Lamento la demora, estimados lectores. No sé cómo excusarme, ya que he estado haciendo cualquier cosa menos lo que me corresponde. Supongo que estoy algo colapsada por los estudios, pero… bueh, aquí tienen el nuevo y esperado capítulo. Y como soy cumplidora, en este cap verán la sorpresa que les tenía preparada :3
Que lo disfruten!
—Espero que no pienses que soy una tonta —dijo Miyako al otro lado del teléfono. El tono de su voz me transmitía que estaba avergonzada de sí misma, y eso me molestó.
—Miyako, ¿me llamaste para que te regañara?
—Esto —murmuró—… no.
—Entonces no te preocupes por lo que yo pueda pensar. Te estabas defendiendo, eso es todo.
—¡Pero le di un puñetazo!
—¿Y? ¡Eres un ser humano!
Se preguntarán de qué estábamos hablando mi amiga y yo. Pues verán: hace dos días, la escuela de Miyako realizó una excursión a las montañas, y su clase montó el campamento junto al río. A la mañana siguiente, Ogata —sí, esa molesta compañera suya— vio que Miyako se encontraba sola, recogiendo piedras en la parte menos profunda del río, y fue a molestarla junto a sus amigas. Le dijeron cosas como "¿de verdad crees que te has librado de nosotras?" y "aunque nos hayas acusado con el director, sigues siendo una fea y estúpida cuatro ojos". Miyako pretendía ignorarlas y así demostrar que era más madura que ellas, pero Ogata la empujó y la hizo caer al agua. Como era de esperarse, Miyako se enfureció, y terminó propinándole un puñetazo en la cara como respuesta.
Me sorprendí bastante al enterarme de que mi amiga había golpeado a alguien, pero no se me hizo extraño y tampoco lo considero un error: Ogata había llegado demasiado lejos y Miyako ya había aguantado demasiado.
—Tú sabes que no soy la clase de persona que golpea a los demás para hacerse respetar —proseguí—, pero sé que lo único que querías era que te dejaran en paz. Yo he dejado que me insulten y me humillen y no he hecho nada para evitarlo. No sé defenderme, pero tú sí, y eso está bien.
Tal vez mi antiguo yo le hubiese dicho a Miyako que no era correcto golpear a otras personas, incluso si estas mismas habían conseguido sacarte de quicio o te habían tratado mal anteriormente, pero mi actual yo sabe que las palabras solo funcionan con quienes quieren escucharlas.
—Jou, eso es muy triste —dijo Miyako después de haber permanecido en silencio unos segundos—. ¿Cuándo te pasaron esas cosas?
—Te lo contaré cuando tenga más tiempo. No es nada importante, en todo caso —respondí, restándole importancia al asunto, ya que no quería hablar de mí mismo en ese momento—. Pero ya se enteraron tus profesores de lo que hizo Ogata, ¿no? ¿Crees que la expulsarán?
—Sí. Ogata, Tanaka y Mouri ya fueron expulsadas.
Solté un suspiro de alivio.
—Tal vez suene terrible lo que voy a decir, pero… me alegra.
Miyako suspiró también.
—La verdad es que me da pena por ellas —confesó—. Me pregunto si tendrán muchos problemas en sus casas —hizo una pausa—. Ogata es una chica inteligente, siempre sacaba buenas calificaciones y parecía una persona culta. No recuerdo qué tal les iba a Tanaka y Mouri, pero tampoco parecían unas descerebradas. Es extraño.
—Eso no podemos saberlo, pero nada de lo que esté ocurriendo en sus vidas les da derecho a aprovecharse de los demás. Tú eres una buena chica, Miyako; no te arrepientas de lo que hiciste. Además, te apuesto que nadie te recriminó el que golpearas a Ogata.
—No —admitió—, nadie me regañó por eso, pero me sentía culpable de todos modos.
—Después de lo que hemos hablado ¿todavía sientes culpa? —inquirí.
—No —respondió, y soltó una risita que me pareció demasiado dulce como para que pudiese venir de ella, o tal vez era yo el que no quería admitir que las risas de Miyako siempre eran dulces y agradables.
—¿Entonces? ¿Regresarás a clases la semana que viene con la consciencia limpia?
—¡Sí! ¡Ahora me siento mucho mejor! —respondió con su típico tono alegre y enérgico— ¡Nadie volverá a meterse con Inoue Miyako! —y rió una vez más. Su risa me provocó un repentino cosquilleo en el pecho— Muchas gracias, Jou. Hablar contigo siempre me hace sentir mejor.
Sus palabras hicieron que me sonrojara. Koushiro me había dicho cosas como esas anteriormente, ¿por qué me ponía nervioso cuando me las decía ella?
—Jou —dijo de pronto—, si alguien más te pasa a llevar, solo di lo que sientes. No es bueno que te guardes las cosas, y tampoco está bien dejar que los demás te hagan daño. Eso fue lo que me enseñaste, ¿no?
Miyako tenía toda la razón. Sus palabras hicieron que me diera cuenta de que soy una persona que no practica lo que predica, y me sentí terrible por ello.
Recordé a las desagradables chicas de la discoteca. Una que parecía ser un poco mayor que yo se había llevado a Koushiro a bailar y no hice nada para detenerla. Después, sus tres amigas me humillaron en conjunto y tampoco hice nada. ¿Por qué? ¿Qué era lo que me impedía defenderme en esas situaciones?
Llegué a sentirme hasta hipócrita por haberle dicho a Miyako en su momento que estuvo mal no haber pedido ayuda cuando Ogata y sus amigas se metían con ella, siendo que yo no soy mucho mejor en ese aspecto.
Había llegado la hora de cambiar eso. No quiero pensar que Miyako se fijó en un tipo tan torpe que ni siquiera sabe hacerse respetar.
—Sí… gracias, Miyako. Me esforzaré, te lo aseguro.
—Me gusta oír eso —respondió ella.
Lamentablemente, no pudimos seguir hablando porque yo debía estudiar. Dentro de dos días comenzarían los exámenes finales y no podía descuidarme. Serían dos crueles y agotadoras semanas rellenando hojas de respuestas sin parar.
Después de haber colgado el teléfono, me dieron ganas de llamarla de nuevo. Últimamente estoy pensando cosas extrañas…
Traté de apartar a Miyako de mis pensamientos, ya que debía aprovechar la hora y media que me quedaba para repasar mis libros de estudio antes de que tuviera que salir de mi casa.
Eran las doce y diez. Me encontraba caminando con Koushiro por los alrededores de la estación Shiodome*. Por alguna extraña razón, Sora lo había llamado la noche anterior para pedirle que se reuniera con ella por un asunto urgente, y lo más extraño de todo fue que le pidió que me llevara con él.
Nos detuvimos junto a un semáforo para que Koushiro pudiera revisar la hoja que sujetaba entre sus manos, la cual tenía impresa un mapa de la zona y, anotada a pie de página, la dirección exacta en la cual había sido citado por nuestra amiga.
—¿De verdad te dijo que era en este lugar? —pregunté mientras miraba en todas direcciones— No veo a Sora por ningún lado… y ya se atrasó diez minutos —señalé.
—Sí, me dijo que era justo aquí —dijo Koushiro—. Qué extraño —pronunció justo antes de frenar en seco. Abriendo los ojos como platos, mantuvo la vista fija en algo que se encontraba al otro lado del cruce de cebra.
Extrañado por su repentina reacción, miré en la misma dirección que él y pude comprender qué fue lo que tanto lo sorprendió.
Lo primero que vi fue una chica que agitaba su mano en el aire mientras corría hacia nosotros. Llevaba puesto un abrigo rosa pastel. El color de esta prenda contrastaba enormemente con el aburrido tono gris de la ciudad, por lo que era imposible que pasara desapercibida a ojos de cualquiera.
Lo segundo que vi fue una melena castaña perfectamente reconocible que se sacudía con el viento y el andar de su dueña.
Lo tercero fueron las facciones de la chica que, durante mucho tiempo, fue la princesa de los Elegidos.
Entonces, caí en la cuenta de que se trataba de Mimi.
—¡Yahoooooo! —saludó alegremente.
—¡¿Mimi?! —exclamé, incrédulo, mientras sentía un peso sobre mis hombros… un peso literal.
Ella se colocó frente a nosotros y, mostrando una amplia sonrisa, pronunció:
—¡La misma! ¿Los he sorprendido?
Definitivamente, era Mimi: su cabello castaño, su ropa rosa, su impuntualidad, su expresión despreocupada y su alegría desbordante. Noté que sus pestañas lucían más grandes y que se había colocado un brillo labial rojizo. Como era de esperarse, Mimi cuidaba de su aspecto más que de cualquier otra cosa.
En todo caso, ¿qué rayos estaba haciendo aquí? ¿No que estaba en Estados Unidos? ¡Y ni siquiera estábamos de vacaciones! ¿Acaso era una visita exprés o algo por el estilo?
El primero al que se dirigió nuestra antigua compañera de aventuras fue a mí, pero cuando bajó la vista hacia Koushiro, una expresión de espanto se apoderó de su rostro.
—¡Koushiro! —chilló— ¡¿Qué te pasa?!
El pobre pelirrojo se estaba apoyando sobre mí, aparentemente, para no caer al suelo, porque no tenía suficientes fuerzas como para mantenerse en pie por su cuenta. Estaba pálido, casi parecía enfermo.
—¡¿Eh?! ¡Koushiro! —grité, tan asustado como Mimi, al notar que mi amigo luchaba por no desvanecerse —¿Estás bien?
Koushiro no respondió, solo emitió un gemido que indicaba que aun estaba consciente.
¿Pero qué demonios? No entiendo por qué de pronto se ve tan mal cuando parecía estar bien hace solo unos instantes.
—Koushiro, ¿te sientes muy mal? —preguntó Mimi, evidentemente preocupada— ¿No quieres que busquemos una banca o algo donde puedas sentarte? —nuestro amigo negó con la cabeza— ¡Okey! Los llevaré a un lugar donde podamos estar más cómodos, chicos —anunció, confiadísima—. Seguro que Koushiro cambiará la cara en cuanto lleguemos.
Recé para mis adentros para que no nos llevara al centro comercial a comprar ropa nueva o a hacer cosas de chicas. Además, aun no nos había explicado por qué se encontraba en Japón. ¿Qué demonios estaba pasando?
Mientras seguíamos a Mimi, el malestar de Koushiro parecía ir disminuyendo. De pronto, lo oí susurrar:
—Es más alta que yo.
Entonces comprendí que Koushiro no solo estaba impactado, sino también horrorizado al comprobar que la chica que le gusta sigue siendo más alta que él.
Observé disimuladamente los pies de Mimi y analicé las botas blancas que llevaba puestas. Me fijé en si tenían tacones, ya que recuerdo bien que ella solía usar zapatos con plataforma y eso, lógicamente, siempre la hacía parecer más alta.
—Está usando tacón alto —le respondí a mi amigo en un susurro—, puede que sea eso.
—¿Qué ocurre con mis tacones, Jou? —preguntó Mimi con curiosidad, mirándome por encima del hombro.
¡Diablos! No pensé que me escucharía.
—¡Ah! Esto… tus botas son muy lindas, Mimi —me apresuré a contestar y solté una risa nerviosa. Ella rió, divertida.
—No sabía que te fijabas en esas cosas. Creo que te he subestimado todos estos años —sonrió, complacida.
—Soy más observador de lo que parezco —pronuncié, nervioso, temiendo que mi comentario anterior convenciera a Mimi de que debíamos salir de compras y no a un lugar donde pudiéramos relajarnos de verdad.
—Lo siento —se disculpó Koushiro cuando ya había recuperado el color de su rostro.
—Una disculpa no será suficiente —dijo Mimi, cruzándose de brazos con aire ofendido—. Y yo que pensaba invitar hoy.
Koushiro, Mimi y yo nos encontrábamos en un restaurante italiano del barrio Shiodome. Siempre oí sobre la buena reputación que tenían los restaurantes de esta zona, pero nunca había estado en uno, y ahora pude comprobar que son muy lujosos… o tal vez fue Mimi quien escogió el más lujoso de todos. Con ella nunca se sabe.
—¿Cómo? —pregunté, extrañado— ¿Pensabas pagar nuestro almuerzo tú sola?
—Pues sí, pero ahora le tocará a Koushiro pagarnos el postre.
—¿Qué? —pronunció el aludido, frunciendo el ceño— ¿Por qué yo?
—Porque Jou no puso cara de muerto cuando me vio —le espetó, y apartó la mirada con desdén.
Los observé a ambos y suspiré. ¿Por qué tenía que tocarme estar justo en medio de ellos dos? Aunque, de cierta forma, me aliviaba saber que Mimi ya no pensaba pagar toda la comida. Puede que suene muy anticuado, pero creo que no es de caballeros el que dos muchachos acepten que una chica les pague un almuerzo tan caro. Más tarde intentaría convencerla de que dividiéramos la cuenta entre todos.
En ese preciso instante apareció un mesero y tomó nuestra orden. En cuanto se marchó, Mimi me preguntó:
—¿Cómo van los estudios, Jou? Koushiro me contó que planeas entrar a la Universidad de Tokyo —dijo con una sonrisa.
—Esto… bien, supongo —respondí. Siempre me ha incomodado que me hagan preguntas de ese tipo, por lo que imploré para mis adentros que Mimi sintiera el irrefrenable impulso de preguntarle solo a Koushiro por su vida y se olvidara por completo de mí.
—Te deseo muchísima suerte —sonrió, pero su sonrisa se borró cuando notó que Koushiro parecía distraído— ¡Vamos, Koushiro! Si sigues así, pensaré que no estás contento de verme.
—Lo siento, Mimi-san.
Ambos se quedaron mudos y se observaron fijamente a los ojos. Pude sentir la tensión en el ambiente, y eso que no tenía idea de lo que estaba ocurriendo.
—Te dije que no me trataras así —dijo ella con un tono tan frío que casi no la reconocí.
—Perdón —se disculpó nuevamente—, no puedo evitarlo.
—¿Y cómo fue que lo conseguiste por chat?
—Las conversaciones por chat son diferentes, Mimi-san.
—¡Pero es tan fácil como quitar el maldito sufijo, Koushiro! ¡Es tan fácil como decirme "Mimi" a secas!
—No es tan fácil como parece.
Bueno… ya no estábamos hablando de mí, pero tampoco quería que peleáramos. ¿Es que acaso no había manera de que pudiésemos charlar en paz? Mi paciencia comenzaba a agotarse…
—¡Siempre es lo mismo, Koushiro! No importa cuántas veces te diga las cosas, tú nunca me haces caso. ¿No comprendes lo molesto que es que un amigo de la infancia te trate como a una desconocida?
—No te trato como a una desconocida —la contradijo Koushiro. Se veía realmente incómodo.
—¡Sí lo haces!
—Solo di lo que sientes.
Miyako, ha llegado el momento de seguir tu consejo.
—¡Mimi, ya basta! —exclamé con el ceño fruncido, dejando caer la palma de mi mano sobre la mesa— ¡Te apareces en Japón sin explicarnos nada y lo primero que haces después de no habernos visto en meses es ponerte a pelear con Koushiro! ¿Qué actitud es esa?
Mimi se quedó muda, bajó la mirada y se mordió el labio. Koushiro me observó, pasmado, y es que nunca antes me había atrevido a poner a nadie en su sitio.
Al final, hacerme respetar no era tan difícil como pensé.
—Perdón —pronunció, avergonzada—. Tienes razón, Jou; ni siquiera les he dicho por qué estoy aquí. Me estoy comportando como una tonta. Perdón, chicos.
Mimi nos contó que planeaba reunirse con Sora en un principio, pero su madre cayó enferma de pronto y nuestra amiga deportista tuvo que hacerse cargo de su casa y de su propia madre. Entonces, le propuso a Mimi que se juntara con nosotros.
—Dijo que Jou siempre se presiona demasiado y que le haría bien salir a comer por ahí.
Apreté los dientes y maldije para mis adentros. No puedo creer que Sora me conozca mejor de lo que yo me conozco a mí mismo, aunque reconozco que me enterneció saber que estaba preocupada por mí. La verdad es que tenía muchas ganas de olvidarme de los estudios por un rato.
—Y como sé que Koushiro también anda un poco raro —prosiguió Mimi—, le pedí que los citara a ustedes por mí.
¿Cómo? ¿Koushiro está raro?
…
Sí, puede que esté raro a ojos de otros. A mí no me lo parece porque sé que, desde que descubrió que le gusta Mimi, está más serio que de costumbre. Después de todo, que la persona que te gusta viva tan lejos de tu hogar debe ser frustrante.
—¿Por cuánto tiempo estarás de visita? —pregunté a nuestra amiga.
—¿Visita? —rió— ¡Vine para quedarme! Regresé para estudiar en Japón ¡y no pienso marcharme nunca más!
Tanto Koushiro como yo la observamos con los ojos desorbitados y nuestras bocas se abrieron solas de la sorpresa.
¿Mimi pensaba quedarse en Japón? ¿No regresaría a Estados Unidos?
—Bueno, tal vez estoy exagerando —colocó un dedo sobre su mejilla y miró hacia el techo—. Volveré durante las vacaciones de verano para visitar a mis amigos de Nueva York —y nos observó a ambos con una mirada que denotaba nostalgia, colocando ambas manos sobre la mesa—, pero no quiero seguir viviendo lejos del lugar en donde me crie. Hice muchos amigos allá, pero nunca serán tan importantes como los que me acompañaron en el Digimundo. Existe algo así como una conexión especial entre nosotros, ¿no piensan lo mismo que yo?
Las palabras de Mimi me conmovieron. Me hacía feliz saber que una antigua compañera de aventuras ya no seguiría viviendo lejos.
—Voy al baño —fue lo único que dijo Koushiro antes de levantarse de su asiento y alejarse de nosotros.
—¡Oye, Koushiro! —lo llamó Mimi, y chasqueó la lengua cuando vio que nuestro amigo no se detuvo siquiera para mirarla— ¡Ay! ¿Cómo es posible? —se cruzó de brazos— Jou, ¿ahora entiendes por qué estaba discutiendo con él? Está más raro que nunca. Además, nunca sé en qué está pensando.
En ese momento llegó el mesero con nuestra orden. Depositó nuestras bebidas y los tres platos rebosantes de deliciosa comida italiana en cada uno de los puestos, incluido el pedido de Koushiro. Hecho esto, preguntó si necesitábamos algo más, y cuando le respondimos que no, se marchó.
—Pero qué camarero tan guapo —murmuró Mimi con una sonrisa picarona—… ¡Como te estaba diciendo! —pronunció de pronto, causando que me sobresaltara— Estoy segura de que Koushiro me esconde algo.
—Tal vez debes darle tiempo. Puede que todavía no se sienta preparado para decirte qué es lo que lo tiene así.
Tomé el tenedor entre mis dedos, pero no quería comenzar a comer sin Koushiro.
—¿Entonces tú sí sabes qué le está pasando? —inquirió, y su mirada tan intensa me obligó a apartar la vista. Debía estar muy preocupada por él, sin duda.
—Iré a buscarlo, ¿está bien? —respondí, tratando de evitar su pregunta, y me puse de pie para dirigirme al baño.
Mimi es tan perceptiva que debería ser considerada un peligro para los hombres.
—¿Koushiro? —lo llamé en cuanto atravesé el umbral de la puerta —¿Dónde estás?
Una de las puertas de los excusados se abrió y divisé una cabellera pelirroja entre las sombras.
Con la cabeza gacha, Koushiro se acercó a los lavabos, apoyó las manos sobre la encimera y se miró en el espejo. Desde ese ángulo no podía ver su rostro, pero tuve el presentimiento de que él no quería ser visto, por lo cual permanecí quieto en mi lugar.
—Acaban de servirnos la comida —informé—. Debemos darnos prisa o se…
Escuché un sollozo, y después, otro. Por un segundo me asusté, pero casi de inmediato comprendí que no había por qué alarmarse.
—Mimi está de vuelta —pronunció con dificultad.
Me coloqué a su lado y puse una mano sobre su hombro.
—Sí, Koushiro… Mimi está de vuelta.
—Oye, Jou, no pude decírtelo antes, pero ¡estás muy alto! —comentó Mimi— ¿Cómo has podido crecer tanto en el poco tiempo que estuve fuera?
—¿Ah? ¿De verdad? —pregunté, desconcertado.
—¡Sí! ¡Estoy segura de que has crecido mucho!
Mimi no estuvo precisamente "poco tiempo" fuera del país. La última vez que la vi fue hace ocho meses, pero qué más da… el tiempo transcurre de manera diferente para cada uno.
—Tendré que medirme para confirmarlo. Tampoco es que me sienta más alto…
—Puede que no te hayas dado cuenta, pero ya verás que tengo razón.
Admití para mis adentros que extrañaba a Mimi, siempre comentando cosas con tanta seguridad, siempre tan alegre y transparente.
—La comida estaba deliciosa, Mimi-san —dijo Koushiro con una sonrisa. Su ánimo había cambiado por completo—. Muchas gracias por llevarnos a ese lugar.
—Qué bien que les haya gustado. Ese restaurante es uno de los mejores de Minato.
—Tú siempre te dedicas a mirar recomendaciones, ¿verdad?
—Por supuesto —sonrió.
También me alegraba de ver que esos dos no habían vuelto a discutir. Por lo visto, Mimi conoce demasiado bien a nuestro amigo y sabe cuándo algo anda mal y cuándo no. Solo espero que no descubra lo que él siente por ella antes de que el mismo Koushiro decida sincerarse.
Antes de separarnos en la estación de metro-tren, intercambiamos números de teléfono, ya que ella se había visto obligada a comprar un nuevo celular debido al cambio de país.
Después de habernos despedido de Mimi, Koushiro y yo tomamos un tren de regreso a casa.
—No sé cómo diablos me voy a concentrar en los exámenes finales ahora que Mimi regresó a Japón —confesó Koushiro cuando ya nos encontrábamos dentro de un vagón, aunque no se oía molesto; casi parecía estar pensando en ello con ironía.
No supe qué responder. La verdad, yo también estaba bastante confundido desde que Miyako se me había declarado.
—Ahora debemos centrarnos en estudiar —dije con seguridad, aunque sentí que traicionaba a una parte de mí mismo al decir estas palabras.
Se hizo un silencio. Lo único que nos acompañaba era el sonido sordo del tren moviéndose sobre los rieles.
—Ojalá Mimi hubiera comentado algo sobre mi altura también —dijo Koushiro de pronto. Me sentí un poco mal por él, pero estaba seguro de que la diferencia entre ambos no era tan grande como parecía.
—Mimi no es más alta que tú. Un día que no esté usando tacones te darás cuenta.
—¿Eso crees? —meditó mis palabras unos instantes— Pues espero que sea cierto —comentó con una expresión tan seria que hasta me hizo gracia. Me sorprendía que Koushiro se preocupara tanto por una trivialidad.
—Suerte, Koushiro —le sonreí.
—Suerte para ti también, Jou —dijo él, sonriendo de vuelta.
—¿Eh? ¿Con qué?
—Tú ya sabes.
Lo observé, extrañado, hasta que capté la indirecta de mi amigo y me sentí muy incómodo.
"¿Qué voy a hacer?...
Wow, nunca pensé que las cosas que aprendí viendo Miracle Train me ayudarían con un fanfic! xD
*Shiodome: Es un área de Minato llena de rascacielos. Por los alrededores de la estación de metro-tren se pueden encontrar numerosos restaurantes, hoteles y oficinas de negocios. Los restaurantes más famosos de la zona son los de comida italiana.
Daré una corta explicación sobre la discusión entre Mimi y Koushiro, para los que no entendieron el por qué:
En Japón es normal usar sufijos para tratar a la gente. Hay algunos que indican cercanía y otros que indican respeto y distancia emocional. "-san" suele utilizarse para tratar con personas que no son muy cercanas a ti, pero también para mostrar un respeto moderado (hay otros que sirven para mostrar un alto respeto, por ejemplo). Es una formalidad que Koushiro mostraba muy a menudo en la serie (a todos los trataba con "-san"), y el que no se sienta capaz de llamar a Mimi por su nombre de pila después de tanto tiempo es… curioso, no creen?
Qué opinan? Están contentos con la sorpresa que les di? Ya saben que me gustan los giros inesperados xD
En un comienzo tenía pensado hacer ocho capítulos + un epílogo, pero tal y como van las cosas, creo que esto se alargará unos tres capítulos más. Supongo que es normal y que a nadie le molestará :D
Prometo que el próximo cap será más divertido. Sí, la historia anduvo alejándose de lo cómico, el ambiente se siente muy tenso al leer, pero pronto volverán a reírse con los demás personajes!
Muchas gracias a todos por leer y comentar!
