El pequeño demonio de mirada azulina trataba de mantenerse de buen ánimo pero le era imposible, extrañaba demasiado a su amado Sebastian, y para colmo de males su salud estaba mal, nunca pensó que como demonio se enfermaría. Acariciando levemente al gato negro, mascota de su amado sentía como el cansancio y pesadez en su pequeño cuerpo le invadía, mientras veía caer el atardecer.

-Ya han pasado tres días, y Sebastian no regresa... Espero que este bien... Murmuraba el pequeño a su gato, en realidad era de Sebastian, pero le gustaba su mascota ahora podía acariciarlo sin temor de las alergias que le daban cuando era humano, ahora hasta disfrutaba de la compañía gatuna.

-Él está bien, no me mires así, él es un demonio muy fuerte y pronto volverá cuando cumpla su contrato... Decía Ciel rápidamente al ver como el gato lo miraba extraño, parecía como si en realidad entendiera lo que dijera, pasaron así unos minutos, Ciel se sumergió en sus pensamientos una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

-Me siento tan mal... A veces no sé quién soy... Hablaba con la mirada perdida, últimamente esa era el pensamiento que lo atormentaba, pensando en ello recordó cuando inició su tortura mental.

Flashback

-Cariño, en estos meses has aumentado tu fuerza, creo que nuestra relación te ha favorecido. Le decía Sebastian a su pequeño quienes desnudos tomaban un baño en la tina llena de burbujas con agua cálida y fragante, Ciel estaba recostado de espalda sobre el torso de su amante acomodado entre sus piernas escuchando atento sus palabras.

-En serio, ¿crees eso? Exclamaba algo emocionado Ciel ante esas palabras, mientras sentía los besos de su demonio recorriendo su cuello, el acariciaba las humedecidas piernas de su amado.

-Si… tus habilidades han mejorado, me siento orgulloso de ti. Hablaba el mayor abrazándose más al cuerpo húmedo de su pequeño, ambos se estaban excitando al sentir esa cercanía, ya habían cumplido un año de relación y esos encuentros eran comunes ya que no había necesidad de asearse a diario pero por esa excitante y húmeda cercanía lo hacían.

-Tengo al mejor maestro demonio, no podía esperarse menos... Susurraba Ciel volteando su rostro con una hermosa sonrisa traviesa unieron sus labios en un beso, mientras sus manos no dejaban de acariciarse entre sí.

-Tal vez mis fluidos te dan fuerza... y de tanto que hacemos el amor... Murmuró con seducción Sebastian, con una sonrisa que hizo sonrojar al menor pues ese era un comentario inesperado.

-Cállate Sebastian, no tienes que decirlo así... Pervertido… Exclamó Ciel avergonzado, su timidez innata se mostraba sutilmente en ocasiones haciendo sonreír divertido al mayor que sentía como su pequeño le aventaba un poco de agua a la cara, Ciel sonrió cambiando de posición volteándose se sentó sobre las piernas de su demonio para verlo de frente, enredando sus brazos al cuello del mayor quien también acomodándose se aferraba a la pequeña cintura de Ciel, en ese abrazo comenzaron a besarse lentamente, segundos después Sebastian interrumpió ese beso para decir algo.

-Hablando en serio, creo que ya es hora que hagas un contrato, algo pequeño, no para siempre podrás alimentarte de almas al azar, esas te ayudan a sobrevivir pero no dan suficiente energía. Comentaba Sebastian recordando cuál era su conversación al principio, Ciel con algo de duda lo miraba.

-¿Un contrato? Preguntó el menor con algo de intriga y duda, al parecer esa declaración había sido sorpresiva.

-No te pongas nervioso, es algo sencillo... Claro que encontrar el contrato adecuado lleva su tiempo, pero con mi ayuda lo harás rápido. Hablaba Sebastian con ánimo pues notaba algo de duda en su pequeño.

-No estoy nervioso, solo que es algo inesperado... Respondió el pequeño abrazándose más al cuerpo de su amado, la idea si le daba algo de temor, pues en teoría el sabia como hacer un contrato su demonio le había enseñado, pero llevarlo a la práctica le parecía riesgoso.

-Lo harás bien, estoy seguro de eso... Susurraba Sebastian al oído de su amado, cuando sentía como sus cuerpos reaccionaban ante las caricias.

-¿cuándo saldremos? Preguntó Ciel cuando sentía el miembro de Sebastian rozar su entrada con delicia, eso lo hizo estremecerse aferrándose con fuerza al cuerpo desnudo de su amante.

-Mañana… hoy estaremos ocupados... muy ocupados... Habló el mayor con erotismo cuando sintió como el falo de su pequeño se erguía, sintiendo como Ciel besaba su cuello con ansiedad.

-Sebastian... Gimió su nombre con lujuria al sentir como su demonio lo acomodaba para que se autopenetrara en su miembro erecto, con un candente beso comenzaron una de las tantas entregas de placer que se regalaban.

Fin del flashback

Con un notorio sonrojo Ciel sacudió la cabeza, cuando a su mente le invadieron lujuriosos recuerdos de ese encuentro íntimo en la bañera.

-Fue un buen momento... Murmuró el menor tosiendo un poco, no podía quejarse de su vida ahora tenía un devoto amante que le complacía en todos los aspectos, su vida en el último año había sido maravillosa, por eso le aterraba pensar en su malestar actual, si él estaba enfermo algo que no ocurría en los demonios, su felicidad se desvanecería llenando de preocupación a su amado Sebastian, quien siempre le repetía que su sufrimiento más grande seria verlo sufrir, por eso lo llenaba de atenciones y no lo descuidaba, a excepción como en la situación actual en que Sebastian formaba algún pequeño contrato y se separaban por unos días. Entonces recordaba la experiencia de su primer contrato que de algún modo le había marcado.

Flashback

-Ciel es preciso para ti, preséntate... Decía Sebastian después de una semana de haber hablado del tema, buscaron un contrato que fuera sencillo de llevar, ya que por la falta de experiencia de Ciel no podía exigirse demasiado.

-¿Estás seguro? Murmuraba Ciel en la oscuridad de una habitación, su demonio permanecería detrás de él para ayudarle y darle ánimo, pero que sin lo notara la persona con quien Ciel haría el contrato.

-Vamos Ciel, otro demonio podría ganarla... Yo te ayudo… Susurraba Sebastian al oído del menor que parecía titubear, el mayor empujándolo un poco, Ciel tomó aire y comenzaría a hablar pero sin que lo viera su futura contratista.

-Tú me llamaste, todos tus deseos serán concedidos el precio a pagar es tu alma... Decía Ciel rompiendo el silencio, aunque sonaba firme se sentía algo nervioso,

-Habla más alto... Sebastian se acercó a su oído para susurrarle ya que la voz de Ciel parecía irse apagando eso no era bueno si quería sonar intimidante y fuerte, Ciel solo se puso más nervioso.

-Shh… Silenciaba Ciel a su demonio, recordando en la situación en que estaba codeó fuertemente a Sebastian para que no lo pusiera más nervioso, el mayor solo retrocedió un paso sobándose el estómago donde le había pegado su amado.

-Acepto, demonio... quiero venganza he sido burlada y engañada, quiero que acabes con la vida de los que me han lastimado. Respondió la que sería su primera contratista, quien se había tomado unos segundos antes de dar su respuesta, ante esto Ciel sonrió algo emocionado, que se olvidó la frase que debía decir ahora, tomando de la mano a Sebastian para que se la recordara.

-Aceptado el pacto, marquemos el sello del contrato... Murmuraba Sebastian al oído de su pequeño, el mayor con la ceja arqueada pues primero fue maltratado y ahora lo llamaba,

-Aceptado el pacto... marquemos el sello del contrato... Decía con firmeza el menor, repitiendo las palabras de su amado, ambos sonrieron levemente, esas sonrisas que la mujer que había llamado a Ciel pudo escuchar con extrañeza.

-¿Alguien más está contigo? Preguntó la mujer algo temerosa, viendo en la oscuridad pues Ciel aún no se había presentado.

-No, estoy solo, no hagas preguntas estúpidas o me voy... Respondió altanero el menor aunque Sebastian le había repetido muchas veces ser amable y accesible al contratista por lo menos hasta formar el sello, algo que todavía no habían hecho.

-Ciel... no seas tonto... no pierdas esta oportunidad... Regaño sutilmente Sebastian a su pequeño obstinado y malhumorado Ciel, pues ahora la mujer podía negar el contrato pues no había sello. Ciel solo suspiró resignado pues Sebastian tenía razón.

-¿cuál es tu nombre? Preguntaba Ciel con fingida amabilidad ahora sabría si ella seguiría o no con el contrato.

-Mi nombre es Agustina Dewey ¿tú tienes nombre? Preguntaba la mujer en medio de la oscuridad, al parecer no rompería el contrato a pesar de la descortesía de Ciel, quien suspiró aliviado pero que no lo notará su contratista.

-Solo llámame Ciel... Respondió Ciel con mejor ánimo y una hermosa sonrisa que deslumbraba en la oscuridad.

-No seas tan amable... Escuchando aquel regaño de su amante, Ciel lo miró mal antes lo regañaba por no ser amable y ahora porque lo era, olvidando eso se acercó a la contratista poniendo su mano sobre la de ella formaron el sello del contrato como Sebastian le había enseñado, el mayor sonreía orgulloso al ver a su pequeño formar su primer contrato.

-Eres un niño... Fue la reacción de la mujer cuando la habitación se iluminó levemente viéndose fijamente,

-No soy un niño, esta es la forma que escogí para presentarme... Decía Ciel algo molesto, como le enfurecía que le dijeran que era un niño, mirando mal a la mujer de cabello negro y enormes ojos color miel, de hermosa figura y sonrisa.

-Pero eres muy lindo… exclamaba tiernamente la mujer con una sonrisa.

-no digas tonterías... Ahora podrías explicarme de quien quieres vengarte… decía malhumorado Ciel con el ceño fruncido, Sebastian sonreía en la oscuridad viendo la reacción de su amado.

-De un hombre que me mintió, me utilizó se burló de mis sentimientos de la forma más cruel... Explicaba la mujer con la voz llena de dolor, cambiando su sonrisa alegre por una de amargura.

-Te pedí un nombre... Respondió Ciel un poco hastiado, pues esa no le parecía una razón para dar tu alma, por despecho y por un hombre.

-Él se llama Robert Windsor quiero que le quites la vida, si yo no soy feliz que él tampoco lo sea, además quiero que mates a su esposa. Decía la mujer con odio en todo su semblante, muy tétrica para ser una humana.

-Ya entiendo, él es casado y te hizo creer que no lo era... Comentaba con rudeza Ciel, eso era algo que Sebastian no le había enseñado, ese niño era un buen demonio tenia talento natural para ello, sonreía orgulloso Sebastian.

-Exactamente, nunca lo sospeche, le di cada parte de mi ser... ¿Tu entiendes? Decía la mujer con resignación mirando de reojo al pequeño demonio.

-Si entiendo... Respondió Ciel, el entendía muy bien sobre eso de dar todo de tu ser a alguien, de alguna manera sintió pena, pues por lo menos su amor y entrega era gratamente correspondido.

-Cuando se aburrió de mi simplemente me trató como una basura, entonces me dijo que tenía una familia. Cuando intente decirle a su esposa como él la había engañado conmigo, me mandó a matar, pero pude salvarme y ahora estoy aquí contigo. Contaba la mujer con la voz entrecortada le dolía recordar todo aquello aún se notaba las marcas en su cuello, como si hubieran querido ahorcarla.

-Muy triste, quieres que lo mate de forma especial o algo así... Exclamaba Ciel con algo de ironía la mujer solo asintió.

-Sí, mañana es el cumpleaños de su esposa, por lo que averigüe, quiero que la mates a ella frente a sus ojos, y luego le quites a él la vida de forma lenta y dolorosa, que sufra antes de morir. Comentaba la mujer nuevamente con odio, mientras apretaba los puños.

-Está bien, ¿tú quieres ver esa escena? Preguntó con malicia Ciel al ver el enojo de su contratista, ahora entendía como eran los humanos estando del otro lado esas reacciones eran divertidas.

-Sí, claro... Me reconfortaría de algún modo. Respondió con una sonrisa maliciosa la mujer.

-Iré a visitarlo hoy y planear su muerte para mañana, nos vemos luego... Hablaba Ciel dándole la espalda a su contratista, alejándose de ella desaparecía de su presencia.

-Sí, te esperare aquí, hermoso demonio... Se despidió con algo de coquetería esa mujer, eso molestó a Ciel, pero ese halago molestó más a Sebastian que frunció el ceño.

-Creo que tienes una admiradora... Decía sarcástico ocultando su molestia el mayor cuando se alejaban de la casa de esa mujer.

-No te pongas celoso, vamos a visitar la residencia de ese sujeto… Exclamó Ciel con una sonrisa divertida la ver el rostro celoso de su amado, lanzándose en sus brazos lo besó dulcemente en los labios, se sentía feliz de haber formado su primer contrato, aunque era un alma de no mucho valor estaba bien para iniciar, Sebastian correspondiendo a la alegría de su pequeño lo abrazó y se besaron por unos segundos. Algo emocionado Ciel abrazaba a Sebastian quien lo cargaba para llegar más rápido al lugar donde vivía ese hombre que mataría al día siguiente.

-Iré a ver yo primero... Llegando a la elegante residencia en medio de la noche, Sebastian decidió entrar por una ventana al despacho que parecía ser del hombre a quien mataría, Ciel esperó fuera de la ventana.

-Creo que fue mala idea lo del contrato… decía Sebastian con algo de temor, incertidumbre eso solo confundió al menor.

-¿Por qué dices eso? Preguntaba intrigado Ciel, decidiendo entrar al despacho para ver la foto que al parecer a Sebastian había hecho cambiar de parecer de repente.

-No hay problema en romperlo ahora... Exclamaba algo nervioso Sebastian tratando de ocultar tras de sí unos portarretratos que estaban en una repisa.

-Déjame ver... Exclamó molesto Ciel la incertidumbre le invadía empujando a Sebastian a un lado, al ver las fotos un frio recorrió todo su ser.

-Elizabeth... a ella debo matar... Decía con dificultad el menor con tristeza mirando la foto de su prima y ex prometida.

-Lo siento... Exclamaba Sebastian con tristeza, sabía que aquello sería muy difícil para su pequeño no le gustaba verlo sufrir y ahora lo estaba haciendo.

-Esta es su familia, tiene dos niños... murmuraba con la voz quebrantada Ciel al ver la imagen de ella de unos 25 años junto a su esposo y dos pequeños niños.

-Ya te dije Ciel no debes cumplir este contrato, buscaremos otro... Le animaba Sebastian abrazándolo en medio de ese despacho.

-Él se parece a mi padre... Comentaba con una pequeña sonrisa melancólica Ciel al señalar en la foto a uno de esos niños que tenía un parecido a su padre Vincent.

-Vámonos alguien se acerca... Dijo Sebastian acomodando el portarretrato en su lugar, salieron de inmediato por la ventana al escuchar que alguien entraría.

-Es ella... Ya es toda una dama... Comentó con una pequeña sonrisa Ciel quien fuera de la ventana miraba a quien había entrado, era Elizabeth ya toda una mujer.

-Muy hermosa, Comentó Sebastian aunque en el pasado tal vez le tuvo algo de fastidio por ser tan cariñosa con su Ciel, ahora le conmovía su situación, además decía la verdad Elizabeth estaba hermosa y radiante, en la flor de la vida, aquello lo notó también Ciel sintiendo una fría punzada en su corazón que no había sentido hace mucho tiempo, una reacción tan humana que le asustó un poco. Saliendo de prisa de esa residencia sin rumbo fijo escapaba de ese sentir, era seguido por Sebastian que con tristeza veía la confusión de su pequeño. Llegaron a un páramo lejos de Londres, se mantuvieron en silencio Sebastian no sabía que decir decidió que fuera Ciel quien se desahogara.

-No puedo matarla Sebastian... ella es inocente no tiene la culpa de la infidelidad de ese maldito con quien se casó... Habló con tristeza Ciel después de varios minutos de silencio parado viendo el cielo.

-Lo sé… Acertó a decir Sebastian abrazándolo por la espalda, quería que sintiera su apoyo.

-Además sus niños quedaran solos... Decía Ciel tratando de encontrar lógica a la situación.

-Rómpelo Ciel, no te obligues a esto, mi amor... Exclamaba con ternura Sebastian siendo comprensivo con el ser que amaba y ahora sufría.

-Si lo rompo esa mujer seguramente contratara otro demonio, y será lo mismo... Dijo Ciel recostándose al pecho de su amante que lo abrazaba dulcemente, él quería sentirse apoyado y quien más podría darle apoyo que su amado. Sebastian entendió que era cierto lo que dijo Ciel, ambos se quedaron en silencio.

-¿Qué piensas hacer? Preguntó Sebastian al final de todo era Ciel quien debía decidirlo.

-Hablare con ella, tal vez solo lo mate a él... Respondió algo esperanzado el menor apretando las manos de su amado que lo abrazaban por la cintura.

-Inténtalo, aunque tu autoridad como demonio, decaerá... Ciel se quedó pensativo durante un par de horas, su demonio solo lo tenía abrazado en medio del silencio y oscuridad del páramo ambos de pie contemplaban la luna.

-Te decepcionare... Sebastian... Exclamó con melancolía el menor dándose media vuelta para abrazar a su Sebastian, escondiendo su rostro en su firme abdomen,

-No digas eso... Le dijo Sebastian levantando su juvenil rostro quien avergonzado desviaba la mirada.

-No soy un humano, no soy un demonio... ¿Que soy entonces? ¿Por qué siento esta debilidad humana carcomiendo mi ser? ¿Acaso no soy un demonio? Exclamaba entre frustrado, molesto y confundido el menor el enojo consigo mismo le hicieron que sus ojos brillaran derramando una lágrima.

-Todavía posees ciertos rasgos humanos, pero eso no es malo, te amo así... Consolaba Sebastian agachándose para quedar a la altura de su pequeño, que parecía desmoronarse lo abrazó fuertemente.

-Quiero ser un demonio como tú, tal vez esta es una prueba que tengo que pasar, para borrar de mi todo rasgo humano... Eso que me debilita y me duele... Exclamaba Ciel muy alterado aferrándose con fuerza a su demonio.

-Amor... no seas tan duro contigo, pero es tu contrato y yo no puedo obligarte a cumplirlo o romperlo, eso depende de ti, Solo debo decir que cualquier decisión que tomes, siempre te apoyare y nunca me decepcionaras... pero no quiero verte sufrir... Decía Sebastian con una pequeña sonrisa tomando entre sus manos el rostro confundido de su amado que se tranquilizó ante esas palabras, Sebastian lo besó con ternura en los labios a la luz de la gran luna que los iluminaba.

-Lo haré solo, no quiero que me veas mañana tomar mi decisión... Dijo Ciel decidido, separándose después de ese dulce beso, abrazándose nuevamente a su amado.

-Está bien, lo comprendo... Habló comprensivamente Sebastian, aunque en el fondo de su ser ya sabía cuál iba a ser la decisión de Ciel, lo conocía lo suficiente para saberla pero no diría nada.

-Por ahora solo quédate conmigo hasta que llegue el amanecer... Pasaron la noche en ese frio paramo, abrazados arrimados a un árbol en silencio. A la mañana siguiente Ciel partió temprano donde su contratista dejando en ese páramo a su Sebastian que esperaría su regreso, muchas ideas cruzaban su mente, no sabía qué hacer como actuaría en el momento, llegando a la casa de Agustina quien lo recibió con ansiedad se notaba que en verdad deseaba vengarse, se le notaba en su mirada y sonrisa. Ambos se dirigieron a la residencia Windfor en el centro de la ciudad, los dos caminaban por los alrededores de la elegante residencia cerciorándose que estaban en casa al parecer tenían visitas, decidieron esperar a que anocheciera para cumplir la misión homicida.

-Escondámonos en ese callejón... Sugirió la joven preparándose para cumplir su venganza, al ver que gente entraba y salía de la residencia no quería ser descubierta.

-Vamos... Decía Ciel con mirada algo melancólica, esa mirada extrañó a su contratista no pensó que los demonios mostraran emociones, en el oscuro callejón Ciel tomó una decisión.

-¿Que pasó Ciel? ¿Lo hiciste? preguntaba preocupado Sebastian al ver a su pequeño cubierto de sangre, y la mirada perdida de inmediato lo abrazó con fuerza para darle su apoyo. Al percatarse del aroma de la sangre notó que no era de su prima, era de su contratista, él había matado a su contratista antes que matar a su prima.

-Debía matarla, no podía cumplir su venganza... Esos niños se quedarían solos, ella no tenía que sufrir, tuvo que haber sufrido bastante cuando me fui de su lado, no podría causarle más pena. Perdóname Sebastian... Decía devastado Ciel, arrodillándose frente a Sebastian que de inmediato se arrodillo con él para abrazarlo.

-No tengo nada que perdonarte mi Ciel, esa es la decisión que esperaba de ti. Hablaba tiernamente al oído de su pequeño que sollozaba en medio de la oscuridad, pasaron varios minutos.

-A pesar de eso me siento mal, nunca podre ser un demonio como tú deseas... Decía el menor con frustración al oído de su demonio, aferrándose a él con fuerza.

-Tú ya eres el demonio que yo deseo, no debes cambiar nada... Susurraba Sebastian con amor viendo el rostro confuso de su pequeño, lo abrazó durante un largo tiempo hasta que se tranquilizara pero Sebastian sabía que aquello marcaria a Ciel, pues se dio cuenta de su verdadera naturaleza un humano jugando a ser demonio.

Fin del Flashback

Ciel se quedó pensando en aquella situación dándose cuenta que aún era muy vulnerable, aunque aquello había pasado un par de meses atrás aún era un sentir que le atormentaba, temía que Sebastian lo despreciara por no ser un demonio completo y ahora más que su cuerpo estaba al parecer enfermo.

-Ya no sé qué pensar... Decía en medio de un suspiro el pequeño viendo como su gato se alejaba, para refugiarse del frío de la noche. Él se abrazó a sus piernas mirando la luna.

-¿Que no sabes, cariño? Dijo la suave y melodiosa voz de Sebastian abrazando por la espalda a su Ciel.

-Sebastian... No percibí tu presencia... Exclamó sorprendido y emocionado el menor, volteando su rostro y darle un pequeño beso de bienvenida.

-Estabas muy concentrado en tus pensamientos… Comentó Sebastian sentándose en medio del patio, dejando delante de si a Ciel, quien no quería que Sebastian notara su demacrado rostro la oscuridad le ayudaba.

-Tardaste mucho... Comentó Ciel con un pequeño puchero mientras sentía como su amado olía su cabello.

-Se me complico un poco, te extrañe tanto... Exclamaba con una sonrisa Sebastian acariciando el delicado cuerpo de su amado.

-Y yo a ti... Respondió el pequeño tomando una de las manos de Sebastian regalándole un pequeño beso en ella. Sebastian vio como el gato le maullaba como llamándolo pero lo hacía escondido detrás de una planta, resguardándose del frio de la noche.

-Gato malo, dejas solo a mi Ciel... Comentó un poco molesto Sebastian al ver que el gato lo miraba a lo lejos escondiéndose más por la mirada siniestra de Sebastian.

-Está haciendo frio, pobrecito... Exclamó con una sonrisa el menor, el siempre defendía al gato pensar que antes los odiaba.

-Vamos adentro... Decía Sebastian levantándose y ayudando a levantar a su pequeño, en un rápido movimiento el mayor atrajo para sí a Ciel viendo su rostro.

-Un momento... Acertó a decir Sebastian al notar el semblante un poco enfermo de su amado,

-¿Qué? Preguntó Ciel tratando de ocultar su malestar, la verdad se sentía muy mal pero fingía estar bien para no preocupar a Sebastian.

-Te ves mal... Ciel ¿Estas bien? Hablaba muy preocupado el mayor viendo fijamente el demacrado rostro de Ciel.

-Sí, estoy bien, solo un poco cansado y con sueño la verdad no he dormido nada en estos días... Respondió sin darle mucha importancia a su salud.

-Solo es eso... ¿Seguro? Exclamaba un poco dudoso Sebastian podía ser eso, pero algo le decía que Ciel no estaba bien.

-Sí, no te preocupes... Contestó con una hermosa pero fingida sonrisa Ciel, sentía su ser desplomarse, acercándose a Sebastian le dio un pequeño beso en los labios.

-Ciel, te amo... Susurró Sebastian sentía que algo le ocultaba su pequeño, eso lo hizo asustarse un poco.

-Yo también te amo Sebastian... Susurraba Ciel con esfuerzo sentía sus ojos cerrarse, eso preocupo en gran manera a Sebastian quien veía a su pequeño perder la conciencia.

-¡Ciel! Repetía angustiado Sebastian viendo como su amado no despertaba a su llamado, lo tomó entre sus brazos lo llevaba de inmediato al infierno.