Sin más, akí está el lemmon... Lo cuelgo llena de inseguridades... Ya me direis vuestra opinión TT


7-. NO, NO HAREMOS NADA SIN SMOKER…

- Sabes a tabaco…- susurró ella cuando se deshizo del beso. Apenas separó su cara unos milímetros de la de él.

El de Logue volvió a besarla, esta vez más salvajemente. La rodeó por la cintura y la atrajo hacia si, profundizando el beso. Al no notar rechazo por parte de ella se envalentonó y convirtió sus besos en un festival de lenguas, labios y mordiscos.

La gruesa chaqueta del capitán pronto descansó en el elaborado suelo del dormitorio, desde donde fue testigo de más besos.

- Estás realmente sucio…

Fuera volvía a llover. Las gotas de la furiosa lluvia golpeaban contra los cristales de la ventana y apenas se veía nada a través.

- ¿Y eso te gusta?

- Sí…- Hina agarró la cabeza del hombre para guiar los besos.

Pronto se vio arrinconada por Smoker, que la encajó sobre el escritorio y se apoyó entre sus largas piernas, con una mano a cada lado de ella en la mesa. El capitán dejó de preguntarse por Nezumi, por T-Bone, por su barco, por la lluvia y por todo. Solo podía ver el banquete que se le servía en bandeja de plata y en como disfrutarlo al máximo. ¿Seguiría siendo igual debajo de la toalla?

Hina sintió deseos de hacerle daño de cualquier manera. Volver a tener toda esa carne para ella sola despertaba un punto olvidado dentro de ella. Se apartó de su boca y clavó descaradamente sus dientes en una clavícula de Smoker, sonriendo al oír la reacción. Cargaba sus cartuchos, y disparaba. Paseó las uñas por su dibujada espalda, clavándolas más fuertemente en puntos estratégicos, obligando al albino a doblar hacia atrás toda su espina dorsal.

Fuego creía que corría por sus venas en vez de sangre, buscando una mota de pólvora para explotar. Estaba conteniéndose de arrancar esa maldita toalla de un solo movimiento, no quería ser demasiado ansioso. Quería tomarse su tiempo en cada zona que sabía que enloquecía a su amante, pero necesitaba ya sentir piel contra piel. El mordisco bajo su cuello era un ataque en toda regla con toda la artillería por delante y no pensaba quedarse atrás. Agarró las nalgas de la mujer y la atrajo al borde del escritorio, apretándola contra su febril cuerpo.

No pudo más. Sostuvo las manos de Hina sobre su cabeza y le mordió el cuello. Era su hora de pasar al modo ofensivo. Beso y lamió todo lo que la toalla le permitía y se deleitó en los primeros cánticos de derrota que entonaba Hina en forma de gemidos entrecortados. Ella ni siquiera intentaba forcejear para librarse de la mano de Smoker que sujetaba las suyas. Notaba que necesitaba ese castigo y la toalla estaba empezando a ahogarla.

Smoker le soltó las manos justo cuando Hina movió las caderas inconscientemente para encajar al hombre perfectamente entre ellas. Gruñó roncamente al notar a la mujer de lleno en su punzante erección. La besó y empezó a embestir contra ella, cuando la capitana dio con el interruptor.

De golpe la única luz que les permitía verse entraba por la ventana lluviosa. La intensa luz del mediodía se aplacaba por el agua y creaba un ambiente idóneo. Smoker volvió a posar las manos en el trasero de su amante y para su sorpresa la toalla había desaparecido.

- No apagues la luz…- susurró- Quiero verte…

- Shhht…- Hina negó con la cabeza- Me ves perfectamente.

Cuando los ojos se acostumbraron a la falta de luz, Smoker posó una mano en cada uno de los pechos que ahora veía casi perfectamente. Vio también la reciente herida que se dibujaba en la piel de la mujer. Apenas cuatro puntos, ni siquiera una venda. Hina sonrió y llevó la cabeza hacia atrás. Rodeó la cintura de Smoker con sus piernas, apretando sus pelvis con rudeza.

Gotas de agua escapaban de sus cabellos y se perdían en el escote que Smoker dominaba con sus fuertes manos. Como si estuviera al mando de un grande y potente navío sentía el poder que adquiría de propia cuenta. Buscó la boca de ella porque la necesitaba más que a la nicotina. Sintió las manos de Hina bajar por su torso, deleitándose, hasta perderse más allá de su piel.

- Eres preciosa…

Sintió moverse la hebilla de su cinturón. Unas hábiles manos la desataban nerviosamente.

- Cállate, maldita sea, Smoker.

Logró deshacerse de la traba y tiró de la tira de cuero hacia sí, sacándola completamente casi sin esfuerzo. La lanzó fuera de su campo de visión y se dedicó ahora al botón y la cremallera de los pantalones azules. Smoker la miraba mientras ella le desnudaba. Estaba prácticamente igual. Como siempre mucho mejor desnuda que con sus trajes, tersa, suave, llena, exuberante, perfecta…

De golpe el pensamiento sobrevino en su cabeza. No había sido consciente hasta ese momento de cuánto deseaba a esa mujer. La apretó contra si de nuevo, obligándola a apartarse de sus pantalones. La levantó del escritorio como si no pesase nada y la llevó a la cama lentamente.

- Cierra el pestillo- pidió ella cuando notó su cuerpo sobre las sábanas-. Si alguien entrase…

Él obedeció rápidamente y volvió al ataque más ofensivo. Se colocó sobre ella poniendo cuidado en su estómago, pues la herida permanecía destapada. Volvió a besarla con rabia. Ella se olvidó de las molestias de la herida y buscó con sus caderas las de él, queriendo sentirle plenamente. Paseó las manos por su amplio pecho, reconociendo cicatrices y encontrando algunas nuevas, mientras sentía que no sería capaz de dejar de besar nunca a ese hombre.

Oyó caer las dos botas de Smoker al suelo y notó como la cama empezaba a empaparse por el agua que soltaba su cabello. Ni siquiera se había secado la piel con la toalla. Apartó al capitán de encima suyo y tomó las riendas, decidida a hacer saltar sus duras defensas. Se sentó sobre él y volvió a su tarea con el pantalón del hombre, ofreciéndole una vista de su cuerpo que Smoker no dudó en examinar.

También tenía algunas cicatrices nuevas, fruto del estilo de lucha de Hina, siempre cuerpo a cuerpo. Aunque dudaba que muchos hombres hubiesen sido capaces de dañarla por la fuerza. Hina era dura y ruda, y en cuestiones de combate no era de las que se echaba para atrás. Sus pechos se elevaban ante él, tal y como los recordaba, redondos y blancos. Sus manos parecían haber reconocido aquél cuerpo que no pudo ser capaz de no acariciar.

Su pantalón empezó a descender por sus piernas hasta que lo perdió de vista. Hacía frío, pero dentro del dormitorio todo parecía arder, hasta sus pieles parecían quemar al tacto. Hina no sabía si después de eso iba a arrepentirse o no de su locura, pero por el momento no iba a desperdiciar ni una sola oportunidad de disfrutar. Así que no prolongó la muerte de la última prenda que le estorbaba.

Se besaron durante rato, se acariciaron, se clavaron las uñas. Hina, sentada sobre él, clavó los dientes en su pecho, se deleitó en sus abdominales, los mordió; besó sus hombros, sus brazos y apretó los pezones del hombre entre sus dientes. Él la miraba excitado, disfrutando de cada uno de sus movimientos. Hina, al pasar, rozaba en ocasiones la entrepierna del hombre con sus pechos, y aunque no podía verlo, sabía que el hombre debía tener la expresión marcada por el placer.

La capitana se detuvo en su ombligo. Hundió su lengua en él y mordió el trozo de carne de encima. Oyó a smoker gruñir. Estaba consiguiendo volverlo loco antes de ponerse en serio, y eso animó a la mujer a seguir con sus torturas. Las manos de Smoker bajaron, buscando a Hina. Agarró su cabello húmedo y tiró levemente de él. Sus miradas se cruzaron un momento y la mujer se dio por satisfecha. Lo tenía comiendo de su mano.

Necesitaba subir un nivel y lo sabía. Besarle el ombligo le pareció algo casto comparado con lo que pretendía hacer en ese momento. La erección del hombre estaba justo ahí, y tomó el miembro entre sus manos. Smoker cerró los ojos, sabiendo lo que le esperaba. Y no se defraudó. Disfrutó al máximo lo que Hina le estaba haciendo y no se sorprendió cuando la vio acercar la boca a su sexo.

Cerró los ojos para que sus demás sentidos no le hicieran perderse una sola de las sensaciones que estaba sintiendo y Hina inició el sabido movimiento. Sintió la humedad de su lengua recorrer su miembro de la base a la punta, y luego la calidez del interior de su boca. Tras un rato volvió a tomarla por el cabello, apartándolo de su campo de visión. Ahora quería verlo todo, ver como su amante le proporcionaba tanto placer lo volvía todo mucho más excitante. Dejó escapar sin querer un ronco gemido.

No quería que todo terminase tan pronto pero sentía que se estaba dejando llevar. La paró y Hina abandonó su tarea. Se tumbó a su lado, mirándole a los ojos, y volvió a besarlo.

Smoker sintió de repente una enorme sensación de dejá-vu, que le hizo sentir cosquillas en el estómago. Cuando pensaba que el lazo que los unía estaba más roto que nunca ocurría eso, y algo dentro de él le decía que el lazo había vuelto a unirse, esta vez con nudo triple. La atmósfera que estaban creando era magnífica para ambos.

Hina también de dejó envolver por ese extraño calor y evocó momentos pasados con él, mientras abría las piernas para dejar que el hombre se colocara entre ellas. Sabía que era su turno ahora. El capitán abandonó sus labios y descendió dibujando con su lengua hasta sus pechos. Los apretó con sus manos y los besó. Le hubiera gustado poder detener el tiempo y estar así hasta hartarse, sintiendo el golpeteo acelerado del corazón de Hina. Atrapó uno de los pezones con sus labios y empezó a notar la respiración de la mujer acelerarse.

Era delicioso estar ahí, sobre Hina, mordiéndole los pechos como un niño hambriento. Le hacía sentir importante poder ponerla así, a ella, a la mujer más autoritaria que jamás había conocido. Decidió aventurarse un poco más, deseoso de ver la cara de la mujer haciendo muecas de placer. Ella le miraba fijamente a los ojos, ansiosa por ver más y haciendo esfuerzos por no dejar escapar ningún gemido aún a pesar de no poder controlar su respiración apenas.

Sintió una de las manos del capitán bajar por su cuerpo hasta sus muslos. Smoker acarició la parte interna de sus piernas, desde la rodilla hasta las ingles, arrancándole jadeos, mientras su boca no abandonaba sus pechos. La mujer le agarró la cabeza, clavándole los dedos. No era capaz de pensar con claridad, decidir si estaba bien o no, si se iba a arrepentir, si... Todo escapaba de su control, no tenía tiempo de decidir porque Smoker volvía a invadirle la boca con su lengua. Era algo rabioso, más un mordisco que un beso, y en medio del alboroto, la mano del capitán se coló en su entrepierna.

Un gemido se perdió en la boca del hombre y Hina se estremeció de arriba abajo. Había dedos en su entrepierna, dedos en sus pezones y una lengua explorándole salvajemente la boca. Nada estaba en su dominio, todo era cosa del azar y la buena suerte. Lo único a lo que alcanzaba era a agarrar la nuca del hombre y clavarle las uñas en la espalda, mas inconscientemente que a sabiendas, pues su mente parecía haber cerrado por vacaciones.

Smoker abandonó su boca para clavar los dientes en su cuello. La olió y se perdió en su aroma embriagador, en el olor natural de la piel de la capitana. Sus dedos parecían no obedecerle, moverse solos, guiarse por instinto. Se abrieron paso en su sexo hasta encontrar su clítoris. Hina soltó un sonoro gemido y Smoker, al oírlo, pensó que si alguien los oía desde fuera le importaba un cuerno. Prefería mil veces escuchar a la mujer gemir. Así que movió sus dedos, friccionando suavemente el sexo de la mujer, se aventuró de vez en cuando a introducir un dedo en su cuerpo, la oyó gemir, intentando ahogar sus gritos sin lograrlo apenas, la vio agarrarse con fuerza a su carne, a la almohada, a las sábanas, intentando liberar algo de tensión. La miró, queriendo gravar esa imagen en la retina por si no volvía a repetirse.

- ¿Te gusta?

El susurro de Smoker en su oído le derritió los tímpanos. Su voz era un potente añadido, afrodisíaca, masculina. Era como un ronroneo que se clavó en ella, estremeciéndola y excitándola. Asintió con la cabeza y se dio cuenta que estaba en el único lugar en el que sus órdenes no valían para nada, en el que tenía que dejarse llevar por los deseos de otro. Mientras, ella gemía en su oído, clavando sus uñas en su dura carne, empezando a sentir cerca un orgasmo, preparándose para dejarse ir. La mano de Smoker se apartó de ella, dejándola con la miel en los labios. Ahora era él el que daba las órdenes de manera silenciosa. Sentía el cuerpo de Hina temblar levemente bajo él y volvió a besarla, esta vez más pausadamente.

¿Nezumi?. ¿T-Bone?.¿Quién demonios eran esos? Lo único que parecía ocurrir, lo único importante era lo que pasaba en esa habitación. Tantas veces en ese largo tiempo había esperado y deseado volver a repetirlo que no quería dejarse nada de lo que había pensado por hacer. Quería que todo fuese tan perfecto que sentía que no iban a tener suficiente tiempo para todos sus caprichos, pero quién sabía, quizás ese encuentro cambiaba las cosas.

Se colocó tumbado tras ella, con su pecho contra la blanca espalda de la capitana. La agarró de la cintura y la atrajo hasta sí. Hina sonrió, entendiendo las intenciones del hombre y con más ganas que nunca de empezar de una vez por todas con todo aquello. Smoker alzó la cabeza y tuvo una perspectiva del cuerpo de la mujer totalmente nueva. Agarró uno de sus pechos con la mano que no usaba para apoyarse y empezó a mordisquearle el lóbulo de la oreja que tenía más cerca. Quería llevarla al límite, llevarlo todo hasta la última consecuencia para provocar más deseo. Sabía como tenía a Hina, por eso no se sorprendió cuando ella giró la cabeza en busca de sus labios y alzó una pierna descaradamente.

- Smoker-kun…- susurró ella, agarrándose la pierna- Hazlo de una maldita vez…

El capitán la besó y la apretó contra sí. Siempre le había gustado escuchar un consentimiento de sus labios, lo hacía todo más adulto. Llevó su punzante erección hasta Hina y entró lentamente en ella, recreándose en el sonoro gemido que soltó. Con su mano hizo presión en la pelvis de ella para facilitarse la faena y la miró a la cara. Tenía los ojos cerrados y sus finos labios estaban apretados. Sólo de despegaban para dejar escapar leves gemidos que acompañaban a los roncos jadeos del capitán.

Smoker empezó el delicioso vaivén dentro de la capitana, primero lentamente. Volver a sentir a Hina de esa manera le estaba desbordando, era una sensación que le sobrevino de golpe y la realidad cayó sobre él como una losa. Estaba acostándose con Hina. Y no acababa de creérselo, estar otra vez así con la mujer que lo había vuelto tan loco en la veintena y había conseguido sacarle de quicio más tarde. Sea como fuere, no podía dejar de mirarla un segundo cuando la tenía cerca. Y en ese momento tampoco. Luchaba contra sí mismo para mantener los ojos abiertos y no perderse el cuerpo de la capitana danzando al compás que sus embestidas le marcaban y sus pechos saltando a cada empujón.

Se deshizo en un momento. Hina estaba susurrándole por más, más rápido, así, más… derritiéndole por completo. Smoker llevó su mano hasta la entrepierna de la capitana, sabiendo cuál sería su reacción, y empezó a acariciarla. La mujer dio un respingo de sorpresa el notar de nuevo la mano de Smoker en su parte más sensible. Intentó besarle, pero su intento fue torpe debido al ritmo frenético de las envestidas del hombre.

Hina dejó de reprimir sus gemidos. No podía controlar ni un ápice de su cordura, ni apenas controlar sus movimientos o gemidos. Todo parecía ser parte de un malévolo plan contra ella. Smoker, tras ella, masturbándola mientras entraba y salía de ella a un ritmo delicioso, la lluvia repiqueteando en la ventana, los sonidos que ambos soltaban, los sudores de sus cuerpos que se mezclaban… Todo parecía pensado para volverla loca, y cuando Smoker mordió su cuello, bajo su oreja, empezó a plantearse seriamente que así fuera.

El de Logue Town gruñó en su oído, provocándole un escalofrío justo cuando empezaba a sentir los primeros espasmos, signo irrefutable del ansiado orgasmo. Se aferró a la cama son las uñas, cerró lo ojos con fuerza y pidió más, que no parase, ya estoy cerca.

El albino capitán la sintió culminar en sus brazos y la apretó contra sí, deleitándose en los últimos gemidos de su capitana. Ella sintió los últimos latigazos de placer y se apoyó en el hombre, con la respiración muy agitaba y el pelo enganchado a la frente por el sudor. Smoker empezó a besarle el cuello y los hombros y salió de ella. La miró.

Hina se recostó en la cama y le dejó colocarse sobre ella.

- Tengo más para ti- le susurró él justo antes de besarla.

- ¿Sí?- Hina le pasó los brazos por los hombros. Smoker asintió- No esperaba menos…

El capitán de se tumbó entonces en la cama, dejando a Hina a su lado.

- ¿Quieres hacerlo tú?

Hina sonrió y subió sobre Smoker. Él sabía que debía cederle un turno de mando a ella. Hina era muy autoritaria y no llevar la voz cantante podía llegar a asustarla a veces. Y además, le encantaba disfrutar del cuerpo de Hina moviéndose sobre él.

La dejó hacer y Hina, ya calmada, volvió a introducir el miembro del hombre en su interior. Pronto empezó, esta vez con ella al mando, el divino movimiento. Esta vez cara a cara, pudiendo disfrutar de las expresiones del otro. Hina apoyó las manos a lado y lado de la cabeza del capitán y su pelo, cayendo por su hombro, acariciaba a cada movimiento el pecho de Smoker.

El ritmo se volvió frenético y brusco. Smoker, con las manos en la cintura de Hina, colaboraba en la placentera tarea, notando de nuevo como Hina empezaba a dejarse ir. La sacó de encima suyo y la tumbó, para sorpresa de ella, colocándose entre sus piernas. La volvió a penetrar rudamente y la llevó al clímax en cuestión de momentos. Hina se volvió a deshacer en gemidos y jadeos y Smoker, deseoso de terminar, siguió moviéndose dentro de ella unos instantes. Hasta que la capitana notó como el hombre terminaba dentro de ella, llenándola, y lo abrazó fuerte contra sí.

Todos los músculos de sus cuerpos estaban tensos aún y sus respiraciones eran pesadas y superficiales. Hina, aun con Smoker sobre ella, empezó a acariciarle la espalda y el trasero con las yemas de los dedos, mientras él descansaba con la cabeza sobre su pecho. Necesitaron unos momentos para calmarse, instantes que Smoker aprovechó para cerrar los ojos y relajarse sobre ella. Hina lo miró. Sus facciones relajadas eran mucho más bonitas. Con los ojos cerrados, sus pestañas dibujaban una línea recta y su entrecejo estaba completamente relajado. Su boca, amplia, estaba semi abierta para respirar.

Hina le acarició el cabello mientras la lluvia seguía golpeando los cristales, amenazando seriamente con no parar. La capitana disfrutó del momento mientras lograba respirar con cierta normalidad y sus músculos se iban relajando bajo el cuerpo del hombre. Cerró también los ojos.

- No hace falta que te pregunte si te ha gustado- le murmuró Smoker con los ojos aun cerrados.

- ¿Por qué dices eso?

- Por que se nota…- colocó bien la cabeza sobre sus pechos y la abrazó.

La mujer sonrió y le besó la frente. Smoker continuó:

- Eres una exagerada.

- ¿Una exagerada?

- Sí…- el capitán abrió los ojos y le dedicó una intensa mirada- Gimes demasiado alto.

La mujer soltó una leve carcajada. Smoker siempre tan elocuente.

- No es cierto…- contestó sólo para picarle- Es que me gusta mucho. A Hina le gusta…

- ¡Ja!. ¿Ves como se nota?- Smoker sonrió de triunfo y Hina le acompañó- ¿Qué vamos a hacer?

- ¿Dormir?

- No…- Smoker negó con la cabeza- Digo con T-Bone y todo esto.

- Ah… Necesitamos dormir, Smoker-kun…- Hina chasqueó la lengua- Tú mismo lo dijiste hace un rato. Luego veremos.

- Pues duerme bien, Hina…

La capitana rió y se acurrucó mejor en la cama. Echó la sábana sobre sus cuerpos desnudos y sudorosos y se entregó, exhausta, a los brazos de Morfeo.


Abrió los ojos con esa sensación de que algo la había despertado y, aún aturdida, agudizó su oído. Oía el sonido de la ducha, pero pronto supo que estaban picando a su puerta. Eso la había despertado. Salió de la cama, llevándose consigo la sábana y se puso junto a la puerta.

- ¿Quién es?

- Capitana Hina- dijo una voz muy conocida para ella-. Soy el alférez Bargossi.

- ¡Bargossi!- Exclamó ella- ¿Pasa algo?

- No, capitana. ¿Puedo pasar?

La mujer miró a su alrededor. La habitación daba asco, con la ropa tirada por el suelo. Eso, sumado al hecho de que estaba desnuda y alguien se estaba duchando en la habitación, eran más que suficiente para no abrir la puerta.

- No.

- Simplemente estaba preocupado- admitió el joven-. Ni siquiera vino a dar instrucciones cuando llegó.

- Vine cansada y herida- contestó ella, algo bruscamente.

- Bueno- Bargossi carraspeó-. Hay cosas que me gustaría hablar con usted, capitana.

- Será en otro momento, Bargossi.

- ¿Durante la cena?- Insistió el joven alférez- No queda mucho.

- ¿Qué hora es?- Preguntó mirando a su alrededor en busca de un reloj.

- Pues…- consultó su reloj de pulsera- Son más de las ocho de la noche.

- ¿Las ocho?- Hina calculó a ojo que había dormido unas cinco o seis horas- Bueno. Nos veremos en la cena, entonces.

- Sí. Nos vemos allí.

La capitana lanzó la sábana a la cama y encendió un pitillo. Entró al cuarto de baño y se miró al espejo, viendo, tras ella, la figura distorsionada de Smoker tras la cortina de la ducha.

- ¿Con quién hablabas?

- Con Bargossi- respondió ella, pintándose lentamente los labios. Esperó la reacción del hombre.

- ¡Ah! Ese…- Smoker empezó a aclarar el jabón de su piel- ¿Qué quería?

- Entrar para contarme no sé qué…- contestó ella, despreocupadamente, volviendo a colocar el cigarro entre sus labios. Continuó maquillándose.

- ¿Entrar?- Smoker abrió la cortinilla de la ducha y la miró- ¿Dejas entrar a tus subordinados a tu cuarto?

- ¡No le he dejado entrar!

- Ya veo…- Smoker soltó la cortina y terminó de aclararse- Tú misma…

Hina alzó una ceja y miró al hombre a través del espejo.

- Anda… Smoker-kun…- dijo seductoramente, acercándose a la cortina y asomándose- No te pongas celoso…

- No estoy celoso- replicó firmemente-. Sólo te digo que vigiles con tus subordinados, Hina.

- Baaaaaah- Hina suspiró, volviendo al espejo-. ¿No tienes hambre?

- ¿Hambre?- Preguntó saliendo de la ducha- Pásame una toalla.

- Bajemos a cenar- Hina le pasó la toalla por la cintura y se la anudó-. Hina hambrienta.

Smoker sonrió y la arrinconó contra el lavabo.

- Déjame- pidió ella, viendo la mirada de Smoker sobre ella-. Vamos a cenar.

- No…

La besó ferozmente. Ella se aferró al lavabo y participó, sonriendo por dentro. Smoker nunca dejaría de sorprenderla. Vio caer la toalla al suelo.


Una hora más tarde Hina entraba en el comedor, perfectamente maquillada y vestida. Smoker bajó unos diez minutos más tarde y buscó a la capitana con la mirada. La encontró sentada en una de las mesas del fondo, sola con un chico de piel morena y el pelo ondulado más negro que el carbón mismo. Desde lejos pudo ver sus enormes ojos verdes, esos que tan mala espina le daban cada vez que los veía.

Antes de que pudiera decidir si acercarse a ellos o no Tashigi estaba frente a él.

- ¡Por fin, Capitán!

- Tashigi…

- ¿Está bien?- Preguntó ella, sentándose junto a él en una de las mesas.

- Sí, sí- smoker probó su comida, con los ojos fijos en Hina y su acompañante disimuladamente-. ¿Me deja cenar en paz, Teniente?

- ¡Oh!- Tashigi se lanzó hacia atrás y golpeó a un soldado raso- ¡Claro!. ¡Vaya!. ¡Lo siento!. ¡Que vergüenza!

- ¿T-Bone?- Bargossi clavó su intensa mirada en los ojos violeta de su capitana.

- Sí… Sospechamos que él tiene algo que ver- Hina le devolvía la mirada-. Hemos pasado la noche por ahí, en una cueva asquerosa… Todo por averiguar.

- ¿Y alguna novedad?

- Nuestros barcos no están en el puerto- susurró ella, mirando a su alrededor en busca de intrusos y advirtiendo la mirada de Smoker.

- ¡Vaya!- Bargossi abrió mucho los ojos- ¡Esa no la esperaba!. ¿Qué vamos a hacer?. Deberíamos reunir a los soldados y buscar una manera de….

- No- le cortó la capitana, tajantemente-. No haremos nada sin Smoker.


Contesto directamente los reviews

Gabe Logan: gracias por leerme y dejarme tu pekeño comentario

Matias Erick Zunecky: Te adoro, tontoooo!! Pues mira, acertaste... walaaaa!! ha habido lemmon xDDDD Verás, ves así a los personages pk en cierto modo yo los plasmo como los veo... y ese es mi gran riesgo, escribir sobre Hina, una mujer k aparece en 3 capitulos, y apenas sale. Pero verás, me enamoró esa fuerza... Y la madurez... bueno, yo he madurado y aparte estos dos ya no son niños... Y son capitanes de la marina, con responsabilidades y protocolo... Por eso los hago así... Pk si te los cruzaras verías como cuando estan solos hablan de una forma y frente a gente son diferentes... No sé... es una pena k no les conozcas... aun no llegaste a Logue Town pues? alli sale smoker por primera vez...

Souma Hannabi: pieza fundamental del fic... me das seguridad solo con decirme k lo hago genial, con aceptar con tanta pasión los pedacitos k te regalo a veces Y gracias por leer este lemmon tantas veces y decirme lo chupy way k es xDDD Te adoro, y me alegra provocar k te guste más Hina k robin (aunk robin rlz!!).

Halane: fiel como siempre. mil gracias por tus reviews... No sabes como me reí con el útlimo... :D me meaba de risa... Tus reviews son los más currados y adoro k seas tan crítica.

Sofi, ya ves k tienes pase VIP en mi flog y aki tb xDDDDD wapa!!

Por cierto, dejo los links de mi flog yel de ZoRo, para que sus paseis si kereis, corazones:

dejo mi msn pa si alguien kiere Besitos y ¡¡DEJAS REVIEWS!!