Anna fue llevada a la sala de reuniones junto al Rey y la Reina de Adlai, el otro hombre siguiéndolos de cerca. Ciertamente era alguien de importancia para el Rey y la Reina, una clase de supervisor, quien literalmente escribía cada palabra dicha entre Anna y los nobles. A Anna se le ocurrió un terrible truco, uno el cual debía forzarse a sí misma de no intentar con este supervisor de Adlai. Ella quería decir una palabra al azar a propósito solo para ver si el hombre en verdad estaba haciendo su trabajo, una mala o sólo extraña palabra para aligerar el ambiente en ese sombrío momento. Pero hacer algo así podría poner en riesgo su deseo, su nueva vida como caballero. En cualquier otra situación lo habría hecho, pero por ahora dejó la idea en lo profundo de su mente.

La sala de reuniones fue la primera cosa pequeña que tenía este castillo, sin contar la pequeña habitación en la que había estado la noche anterior, y Anna no podía entender cómo se las arreglaban para tener reuniones ahí. Estaba desordenada, papeles apilados por todas partes y se veían libros abiertos tendidos en el suelo. Una larga mesa ocupaba la mayor parte de la sala, suministrada con cuatros sillas. A Anna le recordaba más al campamento de Arendelle antes que a una sala de reuniones para nobles.

Los reyes se sentaron en el lado derecho de la mesa, ofreciéndole a Anna el lado izquierdo. Tomó su asiento en el lado opuesto de los nobles, el asesor parándose junto a la puerta y abriendo su libro, preparando su lápiz. Anna tragó cuando hizo contacto visual con ellos y escondió un mechón de cabello detrás de su oreja. "Recuerda que siempre puedes decir que no…" pensó Anna, dándose cuenta de que podría haberse involucrado en algo incorrecto, mordiendo más de lo que podía masticar. "Pero también recuerda que le estarías diciendo que no a tu título como caballero." Contraatacó su mente y Anna decidió bloquear sus pensamientos y concentrarse en la reunión del momento.

La Reina comenzó la conversación de nuevo, claramente siendo la que lideraba esta decisión. Anna se dio cuenta de que probablemente era ella quien llevaba los pantalones en la familia, siendo que siempre comenzaba todo. La idea de una mujer conduciendo la reunión la hizo sentir aliviada, especialmente porque la mujer tenía un aire que a Anna le gustaba. Un aire que significaba que ella respetaba a Anna, incluso en su posición actual. "Ahora… señorita…?" empezó a decir, Anna rápidamente terminando por ella.

"Anna."

"Anna…" repitió la Reina, "Mi esposo y yo somos como ya sabes… el Rey y la Reina de Adlai, pero esperamos poder conocerte en un nivel más personal luego de esta reunión… por lo tanto…" la Reina movió su mano hacia su esposo, los ojos de éste cayendo sobre Anna mientras ésta lo observaba. "Este es mi esposo, el Rey Fannar…" su mano se movió de nuevo hasta estar posicionada sobre su propio corazón, "Yo soy la Reina Orelia." Anna asintió, dándose cuenta de que nunca supo sus nombres desde que llego al reino, o desde siempre para ser exactos. La gente alrededor del reino simplemente los llamaban el Rey y la Reina, nunca hablando de ellos a un nivel más personal como Fannar u Orelia o incluso Rey Fannar y Reina Orelia.

"¿Lo habrán hecho a propósito…?" se preguntó Anna, siendo que al mantener en secreto sus nombres tenían una especie de muro entre ellos y su gente. Uno delgado, pero seguía siendo un muro. "Pero ellos claramente revelaron el nombre de Elsa…?" Anna se dio cuenta, recordando cómo escuchó el nombre de la chica de un miembro normal de la comunidad mientras caminaba por ahí. Anna quería sacudir su cabeza, dándose cuenta que estaba dejando que su mente vagara. Tratar de descifrar nombres y por qué habían decidido hacer ciertas cosas no es por lo que había venido. Fannar y Orelia le dieron sus nombres por una razón que típicamente no hacían con otros. Tenía que aceptarlo y seguir adelante, especialmente si quería causar una buena impresión.

La Reina pareció darse cuenta de que la chica estaba pensando, esperando pacientemente hasta que ésta volvió a hacer contacto visual con ella y la noble pudo ver su concentración regresando. "Mi hija es la Princesa Elsa… y ella es la razón de esta reunión…" declaró Orelia, sus ojos descendiendo mientras hablaba. "Mi hija se va a casar con un príncipe de las Islas del Sur pronto… es un matrimonio arreglado y me gustaría que se sintiera cómoda con su nuevo esposo tanto como pueda." Esta parte de la historia hizo que Anna quisiera girar sus ojos, todos los nobles eran iguales, forzando a sus hijas a casarse con hombres y viceversa. "Se ha dispuesto que ella tendrá que ir hacia él, una tarea no muy fácil de completar ya que como puedes ver, el hielo cubre por completo a nuestro justo Reino" rio y Anna alzó sus cejas, no entendiendo del todo. "Hemos buscado por los alrededores a hombres que pudieran llevar a nuestra hija hacia las Islas del Sur… pero ellos o no pueden soportar la idea del calor del sur o no pueden dejar a sus seres queridos en un viaje tan largo…" exhaló la Reina, con enojo.

"Eso o simplemente porque no…" el Rey agregó amargamente, dejando que la sala se llenara de silencio. Anna observaba mientras los nobles intercambiaban miradas y continuaron.

"Estábamos cansados de escuchar los 'no' y las negaciones de nuestra gente, así que diseñamos este… juego para escoger a una persona más astuta quien estuviera dispuesta a ayudarnos." La Reina declaró, haciéndolo sonar como si lo que habían hecho no tuviera nada de malo. Anna quería hablar entonces, decir que le habían mentido a su gente y que estaban planeando usar el premio para atraer a la gente y luego hacer que lleven a su hija en un peligroso y largo viaje. Pero Anna suprimió dichos pensamientos y los guardó en lo profundo de su mente, manteniéndolos a raya. Debía comportarse, al menos por el título.

"¿Entonces quieren que lleve a su hija hacia las Islas del Sur para su matrimonio arreglado?" dijo Anna, asegurándose de que había entendido todo lo que le dijeron.

Ambos nobles asintieron, sonriéndole a Anna como si ya hubieran ganado. "Si, pero también queremos que te conviertas en su guardia personal… quedándote con ella hasta que nosotros seamos capaces de encontrar nuestro camino hacia las Islas del Sur para traer a nuestra hija y a su nuevo esposo de vuelta a casa." Dijo el hombre, "Siendo que ya casi es invierno eso requerirá que te quedes con ella por un poco menos de un año…"

Anna asintió, entendiendo completamente ahora. Incluso si los más grandes Reyes y Reinas le hubieran pedido a su gente algo como esto, era una tarea difícil. No solo tendría que viajar a través del océano sino que también debía ser el único protector de esta princesa, fallar no solo significaría una posible rivalidad con un reino, sino con dos. Para Anna esos serían tres reinos los cuales tendría que evitar. Adlai, las Islas del Sur y Lianna.

"¿No hay ningún hombre entre su pueblo que esté dispuesto a escoltar a su hija bajo su protección?" preguntó Anna, sintiéndose valiente. El comentario debe haber golpeado a ambos por sorpresa, tristeza apoderándose de ellos. "¿Hay algo más… por lo que los hombres son cautelosos de aceptar esta misión?" pensó Anna, su corazón golpeando con fuerza mientras los nobles se miraban entre ellos. Había algo que no estaban mencionando, algo muy específico. Anna se preguntaba por qué un reino entero de hombres fuertes, y mujeres, se negaban ante la oferta del Rey y la Reina. Por qué nadie llevaría a la Princesa hacia su nuevo esposo, sólo por el clima o la duración del viaje. Ella misma podía entender qué tan difícil debía ser, definitivamente podía ver cómo sería un problema también. Pero ¿Nadie?

"Nadie… es por eso que estamos desesperados señorita Anna… necesitamos de tu ayuda, y haremos lo que sea para obtenerla." Dijo la Reina cautelosamente, su voz temblando mientras decía esa última parte. "Nuestra hija necesita un buen hombre para ayudarla a gobernar Adlai… necesitamos al príncipe de las Islas del Sur para continuar la grandeza de esta tierra, si ella no puede casarse con él… entonces nuestro reino realmente sufrirá." Declaró Orelia, haciendo que a la chica se le ponga la piel de gallina. Se encontraba triste por la falta de fe que tenían en su hija Elsa, triste de que sintieran la necesidad de llegar a tales medidas, y deseaba poder decirles justo eso. Pero Anna era una simple rebelde con deseos de convertirse en caballero, ellos eran la roca de Adlai, y no tenía ningún derecho de defender a una chica que ni siquiera conocía. ¿Tal vez ella no estaba lista para gobernar un reino? Anna se dio cuenta que tenía que tomar una decisión pronto, que Fannar y Orelia le habían dado la oferta y ahora tenía que decidir si aceptarla o no. Respiró profundamente, lista para hacer conocer sus términos antes de aceptar cualquier cosa.

El Rey pareció notar los pensamientos de Anna y agregó, "Ciertamente dijimos que podías tener un deseo, mi esposa y yo estamos listos si quieres discutir sobre eso…"

Asintiendo, Anna llevó sus manos arriba y las junto sobre la mesa, imitando a los nobles quienes hacían lo mismo. Hubo un largo silencio luego de esto y Anna buscó en su mente alguna razón de por qué no debería estar discutiendo sus términos y entonces aceptar el trato. Pero entonces su boca se estaba abriendo y admitió a los nobles algo que no había admitido en tres años.

"Quiero convertirme en un caballero… para este castillo o sólo el título en general, así como protección de mi reino… Lianna." Casi deja esa última parte fuera, pero a diferencia de ellos, ella sería lo más honesta posible.

Ante el nombre del reino, los ojos de ambos nobles se abrieron y la mano del supervisor se detuvo a mitad de la oración. Anna perdió su aliento y por un segundo pensó que iban a capturarla, claramente conociendo el nombre de su reino y haciendo las comparaciones con la chica en ese instante. La Reina dirigió su vista a su esposo, quien se recuperaba rápidamente de la sorpresa, y asintió. Sus ojos llegando a un acuerdo silencioso el uno con el otro.

"Borra eso del registro… que es de Lianna." Demandó la Reina mientras levantaba una mano en el aire, "Que sea escrito que le daremos a esta chica lo que desea, protección y el título… si completa la misión."La mano del supervisor todavía estancada, sin continuar hasta que vio los ojos de los tres observándolo, la Reina sosteniéndole la más dura de las miradas.

El hombre tragó el nudo en su garganta y escribió con prisa en el libro por un largo minuto hasta que cesó la acción, esperando que ellos continúen. "Así será su majestad…" susurró, su voz sonaba apretada. La garganta de Anna se sintió apretada también y estaba preocupada de que podría ponerse a llorar en cualquier momento. Finalmente lo conseguiría, el mismo título por el que había estado trabajando por tres años. Ya no iba a seguir siendo Anna de Lianna o Anna la princesa perdida. Ella sería de ahora en adelante caballero Anna, protector de Adlai. Héroe de todos como Kristoff dijo.

"Entonces está decidido… tú llevaras a nuestra hija Elsa hacia su nuevo esposo… como su caballero… su protector y guardián espero que llegue en una pieza." Comentó la Reina, enviando una ola de miedo a través de Anna mientras la miraba. Quería asegurarse de que Anna supiera la severidad de la situación, mostrando seriedad cuando se trataba de su hija y del bienestar de la misma. "Si algo llegara a pasarle a nuestra hija Elsa, no solo nosotros sufriremos sino también las Islas del Sur…" declaró Orelia, Fannar mirando a la chica también.

Anna asintió inmediatamente, "Entiendo… no permitiré que ningún daño caiga sobre su hija sus majestades…" Anna se encontró a sí misma prometiéndoles antes de que pudiera terminar de procesar las palabras. En su mente sabía que podía proteger a alguien, había protegido tanto a Kristoff como a Sven del peligro incontables veces. Había luchado contra enemigos del campamento y si quería ser un verdadero caballero debía acostumbrarse a trabajos como éste. Proteger a Elsa debía convertirse en su prioridad, incluso antes que su propia vida, si quería convertirse en un verdadero caballero.

La Reina Orelia y el Rey Fannar sonrieron entonces, ambos girándose hacia el supervisor. "Esta decidido entonces… ¡tenemos un acuerdo!" el Rey Fannar sonrió, extendiendo su mano para que Anna la tomara. La chica la tomó cuidadosamente, prácticamente estremeciéndose mientras él le daba la mano con tal fuerza que temía que pudiera romper sus delgados dedos. Orelia vino después, sujetando su mano con tanta firmeza como su esposo. Anna se preguntó si esta era su advertencia, una muestra del dolor que caería en ella si llegaba a fallarles a ellos o a su hija. Pero Anna no iba a fallar, ella iba a ser el mejor caballero que esta princesa jamás haya visto. Sus sueños futuros dependían de esto así que iba a asegurarse de hacer todo en su poder para convertir dichos sueños en realidad.

Entre sus fantasías, Anna difícilmente prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor. Se sintió un golpecito en la puerta y un guardia asomó su cabeza dentro, anunciando la entrada de alguien a la habitación. El Rey y la Reina se levantaron y Anna instintivamente hizo lo mismo, no procesando lo que estaba haciendo hasta que el Rey sonrió y se giró hacia ella. "Justo a tiempo, señorita Anna… me gustaría que conocieras a nuestra hija y la mujer a la que estarás sirviendo por el próximo año." Sonrió alegremente, orgulloso mientras sostenía una mano en dirección a la mujer que ingresaba por la puerta.

Ligeros pasos sonaron y una mujer vestida de azul oscuro ingresó a la sala. Los ojos de Anna se abrieron completamente y casi tuvo que sostenerse de la mesa para no caerse mientras la belleza rubia de ojos azules de la noche anterior la miraba de vuelta. La mujer lucía igualmente sorprendida, también observando a Anna con los ojos muy abiertos, procesando el por qué Anna estaba ahí.

"¿Ella es la princesa? ¿Esa difícil, intocable, ratón de biblioteca es la princesa?" gritó la mente de Anna, tratando de descifrar cómo nunca hizo la conexión. La mujer conocía todas las vueltas del castillo, poseía un conocimiento básico de los libros de la biblioteca y sabía sobre el concurso. "¿Quién más podría ser, idiota?" los pensamientos de Anna gritaron en respuesta, mordiéndose su labio inferior. Las chicas continuaron observándose por un momento mientras Orelia y Fannar miraban entre las dos, inconscientes de la situación incómoda que acababan de causar.

Pero la princesa hizo una reverencia, recuperándose de la sorpresa de ver a la otra chica, y le ofreció una pequeña sonrisa. "Hola, señorita Anna, soy la princesa Elsa de Adlai…" dijo tranquilamente, dirigiendo su mirada al suelo como si de repente se sintiera muy tímida.

Anna se encontró de nuevo mirando fijamente, completamente en su propio mundo hasta que escuchó un suave carraspeo de parte del supervisor y rápidamente inclinó la cabeza. "Hola, princesa Elsa… es un gusto conocerla… soy Anna del campamento de Arendelle." Mintió Anna, ambas sabían que se habían visto la noche anterior. "Será para mí un placer atenderla y escoltarla hacia su nuevo esposo." Agregó, rogando que el calor desapareciera de su rostro mientras se levantaba para mirarla a los ojos.

Las palabras quedaron en el aire mientras lo hacía, observándola mientras la sonrisa de Elsa vacilaba y buscaba los ojos de sus padres en busca de una explicación. Era claro que no tenía idea de lo que estaban hablando, incluso aunque su padre haya introducido a Anna como su guardián para el próximo año. La Reina fue la primera en explicar, sosteniendo el copo de nieve dorado para que Elsa pudiera verlo.

"Mira cariño, ella encontró el copo de nieve dorado en las ruinas de Adlai… ¿no es eso extraordinario?" exhaló la Reina, obviamente mas emocionada que Elsa quien asentía su cabeza lentamente. Los ojos de la princesa analizaron el collar, tratando de descifrar algo que Anna no entendía. Ambas chicas pegaron un salto cuando la Reina envolvió el collar de vuelta en su mano, girándose hacia Anna y rompiendo el hechizo en el que se encontraban. "Realmente has demostrado ser digna si lograste encontrar esto señorita Anna, estamos orgullosos de tenerte como… el caballero de nuestra hija." Sonrió la Reina, probando el nuevo título que Anna no podía evitar adorar como sonaba. Una risa de burla se escuchó, escondiéndose detrás de una simple risita, y Anna se giró para ver los ojos de Elsa viajar desde los de su madre hacia los de ella.

La mano de Elsa se posó en su propio pecho y Anna podía ver la malicia en sus ojos. "Sí, estoy segura de que fue todo un viaje… por favor díganos ¿cómo se las arregló para conseguirlo?" preguntó, un sonrisa formándose en su rostro. Era perversa y Anna sintió su corazón detenerse al darse cuenta lo que la chica estaba haciendo. Cualesquiera sean estas ruinas de Adlai, ambas sabían que Anna no había estado ahí, habiendo encontrado la reliquia en la fría y arenosa playa. Elsa la estaba poniendo en un aprieto, sus intenciones ya siendo conocidas. No quería que la chica causara una buena impresión en frente de sus padres.

Varios pares de ojos cayeron sobre ella entonces y Anna pasó por cada uno de ellos hasta finalmente fijarlos en el suelo, sonrojándose profusamente. "Así que no sólo encontré esta estúpida cosa… alguien la perdió, alguien que realmente la había encontrado en las ruinas de Adlai… donde sea que esté eso." Pensó Anna, enojada mientras trataba de pensar en una mentira. Minutos pasaron que se sentían como horas para Anna, su cuerpo se sentía sudoroso y podía jurar haber visto cuernos brotar en la cabeza de Elsa, quien la miraba con una sonrisa presumida en su rostro.

"Oh querida ella es tímida…!" rio la Reina, apareciendo delante de ella con el collar en sus manos. Anna quería dar un paso hacia atrás pero no se atrevió, sabiendo que no estaba en posición de hacerlo, y observó a la Reina desenganchar el broche del collar lentamente. Orelia se acercó y movió el collar, ubicándolo alrededor del cuello de Anna, sonriéndole amablemente. "No te preocupes por detalles, nos trajiste esto… fue el destino quien te ayudó entonces y es fe la que te tengo para ver a mi hija y nuestro reino en todo su potencial!"Dijo ella, sus palabras pegándose a Anna como pegamento. Anna se preguntó si ella de alguna forma sabía secretamente que ella no había encontrado el copo de nieve dorado. Cómo nadie lo sabía hasta ahora era un misterio para ella. "Te doy esto como un regalo Anna, una reliquia de nuestro reino que ha sido pasado por generaciones en nuestra familia… es tuyo para hacer lo que desees, deja que te de fuerza y orientación durante tu viaje." Exhaló Orelia, dando un paso atrás mientras el grupo miraba el copo de nieve sobre la chica. Los ojos de Anna captaron el copo de nieve idéntico en el cuello de la Reina, brillando igual de radiante que el suyo. "Anna, caballero de Adlai… haznos sentir orgullosos." Concluyó, su esposo llegando a su lado, ambos inclinando su cabeza levemente en señal de apoyo. Anna asintió, tratando de no sentirse tan atrapada en el momento y evadiendo los ojos ardientes de la princesa.

Otro golpe en la puerta hizo que se sobresaltaran y el mismo guardia abrió la puerta para anunciar sobre un importante deber al otro lado del castillo, algo sobre el maestro de danza de la Reina.

"Cariño, el señor Cadence está aquí…" le recordó el Rey y tomó el brazo de la mujer, guiándola hacia la puerta. Ambos hicieron una reverencia hacia Anna una vez más antes de salir, excusándose y agradeciéndole a Anna por su decisión de ayudarlos. "Elsa, por favor muéstrale los alrededores del castillo a nuestra invitada… estoy seguro de que sería prudente que se familiarizara con el lugar antes de su partida de todas formas." Ordenó su padre, Elsa asintió su cabeza en respuesta. Anna podía literalmente ver el disgusto en sus ojos cuando la chica se giró para verla. "Anna, nos veremos luego para más detalles sobre el viaje, de nuevo ¡gracias!" Fannar la saludó con su mano, retirándose junto al supervisor y su esposa para sus clases de baile. Dejando a Anna y Elsa a solas por primera vez desde la noche anterior.

Antes de que Anna pudiera siquiera pensar en una pregunta para hacerle a Elsa, la chica ya estaba caminando hacia ella mientras tomaba bruscamente el collar en su cuello para examinarlo. Anna se estremeció, su espacio personal siendo invadido por esta hermosura mucho más rápido de lo que esperaba. Las palabras del padre de la chica llegaron a su mente y prácticamente se rio de cómo ya se habían vuelto cercanas, sólo que no en el sentido social. Después de girar la pieza varias veces en sus manos, Elsa dio un paso hacia atrás y apuntó hacia el objeto, su rostro enrojecido por la cercanía. "¿Dónde conseguiste eso…?" exigió, duramente.

Anna esperaba esto, su enojo, era obvio desde el momento en que entró a la sala y fijo sus ojos en Anna. No estaba alegre de que la chica haya encontrado el collar, aunque Anna no entendía el por qué. "Lo encontré en las ruinas de Adlai." Bromeó Anna, no dándole a la chica la respuesta que quería.

El rostro de Elsa pasó de asombro, posiblemente por la respuesta de Anna, a fastidio. "Estas mintiendo." Dijo con confianza, cruzando los brazos.

"¿Cómo sabes que estoy mintiendo?" preguntó Anna, tratando de obtener información de la chica, aunque estaba bastante segura de que ya sabía la respuesta. Elsa fue a abrir su boca para luego cerrarla, fuertemente mientras trataba de encontrar una manera de responder. Anna se permitió sonreír satisfecha, sabiendo que había desconcertado a la chica por un momento. "De cualquier forma, lo conseguí y ahora te llevaré con tu futuro esposo en las Islas del Sur… espero salir en los próximos días así que podrías ir acostumbrándote a la situación." Agregó Anna, valientemente. A ella no le importaba lo que chicas como ésta pensaran, especialmente niñas ricas con actitudes exigentes. Elsa encajaba en todos los tratos mencionados.

Elsa alzó una ceja ante esto, "Nos iremos mañana" y entonces se giró para irse.

Anna se quedó sin aliento, "¿M-mañana?" Irse en los próximos dos días hubiera sido malo de por sí, pero salir el día siguiente era una locura.

"Si, Mañana." La noble respondió rápidamente. "Mientras más rápido salgamos, más rápido me libraré de ti…" escupió, sus manos dirigiéndose a la manija de la puerta, girándola. "Oh y sé que estas mintiendo porque si ni siquiera te las puedes arreglar para escapar del castillo sola… entonces es imposible que dures un segundo en las ruinas de Adlai." Con eso la chica se fue de la habitación, azotando la puerta detrás.

Anna podría haber jurado que sintió un viento helado golpearla mientras la chica salía, haciéndola perder el aliento por un momento. "Rayos…" rio, sin terminar de entender cómo logró meterse en éste lio. Tampoco entendía como la chica podía literalmente pasar de ayudarla a huir del castillo cómo un personaje tranquilo y amable a una princesa enojada y grosera que no quería ni siquiera respirar su mismo aire. "Un año con la fría princesa… que diversión." Se quejó Anna, avanzando hacia la puerta. "Con suerte seré capaz de ablandarla un poco…" exhaló, ya sintiéndose insegura de si podrían llegar a convertirse en amigas a este punto.


"Me agrada…" declaró Orelia, de la mano con su esposo mientras caminaban hacia el salón de baile. Fannar alzó una ceja hacia esto, su sonrisa jamás desapareciendo mientras la mujer continuaba. "Luce fuerte, impresionante de hecho…" siguió hablando emocionada sobre la chica. A él también le agradaba Anna, especialmente su aura, y estaba de acuerdo con lo que su esposa decía. "Pienso que a Elsa le terminará cayendo bien también… eventualmente…" giró sus ojos ante esa última parte. Ambos podían ver el disgusto de su hija por Anna, era tan claro como el vidrio de la ventana. "Con suerte Anna sobrevivirá a ella…" bromeó, su esposo suspirando también.

"¿Deberíamos haberle dicho sobre…"

"… el hielo que la ha estado siguiendo?"

"Si… ¿Qué pasa si eso la asusta o peor… y si la congelan como lo hicieron con el príncipe de Costa Calon?"

Orelia hizo una pausa, no muy segura de cómo responder eso. Cada hombre al que le habían preguntado, ya sea de Adlai o no, se había negado a ayudar a su hija por los rumores sobre la magia oscura que la perseguía. Tenían todo el derecho de ser cautelosos, especialmente desde que Elsa no sabía cómo controlar dichos poderes que aparecían de vez en cuando de una fuente desconocida. Anna, quien claramente no había escuchado sobre estos rumores, de seguro hubiera aceptado de todas formas si eso significaba convertirse en un caballero. "Tal vez es mejor así cariño, mientras el hielo no se… manifieste antes de que lleguen a las Islas del Sur no deberíamos preocuparnos…" declaró la Reina, rogando para que las dos lleguen al caluroso reino de las Islas del Sur tan rápido como pudieran. "Tan pronto como lleguen ahí… el hielo se derretirá… sólo necesitamos que se suba a ese barco." Exhaló Orelia, preocupación notoria en el rostro de ambos.

"¿Y si la magia se manifiesta antes de que lleguen?" preguntó Fannar seriamente, sabiendo que algo así podía ser posible.

Orelia suspiró, "Sólo recemos porque Anna no salga herida en el proceso…"