Cerca de las pistas y lejos de las pesquisas.

Pocos minutos después de haber regresado a la sala de espera en la enfermería, por fin la enfermera Wainscott salió para darnos noticias.

—Neville… El profesor Longbottom se va a recuperar completamente, —nerviosa como estaba, tomó unos instantes para acomodar sus ideas antes de seguir—: solo necesita un atento cuidado y tiempo para recuperar sus fuerzas. Va a ser un proceso lento, pero creo que lo tendremos de vuelta para antes de San Valentín. —Tragó saliva, sonrojándose por momentos—. Lo llevaremos a San Mungo mañana o pasado mañana para que ahí tenga el mejor tratamiento…

Mientras agradecíamos que el profesor se iba a recuperar, y nos preocupábamos porque iba a durar tanto; la profesora McGonagall le preguntó algo a la enfermera Wainscott en confidencia, y yo hice lo mismo para con Sherlock.

—¿Siempre supiste eso?

—Sabía que era lo más probable. —Se quedó ensimismado por un instante, y luego volvió en sí con un movimiento rápido, mirando a la salida. Inició el camino hacia la puerta—. Bueno, creo que ya es hora de escondernos en nuestras habitaciones antes de que las Patil vengan a por nosotros.

—¿Las Patil? ¿Hay más de una?

Interesada, fui tras suyo y, ya en el pasillo, caminé junto a él.

—Dos, hermanas gemelas y muy diferentes en carácter —seguía Sherlock—, pero, extrañamente, con la misma profesión: Exagerar las situaciones y sobreproteger al alumnado. Cuando sepan que fuimos nosotros los que ayudamos al profesor Longbottom, nos perseguirán y no se rendirán hasta hacernos ir a visitarles… —Dio un bufido—. ¡Subdirección de apoyo y orientación! Una de las tantas medidas que impusieron después de la batalla de Hogwarts, como hacer Estudios muggles una asignatura principal en los primeros años, lo cual es lo más acertado de esos cambios, dicho sea de paso… —tomó aire e reinició con renovados bríos— Hacernos ir a casa varios fin de semana, y hasta fiestas en las llegadas de las vacaciones. Según lo que sé, antes Hogwarts se centraba solo en lo importante: aprender.

Puse los ojos en blanco ante su poco adolescente queja… Me encontré con los hongos para la Giralunas al meter mis manos en los bolsillos. Sentí una abrumadora sensación de irrealidad al pensar que pocas horas antes, había estado recogiendo hongos en el bosque. Cuando levanté la vista, me di cuenta de que Sherlock me inspeccionaba, y sentí que entendía lo que pasaba con solo mirarme.

—Dámelos. Haré el abono para la flor. —Su tono era menos frenético y, solo con eso, mucho más amable—. Por más que el profesor Longbottom esté en cama, no quiere decir que podremos pasar de Herbología.

Se los di y, poco después, separamos caminos al final del pasillo. Yo fui al Gran Comedor, ya era de noche y no comía desde el almuerzo y él… A algún lugar que nada tenía que ver con hacer abonos para las flores, estoy segura.

Más tarde, y ya metida en mi cama, me costó conciliar el sueño pensando en lo que Sherlock estaría haciendo. Sabía que no había dejado en paz el tema del invernadero 3, por más peligrosa que parecía ser la señorita X.

-o-

Gnujmuro ugrae, o "estómago de tierra" —dijo Sherlock con firmeza, mientras se sentaba junto a mí la mañana siguiente, en el Gran Comedor y a la hora del desayuno.

Lo que más me sorprendió no fue su bizarro sustituto de "Buenos días", sino su presencia en ese lugar y más, a la hora de comer. De hecho, a los Ravenclaw cerca de nosotros también les sorprendió, y por eso se dio un silencio que "celebró" su llegada, algo que Sherlock no pareció notar mientras se servía jugo de naranja.

—¿La planta que la señorita X robó? —susurré yo, aún sintiendo la mirada de todos sobre mí, pero aparentando tan bien como él que todo eso era común y corriente.

Su sonrisa ladeada fue suficiente para saber que era así, y que le agradaba no haber tenido que explicarse.

—Creí que le interesaría saberlo. Se lo sonsaqué ayer al auror Lestrade, el encargado del caso. —Tomó un gran sorbo del vaso—. Es un tubérculo parecido a una papa negra, sobrevive a base de ir aumentando su radio de alimentación. Y por radio de alimentación, quiero decir licuar plantas y animales a su alrededor, por medio de, por decirlo de alguna manera, envenenar la tierra que sus minúsculos tentáculos alcanzan. —Mientras yo me sentía empalidecer, él se terminó el jugo de naranja—. X debió llevar guantes especiales para arrancarla de la maceta con runas que la mantenía en control. Sino, habríamos encontrado un cuerpo medio derretido en el invernadero… Su nivel de organización habla mucho de la posible naturaleza de sus motivos.

—¿Y cuáles podrían ser esos motivos? —fui al punto, en un susurro mucho más bajo.

—Trabajo en eso… Ahora, con su permiso —tan rápido como se había sentado, se puso en pie—. Voy a ayudar a Hagrid.

Y sin importarle que algunos se quejaran por el "robo", cogió toda una bandeja de tocino. Luego se volvió a mí, dijo "un seguro contra monstruos" y asintió como despedida, antes de salir del Gran Comedor.

—Joan Watson —canturrió Jennifer Sayles, que estaba frente a mí; la más pícara de mis compañeras de habitación y amistades—. Así que eran ciertos los rumores, ¿tú y Sherlock Holmes…?

—Ayudamos al profesor Longbottom, sí. —Pero ella no quiso entender que no estaba de humor para sus intentos de interrogación. Hasta agradecí entrar a Historia de la magia unos minutos después, porque solo así ella y Martha dejaron de insistir con el tema.

-o-

Ese día en la tarde, se esparció el rumor de que transportarían al profesor Longbottom a San Mungo esa misma tarde. Por lo que, junto a Mary, una chica Hufflepuff con la que me llevaba muy bien, fuimos a verle o tratar de despedirle. No fuimos las únicas que lo hicimos.

Cuando llegamos, nos encontramos a varios estudiantes esperando su turno para entrar a verle o, simplemente, espiar lo que ahí pasaba. Sherlock había ido a las dos cosas. Él estaba recostado a la pared de una esquina y apartado del tumulto, con sus manos en los bolsillos. Lo único que parecía mover eran los ojos, para mirar atentamente a unos y a otros; y los labios, para susurrarse algo a sí mismo cada tanto. A mí me extrañó que, al parecer, yo fui la única persona a la que eso le pareció una escena poco común.

—Pasa Mary, ya voy yo más tarde —le dije a mi amiga, antes de enfilar hacia él. Sherlock solo dio una cabezada como bienvenida, y luego siguió en lo suyo—. ¿También viniste a despedirte?

—Sí, desde hace dos horas, de hecho. Intenté provocarle un momento de lucidez para preguntarle sobre la señorita X. Pero —su tono denotaba el enojo que sentía— la enfermera Wainscott y su esposa me riñeron porque tenían órdenes estrictas de Goodwin de no iniciar la recuperación de su conciencia hasta dentro de unos días, en el hospital.

—Lo siento —dije, aunque también entendiera el punto de ellas.

Pero él ya parecía haberse dado a la idea cuando me miró un instante, y me habló en susurros.

—Luego se me ocurrió que X haría lo mismo que yo, venir a ver si al profesor Longbottom. Tal vez para saber si ha despertado hasta el momento, o intentar evitar que lo haga... Por lo que hice correr dos rumores. Que el profesor Longbottom iba a ser llevado a San Mungo y que el auror a cargo del caso hablaría con él en el hospital. El hecho de que la primera parte sea verdad, le confiere credibilidad a la mentira que le sigue. X ya ha dado señales de ser una persona con pocos escrúpulos y que, lo que sea que esté haciendo, le parece tan importante como para tomar riesgos con el fin de no ser descubierta. Por eso estaré aquí, custodiando al profesor y, puede que el tal Lestrade no sea tan pro-activo como para demandar que le hagan cobrar la conciencia antes de luna llena para interrogarle, pero al menos ha puesto hechizos protectores en San Mungo, por si alguien se acerca al profesor Longbottom en el hospital... —Hizo un ademán con la cabeza, extensivo a todos los que estaban en la sala de espera—. En resumen, Watson, puede que estemos mirando a la señorita X ahora mismo.

Al entrar dos chicas de Gryffindor, Sherlock apuntó sus iniciales en una libreta que sacó de su bolsillo, usando un lapicero que le había regalado. Las miré más de lo que hubiera hecho en cualquier momento, diciéndome que ellas no serían capaces de hacer lo que X hizo, pero sintiendo una extraña irrealidad al saber que, lo más seguro, tampoco creería a ninguna chica del colegio capaz de hacerlo.

Para cuando salí de visitar al profesor y darle los mejores deseos a su esposa, él seguía ahí. Pero tenía una estudiante a la cual ayudar a memorizar los transportes muggles, y una tarea de Aritmancia esperándome… Y sentí que Sherlock no quería estar acompañado. Hasta la noche de dos días después, me arrepentiría de no saber sabido del todo cómo iban las cosas con él.