Rojo escarlata.

La mirada de Flowey en ese momento era aterradora, le sonreía guiñándole un ojo, como si jugara con ella. En cambio Frisk no entendía nada, intentaba encontrar una respuesta sin abrir su boca, pero no era capaz de procesar lo que sucedía.

—Estás loco, Asriel.

La flor ardió en rabia al escuchar ese nombre y protestó.

— ¡Humana idiota! A penas y recuerdo tus manos empuñando ese cuchillo ¿No eran sueños, como Alphys lo dijo?

La castaña se levantó de la cama y se acercó a Flowey, quien retrocedió. Quizás si lo tocaba ¿Se volvería humano? ¿Asriel? ¿Aquella cosa horrible? Pero nada sucedió cuando sus dedos acariciaron tímidamente uno de sus pétalos. Recordó que en aquella línea temporal las almas jamás estuvieron en su poder, por lo que ni siquiera él tendría memorias de eso.

—Todo fue una pesadilla. Quizás soñaste con Chara…

—No, no te atrevas.

—Lo lamento, Flowey, no puedo ayudarte. No soy el humano del cual hablas.

La flor observó como Frisk volvía a vestirse, tomaba sus cosas y salía de la habitación en silencio. La castaña se encontró con Alphys muy concentrada en uno de sus proyectos. La científica tardó un rato en notar la presencia de la castaña, por lo que se acomodó las gafas cuando la vio.

— ¡Frisk! ¿Flowey volvió a molestarte? Lo siento…

—No te preocupes. Quizás deba volver a casa — Le respondió sonriente, pero aun así, preocupada por dentro. Rodeó con los brazos a su pequeña amiga y salió del laboratorio para encontrar a la Persona del Rio, ya que se encontraba demasiado cansada como para caminar nuevamente.

El monstruo le hizo una seña y la castaña se subió a la pequeña barca.

— ¿Dónde vas?

—Snowdin, por favor — Y con esas palabras, comenzaron a moverse. Luego de unos minutos de silencio, casi al llegar a Snowdin, escuchó hablar a su acompañante.

—Tra la la. Cuidado con el hombre que habla en señas.

No era la primera vez que escuchaba esa frase. Y cada vez que le preguntaba a alguien el significado de ella, recibía respuestas vagas o simplemente la evasión del tema, en el caso de Alphys y Sans.

Se despidió y caminando por las frías calles de Snowdin, llego hasta las Ruinas en donde se dio cuenta que la casa estaba solitaria. Entró a su habitación y se encontró con una bandeja en la mesa de noche, con un vaso de jugo, un trozo de butterscotch pie y una nota.

'Frisk, lamento lo que sucedió anoche. Tengo unos pendientes que hacer, pero en cuanto llegue hablaremos ¿Si? Descansa, mi niña'

Es como si Toriel intentara controlar todo en su vida. La mujer era buena, pero aun así, no era su madre. No del todo.

Tomó uno de sus pijamas y buscó un calendario, tenía que sacar cuentas. En la habitación de la mujer cabra encontró uno, afortunadamente Toriel tachaba los días que pasaban y así podría orientarse rápidamente. Descubrió que pasó unos cuantos años atrapada en las líneas temporales con Chara y, a pesar de resetear en múltiples ocasiones, su cuerpo continuó creciendo.

Faltaba poco para su cumpleaños número dieciocho, aunque jamás quiso contarle a nadie aquello. El cumpleaños, su apellido, sus orígenes, eran y serian un secreto para todos, hasta cuando decidiera revelarlo.

Se cambió de ropa y se metió a la cama. Necesitaba sacarse de la cabeza el encuentro con las almas, con Flowey y a Sans. Principalmente a Sans.

Quizás simplemente debería esperar a cumplir la mayoría de edad, así no tendría todos esos tontos problemas legales que leyó alguna vez en los libros de Alphys, conocería a un humano o a una humana y todo continuaría su rumbo normal. Recordó las veces en que en algunas líneas temporales salieron a la superficie, pero tomó la decisión de resetear, básicamente por miedo.

Se encogió sobre sí misma, abrazando con fuerza una de las almohadas. El alma, brillante bajo su pijama, dolía como nunca.

¿Por qué todo tenía que terminar así?

Los ojos comenzaron a pesarle y con suavidad, se durmió en la solitaria habitación de las Ruinas.

. . .

Sans llevaba un buen rato escuchando los regaños de Papyrus y de Undyne, realmente no sabía si largarse a reír o llorar.

Todos estaban reunidos en la casa de los hermanos esqueleto, luego de lo sucedido con Frisk. Incluso tuvieron que arreglárselas para tener en el mismo lugar a Toriel y Asgore, quienes escuchaban en silencio.

— ¡Esto lleva años sucediendo, Sans! ¿Qué demonios tienes dentro de ese cráneo? ¿Aire?- Gruñó la guerrera, cruzándose de brazos observando al esqueleto. El hermano mayor solo escuchaba con las manos metidas en su chaqueta, apretando los puños con fuerza.

—U-Undyne, quizás Frisk no…

—Solo lo llamé para preguntarle algo, no sabía que ellos tenían una cita…

Con aquellas palabras saliendo de la boca de Toriel, Sans y Asgore fruncieron el ceño.

—tori, no. No lo empeores más.

— ¡HERMANO! LA HUMANA PARECIA CONFUNDIDA HOY. TIENES QUE SER MAS CLARO CON ELLA.

—Todos ustedes, escúchenme un segundo — La voz profunda del ex rey fue clara y concisa, recibiendo la mirada de todos los presentes — Por si no lo han notado, Frisk ya no es una niña. Quizás deberíamos comenzar a hablar como adultos con ella y no así, como si de un niño haciendo travesuras se tratase. Los motivos por los que ella llegó aquí no son de nuestra incumbencia hasta que decida contarnos. Por ahora, nos toca ser lo que somos. Tomar el rol de padres, amigos y continuar como lo hemos hecho hasta ahora—

—Por favor, Dreemurr…

—No, Toriel. Tu problema conmigo debe quedar fuera de esto. Así como ustedes dos deben dejar de confundir a la joven humana—

La mujer cabra se sorprendió. Suspiró sonoramente evitando el contacto visual con el rubio, quien sonrió de medio lado.

—welp, no hay otra opción. Hablare con ella ¿Contentos?

—SANS…

—Nadie te obliga, huesitos. Solo no sigas haciéndole daño…—Undyne parecía bastante molesta con toda esa situación.

—Mañana. Dejémosla descansar por hoy.

Toriel se levantó y se despidió con un gesto de mano. Seguido a ella, Asgore, Undyne y Alphys abandonaron la casa de los hermanos.

Ambos esqueletos se observaban en silencio. El menor movía los huesos de sus manos, notoriamente incómodo.

—iré a dormir bro. Buenas noches.

El esqueleto mayor se levantó del sillón en el cual había estado sentado todo el tiempo. Papyrus asintió, ni siquiera intentando mantener consigo a su hermano por más minutos.

El esqueleto menor se acomodó en el espacio que su hermano desocupó antes, llevándose las manos hasta la cara, intentando cubrir sus cuencas.

¿Y si Frisk se decidía y dejaba de alguna manera el Underground?

En cambio Sans, en su habitación, caminaba de un lado a otro, nervioso. La chica estaba incrustada en sus huesos más de lo que le gustaría admitir ¿En qué minuto sucedió todo eso? No tenía conciencia en el minuto en que la castaña pasó de ser una niña a la que había que ponerle venditas todo el tiempo, a claramente, una mujer hecha y derecha. Ella ya no titubeaba cuando a decisiones se refería, ni estaba constantemente pidiéndole ayuda, ni lloriqueando por estupideces como solía hacerlo.

Le costó un mes entender, en esa nueva línea temporal, que estaba absolutamente perdido por una mujer humana.

Y también entendió que aquello era tan incorrecto como solo imaginarlo.

. . .

Frisk despertó de un sobresalto. Miró la pantalla de su teléfono, era pasado el mediodía. Las pesadillas habituales le dieron el inicio a su día y con pereza, se metió a la ducha y fue hasta la cocina para encontrarse con Toriel leyendo y bebiendo una taza de café.

—Buenos días, dormilona.

—Buenos días, Toriel.

La castaña se sirvió una taza de té, también acompañado por un trozo de pastel. La mujer cabra continuaba leyendo, hasta que decidió hablar con su hija adoptiva.

—Frisk.

— ¿Si? — Dijo la joven, aun con un poco de pastel en la boca. La mujer frunció el ceño y negó con la cabeza.

— ¿Quieres volver a la superficie?

La castaña tragó a duras penas y el apetito desapareció en un instante. Miró a todos lados y soltó un suspiro, negando con la cabeza.

—Mamá, quiero que esto se hable solo una vez ¿Esta bien?

—Si, mi niña.

—A veces quiero saber cómo está mi madre, la biológica, por supuesto. Como ha enfrentado la vida, si me olvidó, si aún me busca, ese tipo de cosas. Esas preguntas me atormentan a veces, eso es todo.

La mujer cabra no pudo evitar abrir la boca un poco. Así que la madre de la niña existía en el minuto en el cual decidió escalar el Monte Ebott.

—Pero dadas las condiciones, no podremos ir allí y…

—No te preocupes. Se lo dije a Sans y lo vuelvo a repetir. Aquí encontré a mi verdadera familia, puedes estar tranquila.

La castaña le sonrió a su madre adoptiva y ella le devolvió el gesto, de cierto modo preocupada en su interior. Se puso de pie, besó la sien de la mujer cabra y fue hasta su habitación, para ordenar sus cosas y comenzar su trabajo.

Cuando salió de las Ruinas vio a Sans en su puesto de trabajo. El esqueleto estaba dormitando con un hotdog en la mano que tenía una cantidad excesiva de kétchup. Le saludó a la distancia, agitando su mano, sin acercarse demasiado a él, por lo que el hermano mayor soltó un suspiro y le dedicó una sonrisa amplia a la distancia.

En el minuto que uno de los dos diera el primer paso, conversarían, pero Frisk consideró que aquel no era el momento.

La joven tuvo una tarde ajetreada en el restaurante de Grillby, toda su jornada de un lado a otro sin mencionar que uno de los clientes dejó caer al suelo un vaso de vidrio, por lo que al recogerlo se cortó un poco la palma de la mano izquierda, que le molestó todo el resto del día. Fue gracioso para ella ver al hombre de fuego tratar de acomodar una venda que detuviera la sangre que no podía evitar que emanara de su cuerpo. El color carmesí manchó el inmaculado blanco del vendaje, pero Frisk lo ocultó la mayoría del tiempo ignorando el suave dolor.

A las once de la noche en punto Grillby la envió a casa, por lo que la chica acomodó sus cosas en una mochila y salió tranquila del lugar.

De cierto modo se encontraba en paz luego de lo sucedido.

Llegó hasta la lámpara convenientemente ubicada frente al puesto de Sans y la observó con nostalgia. Sonrió frente al aparato y sintió una punzada en su lesión, por lo que sacó la mano del bolsillo y se encontró con la mayoría de la venda de un rojo escarlata intenso.

Suspiró y a la memoria se le vino un horrible recuerdo: Aquella no era la primera vez que tenía las manos manchadas de sangre. Se quitó el vendaje y decidió envolver su herida en la bufanda que Toriel le tejió, cuando unas gotas de sangre cayeron a la nieve, quitándole su pureza.

— ¡HUMANA! ¿QUÉ HACES AQUÍ…? ¡ESTAS HERIDA!

Papyrus se acercó a la joven, notando que la castaña lloraba en silencio. Quizás aquella herida dolía demasiado, por lo que tomó la mano entre sus guantes, intentando pensar en alguna forma de ayudarla.

—Lo lamento tanto, Papyrus…

— ¿COMO?

—Jamás quise hacerte daño, Pap.

— ¿DE QUE HABLAS, HUMANA? SI TE REFIERES A ESAS HORRIBLES PESADILLAS ¡SON SOLO ESO! TU ERES… ERES… COMO MI HERMANA MENOR ¿SABES? A VECES SE SIENTE BIEN SER EL MAYOR. EL GRAN PAPYRUS CONFIA ABSOLUTAMENTE EN TI, FRISK.

Por fin se lo decía con una amplia sonrisa en el rostro. Notó que la castaña se limpió las lágrimas y le devolvía el gesto, mirándole con ojos cristalinos.

—Sé que la curación funciona con Sans, no sé si sea lo mismo conmigo — Le susurró, cambiando de tema. Vio flamear el anaranjado ojo del hermano menor y sintió un poco de miedo. Seguramente la personalidad de Papyrus impedía mostrar su poder absoluto.

— ¡TENGO UNA IDEA! SI ME TRANSFORMAS EN HUMANO, QUIZAS FUNCIONE.

Ella abrió la boca, sorprendida, asintiendo rápidamente. Colocó su mano sana en la mejilla del esqueleto y de inmediato el mayor se volvió un humano. Jamás entendía como aquello pasaba.

— ¿Estás seguro?

—NYEH HEH HEH— Fue lo único que recibió como respuesta. El esqueleto invitó a la castaña que se sentara en la nieve frente a él, mientras un aura anaranjada los rodeaba a ambos, más intensa en uno de los ojos de Papyrus. Se quitó uno de los guantes y colocó su mano tibia sobre la herida, la que comenzó a cicatrizar ante la sorprendida mirada de la humana.

— ¿qué demonios, ustedes dos?

Sans los observaba con una mirada no contenta del todo, aunque al ver la expresión alegre de su hermano jamás le haría malpensar la situación.

— ¡SANS! FRISK ESTABA HERIDA Y ¡MIRA! EL GRAN PAPYRUS PUDO ARREGLARLO.

—bien, bien, pero deja que vaya a casa, o estar en la nieve hará que se enferme.

Papyrus asintió y como un caballero, levantó a Frisk del suelo. Para su sorpresa, Sans usó su poder en el alma de la chica levantándola del suelo y comenzando a caminar hacia las ruinas. El esqueleto menor levantó ambos pulgares en dirección a la castaña, quien le sonrió despidiéndose con un gesto de mano.

Lo vio desaparecer de su vista y se decidió a hablarle al bromista.

—Sans. Te escuchabas un poco celoso.

—chica, no juegues conmigo.

El esqueleto la dejó en el suelo cuando estuvieron frente a la gran puerta de las Ruinas. Se rascó la nuca, como si no supiera como empezar a hablar.

— ¿Crees que las personas puedan cambiar?

Esa pregunta le tomó por sorpresa, aunque negó varias veces.

—no del todo.

—He cambiado, durante todos estos años.

—por favor, Frisk, eres una niña aun. No me hables como si fueras un adulto.

—Sans, estoy a punto de cumplir dieciocho años, lo que me convierte en un adulto. Tú tienes que dejar de tratarme como una niña, o…

— ¡¿qué?!

La castaña solo asintió, sonriente.

—Realmente espero que algún día seas capaz de perdonarme por todo el daño que hice. Sé que no es fácil y quizás jamás lo hagas, pero es lo que más deseo en este momento.

Se acercó sutilmente al esqueleto, abrazándolo suavemente.

—chica, yo…

—Si dirás que esto es incorrecto, no lo hagas. Me rindo, no puedo luchar contra un cráneo testarudo como el tuyo, peor aún si todo el mundo en esta línea temporal conoce lo que siento.

Se separó de él, con una sonrisa melancólica, dejándolo de pie, pasmado, mientras entraba a las Ruinas.

El esqueleto estaba impactado en su lugar viendo la silueta de la joven desaparecer. Él estaba decidido a aclarar todo ese tema y al final la niña se le adelantó, pero sentía un dolor agudo en su alma azulada, que brillaba de manera suave.

Aquella situación le dolía como el infierno. Aunque dentro de sí sabía que hacer las cosas bien no significaba precisamente hacer lo correcto.

Tomó una bocanada de aire y se decidió.

Lo aclararía todo.


Bueno, pues este capitulo está algo raro, no sé. Es mi opinión, la lluvia me tiene así, supongo xD

paxX No pos casi (?) Aquí hay muchas confusiones. Opino que deberían casarse y ya xD Gracias por tu comentario, espero que te guste este capitulo :)

Capitana Pirata Sofia Ay, lo siento. Soy una mujer trabajadora-estudiante, pero aquí ya esta el cap :) Gracias por el entusiasmo.

Lisa108 Desde que jugué UT me imagino a Sans como ese bromista que cuando se pone nervioso lo jode todo. Creo que lo estoy reflejando en esta historia xD Gracias!

Fer W Me gusta, amiga, pero creo que te hago sufrir. No sé cuanto tiempo más darle a estos dos. Muchas gracias!

FaZe Erza Dios, haz durar el fanfic, o vas a sufrir con mis pausas dramáticas xD Gracias por tus comentarios!

PandaHero No sabes como te entiendo, obsesionada total con este hermoso juego. Tampoco me gusta el Soriel, bueno hay muchos ship que no me gustan, pero por algo estoy pseudo aclarando el Sans-Frisk, dejándola a ella mujer y mayor de edad, porque ya sabes, se lee mucho que este ship es pedofilo y shiets varias.

Siempre tratan de verle el lado malo a las cosas. Pero bueno, en fin. Gracias por tus hermosos comentarios y espero que te guste este capitulo.

Setchan.

PD: A los que leen Cicatrices, estoy esperando saber que pasa con Hanji. Eso, cambio y fuera *se va a llorar intensamente*