Disclaimer: Ya saben, nada de esto me pertenece, salvo la idea del fic y los personajes nuevos. Todo lo demás, es producto de la fantabulosa imaginación de la suprema reina, J.K. Rowling.
7
Parecido al perdón
—Lil, estás machacando los escarabajos demasiado —la corrigió Hugo.
Lily pestañeó un par de veces y bajó su mirada hacia la mesada sobre la cual estaba trabajando. Los cuatro escarabajos secos que se suponía que debía reducir a unos cuantos granos, se habían convertido en un fino polvillo que desapareció en el aire cuando su primo sopló suavemente. Ella suspiró, enojada consigo misma. Que Hugo le corrigiese algo en Pociones era, definitivamente, muy grave.
Hacía más de un mes que Lily no se hablaba con Septimus, por lo que ahora formaba nuevamente equipo con Hugo durante aquellas clases. Su amigo no parecía dar señales de querer arreglar las cosas entre ellos, y ella no sabía cómo dar el primer paso. Era consciente de que las últimas palabras que le había dirigido al chico habían sido desafortunadas, pero su orgullo Gryffindor le decía que ella tampoco tenía toda la culpa. Después de todo, el comportamiento de Septimus no había sido el más correcto, ¿no?
—¿Crees que así está bien? —le preguntó Hugo, y Lily asintió sin siquiera fijarse.
Su primo echó los escarabajos machacados adentro del caldero y la poción se volvió negra y pastosa cuando debía ser gris y extremadamente líquida. Pero a Lily no le importó. Se había quedado viendo cómo, al otro lado de la mazmorra, Septimus colocaba con minuciosa precisión cinco gotas de baba de caracol y su poción alcanzaba un estado perfecto, aún mejor que el que se describía en el libro. Entonces Lily chequeó las anotaciones. Decía que debían agregarse cuatro gotas de baba de caracol, no cinco.
—Creo que vamos a reprobar… —susurró Hugo.
Luego agregó las cuatro babas de caracol y se limpió la frente con la manga de la túnica. Hizo una mueca de desagrado cuando la poción comenzó a desprender un olor algo nauseabundo. Entonces Lily le quitó de las manos el vial que contenía las babas de caracol y agregó una gota más.
—¡Oye! ¿Qué haces?
—Calla, Hugo —le pidió Lily, mientras observaba cómo la poción se aclaraba un poco y dejaba de lanzar olor desagradable. Definitivamente no lucía como la de Septimus, pero ya no se veía tan desastrosa—. Mira, ha servido —le dijo a su primo con una sonrisa.
—Pero… ¿por qué? Eso no es lo que dice el libro…
Lily simplemente se encogió de hombros.
—Llámalo intuición.
Al final de la clase, Lily y Hugo no obtuvieron una gran nota, pero tampoco desaprobaron. Septimus y Iorwerth Zabini, por otro lado, no recibieron más que una infinidad de halagos por parte de la profesora. Según había dicho la mujer a toda la clase en voz alta, hacía mucho tiempo que no veía una poción tan correctamente preparada y le resultaba una grata sorpresa. Antes de que todos se marcharan, la profesora le auguró a Septimus un gran futuro como Maestro de Pociones.
—¿Cómo lo hiciste? —le preguntó Lily al salir al pasillo.
Septimus, que había estado hablando con una de sus compañeras de casa, se calló de inmediato y observó a Lily con el ceño fruncido.
—¿Ya me diriges la palabra de nuevo?
Lily, exasperada, rodó los ojos.
—¡Fuiste tú el que me dejó de hablar!
La otra chica de Slytherin murmuró algo que ninguno de los dos alcanzó a escuchar y se marchó. Septimus y Lily se quedaron allí, a mitad del pasillo, fulminándose mutuamente con la mirada. Lily intentaba recordar quién le había dejado de hablar a quién, pero no estaba segura de cómo se había desarrollado todo aquel asunto.
—¿Algo más que quieras agregar? —le preguntó el chico, con voz fría.
—Sí —suspiró ella, molesta—. ¿Vas a seguir comportándote como un niño caprichoso de cinco años o vas a empezar a actuar con un poco más de madurez? —Septimus abrió la boca para contestar, pero Lily no lo dejó hablar y prosiguió—: ¿Sabes? Mi intención era pedirte disculpas y decirte que quería que las cosas volviesen a ser como antes. Hazme saber cuando quieras lo mismo, antes de que me arrepienta.
Y en un arrebato de dramatismo, la pelirroja giró sobre sus talones y se marchó a su clase de Encantamientos. Había dejado a Septimus con algo sobre lo que pensar y esperaba que, al final, las cosas sí volviesen a ser como antes. De verdad lo extrañaba.
~ · ~ · ~
—Bicho raro a las seis en punto —anunció Hugo.
Lily golpeó a su primo con el ejemplar de El Profeta que con tanta atención había estado leyendo. Algunos de sus compañeros, que compartían el desayuno con ellos en aquel momento, rieron por lo bajo. Siempre les resultaba muy divertido ver a Lily golpear a Hugo, aunque por supuesto que el chico no pensaba lo mismo.
Alguien carraspeó, parado justo detrás de Lily. Aunque ella ya sabía que se trataba de Septimus, continuó leyendo el periódico como si no hubiese escuchado nada. Intuía que un poco de indiferencia no le vendría nada mal a su amigo, a ver si de una vez por todas reaccionaba y se daba cuenta lo importante que era para ella.
—Lily, no tientes a la suerte —le advirtió.
Ella dejó el ejemplar de El Profeta sobre la mesa con tanta brusquedad que las tostadas de su amiga Adhara temblaron ligeramente. Un par de personas se levantaron de la mesa de Gryffindor. Nadie quería ver a Lily Potter enfurecida.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó finalmente la pelirroja, tras girarse para poder observar a Septimus a la cara.
Le sorprendió advertir que su amigo no llevaba su típica máscara frialdad e indiferencia. Tampoco lucía apenado ni arrepentido por nada, pero en sus ojos negros se podían adivinar sus intenciones de reconciliación.
—¿Y bien? —insistió Lily, al ver que Septimus no hablaba.
Él trató de pulverizarla con la mirada, gesto que a ella le resultó bastante divertido.
—Venía a preguntarte si me puedes ayudar con mis deberes de Transformaciones.
Ella abrió los ojos sorprendida, porque no era común de Septimus pedir ayuda. A nadie. Maquillo su sorpresa lo más rápido que pudo y se tomó unos segundos para pensar qué responderle.
—¿Es eso una disculpa? —dijo al fin.
Él la miró fijamente un rato, y luego esbozó una débil sonrisa.
—Algo así.
Ella rió, aliviada.
—En ese caso, nos vemos en la biblioteca a las cinco. No llegues tarde.
Septimus asintió, contento, y se marchó. Lily regresó a su lectura de El Profeta, con una gran sonrisa que le fue imposible de disimular. A su lado, Hugo rodó los ojos y engulló dos tostadas con mermelada de un solo bocado. Adhara reprimió una risita, pero no dijo nada y se concentró en terminar su desayuno. Lily no advirtió el comportamiento de su primo y su mejor amiga, no le importaba. Finalmente había hecho las paces con Septimus, y eso era lo único en lo que valía la pena pensar aquel día.
Notas:
Primero, quiero agradecer a Andy Voldy, Koko, Serena Princesita Hale, Radioactive Shev, Paniw e ireyick, quienes me dejaron review en el capítulo anterior. ¡Muchísimas gracias, de verdad!
Ahora, respecto al capítulo. Casi no actualizo hoy. Ya entré en época de exámenes y necesito ocupar más tiempo en estudiar, pero hoy me sacrifiqué un poco para traerles este pedacito de historia. No estoy seguro de poder actualizar el viernes que viene (la semana entrante tengo tres exámenes), pero haré lo posible. Debo decir que me gustó este capítulo, aunque me resultó algo difícil de escribir. Espero que al menos ustedes lo hayan podido disfrutar.
Saludos,
Alex Franco.
