ANGELES Y DEMONIOS
Antes de darnos cuenta…
Gilbert sacó su celular el cual había puesto en vibrador para que su cabeza no explotara cada vez que este sonara.
Miró el número que aparecía en la pantalla, era nada más y nada menos que Roderich, Roddy, el señorito, el tío cuatro ojos con un lunar sexy bajo el labio, el friky de la música, el estirado, el anormal que prefiere pasarse horas en el piano a tener sexo… bueno, era el novio de Gilbert.
-si diga, habla tú awesome pareja- dijo el albino olvidando por un momento su resaca y tal vez hubiera visto la mirada molesta de Feliks si este no estuviera escondiendo sus ojos en sus carísimos lentes Channel, pero eso no le impidió al demonio sonreír con malicia así que poniendo ambas manos a cada lado de sus labios haciendo bocinas dijo:
-¡Gilbert baby cuelga ese teléfono o voy a empezar a vestirme!- dijo con voz melosa a lo que el ojirrojo le puso una mano en la cara alejándolo de él
-ah… ese era Feliks que esta ¡completamente vestido!- dijo el albino riendo nervioso intentando alejarse del demonio que se colgó a su cuello
-Gilbert, osea ¿has visto mis pantis?- seguía diciendo en voz alta cerca del celular de Gilbert que intentaba quitárselo de encima
-no, ya te dije que está vestido y ni siquiera estamos en casa, vamos para la escuela- decía el alemán a su pareja
-¡no digas mentiras Gilby y ponte el pantalón si no quieres terminar lo que empezamos ayer en la noche!- seguía diciendo Feliks aprovechando cualquier descuido del muchacho
-¡ya te dije que no pasó nada anoche!- seguía diciendo Gilbert por teléfono
-no digas mentiras, como que súper nos emborrachamos o no te acuerdas como diablos nos terminamos esa botella de vodka- continuó molestando el rubio
-sí, está bien, te veo ahí en un rato- dijo finalmente el albino colgando el teléfono y dedicándole una mirada furiosa al demonio que no la notó gracias a que Gilbert también usaba lentes obscuros
-entonces ¿Cómo que a qué hora nos vemos con Roddy?- preguntó como si nada bebiendo de nuevo de su café haciendo gestos por lo amargo de su bebida
-tú no vas a ningún lado- le espetó Gilbert algo enfadado
-¿eh? Osea ¿y eso como porque?- preguntó el ojiverde bajando un poco sus lentes clavando sus esmeraldas en Gilbert
-porque ya suficiente tengo de tus comentarios y tú actitud de Britney Spears drogada, así que haber que haces porque no irás conmigo- le reclamó Gilbert
-¿ah sí?, entonces me iré con él- dijo jalando del brazo a un muchachito que iba pasando a un lado de ellos justo en el momento menos indicado
-¡ni siquiera lo conoces!- dijo Gilbert viendo al chico castaño de ojos azules que parecía asustado
-osea claro que lo conozco, eres…- dijo volteando a ver al chico
-Toris- dijo el castaño nervioso y algo temeroso de que si no contestaba le fueran a hacer algo
-si, Toris, ya vez como que súper amigos de toda la vida- dijo sin soltar al chico que miraba a ambos extraños temiendo acerca de su propia seguridad
-¡bien! Entonces me voy con el señorito- dijo Gilbert sin moverse
-¡entonces vete!- le dijo Feliks sin tampoco moverse
-¡pues ya me voy!- volvió a decir Gilbert
-¡estoy esperando a que te vayas!- le respondió también enfadado el rubio poniendo todavía más nervioso a Toris que SI deseaba irse de ahí
-bueno… vete tú primero…- dijo Gilbert
-no, tú primero, ¿no que mucha prisa por ir a ver al señorito que de seguro otra vez va a estar acompañado de su zorra?- le espetó el demonio haciendo que le entrecejo de Gilbert se frunciera
-entonces tú quédate con tu desconocido- y por fin se dio media vuelta y se fue, Feliks soltó un suspiro dejando libre a Toris que con pasos sigilosos comenzó a caminar lejos del rubio, pero no contaba con que Feliks lo detuviera enredando su demoniaca cola en su cinturón
-¿y tú como que a dónde vas?- le dijo alzando una ceja
Gilbert iba enojado dando zancadas y pisadas pesadas maldiciendo en alemán entre dientes
-¿en serio tiene que irse con un desconocido con cara de perdedor? ¿No pudo regresarse a casa y quedarse quieto arreglándose las uñas? De seguro va a estar restregándosele al tipo ese como hace conmigo- decía recordando la noche anterior en la que de verdad solo habían bebido, no habían tenido sexo en mero estado de ebriedad ni nada parecido, pero aun así recordaba la lengua de Feliks por casi toda su anatomía. Gruñó ante el solo pensamiento de que algo así pasase hasta que sin darse cuenta ya estaba en el lugar de encuentro con Roderich esperándolo
Gilbert salió de sus pensamientos cuando Roderich lo saludó con un gesto de la mano
-hey señorito ¿me extrañaste?- preguntó acercándose al moreno que estaba sentado en una de las bancas del parque cerca de la escuela donde habían quedado de verse
-mmmmmm no- respondió sencillamente acomodándose los lentes y mirando al albino como si estuviera buscando algo o a alguien –¿Feliks no viene contigo?- preguntó al no notar la molesta presencia del supuesto polaco
-agh, no, se fue con un completo desconocido a hacer sabrá Dios que cosas- dijo Gilbert molesto
-y yo que pensé que se la pasaban juntos- comentó Roderich haciéndose a un lado de la banca para darle espacio a Gilbert
-¡por supuesto que no! ¿Quién querría estar con esa Barbie loca que se la pasa hablando raro, se viste de mujer, no deja su celular en paz, piensa que es mas fabuloso que yo que hace mis días divertidos?- dijo sin darse cuenta de la última frase
-se ve que lo odias- comentó sarcásticamente Roderich
-no es que lo odie, es solo que alguien tan awesome como yo no puede soportar a ese demonio afeminado con complejo de diva frustrada que ahora está haciéndole la vida imposible a otro tipo… otro tipo que no soy yo- pensó por ultimo frunciendo el seño aun mas enfadado –pero al diablo con él, aprovechemos que estamos solos, hace mucho que no te veo- dijo sonriéndole al ojiverde que también sonrió melancólico
-sí, aprovechemos- Coincidió con un tono triste tomando la mano de Gilbert
Y mientras el alemán disfrutaba su cita Feliks… no tanto
-¡idiota, humano idiota, ósea mil veces idiota!- decía el demonio que había hecho un agujero en el piso que daba directamente al infierno, como el que hizo en casa de Gilbert -¡un completo idiota!- gritó picando violentamente con su trinche las almas que intentaban salir del hoyo
-o…oye ¿ya puedo irme?- preguntó Toris intentando escapar de ahí pero el rubio lo tenía bien sujeto con su cola
-osea, lo único awesome en ese tonto Gilbert es su estupidez- volvió a reclamar Feliks ignorando a Toris y pinchando aun mas fuerte las almas que comenzaban a salpicar sangre por todos lados
-en serio, tengo miedo… quiero irme a casa- dijo de nuevo el castaño cubriéndose la cara con los brazos para que la sangre que salía del hoyo no lo ensuciara
-pero si yo le dije: "Gilbert baby, Roddy te engaña con la perra del cabello bonito" ¿y qué hace ese imbécil? ¡Irse a una cita con él! Ahhhhhhh ósea que rabia me da- se quejaba el demonio hundiendo mas su trinche en el hoyo para después sacarlo y apuntar con él a Toris que retrocedió aterrorizado al ver que había un globo ocular atorado en una de las puntas del arma
-ósea ¿Cómo que no es súper irritante?- le preguntó Feliks al castaño que estaba a punto de desmayarse -¡contesta!- le ordenó el ojiverde notando el ojo viscoso que resbalaba por su adorado tridente
-yo… yo creo que está mal…- contestó Toris reprimiendo las arcadas de asco que le dieron cuando vio como el rubio demonio arrancaba el ojo de su arma y lo arrojaba lejos como si nada.
-osea tienes toda la razón, pero como que ese tonto no me hace caso y totalmente obvio que va a terminar con el corazón roto, ya casi lo puedo ver- seguía diciendo Feliks retomando su tarea de atravesar almas pecadoras que soltaban alaridos de dolor.
Toris olvidó por un momento su pánico y el hecho de que ahora su ropa y cabello estaban llenos de sangre para poner atención a la expresión entre enfadada y triste del demoño que picaba toda cosa que se moviera
-Acaso ¿a ti te gusta ese chico Gilbert?- preguntó, el demonio se detuvo mirando fijo al castaño como si estuviera analizando cada una de sus palabras
-po… por supuesto que no… es solo que me molesta su idiotez- murmuró Feliks desviando la mirada con sus mejillas pintándose de rojo mientras atravesaba el estomago de algún pecador
-a mi me parece que estas celoso- dijo el ojiazul sonriente
-¡ya te dije que no!- dijo enfadado el demonio con sus mejillas aun mas rojas
-pero estar celoso no tiene nada de malo, eso solo demuestra que esa persona te importa- intentó tranquilizarlo
-¿Gilbert… me importa?- se preguntó a sí mismo el demonio sintiendo sus mejillas arder –ahhhhh ya osea, como que hablar contigo me pone súper mal- dijo molesto Feliks acercándose a Toris y sonriéndole –pero aun así como que gracias por escucharme- le dio un beso en la comisura del labio a la vez que ponía algo en la mano del castaño. El ojiverde se despidió y se fue mientras que Toris volteó a ver la cosa que Feliks le había dejado, cuando lo vio… adiós desayuno. Toris vomitó todo lo que su estomago le permitió al ver que el demonio le había dejado un pedazo de intestino que se había atorado en su trinche.
Después de aquello ya habían pasado algunos días desde la inspección de cada ángel y la rutina de Alfred y Arthur era la misma de siempre… bueno, tal vez no…
Arthur una vez más iba a despertar a Alfred para que se preparara para ir a la escuela, entró a su habitación y sin ninguna delicadeza le arrancó las cobijas al americano que no hizo ni un movimiento o gesto. El ángel frunció el seño y estaba a punto de zarandear al muchacho cuando vio su durmiente rostro o mejor dicho su muy atractivo rostro durmiente
-Alfred- le llamó el ángel, el otro no contestó. Reprimiéndose a su mismo el ángel acercó su mano a la cara del rubio e hizo a un lado uno de los desordenados cabellos del humano; pensando que no estaba haciendo nada malo Arthur acarició con ternura (si, con ternura 0_0) la mejilla de Alfred aunque…
-¿Qué haces?- preguntó el americano con voz somnolienta y los ojos entreabiertos, Arthur quitó rápidamente su mano al mismo tiempo que su cara se ponía colorada
-na… nada- tartamudeó el ser celestial escondiendo sus manos detrás de su espalda
-¿me estabas seduciendo mientras dormía?- preguntó sonriente buscando sus lentes
-¡claro que no!- le contradijo el ángel enfadado
-admítelo, querías hacerme cosas pervertidas mientras dormía ja ja ja ja- dijo Alfred con su estridente voz aprisionando con sus brazos la cintura de Arthur que se puso aun mas rojo
-¡suéltame!- le gritó sintiendo los brazos de Alfred abrazándolo con fuerza y tirándolo a la cama con él
-no quiero- dijo el americano divertido con las reacciones del ángel que sentía que el corazón se le saldría de tanto que latía
-¡que me sueltes!- volvió a decir ya estando en la cama con Alfred sobre él que se negaba a dejarlo ir
Arthur empujó al americano y decidió extender sus alas para así escapar, sin embargo cuando lo hizo…
-Artie…- comenzó a decir Alfred con una expresión extraña en su rostro
-¿Qué?- preguntó molesto Arthur
-tus alas…- dijo el ojiazul
-¿Qué hay con ellas?- preguntó el ángel siendo liberado por Alfred que señaló el espejo de cuerpo completo que había en su habitación
Algo extrañado Arthur se levantó de la cama y fue al espejo
-¡Aaaaaah! ¡Mis alas!- dijo asustado al ver que sus emplumadas extremidades tenían la mitad de su tamaño normal -¿Qué les pasó? ¿Por qué están así?- se preguntaba casi al borde del llanto. Escondió sus ahora pequeñas alas y buscó su celular, necesitaba saber porque habían encogido tanto.
-contesta, contesta, contesta- decía caminando de un lado a otro de la habitación.
-por ahora Dios no puede atender tú llamada así que deja tu mensaje conmigo- dijo una tercera voz, tanto Alfred como Arthur voltearon a la ventana en la cual un tipo de un brillante cabello rojo, ojos verdes y una arracada en la oreja izquierda estaba sentado tranquilamente en el marco de la ventana luciendo una túnica blanca con unas enormes alas blancas, una brillante aureola dorada y sobre todo una cara de fastidio
-wow Artie es uno como tú- comentó Alfred viendo al desconocido ángel sacar de su túnica una cajetilla de cigarros, sacó uno y se lo puso en los labios para después encenderlo con su encendedor Zippo que tenía grabado en letras cursivas "God loves you"
-¡Escocia! ¿Qué haces tú aquí?- le preguntó Arthur guardando su celular
-¿Escocia?- preguntó Alfred al notar el extraño nombre del ser celestial que sacaba el humo del tabaco por su nariz aun con esa cara de fastidio, como si el solo estar ahí fuera una tremenda molestia
-ah… si, nunca nos ha dicho su verdadero nombre así que le decimos Escocia por su acento escoses- explicó Arthur, volvió a fijar sus ojos en los del pelirrojo que quitaba el exceso de cenizas de su cigarro y volvía a ponerlo entre sus labios –no me has dicho que haces aquí-
El otro ojiverde volteó a verlo y rascando la parte de atrás de su cabeza dijo
-Dios ahora tiene una reunión con otras deidades así que me mandó para ver porque te estás quejando como una mariquita- explicó hablando con los labios casi cerrados procurando no dejar caer su cigarro
-¡no me quejo como una mariquita! ¡Mira esto!- y dejó ver sus alas
-¿Qué? No es novedad saber que las tienes pequeñas… como todo en ti- dijo con una sonrisa socarrona tomando su cigarro entre su dedo índice y anular dejando salir el humo mientras hablaba
-¡deja de hacerte el idiota! ¡Esto no es normal!- le reclamó Arthur viendo la cara de completo desinterés de su colega
-no lloriquees como una niñita solo porque tus alas se hicieron pequeñas- le dijo restándole importancia al asunto y dirigiendo una vez más su cigarro a la boca
-entonces dame una buena razón por la que no tenga que preocuparme- le espetó Arthur
-ponte a pensar "Artie"… ¿Por qué Dios te mandaría al mundo humano precisamente con este tipo y de pronto sin razón alguna tus alas comienzan a encogerse?- le dijo inhalando de su tabaco haciendo encender la puntita del cigarrillo
-¡pues para joderme la existencia!- se quejó Arthur desesperado
-eh… no, eso más bien suena a algo que yo haría- dijo divertido Escocia
-¿entonces para qué?- se quejó el ángel rubio
-descúbrelo tú mismo, ya sabes que Dios actúa de maneras misteriosas y si te digo la razón ya no sería tan misterioso así que usa tu cerebro alcoholizado un rato, cuando lo descubras podrás reclamarle al jefe todo lo que quieras- tiró lo que quedaba del cigarro y lo pisó apagándolo –me voy así que deja de llamarme por cosas inútiles- extendió aun más sus alas y se emprendió el vuelo
-pues no fue de mucha ayuda- comentó Alfred viendo al pelirrojo partir, Arthur solo se hacía toda la clase de conjeturas en la cabeza
Y bueno, a la vez que Arthur empezaba a ordenar a la ardilla en su cerebro para que acelerara el ritmo de su razonamiento Kiku acababa de hacer las labores de limpieza y ahora solo quería relajarse en su habitación. Caminó por el pasillo y abrió la puerta corrediza y sentado en el piso vio a un tipo: cabello corto negro, piel morena, nariz perfecta, ojos seductores y con un toque peligroso de un profundo color negro, y algo de barba que solo hacia mas varonil el atractivo semblante del desconocido que por alguna extraña razón se le hacía conocido.
-ah… disculpe…- comenzó a decir Kiku cuando pudo notar algo en las manos de la persona que en verdad era atractiva oh si, tanto que si el ser guapo fuera pecado ese tipo definitivamente no tendría perdón… ah sí, pero volviendo al tema… el asiático vio en las manos de su nuevo inquilino un antifaz blanco, al parece estaba partido por la mitad
-¿Sadiq-san?- preguntó Kiku examinando cada una de las facciones del demonio que había mantenido su cola escondida y por eso el pelinegro no lo había reconocido
-el mismo- respondió dando un suspiro y dejando el antifaz ya inservible a un lado de él -¿vienes a hacer limpieza?- le preguntó al asiático que seguía algo embobado viendo fijamente el descubierto rostro de Sadiq… en serio ser guapo debería ser ilegal
-ah… no, ya terminé- dijo Kiku saliendo de su ensoñación viendo como el demonio sonreía
-que bien, así podemos divertirnos un rato- sin que el oriental se diera cuenta Sadiq enredó su cola en el tobillo del pelinegro y lo jaló haciéndolo caer sobre el tatami. Gracias a que Kiku traía su típica yukata informal para estar en casa el demonio aprovechó la abertura en la pierna de la prenda para meter su mano mientras que con la otra sostenía la pierna de Kiku que había intentado patearlo
-Sa… Sa.. ¡Sadiq-san deténgase!- gritó Kiku sintiendo la mano subir peligrosamente por su muslo mientras que la cola del demonio se limitaba a acariciar el pecho del oriental que intentaba detenerla como fuese
-ahhhh Kiku tu piel parece la de una chica- dijo Sadiq relamiéndose los labios para después pasarlos por el tobillo del japonés que aun estaba en su mano
-¡suélteme!- gritó aun mas fuerte cuando sintió como el demonio se acomodaba entre sus piernas…
-¡te dijo que lo soltaras!- irrumpió entonces Heracles en la habitación dándole una patada al demonio en el estomago tan fuerte que lo mandó hasta el otro lado del cuarto chocando con un librero que cayó estrepitosamente provocándole un gritito de horror a Kiku que vio sus adoradas figuras de colección de Hatsune Miku siendo aplastadas por el mueble
-¡no te metas en lo que no te importa ángel!- le reclamó un enfadado Sadiq levantándose y en el camino pisando alguno que otro manga de Naruto que Kiku había guardado especialmente para que nada les pasara
-me meto porque estas molestando a Kiku- espetó Heracles golpeándolo en la cara y así comenzando una brutal pelea entre ambos
Kiku solo miraba desconsolado sus mangas siendo pisoteados, sus figuras de niñas moe siendo destrozadas sin piedad, incluso algunos de sus dibujos y doujins eran partidos a la mitad gracias a la pela hasta las cajas de sus animes se rompían bajo los pies patadas y puñetazos de los dos seres que al seguir con su pelea habían logrado arrancar de la pared el poster gigante de Haruhi Suzumiya que a Kiku tanto le había costado conseguir
-¿no te parece que estas muy débil hoy?- le provocó Heracles que aun golpeaba en la cara a Sadiq el cual había tomado una taza con la imagen de Sakura Kinomoto impresa en ella y se la había arrojado al ángel que la esquivó con habilidad haciendo que esta se rompiera en miles de pedacitos al chocar con la pared
-¿y a ti no te parece que tus alas cada día se encogen más?- retó el demonio atravesando con su cola una almohada con la imagen de Rei Ayanami que había sido aventada por Heracles como distracción y lo que por cierto había sido la gota que derramó el vaso ya que cuando ambos seres estaban a punto de atacarse mutuamente con la colección de juegos de Wii de Kiku este intervino poniendo su afilada katana entre ambos
-si van a pelear háganlo afuera por favor- les dijo con su tono pasivo de siempre sin embargo el aura maligna que estaba rodeándolo no parecía concordar con su tranquilidad
-tranquilízate Kiku, terminaré con el engendro en unos minutos- le dijo Sadiq
-el único engendro que va a terminar muerto eres tú- dijo Heracles
-no, insisto… peleen afuera, no quisiera ensuciar lo que queda de mis cosas con su sangre- les dijo Kiku provocándoles un escalofrío a ambos que se miraron mutuamente dándose cuenta que estaban en problemas
-ya… ya no pelearemos, perdónanos- dijo Heracles levantando las manos como si fuera un delincuente al que acaban de capturar
-peleados o no hoy dormirán en el patio- le dijo sonriente apuntando a ambos con la katana obligándolos a salir de su habitación y de su casa –espero no tengan problemas, en las noticias dijeron que sería una noche fría-
-pero aun es de día- comentó Sadiq saliendo al patio
-¿en serio? Vaya… entonces no podrán entrar hasta mañana- y Kiku cerró la puerta… con llave…
Por lo mientras Lovino como ya era su costumbre estaba recostado en el sillón grabando su telenovela favorita "La Reina del Sur" mientras esperaba a que su hermano Feliciano se apareciera ya que días antes le había ordenado a Antonio que contactara al tal Ludwig ya que quería hablar urgentemente con su hermano. Por fin tocaron el timbre y Lovino maldijo en italiano pues le acababan de interrumpir una de las partes más emocionantes del capítulo de aquel día, así que algo molesto fue a abrir.
Y apenas lo hizo cuando su mellizo ya estaba prácticamente sobre él llenándolo de besos y abrazándolo tan fuerte como sus brazos se lo permitían
-hey hey hey ya detente con un carajo- dijo quitándose de encima al menor que sonreía como tonto
-ve~ hermanito, te extrañé mucho- dijo volviendo a abrazarlo
-yo también, como sea, no te quedes ahí afuera y pasa- le dijo notando que había alguien más detrás de su hermano: un tipo rubio con cara de pocos amigos al que por cierto Lovino le dedicó una de esas miradas que cualquier papá celoso le dedicaría al primer novio de su hija cuando este se presenta con él.
-¿y este quién es?- preguntó pasando la mirada de arriba abajo del alemán que tragó saliva sonoramente pues él se sentía como el adolescente que conoce al papá de su novia por primera vez
-ah, es Ludwig, mi protegido- presentó el menor de los hermanos a lo que el mayor una vez mas lo analizó con la mirada
-mmmmmmm… ¿y él te obliga a vestirte como una ramera o qué?- dijo Lovino antes de que Ludwig pudiera siquiera presentarse como correspondía
-¿Qué quieres decir?- dijo Feliciano con su tono inocentón de siempre
-¡que si el te obliga a usar esa túnica tan corta! ¡Mira toda la piel que andas enseñando, cúbrete esas piernas! No quiero que anden diciendo en el paraíso que mi hermano usa la túnica como si fuera una golfa libidinosa y pecadora que debería estar quemándose en el infierno por andar enseñando las carnes sin ningún pudor- le regañó Lovino bajándole a la fuerza la túnica blanca de Feliciano que había decidió no ponerse ropa normal ese día
-ve~ pero hermano ya no se puede bajar más- lloriqueó Feliciano al sentir como su gemelo bajaba aun más la tela hasta un poco mas debajo de sus rodillas
-y también andas enseñando los hombros ¿pues que acaso quieres que te pregunten en que esquina trabajas y cuanto cobras la hora o qué?- le volvió a regañar haciendo llorar al menor que al final tuvo que pedir prestada la chamarra de Ludwig para que su hermano se mantuviera en paz… aunque al parecer eso solo hizo aumentar su ira
-y bueno Veneciano ¿te has portado bien?- le preguntó con el seño fruncido y enderezando su espalda sonriendo ligeramente al notar que aun era dos centímetros más altos que el otro
-siiiii ¿y tú hermanito? ¿Te has portado bien?- preguntó un poco más tranquilo después de todo el drama que había armado el mayor
-cla… claro que sí, tengo que estar todo el tiempo a un lado de ese idiota de Antonio o si no es capaz de caer en tentación- dijo cuando entonces alguien más entró
-Ya llegué- anunció Antonio dejando su abrigo en el perchero a un lado de la puerta -Ludwig, ¡hola!- saludó emocionado al rubio
-ah… hola, perdón por venir tan repentinamente- se disculpó el ojiazul
-no te preocupes, Lovi se la pasó insistiendo toda la semana para que les llamara, incluso amenazó con que me pondría la piel al revés si no lo hacía ja ja ja Lovi, tan lindo- dijo Antonio sonriente con estrellitas y corazoncitos flotando a su alrededor lo que nos hace creer que el español realmente disfruta de ser sodomizado –ahhhhh tú debes ser Veneciano, el hermano de Lovi- dijo ahora dirigiéndose al menor que sonreía como siempre
-si, y tú eres Antonio, el protegido de Romano- saludó Feliciano usando el apodo de su hermano, pues solo entre ellos los usaban desde que tenían memoria
-entonces… ¿para qué nos querían ver?- preguntó Ludwig poniendo una mano en el hombro de Feliciano haciéndolo hacía atrás alejándolo del hispano que reía como libidinoso, casi parecía que en cualquier momento le pediría a Feliciano su ropa interior usada o algo parecido
-nadie te quiere ver a ti abusador de ángeles, solo quiero a mi hermano un rato- y jaló del brazo al menor que fue detenido por el rubio que no le había soltado el hombro
-¿para qué?- preguntó desconfiado Ludwig, esas amenazas acerca de voltear la piel no le habían agradado en lo absoluto
-no te importa- le dijo jalando de nuevo al menor mientras que el ojiazul seguía sin soltarlo
-si me importa- le retó el alemán, pero antes de que Lovino pudiera contestar Feliciano se dirigió a Ludwig
-solo iremos a platicar un rato, volvemos en seguida- le intentó tranquilizar dándole un pequeño beso en la mejilla y sonriéndole tiernamente… o eso era hasta que Lovino le soltó un golpe en la cabeza
-¿Qué clase de comportamiento libertino es ese? Consíguete un maldito hotel, no andes haciendo tus demostración de depravación aquí- le regañó
-he… hermano… creo que te has vuelto muy conservador… ve~- le dijo Feliciano intentando no llorar por el regaño
-¡cómo no me voy a volver conservador si todos los días tengo que ver como un grupito de furcias* se quieren ligar por todos los medios a MI bastardo español!- gritó no dándose cuenta de lo que él mismo había dicho, pero los demás si y solo se le quedaron viendo hasta que Lovino repasó mentalmente su frase, volteó a ver a Antonio que lo miraba entre sorprendido y feliz así que muriéndose de la vergüenza y rogándole a la tierra que lo tragara y lo digiriera tan bien que jamás pudiera salir de sus entrañas arrebató a su hermano del agarre del alemán y se lo llevó a la ventana donde juntos subieron a la azotea.
-no volveré a ver a ese imbécil a la cara- murmuró sentándose en cuclillas y escondiendo su rostro entre sus rodillas
-ve~ no te preocupes hermanito, no creo que lo haya malinterpretado, él sabe que lo haces solo por trabajo- le consoló Feliciano haciendo sentir peor a su hermano pues él no lo hacía por trabajo… lo había dejado de hacer desde hace algún tiempo
-o… oye Veneciano… si alguien te dice que le gustas… ¿Qué significa?- le preguntó aun sin mostrar la cara haciendo círculos imaginarios con su dedo en el piso
-mmmmmmmm… no lo sé… depende de cómo lo diga…- pensó Feliciano sentándose en flor de loto a un lado de su mellizo
-¿si te lo dice mientras toma tu mano?- apenas si pudo articular ya que se sentía tan apenado que la tierra en verdad en cualquier momento podría partirse en dos y tragarse al ángel
-Romano…- Feliciano tomó el rostro de su hermano que estaba tan rojo y caliente que podrías freír un huevo en su frente y de paso hornear unas galletitas y tal vez entibiar algo de leche para acompañar las galletas -¿alguien se te declaró?- le preguntó mirándolo fijamente
-de… de… ¡DECLARARSE!- gritó Romano, ahora tal vez hasta podrías hacer una carne asada en su rostro –yo… él… a mi… ¡¿declararse?- apenas si pudo decir ya sacando humo de sus orejas ¿Dónde estaba esa carne? Habría que asarla antes de que la cara de Lovino se derritiera por completo.
-sí, bueno eso parece una declaración ¡ahhhh hermanito que envidia!- dijo sonriente Feliciano
-¡pero él es humano!- dijo Lovino intentando respirar bien pues había comenzado a hiperventilar
-pero lo quieres…- dijo más calmado Feliciano
-¿pero y si Dios se entera? ¿Qué le voy a decir?-
-no te preocupes, estoy seguro que Dios no se dará cuenta de nada, está muy ocupado rompiendo su propio record de Tetris y Pac-man ah… y manteniendo la paz en el mundo así que si algo pasa yo intercederé por ti- le dijo pegando su frente en la del mayor –solo sé feliz hermanito- le dijo revolviéndole el cabello a lo que el otro solo asintió con la cabeza; y los que hayan traído la carne, olvídenlo, la cara del ángel había regresado a su color y temperatura normal
Ambos hermanos bajaron para encontrarse con sus respectivos protegidos, Veneciano se despidió de su mellizo el cual entre murmullos y maldiciones le agradeció, también se despidió de Antonio cuidando un poco su distancia con el español que les regaló algunos churros para él camino. Una vez afuera Feliciano tomó de la mano a Ludwig para comenzar a caminar… en verdad que le tenía envidia a Romano…
Y adentro Lovino solo se quedó en silencio mirando con el seño fruncido al español que solo le sonrió cariñosamente como siempre
-voy a meter a Veneciano en problemas por tu culpa- le dijo al ojiverde que iba a preguntar el porqué iba a ser su culpa, pero la pregunta pasó a segundo término cuando su ángel de la guarda se enganchó a su cuello y lo besó en los labios como si no hubiera mañana.
Por último pero no menos importantes Francis y Mathew estaban en una cafetería cercana al hogar de Mathew, el canadiense miraba con algo de recelo al demonio que tomaba su café tranquilamente guiñándole el ojo a alguna que otra mesera del local
-¿en serio no piensas disculparte?- le preguntó Matt al rubio que parpadeó un par de veces
-¿disculparme por qué?- dijo el francés dejando su taza de café en la mesa
-¡por casi violarme en la biblioteca!- dijo sonrojado el muchacho cuidando de que nadie más los escuchara
-ah… por eso… mmmmmmmm pues no, no me arrepiento de nada- dijo sonriendo recordando aquel rato en la escuela
-¿Qué acaso no tienes vergüenza?- le reclamó el otro sonrojándose por traer de vuelta el recuerdo de lo ocurrido, casi podía sentir de nuevo las manos y cola del demonio sobre él
-una vez escuché algo sobre eso… pero no recuerdo muy bien su significado- respondió cínicamente Francis soltando una risita galante
-huy a veces quisiera matar…- pero Matt se interrumpió al ver como alguien en especial entraba al local, oh si, el pequeño (o no tan pequeño) Iván, como siempre usando su largo abrigo y su bufanda que casi le cubría la mitad de la cara a pesar de esta en pleno verano. Francis también lo notó y solo alcanzó a fruncir el seño, ya comenzaba a molestarle la presencia del ojivioleta y sobre todo la cara de colegiala enamorada que Mathew ponía cada vez que lo veía.
-mon petit si mal no recuerdo el día de la biblioteca me dijiste que tal vez aun tenías una oportunidad con… Iván…- dijo su nombre manera casi despectiva -¿Por qué no vamos a preguntarle directamente a él?- dijo con una sonrisa traviesa sacando de sus pensamientos al muchacho que intentó decir algo pero cuando se dio cuenta Francis ya casi lo estaba arrastrando para sentarse en la mesa de Iván
-bonjour mon ami ¿nos podemos sentar? Bueno, ya lo hicimos- dijo Francis sentándose a un lado del ojivioleta que los miró algo confundido, Mathew se sentó a un lado de Francis y parecía que se había convertido en una piedra gracias a los nervios
-yo soy Francis y el es mi amigo Mathew, verás, llevamos un tiempo observándote, no te espantes no te acosamos… bueno tal vez un poco- dijo dirigiéndole una mirada a Mathew que siguió en su forma de estatua –solo queríamos saber ¿Qué clase de personas te gustan? Ya sabes, como sería tu persona ideal- Francis fue directamente al punto. Iván trató de asimilar un poco todo lo que había dicho Francis y después se rascó la mejilla con el dedo índice para dar una buena respuesta
-mmmmmm es muy acelerado pero… supongo que mi persona ideal debe ser mas bajita que yo- Mathew dio un saltito, era obvio que él era más bajo que Iván –también debe tener una cara tierna- continuó el rubio sonriendo haciendo que el demonio frunciera aun más su entrecejo pues Mathew tenía una cara tierna, tanto que podría ser la envidia de cualquier Osito Cariñosito –le deben de gustar los muñecos de peluche- continuó Iván, esta vez tanto Francis como Mathew voltearon a verlo, eso no estaba pasando ¿verdad? –Sobre todo los ositos- agregó feliz, Matt clavó su par de zafiros en los de Iván que le sonrió, Francis solo se le quedó mirando a los otros dos y casi hubiera vomitado ahí mismo en la mesa si no fuera porque su mal humor le ganó a su nauseas
-sí, que lindo, como sea, vámonos Mathew- tomó al muchacho de la sudadera y se lo llevó lejos de ahí sin dar explicación alguna.
-¿eh? ¿Dije algo malo?- se preguntó Iván viendo a la rara pareja salir de ahí pero le restó importancia cuando un muchacho de cabello negro y más bajito que él entró a la cafetería. A pesar de ser mayor que Iván su cara aun era tan tierna como la de un niño pequeño y en sus brazos llevaba un osito de peluche, mejor dicho un oso panda de peluche, Iván solo alcanzó a ponerse nervioso cuando lo vio acercarse a su mesa.
-Francis… me lastimas… ¿Por qué vamos tan rápido?- dijo Matt siendo arrastrado por el demonio que aun sin dar explicaciones caminaba tan rápido como sus pies se lo permitían, estaba tan enojado que había olvidado ocultar su cola e incluso sus cuernos
-porque entre más lejos estés de ese tipo mejor- respondió casi en un gruñido soltando Matt y recargándose en una pared dándole la espalda al chico
-si no fueras un demonio podría jurar que estas celoso- bromeó Mathew viendo como el ser infernal parecía perder fuerza en las piernas
-si así fuera… ¿Qué harías?- dijo Francis volteando a ver a Matt cayendo al piso de repente, Mathew corrió a ayudarlo pero cuando quiso tocarlo la piel del demonio estaba tan caliente que quemaba, la cara avergonzada de Lovino no se comparaba con la temperatura de Francis que también tenía las mejillas rojas, como si tuviera fiebre, apenas si podía mantener los ojos abiertos. ¿Qué diablos le pasaba a Francis?
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Chan chan chan ja ja ja todo se queda en un divertido suspenso.
Bueno espero haya disfrutado este capítulo con la aparición especial de Lituania y Escocia jujuju, perdonen por no ponerle un nombre humano, es que no se cual sea así que decidí dejarlo así, de todos modos se escucha sexy decirle Escocia ¿no creen? Bueno, sin más que decir me despido ahora si quieren asar carne en la cara de Romano mándenme un review hasta la próxima n_n
