Capítulo 7

Jake:

Me sonrió, sus labios se curvaban exactamente como yo los recordaba. Su piel era más pálida, su pelo parecía más oscuro comparado con ella. Era más elegante en la manera de moverse, no tan desgarbada y torpe como la chica que yo había conocido...

Y después sus ojos. Ya no eran marrones y cálidos y cariñosos... sino dorados. Destellaban bajo la luz. El siempre presente rubor de sus mejillas que había llegado a amar no volvería a aparecer.

Pero lo peor, lo que hacía que mi corazón volviera a desgarrarse una vez más... era el silencio. Su corazón había dejado de latir, la sangre había dejado de correr por sus venas. Bella estaba muerta, congelada por su querido vampiro. Y cómo apestaba a eso.

-Hola Jake- dijo Bella, ¡como si ésta fuera una visita sin importancia! Sentí la ira hervir en mi pecho, mis manos se volvieron puños y mi mandíbula se cerró fuertemente. Se sobresaltó ante mi reacción, pero ya no me importaba. Antes, mi enfado se habría evaporado ante algún signo de su incomodidad, pero ahora, me regocijaba en él.

-¿Qué quieres?- solté. Con los ojos escaneé las sombras de la cocina, examinándola.

-Él no está aquí, Jacob. He venido sola.- su voz se había vuelto tan fría como su piel. Sus ojos estaban impasibles.

-No estoy seguro de que haya sido una buena idea- dije, y me arrepentí. Incluso aunque sólo verla me desagradaba, me enfermaba y me entristecía, no me habían enseñado a meterme con las chicas.

-Jacob... tú no...- empezó a regañarme Billy, pero Bella levantó una mano para acallarlo.

-No, Billy, está bien... entiendo que está enfadado conmigo, y lo siento mucho Jake. No sabes lo que me hizo...

-Eso te convirtió en un monstruo- le solté, y ella volvió a sobresaltarse, pero se recompuso rápidamente. Así que... de verdad quería al chupasangre y no había estado usándolo. Pero ya no importaba. Yo no podía hacer nada para dar marcha atrás...

Me apegué a la imagen de Cara, luchando para no quebrarme otra vez. Ella me mantenía conectado a la tierra, el recuerdo de su risa, la imagen de su sonrisa y sus ojos... Cara, Cara, Cara... Bella, Bella, Bella...

¡No! ¡¿Por qué estaba roto?! Tenía a Cara y ella era todo lo que yo necesitaba... todo lo que yo quería, ahora. Pero no podía evitar recordar a la antigua Bella. No importaba cuánto lo intentara, lo que sentía por Bella, mi Bella, estaba aún ahí... encerrado en el fondo pero desapareciendo con cada día que pasaba con Cara.

-Jacob, eso es innecesario. He venido a ti buscando ayuda. Necesito...- la volví a cortar.

-¿Ayuda? ¿Para qué me necesitas? ¿Por qué no puede ayudarte tu nueva familia? Ellos son indestructibles, ¿recuerdas? Por esa misma regla, por qué no te ayudas tú misma... ¡y te vas!- giré sobre mis talones, mis manos temblaban, mis pulmones a punto de colapsarse, pero no fui lejos.

Tres palabras y supe que esto era más de a lo que Bella podría llegar para torturarme. Supe que esto era más que cualquier cosa a la que nos hubiéramos enfrentado antes.

-Charlie ha muerto.

Cara:

Esperé frente al teléfono todo el día, andando de un lado para otro ansiosa. Jake debería haber llamado para entonces, o por lo menos Embry o Quil ¡o incluso Paul! No podía soportar no saber qué estaba pasando. Si algo estaba pasando.

Pero había algo sobre ese asesinato. Me temblaba el cuerpo sólo de pensar esas palabras...

Toda la sangre había sido extraída...

Toda la sangre había sido extraída...

Extraída...

Extraída...

Sangre.

Simplemente no estaba bien. ¿Cómo se podía extraer toda la sangre de un ser humano? No era algo que oyeras y dijeras "bueno, pues otra muerte que añadir al montón".

No esto... esto era algo mucho más complicado que eso.

Sobre las 5 el teléfono sonó finalmente. Me abalancé sobre él y contesté al segundo tono. Era Jake, sonaba muy tenso y cansado. Inmediatamente me preocupé...

-Llevábamos razón, Cara... algo va mal.- suspiró al otro lado de la línea; me podía imaginar su expresión, las cejas fruncidas.

-Ya me lo imaginaba, gracias... ¿qué significa eso?- apreté el teléfono, temiéndome la respuesta.

-No puedo explicártelo por teléfono... voy a recogerte en diez minutos, hay una reunión de la Manada- nos despedimos, me puse los zapatos y salí a las escaleras de la entrada a esperar mientras mis pensamientos volaban.

¡Vampiros furiosos en Washington!

¡Todo un pueblo asesinado por fanáticos chupasangres!

¡Pesadillas hechas realidad! ¡Vampiros salvajes!

Sacudí la cabeza mientras otros títulos acudían a mi mente y escuché el familiar retumbar del Rabbit. Jacob subió hasta mi bordillo y salté sobre el asiento del copiloto, la tensión ya se me pegaba.

Condujimos en silencio, nada más que el sonido del motor del Rabbit, y los latidos de mi corazón. Movía la pierna arriba y abajo inconscientemente y me mordí el labio con cólera. La cálida mano de Jake en mi rodilla me hizo pegar un salto y volví la cabeza para mirarle a la cara.

-Relájate... estás haciendo que me ponga aún más nervioso.- casi puso esa fácil y encantadora sonrisa, pero sus ojos estaban más oscuros que nunca... no, eran del mismo matiz marrón que habían sido la primera vez que lo vi en los bosques cerca de mi casa. Casi negros y llenos de dolores ocultos.

-Lo siento.- murmuré y volví a morderme el labio, mirando ausente por la ventana. El aire que entraba por la ventana abierta olía a peligro, tristeza... y miedo. Me puso ansiosa.

Paró en frente de su casa y apagó el motor. Miró el volante un momento y antes de que pudiera parpadear, sus brazos me rodeaban, abrazándome fuerte y firmemente. Me deslicé por el asiento y me uní a su abrazo, sintiendo cómo el calor me envolvía.

Me sujetó así lo que parecía para siempre, pero parecía como si fuera más para su propio beneficio. Sus hombros estaban menos rígidos, aunque sus ojos apenas estaban más iluminados. Jacob me sonrió y pude ver que sus ojos estaban tristes. Abrí la boca para decir algo pero sus labios estaban sobre los míos antes de que tuviera oportunidad... De todos modos, no recuerdo cuáles eran esas palabras.

Lentamente, sus labios se movieron sobre los míos, pero se volvieron más desesperados. Cuando nos separamos estaba jadeante y mareada y me di cuenta de su propia respiración entrecortada.

-¿Para qué ha sido eso?- pregunté.

-Para asegurar.- No pregunté para quién había que asegurar, pero tenía el presentimiento de que no era para mí.

Jake me cogió la mano más fuerte de lo normal mientras nos dirigíamos hacia su garaje, donde seguro que la Manada estaba esperando. Podía oírlos hablando en susurros antes de que abriéramos la puerta y entonces todos se callaron a la vez. Esa sensación de que todos estaban hablando sobre ti me era algo familiar.

Nada de saludos joviales esta noche, sólo un reconocimiento sombrío. Apenas había tenido tiempo para echar un vistazo cuando todos se levantaron.

-¿Preparados para esto?- Sam, el mayor y el líder, él era más... estricto y serio que los otros pero no obstante era amable. Siguió mirando a Jake, midiendo su reacción. Jake asintió secamente y por fin soltó mi mano, su mano se cerró en un puño fuerte y sus nudillos se pusieron blancos.

No dije nada hasta que estábamos fuera en los bosques, preparándonos para el cambio. Para mis adentros estaba temiendo el ataque de la mente de la Manada, pero me lo tragaría, sólo por esta vez.

-¿A dónde vamos?- le pregunté a Quil en un susurro. Me miró un segundo con una expresión meditabunda, luego miró a Embry a mi otro lado.

-¿Crees que debería venir?- Odiaba cuando hacían eso. Hablaban como si yo no estuviera ahí. Siempre lo hacían, se olvidaban de que sus mentes no estaban conectadas bajo forma humana.

-Creo que él la necesita ahí, a ella más que a ninguno de nosotros.- contestó Embry mientras se quitaba la camiseta. Me sonrojé y giré la cabeza hacia el otro lado.

-¿Por qué no debería venir? ¿Y por qué él la necesita a ella?- pregunté antes de suspirar y mirar hacia delante. Quil se estaba quitando la sudadera. Yo, en medio de dos descamisados y cachas licántropos Quileutes. Mi día de suerte. Lástima que sólo hubiera un Quileute al que yo quisiera ver sin camiseta.

-Perdón, pequeñita... sigo sin darme cuenta de que estás ahí, ¡eres tan condenadamente baja!- Quil me desarregló el pelo con una sonrisilla, pero suspiró cuando le eché una mirada amenazadora-. Bueno... esto puede ser duro para el viejo Jake y tú... no creo que seas consciente de lo buena que eres para él... antes de ti él...

-¡Pues parece que va sobre ese tiempo, eh, ¿Quil?!- Embry le pegó en la cabeza antes de salir corriendo, Quil le siguió. Segundos más tarde, dos inmensos lobos se volvieron a unir a nosotros, corriendo entre los árboles.

Una rama me golpeó por detrás y me giré para ver un lobo gris alejándose de mí, su cabeza se alzó un poco y vi un brillo en sus ojos. Leah... me preguntaba cuál era su problema.

Sin nadie detrás de mí, me alejé del camino un momento, me quité pantalones y camiseta, los guardé en mi mochila y di paso a mi forma de lobo.

No dolía, cambiar de forma. Era como... un masaje muy raro. Tensando y alargando. En cuestión de segundos me convertí en un lobo de color vino oscuro, uniéndome a la Manada e intentando no desmayarme.

Estúpida, no es una de- Quil, aún me debes veinte- ¡No te debo una porra! Tú- Nos estamos acercando, pegaros al rastro todo lo que podáis- ¡Sí señor! Hey, me muero de hambre- La odio, debería volvers- Leah, ¡Siempre poniéndolo difícil! Cáll- No pienses en ella... no, no, no, no- ¿Intentándolo con el método Zen, Jakey?- Que te- No está bien... yo no debería estar aqu- ¡Uff! Odio esto... ¡Me duele un montón la cabeza!

Pestañeé y me sacudí para aclararme la mente. El eterno runrún y torbellino de pensamientos no acababan nunca. No eran sólo palabras invadiendo mis pensamientos, sino imágenes. Chicas en las que los chicos se habían fijado, el examen que Quil había suspendido, Emily -la chica en la que Sam había imprimado-y...

Normalmente los pensamientos de Jake resaltaban sobre los de los demás- para mí al menos. Sus pensamientos eran como una emisora sintonizada clara y perfecta en un campo estático. Pero él estaba extrañamente callado y latente.

Paul cállate, eres idiota -no es verdad, sólo porq- sólo por nada, lleva razón- ¡gracias Embry! Te- ¡PASAMOS DE TI!- dios Leah, me has roto el co- ¿Jacob?- pizza suena bien- ¿sí, Cara?- De acuerdo escuchadme, esparciros, ya están aquí- ¿quién está aquí?- woohoo, tío, estos pavos saben de verd- huelen fatal- tu también Paul- No te preocupes. Estaré bien, te lo prometo. (*Los pensamientos de Cara van en negrita y los de Jake en subrayado)

Mirando alrededor, supuse que estábamos justo en la frontera de La Push y Forks, el pueblo del al lado. Donde ese poli había sido asesinado. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, se me puso el pelaje de punta. Estaba mejorando en lo de acallar los pensamientos de los demás pero aún me volvían loca.

A la orden de Sam, todos nos dispusimos en una sola línea y otra vez me quedé empotrada entre Quil y Embry, el dúo dinámico. Mirando hacia la izquierda, Embry me dedicó su sonrisilla lobuna y Quil hizo algo como oscilar las cejas.

A pesar de sus actitudes despreocupadas, podía sentir la tensión en el aire. Todos estaban entrenados y preparados para atacar, esperando ansiosos lo que pasaría después. Como si fuéramos uno, avanzamos por entre los árboles hasta que llegamos a la carretera principal, llenándola en su anchura. En la frontera había tres coches, bueno, un coche, un deportivo, y un monstruoso camión gigante. No pude ver a nadie alrededor hasta que, de repente, cuando parpadeé, ahí había 9 personas.

Eran tan pálidos, que podrían haber estado muertos y haberse aparecido virtualmente de la nada. Había algo que no encajaba del todo... Que me hacía arrugar la nariz y querer echarme atrás, pero el hombro de Quil golpeó el mío ligeramente y seguí avanzando.

Nos paramos en la línea divisoria y pude ver mejor esta gente. Tomé una bocanada de aire. Eran hermosos, más hermosos que nadie que hubiera visto en mi vida. Piel y facciones perfectas, brillaban con una luz interior sobrehumana. Supe, por algún instinto, que estos no eran mis amigos sino mis enemigos...

Dos de ellos dieron un paso hacia delante a la vez que Jacob -en forma humana- y los otros se echaron hacia atrás. Podía sentir varios ojos sobre mí... y algo. Como so alguien picando en mi cabeza. Pero no como la Manada. Mis ojos se dirigieron al de pelo cobrizo. Parecía ser el macho más joven de los cinco pero era igual de maravilloso.

Parpadeé confusa, entonces algo encajó.

¿Quiénes son esta gente?- Son la razón por la que Jake te necesita aquí, Cara- Diré- No entiendo- ¿Ves a la hembra del frente, de pelo largo negro?- Sí, ¿qué le pasa? Hubo un titubeo en todas sus mentes, inseguros de si lo debían decirlo. La voz de Sam entró en mi mente. Esa es Bella.

Giré la cabeza para mirarla de nuevo. Unos celos dementes me inundaron. ¡¿Cómo podía quererme Jacob después de haberse enamorado de ella?!Ella era una diosa y yo era un parásito. Pero recordé algo que había dicho Jacob... tan importante que lo había descubierto todo a pesar de que no me había dado cuenta.

Él dijo que estaba muerta- En cierto modo lo está- ¿A qué te refieres?- Utiliza tus sentidos, Cara. Dime qué notas...

Y entonces, el viento sopló en nuestra dirección. Simultáneamente, todos nos echamos atrás, encogiéndonos. El olor era casi arrollador. No podía señalar qué era... nada humano, eso era seguro.

¡¿Qué es eso?!- El olor de los Fríos- Vampiros, niña- Os dije que apestaban, pero na- ¡CÁLLATE PAUL!


Uff pues sí que me ha costado actualizar... siento mucho el retraso, pero ahora que ya estoy asentada en el nuevo curso podré ponerme al día e intentaré subir uno o das capítulos a la semana. Espero que os guste y que sigáis comentando jiji. Besos