Buenos días n.n, aquí os traigo un nuevo capitulillo, no muy largo, pero MUY importante para la historia, así que espero que lo disfrutéis y me comentéis a ver qué os parece =D
PS: Los personajes no me pertenecen
CAPÍTULO 7: Quidditch
-Bien chicos –dijo Lily motivada. Estaba haciendo las pruebas de reclutamiento de las vacantes del equipo de Gryffindor –supongo que habréis entrenado duramente estas semanas y, la verdad, espero ver en vosotros buenos resultados.
Algunos de los chicos que había (muchos de años menores) se sonrojaron ante la presencia de su capitana, que irradiaba felicidad.
-No os podéis quejar –dijo, de nuevo –hemos tenido el mejor día que podíamos conseguir, y además hace un día estupendo, así que espero que deis lo máximo de vosotros mismos –habló –bueno, a ver…-empezó a leer el pergamino en el que estaban los nombres de todas las categorías vacantes que había –¡empecemos!
Lily miraba con ojo previsor todos y cada uno de los movimientos de absolutamente cada uno de los jugadores que estaban "examinándose". Quería tener al mejor equipo y nadie dudaba de ella, pues tenía un excelente ojo para la estrategia y los movimientos en el aire. Su propia madre la había instruido desde pequeña y, al parecer, Lily había heredado el talento natural de la familia.
Lissy, Albus, Malfoy y Rose estaban en las gradas, observando el impresionante juego que daba un chico de cuarto en el puesto de bateador.
-Al, creo que necesitaremos entrenar más –dijo el rubio al ver cómo Lily pasaba de sonreír a regañar como si fuera un ogro – se lo está tomando muy en serio.
-Siempre se lo toma muy en serio, ya lo sabes –contestó el moreno, suspirando – sólo hay dos personas capaces de ganarla cuándo jugamos en familia. Mi madre y mi padre. Y no me siento muy orgulloso, la verdad. Cuándo hacemos los equipos todos nos los rifamos…
Scorpius arqueó una ceja, sorprendido ante el descorazonador comentario de su amigo. Y que él dijera eso…Albus no era una excelencia jugando, pero James sí, y por muy mal que se llevaran, lo que el chico hacía de maravilla había que reconocérselo.
-Pero en realidad hace bien –dijo Rose bebiendo de su zumo de calabaza en brik – no quiero decir con esto que nadie se lo tome en serio, pero a veces la gente se piensa que los equipos son jauja… ¡y cogen en el equipo al primer desvalido sólo porque es amigo de alguien, paga o cualquier otra cosa!
-Es cierto –dijo Lissy sonriendo –a mí no me gusta el golpeador que has cogido, Scor, que lo sepas. Es la cosa más manca que he visto nunca, en serio. Es que me dan ganas de coger una escoba y alejarlo de un colazo para jugar yo.
Los presentes rieron ante el comentario de la rubia.
-Bueno, era ese o el otro que no se sabía casi ni sostener encima de la escoba –dijo algo malhumorado, pero aun recuperándose de la risa anterior -¿por qué la gente que se ve incapaz de volar se presenta? No lo entiendo. Ya no es sólo que puede hacer perder al equipo, sino que alguien puede darle un bludgerazo en la cabeza y dejarle fino.
-Hay gente para todo, oye –dijo Rose siguiendo con la mirada a la pelirroja, que dirigía desde su propia escoba a los jugadores – en mi casa también han cogido ineptos, cabe decir. Y te entiendo Lissy, es una lástima que ambas seamos unos lastres encima de la escoba –dijo con cierto pesar. Y era cierto, Rose y Lissy eran muy fans del deporte, pero no eran nada buenas volando, por lo que se dedicaban a comentar los partidos y a animar a sus amigos.
Scor, por su parte, perdió la noción del tiempo y del hilo de la conversación de sus amigos porque el ver a Lily Potter tan impresionante, llena de energía, feliz…se sentía profundamente hechizado por ella, por su presencia. Su mente divagaba entre lo guapa que se veía y lo increíble que era, pasando por lo atractiva que lucía. No quería pensar en ella de esa forma porque era algo indecible. No podía enamorarse de la hermana de su mejor amigo…aparte de que James le asesinaría por triplicado, Albus también se mosquearía con él, y no quería perder su amistad por nada del mundo. Sin embargo no pudo evitar recordar lo dulce y adorable que era…estaba volviéndose loco.
-Muy bien –dijo Lily al cabo de unas dos o tres horas bastante intensas. Los jugadores postulantes estaban casi todos tirados por tierra, jadeando – esto ha sido un buen pre entrenamiento, la verdad –puso los brazos en jarra, orgullosa, mientras los chicos la miraban como si tuviera tres cabezas – podéis ir a descansar, los resultados de las pruebas saldrán pasado mañana y…-esto lo dijo un tanto maliciosa – que sepáis que si habéis sufrido hoy es porque necesitáis más entrenamiento, ergo los que acabéis quedando en el equipo vais a tener unas primeras sesiones mucho más intensas que el resto del equipo.
Los presentes palidecieron mientras los que ya eran miembros del equipo, entre ellos Hugo y Roxanne, suspiraban compadeciéndose de ellos. Lily era muy dura en los entrenamientos, pero gracias a eso la copa de la casa era suya prácticamente desde que asumió el puesto de capitana, en cuarto.
-No te preocupes –le dijo Roxanne a un chico que maldecía un poco a Lily por detrás – sé que las apariencias engañan, con lo mona y adorable que es normalmente y luego…
-Nosotros también lo pasamos fatal cuándo empezamos con ella –dijo Hugo estremeciéndose nada más recordarlo – y eso que somos sus primos, sangre de su sangre.
Rose le pegó un capote a su hermano por decir esas cosas, mientras, Lily hablaba animadamente con su hermano unos metros más adelante. Se dirigían todos hacia los vestuarios.
-Eres un impresentable Hugo –le reprendió su hermana – mira que decir esas cosas a las espaldas de la gente…
-No seas exagerada –dijo este frotándose la herida, enfurruñado. Roxy mientras, reía de la escena.
Se cambiaron y Lissy propuso ir a pasar lo que quedaba de tarde en el lago, bajo el árbol que tanto le gustaba a Lily, pero esta declinó la invitación diciendo que estaba cansadísima.
-Es que llevo haciendo muchos trabajos y ahora acabo de agotar mis energías –dijo sonriendo – quiero echarme una pequeña siesta antes de la cena.
Lissy la abrazó, imitando a una niña pequeña.
-Jo Lils, eres una impresentable, nunca quieres estar conmigo…-le hizo un puchero.
-Parece mentira que seas Slytherin –le dijo la pelirroja riéndose, haciendo que la rubia se alejara de ella, cruzándose de brazos mientras un poderoso sonrojo nacía en su rostro –bueno, me voy a la sala común. Si no nos vemos hoy… ¡hasta mañana!
-¡Espera Lily, te acompaño! –dijo Albus corriendo tras ella, alcanzándola unos minutos antes de entrar en el recinto.
-No hace falta que me acompañes a todas partes Al –le dijo Lily algo cansada del tema –te quiero mogollón y todo eso, pero creo que sé cuidarme sola.
El moreno le dedicó una sonrisa despreocupada.
-Es que ayer estuve pensándolo –dijo obviando lo que su hermana había dicho – hace mucho que no tenemos un "Día Potter".
Lily le miró sorprendida, ¡ella también había estado pensando en ello desde hacía un tiempo! El denominado "Día Potter" era una ocasión en la que los tres hermanos se dedicaban a tomarse el día para ellos tres, sin nadie más. Eran ocasiones contadas (debido a que cada uno tenía un ritmo y una vida diferentes, sin hablar de las amistades) pero todas únicas e irrepetibles.
-Un fin de semana de estos de Hogsmeade –dijo entusiasmado –estaba pensando en enviarle una lechuza a James. ¿Qué me dices?
-¡Me encanta la idea! –Dijo la pelirroja emocionada – Oh, con lo que le echo de menos…
-Yo también le echo de menos –contestó Albus, algo sonrojado –cuándo estaba aquí estábamos aún más unidos. ¿Recuerdas?
-Sí –dijo Lily con nostalgia, recordando algunas situaciones clave que ocurrieron años atrás –Aunque da igual si es aquí o en casa, al final seguimos siendo los tres igual de geniales – Albus le sonrió, estaba totalmente de acuerdo. Y cómo muchos decían, no había hermanos más unidos que ellos tres.
Habían llegado ya al retrato de la Dama, que estaba hablando con el cuadro vecino de Merlín sabe qué.
-Me alegro de que últimamente estés mejor, Lils –dijo Al abrazándola con todo el amor que pudo encontrar en ese momento –y, de verdad…cualquier cosa, cuéntamela. Eres mi hermanita pequeña, tengo el deber de protegerte –se sonrieron mutuamente. Lily recordó que esas palabras eran justamente de un concreto día Potter, en el que ambos hermanos, después de que un niño se metiera con ella tirándola de las trenzas, juraron protegerla de todo y de todos aquellos que quisieran hacerle mal.
-Gracias Al –dijo ésta sacándole la lengua –a veces te pones de sentimental…
-¡Oye! – Fingió ofenderse ante el comentario, pero después echó a reír –Bueno, descansa. Ya nos veremos mañana.
-Vale, buenas noches por adelantado –dijo la pelirroja despidiéndose con la mano, entrando segundos después en su sala común.
Albus la alcanzó antes de que entrara y le dejó un beso en la mejilla para después revolverle el pelo, como siempre solían hacer tanto él como James. Lily le miró con el ceño fruncido pero dando un suspiro de resignación entró por el retrato de la Dama Gorda.
La semana siguiente los capitanes decidieron los horarios de entrenamientos para el primer mes, puesto que a finales de noviembre sería el primer partido de la temporada: Gryffindor vs Slytherin, un partido que se había visto aún más mítico y esperado desde que un Potter y Un Malfoy unieron sus fuerzas para batirse contra otros Potter.
Lily no volvió a hablar con Nick, pero desde hacía unos días que tenía una sensación extraña en el cuerpo, cómo de que la observaban. Sin embargo pensó que era una paranoia y que no tenía ningún sentido ponerse así por algo como eso.
Sin embargo no podía evitar, con recelo, seguir pensando en ello de vez en cuando, sobretodo cuándo tenía que volver del campo de Quidditch, acompañada de su prima Lucy, que amablemente se quedaba a esperarla después de los entrenamientos para que no volviera sola (normalmente era de noche y daba algo de mal rollo aunque volvieran en escoba). La mayoría de veces también se quedaban a esperarla Rose, Al, Scor y Lissy, que iban a verles entrenar, aunque en esos casos volvían a pie, porque Rose y Lissy no eran muy dadas a volar.
Lily estaba cambiándose en el vestuario de las chicas, habían tenido un entrenamiento especialmente duro ese día (y no es para menos, en unos días tendrían el tan esperado primer partido del curso). Incluso había sido agotador para ella, así que decidió darse una buena ducha antes de cambiarse de ropa para ir a cenar al Gran Comedor. Ese día no estaba esperándola nadie porque Lucy estaba castigada (había hecho novillos en una clase de Historia de la Magia y Teddy la pilló en el pasillo, así que la castigó. Percy se había puesto furioso al escucharlo) y tanto Rose como Al y Scor estaban en una tutoría especial con algunos profesores, para hablar de las futuras vocaciones de cada uno (para ayudarles a decidir bien antes y así preparar mejor los EXTASIS que necesitaban). Hugo y Roxy se habían ido ya a cenar, al igual que el resto del equipo, así que decidió quedarse un rato más y tomarse su tiempo. Total, hacía mucho tiempo que no pasaba algo de tiempo con ella misma.
Salió de la ducha, se puso el uniforme del colegio y se dispuso a coger la varita para secarse el pelo, pero no la encontró. Se empezó a poner nerviosa porque ella recordaba haberla dejado encima de su ropa, en la taquilla. Miró unas cuántas veces más y no vio nada. Empezó a buscar por el resto del vestuario, por si se le hubiera caído y no se diera cuenta, sin embargo tampoco vio nada.
-¿Pero dónde demonios estás…?-murmuró mordiéndose el labio inferior, con los ojos llenos de miedo. Su varita era importantísima para ella, no podía ser que la perdiera…sin embargo no estaba. Tendría que mirar fuera, por si acaso. Y buscar por todo el estadio si hiciera falta, pero tenía que encontrarla.
Se puso la túnica y se dirigió hacia la puerta, pero esta no parecía dispuesta a abrirse de ninguna manera. Lily empezó a ponerse ya nerviosa de verdad y pensar que esto tenía algo que ver con que hoy volviera a sentir esa estúpida sensación de que la observaban. Pero tenía demasiado miedo de pensar que alguien o algo podría estar vigilándola para hacerle Merlín sabe qué.
Genial, no podía salir de los vestuarios y tampoco tenía varita para llamar a nadie para que la buscaran. ¿Qué podía hacer? Inmediatamente se revolvió el pelo, pensando en qué soluciones podría sacar a partir de los precarios recursos que tenía.
Empezó a dar vueltas observando las paredes, ¿Por qué nunca se había fijado en si había suficiente ventilación en esa sala? ¿Es que nunca se había parado a admirar los vestuarios en todos los años que llevaba en el equipo? Porque, evidentemente, aunque el sitio tenía una ventana, esta era tan pequeña que apenas podría caber un niño por ella.
Se sentó en el banco, intentando tranquilizarse respirando hondo y expirando. A lo mejor si esperaba seguramente alguien vendría a por ella al darse cuenta de que estaba tardando más de lo que debería. Su familia se daría cuenta, ¿no? Y él…también, ¿verdad?
Él…Scorpius. Lily se preguntó por qué narices pensaba en él justo en ese momento, por qué había pensado en él, de hecho, antes que en Albus o en sus primos, antes que en nadie más. Y sonrió con pesar ante lo evidente.
-Claro que te acuerdas de él, estúpida –se dijo a si misma abrazando sus piernas, no había contado el tiempo que llevaba encerrada, pero estaba segura que debían haber sido al menos, horas – Si siempre has estado enamorada de él…
Apoyó la cabeza contra la pared y miró al techo, consternada. Alguien que quería hacerle algún tipo de broma o mal la había encerrado y le había quitado la varita (por supuesto, daba por hecho de que quién fuera que la hubiera encerrado le había robado su arma) y no sabía cómo reaccionar, no había pasado nunca por nada igual.
Fue entonces que escuchó la cerradura de la puerta abrirse. Inmediatamente se levantó del banquillo y miró cómo el pomo giraba y la puerta comenzaba a abrirse. Iba a acercarse, esperanzada y aliviada por haber sido localizada y se acercó a la puerta, sin embargo no se encontró con quién esperaba. De hecho, ni si quiera conocía a la persona que tenía delante. Pero tuvo miedo. Miedo porque esa misma persona que la estaba mirando con una mueca de pura maldad, sostenía su varita con su mano izquierda.
-¿Quién…eres? –consiguió balbucear en un hilo de voz, pero no atinó a decir nada más, porque todo se volvió negro.
Un coment? n.n
Besitos,
K.
