VII
Sugerencias: Escuchar Bedroom Hymns de Florence and the Machine
Peito era una valquiria de origen griego y la última en integrarse al título hace ya quince años atrás cuando cursaba la preparatoria, mas sus facciones la hacían parecer una mujer recién entrando en la edad de los veinte, ademas de su imponente belleza y gran altura, se le daba bien el arte de la elocuencia. Tenía una voz profunda y encantadora, como el susurro de una amante y una buena confidente, por lo que en menos de cinco minutos ya había emocionado a todos los espectadores incluyendo a los más serios profesores, haciéndolos vociferar en alto cada vez que el sol se mostraba ante la arena y quedaba poco tiempo para que el evento se inaugurara. La mayoría de las participantes estaban tan ansiosas como temerosas, pero la mujer también hacia un gran trabajo en aumentar el ego tanto de ellas como la de sus acompañantes sobre sus capacidades y que todo saldría bien, al menos, durante la inauguración.
Luego de unos segundos, los rayos del sol ya se lucían desde el alto de la infraestructura similar en la que se encontraban, asimilando a un coliseo romano. Las estudiantes fueron a tomar sus posiciones sin antes ser aplaudidas por el publico que esperaba su regreso ansiosos, ya se daría inicio al primer día de aquel evento. La arena solo expondría una imagen holográfica del verdadero sector en el cual las chicas se encontrarían, debido a que sería peligroso seguirlo de cerca dependiendo de sus características.
Cuando ya todo estuvo en posición, la valquiria inició su canto sin antes gritar sus últimas palabras a las estudiantes que pasaban las puertas para transportarlas a sus lugares.
— ¡Vayan y crean su propia historia hasta caer de rodillas. Recuérdenlo, este es su acto de amor!
.
.
.
''Piedad''
— ¿¡Qué es lo que se refiere con ello!? — Inquirió Yaoyorozu a Shoji una vez consiguió pisar el suelo cuando el portal la llevó a su lugar de inicio. Se encontró en un bosque tan denso que no veía hacia donde dirigirse sin tener que pisar hojas y grandes raíces de arboles, necesitaba encontrar un altar antes de que el sol se ocultase, la misión era bastante simple y le habían dado el día entero, pero eso solo significaba que el recorrido sería extenso. Maldecía internamente que conscientemente las habían separado de sus amigas. Ahora estaba sola y eso le generaba una cierta gota de ansiedad que se mantenía al margen si no fuese porque podía hablar con uno de sus compañeros, que se encontraba en un salón especializado para coordinar y guiarla con algo de información encriptada por las valquirias. —
— No te preocupes por las palabras claves, Yaoyorozu-san, ahora necesitas dirigirte hacia la izquierda. Hay un río que parece atravesar todo el perímetro y el supuesto altar afirma que se encuentra rodeado de musgo, eso solo implica que está cerca de un sector húmedo.
— ¿Cuanto llevamos aquí?
— Unas dos horas.
— ¿Aún puedes manipular mis pasos? — Consultó, la nueva herramienta que les habían entregado parecía recibir señales satelitales, por lo que tenía dudas si realmente servía en un lugar así. Mas Shoji la había hecho retroceder con una fuerza llegar desde su estomago. — Así que así se siente.
— ¿Estás bien? —Consultó, sin saber si había jalado ambas palancas demasiado fuerte. —
— Es como si tuviese una soga atada al cuerpo, no manipula mi cuerpo, literalmente solo me hace retroceder o avanzar, me pregunto si será en caso de que yo no reaccione primero y consiga una ventaja. ¿No me dañará en una situación de adrenalina? ¿Esto es realmente seguro?
— Yaoyorozu-san siento que te estás estresando, cálmate. Es la primera fase, la señorita lo dijo al iniciar. Nadie va a ser derrotada tan rápido si tiene los ojos bien abiertos.
— Muy bien... Muy bien. — Se detuvo para respirar unos segundos y seguir la indicación que le había dado. — Por cierto Shoji-san, solo dime Momo.
...
— ¿¡P-Por qué!?
— Mi apellido es muy largo, Deku-kun. Así será más fácil, ¿no crees? — Comentó Uraraka luego de que Izuku le diese la idea de utilizar su particularidad para elevarse y ver hacia donde se encontraba un pequeño cerro que figuraba en el mapa desde la pantalla que estaba viendo en su habitación, debido que las indicaciones parecían suponer que el altar que tenían que hallar se encontraba cerca de uno. Uraraka lo había visto con mucha dificultad, el recorrido era largo y le tomaría todo el día llegar hasta allá. — Además, supongo que está bien estrechar nuestra relación... ¡C-Como amigos claramente como amigos!
— S-Si tu lo dices... O... Ochaco... ¡Ten cuidado!
...
— ¡Dos más hacia la izquierda, corre hacia el frente!
— ¡Si! — Jirou estaba aterrada. Sabía que la misión se veía demasiado simple como para solo localizar un altar en un día, pero no se esperaba que colocarían osos para ser atacadas. Habían salido desde las sombras asustandola, agradecía que Ojiro fuese más rápido que ella. — ¿¡Aún vienen!?
— ¡Sigue corriendo, uno ha cambiado de rumbo!
Lo sentía rugir en su oído, su cuerpo temblaba desesperado por buscar sobrevivir ante aquel animal, grande, imponente que parecía destrozar la tierra con sus patas y una boca que salivaba por ella, ese animal podría destrozarla de un solo bocado. Cuando dobló apoyándose en uno de los arboles vio una pezuña casi tan grande como su propia cabeza dirigirse directamente hacia su rostro. Lo vio, sus ojos desesperados por un pedazo de carne y unos colmillos tan grandes que le destrozarían el cráneo en pocos segundos. Mas Ojiro fue más rápido y la hizo retroceder lo suficiente para que el zarpazo se dirigiese hacia el tronco, destrozándolo por completo. Jirou siguió corriendo una vez escuchó el grito de su compañero, pero se detuvo cuando escuchó un chillido agónico desde su espalda, se dio la vuelta y lo que vio le heló la sangre hasta los huesos. Una chica, atrapada en las garras del animal mientras parecía aún estar unida hacia el tronco de un árbol, el oso la había encontrado por su culpa. La tenía agarrada desde la cintura y trataba de romperla cerrando su mandíbula, la chica ya no podía decir nada ilegible y Jirou comenzó a entrar en pánico.
Sus piernas se movieron por mero instinto, necesitaba ayudar a esa chica, le pedía a gritos con lagrimas en sus ojos que alguien la sacase de los dientes del gigantesco animal aun si ya solo gemía casi en la inconsciencia, pero cuando trato de activar los parlantes de sus piernas, el animal cerró sus mordida y vio los últimos temblores que el cuerpo de la chica enviaba mientras su vista se nublaba y perdía el brillo de un suspiro de sus labios. El oso la dejó caer hacia el suelo de golpe, destrozada como una muñeca, olvidada sin importancia. Jirou había caído de rodillas, sus piernas habían flaqueado y ya no podía moverse, sus ojos no podían desviarse de ese cuerpo sin vida que hace unos segundos le pedía auxilio desesperada. Cuando sintió las fosas de sangre del animal, un golpe certero llegó desde el cielo y el oso cayó pesadamente, acumulando su propia sangre entre las ramas y la tierra.
Alguien había tomado su brazo y la hizo correr hacia una dirección desconocida, no sabía lo que sucedía, solo se movía como un muñeco haciendo caso a su titiritero. Luego, cuando la luz se hizo presente vio un cabello rosado y una sonrisa tan brillante como el sol que se mostraba ya en su punto intermedio. Mina la había salvado.
— Menos mal te encontré antes de que te atacaran, agradécele a Kendo y a Nanami-chan por matar al oso. — Afirmó su compañera mientras la chica del otro curso y alguien totalmente nueva le sonreían cálidamente. Mina la movió un poco buscando alguna respuesta. —¿Jirou, estás bien? ¿No te mordió en algún lugar?
— ¡Jirou, Jirou! ¿Está Mina y Kendo-san a tu lado? ¿Estás bien?
Los gritos insistentes de su escudero la sacaron de su trance, trayendola hacia la realidad. Vio sus manos manchadas de sangre mientras temblaban desesperadamente, su pulso estaba tan alterado que apenas conseguía mantener el control de sus propios movimientos, sentía un peso muerto cayendo hacia ella luego de suspirar pesadamente. Sus lagrimas comenzaron a inundar su corazón y ya no pudo soportarlo más. Después de muchos años, era la primera vez que Jirou lloraba como una niña pequeña. Destrozada, temerosa, asustada.
...
— Creo que los perdí...
— Bien, ahora sigue caminando, encontrarás el río hacia la derecha.
— Bakugou no hay musgo hacia la derecha, el río está hacia la izquierda.
— ¿¡Vas a volver a discutir conmigo!? ¡Yo tengo el maldito mapa! — Volvió a gritar, como las ultimas cinco horas en las que Tsuyu se había perdido por escuchar las indicaciones de su escudero. El sol ya comenzaba a ocultarse y le quedaban apenas un par de horas para completar la misión. — Si no te hubieses detenido a ayudar a las demás tendríamos más tiempo. ¡No te veo ir hacia donde te indiqué!
— Cállate. — Respondió, con ganas de gritar y llorar a la vez. No sabía donde estaba ni tampoco cuanto le faltaba para llegar, y estaba demasiado cansada huyendo de aquellas bestias como para seguir discutiendo con él. — Lo encontré. — Escuchó rugir a su compañero, luego de unos segundos, pudo sentir unas fuertes pisadas viniendo desde su espalda. —
— Están cerca. — Afirmó atento. — Trata de no hacer ruido, son más de cinco esta vez.
— Por qué... — Pero sus palabras fueron detenidas cuando vio las razones. Tres chicas, dos de ellas luchando débilmente para huir de las bocas de los osos que la miraban como una presa potencial. Mas Tsuyu estaba preocupada de otra cosa. —
— No te atrevas. — Cuestionó Bakugou cuando Tsuyu tardó demasiado en responder, suponía que los animales tenían personas atrapadas cuando la palabra rescate traspasó hasta sus propios pensamientos. —
— Pero-
— ¡Sal de ahí!
Pero lo único que pudo escuchar fueron los rugidos de aquellos osos desde el comunicador de su compañera y un fuerte jadeo luego de unos segundos anunciando que estaba luchando contra ellos. Comenzó a gritar pidiendo explicaciones sobre lo que sucedía, durante el día habían estado a punto de caer descalificados por los ataques de esos animales que casi le arrancaron la cabeza. Sabía que Tsuyu estaba demasiado cansada para seguir combatiendo con ellos, mas ella era una heroína y demasiado instintiva cuando alguien corría peligro, bien lo entendía él. Pero morir a manos de osos siendo su responsabilidad mantenerla a salvo era algo que no permitiría.
— ¡Asui sal de ahí!
— ¡Las tengo! — Jadeó, sintió un entumecimiento en su pierna izquierda por lo que dedujo que había sido herida durante la lucha. Bakugou bramaba de ira, el brazo que le había roto por accidente hace una semana atrás aún estaba recuperándose, por lo que cargar algo en esa circunstancia no era lo más prudente. —
— ¿¡Eres imbécil!? ¡Tú misma lo dijiste! ¡No se van a morir, déjalas!
— ¡Tengo que ayudarlas! — Respondió, mas había dejado caer a una de las chicas cuando el dolor en su brazo fue demasiado para soportarlo, cayendo de paso con ella. Gimió de dolor cuando ejerció más fuerza de la necesaria. — Tengo que hacerlo...
— ¡Te están siguiendo imbécil! — Gritó encolerizado cuando vio a través del mapa que se encontraban a unos cuantos metros de la meta. Todos estaban ahí, pero Tsuyu estaba demasiado ocupada tratando de arrastrar a las chicas que seguramente morirían desangradas en pocos minutos. Los osos además se dirigían hacia ella con una rapidez abrumadora. — ¡Asui tienes que dirigirte hacia el templo o vas a morir!
— ¡No me importa! — Le gritó de vuelta. —
— ¡¿Entonces para que mierda estoy aquí si no tenías intenciones de llegar hasta el final, eh?! — Estaba intentando hacerla entrar en razón, comenzó a empujarla utilizando las palancas, pero era demasiado difícil si ya ella no estaba en la mejor condición física. Estaba demasiado frustrado por su terquedad.—¡Mejor habérselo pedido a cualquier imbécil antes de que tuviese que acompañarte por lástima!
Esperaba que le gritase y por instinto huyese hacia el templo, que por lo menos le diese la energía suficiente a través de la frustración que él también estaba sintiendo para jalar con más fuerza. Pero solo escuchó interferencia y todas las pantallas que se encontraban en frente de él, se apagaron con la alerta de desconexión.
Lo había apagado.
.
.
.
Lo había conseguido por apenas unos minutos, las chicas que la vieron llegar la habían ayudado a llevar a sus compañeras al templo para dar por finalizada la primera fase, y fueron llevadas hacia el salón principal inmediatamente. Sus escuderos se encontraban en aquel lugar minutos antes, por lo que algunos les ayudaron a refrescarse o solo darle apoyo moral, habían vivido un verdadero infierno escapando de aquellos osos. Bakugou sin embargo, estaba furioso. Lo primero que hizo fue entregarle el collar a Tsuyu, quien se encontraba malherida tanto del brazo que tenia lesionado como de la pierna que había percibido siendo ayudada por Uraraka.
— Búscate a otro. — Gruñó, sus compañeros lo miraron asombrados, Tsuyu solo observaba el collar con resignación. —
— ¿Kacchan no crees que estás siendo muy impulsivo?
— Cállate Deku, yo no seguiré jugando para que me ignoren durante todo el día.
— Filas. — Ordenó Sig al momento de ingresar, todos obedecieron por muy cansadas que estuviesen. Kirishima al ver la leve cojera de su compañera, la ayudó para reponerse correctamente. —
— Gracias, Kirishima-kun. — Susurró con una mirada dolida. Algo había pasado entre ella y su amigo. Quien se encontraba a su lado como un niño taimado. —
— Todo se resolverá, Tsuyu-chan.
— Silencio. — Demandó la valquiria, parecía fastidiada. Nadie fue capaz de refutarle. — Lo primero que les ordenamos es que consiguiesen a un acompañante de fiar para el evento. Cinco de las veinte y dos estudiantes que consiguieron pasar a la siguiente fase discutieron durante casi todo el día con sus escuderos. ¡¿Cómo esperan seguir luchando?! ¡Dejaron la escuela hace bastante tiempo, maldición! — Gritó decepcionada. — Yamamoto, Mikage, Onodera, Ashido y Urahara, un paso al frente. — Las chicas dudosas, hicieron lo que se les pidió mirándose entre ellas. — Levanten las manos. — Ordenó, sacando una fusta entre su chaqueta que presionó con fuerza entre sus dedos. Todos comenzaron a sudar. Una a una, les golpeo tres veces hasta hacerlas sangrar. Mina por su parte, por mero reflejo retiró las manos antes de que le llegase el toque del cuero, por lo que se ganó un golpe más fuerte que el de los demás. Sus manos sangraban y gemían ante ello, mientras sus compañeros las ayudaban a detener el sangrado de las heridas abiertas. — Tsuyu Asui.
— Si. — Respondió rápidamente, sus compañeras la miraron con sorpresa y pánico al ser llamada individualmente. Sabían lo que significaba. —
— Tienes un punto condicional por tu conducta inapropiada de retirar el comunicador durante la primera fase.
— Si...
— Serás castigada por violar una de las reglas principales. Sin embargo, puedes decidir retirarte en este momento y no pasar por ello. — Susurros temerosos comenzaron a escucharse por la sala. La valquiria relajó sus facciones por unos momentos, lo que venía no era algo que deseaba hacer, pero era necesario. — ¿Qué decides? — La chica parecía estar en una lucha interna sobre que opción tomar, mas luego de unos segundos, cerró los ojos y con determinación se dirigió hacia la mujer, aún si estuviese temblando de miedo. —
— Lo acepto. — La mujer cerró los ojos por unos segundos. Estaba decidido. —
— Muy bien, sígueme con tu escudero.
— Yo renuncie. — Cuando la mujer se volteo, Bakugou pudo sentir miedo con aquella mirada tan fría como el hielo y unos colmillos elevándose con molestia. —
— Ahora.
.
.
.
Comenzaron a caminar por un pasillo creado de mármol, aunque bastante oscuro que apenas podían ver el final. La mujer estaba en silencio, y ellos no sabían como hablar correctamente, ninguno deseaba estar al lado del otro después de aquel día.
Cuando llegaron, ambos pudieron ver un lugar oscuro y sombrío del que apenas había una silla de madera y una cruz al centro de la misma, a su lado una mujer preparaba unos utensilios que no eran capaces de vislumbrar.
— Katsuki, siéntate. — Él acató sin cuestionar. — Tsuyu, será mejor que te saques la chaqueta.
— Estaré bien. — Respondió nerviosa, sus colores habían bajado y parecía estar a punto de salir corriendo. Pero se mantenía fuerte, decidida. Aún si parecía tener intenciones de vomitar en cualquier momento. —
— Coloca tus manos encima de la cruz, comenzaremos. — Cuando se encaminó hacia el y la mujer se colocó de espaldas de la chica, Bakugou pudo comprender de que se trataba el castigo. —
— ¿Es necesar-
— Quince.
Cuando Sig anunció el número, un latigazo casi tan grueso como la rama de un árbol golpeó la espalda de su compañera con saña. Rompiendo su chaqueta y generando una herida lo suficiente abierta para doblegar las rodillas de cualquiera. Tsuyu gritó con agonía y comenzó a llorar cuando el siguiente golpeó en el mismo lugar, abriendo aun más el corte. Bakugou no podía dejar de mirar aún si solo deseaba hacerlo, como en tan poco tiempo la diminuta espalda de la chica pronto se convirtió en una serie de lesiones tan largas para llegar hasta su espalda baja lo hizo temblar, ¿él había causado eso?. Sintió nauseas y un profundo dolor de culpa cuando luego del quinto golpe, la chica pareció desmayarse del dolor. No la juzgaba en absoluto por ello, no la juzgaba por nada en ese momento. Lo único que deseaba era detener a esa mujer, pero era un castigo que Asui había aceptado por los errores de ambos, le destrozaba escuchar los gemidos agónicos que ya apenas balbuceaba. Los segundos parecieron eternos y la sangre caía con abundancia manchando sus pantalones, su chaqueta ya colgaba entre su cuerpo exponiendo su espalda completa. Cuando el último latigazo llegó, Bakugou se levantó desesperado para ver como se encontraba, cuando la dio vuelta como suponía, se había desmayado, su rostro solo reflejaba dolor. Y parte de su estomago se retorció de frustración.
— ¿Sigues siendo su escudero? — Las palabras de la mujer se sentían rencorosas, lo retaba a negarse posterior al espectáculo. —
— Si... — Gruñó, tratando de morderse la lengua para no insultarla de paso. —
— Ve a dejarla a su dormitorio, pasaran la noche aquí.
