¡Hola de nuevo! Bueno, subo este capi justo antes de marcharme (: así que hacedme feliz y me dejáis un comentario como regalo de bienvenida, así cuando vuelva tengo algún review, que eso a quién no le gusta… Lo he hecho todo lo largo que he podido para compensar mi ausencia T-T así que disfrutadlo :D
Solo decir que Inazuma Eleven no me pertenece, y que si lo hiciera, Endo no se habría casado con Natsumi (typical topic, lo sé u.u)
CAPÍTULO 7
"La apariencia seduce, la personalidad enamora"
Abrió los ojos, sin saber qué había pasado ni dónde demonios estaba. Enseguida, un dolor punzante y molesto atacó su cabeza. Maldijo por lo bajo y se quitó la sábana de encima, sintiendo de pronto la brisa sobre su cuerpo. Se miró. Estaba medio desnuda. Se llevó las manos a la boca y emitió una exclamación ahogada. Miró rápidamente hacia la cama en la que estaba sentada. No había nadie, pero no suspiró aliviada, sino preocupada. El chico con el que había pasado la noche bien podía haber ido al baño o a desayunar ya… Se levantó y dio una vuelta sobre sí misma, observando la habitación y sus pósters de Audioslave, Lmfao y Apparat, unas cuantas prendas desperdigadas por toda la estancia, y un escritorio con columnas de CD y un aparato de mezclas, con unos de esos enormes cascos enchufados y colgando despreocupadamente por el borde de la mesa. Se extrañó. Ella creía que había ido a parar a casa de Hiroto, pero el único maniático de la música que conocía, era…
-Ah, ya te has despertado –Midorikawa Ryuuji la miró, bostezando, un instante y luego se dirigió al armario, buscando algo que ponerse. Sacó lo primero que encontró, ante la mirada atónita de Ulvida.
-¿Qué… cómo coño he acabado yo aquí? –se abrazó a sí misma, intentando taparse con los brazos. El chico se quitó la camiseta, mientras replicaba:
-No te molestes, anoche ya vi todo lo que tenía que ver.
Haruna Otonashi se sintió muy extraña al despertarse en una cama que no era la suya, hasta que recordó las circunstancias de la noche anterior. Se levantó y fue a la cocina, haciendo memoria por el camino. Toda la casa estaba igual a como recordaba, incluso le vino a la cabeza el día en que ella e Ichirouta pintaron monigotes en el pasillo. La librería y el jarrón de flores rosas que rodeaban la mancha que recordaba la travesura allí seguían, exactamente en el mismo sitio. Dio unos pasos y vio a través del cristal de la puerta de la cocina que la luz estaba encendida. Abrió la puerta y se sentó en una de las sillas de alrededor de la redonda mesa, mientras Kazemaru preparaba tostadas, con una cara de muerto realmente impresionante. Ahora parecía más emo, incluso. Se dio la vuelta y miró a Haruna como si acabara de recordar que estaba allí. Le sirvió una tostada medio quemada y musitó un "hola" casi inaudible. Ella sonrió, divertida.
-¿Resaca? –Kazemaru la miró, entrecerrando los ojos.
-¿Resaca? ¿Por qué iba a tener yo…? –se palmeó la frente, recordando- Oh, mierda… ¿fui muy imbécil ayer? –le preguntó a la peli azul, abatido. Esta se quedó pensativa un momento.
-Bueno… un poquito.
-No me mientas –bebió un sorbo de café de sobre, arrugando la nariz al notar el amargo sabor en su lengua- ¿Qué hice?
-Tranquilo, te sentaste en un sofá y te quedaste mirando a la mesa, diciendo muchas tonterías… nada demasiado loco… eso me recuerda… Ulvida –dudó en llamarla durante unos segundos, pero puesto que, si la hubiera necesitado para algo, su amiga ya la habría llamado a esas horas, lo dejó estar. Miró el reloj. Las once y media. Se encogió de hombros, mirando a su amigo- Bah, ya llamará. Y no te preocupes, mi querida amiga se llevó toda la atención, ¿no recuerdas su striptease?
El peli azul abrió los ojos como platos.
-Striptease –repitió, clavando la mirada en Haruna- Diablos, siempre me pierdo lo mejor –refunfuñó, medio en serio, medio en broma- ¿A ti no te duele la cabeza?
-Yo solo tomé un Martini.
-Chica lista –repuso, terminándose el café de un trago y metiendo la taza en el fregadero.
La peli azul abrió los ojos de golpe. No podía ser. No podía haberlo hecho con Midorikawa, le odiaba. Se odiaban desde tiempos inmemoriales, y las cosas no cambiaban así como así, ni siquiera porque estaba borracha. Intentó decir algo, pero no le salían las palabras. Se sentó en la cama, vencida, y empezó a llorar. No quería hacerlo delante de ese idiota, pero no se pudo contener, al saber que le había dado su virginidad a quien más odiaba en el mundo. Pero el moreno la miró, extrañado, y se sentó con ella. La oji azul le pegó un débil empujón, apartándole.
-Aléjate de mí… -le dijo.
-Tranquila, no te voy a comer. Aunque deberíamos ir a desayunar, por si acaso –bromeó. Vio que la chica no se reía ni un poco, y se preocupó- Oye, ¿te pasa algo? Estás tensa… bueno, más bien pálida.
-¡Déjame en paz! –gritó, con lágrimas en los ojos- Lo de anoche… ni siquiera recuerdo nada…
Entonces, el peli verde cayó.
-¡Ah…! Espera, ¿crees que tú y yo hemos…? –les señaló alternamente. Ella se sonrojó.
-¿No ha sido así? –Midorikawa se rió con ganas.
-No, claro que no, yo no soy como ese novio tuyo. No me aprovecharía así de nadie –la miró fijamente, sonriendo para darle confianza- Y no te preocupes, con él tampoco pasó nada.
-¿Pero… qué hago en tu casa? –sollozó un poco, confusa, y se limpió las lágrimas con las manos. Él le tendió un pañuelo, que ella aceptó enseguida. Midorikawa le explicó lo que había pasado, y la peli azul comprendió cuán estúpida había sido al confiar en Hiroto…- No me lo puedo creer… ¿qué es esto, una comedia en la que yo soy la tonta?
-La borracha, querrás decir. Menudo striptease te marcaste… -eso explicaba el comentario de Mido de que ya había visto "anoche" todo lo que tenía que ver.
-¿¡QUÉ! –exclamó, preocupada. Él volvió a reír.
-Oye, dime exactamente qué es lo último que recuerdas y yo te cuento lo que pasó después, porque me sorprendes cada vez más.
-Lo último que recuerdo es que tú me besaste, cabrón.
-Ah, jajaja, es verdad, ahí empezaste a beber.
Las once y media. El Gordo debía estar al caer. Atsuya recorría las calles de la ciudad con la capucha puesta, tentado de ir a casa de Shiro. No. No podía. Su hermano, a pesar de ser un buen tipo, no iba a entender las razones por las que estaba en esa… ¿se le podía llamar secta? Bueno, no, no tanto como eso. Aunque hacían juramentos y hermanamientos con sangre. Como él y Tobitaka. La cicatriz de su brazo izquierdo dejaba claro dónde se había hecho el corte hacía ya varios meses. Él le había pasado unas gotas de su sangre a Seiya, y este a Atsuya, y a partir de entonces, eran hermanos de sangre. Se debían lealtad entre ambos.
El peli rosa meneó la cabeza, intentando dejar de pensar en su hermano, el de verdad. Hacía tres meses, Fudo había reclutado a Atsuya, y este se había ido de casa con el grupo, formado por él, Fudo, Tobitaka, Osamu, y otros dos de los que nunca conseguía recordar el nombre. Aunque quizá era porque pocas veces acudían a la guarida y a las reuniones. En todo ese tiempo que estaba pasando en la calle, Atsuya había aprendido algo muy importante, y es que nunca, por ninguna razón, debía anteponer nada ni nadie a sus derechos u oportunidades, y era una regla que no pensaba cambiar. El único por el que lo habría hecho, era Shiro, pero por suerte, él estaba en casa, seguro, fuera de ese mundo de sangre y peleas nocturnas.
Minutos más tarde, Ryuuji seguía con su relato mientras Ulvida buscaba en su armario una camiseta que no le fuera demasiado grande. Cuando escuchó que se había ido a una habitación para montárselo con Burn y Gazel a la vez, se quedó asombrada. Y todas las cosas que hizo antes, también. Soltó una palabrota y cerró el armario de Midorikawa. Maldita su manía de que la ropa le colgara como si fuera un patán.
-¿Por qué demonios usas tallas tan grandes siendo tan canijo?
-¡Oye! Mido exactamente 1'73, en teoría, no soy un canijo.
-Ja, solo cinco centímetros más que yo.
-Pues qué enana eres… -se burló. Ella le tiró un cojín.
-¿No tienes… ropa de tu madre o algo así? –el oji negro se alteró un momento, luego miró hacia otro lado y relajó el rostro y, sin contestar a su pregunta, salió por la puerta, mencionando que quizá quedase algo de ropa de la última novia estable de su tío.
Ulvida, al quedarse sola, frunció el ceño. ¿Y por qué no le respondía a lo de su madre? Sacudió la cabeza, ¿qué más daba? Volvió a curiosear la habitación, esta vez más detenidamente. Se puso los cascos y encendió el aparato. Un tema de Jay-z le perforó los oídos, consiguiendo que se los quitara a toda prisa (los cascos, no los oídos), dejándolos colgando otra vez. Apagó la máquina, y se sentó en la cama. Miró debajo: solo suciedad y basura inservible.
Entonces, se fijó en los cajones de la mesita de noche. Abrió el primero, y sacó un marco de fotos. Una mujer en cuya muñeca se clavaban varias agujas conectadas a la máquina que se encontraba detrás de ella, sonreía como podía, pasando un brazo alrededor del cuerpo de un niño de pelo verde recogido en una coleta y con el flequillo por el medio de esos ojos negros y enormes, que se encontraba a su lado, también sonriendo y haciendo el gesto de los dos dedos. No cabía duda de que el niño era Midorikawa, y pensó que la mujer podría ser su madre. Las cosas se ordenaron en su mente. Claro. Por eso él había reaccionado así cuando la mencionó, quizá le había ocurrido algo, seguía enferma o estaba... La puerta se abrió a sus espaldas, haciendo que se sobresaltara y guardara el marco rápidamente donde lo había encontrado. El niño de la foto, ahora con la coleta mal hecha y unas ligeras sombras bajo los ojos, le lanzó un pantalón vaquero viejo, pero por lo menos, era de su talla. Se lo puso.
-Gracias.
-La chica, la novia de mi tío, se llamaba Lindsay. Era un poco tonta, si quieres mi opinión… sonreía todo el rato, y era muy fácil tomarle el pelo. Pero vestía bien.
-Ya veo… -dijo, fijándose en la marca del pantalón. No se atrevió a preguntarle lo de la foto.
-Y usa esta camiseta. Es mía, de las pequeñas, estaba entre la ropa de la plancha, pero imagino que no te importa.
-No, no -Carraspeó- Oye, ¿tus padres…?
-Mi padre seguramente ya se habrá ido a trabajar. Y no creo que haya pasado por mi cuarto, porque si no, me hubiera despertado para echarme la bronca. No es mal tipo, pero tiene mucho estrés encima. Además, con mi tío por aquí, que le llena la casa de tías buenas…
-¿Y… tu madre qué dice?
-¿No te apetece desayunar? –a la chica le sorprendió lo bien que sabía cambiar de tema cuando no le interesaba hablar de algo, pero se rindió por ahora, no quería resultar muy pesada. Por otro lado, era Midorikawa… pero se calló.
-Sí, tengo un poco de hambre.
-Pues mi tío ya le habrá hecho el desayuno a quien sea que haya traído a casa, y el mío supongo que también, así que yo me cojo el de su novia, y tú el mío. Para que no te lo quite a ti –Ryuuji le dedicó una sonrisa, aunque por dentro tenía miedo de que le volviese a preguntar sobre su madre. Sin embargo, Ulvida le devolvió la sonrisa, se puso la camiseta y fue con él hasta la cocina.
Kazemaru, seguidamente, fu a la nevera y cogió una botella de agua y otra de vodka, de su padre. Cogió un vaso de cristal y vertió un poco de las dos en él, bajo la mirada atenta y curiosa de la Otonashi. Iba a explicarle el motivo por el que hacía aquello, cuando sonó el timbre. La chica, pensando que eran los padres del peli azul, se encogió, apretando con fuerza la taza que tenía entre las manos. Él abrió, y segundos más tarde, ella se relajó, oyendo las voces de Endo y Kazemaru, gritando y quejándose. A medida que las voces se acercaban, Haruna pudo entender que, al igual que Kaze, Endo tenía una espantosa resaca, y Fubuki, que iba con ellos pero cuya voz no había oído alzarse más de lo que la alzaría una persona normal y corriente, le había arrastrado hasta casa del emo porque era el único que tenía vodka, lo que, según parecía, era un remedio contra la resaca. Haruna comprendió.
Dos pares de ojos se clavaron en ella, sorprendidos de encontrarla allí a esas horas, y con aspecto de recién levantada. Como cualquiera habría hecho, por supuesto, pensaron mal.
-Uh, no queríamos molestar, Kaze, si quieres, volvemos más tarde –sugirió el peli plata, con una mueca de burla casi inadvertida en el rostro. Haruna entrecerró los ojos, pensando que Fubuki era un demonio en el cuerpo de un angelito.
-Eh, no penséis mal, ella está aquí porque… -empezó a decir Kazemaru. Se quedó trabado al llegar a esa parte, ya que… bueno, él no se acordaba de todo- Diles por qué, Haruna.
-"Traidor…" –pensó la chica- Era tarde cuando llegué y era peligroso salir a la calle sola. Así que me quedé a dormir. No sé cómo puedes ser tan malpensado, Fubuki-kun.
-Jaja, ¿yo? –preguntó, con cara de no haber roto nunca un plato. Haruna rodó los ojos y le echó azúcar a su café. Tres, cuatro cucharadas. Mientras Kaze la miraba sorprendido, bebió un trago de la mezcla mágica. Endo le arrebató las botellas y se dispuso a beber de morro. El peli azul le dio una colleja y se las quitó, poniéndolas en la mesa y dándole un vaso. Fubuki no necesitaba uno, él había estado sobrio todo el tiempo. Al igual que la Otonashi, no era amigo del alcohol- Bueno, ¿y qué tal anoche, Kaze? Ninguno de los tres te vimos… Bueno, ahora que lo pienso, tampoco a Midorikawa, a saber dónde se ha despertado.
-Buah, si se le ha ocurrido volver a ese bar del que le echaron la otra vez… -Endo movió negativamente la cabeza, en gesto de preocupación.
-¿Por qué le echaron? –preguntó Haruna. Fubuki y los demás la miraron, no estaban acostumbrados a hablar con otras personas de sus locuras de borrachos, por llamarlas de algún modo.
-Más o menos por decirle a una camarera algo parecido a lo que te dijo a ti el otro día –respondió el castaño.
"¡Eh! ¿Cuánto cobras por una noche?" Haruna no quiso ni pensar lo que le podrían haber hecho al peli verde cuando se enteró de que la camarera era el hijo del dueño, que pesaba ciento veinte kilos. Seguro que cosas mucho peores que una patada en el culo. Rió y bebió un poco de café. Mordió la tostada, aunque escupió en seguida. Estaba negra por uno de los lados.
-Entonces, ¿no sabéis nada de ese retrasado? –preguntó Shiro con superioridad, cruzándose de brazos al tiempo que se apoyaba en la encimera. Haruna y Kazemaru negaron con la cabeza. La Otonashi pensó si debía contárselo a los chicos, pero acabó dándose cuenta de que probablemente no podría convencer a Ryuuji de que no dijera nada.
-Yo le mandé un recado antes de llevarme a Kazemaru-kun de la fiesta –comentó. Los demás la miraron, extrañados.
-¿Y te dijo que sí?
-Claro.
-Pues debes de caerle muy bien, ese payaso no hace favores a nadie –dijo el peli plata.
-Lo cierto es que… le mandé a vigilar a Ulvida.
-¡Es verdad! Vi que Hiroto se la llevaba en su cochazo –intervino de nuevo Fubuki- Salí a tomar el aire un momento –mintió, al ver sus caras de sorpresa.
-Ah. ¿Y lo ha cumplido? –preguntó Endo.
-No lo sé. Creo que después le vi en su moto, aunque ellos le llevaban mucha ventaja, pero con tal de que no haya dejado que Ulvida… -todo el grupo estaba atento a lo que iba a decir, pero no podía descubrir ese secreto de su amiga, así que se disfrazó la realidad. Como solo un buen periodista, sabe hacer- Que no haya dejado que Ulvida haga nada borracha. No le gusta despertarse sin saber dónde está y… en fin, ya sabéis. Espero que haya llegado a tiempo –miró su café, como si estuviera hablando con él, y se lo terminó por fin.
En la cocina, un rostro masculino cuyos ojos inspiraban amabilidad y confianza, se volvió para mirar a los dos jóvenes. Ese debía de ser el tío de Midorikawa, pensó Ulvida. El hombre, de pelo verde, también, le sonrió a la chica y le dio los buenos días. Luego le preguntó a su sobrino si era su novia. Este, llenando una taza de café, despreocupadamente, negó con la cabeza. La peli azul notó calor en sus mejillas, pero lo ignoró. Se sentó en una de las sillas, al lado de una mujer pelirroja de pelo corto, posiblemente el rollo de una noche del tío de Ryuuji, que le recordó a Hiroto. Se le ocurrió preguntar por él.
-Oye, Ryuuji –era la primera vez que ella decía su nombre, pero el oji negro, demasiado dormido para notarlo, la miró, con cara de signo de interrogación- ¿qué dijo Hiroto cuando se fue?
-¿Kiyama? Bueno. No le importó demasiado dejarte ahí tirada… menos mal que era mi casa, y no un hotel barato. La próxima vez, procura cuidarte mejor y no beber tanto -El pitido de la tostadora al terminar su labor le dio ganas de morir a la oji azul. Cerró los ojos, dolorida- Yo no voy a estar ahí para perder mis llaves siempre –le sonrió, guiñándole un ojo. Ella esbozó una sonrisa, pero su dolor de cabeza era mortal.
-¿Resaca? –preguntó el tío de Ryuuji. Ella asintió- Toma –el hombre abrió la nevera y le tendió un botellín de cerveza. Ulvida pestañeó, perpleja- Bébetela, te hará bien –ella le miró, con una mueca de desconfianza que hizo reír al peli verde- Confía en mí, Ulvida, llevo años levantándome con dolor de cabeza.
Goenji intentó pensar con claridad, cuando ya no le quedaba comida, ni dinero. Esa banda a la que había intentado unirse… no le dejaban entrar sin hermanarse con alguno de los miembros, o salvándole la vida a uno de ellos, y puesto que lo segundo era prácticamente imposible, dado que ellos eran el doble de fuertes y expertos que él, necesitaba decidirse de una vez. Después de todo, darle un poco de su sangre a un desconocido no podía ser tan malo… ¿verdad? Era una tontería. Sí, no era para tanto. Se chocó con alguien encapuchado, que le gritó, violento.
-¡Eh, mira por dónde vas…! –pero ese alguien se calló al darse cuenta de con quién hablaba- Eres Goenji Shuuya, ¿verdad? –le preguntó, tranquilamente, como si lo de los gritos nunca hubiera pasado. El rubio asintió- Si mal no recuerdo, tú querías unirte a nosotros –hasta ese momento no le sonaba de nada, pero detectó un timbre conocido en la voz, y supo que se trataba del mismo chico encapuchado que había visto cuando fue a visitar al jefe de la estúpida banda. Volvió a asentir- Ven conmigo.
Por alguna extraña razón que no lograba ni le apetecía comprender, estaba siguiendo a un desconocido encapuchado a través de un callejón sucio y oscuro, sin saber ni su nombre, y rompiendo todas las reglas de seguridad que tenía aprendidas de memoria. Al llegar, el chico se puso frente a él, sin descubrirse el rostro, aunque se le notaba serio.
-Escucha, chaval. Vuelve a casa –Goenji le miró, perplejo.
-¿Qué? –el otro chico pareció cansado.
-Que te vayas. Tú no tienes nada que hacer en este mundo, no pintas nada aquí, no eres de la calle y no estás hecho para ella. Además, hay gente que te necesita.
-¿De qué diablos me estás hablando? –el de piel pálida se quitó la capucha, pero Shuuya no le reconoció, debido a las sombras del callejón. El desconocido se puso a la luz, y entonces quedó tan boquiabierto, como se había quedado tres meses antes, al escuchar que el hermano de Shiro, al que tenía ante sus ojos en esos instantes, se había ido- ¡Atsuya!
-Sí. Por favor, hazme caso, no hagas como hice yo.
-¿Por qué te fuiste? Shiro se volvió loco buscándote.
-Pero luego fui a verle y a decirle que estoy bien.
-No tenías por qué marcharte…
-Tú tampoco.
-No. Yo sí tengo una razón.
-Vale, entonces cuéntamela –pidió el peli rosa, apoyándose en la pared a su lado.
-No puedo. Nadie más que yo lo sabe –Atsuya resopló y se apartó, poniéndose la capucha otra vez. Se dirigió hacia la única salida del callejón, suspirando cansado- Hey, ¿adónde vas? –el oji verde se dio la vuelta.
-A ninguna parte, como todos los que estamos metidos en esto. Oye, vuelve a casa, con tu hermana… ayer la encontré por aquí, te estaba buscando. Unos tíos iban a… bueno, no sé lo que estarían pensando hacerle, pero no creo que fuera nada bueno. Tranquilo, la llevé a casa, estaba muy nerviosa. Te echa de menos.
-¿Qué…Yuuka vino a buscarme?
-Claro, pelele, supongo que eso es lo normal, ¿no? Entre hermanos…
-Entonces, tú deberías volver a casa también.
-Yo sí que no puedo hacer eso, en algún momento me encontrarían, y si no volviera a la banda, harían daño a mis seres queridos, Shiro… -bajo la mirada, dolido- ¿Cómo está? Mi hermano, quiero decir.
-Creo que mejor. Los primeros días estaba volcado en encontrarte, pero ahora se conforma con dejar una llave debajo del felpudo, por si vuelves. Tenías que habérselo dicho antes, le dejaste muy mal.
-Lo sé, pero no podía, es complicado. Bien, -cogió aire, poniéndose serio de pronto- ¿me harás caso y volverás a casa? –el oji negro se lo pensó, pero al final llegó a la conclusión de que no le merecía la pena.
-Lo siento. No. Yuuka aprenderá a vivir sin mí… -y dicho esto, se marchó, dejando a Atsuya en el callejón, preocupado por Yuuka.
Ulvida decidió al fin hacerle caso al experto y se bebió la cereza poco a poco. Todos empezaron a parlotear entre ellos, y la pelirroja parecía perfectamente integrada, a pesar de que, según tenía entendido, el tío de Mido la conoció la noche anterior. La única que permanecía callada en la mesa era Reina, quien daba pequeños sorbos a la cerveza, de vez en cuando. Para cuando terminaron el desayuno, el dolor de cabeza ya se le había pasado.
-¿Ves? –Dijo el tío- Funciona.
-Gracias –le sonrió ella.
Midorikawa se la llevó a su habitación, y los dos estuvieron buscando las llaves de Ulvida, el vestido sucio y roto (la razón por la que la peli azul había necesitado otra ropa), sus pendientes y sus zapatos. Lo encontraron todo esparcido por el cuarto.
-Bueno. Pues entonces ya te puedes ir… a menos, claro, que mi compañía te haya parecido demasiado encantadora y no quieras marcharte –bromeó, sonriendo como solía hacer él. Ulvida también sonrió, pensando en la foto.
-Debo irme ya, Mido-chan…
-Espera, ¿cómo has dicho?
-Eh… ¿Prefieres que siga llamándote imbécil? Porque, por mí, ningún problema –dijo ella con una mueca burlona.
-No, mi nombre me gusta. Entonces, ¿cómo era? Ah, sí… adiós, Ulvida.
-Adiós, Mido-chan.
Ulvida salió de allí esa mañana con una opinión de Midorikawa muy diferente a la que tenía hacía doce míseras horas. Sin darse cuenta, ya no le odiaba tanto, y un sentimiento de ternura le invadiría cada vez que recordara a ese niño pequeño, algo que hizo siempre que veía al peli verde, a partir de entonces.
Ok, ya está, tiene 3956 palabras, ahora sí que ya no nos vemos hasta después del 20 de agosto. Pensándolo mejor, quizá sea el 17 o 18, no lo sé muy bien. Bueno, os prometo que no pararé de escribir y escribir mientras esté fuera, mi ordenador es portátil, así que no preocuparos, el único problema es que no dispongo de internet allí donde voy ¬¬ Y si encuentro un bendito locutorio, o han puesto wifi en el pueblo, quizá el capi llegue antes de lo que esperáis (:
Os quiero, mis queridos lectores (: Ya sabéis, a vivir, ¡y no la liéis mucho!
¡Chao!
