Nota: Digimon no me pertenece y escribo esto sin fines de lucro. Las Pastillas del Abuelo tampoco.
Miralos a ellos dos
"Y si vos me preguntas hoy que carajo es el amor, yo te contesto: miralos a ellos dos."
Qué carajo es el amor, Las Pastillas del Abuelo
Summary: Sora viste un lazo en el pelo y huele a vainilla. Taichi no entiende el tenis y quiere saber si alguna vez la invitaron a salir. [Taiora]
Imagen: 59. Lazo rosa sobre cabello. Propuesta por ShadowLights (no lo leas, ¡no lo leas!)
Vainilla
Taichi miraba aburrido la televisión. Suspiró. 15, 30, 40, AD, 40… no tenía ningún sentido.
─¿Cómo va el partido? ─le gritó Sora desde la cocina, donde preparaba té. Un olorcito a vainilla muy simpático llegaba hasta él.
─Va… ─dudó un poco antes de contestar, porque sabía que estaba por cometer un papelón─. 40 1 a 30 2…
─¿41? ─su cabeza pelirroja apareció por el marco de la puerta. Extrañamente, y aunque estaba acostumbrado a que sus mechas pelirrojas bordearan sus hombros, esta vez no las vio danzando. ¿Se había cortado el pelo y él no se había enterado?
Se dio cuenta que ella continuaba hablando cuando oyó su conclusión.
─… y así, una columna marca el game y las demás los sets.
─Sí ─replicó. No tenía ni idea de qué le estaba hablando.
Sora regresó con una bandeja sobre la que apoyó la tetera y dos tazas azules sin mango. El olor a vainilla se hizo más potente a medida que ella las servía.
Él no la ayudó, nunca había sido atento con esas cosas. Pero en este caso en particular se encontraba muy entretenido observando y analizando su pelo corto.
Cuando ella se sentó, lo entendió. Se lo había levantado con una especie de cinta gruesa, de un rosa muy pálido.
─¿Te puedes dar cuenta de quién está ganando? ─Pero él por toda respuesta se limitó a arrancarle el adorno de su cabello─. Oye, ¡¿qué haces?! ─protestó, mientras su pelo volvía naturalmente a danzar sobre sus hombros.
Era suave, con los bordes ligeramente rugosos. La repasó con sus dedos y sintió que desprendía un ligero olor a vainilla, el cual de ahora en adelante identificaría con ella.
Esa cinta era tan…
─…femenina ─fue lo único que le dijo─. Parece de… nena.
─Pues por si no te has dado cuenta aún, ¡yo soy una mujer! ─Se la arrebató y volvió a atarse con gracia su cabello.
Se generó un silencio incómodo. Sora apretaba los labios contra la taza mientras miraba fijamente el partido. Se había agregado una columna más a la puntuación, pero Taichi había dejado de prestar atención desde el momento en que por primera vez de cero habían pasado a quince y en minutos, y luego de complejas sucesiones de números de dudosa rigurosidad matemática, los jugadores habían cambiado de cancha.
Así que se dedicó a mirarla.
Y se dio cuenta de que no se la sabía de memoria.
Había crecido con ella e inconscientemente se había memorizado el remolino frontal que la obligaba a usar un ridículo flequillo y muchos gorros. Podía contar mentalmente esas pestañas rizadas sobre unos ojos más grandes que lo habitual y de un color bastante inusual. Conocía sus hombros nudosos de clavículas marcadas, porque se le clavaban contra el pecho cada vez que festejaban un gol.
Pero hoy, ya no se la sabía más.
La Sora que tenía enfrente, la de cabello atado con un lazo rosa y con olor a vainilla, tenía un incipiente pecho que marcaba su remera y acentuaba la estrechez de su cintura, pequeña de por sí. Y si bien vestía pantalones de jean, por primera vez notaba como los años de deporte le habían tonificado las piernas, si bien ella era más bien de complexión delgada.
─¿Por qué estás jugando al tenis? ─La pregunta le valió un suspiro pelirrojo.
─Otra vez… fue una especie de apuesta con mi madre. Ella me dijo que yo me negaba a probar siquiera otros deportes, que tal vez si lo intentara me gustarían… yo estaba muy segura con el fútbol así que probé, para demostrarle que estaba equivocada… ─suspiró resignada─ y me gustó…
─¿Algún chico te ha invitado a salir? ─Le arrojó la pregunta de repente, tomándola por sorpresa. Por primera vez apartó la vista del juego y lo miró agrandando sus de por sí enormes e inusuales ojos.
─¡¿De qué estás hablando, idiota?!
─Lo que digo es que ahora que vistes lazos rosas y faldas cortas, en cualquier momento empezarán a invitarte a salir. Es lo más lógico del mundo y deberías estar preparada cuando suceda. ¿Ya te han invitado a salir?
Sora se cubrió el rostro con un almohadón, avergonzada. Lentamente dejó asomar sus ojos por la parte superior.
─¿A qué te refieres con "estar preparada"…? ¿Hay alguna clase de códigos que deba saber de antemano?
Taichi giró su rostro hacia el partido, por primera vez interesado en esa locura de deporte donde la pelotita ni se veía y en el que las tenistas chillaban pornográficamente. Pensándolo bien, si los tenistas varones gritaban igual…
Habló cuando la tensión fue demasiada. Sora apretaba los bordes del almohadón y en cualquier momento sus uñas cortas atravesarían la tela y caerían plumas sobre el té de vainilla.
─Creo que cuando tengamos nuestra primera cita, debemos saber besar ─decretó, sin vacilación. "Tai, demuestra ese valor" le decía su conciencia Agumon que siempre lo acompañaba.
La Sora futbolista le hubiera revoleado el almohadón por la cabeza. La Sora tenista volvió a taparse el rostro con él.
─Creo que me estás tomando el pelo… tú aún no has besado a nadie tampoco, ¿cómo sabes que es necesario asistir con ese conocimiento previo a una cita?
─No lo sé, y tampoco creo que sea una necesidad. Pero me parece que te va a facilitar las cosas. Así no vas a estar pendiente de hacerlo bien o mal.
Ella dejó el almohadón y se movió un lugar más cerca de su mejor amigo.
─¿Y estás seguro que van a invitarme pronto a salir? ─Taichi asintió. Pero no pudo evitar volver a mirarla de arriba abajo antes de contestar.
─Me jugaría mis recuerdos del digimundo a que va a pasar cuando menos lo esperes.
Ella vaciló un poco más. No los separaba nada: sus piernas se tocaban. Ella aún olía a vainilla, pero el té de él se había enfriado y probablemente sabría agrio.
Súbitamente Taichi tenía mucho antojo de vainilla.
Sin embargo, la que dio el primer paso fue ella. Él se lo permitió por caballerosidad: una cualidad que acababa de agregar a su catálogo de aptitudes. El primer beso fue muy corto y seco: apenas un roce de labios en el que nadie abrió la boca, pero ambos abrieron el espacio entre ellos, retrayéndose a esquinas distantes del sillón.
Pero ahora fue Taichi quien rompió el silencio incómodo.
─Ese no vale, tenemos que hacerlo de vuelta.
Sora se volvió a acercar y esta vez él le acarició el cuello mientras la atraía hacia él. Pensó que estaba siendo suave, pero ella siempre lo recordaría como un tironeo algo brusco.
Ah, pero ese beso… ese fue un beso de verdad.
Taichi se fue oliendo a vainillas, aunque su té se enfrió y él no lo probó. Y cuando cerraba la puerta Takenouchi pensó que, ya que él había sido el primer beso, bien podía ser el primero en invitarla a salir.
"Tai, demuestra ese valor" escuchó en su cabeza, y la voz se le hizo naranja. Como el cabello atado de Sora (aunque, pensándolo seriamente, a él le gustaba más sin lazos ni faldas).
Sí, al día siguiente volvería. Y demostraría su valor.
Notas: ¡Hola! Ay, ay, ay, nadie me rete ni me pegue ni me manden reviews enojados, yo de verdad quería dedicarle algo a Genee porque es muy simpática, y ¡no me arrepiento! Pero no me gusta el Taiora, no. Este fue el one shot corto mássssssss difícil que tuve que hacer (de hecho es la segunda versión, nunca hice una segunda versión de algo).
Esto sucede a los 13 años, cuando sus cuerpos se están empezando a desarrollar y antes del Sorato, claro. Me cuesta que el primer beso de Sora no haya sido con Yama, me cuesta…
