Viñetas para 30Vicios.
Tabla: Momentos.
Fandom: Lost.
Claim: Los Otros. Alex/Karl.
Tema: 7. Estaciones.
Palabras: 596.
Resumen: Lo que Karl es capaz de hacer por Álex.
MOMENTO 7
ESTACIONES
Nieve
-¿Sabes qué no me gusta de la Isla? –Preguntó un día Álex. Karl y ella habían salido a dar una vuelta y estaban contemplando un nuevo y hermoso atardecer junto al mar, con las manos entrelazadas y una media sonrisa iluminando sus rostros juveniles, algo infantiles aún en algunos momentos –Que no haya estaciones.
-¿Estaciones? –Repitió Karl, sin saber muy bien a qué se refería, pues ella había hablado de pronto, sin una conversación previa para saber lo que quería decirle.
-Ya sabes. Primavera, verano, otoño e invierno.
-¡Oh! Ya.
-¿No te parece que deben ser bonitas?
-Pues no sé, Álex...
-A mí si me lo parece –Alex suspiró con expresión soñadora, soltando la mano suave de su novio –Los árboles florecientes de la primavera; el ambiente cálido del verano con sus días luminosos e interminables; los colores dorados y ocres de un otoño que lo llena todo de hojas secas. Y el invierno. Me encantaría sentir el invierno.
-¿Por qué? Debe ser muy frío –Karl fingió un cómico estremecimiento que hizo reír a la chica, iluminándose con una luz propia repleta de pureza e irrealidad.
-Si no hace frío, es imposible que haya nieve.
-¿Nieve?
-Blanca y helada nieve, cubriéndolo todo con un manto suave y hermoso...
-¡Oh, demonios! ¿Has vuelto a ver esas horribles películas en la televisión?
Álex rió con ganas. Esa tarde se sentía exultante de alegría y ni siquiera le importó que Karl pretendiera meterse con ella. De pronto, y sin venir a cuento, ella le pasó los brazos por el cuello y le besó, mirándolo intensamente a los ojos.
-¿Me quieres?
-¡Oh, Álex!
-No contestes. Si me quieres, haz que nieve para mí. Aquí, en La Isla.
Álex se había ido después de eso, dejando a Karl con cara de tonto y sin saber qué hacer. Claro que la quería, aunque le apenara muchísimo reconocerlo. Si no la quisiera, no estaría con ella, arriesgando el pellejo por culpa de Ben. Lo que ella le pidió fue algo absurdo, algo que ni siquiera Álex pensó seriamente y, sin embargo, Karl estaba dispuesto a demostrarle que, por ella, era capaz de hacer nevar en aquel clima tropical al que era imposible que llegara el invierno.
-No te la quites hasta que yo no te diga. ¿De acuerdo? –Decía Karl una semana después, mientras trepaba dificultosamente a un árbol.
Álex estaba en el suelo, con los ojos vendados y la incertidumbre presente en su rostro. Karl había ido a buscarla un rato antes y se la había llevado del pueblo sin explicaciones, alegando únicamente que tenía una sorpresa para ella. Estaba intrigada e impaciente y se sintió tentada de hacer trampas, pero Karl se lo impidió.
-¡Ey! No hagas eso. ¿Vale? Espera un segundo.
Álex sintió algo fresco acariciando su mejilla y dio un paso atrás. Pero, entonces, Karl la instó a quitarse la venda y la chica ahogó un grito de asombro. Estaba nevando. Karl había cubierto un poco de selva con miles de pétalos de flor blancos y, en ese momento, dejaba caer más de ellos sobre su cabeza. Realmente parecía nieve y, aunque a Álex ya se le había olvidado la conversación que mantuvo con el chico en el acantilado, no tardó en recordarla y en sentirse emocionada y, ante todo, querida.
Karl bajó del árbol con agilidad y se acercó a ella. La agarró por la cintura y apartó unos cuantos pétalos de su cabeza. Álex sonrió, incapaz de decir nada. A veces, no eran necesarias las palabras para hablar de sentimientos, y Karl lo demostró con creces.
