necesitas donde quedarte. No veo cómo es que no puedes pagar una posada, al parecer todos estos años de piratería solo te sirvieron para engordar.
Teach estaba a punto de responder cuando se fijó en Lily, no la había notado en todo el camino y ella tenía la esperanza de que no lo hiciera: —Oh, y ¿Quién es esta pequeña damisela?
—Lillianne atrás de mí. —la pequeña hizo exactamente lo que le ordenó su madre, aquel hombre le inspiraba miedo. —Ni se te ocurra tocar a mi hija.
— ¿Tu hija? —sonrió mostrando los dientes que le quedaban, era una sonrisa muy tétrica. —A ver Lillianne ¿Cuántos años tienes, damita?
—Siete. Mañana cumplo ocho. —dijo Lily y luego le sacó la lengua desde detrás de su madre.
—Me parece que no es solo tu hija, Lyanna. —dijo y soltó una risa bastante repugnante. —Lillianne, o debería decir Marshall D. Lillianne, yo soy tu padre.
Lily se quedó completamente paralizada del terror que le daba el tener algo que ver con aquel hombre.
—No digas tonterías, ella no es tu hija, no tengas el atrevimiento de decir que lo es cuando ni siquiera te conoce. Un hombre como tú no merece llevar el título de padre.
—Como quieras—se encogió de hombros—Lleva en sus venas sangre negra. La sangre del hombre que se convertirá en el rey de los piratas. —dijo mientras le despeinaba los ya despeinados cabellos azabaches.
Lyanna lo apartó inmediatamente de ella. —Teach, puedes quedarte en el granero con la condición de que solo será por un día o dos y que no volverás a molestarnos ni a mí ni a mi hija. Y que mientras estés aquí, no sintamos tu presencia. ¿Escuchaste?
—Fuerte y claro, mi señora. —dijo burlonamente y se dirigió a el granero donde guardaban las cosechas destinadas a la venta.
Y antes de que entrara Lyanna y Lily gritaron al unísono: — ¡Y no toques nuestras frutas!
Cuando el hombre desapareció tras la enorme puerta del granero madre e hija entraron a su hogar.
—Lily, querida. Lamento todo el teatro que he montado allá fuera. —dijo con una mirada muy triste y avergonzada.
—Mami, ¿es verdad lo que dijo ese gordo?, ¿él es mi padre?
—A ver Lily, siempre has sido una niña muy lista y estoy muy orgullosa de ti. No quiero mentirte, las mentiras nunca son buenas. Ven acá. —dijo guiándola al comedor de la sala. —Siéntate.
Ambas tomaron asiento.
—Para tener una familia no siempre es necesario tener algún lazo de sangre. Tener una familia significa amar y ser amado. Saber que no importa lo que pase siempre tendrás a esa persona o a esas personas a tu lado. Es una conexión que va más allá de la sangre.
—No entiendo nada. —dijo Lily bastante confundida. Simplemente le estaba preguntando si el gordo feo era su padre o no.
Lyanna siguió hablando: —Así como para que alguien sea familia no necesita tener conexión sanguínea, puede que sea todo lo contrario. Alguien que comparta lazos de sangre pero que no sea signifique nada en tu vida. —Hizo una pausa y le acarició la mejilla. —Esto es lo que pasa con aquel hombre, es cierto que su sangre corre por tus venas, Lily. Puede que sea tu padre biológico, pero ese hombre no es digno de ser parte de nuestra familia, él no es un verdadero padre. Yo era muy joven e inocente cuando le conocí, ni siquiera sé cómo pude creer en sus mentiras.
—Creo que lo entiendo. —dijo tomando su barbilla en un gesto pensativo. Que el hombre feo tuviera algo que ver con ella no le entusiasmaba mucho, pero mientras no tuviera que tener ningún contacto con él después de que se fuera realmente le daba igual. —Bueno, la verdad no me importa mucho. Lo único que sé es que mientras te tenga a ti, nada más importa mami.
—Eso es Lily, no importa lo que pase yo siempre estaré a tu lado. Porque somos familia, te quiero muchísimo hija. —dijo abrazandola.
Lyanna se levantó y se puso un delantal de cocina acercándose al refrigerador: —Haré la cena. Por cierto mañana es tu cumpleaños y adivina que haré. ¡Tú pastel favorito!
— ¡¿Pastel de Winkle bayas?! —preguntó saltando de la silla totalmente emocionada. — ¡Genial!, ¡Genial!, ¡Genial! Ya quiero que sea mañana. —soltó una pequeña risita.
Ya podía sentir el pastel en su boca, saboreando las deliciosas Bayas winkle. Una de las más famosas de la isla, no las podrías encontrar en otro lugar, pues era el único sitio donde crecían naturalmente. Unas deliciosas bayas de tamaño pequeño, totalmente circulares y su color, eso era lo más impresionante, existían Winkle bayas de todos los colores y su sabor variaba dependiendo de éste, las rosa eran bastante dulces y muy suaves, las azules eran muy jugosas y el sabor era de un dulzón más tenue que te dejaba con gana de más, las naranja eran cítricas y sentías como si tu boca estuviera saltando de la emoción al comerlas, y así habían de todos los colores y sabores que te puedas imaginar, pero todas eran absolutamente deliciosas. Y lo mejor era cuando su mamá hacia su famoso pastel de Winkle bayas, que reservaba para las ocasiones más exclusivas. Un pastel que decoraba con la mermelada de múltiples bayas haciendo así una especie de pastel arco iris, una delicia.
—Sabía que te pondrías feliz, y prepárate porque será el mejor que hayas probado, te lo aseguro. —dijo su mamá asintiendo como si aceptara el reto. —Mañana nos espera un gran día. No puedo creer que mi pequeña vaya a cumplir ya ocho años, Dios el tiempo pasa volando. —le apretó los mofletes a Lily mientras esta intentaba escapar.
—Mamá, te quería pedir permiso para salir a jugar con Bobby. ¿Puedo? —dijo por fin liberándose del agarre de su madre.
—Dejame pensarlo—dijo la mujer poniéndose la mano en la barbilla. —Bueno. Solo un rato. Quiero que vuelvas para que cenemos juntas. ¿Entendido, señorita? —rió.
—Entendido. —sonrió haciendo un saludo militar y salió disparada hacia su habitación. En ella encontró a un pequeño cachorro color café durmiendo tranquilamente sobre su cama. Se acercó a la misma debatiéndose si despertar o no a su amigo, estaba tan tierno dormidito.
Finalmente decidió dejarle dormir un rato. Se sentó a su lado con la intención de verle, era tan tierno. Al parecer el movimiento de la cama hizo que el cachorro se levantara sorprendido: —Oh, lo siento mucho Bobby.
El cachorro se le acercó y empezó a lamerle el rostro mientras la niña reía: —Veo que la siesta te dio nuevas energías ¿eh amiguito?, ¿quieres salir?
Bobby soltó un pequeño ladrido que la niña entendió como una afirmación, así que tomó un platillo de su mesita de noche que utilizaban siempre para jugar y salieron de la habitación dirigiéndose a la puerta de la casa para salir al exterior.
Se alejaron un poco de su hogar y de los campos donde su madre con su ayuda cultivaba todo tipo de frutas y verduras.
—Bueno Bobby, ¿estás listo muchacho? —dijo la pequeña moviendo de un lado a otro el platillo captando la atención de su amigo. — ¿Lo quieres?
El perro ladró sin apartar la mirada del objeto. Lily enserio amaba a ese cachorro, siempre parecía entender todo lo que decía, tenían una impresionante conexión.
— ¡Pues búscalo!—dijo lanzando el objeto con fuerza pero Bobby saltó una altura considerable para su pequeño tamaño y con su hocico atrapó el platillo.
— ¡Muy bien, Bobby! —exclamó la niña muy emocionada y el cachorro se le acercó para entregarle el platillo mientras movía su pequeña colita de un lado a otro, feliz por su logro y ansioso de volver a intentarlo.
Lily le acarició la cabeza, y con una sonrisa tomo nuevamente el platillo: —Está bien aquí voy amigo. Esta vez no será tan fácil.
Se alejó un poco del perrito para tomar la distancia necesaria para lanzar. Y reuniendo aún más fuerza que la vez anterior lanzó el platillo. Pero esta vez el cachorro no pudo atraparlo y salió despedido bastante lejos. La niña aguzó la vista y pudo observar donde había caído el objeto.
El granero.
Lily miró el lugar con miedo. Allí estaba aquel hombre. Su mamá se pondría muy molesta si se enteraba que andaba merodeando por el granero. Pero antes de que pudiera hacer nada, ahí estaba, Bobby empezó a caminar hacia aquel lugar en busca de su artefacto de juegos favorito.
Al ver la insistencia de su amigo canino, la pequeña decidió que irían a buscarlo pero teniendo sumo cuidado de que ese hombre feo les pillara. Y así se acercaron silenciosamente al granero. Ya lo tenían. Unos pasos más y podría recuperar el platillo.
Lily tomó el platillo entre sus dedos y estaba dispuesta a marcharse lo más sigilosamente posible y no los hubiesen atrapado de no ser porque el cachorro dio un ladrido de emoción al ver que su dueña había recuperado el artefacto y que podrían seguir jugando.
—Que no haya escuchado. Que no haya escuchado. Que no haya escuchado. Que no haya escuchado. —pensó.
— ¿Quién está allí? —preguntó la misma voz que recordaba como la voz de aquel hombre que tanta desconfianza le inspiraba.
—Bobby, todo es tu culpa. —susurró regañando al can.
La puerta del granero se abrió dejando ver al mismo hombre de horas antes: —Así que eres tu linda. ¿Decidiste venir a visitar a tu padre?
—Para nada. Solo estaba jugando con mi amigo. Ah y ¡tú no eres mi padre!
— ¿Tu amigo? ¿Te refieres a esa bola de pelos? —dijo señalando despectivamente a Bobby, a lo que el perro respondió enseñándole los dientes y gruñendo a la vez.
—No lo llames así. Es mi mejor amigo. —dijo la pequeña cruzándose de brazos. —Y ¿Qué es eso que estas comiendo?
El hombre estaba comiendo una fruta que la niña reconoció como una Jellyapple de la cosecha de su madre.
—Ah ¿esto? —Dijo señalando la fruta—Hay un montón aquí adentro. Son muy deliciosas. —dio otro mordisco—No entiendo como puede ser tan gelatinosa. Una completa delicia. Les felicito a ti y a tu madre. ¿Quieres pasar a tomar alguna?
Lily se abrió paso para entrar al granero rápidamente seguida por Bobby, no para "tomar alguna" como dijo el hombre sino para ver cuantas había comido. Aquellas frutas eran muy importantes tanto para ella como para su madre, de que estas se vendieran o no dependía su ingreso de dinero para sustentarse.
En el suelo del granero encontró varias cascaras y una pequeña montaña de semillas: — ¿Cómo te atreves?, mi mamá y yo te dijimos que no las tocaras, eres un cerdo.
—Creo que deberías lavarte la boca jovencita. No puedes hablarle así a un adulto que además es tu progenitor. Tenía mucha hambre, ¿Qué esperabas? —dijo riendo como si nada de lo que le dijera Lily o cualquier persona se lo pudiese tomar en serio.
—Podrías haber comido solo una o dos. —Lily parecía a punto de explotar. —Ni se te ocurra tomar otra, o tendrás problemas gordo.
— ¿Qué clase de problemas, mocosa? —dijo despeinándole el cabello con una sonrisa repugnante y al inclinarse un papel cayó al suelo desde su bolsillo.
Lily recogió el papel y lo vio, en él había una fruta muy extraña dibujada. Era púrpura y estaba compuesta a su vez de pequeños componentes en forma de lagrima, con un patrón de remolinos alrededor de toda la fruta y en la parte superior varias hojas verdes brotaban de ella. Era muy linda y le recordaba a algo pero no lograba saber muy bien a qué.
—Una fruta…—dijo Lily tratando de tratando de recordar.
El hombre le quitó rápidamente el papel: —No lo toques mocosa. No es cualquier fruta. Es mucho más especial que cualquier cosa que haya aquí. —dijo señalando todas las cajas de madera en las que estaban las distintas frutas que le pertenecían a Lily y a su madre.
La niña estaba a punto de objetar pero de pronto lo recordó: — ¡Ah sí! Pues no es tan especial. Mi mamá tiene una así y mucho más bonita. —le sacó la lengua.
— ¿Tu madre tiene una?, oh vaya que sorpresa. ¿Es exactamente igual?
—Hummm, pues sí. Pero mejor claro. —Ahora lo recordaba perfectamente su mamá le había mostrado hace ya muchos meses el tesoro de su bisabuelo, una fruta que sin importar cuantos años pasaran seguía estando en buen estado y seguía siendo muy bonita y emitiendo un brillo que atraía a cualquiera. Era como un amuleto para todos en la familia, según su mamá y sus difuntos abuelos era como si el bisabuelo estuviera allí con ellos y que la calidad de las frutas que cultivaban era mayor ya que el bisabuelo era el mejor de los cultivadores que había tenido la isla y que él de alguna forma les ayudaba y transmitía su fuerza.
El hombre al escucharla sonrió mostrando todos sus dientes o al menos lo que quedaba de ellos, pero aquella sonrisa era diferente, si las demás eran repugnantes esta era imposible de mirar sin sentir revuelto el estómago, era una sonrisa completamente malvada.
La pequeña Lily no lo soportaba, le caía muy mal aquel hombre, y había algo que había estado queriendo decirle desde que discutió con su madre: —Y por cierto. Quiero decirte que no podrás ser el rey de los piratas.
Teach no dejaba de sonreír: — ¿Y eso porque?
Lily tomó en sus brazos a Bobby: — ¡Porque yo lo seré! Y junto con Bobby recorreré todo el Grand Line. Será genial, tendremos muchas aventuras y recogeremos tesoros, muchos tesoros ¿Verdad amigo?
Bobby respondió con un ladrido y empezó a lamerle la cara. Lily había empezado a planear todo eso en el último año, por supuesto, a escondidas de su madre, si ni siquiera la dejaba acercarse mucho al mar, no quería saber que haría si se enteraba de sus planes.
Lily dejo el lugar mientras Teach estaba teniendo una especie de ataque de risa, al cual no prestó atención y se dedicó a volver a casa junto con Bobby y el platillo que ya había recuperado. Esperaba no llegar tarde pues su mamá la regañaría, además tenía bastante hambre.
—Volvimos, mamá. —anunció Lily entrando a su casa con Bobby a su lado.
—Ya casi está la comida Lily, siéntate en la mesa. —le dijo amablemente su mamá desde la cocina.
La pequeña se sentó como dijo su madre y unos minutos después ésta llego con un pollo horneado y un tazón de ensalada. Lo primero que hizo la pequeña fue cortar un muslo y dárselo a Bobby que lo devoró con ansias.
Madre e hija comieron y charlaron hasta no poder más.
—Estoy súper llena. —dijo tocándose la pancita.
—Yo igual. —dijo tocándose el estómago al igual que su hija. — Será mejor que vayamos a acostarnos y recargar energías para el gran día.
Después de darse las buenas noches ambas se dirigieron a sus respectivas habitaciones para descansar y reponerse después de semejante día, en el cual las féminas tuvieron que soportar a cierta persona que esperaban no tener que ver el día siguiente pues su presencia les perturbaba a las dos, pero sobre todo a Lily que no acababa de entender muy bien cómo es que su mamá una mujer tan hermosa y buena había llegado a estar con aquél esperpento, aunque quien sabe qué clase de cosas se habrá inventado para que una mujer con tan buen corazón estuviese a su lado alguna vez. Lo único de lo que estaba segura es de que ya quería que fuese el día de mañana, anhelaba comer mucho del pastel de su madre, jugar con Bobby y quien sabe, tal vez en el transcurso del día pueda convencer a su mamá de dar un paseo por la playa.
Lily se metió en su habitación, se puso una improvisación de pijama y se lazó a su cama seguida por Bobby que solía dormir con ella. Ambos se quedaron dormidos rápidamente después de haber gastado su energía jugando y con el estómago lleno de deliciosa comida.
La noche pasó rápidamente y el día anunció su llegada con los primeros rayos de sol que empezaban a entrar en la habitación y a derramarse en la cara de la niña haciendo que se tapara el rostro con la almohada para conseguir torpemente unos minutos más de sueño, después de intentarlo fallidamente se levantó de la cama y vio que Bobby ya estaba despierto esperando frente a la puerta de su cuarto sentado y moviendo su colita, la miraba con unos ojos llenos de emoción, como queriendo decirle algo más.
— ¡Ya es hoy! —dijo espabilándose y levantando al can en sus brazos mientras este empezaba a lamerle toda la cara con mucha emoción. —Ya tengo ocho años Bobby.
El perro dio unos pequeños ladridos como si estuviera felicitándola y volvió a lamer su rostro con cariño mientras Lily reía por las cosquillas que le ocasionaba su pequeño amigo.
Lo bajó al suelo y se esfumó rápidamente hacia las escaleras para bajar seguida por un igual de entusiasmado Bobby.
Al llegar abajo se dio cuenta de que su mamá ya estaba despierta y que estaba en la cocina haciendo algo.
— ¡Buenos días mamá! —exclamó con una sonrisa de oreja a oreja.
Su madre que estaba mezclado cosas en un tazón se dio media vuelta y lo dejo en una mesa en la cual había todo tipo de ingredientes para preparar un pastel: huevos, leche, harina y más, se acercó casi corriendo a la niña, la abrazó y empezó a darle múltiples besos en la cara.
— ¡Feliz cumpleaños mi pequeña! —Dijo estrujándola aún más entre sus brazos—Aunque ya no seas tan pequeña, Dios, muy pronto hasta podrías tener novio.
La niña luchó unos segundos para escapar de los brazos de su madre hasta que finalmente lo consiguió, se cruzó de brazos y dijo con una mueca que denotaba repulsión: — ¡Mamá! Aún estoy muy pequeña para eso, y creo que lo estaré toda mi vida.
Lyanna rió con ganas: —Como digas linda. Continuaré con lo mío. —dijo guiñándole un ojo.
Se volteó y empezó a batir la mezcla cuando pareció recordar algo que la hizo volverse y mirar a la pequeña: —Casi lo olvidada, iba a pedirte que fueras a buscar unas cuantas Winkle Bayas para la decoración, no alcanzaron las que tenía, hoy quiero superarme y hacer un enorme pastel para la mejor de las cumpleañeras, ¿Puedes?.
La pequeña sonrió: — No tienes por qué preguntarlo. Vuelvo enseguida.
La niña tomó una canasta vacía y corrió hacia la puerta principal saliendo a gran velocidad, amaba ir a recoger Winkle bayas no solo porque el lugar donde crecían era bellísimo, parecía un jardín mágico lleno de arcoíris, pero lo que más le gustaba a Lily era cuando caminaba más allá de los arbustos de bayas Winkle, cuando iba hacia un pequeño risco el cual tenía una hermosa vista al mar.
La niña estaba tan apresurada por realizar la tarea que le encomendaron que había olvidado llevar a Bobby, a él también le encantaba ir al bosque en busca de bayas y luego aventurarse aún más allá.
Lily se sintió un poco culpable por dejar a su amigo pero ya iba bastante avanzada cuando lo recordó y entre más rápido volviera con las bayas su mamá podría terminar el pastel más rápidamente y el trayecto era largo, tenía que subir más de la altura en la que estaba la colina de su hogar.
Primero tendría que subir un poco el Monte Kara, la única de las "montañas" de verdad por así decirlo que había en la isla, las demás eran cerros o colinas muy pequeñas en las cuales estaba dispersa la población de la isla, otros vivían en campos y muy pocos en el pueblo de la isla, ya que la mayoría quería tener espacio para poder cultivar, por eso no vivían muy cerca uno de otros.
Apresuró el paso, sintiéndose un poco sola sin la compañía de su fiel amigo.
—Espero que me perdone. —dijo con una sonrisa nerviosa para sí misma ya que temía que el can le recriminara el haberlo dejado en casa.
Empezaba a subir el monte casi corriendo, cuando se dio cuenta de que no se había cambiado las ropas que se había puesto para dormir el día anterior.
—Ups. —esperaba no encontrarse a ningún habitante de la isla, o a algún leñador. Le daba un poco de vergüenza verse de esa forma nada más y nada menos que el día de su cumpleaños.
Siguió su camino tratando de no darle mucha importancia al asunto. Ya empezaban a haber muchos árboles y plantas, sólo tendría que caminar varios minutos más y estaría cerca de la zona de arbustos conocida como Bosque arcoíris, a pesar de que no era un bosque como tal, era una pequeña concentración de arbustos silvestres, pequeños a comparación de los demás árboles, donde crecían las Winkle bayas de forma natural.
Después de lo que le pareció una eternidad llegó al lugar. Sin importar cuantas veces lo viera le parecía asombroso. Una maravilla natural. Muchos arbustos que a pesar de ser de menor tamaño que los demás arboles del monte eran bastante más grandes que ella y que estaban cargados de bayas de todos los colores, sabores y olores.
Inmediatamente al sumergirse en el "bosque" el agradable olor frutal de las bayas impregno sus fosas nasales, haciendo que diera un largo respiro manteniendo el aire dentro de sus pulmones durante varios segundos para después expulsarlo con una enorme sonrisa en el rostro.
El lugar transmitía una mágica felicidad absoluta que le hacía sonreír automáticamente, lo único que podría mejorar la situación sería que Bobby le acompañase, estaría contentísimo. Ya se lo recompensaría luego, ahora debía concentrarse en la tarea que le encargaron: recoger deliciosas bayas.
Empezó tomando muchas bayas de todos los colores, nunca tuvo un color favorito, siempre le habían encantado todas por igual, y más si era en un pastel de su madre. El solo hecho de recordar su delicioso sabor la hizo ponerse a tararear una melodía que acababa de ocurrírsele. Aquel día iba a ser el mejor de todos.
—Winkle bayas recojo yo, tararara, las Bayas winkle son lo mejor. —Cantó improvisando una letra que iba con la melodía que se inventó—Mi querida mamá me hará un pastel, oh si, ¡un pastel! El mejor de todos, tararara.
Continuó cantando y tomando bayas hasta dejar la canasta llena sin que cupiera una baya más.
— ¡Winkle-listo! —rió tratando de jugar con las palabras.
Lily sonrió. Ahora para terminar este asombroso viaje iría a deleitarse con la vista del mar y el horizonte.
Empezó a caminar velozmente con cuidado de no tirar al suelo la canasta ni ninguna de las bayas en el camino. Se abrió paso entre los frondosos arbustos avanzando hasta llegar al final del mágico lugar, donde empezaban de nuevo a verse árboles inmensos a comparación de los arbustos de bayas.
Siguió caminando durante varios minutos entre la espesura de los arboles hasta que los éstos se acabaron y no había más que pasto que acababa pronto en una especie de risco y en frente, Lily tenía la vista más asombrosa que había visto, aquella que venía a observar cada vez que podía junto con Bobby.
Se sentó en el pasto a una distancia pertinente de la caída y colocó la canasta a su lado. Miró atentamente durante un largo rato. Observando el azul del mar y del cielo. Todo parecía tan… Infinito.
Aguzó la vista para tratar de ver inútilmente donde acababa el océano. Siempre que venía a observar el mar lo intentaba, a pesar de que ya se había concientizado de que no vería nada más allá de la línea divisora entre el cielo y el mar.
—Algún día. —susurró para sí misma soñando con el día en que recorrería aquellas aguas, soñando con el día en que descubriría el verdadero significado de la palabra libertad.
Hasta aquí el capítulo de hoy, como verán se ha tratado del pasado de Lily para que vayan conociéndola un poco más y por fin enterarse de cual es el temible pasado que oculta. Iba a hacerlo todo en un sólo episodio pero por falta de tiempo lo dejé hasta aquí, además de que ya está bastante largo y me gustó el final. Creo que sólo haré un episodio más completamente de su pasado, todavía no lo he finalizado, pero eso creo xd, y ya después volveremos con el hilo actual de la historia.
Bueno no olviden dejarme un comentario, dime que te pareció, todas tus quejas, dudas o sugerencias, te aseguro que las tomaré en cuenta.
Espero que les haya gustado, nos leemos.
