Los personajes son de Stephenie Meyer. La trama es mía.

Gracias por los comentarios y mensajes! Realmente me animan.

BPOV

"Qué bien huele a pino el coche de Edward"

Sí, ese fue mi primer pensamiento al entrar en el precioso Volvo plateado. Por dentro estaba perfectamente ordenado y limpio. Era incapaz de ver siquiera una mota de polvo. Y olía al patio trasero de Charlie. A pino, aire fresco y un poco de eucalipto.

-Me encanta tu coche, Edward.- dije. Supongo que en comparación con mi pobre camioneta todo me parecía mejor. Fue un regalo de Charlie cuando cumplí los dieciséis. Jake había hecho un par de reparaciones, pero a pesar de ello, yo estaba muy contenta con mi camioneta.

-Me alegra que te guste, Bella. Mi familia dice que es un coche muy soso, y más de una vez han intentado sabotearlo. Una vez dejaron un kilo de pescado en el asiento trasero durante un día entero. Al día siguiente nadie tenía el valor suficiente para entrar.- Edward rió suavemente.- Por eso, le puse el ambientador.- Señaló el arbolito que colgaba del retrovisor.

-Oh, no me había fijado. Me encanta el olor del coche.- Evidentemente no era mejor que el de Edward, pero aún así era agradable.

Edward sonrió y la mano que cubría la palanca de cambios se trasladó a mi hombro. Mi corazón se aceleró.

¡Se va a dar cuenta, Bella! ¡Disimula!

-Gracias por salvarme da Alice. Realmente me has salvado de tener que ingerir esa... mezcla verdosa, o lo que quiera que fuese.- Una mueca se instaló en mi rostro al recordar esa porquería. Edward volvió a reír.

-Cuando gustes, Bella. Llámame otra vez la próxima vez que Alice pise la cocina.- Su mano comenzó a descender por mi brazo, enviando descargas y acelerando mi respiración. Se paró un momento en mi muñeca, acariciándola suavemente y por último cubrió mi mano por completo. Su mano inhumanamente fría contrastaba perfectamente con la mía.

!Qué diablos! !A la mierda el disimulo!

Entrelacé sus dedos con los míos, y sonreí, aliviada. Había sido como quitarse un peso de encima. A ver quién es el valiente que me separa ahora mismo de Edward.

Edward me dio un pequeño apretón y aceleró el coche. Yo prácticamente estaba respirando gloria.

…...

Para cuando llegamos al restaurante, mi corazón palpitaba como si hubiera corrido una maratón sin descanso durante dos días. Mi rostro estaba sonrojado porque sabía de sobra que él podía escucharlo.

El restaurante era lujoso. Para personas con dinero. Edward encajaba perfectamente, pero yo...

Bueno, mis pantalones cortos vaqueros y mi camiseta de tirantes color caqui llamaban un poco la atención. Por no decir mis viejas y gastadas deportivas.

Me comencé a sentir mal cuando vi a un grupo de personas riéndose y señalándome. Edward debería estar pasando una vergüenza terrible por mi culpa. No todos podíamos tener el dinero que esas personas tenían. Ni tampoco teníamos ropas de marca que lucir. Suficiente tenemos con las ropas de las tiendas de segunda mano. De todas formas, las rompemos cada dos por tres al transformarnos.

El grupo de personas seguía riéndose y gracias a mi desarrollado oído pude captar palabras como "indigente" "vagabunda" "Pobre"

Las lágrimas acudieron a mis ojos a medida que la camarera se iba acercando con una sonrisa burlona.

-¿Puedo ayudarte?.- Ni siquiera me miró. Me sentí muy, muy humillada. Simplemente se dirigió a Edward, como si yo no existiera. Bajé mi cabeza tristemente

-¿Sabes qué?.- La voz de Edward sonaba enfurecida.- Se os debería caer la cara de vergüenza. A ti y a todos los clientes superficiales de este restaurante de imitación.- Alcé la vista hacia Edward asombrada. Él cogió mi mano y me dio un ligero apretón.- Dígale a su superior que recibirá quejas de la familia Cullen.- La familia de Edward tenía que tener una influencia increíble, porque el rostro de la camarera se volvió verdoso, como si fuera a vomitar.

-L-lo siento.- se apresuró a decir la chica, moviendo las manos rápidamente.- podríamos...

-No.- La voz de Edward fue cortante. Le dio una última mirada furiosa a la camarera y luego fijó la vista en mí.- Vámonos, cariño. A juzgar por las personas que trabajan en el, la comida que sirven debe ser una porquería.

Me tapé la boca asombrada, impidiendo que mi ancha sonrisa fuera vista por las personas presentes que nos dirigían miradas de impresión.

Edward pasó una mano por mi cintura y me sacó de aquel local.

-No le hagas ningún caso cariño. Te tienen envidia. Ellos, con esas ropas y esas joyas no te llegan ni a la suela de los zapatos.- Me sonrió cálidamente y me dio dos besitos en la frente.

Merecía la pena haber pasado toda esa humillación solo por escucharle. Sin poder evitar mis impulsos lo abracé, pasando mis brazos por su cintura y escondiendo mi cara en su pecho, aspirando su dulce aroma. El aroma de mi Edward. El aroma de mi hogar.

Él me abrazó de vuelta y permanecimos en la misma posición durante unos instantes. Hubiera sido un momento romántico en el que él me daba la chaqueta para no congelarme y todo ese rollo, pero creo que me asaría con tanta ropa.

-Edward.- odiaba romper el momento, pero mis tripas clamaban por comida.

-Dime.

-Conozco un restaurante chino bastante bueno que está a dos calles. No es muy caro y...- Me puso un dedo sobre los labios. Resistí la tentación de besarlo.

-Shh. No te preocupes por el dinero, Bella. Si algo nos sobra aparte de tiempo, es dinero.- bromeó Edward.

El restaurante era un poco cutre. A mi me encanta la comida china, e íbamos toda la manada cada vez que tocaba celebrar el cumpleaños de alguno de nosotros.

-¡Bella! ¡La preciosa Bella!.- Un rubio impresionante salió de la cocina.

Sonreí al reconocer a mi gran amigo Julián. Asistí a su boda tres meses atrás. Su novia Yang era dos años mayor que yo; y debido al negocio familiar, ellos se quedaron trabajando en el restaurante. A su vez, Julián está estudiando física. Era un cerebrín.

-¡Juli! ¡Te echaba de menos amigo!- Abracé a mi amigo con cariño y escuché un gruñido a mi espalda.- Oh, lo siento. Éste es Edward. Edward, éste es Julián.-los presenté.

-¿Ya tiene novio la pequeña Bella?- Soltó Julián.

-Ehh, no, no. Él es...

-¡No sé cómo Jake no lo ha descuartizado todavía!- Se giró hacia Edward y le dio dos palmadas en la espalda.- Oh, vaya músculos, muchacho. Bueno, podéis ir ocupando esa mesa de la esquina, parejita.- Señaló un rincón oscuro. Quizás demasiado.

-Que no, que no, que nosotros no...

-Vamos, Bella.- Edward me agarró del brazo antes de que pudiera terminar. ¿Me dejará alguien terminar alguna frase hoy?

Edward y yo nos sentamos en aquella mesa alejada de la multitud y una cómoda conversación sobre nuestros pasatiempos surgió entre nosotros. Al parecer, él adoraba tocar el piano. Aunque claro, yo ya sabía eso. Era su fan número uno. También le conté que me encantaría estudiar literatura, pero que Sam quería meterme en su negocio familiar, trabajando en una pastelería. Para permanecer cerca de la manada y eso.

-Pero él no puede decidir por ti.- se quejó Edward mientras yo engullía mis tallarines felizmente. - Eres libre de hacer lo que quieras.- Se colocó a mi lado y me dio un beso en la mejilla. Esta noche estaba muy besucón. Tendría que aprovecharlo lo máximo posible.- ¿Te gustan los tallarines, cielo?

-Sí.- dije con la boca llena. Tenía mas hambre que un mosquito en casa de los Cullen.- Me encantan estos tallarines. Son únicos.

-Pues me voy a aprender la receta.- dijo.- Te prepararé los mejores tallarines del universo. No me gusta presumir, pero recibí clases de cocina en Francia.- Yo creo, que debajo de la camisa guardaba el traje de Superman, porque este hombre no es posible que exista.

…...

Julián nos despidió y prometimos volver.

El viaje de regreso fue tranquilo, pero rápido, era la una de la madrugada y salimos a las nueve sin avisar a nadie.

Alice es capaz de creerse que todavía sigo en el baño. ¿No creo, no?

Las luces se encontraban apagadas cuando Edward metió el coche en el garaje. Salimos por la puerta interior, rogando por que nadie nos viera, pero como el destino es cruel, siete cabezas nos esperaban a oscuras, todos sentados en círculo. Realmente parecían una secta en estos momentos.

-Isabella.- dijo en tono fúnebre Emmett.- Será mejor que nos des una explicación...- tragué fuerte, esperando lo peor.- ¡De por qué no me habéis llevado con vosotros!¡ Jolines!.- Solté todo el aire retenido. Y me reí. Me reí muy fuerte. Mi risa contagió a Edward y nos acabamos riendo como dos tontos que se ríen en un salón a oscuras.

-¡Cállate!.- Oh, oh. Sabía que Tanya iba a ser un problema.- ¿Se puede saber a dónde habéis ido, Eddie?- Tanya puso sus brazos en jarras, esperando una explicación.

-Tanya, por centésima vez. Es Edward. Ed-ward. - Explicó Edward cual profesor que le explica a un niño de cuatro años el por qué el número dos va después del tres.- Para tu información, sólo hemos ido a cenar.

-¡A mí nunca me has invitado a cenar!

-Básicamente, porque tú no comes.- contesté. ¿Tendría alguna neurona viva?

-¡Cállate, no eres más que un chucho!- ¿Me acababa de decir perra?- ¿Donde has cenado? ¿En la perrera?

Ohh... mala decisión.

Mi cuerpo comenzó a temblar, preparándose para la transformación. Sentía la rigidez de los músculos, a punto de explotar.

Solté un gruñido audible y me agazapé, lista para saltar.

-¡Bella, quieta!- Sentí los fuertes brazos de Carlisle agarrarme por la cintura, impidiéndome el salto.

Comencé a forcejear, intentando librarme. Tanya-rubia de bote me miraba con una sonrisa irónica en su rostro. Igual que las de las personas que me señalaban en aquel restaurante. Pero como dijo anteriormente Edward, ella no me llega ni a la suela de los zapatos.

Miré hacia Edward y vi su rostro decepcionado. Decepcionado por mi culpa. Volvía a fallarle otra vez.

Me relajé al ver a mi niño con una mueca en su rostro. No debía ser así. Él debería estar sonriente todo el tiempo. Debería sonreír como en el restaurante chino.

Carlisle, al ver que dejé de tensarme, me fue soltando poco a poco.

-Lo siento.- susurré.- necesito un poco de aire. Yo..., lo siento.- volví a disculparme.

Salí a paso rápido de aquella casa hasta llegar a una pequeña silla situada frente a un hermoso huerto. Posiblemente de Esme.

Tomé aire profundamente y expiré. Sentí el olor de Alice cerca.

-Hey.- puso una mano en mi hombro.- Pasa de ella. Es una arpía.- Cómo si no lo supiera...

-Si, ya... Pero aún así no debería haber perdido los nervios. Estoy aprendiendo a controlarme. Estoy avanzando mucho. Antes me transformaba si me cambiabas el canal de la tele.

-Uou. Pues sí que has mejorado. A lo mejor Tanya es el obstáculo final. Aunque si te la cargaras nos harías un favor.- reí abiertamente al notar que no era la única que tenía ideas homicidas hacia ella.- Por cierto, Bella. Te he guardado tu cena en el frigorífico, así mañana te la llevas al instituto.

Oh, mierda.

…...

Otro capítulo más. Espero que os haya gustado. Voy a intentar actualizar lo antes posible. A partir de la semana que viene no podré actualizar hasta Agosto. Intentaré subir los días que quedan los capítulos correspondientes y eso.

Saludos!

-bohe-