N/a: HOLAAA, espero me recuerden, como les prometí la historia tendría un fin, aun esta lejos, pero no la dejare. Por favor sírvanse y disfruten de este capitulo y no olviden los REW.

Gracias a todos por su apoyo.

Katus había lanzado un tremendo poder cargado de energía, con la suficiente fuerza como para derrotarlo a él, el Taiyoukai del Norte, Sesshoumaru.

- NOOOOOOOOO!- El profundo grito desgarrador de una mujer invadió él lugar, mientras una alta y fuerte silueta caía al suelo casi inerte.

Tres grandes resplandores se hicieron presentes, uno celeste, otro blanco y el último rosado. Con ello la batalla finiquito. Los escuadrones enemigos retrocedieron ante sus pérdidas, pero ello pareció no importarle al bando de Rin, quienes solo enfocaban la escena que se hacía presente.

Todo era negro y el dolor lo consumía.

- ¿Donde estoy?- se pregunto al ver el vacio en el que se encontraba, pero nadie le respondió, todo era una negrura infinita.

- Sesshoumaru!- de pronto una voz anciana le hablo- Sesshoumaru.

- Quien eres?- pregunto pero nadie apareció.

- Sesshoumaru…- la voz esta vez lo llamo y él se incorporo, vio que a pesar del dolor no poseía ninguna herida, nada.- ven!

Observo su alrededor y cuando quiso dar un paso para seguir aquella voz, el paisaje negro se volvió a la realidad, a una realidad pasada para él.

Una figura estaba sentada en el prado, mientras que su sangre que escurría teñía las blancas flores del lugar, Sesshoumaru observó, conocía muy bien esa figura.

- Kagura- susurro con pena.

De pronto se vio a él mismo llegar al lugar, llevo su mano a colmillo sagrado esperando que este hiciera lo suyo, pero la espada se negó a prestar su sagrado poder.

- Al final… termine a tu lado-

El viento se la llevo al infinito dejándolo perplejo, sintiendo como su corazón se contraía y a la vez rompía en mil pedazos. Esa pequeña escena, esa pequeña e insignificante conversación fue suficiente para cambiarle por completo el corazón a él, el señor de los demonios.

- Kagura- se dijo con dolor.

De pronto la escena volvió a cambiar.

Era un bosque, se encontraba rodeados de humanos y mas bien no entendía porque, el jamás había tenido esa cercanía con ningún humano en su vida.

- Eres un raro-

- Eres un estúpido-

Le decían miles de voces infantiles, mientras miles de rocas comenzaban a lloverle encima de la cabeza.

- Que se creen estos malditos!- se exclamo para si Sesshoumaru, se dispuso a sacar su látigo de veneno, cuando se dio cuenta que no existía tal látigo, que sus manos no presentaban tatuajes, que sus garras no eran las mismas.- que es esto?

La pregunta se hundió en el silencio cuando un extraño sentimiento de desolación lo embargo, tan horrible que casi estallo en llantos incontrolables, no había peor sentimiento que ese, saber que no pertenecías a ningún lado y que nadie en el mundo te amaba, que a nadie le importabas. Porque sentía aquello, no lo entendía, pero todo se volvió nítido, cuando una roca lo golpeo en la cabeza y su vista bajo al suelo, entonces se vio vestido con un kimono color rojo.

- Vete de aquí bestia infernal!- Le gritaban cruelmente, sin siquiera conocerlo.

De su ceja brotaba sangre que le tapaba su vista, solo atino a salir corriendo en busca de aquella y única persona en el mundo que lo amaba.-

- Madre!- exclamo cuando por fin vio su castillo, allí lo esperaban los brazos abiertos de una hermosa mujer, quien lo recibió con preocupación.

- Que ha sucedido Inuyasha?- le pregunto mientras inspeccionaba la ceja que le sangraba.

- Me han vuelto a molestar- dijo él sollozando, mas bien él Sesshoumaru.

- Tranquilo mi hermoso muchacho, ellos no saben la hermosa persona que eres-

- Pero tampoco me dejan demostrárselo, ¿Por qué mamá?- le pregunto el muchacho, mientras su madre le limpiaba la herida.

- Porque tienen su corazón cerrado por lo prejuicios, mi amor-

- Yo solo quiero tener amigos y… y- apenas se atrevía a decirlo.

- Y que cosa Inuyasha?-

- Y un hermanito- le dijo este con tal inocencia que Izayoi bordeo sus ojos con lágrimas, mientras sonreía dulcemente.

- Tienes un hermano querido- no sabía si era lo correcto hablarle de ello, pero por lo menos eso le alegría un poco su corazón.

- Enserio mamá?- pregunto él incrédulo.

- Es un demonio, mayor que tu, muy poderoso y temido, por esa razón debes tener cuidado con él.-

Pero apenas escucho las advertencias de su madre, sus ojos se habían llenado de emoción, no estaba solo.

Todo volvió a cambiar, la escena se torno de tristeza e increíble desolación, tumbada en una cama, descansaba el hermoso cuerpo de Izayoi, sus mejillas sin color, su semblante frío y blanco llenaba de lágrima los ojos de todo aquel que presenciaba el suceso. Esta vez no se vio en el cuerpo de su hermano, pero pudo sentir todas sus emociones.

Inuyasha, tenía un cuerpo de un niño de 12 años, observaba con los ojos y las mejillas llenas de lágrimas como su madre no volverían respirar nunca más en esta vida. "Estoy solo, ya no tengo a nadie más", esos eran los pensamientos y sentimientos que embargaban al aun pequeño Inuyasha, eran tan fuertes, que Sesshoumaru se sentía paralizado por la pena que lo embargaba.

El cuerpo de Izayoi fue incinerado como ella había pedido, en todo ese momento Inuyasha no paró de llorar silenciosamente, mientras que la gente del pueblo ya comenzaba a idear su complot. Esa noche Inuyasha fue a su habitación y sin querer el cansancio producido por su infinito dolor le gano y quedo sumergido en un profundo sueño. Sesshoumaru observo a su pequeño hermano rendirse al sueño y una extraña sensación de ternura lo embargo - pobre de mi hermano- pensó sin darse cuenta, pero antes de detenerse a analizar su pensamiento fugaz, vio como de la puerta unos hombres entraban sigilosamente, tomaron a su hermano y se lo llevaron lejos del lugar.
El lugar era oscuro y húmedo, de seguro estaban en una cueva y así era, pues, alguien en la escena prendió una antorcha y el lugar de ilumino, Inuyasha estaba amordazado y amarrado sin poder moverse y cuatro hombres lo rodeaban y un quinto sostenía la antorcha.

- Maten a ese desgraciado!- dijo uno de los cinco.

- Lo golpearemos hasta matarlo-

- Bestias como tú no debería nacer nunca en este mundo-

- Eres una aberración.-

Los ojos de Inuyasha solo dejaban caer lágrimas de miedo, pero las palabras crueles de los hombres no era lo peor que iba a pasar esa noche, lo peor vendría en unos segundos.

- Inuyasha!- grito Sesshoumaru al ver lo que vendría, pero su grito ni siquiera sonó o por lo menos eso fue lo que le creyó.

Los hombres se acercaron a él y sin motivo ni razón comenzaron a golpearlo insaciablemente, hasta que el niño quedo convulsionando en el suelo de dolor.

- Ya déjenlo- paro el que llevaba antorcha, la imagen era tan aterradora que ni él hombre con su infinita maldad lo pudo soportar y detuvo al resto del grupo- morirá de todos modos.- les dijo

- Si! Tienes razón, dejémoslo delirar- dijo otro.

- Vámonos-

Sin más dejaron el lugar. Sesshoumaru quedo observando a su hermano, tirado en el suelo cubierto de sangre, sus ojos hinchados por los golpes, su labio roto y lleno de sangre, su frente, sus cabellos, su cuerpo entero afectado.

Pasaron los días y cuando se recupero, abrió los ojos y se encontró nuevamente solo, como siempre lo había estado él, el hanyou, el ser que nadie quería.

- Inuyasha- susurro, mientras sin querer, sin preverlo algo salió de sus ojos, una gota cristalina surco por sus mejillas.- esto es mi culpa…- se dijo Sesshoumaru.

- Asi es Sesshoumaru- la misma voz anciana le hablo- nunca ayudaste a aquel que lleva tu misma sangre, repudiaste la sangre de tu padre.

Esas palabras le dolieron y lo peor es que no eran nada más que la pura verdad, en ese instante quiso despertar para remediar todo.

- Quiero abrir mis ojos- Susurro Sesshoumaru

- Pues ya los has abierto hijo mío-

Inu Taisho hacía presencia en su interminable sueño.

- Ve y demuestra el Rey que siempre has sido-

Llevaban cuatro días velando su sueño. Allí ante la luz de la luna yacía Sesshoumaru con sus ropas desgarradas, su armadura destrozada y su cuerpo herido, rodeado de personas que nada podían hacer por él más que rezar y esperar un milagro.

Rin observaba a Sesshoumaru visiblemente preocupada y casi a punto de llorar.

- Es fuerte- le hablo una voz conocida, Inuyasha- no morirá.

Rin lo observo, no la miraba a ella, lo observaba a él con un semblante melancólico y triste. Sólo podía recordar el momento en que lo revivió, cuando pensó que él era su padre y como segundos después su rostro se quebrara al dolor, en ese momento todo fue muy rápido, Colmillo sagrado intento proteger a Sesshoumaru, mientras el lanzaba un Bakuryuha a la vez que Rin también lanzaba otro poder cargado de energía, con ello la batalla finiquito y lo enemigos escaparon al ver sus bajas, pero a ellos ni les importo, solo lo observaban a él. Tiritaba en el suelo, sus ojos rojos mostraban lo mucho el golpe le había afectado.

- Igual que aquella vez- dijo Inuyasha.

Kagome sabia de que hablaba, la vez que el hizo su primer kaze no kizu, Sesshoumaru recibió todo su impacto y sus rasgos sufrieron la misma transformación.
Sin imaginarlo, Ah-Un se acerco a ellos y monto a Sesshoumaru en su lomo y lo llevo a otro lugar, todos lo siguieron, hasta llegar al lugar donde ahora se encontraban, un lugar relajante y adecuado para recuperarse. Allí habían estado todos esos días, esperando alguna señal de que él despertaría.

Una noche estaban terminando de cenar, como siempre Rin había comido lo que era nada, no tenía ganas de probar bocado al igual que Inuyasha, sumergidos en la tristeza y el silencio, de pronto algo se escucho.

- Inuyasha!- un grito ahogado salió de Sesshoumaru.

La impresión fue máxima y Rin corrió rápidamente a su lado seguida de Jaken, mientras que el resto solo se quedo petrificado en sus puesto, Sesshoumaru clamaba el nombre de su hermano con dolor, ¿Qué estaba ocurriendo?, por que gritaba.

- Sr Sesshoumaru- exclamo Rin, pero el demonio pareció sumergirse en su insaciable sueño.

Eso fue lo más extraño que sucedió y allí estaban mirando a Sesshoumaru sin poder hacer nada más.

De pronto sintió el fluir de la sangre en sus arterias, su pulso acelerado y la temperatura de su cuerpo, helado, frío, todo estaba muy helado, pero lo más grande fue su necesidad de agua, tenía demasiada Sed y fue eso lo que lo obligo a abrir los ojos.

Observaban con detenimiento a Sesshoumaru, sus heridas apenas habían sanado un poco luego de que dejaran de sangrar, si había algo por lo cual su hermano se había distraído de esa manera, había sido por salvarlo a él, por lo que su remordimiento era aun peor.

- Cuanto lo siento- dijo en voz baja, casi en un susurro inaudible.

Dicho eso, algo paso, los dedos de Sesshoumaru parecieron recobrar vida, se movieron levemente, pero todos lo detectaron.

No quería abrir los ojos, nunca lo había admitido, pero estaba solo, tan solo como lo estuvo su hermano, sabía que al abrir sus ojos no habría nadie esperándolo o por lo menos eso creía él, pero su sed le ganaba.

Siguieron observando con detenimiento hasta que de pronto los párpados del demonio comenzaron a moverse y sus amarillos ojos comenzaron a hacerse visibles, poco a poco.

Abrió los ojos lentamente, primero vio el cielo azul y luego a su lado una hermosa muchacha, su sorpresa lo dejo perplejo.

- Rin- Susurro al verla, sin poderlo creer- esto es un sueño- pensó, mientras llevaba una de sus manos a las mejillas de la chica.

El tacto de su mano en su piel, la hizo llorar, miles de lágrimas cayeron de sus ojos, por fin había despertado, sin querer acaricio con su rostro la mano de su tan amado Demonio.

- Aquí estoy - dijo dulcemente

Para Inuyasha que se encontraba al lado esto fue una escena extraña e impresionante, su hermano parecía un ser dulce, lo miraba anonado, de pronto algo extraño se formo en sus labios… ¿una sonrisa? ¿una leve y sutil sonrisa?... no era imposible. De pronto los ojos de su hermano ahora lo miraron a él.

- Inuyasha- dijo con su típico tono neutral. Inuyasha pensó que tal vez le incomodaba por lo que se retiro un poco para no molestar con su presencia que él siempre había odiado tanto.- estas vivo- fue todo lo que dijo.

- Gracias a ti- respondió él-

Sesshoumaru cerró sus ojos y se concentro, de un momento a otro se incorporo y se levanto para mirar a todas las personas que lo acompañaban, Rin, Jaken, Inuyasha y todo su grupo.

- No estoy solo- pensó, algo en su interior se removió.

Debía recuperarse, en eso tenía que concentrarse.

- Jaken!- llamo a su fiel sirviente.

- Amo bonito! Estoy tan feliz que haya despertado…- fue interrumpido.

- Donde esta?- le pregunto con su típico tono frío.

- Por aquí las tengo- dijo el enano demonio, mientras buscaba entre las manga de su kimono café.

De entre ellas saco unas hierbas con flores doradas.

- Aquí están amo bonito- le dijo Jaken mientras se las entregaba.

Sesshoumaru recibió las hierbas y con toda pulcritud que lo caracterizaba se las llevo su boca y con suma tranquilidad las devoro. El efecto fue inmediato, sus heridas comenzaron a cicatrizar con suma rapidez y él comenzó a sentirse mejor, por lo menos las heridas superficiales iban a desaparecer, los huesos rotos iban a demorar un tiempo más en reponerse.

- Sr Sesshoumaru se encuentra bien?- pregunto Rin al ver el cambio.

- No es nada- respondió él, mientras comenzaba a caminar- volvamos al castillo dijo autoritariamente, apenas despertaba y ya comenzaba a comandar todo a su alrededor.

- Nosotros nos quedaremos aquí, hasta que Sesshoumaru se recupere- dijo Inuyasha, pensando que la orden de su hermano era aplicada solo a Rin y Jaken.

- Ustedes también vienen- con esas simples palabras que salieron de su boca fue suficiente para que todos los siguieran, mientras este comenzaba a volar.

En unas horas llegaron al gran y espectacular castillo de Sesshoumaru.

- My Lord, bienvenido a casa- dijo uno de sus tantos sirvientes demonios que salieron a recibirlo.-

- Quiere que nos encarguemos del resto que le sigue, su señoria?- pregunto maliciosamente, otro demonio.

- Son mis invitados- la frase no fue sonora, pero fuerte y ruda, nadie dijo nada más ni miro mal a Inuyasha y su equipo, el tono del señor del lugar decía más que cualquier cosa y esta vez aludía al hecho que si alguien les hacía algo se las vería con él.

De pronto una bella demonio se puso en frente de Sesshoumaru.

- Sr, he preparado todas las habitaciones en cuanto ha llegado, disculpe por la tardanza en recibir su regreso.- dijo la dulce Demonio.

Mokai era una demonio que Sesshoumaru había salvado años atrás y desde entonces se había convertido en la ama de llaves de su castillo, haciendo todo tipo de labores de las manera más impecable que había.

Sin hablarle Sesshoumaru se adentro a su castillo seguido de todos, mientras que Mokai a su lado le daba ciertas indicaciones-.

- He preparado su habitación para su recuperación amo- le decía.

- La cena?- pregunto Sesshoumaru.

- Está por terminar, tuve que empezar a hacer platos para humanos también, por ello me he demorado, discúlpeme amo.

Sesshoumaru en ese minuto pensó " excelente trabajo" algo que jamás le había dicho a Mokai, no era digno de él decir tales cosas… pero aquello no era digno del antiguo Sesshoumaru, él de ahora había cambiado, ya no sería nunca más el mismo, se lo prometió.

Una mirada color miel le atravesó las entrañas, su amo la miraba a directamente a los ojos, no había nada más en ellos que frialdad, ¿Qué había hecho mal?.

- Buen trabajo- dijo de pronto, dejando a la demonio en su lugar paralizada, no la había recriminado, la había felicitado!, eso era más que increíble, pensó.- yo no cenaré, me retirare a mi habitación, encárgate del resto-

Dicho esto Sesshoumaru desapareció de la vista de todos.

Los recientes acontecimientos lo habían dejado estremecido y aun estaba débil, los huesos rotos le dolían, pero no lo suficiente para inmovilizarlo. Se coloco su pijama y se dirigió al velador que siempre sostenía un recipiente y una jarra con agua junto a un vaso. Se sirvió una cantidad de agua moderada y comenzó a apagar esa sed que lo embargaba desde que despertó, no se dio ni cuenta cuando se termino el contenido de la jarra, pero cuando ya no quedaba más, se vio por satisfecho y simplemente se dirigió a su colchón a reposar. Se recostó mientras sentía como lo atravesaban de dolor sus huesos rotos y pensó – tendré que inmovilizarlos- pero lo dejaría para mañana, ahora solo importaba la decisión que había tomado.

Tal vez era tarde para enmendar sus errores en el pasado, pero sentía la imperiosa necesidad de hacer algo por cambiar si quiera el futuro que se avecinaba y para ello ya había tomado aquella decisión: No volvería a dejar que su hermano solo y vulnerable. Era verdad que colmillo de acero lo protegía de todo pero sin la espada su hermano no era nada para un demonio entrenado… pero eso cambiario desde mañana… comenzaría a entrenar a Inuyasha.

Continuara...

DEJEN REW