Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 7
Jamás pensé que una noche de sexo me dejaría exhausta, Peeta provoco a mi cuerpo cinco orgasmos más después de llegar al Pent-house, quedamos saciados el uno del otro al menos en ese momento, después de hacer el amor tranquila y pausadamente utilice mis recientes aprendidos trucos de seducción para obtener lo que quería. Después de coger salvajemente sobre el diván de la habitación de Peeta, no pude obligar a mi cuerpo a levantarse y tirarse sobre la cama.
Teníamos que recuperar tiempo perdido, y vaya que lo recuperamos, pero mi cuerpo me está pasando factura con intereses incluidos. Es de mañana y no puedo abrir los ojos, mis brazos y piernas se han vuelto de goma, estoy segura que mis senos tienen más de una marca de dientes, pero me gusta. Siento el frio de la cama y siento perfectamente la presencia de Peeta en la habitación, no se acerca a mí, estoy segura que me contempla embelesada mente.
Quiero quedarme en la cama todo el fin de semana, pero hoy es el gran día de la fiesta de mi empresa y necesito ir.
Peeta se acerca a la cama, se sienta a un lado de mí y poco a poco retira la suave sabana de mi espalda, me deja expuesta ante él, no visto ninguna camiseta ni bóxer, estoy completamente desnuda y a su merced. Aleja mi cabello rebelde de mi nuca y deposita un suave beso, sus labios viajan a mi mejilla, sien, parpados y frente, cada vez que me regala un beso gruño, no quiero levantarme.
— ¿Vas a levantarte o quieres un castigo por no acatar la orden indirecta? — Gruño.
Peeta me coloca boca arriba, se sienta a horcajadas sobre mis caderas y deja caer su delicioso cuerpo sobre el mío. Cada milímetro de nuestros cuerpos se conectan y encajan a la perfección. Saboreo por un instante esa conexión, pero una boca ambienta ataca la mía y me despierta del todo.
Correspondo a su beso devolviéndole su hambriento ataque, como puedo enredo mis brazos en su cuello y aferro su boca por más tiempo, Peeta hace un movimiento que nos deja acostados de lado, rompe el beso y nos observamos cara a cara.
— ¿Vas a levantarte?
— No quiero. — Me aferro más a él y escondo mi rostro en su cuello, beso cada centímetro de piel que Peeta me deja, pero me separa un poco de si cuando beso su garganta.
— No vas a seducirme. Tienes que levantarte.
— Anoche no te quejabas. — Enredo mi pierna en su cadera y restriego mi sexo contra la erección de él. A pesar del pantalón de pijama puedo sentir perfectamente lo caliente que se encuentra.
— Anoche deje que pensaras que lograbas tu cometido.
— Pero disfrutaste de mi fraudulento intento.
— No lo niego, pero hoy es un nuevo día. — Beso su labio inferior, me encanta la boca de Peeta. Chupo el mismo labio y me alejo de él.
— Mejor dicho, hoy es un poco más tarde, ¿recuerdas a qué hora fue la última vez que grite tu nombre mientras me cogías salvajemente? — Me mira con el ceño fruncido y la boca abierta.
— No me gusta tu nuevo lenguaje. — Ignoro su regaño y continúo.
— Eran poco más de las tres de la madrugada. — Observo el reloj de mesa y me sorprendo que solo han pasado seis horas. — Es casi de madrugada, Peeta déjame dormir.
Hago acopio de mi poca fuerza y dejo de abrazar a mi novio, me hago un ovillo en la cama y vuelvo a cerrar los ojos.
— Katniss, mi tía estará aquí a medio día. — Gruño de nuevo e ignoro sus suplicas. — Katniss Everdeen levanta tu hermoso culo de la cama ahora mismo.
— No. — Lloriqueo y me hundo más en mi almohada.
— Tengo un obsequio para ti. — Abro los ojos al instante, busco su mirada y me observa tiernamente.
— ¿De verdad tienes un regalo para mí?
— Si, te lo iba dar en la fiesta pero es buen momento ahora.
— ¿No es una trampa para que levante mi hermoso culo de la cama? — Suelta una sonora carcajada y me le uno.
Se levanta de la cama y me indica que haga lo mismo. Apoyo mis codos en la cama y estiro cada centímetro de mi cuerpo. Parece que hubiera corrido un maratón.
— Estaré en la cocina, no tardes. — Peeta se levanta y deja que me estire. Pero de repente siento como una mano aterriza sin piedad un mi hermoso culo, me hace saltar y levantarme al instante.
— No era necesario, ya estaba despierta. — Le bramo, él solo sonríe y me regala un tierno beso en la boca. Sale de la habitación y me guiña un ojo.
¿Puedo amar más a este hermoso hombre?
En la cocina Peeta tiene listo un delicioso desayuno, huevos revueltos, salchicha con especies, fruta, zumo de naranja, café…
— Siéntate. — Me indica en cuanto me ve acercarme.
El taburete se me hace más alto por el cansancio de mi cuerpo, necesito una pastilla para dejar de quejarme por dentro.
Peeta Toma una pequeña caja de madera caoba y me la acerca a mis manos. Me pongo nerviosa, esto no me lo esperaba. Peeta advierte mi nerviosismo y me sonríe amablemente.
— No es lo que piensas. — Me deja la caja en las manos y me la entrega. — Ábrela. — Me anima y al instante lo tengo a él frente a mí. — No es un anillo de compromiso, — Abro la caja y su sonrisa se intensifica. — pero es como si lo fuera.
Dentro de la caja, envuelta en tela de terciopelo negro esta una bolita de plata con grabado de figurillas finamente diminutas, dentro de la bolita esta una perla.
— Es un llamador de ángeles. — Explica. — Esto es más fuerte que un anillo de diamantes.
— Explícate. — Saca de la cajita el llamador de ángeles y me rodea el cuello con sus brazos, abrocha la delicada cadena del llamador de ángeles y se pone frente a mí. Toco mi regalo y veo como rueda la perla dentro del llamador de ángeles.
— Cuando era niño, mis padres nos llevaron a la playa, mientras corría a la orilla del mar encontré la mitad de una almeja, curioso la tome y vi que tenía la misma perla que tiene tu llamador de ángeles. Se la enseñe a mi madre y me dijo que la conservara. Intente regalársela a mi madre pero la rechazo, me dijo que esa pequeña perla se la iba a regalar a la mujer de mi vida, inmediatamente le dije que era ella, pero me contesto que no era así, me dijo que en algún momento de mi vida llegaría una mujer que yo amaría más que mi propia vida, que pondría mi paciencia a prueba y que llenaría de estrés mi triste existencia; pero que aun así, no cambiaría nada de ella, que la iba a amar más que a mí mismo. Al principio pensé que mi madre alucinaba, pero creo que me decía la verdad. Esa mujer ya llego a mi vida por lo tanto este regalo te pertenece.
No puedo hablar, las lágrimas inundan mis ojos y no hago más que mordisquearme los labios. Peeta sonríe y me estrecha entre sus brazos.
— La mujer de mi vida no puede llorar.
— Son lágrimas de felicidad. — Se aleja de mí para verme a los ojos. Sonríe mientras toquetea sobre mi pecho su reciente regalo.
— Mi madre pidió a un amigo de ella que hiciera este llamador de ángeles, es de oro blanco y no sé cómo demonios hizo que la perla estuviera dentro. Pero te aseguro que este dije te representa a la perfección.
— ¿Por qué dices eso?
— Porque este llamador es único, solo existe un diseño en el mundo. Tengo la papelería que lo acredita. Pero te representa a la perfección porque tú eres única, ninguna otra mujer me ha hecho perder la cabeza, nadie ha atravesado mi alma como para retenerlo con artimañas, y nadie ha logrado que me abstuviera de tener sexo durante una semana completa. — Rio ante su última aclaración. Este hombre pasa del más absoluto sentimentalismo a la locura extrema en un nanosegundo.
— Eso fue tu culpa. — Asiente con la cabeza y me abraza, coloca las manos sobre mi espalda baja y me besa la frente.
— Si, lo acepto, pero hubiera pasado toda mi vida si con eso me aseguraban que ibas a estar para siempre conmigo. — ¿Su vida sin sexo? Este hombre tiene un muy buen sentido del humor.
— No creo tu declaración, pero con permanecer a tu lado para siempre me basta.
— Bien, porque no creo que pueda cumplirlo.
Ni yo, lo abrazo con todo mi cuerpo mientras Peeta hace lo mismo, ronroneo cuando una de mis manos se aventuran al bulto que se ha formado en sus pantalones, Peeta sujeta mi mano, se aleja de mí y se sienta en un taburete, besa mi traviesa mano y me sirve el desayuno.
— Come, te necesito fuerte para esta noche.
— ¿Qué va a pasar esta noche?
— Un mago jamás revela sus trucos. — Me guiña un ojo y se concentra de nuevo en su desayuno.
La relajante agua de la tina relaja mis músculos adoloridos por la ardua actividad de anoche, pero lo que más me relaja es tener el torso de Peeta pegado a mi espalda, masajea suavemente mis hombros mientras enredo mis piernas con las de él, acomodo la cabeza en su hombro y continúa su masaje por mis brazos.
Quiero devolverle el favor, pero cuando intente masajearle los muslos y poco a poco fui abriéndome camino hacia su semi erección, me detuvo y me prohibió mover las manos de sus fuertes muslos. No creo recuperarme para la noche, pero si me da un adelanto de lo que puedo recibir si soy obediente, tal vez me penaré ser una niña buena.
Desobedeciendo a Peeta, mis manos hacen camino por sus fuertes muslos, subo por ellos y desvío mi camino de vuelta a sus rodillas, subo de nuevo por sus muslos y acaricio la parte interna de ellos, al instante Peeta detiene su masaje a mis hombros y siento como la semi erección, poco a poco se vuelve roca en la parte baja de mi espalda, acercó mis manos a mis caderas y Peeta se revuelve incomodo pero no me detiene, al contrario, guía mis traviesas manos a mi objetivo, facilitando mi tarea de tomar su erección en mis manos.
— ¿Se puede saber qué hace, señorita Everdeen?
— Acaricio a mi novio. —Digo con toda la chulería de la que soy capaz.
— ¿Y que hay si su novio no quiere ser acariciado?
Me vuelvo y me coloco frente a él, me mira con una sonrisa de medio lado y al instante me tiene a horcajadas en su regazo.
— Quiero hacer el amor contigo, aquí y ahora. —Pongo mi mejor cara de pena y él me toma de las caderas, me recoloca sobre su erección haciendo que mis labios vaginales tengan contacto con su ahora dureza.
— ¿No te basto lo de anoche? — Susurra en mi oído, me estremezco al instante y me aferro a sus hombros.
— Anoche fue anoche, quiero hacer el amor hoy, ahora y aquí. — Tomo su erección en mis manos y coloco la punta rojiza en mi entrada. — ¿Vas a cooperar o me complazco sola?
— ¿A esto jugamos preciosa? — Toma mis caderas y me mantiene en el aire, la punta de su miembro juega en mi entrada, quiero dejarme caer, pero me sostiene fuerte.
— Por favor Peeta.
— Lo que quiera mi novia.
Al instante me deja caer con fuerza sobre su dureza, grito de la sorpresa y encajo las uñas en la carne de sus hombros, me penetra completamente, me siento muy llena, es placentero y obtengo lo que quiero.
Peeta me deja adaptarme a la in acción de su miembro, no se mueve y yo no hago además de hacerlo. Siento cada rugosidad de su perfecto miembro, siento como mi interior lo abraza también siento las palpitaciones que ambos tenemos. Después de unos minutos sin movernos, Peeta busca mi mirada, hay adoración en ella, pero también algo peligroso que me encanta.
— Te encuentras bien.
— Si, ya te puedes mover.
— Hazlo tu preciosa, muévete, móntame a tu antojo.
Tengo carta blanca, me encanta. Tomo los hombros de Peeta y acercó mis labios a los suyos, me reciben hambrientos, chupo y mordisqueo su labio inferior, tiento su boca con mi lengua y él se deja hacer. Justo cuando tengo en mis manos a Peeta, subo las caderas dolorosamente lento, silba cuando mi interior lo abandona, beso un poco más su boca y en el instante menos pensado dejo caer mi cuerpo con más fuerza de la necesaria.
Ambos jadeamos y gritamos, cierro los ojos, es alucinante y lo hago de nuevo, me levanto lento y pausado y me dejo caer sin previo aviso. Establezco un ritmo constante, pero mi necesidad es demasiado, en instante que levanto mis caderas lo hago rápido, y cuando me dejo caer lo hago aún más. Comienzo unos movimientos rápidos y fuertes que nos vuelven locos a ambos, literalmente monto a Peeta, cabalgo sobre él mientras el agua de la bañera se enfría poco a poco.
En un momento que no esperaba, Peeta levanta sus caderas cuando me dejo caer, provocando que su miembro llegue más allá de donde pensaba que llegaba, el agua a nuestro alrededor se desborda por nuestros bruscos movimientos, y no me importa.
Mi explosión está a punto de llegar, hecho para atrás mi cuerpo y me sujeto de las rodillas flexionarlas de Peeta, elevó mis pechos a su fácil alcance y este los recibe gustoso, empieza a estimular mis pezones, los pellizca y los muerde en la fuerza necesaria para alimentar mi clímax.
— Peeta... — Gimo, acelero mis movimientos y Peeta los de él.
Fuertes jadeos salen de mi boca y en el momento menos esperado exploto, Peeta me bombea unas cuantas veces más y explota en seguida de mí.
Me dejo caer en su regazo mientras tratamos de recuperar el aliento. Peeta masajea mi espalda con suaves caricias mientras gimo.
— Ni se te ocurra volver a tener un nuevo asalto, necesitabas relajarte para esta noche y no has hecho más que cansarte de nuevo. — Levanto el rostro de su torso y sonrió traviesa.
— Pero me gusta que me canses. — Beso un pectoral y después otro, subo mis labios a su cuello y chupo y beso el cuello de mi novio.
— Y a mí me encanta cansarte, pero no vas a aguantar toda la noche.
— No me importa. — Busco su mirada para comenzar un combate que estoy dispuesta a ganar.
— Pues debería importarte porque…
Al lado de la puerta se escucha como una voz chillona llama a mi novio.
— Peeta, Peeta, ¡tía Effie ya llego!
Ambos nos quedamos paralizados, solo ruego que a Effie no se le ocurra abrir la puerta.
— No puede ser. — Peeta cierra los ojos y se lleva una mano a su cabello rubio mojado. — Debía de llegar dentro de una hora.
— Pues no lo hizo.
Mis ruegos no son mandados a tiempo o definitivamente la familia de Peeta siempre me ve desnuda. En cuanto termino mi frase un estruendo se escucha proveniente de la puerta, Effie suelta un gran grito de sorpresa, sus ojos se abren a máximo posible y se mi espalda desnuda en primer cuadro, escondo la cabeza en el cuello de Peeta mientras mi novio eleva los ojos al cielo.
— Lo siento chicos, de verdad lo siento, nos reuniremos en la sala. — Cierra de golpe la puerta de nuevo y me deja muerta de vergüenza.
Peeta toma una toalla de un lado de la tina y nos levanta a ambos. Me envuelve en la toalla y me ayuda a salir de la tina.
— ¿Tu familia no sabe llamar a la puerta? — Pregunto juguetonamente, qué más puedo hacer, solo espero que Effie sea discreta y no divulgue lo que vio.
— Lo mismo me pregunto yo. — Se pone un albornoz y me ayuda a ponerme uno a mí también. — Vamos, esta mujer puede ser un grano en el culo si no obtiene lo que quiere.
Nos encontramos a una alegre Effie sentada en la sala y bebiendo un vaso de whiskey, en cuento nos ve aparecer, se pone de pie, se alisa su traje sastre rosa hecho a medida y nos recibe con los brazos abiertos, su sonrisa se agranda más cuando me envuelve en un calurosa abrazo, no importa que estemos mojados, esta mujer nos abraza como si fuéramos lo más lindo que ha visto en su vida.
— Peeta, Katniss, estoy aquí para ayudarles.
— Si, y te lo agradezco tía, ¿pero no tenías que llegar dentro de una hora? — Effie pone cara de incredulidad y observa a Peeta como si fuera un tonto.
— Peeta querido, ¿acaso quieres que tu hermosa novia no deslumbre en la cena de hoy?
— No hace falta horas de arreglo para que lo logres, Katniss ya es hermosa. — Peeta me toma de la cintura mientras mis mejillas se vuelven rojas.
— Y tienes razón, pero creo que le hacen falta algunos mínimos detalles, para que Katniss sea perfecta, detalles que a ti te encantaran. — Sonríe de manera picara, mientras Peeta resopla.
— Bien, pero solo no te tardes demasiado.
— Me tardare lo que tenga que tardar. — Effie junta la punta de sus dedos y mira a Peeta como si estuviera hablando con un idiota. — ¿A qué hora tiene que estar lista?
— A las siete empieza el evento.
— ¡Dios mío!, tenemos el tiempo justo. Bien Katniss, muéstrame la habitación de arriba, allí vamos a obrar la magia.
— Si, vamos. — NO me escucho muy convencida, Effie de da un poco de miedo.
— Espera, tengo que llamar a mis ayudantes. — Effie saca su móvil y teclea algunos números,
— Tía dijiste que era algo sencillo.
— Y lo es, son mis ayudantes de fin de semana. Solo vienen dos, Annie, Glimmer y Johanna tienen a cuatro ayudantes cada una.
— ¡Que Dios nos ampare! — Peeta se lleva las manos al cabello y mira al cielo.
Estoy en el cuarto de baño en compañía de Octavia y Lavina, mientras Lavina hace una manicura a las uñas de mis manos, Octavia pone cera en mis piernas, coloca una especie de tela y estira, deja mi piel libre de vello e hipersensible.
— Este es el último pedazo que voy a depilar, después seguiremos con la siguiente área.
— ¿Cuál es la siguiente área?
— El pubis. — Dice Octavia como si fuera lo más natural del mundo. Me levanto precipitadamente, y le lanzo la mirada más asesina que tengo.
— ¿Qué? — Grito. — No vas a tomar esa zona, te lo prohíbo.
Effie entra corriendo, se coloca frente a mí y me toma de las manos.
— ¿Qué pasa cariño?
— Dime que no van a tocar el área de mi pubis. — Effie me mira con ternura y suelta una risueña risita.
— Cariño, te recomiendo que no te niegues, te va a encantar.
— No lo creo.
— Mira, no niego que duele, pero los resultados son sorprendentes.
— Effie…
— Pruébalo una vez, si no te gusta solo dejas de depilarte y ya. — Dudo unos instantes, pero después recuerdo que Effie está aquí por mí.
— Esta bien. — Me lamento al segundo que lo digo, solo espero que Effie no se equivoque.
Todos aplauden y dan saltitos, Octavia continúa con su trabajo y Lavina acerca más cera a Octavia.
Falta una hora para la fiesta y ya no quiero ir, Octavia y Lavina hicieron un trabajo maravilloso, mi maquillaje natural es perfecto, Lavina ilumino mis ojos de manera que resalta mi color de manera sorprendente. Effie quedo encantada con mi cabello y le pidió a Octavia que lo arreglara solo con una diminuta trenza en forma de diadema y que marcara las ondas naturales de mi cabello.
Tuve que soportar el constante parloteo de las tres mujeres, mi opinión no siempre es la mejor así que solo me limite a asentir cuando me preguntaban algo. Estoy exhausta y la noche apenas comienza. El vestido que Effie eligió es una maravilla. El color dice mírame, es un rojo quemado que resalta el color de mi piel, el corte griego me va a hacer resaltar mi cuerpo. Quiero ponérmelo, pero primero quiero calzar mis zapatos.
Los zapatos son sencillos, cerrados y de color negro, pero la altura que me proporciona es muchísima, me coloco los zapatos tomando equilibrio de una silla, cuando creo que puedo caminar sobre ellos levanto la vista y veo a Peeta en el umbral de la puerta.
Viste un pantalón negro y camisa blanca, tiene un listón de la pajarita alrededor del cuello, se ve increíblemente sexy, quiero devorarlo ya mismo.
— ¿Te gusta lo que ves? — Pregunta con suficiencia.
— Te hago la misma pregunta. — Coloco mis manos en la cintura y separo las piernas.
Mi conjunto de lencería habla por sí solo, y dice arráncame de este cuerpo y hazme tuya sobre la silla. El encaje negro de mi sostén sin tirantes hace juego con la tanga que he elegido, las medias negras me dan un aire sexy que me hace valiente frente la ardiente mirada de Peeta.
Se acerca a mí, toquetea el encaje de mi sostén con un dedo y después baja por mi vientre hasta llegar a los bordes de la tanga
— Me encanta lo que veo. — Acerca su boca a la mía mientras sus manos viajan a mi trasero.
— ¿Me veo bien? — Pregunto lo más inocente que puedo. Al instante la mirada de Peeta se vuelve negra, y aprieta mi nalga con una mano.
— Te ves perfecta, por mi te llevaría solo con lo que traes puesto. — Besa suavemente mis labios y se aleja antes de que yo responda. — Pero es un evento de gala y tienes que llevar vestido. Pero creo que a tu atuendo le hace falta esto.
Me entrega una caja un poco más grande que la de mi llamador de ángeles, la abro y dentro encuentro una pulsera de perlas anudadas con un listón negro.
— Es preciosa Peeta.
— ¿Nunca habías tenido una de estas frente a frente?
— No, pero es divina.
— Con razón. — Me quita la caja de las manos y toma la pulsera, me la muestra pero no es una pulsera común y corriente. Esta pulsera tiene dos listones más delgados unidos por un moño de un listón más grueso. Los listones se unen de manera paralela, no entiendo cómo se pone esta pulsera. — ¿No sabes que es verdad?
— Una pulsera. — Una sonrisa maliciosa se dibuja en los labios de Peeta.
— No preciosa, te equivocas, esto es una tanga de perlas.
— ¿Que?
— Y te la vas a poner toda la noche durante la fiesta.
— ¿Estás loco?, no voy a cambiar mi tanga de encaje por una de parlas.
— Si lo vas a hacer.
— No, no voy a cambiarme. — Peeta se acerca a mí, deja la tanga de perlas en la caja y me toma las caderas, dibuja suaves círculos en los huesos de mi cadera y me relajo al instante, justo cuando pensé que había ganado, enreda entre sus dedos la frágil tela de la tanga y me la arranca del cuerpo. Toma la tanga de perlas y me la coloca en su lugar. Se coloca en mi espalda y hace el moño con los listones. — Imagina que toda la noche las perlas juegan con tu clítoris, lo masajean y lo estimulan, estarás tan caliente que cuando termine la noche querrás descargar la frustración que te provocaron las perlas, créeme Katniss, este artefacto es para ambos.
Me besa el hombro desnudo y me da la vuelta, baja la mirada a mi pubis y pasa los dedos por mi zona libre de vello.
— Se ve preciosa.
— No puedo creer que rompieras mi tanga.
— Te lo compensare. Ahora vístete, te espero abajo.
Sale de la habitación y me deja aturdida. No tengo tiempo para cambiarme de tanga, toda mi ropa está en su armario y por nada del mundo me dejara cambiarme. Estoy a su merced y él lo sabe.
Bajo las escaleras y como dijo Peeta, el roce de las perlas con mi clítoris me hace sonrojar y gemir cada vez que camino rápido. El vestido me quedo perfecto, la cintura ancha hace resaltar mi figura y la falda con vuelo me hace sentir como una princesa.
Cuando me encuentro a Peeta esta magnifico con su traje de noche, la pajarita de la un aire sexy, sonríe en cuanto me ve y se apresura a acortar la distancia entre nosotros.
— Pareces una diosa griega Katniss.
— Gracias, tu tampoco estas mal.
— Lo sé, vámonos Cinna nos está esperando.
La fiesta se lleva a cabo en el Hotel Hyatt Regency, el ballet parking abre las puertas de ambos y descendemos del Porsche Panera de Peeta, inmediatamente nos buscamos el uno al otro y entrelazamos nuestros dedos. Entramos en el salón donde se desarrollara la fiesta y nos vemos detenidos por un hombre musculoso, lleva el traje de etiqueta que marca la invitación, pero este hombre no se detiene a saludar a Peeta.
— Katniss, primor, cuanto tiempo sin verte. — Me aleja de la mano protectora de Peeta y me envuelve en un caluroso abrazo, me sofoco por su entusiasmo. Trato de alejarme pero sus brazos se aferran a mi cuerpo, aspira de mi cabello y coloca una mano en la parte baja de mi cintura.
— Castor.
— ¿Por qué tanta formalidad? Ya sabes que puedes llamarme mi amor, es solo cuestión de que aceptes.
Me pongo de todos colores, puedo sentir la rabia que emana Peeta a mi espalda, acabamos de reconciliarnos y estábamos perfectos hasta hace algunos minutos. ¿Por qué tiene que pasarme esto justo ahora?
Espero sus reviews, Saludos, gracias por leer y recomiendesn la historia!
