Capítulo 7. You are my friend straight and no chaser.

LIBRO 5 (SIN TÍTULO)

Por Yuri Katsuki.

Capítulo primero:

Sus ojos llenos de estrellas.

Primer borrador.

Las luces del edificio los rodeaban a los dos, reflejándose en la vestidura dorada que el Príncipe de hielo debía usar en una ceremonia como aquella y en la túnica y en los lazos plateados que se enredaban en el cabello de Hanabi cuyo corazón latía asustado.

El corazón del hada de fuego latía sin clemencia dentro de su pecho, porque su corazón sabía que la profecía que un oráculo le hiciera tiempo atrás estaba a punto de cumplirse: él estaba destinado a encontrarse con un amor épico simplemente para ver cómo este era desgarrado por su propio ser, ese ser del que Edwindionel no tenía idea pero ahora era evidente que aquel secreto estaba a punto de ser descubierto.

El hada de fuego quien llevaba más de tres años escondiéndose detrás de un disfraz, el único disfraz que le había permitido acercarse al hombre al que él siempre había querido ayudar, intentaba aferrarse a la última esperanza que le quedaba: que Edwindionel lo amara lo suficiente, que Edwindionel hubiera olvidado el odio que a veces seguía carcomiendo su corazón helado, que el amor de su príncipe fuera suficiente para perdonarlo.

Pero el corazón de Hanabi era viejo y sabio. Edwindionel solía reírse de él por aquel motivo porque aunque en su forma humana no aparentaba sino veinte años, él jamás le había mentido a su príncipe acerca de su edad.

Aquel otoño Hanabi cumpliría dos siglos de andanzas sobre el mítico continente de Amberlia y esos años vividos, así como el miedo en su ser, le decían que aquel día, el día que debía ser el más feliz de su existencia puesto que el hombre que él amaba quería unir su alma a la suya, sería el más amargo de aquellos dos siglos y que él no podría hacer nada para evitarlo.

-Hanabi, sonríe para tu príncipe- dijo el monarca helado con sus ojos azules llenos de luz de estrellas y sus labios curvados en esa sonrisa de sol que siempre hacía que el fuego dentro del hada se avivara de un modo inhumano.

-Lo siento, alteza- dijo él intentando aferrarse a la felicidad de aquel momento, haciendo que el príncipe le dedicara una sonrisa burlona porque entre los dos, el uso de aquel título jamás había sido necesario.

-Oye…- dijo Edwindionel deteniendo de pronto sus pasos bajo la atenta mirada de Whitewald, el Gran Mago Blanco, quien llevaría a cabo la ceremonia de unión de almas y que estaba esperándolos al pie de la escalinata que conducía al techo abierto e iluminado del templo de la Aurora Boreal del cual parecía emanar la luz del universo-. Sé que el viejo Whitewald asusta, pero créeme, no es malo. En menos de quince minutos tú y yo estaremos unidos para siempre, en menos de quince minutos tu alma y la mía se encontrarán la una a la otra por toda la eternidad aunque uno de los dos muera…

-Lo sé…- dijo el hada de fuego intentando no ponerse a llorar ahí mismo-. Lo sé Edwindionel, lo sé…

-Entonces sonríe, mi amada flor de fuego- dijo el príncipe pronunciando sin miedo el nombre verdadero de Hanabi, un nombre que los habitantes de aquel reino solo podían confiarle a la persona que más amaban- ¿No estás feliz? Tuve que cruzar océanos y mares tempestuosos de agua y tiempo para encontrarte y sin embargo lo logré. Ni mi padre ni mi abuelo encontraron jamás un amor verdadero, ninguno de ellos tuvo una ceremonia como la nuestra. Sonríe Hanabi, ahora estamos juntos y así será por siempre, sonríe ¿Quieres?

El hada de fuego obedeció la orden del príncipe, que más que una orden era un deseo expresado en voz alta, y sonrió. Sonrió evocando todos los momentos que habían pasado juntos al tiempo que sus pasos seguían su curso hacia la magia de Whitewald quien le dedicaba a Hanabi una mirada de advertencia porque era imposible ocultarle algo a los portadores de la magia y aunque aquella mirada lo asustaba un poco, el hada de fuego no retrocedió.

Él sabía que estaba a punto de perderlo todo y no le importaba porque dentro de su ser él sabía que un secreto como el suyo era algo que no podía ser ocultado eternamente. Había llegado el momento de mostrar su verdadera forma. Había llegado el momento de arriesgarse a todo.

Después de unos pasos más hacia la enorme escalinata de mármol blanco que llevaba a lo más alto del techo del templo, Hanabi y Edwindionel se pararon delante del Gran Mago Blanco quien les dedicó a los dos una sonrisa compasiva que solo Hanabi fue capaz de interpretar. Y es que Edwindionel se sentía tan feliz en ese instante que por ello mismo no fue capaz de leer el dolor en la mirada del viejo hechicero que lo había educado en las artes arcanas para ayudarlo a aprender a manejar su magia de hielo.

Whitewald suspiró y dejó que su mente se tranquilizara para poder llevar a cabo la ceremonia que requeriría de todo su poder y de toda su energía. Habían pasado más de cincuenta años desde la última ceremonia de unión de almas que había realizado porque los encuentros como el que les había sucedido a Edwindionel y a Hanabi eran algo muy extraño en un mundo sumido en la guerra como Amberlia.

La gran mayoría de los seres nacidos en aquella época se iban del mundo sin conocer aquella energía conocida como "el amor bueno" o "el gran amor", una energía que solo aparecía frente a unos pocos, ante seres valientes. Incluso había personas que decían que solo algunos elegidos podían aferrarse a un amor así.

A veces el Gran Mago Blanco se preguntaba si aquel amor bueno no tendría también alguna veta cruel que hacía que quienes lo habían encontrado sufrieran por su culpa un destino amargo.

Porque los dos amantes de la última unión que Whitewald había realizado habían muerto años atrás en la defensa de su único hijo, y aquel único hijo era Erin, el mejor comandante del ejército del reino del Hielo, un hombre para quien la suerte de sus padres no había vuelto a suceder.

Y ahora estaban aquellos dos, el príncipe de hielo y el hada de fuego a quienes su propia naturaleza distinta debía de haberlos separado desde el inicio, pero tal parecía ser que era aquello lo que más los había unido. Los dos estaban hechos de elementos destinados a destruirse el uno al otro y sin embargo, los ojos grises de Whitewald podían ver que su unión los hacía mejores el uno al otro, que los dos estaban en equilibrio, que cuando los dos unían sus manos eran capaces de traer la paz al mundo. Y paz era lo que un mundo como Amberlia necesitaba con urgencia.

Pero aquella insinuación de paz en las manos unidas de los dos no duraría y el viejo hechicero sintió ganas de desobedecer una orden directa de Edwindionel por primera vez en la vida del príncipe diciéndole que él no podía llevar a cabo esa ceremonia, que su corazón viejo no soportaría ver el dolor en el rostro de los dos una vez que la forma verdadera del hada de fuego se manifestara con el primer toque de las luces de la aurora.

-Bienvenidos al lugar donde la aurora besa al mundo- dijo el Gran Mago Blanco haciendo que su voz retumbara por el lugar vacío.

Fuera del templo, el pueblo de Edwindionel esperaba a que la ceremonia terminara para festejar al príncipe y a su compañero eterno, pero nadie además de los amantes y el hechicero podía presenciar una ceremonia como aquella, nadie podía saber lo que sucedía en el templo a riesgo de quedar ciego por el resplandor de las almas uniéndose bajo la luz de miles de estrellas.

-He venido aquí porque mi alma fue tocada por el amor bueno- dijo Edwindionel tomando la mano de Hanabi y presentando sus dedos unidos ante el hechicero-. Este hombre y yo fuimos bendecidos con el descubrimiento de ese amor en nuestros ojos. Lo hemos sentido latir en nuestras almas, lo hemos hecho brotar con nuestros cuerpos y es por eso, Gran Whitewald, que queremos que el dios del norte bendiga nuestra unión con un beso de luz que hará que las almas de los dos no puedan perderse jamás…

-¿Sientes lo mismo al respecto, Flor de fuego?- dijo Whitewald dirigiendo su mirada a los ojos dorados del hada de fuego quien puso todo su empeño en lograr que su voz no saliera rota de dolor y de amor- ¿Es Edwindionel, Guardián del viento, esa alma con la que has sido llamado a unir la tuya?

-He vivido por más de dos siglos y si mi vida ha durado tanto es porque mi alma estaba destinada a encontrarse con la de Edwindionel- dijo Hanabi dejando que su amor fluyera por sus venas-. Él es el viento que aviva mis llamas y yo soy el fuego que caldea su ser…

-¿Están los dos al tanto de que una ceremonia de esta naturaleza no tiene modo de ser revertida?- dijo el gran Mago conmovido hasta la raíz de su alma antigua por las palabras de los dos amantes-. Cuando el dios del norte les otorgue el beso de luz a los dos, ustedes verán en los ojos del otro la verdadera esencia del ser al que aman. Deben saber que la unión de los dos no se completará hasta que ustedes sean capaces de aceptar la luz y la oscuridad en el corazón del otro. Deben saber que si no son capaces de aceptar ese reto, su unión será una unión maldita y los dos serán condenados a vagar como espíritus errantes por toda la eternidad hasta que el perdón y el amor incondicional de sus almas pueda brotar por fin. Aun oyendo esta advertencia ¿Están seguros de continuar con el ritual en el que sus almas se unirán para siempre para ser uno con el amor bueno, o en el que también pueden llegar a condenarse a una vida de odio y de dudas si no son capaces de amar al otro en su totalidad?

-Estamos al tanto y no hay dudas en ninguno de los dos- dijeron los amantes al unísono-. Somos uno solo desde el principio del tiempo y seremos uno solo al final de él.

-Entonces unan sus manos bajo la luz del firmamento- dijo Whitewald conduciendo a la pareja al final de la escalinata sobre la que un rayo de luz de mil colores y de ninguno descendía ya sobre las manos unidas de Edwindionel y Hanabi-. Dejen que las estrellas sean uno con ustedes, porque solo las estrellas conocen el infinito del amor. El dios del norte los besará con su manto estelar, el dios del norte los unirá a la eternidad en este momento y cuando los ojos de los dos miren lo que el otro es en realidad, acepten con humildad que nadie en esta vida es perfecto. Si su amor sobrevive a eso, entonces los dos conocerán la dicha sin final. Sean valientes. Sean leales. Sean fieles. Muestren sin temor el amor que se tienen y ofrézcanlo al dios del hielo y de la aurora. Flor de fuego, Guardián del viento, a partir de ahora el camino de los dos acaba de comenzar…

El hechicero colocó su báculo sobre las manos unidas de los amantes quienes en seguida se sintieron invadidos por toda la luz del universo. Era como si miles de estrellas empezaran a arremolinarse alrededor de ellos, como si esas estrellan estuvieran dibujando ante sus ojos el verdadero ser del otro.

Fue Hanabi el que vio primero a su príncipe convertido en un niño egoísta y solitario, un niño que aún tenía miedo de amarlo, un niño que era vanidoso y arrogante, y que quería salvar a su pueblo no por la felicidad de ellos sino por su propia ansia de poder y de reconocimiento. Y aquella forma, aquellas cualidades nada buenas en Edwindionel no disminuyeron en nada el amor de Hanabi, porque Hanabi podía ver más allá, porque esa era solo una parte de su príncipe. Porque las luces del norte también lo mostraban como un hombre valiente, como un hombre cuyo corazón solitario estaba ahora lleno de él, y el amor del príncipe resplandecía como mil estrellas nuevas brotando de su ser.

Hanabi sonrió, el hada de fuego sonrió al ver aquello y Edwindionel, quien había visto lo mismo que Hanabi en los ojos de éste, sonrió avergonzado de su ser pero las manos firmes y cálidas de su amado eran como un mensaje que quería decirle "tendrías que ser mil veces peor que eso para que yo dejara de amarte, no puedo dejar de amarte, te acepto así, te acepto conmigo tal y como eres".

El príncipe del hielo sonrió complacido al sentir aquella energía y hubiera podido sonreír por siempre de no ser porque ante él, las estrellas del dios del norte habían empezado a dibujar una forma extraña, una forma maligna, una forma que el príncipe del hielo y Guardián del viento jamás podría ver de otra forma.

Porque el cuerpo de Hanabi no era un cuerpo mortal, era el cuerpo de una enorme criatura hecha de magia y poder, una criatura mágica, poderosa y esplendorosa cuyas garras y alas, así como su aliento de fuego eran la causa de muchas de las pesadillas del príncipe del hielo.

-Hanabi…- dijeron los labios del monarca sintiendo terror al darse cuenta de lo que aquella forma significaba-. Hanabi… tú eres él. Eres la montura del Barón del trueno, Hanabi… tú mataste a Alhana.

Las últimas palabras del príncipe del hielo resonaron en la quietud del recinto y se clavaron en el alma del dragón dorado como una estaca, al tiempo que la luz de las estrellas se intensificaba alrededor de los dos. Y aunque Edwindionel se sentía traicionado, el beso de las luces del norte descendió sobre los dos haciendo que sus almas quedaran unidas por toda la eternidad aunque el príncipe del hielo estaba sintiendo que una enorme oscuridad caía sobre él.

Y cuando las estrellas volvieron al firmamento haciéndole saber a los dos que la ceremonia se había terminado las manos de Edwindionel soltaron las de Hanabi, el hada de fuego sintió que todo había terminado pero que aquel no era un final feliz.

Y eso era así porque Hanabi era tal cosa, sino que él era nada más y nada menos que el letal compañero inmortal de Tristan, el Barón del trueno. Hanabi era el dragón dorado que había sido capturado siendo no más que un huevo para ser entrenado y obligado a servir al tirano que tenía sumida a Amberlia en aquella guerra sin final. Hanabi era el dragón dorado que había fingido su propia muerte para desertar del ejercito enemigo de Edwindionel y unirse al príncipe sintiéndose arrepentido por haber matado a Alhana, la princesa de invierno, bajo las órdenes del Barón.

Pero en aquel instante Edwindionel sabía todo eso y cuando el príncipe se alejó de él, cuando el príncipe le dio la espalda Hanabi sintió que todas las estrellas que segundos atrás los habían unido, en aquel instante se habían apagado de golpe cuando un grito de venganza y odio eterno brotó de la garganta del hombre que lo había amado antes.

Porque Hanabi podía decir que Edwindionel ya no lo amaba, las estrellas de sus ojos y de su corazón eran ahora un agujero negro que dolía como la herida de una espada. Porque él ya no era el hombre con el que el príncipe del hielo acababa de unir su destino sino que se había convertido en un instante en el peor enemigo de esos ojos azules que jamás volverían a mirarlo como antes…


-¿Victor?- dice Yuri con voz aterrada y es hasta ese momento en el que te das cuenta de que gruesas lágrimas corren por tu cara- ¿Por qué lloras? ¿De verdad es tan malo? Si quieres puedo volver a escribirlo ahora mismo, sé que debe ser deficiente, hace más de un año que no escribía nada y…

-Señor Yuri- dices tú con la voz entrecortada-. Espere un segundo, necesito un momento.

Tus ojos vuelven a leer la primera página del documento y no puedes evitar sentir de nuevo el torrente de emociones que te invaden por dentro. No sabes muy bien en qué momento comenzaste a llorar y las razones para hacerlo se mezclan de forma extraña dentro de tu ser. Y es que estás llorando porque sabes que ningún fan de Yuri Katsuki podrá llegar a la segunda página del primer capítulo del libro sin lágrimas en los ojos. Simplemente es imposible.

Porque aunque sabes que esa es una historia de ficción, por años esos dos personajes han sido como dos buenos amigos que te robaron el alma y al verlos ahora a punto de sufrir y de ser infelices, miles de emociones distintas te han tocado profundamente, haciéndote ver en un solo escrito que la magia de Yuri Katsuki no tiene límites, que tu escritor es un escritor de nuevo, que jamás ha dejado de serlo y a las lágrimas tristes por el destino de Hanabi y de Edwindionel se unen ahora también lagrimas felices y llenas de orgullo.

Porque sabes que ese capítulo solo es el comienzo de todo, porque mientras tú leías y marcabas algunas correcciones al margen del escrito con tu inseparable marcador rojo, Yuri seguía escribiendo, Yuri seguía sumergido en la redacción de su historia y puedes notar ahora que en la computadora del pelinegro hay más hojas que esperan para ser leídas y eso es como entrar al paraíso terrenal.

Tu escritor es capaz de escribir ahora.

Tu escritor favorito sigue siendo capaz de conmoverte hasta las lágrimas y esas gotas de agua salada siguen cayendo lentamente por tus mejillas como perlas brillantes haciendo que Yuri piense que tú no lloras como los demás humanos. Y es que quizá suene loco decirlo pero que de algún modo ese llanto te hace parecer más bello que nada.

Las mejillas del joven se sonrojan un poco ante ese pensamiento y escuchas cómo el chico traga aire de forma nerviosa haciéndote darte cuenta de que él está esperando por tu respuesta. Dejas que el último rastro de emoción dentro de ti se desvanezca, limpias las lágrimas de tus mejillas y sonríes hacia el joven Katsuki de una forma tan brillante que él no sabe si las lágrimas que vio hace un momento fueron solo fruto de su imaginación solamente.

-Señor Yuri- dices tú y no te preguntas ya por qué sigues usando aquel nombre formal con el chico que desde hace una semana parece llamarte por tu nombre sin ningún problema-. Creo sinceramente que este es el mejor primer capítulo de toda la saga. Hay tanta emoción en él, hay tanto amor que no sé qué decir… ¡Por el dios del norte! Muero por leer lo que sigue, sé que me irá entregando los capítulos uno a uno pero no sé si pueda soportar la angustia ¿Podría leer el segundo ahora, por favor?

-Sigues hablando como mi fan número uno, no como mi editor- dice Yuri con una alegre sonrisa que te hace volar hacia el espacio-. Ahora dime la verdad Victor ¿Qué tan mal salió? ¿O quieres que le llame a Vanya? Él me dijo que si eras demasiado suave conmigo él iba a tener que regañarte…

-¡Bah! Vanya no sabe nada de respeto por los hermanos mayores ¿cierto?- dices tú haciendo una nota mental de regañar a Ivan Nikiforov por haberle dicho eso a Yuri antes de volver a Rusia dos días atrás-. No estoy siendo suave con usted, estoy siendo sincero, no me puede reprochar mi emoción ¿o sí? He hecho algunas sugerencias y notas en los márgenes, evidentemente hay mucho que podemos mejorar. Por ejemplo me gustaría que profundizara un poco más en la reacción del príncipe, no es justo que solo Hanabi lleve el peso emocional de este capítulo ¿no cree?

-Eso es lo que quería escuchar- dice Yuri con un asentimiento al tiempo que se pone a escribir en su cuaderno de papel de colores las aportaciones que acabas de hacerle-. Uno no puede mejorar si le dicen todo el tiempo que es perfecto, Victor.

-Pues su escritura es perfecta- dices tú con una sonrisa complacida-. Y lo digo como fan número uno y como editor y no creo que haya problemas con eso.

Yuri sonríe alegremente sabiendo que le dices eso para hacerlo sentir confiado y tú te dices que más que su escritura, esa sonrisa en los labios de Yuri es la cosa más perfecta del universo entero.

Porque ahora tu escritor resplandece cuando ríe, Yuri es otro desde que la música ha vuelto a sonar dentro de él y no puedes evitar sentirte parte de aquella luz. No puedes evitar sentir esperanza tampoco. No puedes dejar de soñar aunque ahora sueñas sin miedo porque aunque lo que tu corazón siente por Yuri sea difícil de ser correspondido, no vas a rendirte aunque ni siquiera has empezado a luchar todavía.

Y es que a lo largo de esa semana después de que tus hermanos se fueran de Hasetsu con rumbo a su primer evento del Grand Prix que aquel año será en Canadá, te has preguntado muchas veces cuál será el mejor modo de llegar al corazón de Yuri Katsuki.

Porque definitivamente quieres que eso suceda pero a veces te encuentras a ti mismo perdiendo la fe sin poder dar ni siquiera con una pequeña pista que te pueda ayudar. Porque aunque el escritor es ahora amable y se siente cómodo contigo hay todavía una línea invisible que los divide, esa pequeña línea que convierte a tu sueño en un sueño imposible que quizá jamás será una realidad.

Y eso te asusta y al mismo tiempo te hace pensar en que debes dejar que el tiempo pase y que si algo más entre los dos está destinado a suceder simplemente pasará. Y si no sucede, bueno, aun no sabes qué harás si eso pasa pero por el momento te basta con perderte en esa sonrisa brillante, te basta con mirar con embeleso esos ojos marrones que brillan detrás de unos anteojos sobre los que se reflejan las palabras de un libro maravilloso que apenas ha comenzado a brotar.

-Quiero terminar con la primera mitad del capítulo dos, si no te importa- dice Yuri con una sonrisa alegre- ¿Qué te parece si mientras termino te preparas para la cena de hoy?

-¿Cuál cena?- dices tú un poco despistadamente pero no recuerdas que Yuri y tú tuvieran una cena especial ese día.

-La cena en la casa de Yuko, le prometí que iríamos a cenar con su familia hoy- dice tu escritor con una sonrisa paciente, pues has estado ya dos meses en Hasetsu y él se ha dado cuenta de que hay muchas cosas que no eres capaz de recordar-. Las niñas quieren conocer al fabuloso hermano de Alyosha y Vanya, creo que tus hermanos fueron muy lindos con ellas, no dejarán de agradecértelo ya lo verás. Además…

-¿Además?- dices tú recordando de pronto aquella cena y esperando que el "además" de Yuri incluya una sorpresa para ti y solo para ti.

-Les escribí un cuento nuevo, uno donde las tres son bendecidas por un par de seres mágicos que hacen que ellas se conviertan en hadas del hielo- dice Yuri con una sonrisa divertida- ¿Crees que les guste? Quizá me haya inspirado un poco cuando las vi a ellas y a tus hermanos patinando en la pista del Ice Castle…

-¿Ha pensado en crear una serie de cuentos para niños, señor Yuri?- dices tú para nada sorprendido de que Yuri pueda escribir tantas cosas ahora.

Porque sabes que era cuestión de tiempo. Y es que ahora Yuri es como un rio de palabras que vuelve a fluir, un rio que no se secará en mucho, mucho tiempo.

-Sí… pero es solo… bueno, una idea para después- dice él con gesto preocupado-. Luces decepcionado Victor…

-No, no de ninguna manera- dices tú reprendiéndote mentalmente por haber esperado escuchar que Yuri quería tener una cita especial contigo después de la cena con Yuko o alguna otra cosa de ese estilo que evidentemente no va a suceder.

-¿De verdad?- dice tu escritor con bastante duda en su voz-. Bueno, por hoy su día de trabajo ha terminado señor Nikiforov. Lo veré en media hora en la sala, vaya a ponerse guapo, aunque, bueno…

-¿Qué?- dices tú volviendo a sonreír con la aparición de las mejillas sonrojadas de Yuri a las que pareces ser un adicto sin esperanza.

-Pensaba que… bueno, usted… tú…- dice Yuri sintiéndose un poco idiota de decir aquellas palabras en voz alta-. Tú no necesitas ponerte guapo, Victor, siempre lo eres.

Tú sonríes con felicidad extrema y reprimes las ganas de ponerte a gritar "¡Yuri Katsuki piensa que soy guapo, carajo, me voy a casar con el algún día!" y simplemente te quedas mirando a tu escritor quien desearía poder esconderse debajo de la mesa por el juicio tan idiota que acaba de dedicarte.

-Ah, señor Yuri- dices tú levantándote de la silla para regresar a tu habitación y prepararte para la cena con la familia Nishigori-. Si usted piensa que soy guapo, a lo mejor tengo un poco de esperanza… aunque ¿sabe algo?

-¿Qué cosa?- dice Yuri tratando de no morir de vergüenza al mirarte.

-Yo puedo ser guapo, pero el único hombre hermoso en esta habitación es usted- dices tú y antes de que te arrepientas de haber dicho aquellas palabras en voz alta, le dedicas una sonrisa brillante al escritor cuyas mejillas brillan intensamente y sales de la habitación dejando a Yuri sintiéndose agitado y extrañamente alegre por las palabras que le has dicho.

Y tú caminas a tu habitación sintiéndote feliz de haber dicho en voz alta algo que hasta ese día solo habías pensado y piensas que quizá de ese modo, poco a poco, paso a paso, ese es el modo en el que debes de acercarte a Yuri Katsuki para dejarle saber que si él te da la oportunidad, tú podrás repetirle lo que le has dicho hace un instante una y mil veces hasta que él lo crea o hasta que el mundo deje de girar…


Tus ojos están perdidos en la contemplación de tu editor riendo en el jardín de la familia Nishigori rodeado por las trillizas y a tu lado, Yuko no puede evitar suspirar al pensar en lo que esa mirada fija sobre la piel de Victor Nikiforov puede llegar a significar para ti.

Tu editor ríe mientras las trillizas revolotean a su lado pidiéndole que por favor él le llame a sus hermanos para poder platicar con ellos y Victor acepta entre risas diciendo que a cambio de esa llamada Lutz, Loop y Axel tendrán que regalarle otro trozo de tarta de manzana. Las niñas asienten a la petición de Victor y tú no puedes evitar sonreír porque te sigue maravillando la facilidad con la que aquel hombre puede hacerse querer por todas las personas que lo rodean.

Querer…

La palabra revolotea en tu mente unos minutos y no puedes evitar sentir que tu corazón late con fuerza cuando el significado de esa palabra parece acoplarse un poco a tus sentimientos, porque sí, hay sentimientos en tu corazón cuando miras a Victor Nikiforov.

A veces se trata de solamente felicidad, es simplemente la alegría de saber que él estará ahí un día más a tu lado pero poco a poco, también va cambiando por otra cosa a la que sigues sin poder darle un nombre.

Quizá afecto o cariño sean las palabras adecuadas, porque esa sensación cálida que hay en tu pecho se parece mucho a los sentimientos que hay en ti cuando ríes con Yuko y una idea llega a tu mente con total claridad: quizá por todo lo que han pasado juntos hasta ese momento, tú y Victor son más que el escritor de un libro y su editor, quizá tú y él son amigos ahora…

-¿Amigos?- dices en voz alta y Yuko voltea a mirarte con un dejo de diversión en la mirada.

-¿Cómo Yuri?- dice Yuko y a su lado, su esposo Takeshi Nishigori quien también ha notado que entre tú y Victor hay una relación especial, sonríe con complicidad a su esposa que tiene una idea acerca de lo que estás pensando.

-Solo me preguntaba si…- dices tú tratando de poner tus pensamientos en palabras- ¿Crees que Victor y yo seamos amigos ahora? Es decir, lo pensé porque si es así tal vez yo… yo soy el peor amigo de la historia.

El matrimonio a tu lado sonríe y tú no entiendes del todo esas miradas cómplices que aparecen en sus ojos. Es como si ellos pudieran ver en ti algo que tú no puedes notar, es como si ellos pudieran ver en tu interior de un mejor modo que tú mismo y sin embargo, no estuvieran autorizados a decirte qué es lo que han descubierto.

-Personalmente creo que Victor ha dejado de ser solo tu editor desde hace mucho tiempo, quizá desde el principio de su relación laboral- dice Yuko con voz tranquila-. Creo que tú necesitabas a alguien como él, alguien capaz de entenderte como persona, no solamente como profesional y pasa, Yuri, que cuando alguien se asoma a tu interior y te ayuda a entender lo que tú no puedes, se crea un lazo entre los dos…

-¿Un lazo?- dices tú y tus ojos vuelven a posarse en el ruso que sigue riendo sobre la hierba del jardín donde las trillizas hablan con los gemelos Nikiforov por teléfono y no te sorprende para nada escuchar la alegre voz de Alexey preguntando por ti.

-Un lazo muy especial y fuerte- dice Takeshi tomando la mano de su esposa, un gesto cariñoso que hace que algo se remueva en tu interior, algo parecido a la necesidad de poder sostener una mano del mismo modo en el que el esposo de tu amiga lo hace-. Creo que tú confías en Victor y él confía en ti. Te ves más feliz desde que Victor está aquí, él se acopló a tu tiempo y ahora su espera ha sido recompensada porque ¿No lo notaste acaso Yuri? Se pasó toda la cena hablando de ti…

-De ti y de lo maravilloso que eres- dice Yuko con una risa emocionada que hace que tus mejillas se sonrojen.

-De ti y del hermoso libro que estás escribiendo- dice Takeshi con un guiño de sus ojos.

-De ti y de lo mucho que te admira pero también de lo mucho que tú significas para él- dice Yuko y las palabras de tu amiga te hacen sentir nervioso sin saber por qué.

-¿De lo que yo significo para él como escritor?- dices tú con voz tímida.

-No, de lo que tú significas para él como Yuri Katsuki- dice Yuko tomando tu mano-. Creo que eres alguien muy especial para Victor ¿sabes? Te mira con sus ojos llenos de luz, es como si quisiera que tú brillaras siempre, es como si quisiera guardarte en sus ojos, como si con esa mirada pudiera protegerte…

-Victor también es especial para mí- dices tú y los esposos sonríen como si lo que has dicho fuera demasiado obvio y ellos lo hubieran pensado antes de escucharte decirlo-. Y si él es especial para mí y yo soy especial para él, eso significa que somos amigos ¿No?

Yuko sonríe y asiente con calma sabiendo que el lazo que tú y Victor comparten se trata de otra cosa, pero no es ella y no será Takeshi quienes te digan de que se trata. Ellos dos saben del amor, ellos saben que el amor no viene en grandes aspavientos sino que simplemente sucede, te atrapa, te enreda por medio de pequeños gestos: una mirada, una sonrisa, una canción que resalte entre todas los demás y te guie hacia esa persona que hace del mundo un lugar distinto. Y Yuko y Takeshi saben que tú descubrirás muy pronto que Victor es así para ti del mismo modo en el que tú representas lo mismo para Victor porque él no tiene miedo de mostrarlo ante el mundo entero.

Pero tus amigos saben también que cuando el momento llegue quizá tú sentirás miedo, sentirás culpa y solo pueden desear que si eso pasa, Victor esté ahí para mostrarte una vez más que él es la razón por la cual tú serás capaz de escribir una historia de amor de nuevo.

-Quisiera poder darle algo a cambio de todo lo que él ha hecho por mí- dices tú y en ese preciso instante los ojos de Victor se posan en ti y el ruso te sonríe de forma deslumbrante causándote una sensación de vértigo que también tiene algo de loca alegría dentro de ti.

-¿Algo como qué?- dice Yuko tratando de mantenerse serena pero Victor y tú son tan adorable y torpemente tiernos que quisiera simplemente levantarse y unir tu mano a la de Victor y decirles "Hey, aquí está el amor de tu vida, date la oportunidad de descubrirlo", pero ella sabe también que no debe apresurar las cosas.

-No lo sé, un regalo, algo que signifique algo para él- dices tú pensando en las posibilidades que esa idea te ofrece.

-Regálale algo hecho por ti- dice Takeshi con una sonrisa cómplice que quiere decir "o simplemente ponte un moño en la cabeza y listo".

-Algo como… ¿cómo qué?- dices tú sin terminar de entender la idea.

-No sé, el otoño empezará pronto- dice Yuko sorbiendo un trago de té-. Él debe estar acostumbrado al frío, Rusia de verdad es helada pero aun así ¿No te gustaría mantenerlo cálido, Yuri?

-¡Yuko!- dices tú sintiendo que tus mejillas queman por las palabras de tu amiga.

-¡Dios, qué mente tan pervertida tienes!- dice tu amiga riendo divertida-. En serio Takeshi, fuiste tú el que hizo que mi dulce y tierno Yuri empezara a pensar así…

-No fue mi culpa, Yuri ya pensaba así cuando volvió de Estados Unidos- dice el otro hombre sin dejar de sonreír-. Yuko se refiere a una prenda de abrigo, Yuri, aunque si decides simplemente abrazar a Victor durante la temporada de frio, no creo que él se disguste demasiado…

Tus mejillas vuelven a sonrojarse con violencia y el comentario de Takeshi te hace preguntarte si lo que ha dicho él es verdad. Y es que a veces, cuando Victor está muy cerca, cuando se sienta a tu lado y te contempla mientras escribes, quisieras poder estirar tu mano y poder tocarlo y aquella necesidad se repite día a día confundiéndote un poco. No sabes qué es lo que está pasando o quizá sí lo sabes pero algo dentro de ti tiene todavía miedo de aceptarlo.

-Mamá me enseñó a tejer, quizá se me ocurra algo…- dices tú tratando de calmarte pero sientes que tu corazón empieza a agitarse de nuevo al ver a Victor caminando hacia ustedes rodeado de las trillizas Nishigori quienes parecen adorarlo de forma incondicional.

¿Y quién no podría adorarlo?, piensas tú y tienes ganas de esconder tu cara entre tus manos por haber dejado que aquel pensamiento tomara fuerza dentro de tu mente. Mientras tanto, Yuko asiente a tus palabras y todo mundo deja de hablar cuando el personaje principal de la charla llega a tu lado.

-Señor Yuri, ha comenzado a llover- dice Victor con una sonrisa alegre-. Quizá debamos volver a casa ahora, no traje más que un paraguas y no me gustaría que usted llegar a enfermar por mi culpa…

-¿No quieren esperar a que pase la lluvia?- dice Yuko recibiendo a sus pequeñas hijas en sus brazos-. Quizá sea mejor eso a que salgan a la calle ahora mismo…

-Creo que Victor tiene razón, es mejor volver- dices tú sintiendo la súbita necesidad de tener aquella caminata a solas con Victor-. No se preocupen, la casa no está lejos. Además, ya abusamos demasiado de su cortesía. Deberíamos hacer esto cada semana…

-Por supuesto, Yuri- dice tu amiga sonriendo encantada-. Vayan con cuidado ¿Quieren?

-Yo lo protejo, no se preocupen- dice Victor con una sonrisa deslumbrante y después agrega mirando a las pequeñas:- Traeré a Maccachin la próxima semana ¿está bien? Pero no dejen de entrenar, mis hermanos no las perdonarían jamás si no se topan con ustedes en alguna competencia de patinaje artístico en unos años.

Las niñas le gritan emocionadas a tu editor que no dejaran el entrenamiento y tú las miras sin dejar de sonreír y de pronto te das cuenta que desde que la música de la escritura ha vuelto a ti es más fácil sonreír.

Sí, algunas veces todavía hay dolor, pero cuando eso pasa no tienes que hacer más que leer la carta de Phichit y todo vuelve a tener sentido porque ahora de verdad estás cumpliendo tu promesa. Has empezado a escribir el final feliz de tu último libro aunque no lo parezca, y aunque encontrar un final feliz para tu vida sea un desafío aún más grande, algo en la sonrisa de Victor Nikiforov te hace pensar que quizá muy pronto también puedas encontrarte con algo así en el mundo real.

Es por eso que te despides de tus amigos con un abrazo cálido y un beso en las mejillas de las niñas quienes te abrazan con cariño y te dicen que el nuevo cuento que les has escrito les ha encantado y que Alexey e Ivan dijeron que era un honor ser parte de los personajes de tus cuentos. Y tú ríes porque los hermanos Nikiforov se dieron cuenta de ese detalle y porque la noche lluviosa es bella y tu alma se siente tranquila una vez más.

Y aquella sensación de tranquilidad se hace más grande cuando Victor y tú caminan por la calle sintiendo la suave llovizna a su alrededor que poco a poco va convirtiéndose en una lluvia constante y fuerte, el tiempo de lluvia que sin duda te dejará empapado hasta los huesos.

-No debe mojarse, señor Yuri- dice Victor abriendo el paraguas y protegiéndote con él aunque puedes notar que el suéter azul marino que estaba usando rápidamente empieza a empaparse.

-Ni tú tampoco Victor, quizá debamos caminar un poco más rápido- dices tú sintiéndote un poco culpable-. Aunque… ¿Por qué no te acercas un poco más? De ese modo ninguno de los dos va a mojarse…

Tu editor sonríe de forma alegre y tú de pronto tomas conciencia de lo que acabas de decir y tus mejillas se sonrojan de modo alarmante, tanto es así que Victor puede ver ese adorable rosa en tu cara incluso con la ligera iluminación de la calle.

-Yo estoy bien, señor Yuri- dice tu editor con una sonrisa tranquila-. Apresurémonos un poco, de verdad no quiero que se enferme…

Tú sonríes y comienzas a apretar el paso, pero el sonido constante del llanto de un cachorro te detiene en seco y Victor se para a tu lado también, tratando de distinguir el lugar del que proviene aquel llanto desesperado.

Sin decir nada, los dos se olvidan del paraguas y de la lluvia y comienzan a buscar la dirección de la cual proviene el sonido hasta que los dos se encuentran con una caja de cartón abandonada cerca de un basurero, dentro de la cual un pequeño cachorro de pelaje café y ojos tiernos, muy parecido a Maccachin, deja de llorar cuando los mira a los dos.

Y cuando lo ves, cuando sus ojos pequeños se quedan fijos en los tuyos te das cuenta de que ese pequeño perro que ha sido abandonado a su suerte es una casualidad que el destino te tenía preparada y sin dudarlo ni un solo segundo, tomas al cachorro en tus manos y lo proteges abriendo la chamarra negra que estabas usando y él te mira como si tú fueras un súper héroe, como si fueras alguien extraordinario y tu corazón se conmueve a tal grado que sin saber por qué, sientes ganas de llorar.

-Él vendrá con nosotros, Victor- dices tú con decisión-. No puedo dejarlo, no quiero. Maccachin necesita un amigo ¿No crees?

Victor sonríe y asiente y tú comienzas a caminar de nuevo sintiendo el pelaje cálido y mojado del cachorro y empiezas a acariciarlo como si quisieras hacerle saber que ya no debe tener miedo, como si quisieras que él entendiera que a partir de ese momento no tendrá por qué volver a estar solo nunca más.

-Tendremos que llevarlo al veterinario mañana – dice Victor con voz emocionada-. Y lo llevaremos a pasear con nosotros todos los días, Maccachin puede enseñarle a ser un perro educado, aunque también le enseñará a robar comida. Bueno, no importa… ¿Ya pensó en un nombre para él, señor Yuri?

Tú miras los ojos de tu editor y encuentras la respuesta a esa pregunta en sus ojos aunque no sabes si a él va a gustarle la idea pero entre más lo piensas, más seguro estás de que aquel nombre que has pensado debe ser el nombre de tu nueva mascota.

-Victor… ¿Crees que pueda usar el nombre de alguien especial? - dices tú con convicción y por un momento el ruso teme escuchar el nombre de esa persona de la que estás hablando.

-Sin duda, esa es la mejor opción- dice él con una sonrisa un poco llena de inquietud.

-Quisiera usar el nombre de mi nuevo amigo- dices tú causando que Victor sienta ganas de desmayarse.

-¿Un nuevo amigo?- dice tu editor devanándose los sesos por tratar de saber quién demonios es ese jodido nuevo amigo y cuándo lo conociste sin que él se haya dado cuenta.

-Sí, mi nuevo amigo, Victor Nikiforov- dices tú provocándole al ruso un alocado concierto de latidos en el corazón-. Aunque si crees que es ridículo…

-Claro que no es ridículo, señor Yuri- dice el ruso sintiendo calor en su interior-. Para mí es un honor que usted piense que soy especial y que soy su amigo y que… use mi nombre, me hace feliz que use mi nombre…

-Entonces lo llamaremos Victor- dice Yuri abrazándose al cachorro que duerme ahora sintiéndose seguro entre los brazos de su nuevo dueño-. Para no confundirnos le diremos Vicchan ¿Te gusta?

-Sí, es un buen nombre- dice Victor y tiene ganas de ponerse a bailar la conga

-Y por cierto, Victor- dices tú con una sonrisa que podría llegar a convocar un arcoíris en medio de la noche lluviosa y de la oscuridad-. Hay algo que debo pedirte, en realidad es una orden de tu escritor…

-Lo que usted quiera…- dice Victor con una sonrisa divertida.

-Deja de usar el "señor Yuri"- dices tú sintiendo que eso ya no es necesario-. Los amigos pueden hablarse de modo informal ¿no es así? Tú eres Victor y yo soy Yuri, Alyosha tiene razón ¿No crees? No soy tan viejo para ser llamado "señor"

-Por supuesto que no eres viejo, Yuri- dice él sintiendo una loca alegría en su interior al llamarte de ese modo por primera vez y tú sonríes al escuchar tu nombre vuelto caricia en los labios de Victor.

-Vamos a casa, Victor- dices tú sintiéndote feliz de pronto-. Vicchan debe tener hambre y eres tú quien va a enfermarse si no llegamos ya.

-Vamos a casa, Yuri- dice tu editor sintiendo que a partir de ese momento no será capaz de dejar de pronunciar tu nombre pero no le importa decirlo mil millones de veces al día.

Y no le importa porque tú has dicho que él es tu amigo, porque le has dicho que eres especial y él sabe, aunque en realidad más que saberlo, él espera que así sea, que la amistad es a veces solo la antesala necesaria que lleva a dos personas a encontrar en los ojos de otra un amor de verdad…