Curiosidad del Fic: En la idea original de este fic, el niño iba a ser niña y no iba a ser bebé sino adolescente xD Hubiese cambiado mucho la historia, no? Jajaja
Os dejo con un nuevo capítulo, espero que os guste. Muchísimas gracias por las reviews, son de gran ayuda!
Me encuentro en el salón de mi casa, sentado en el suelo al lado de mi hijo, que golpea las teclas de un pequeño piano infantil que le he comprado esa misma tarde. Mi madre se ha ido de cena con unas amigas y Alexis está sentada en el sofá, repasando para un examen que tiene mañana, sin embargo observo cómo le pesan sus párpados y ladea la cabeza hacia un lado.
-Alexis, ve a dormir, estás cansada – Ella asiente y se levanta.
Me da un beso y se agacha junto a Allan, quedándose unos segundos a su lado, pues sabe que mañana cuando despierte, él ya no estará aquí. Lo coge en brazos y le da un sonoro beso mientras Allan juega con su pelo y ríe.
-Espero volver a verte pronto – le susurra antes de dejarlo de nuevo en el suelo – Buenas noches papá.
-Buenas noches cielo.
Cuando Alexis sube al piso de arriba, agacho mi mirada hacia Allan, que ha dejado de lado el piano y ahora juega con uno de sus peluches. Suspiro. La tristeza por su despedida está comenzando a hacer mella en mí. Sé que de un momento a otro, Kate aparecerá por esa puerta y se tendrá que llevar a Allan. Estoy deseando verla, pero no quiero separarme de mi hijo. Este fin de semana junto a él ha hecho que se cree un vínculo especial entre nosotros. Sonrío al recordar que lleva todo el día llamándome papá y eso me ablanda el corazón de una manera muy fuerte.
Unos minutos después suena el timbre. Cojo a mi hijo y juntos nos dirigimos a la puerta. Inmediatamente después de abrir y, al ver que es Kate, Allan se lanza a sus brazos. Kate le abraza con fuerza mientras yo me mantengo en silencio, observando la felicidad de ambos al volver a verse. Cuando Allan finalmente se despega de ese abrazo, para comenzar a jugar con uno de los botones de la camisa de Kate, ella levanta la cabeza también.
-Hola – le digo, con una sonrisa. Me alegra volver a verla, me gustaría abrazarla pero me contengo.
-Hola – Ella me devuelve el saludo con una pequeña sonrisa también - ¿Qué tal se ha portado?
-Muy bien, lo hemos pasado increíblemente bien juntos. Creo que ya no se siente un extraño a mi lado. Y por fin me llama papá.
-Papá – Allan se gira hacia mí al escucharme hablar y repite mi última palabra, haciendo que en mi rostro se refleje esa felicidad plena que llevo sintiendo todas las veces que me ha llamado así hoy.
Miro a Kate y la veo sonriendo, con un brillo especial en su mirada. Parece hacerle también feliz a ella que nuestro hijo me reconozca como su padre y eso todavía me hace más feliz a mí.
-Pasa – le digo, haciéndome a un lado de la puerta – Recogeré sus cosas.
Ella asiente y pasa al salón, mientras yo me dirijo hacia mi dormitorio para recoger el bolso con las pertenencias de Allan. Cuando regreso, Kate ha bajado a nuestro hijo al suelo y éste le enseña el pequeño piano con el que jugaba minutos antes.
-¿Quién te ha comprado esto cariño?
-Papá – dice él, my seguro, señalando con su bracito hacia mí.
Kate sonríe ampliamente al volver a escucharlo, al igual que hago yo. Me mira y parece que va a hablar, pero no lo hace, se queda dubitativa unos segundos más hasta que finalmente habla.
-Gracias por… mantenerme informada de cómo estaba y, por las fotos.
-Era lo menos que podía hacer.
Un silencio se instala entre nosotros, hasta que el ruido de Allan golpeando el piano contra el suelo hace que me agache a su lado y lo recoja, guardándolo en el bolso con sus cosas. Kate se agacha a mi lado y comienza a recoger varios de los peluches de nuestro hijo que hay esparcidos por el suelo. Cuando me los da para que los meta en el bolso, rozo conscientemente sus dedos con los míos, alargando el momento. Nuestras miradas se cruzan por un instante en el que a mí me gustaría agarrar suavemente su cara entre mis manos y poder demostrarle con un beso lo que siento en estos momentos, sin embargo ella se aclara la garganta y se levanta.
-Será mejor que nos vayamos – dice, algo incómoda.
-¿No queréis quedaros un poco más? – pregunto.
-No, es tarde y estoy cansada. Y Allan debería irse a dormir ya.
Yo asiento, apesadumbrado y me agacho junto a mi hijo. Ha llegado la hora de la despedida.
-Hey, pequeño, ¿te lo has pasado bien con papá?
-Chi. Papá – dice él, moviendo de forma decidida su cabeza de arriba abajo.
Lo cojo en brazos, esbozando ahora una triste sonrisa, y lo abrazo contra mi pecho.
-¿Me llamarás mañana, podré verlo? – pregunto, ahora mirando a Kate.
-Sí… Claro – dice ella, que hasta estos momentos nos observaba, también con lo que parece un deje de tristeza en su rostro.
Beso a mi hijo fuertemente en la cabeza y lo bajo al suelo, donde Kate le ofrece su mano y él la agarra inmediatamente, apoyándose contra ella.
-Entonces… hablamos mañana – dice ella, cogiendo el bolso con las cosas de nuestro hijo y colgándoselo al hombro.
Yo asiento y me dirijo hacia la puerta, no queriendo alargar más el momento, pues no creo que sea capaz de remediar durante muchos minutos más el escozor que siento en los ojos.
Kate me sigue hacia la puerta, sin embargo Allan tira de su mano hacia el lado contrario.
-Vamos cariño, tenemos que ir a casa – le dice dulcemente.
-¡No! – Allan grita, negándose a avanzar hacia la puerta y se suelta del brazo de Kate, corriendo hacia el sofá, donde se queda apoyado, mirándonos con los labios apretados en un gesto de enfado.
Kate y yo nos miramos, con cara de circunstancias. Supongo que ninguno de los dos nos esperábamos esta reacción.
-Ven mi amor – le dice, en un tono totalmente dulce.
-No – Allan vuelve a gritar, y cruza torpemente los brazos sobre su pecho, de una manera totalmente graciosa y testaruda que me hace esbozar una sonrisa – Papá.
Esto último hace que se me derrita el corazón. Nuestro pequeño no se quiere marchar, o mejor dicho, no quiere alejarse de mí. Kate y yo nos miramos, sin saber muy bien qué hacer. Ella tuerce su labio y suspira, para después acercarse hasta nuestro hijo. Lo coge en brazos mientras él patalea para que lo baje. Yo miro la escena apesadumbrado pero supongo que es lo mejor, de otra forma no conseguirá que Allan quiera marcharse y sé cómo pueden acabar estos momentos, pues aunque nunca había visto a Allan ponerse tan testarudo, sí he vivido momentos así en el pasado, con Alexis.
-Tenemos que irnos Allan, mañana verás a papá.
Él sigue pataleando en los brazos de Kate. No llora pero su cara sigue siendo de enfado.
-Lo siento – dice Kate, mirándome.
Yo asiento, haciéndole saber que también creo que es lo mejor, antes que hacer que el enfado de Allan vaya a más y sea imposible de lidiar con él para que se marche.
-Adiós Kate – le digo, mientras salen al pasillo, dirigiéndose al ascensor.
-Adiós Castle – me dice ella desde las puertas del ascensor, mientras pasa una mano por la espalda de Allan, intentando calmarlo.
Entro de nuevo en mi casa y me dirijo hacia mi habitación. Me tumbo en la cama y comienzo a pensar. Debería comenzar a asumir que entre Kate y yo no va a volver a ocurrir nada, que nuestra relación se va a limitar estrictamente a nuestro hijo y que seremos como ese tipo de padres divorciados que deben ponerse de acuerdo y dividirse las horas en las que su hijo estará con cada uno. Con ese pensamiento y con alguna que otra lágrima mojando mi almohada siento cómo me pesan los párpados y poco a poco me voy quedando dormido.
Me despierto en mitad de la noche debido a la vibración de mi teléfono bajo mi almohada. Me incorporo y lo cojo, poniéndome alerta de inmediato al ver que el nombre de Kate aparece en la pantalla. Quizás le ha pasado algo a Allan.
-Kate.
-Castle – su voz suena débil al otro lado del teléfono.
-¿Allan está bien?
-Sí, él está bien, es… yo… me he caído.
-¿Estás bien? – digo inmediatamente, preocupado.
-Me he golpeado la cabeza y la pierna, necesito ir al médico pero no puedo dejar a Allan solo.
-Voy para allá.
Cuelgo el teléfono y me visto rápidamente. Dejo una nota para Alexis en la encimera, por si no he vuelto todavía cuando se despierte y salgo del loft corriendo. Paro a un taxi en la calle, pues no quiero perder tiempo sacando el coche del garaje, y una vez dentro, llamo a Lanie, pues sospecho que Kate solamente me ha llamado a mí porque necesita que alguien se quede con nuestro hijo, pero no pienso permitir que vaya sola al hospital. Tal y como había imaginado, Lanie no sabía nada. Le cuento lo que ha pasado y me dice que en unos minutos estará allí.
Cuando llego al apartamento de Kate llamo al timbre y espero impacientemente hasta que ella me abre la puerta. Va cojeando y lleva un pañuelo manchado de sangre presionado sobre la cabeza. Su pelo está húmedo por lo que imagino que se estaba duchando cuando ha ocurrido todo.
-¿Qué ha pasado? – le pregunto, mientras la agarro para evitar que haga más esfuerzo con la pierna.
-Me he resbalado al salir de la bañera – dice ella haciendo una mueca de dolor – Allan está dormido, solo necesito que te quedes con él hasta que vuelva.
Intenta moverse hacia el perchero que hay al lado de la puerta, para coger su abrigo, pero yo la detengo.
-Lanie está de camino, ella se quedará con Allan, no pienso dejarte ir sola al hospital.
-Castle – ella intenta quejarse, al mismo tiempo que me mira con una mezcla de enfado y dolor.
-No - la freno yo antes de que siga quejándose – No estás en condiciones ni de conducir, ni de parar un taxi.
Ella no dice nada más, seguramente porque sabe que tengo razón, y se apoya contra la pared, suspirando. En ese momento llega Lanie, asustada.
-¿Estás bien? – pregunta a Kate, retirando su pañuelo de la cabeza y observando la herida.
-Estoy algo mareada – confiesa ella.
-Vas a necesitar unos cuantos puntos ahí. Marchaos, yo me quedo con Allan – dice la forense.
A pesar de sus quejas, paso una mano por la espalda de Kate, agarrándola y dejando que apoye su peso sobre mí y no haga tanto esfuerzo con la pierna que le duele. Bajamos en el ascensor y nos subimos al taxi que minutos antes me había llevado a mí hasta allí y yo le pedí que nos esperase. Cuando llegamos a las puertas del hospital le pago al taxista, ofreciéndole una sustanciosa propina, y ayudo a Kate a bajar.
Una doctora la atiende inmediatamente, centrándose primero en cerrar la herida de la cabeza, situada encima de la frente, y en la que recibe cinco puntos de sutura. Yo me mantengo a su lado en todo momento, pues tampoco ella me ha pedido que me marche. La doctora le hace algunas preguntas, interesada en saber si se siente mareada o no, y después pasa a examinarle la pierna, explicando que seguramente está fracturada, por lo que debe ir a avisar a su compañero, al traumatólogo, pidiéndole a Kate que mientras tanto se quite el pantalón para que pueda examinarle mejor, pues el dolor se extiende desde la parte superior de la pierna hasta abajo. Siento cómo Kate se tensa cuando la doctora desaparece por la puerta e imagino que no quiere quitarse el pantalón conmigo delante, pero seguramente necesita ayuda, así que le pregunto.
-¿Quieres que salga fuera?
Ella no contesta y la observo con detenimiento durante unos segundos, viendo cómo trata de controlar su respiración, que se ha vuelto nerviosa de repente.
-¿Te encuentras bien? – le pregunto, con un tono de preocupación.
-Ha… ha dicho que era un hombre – por fin reacciona, pero habla asustada y tartamudeando.
-¿Qué?
-El traumatólogo. Ha dicho que era un hombre y… que me quite el pantalón. Yo…
En ese momento lo entiendo todo, entiendo por qué Kate se ha puesto así, por qué está tan asustada de repente. Vuelvo a mirarla, preocupado, y veo sus ojos acuosos, con la mirada perdida.
-Está bien – digo, agarrado su mano, haciéndole ver que estoy ahí – Saldré ahí fuera y exigiré que te revise esa pierna una doctora, ¿vale? – Ella asiente.
-Gracias – susurra, apretando mi mano.
Salgo al pasillo, donde la doctora que ha atendido antes a Kate regresa, con un doctor a su lado. El hombre parece tener más de cuarenta años y no parece desagradable, sin embargo, tal y como estaba Kate, no voy a permitir que ni él ni cualquier otro médico le examinen. Me acerco hasta ellos y les explico por encima el problema, al principio insisten en que el doctor es de confianza, pero al ver mi rotunda negación, acceden a llamar a una mujer traumatóloga.
Vuelvo a entrar en la consulta y Kate me mira, desde la camilla donde está tumbada, interrogándome.
-Van a llamar a una doctora para que te atienda – le digo yo.
Ella suspira, ahora más tranquila.
-¿Quieres que… salga fuera, mientras te desvistes y te examina?
-No, quédate por favor.
Le miro a los ojos y veo su mirada suplicante, así que asiento, haciéndole saber que me mantendré a su lado. Ella se desabrocha el pantalón y comienza a intentar deshacerse de él, yo desvió la mirada hacia un lado, pues, aunque no sería la primera vez que le veo en ropa interior, no quiero incomodarla. Sin embargo comienza a gruñir debido al dolor.
-Necesitarás ayuda con eso, Kate – le digo, todavía sin girarme.
-No. Puedo sola.
Sacudo la cabeza debido a su cabezonería. Ni siquiera sé cómo ha conseguido vestirse sola. Unos segundos después, cuando parece que finalmente ha conseguido deshacerse del pantalón, aparece una nueva doctora. Me giro hacia ella, evitando mirar a Kate, y se presenta, pasando enseguida a examinar su pierna. Yo me siento en una de las salas de la consulta y empiezo a darle vueltas a todo lo que ha pasado. Parece que Kate no ha llegado a superar del todo lo que pasó con Josh, sin embargo todavía confía en mí, pues de otra manera no me habría dejado quedarme allí. Me duele haberla visto así, saber que todavía le persigue lo que pasó y me prometo a mí mismo que voy a ayudarle a superarlo. Giro la cabeza y veo cómo la doctora le examina la pierna, preguntándole los puntos en los que más le duele. Kate está más tranquila y veo que se siente cómoda con la nueva doctora, así que por un momento me permito relajarme y observo sus atractivas piernas, una de ellas doblada sobre la camilla y la otra, la que la doctora le está examinando, estirada. Son perfectas, pienso, desviando la mirada de nuevo antes de que ella o la doctora me pillen.
Unas horas más tarde, Kate está tumbada en una cama de hospital, con la pierna escayolada. Deberá quedarse unas horas más debido al golpe en la cabeza, pero parece que se encuentra bien, así que lo más posible es que en unas horas reciba el alta y pueda ir a casa, donde deberá guardar reposo y no forzar para nada la pierna.
-Ya te puedes marchar Castle, estoy bien, no es necesario que te quedes – me dice ella.
-No me voy a ir – le digo, acercándome a la cama – Ni tampoco te pienso dejar sola hasta que te recuperes.
-¿Qué quieres decir con 'hasta que te recuperes'? – pregunta ella, frunciendo el ceño.
-Kate, ya has escuchado a la doctora, no puedes hacer esfuerzos con la pierna y viviendo sola y con Allan… Necesitas que alguien esté contigo hasta que te recuperes.
-Lanie me ayudará – asegura ella.
-Lanie trabaja.
-Pues le diré a mi padre.
-Kate, déjame ayudarte. Además Allan es mi hijo y así podré cuidar de él. Sabes que mi trabajo no tiene un horario fijo, puedo trasladarme a tu casa sin ningún problema.
-¿Trasladarte a mi casa? – pregunta ella, ahora alarmada.
-Dormiré en el sofá – digo, alzando las manos e intentando hacerle razonar – ¿Qué pasa si Allan se despierta en mitad de la noche?
Ella suspira y rueda los ojos, sin embargo no me dice que no, ni vuelve a quejarse, así que supongo que eso es un sí.
-Intenta descansar un rato – le digo, dirigiéndome hacia la ventana y viendo cómo Nueva York amanece.
-Castle… - dice, unos minutos después – Lo que ha pasado antes…
Yo me giro para observarla y ella se mira las manos, nerviosa, antes de continuar.
-¿No se lo cuentes a Lanie, vale? Yo estoy bien, estoy recuperada, ha sido solo…
-¿Sigues yendo al psicólogo? – le corto yo.
-No, ya te he dicho que estoy bien.
-Kate, eso de antes no es estar bien.
Me arrepiento en el acto de haber soltado esa frase así y veo cómo las lágrimas se empiezan a agolpar en los ojos de Kate.
-Lo siento – le digo, y me acerco más, atreviéndome a sentarme en el borde de la cama – Mira, entiendo que estás casi recuperada, pero todavía hay cosas que tienes que superar. Sigues necesitando ayuda Kate.
-¡No lo entiendes! – grita ella, alzando la voz – Si se enteran de que sigo necesitando ayuda tendré que volver a estar de baja durante un tiempo y no quiero dejar de trabajar.
Yo asiento, sé que para Kate el trabajo es una vía de escape, que lo necesita para huir de sus problemas y que se siente bien al hacer lo que hace. Sin embargo también sé que está asustada y tiene miedo de sentirse vulnerable como se ha sentido hace un rato.
-Ahora vas a estar unas semanas de baja por la pierna, podemos buscar un psicólogo mientras tanto. Nadie se tiene que enterar si no quieres, pero acepta esa ayuda para poder recuperarte del todo. Por favor.
Ella asiente y yo respiro aliviado al saber que se dejará ayudar, aunque sé que no va a ser fácil. Kate es demasiado cabezota y en eso no ha cambiado.
-Ahora duerme un rato, yo te aviso cuando venga la doctora.
Poco a poco, Kate consigue dormirse y yo me quedo sentado en el sillón que hay al lado de la cama, observándola dormir.
