Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

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CAPÍTULO VII

RECONOCIENDO LA VERDAD

Si le hubieran dicho que iba a estar compartiendo una mesa con Sakura y Naruto, oteándolos arrumarse y atiborrarse de dulces, jamás lo hubiera creído. ¡Dios!, había cortado las cadenas de su depresión segura de no toparse con ellos, y lista, para una fuga en caso de que el encuentro fuera inminente… La situación era irreal; sus nervios estaban destrozados y el excesivo menear de sus rodillas la tenían al borde de la locura.

Respiró hondo antes de aclararse la garganta.

—Será mejor que me vaya. Discúlpenme, tengo muchos pendientes y no puedo entretenerme demasiado.

—Pero si acabamos de sentarnos Hinata, concédenos un poco de tu tiempo— reclamó la fémina a su frente, con un tono que sólo pudo deducir como fingido.

La ojiperla no se movió, pero no porque deseara acceder a la petición de la Haruno, sino porque los ojos del rubio se habían incrustados sobre su persona; duros, analíticos... Aquello la estremeció descomedidamente.

—No quiero ser grosera, pero debo ir a estudiar. He perdido varios días de clases y necesito ponerme al corriente. Lo siento.

Hizo una leve reverencia y tomó el pequeño bolsito depositado en la silla contigua. Empujó su asiento con la fuerza de sus piernas y estuvo lista para macharse de ahí completa, sin ninguna herida visible… hasta que la fastidiosa voz de Sakura la detuvo.

—No nos has contado qué fue lo que te retuvo tantos días en casa. Aquí en la Universidad andaban diciendo que tenías una enfermedad muy grave, y que te daba mucha pena que tu condición saliera al público— paró para tragarse un trozo de pastel a punto de colapsarse de crema. Tuvo que jugar con sus dedos para evitar que el chocolate cayera sobre su vestido. Continuó después de decir dos o tres palabras de gratitud por la habilidad del pastelero—. Y no sólo eso, algunos de nuestros conocidos comentaron que estabas afectada por una crisis económica, lo que me pareció absurdo— bufó—. Las familias Uchiha y Hyuga son de las más acaudaladas de Japón, es una tontería. Además, si fuera así, tú nos hubieras comentado al respecto— la oteó y Hina permaneció enmudecida—… o, ¿tiene algo de verdad?

La pelinegra palideció. Se suponía que su mala situación solo era manejable por los miembros de su familia, ¿de dónde pudieron surgir aquellas sospechas?

—Por qué no contestas— insistió la ojijade, provocando que la turbación de la chica se reflejara abruptamente en su cuerpo; de inmediato, sus dedos revoloteaban sobre la mesa, su mirada rehuía de la de ellos y su voz se perdía ante la inexistente lógica de un pensamiento—. Hinata, ¿es cierto que hay una crisis en las empresas Hyuga?

Creyó que caería ante esa insolencia; no obstante, se vio rescatada por la inesperada voz del Uzumaki, defendiéndola.

Todo su ser vibró por aquella heroica intervención.

—Es imprudente que preguntes eso, Sakura— la reprendió, comedido—.Esas personas no conocen a Hinata, y solo gustan pasar el tiempo inventando cosas sobre los demás. Como su amiga no deberías creer en chismes y habladurías sin fundamento.

—Tienes razón, Naru— dibujó una media sonrisa, que no cumplió el propósito de encubrir su malestar. Al parecer el rubio perdía cualquier pizca de simpatía al expresar sus contrariedades—. No quise ser indiscreta, es solo que me preocupo por Hina. Nosotras somos amigas desde hace mucho…— se aferró al brazo de su novio al tiempo que contemplaba a la pelinegra con incrédula compasión—. No sé qué nos ha pasado que nos hemos distanciado tanto. Antes salíamos todos los días; pero ahora, pareciera que huye de mí. ¿Qué fue lo que nos pasó?...—dudó—. Tal vez Hina está disgustada porque tú y yo salimos juntos.

En el acto, la ojiperla cruzó la vista con la del Uzumaki. Ambos se vislumbraron desubicados por esa observación; no obstante, fue la Hyuga quien no pudo soportar la interrogación puesta en la fisonomía del rubio. ¡Era imposible! La Haruno no podría saber nada de sus sentimientos. Solo su diario y ella guardaban el gran secreto de su decepción.

— ¿Te disgusta mi relación con Sakura?— fue ahora él quien la cuestionó.

Había sido claro y directo; y ella, estimó que caería inconsciente a sus pies.

—No… no me molesta— musitó con recogido valor.

—No mientas.

—No lo hago— replicó, profesando como todo su rostro ardía en fiebre y su boca era atacada por terribles convulsiones.

—Entonces, por qué no alzas la vista y me ves mientras respondes.

Cómo una obligada orden, levantó el rostro y lo encaró, inquieta, dolida. En ese instante no vio a nadie más a su alrededor. Todos habían desaparecido; no había más novias, amigas, comensales, nada… El bullicio se había ido dejando solo el tamborileo de su necio corazón; y el delicioso olor a pan y piña se habían transformado en anhelante aroma a jacinto y ramen. Casi quiso sonreír al recordar aquel bol que le había preparado en su apartamento, en aquel lugar que guardaría un incidente que nunca saldría a la luz, y que por supuesto, jamás de los jamases se volvería repetir.

—Naruto, yo…

Sus ojos se humedecieron al sentir la carga de noches en velas y de lágrimas derramadas por infinitos dolores. Eso no debía estar sucediendo; era demasiado cruel tenerlo tan cerca y no poder tocarlo; querer decirle tantas cosas y no permitirse hacerlo… Debía, tenía que olvidarlo; sin embargo, él fácilmente saboteaba su resistencia y se colaba sin dificultad en lo más profundo de su ser. Negar amarlo era imposible.

—Hinata, es una pena que insistas con tus prejuicios— se inmiscuyó la ojijade, desplomando aquel artificial momento. La gente, los olores y el sonido recuperaron su autenticidad. El mundo volvía a ser de colores; y su corazón seguía tan herido como siempre—. Pensé que ya habías dejado atrás ese mal concepto que tenías de mi novio. No se me hace justo que seas tan desagradable con Naruto después de lo amable que ha sido contigo.

— ¿A qué te refieres?— murmuró, experimentándose aturdida.

—Naru me comentó lo bueno que fue al entregarte unos libros que habías dejado olvidados en la calle. Es de mal gusto que tú no correspondas a sus atenciones y que insistas en prejuzgarlo— sonrió disimuladamente, con un regocijo que Hina tomó como triunfante.

¿Lo estaba indisponiendo en su contra? Sus sentidos se encresparon ante este hecho, y un imperioso arrebato nacido desde sus entrañas le instaron a desvelar la falsedad de las acusaciones; no obstante, al percatarse de una pequeña omisión, sus intenciones se congelaron… No lo había notado antes, pero el atractivo de Naruto había aumentado en el mismo grado que su jovialidad había decrecido. Solo una vez lo había visto sonreír, y había sido cuando lo agarró infraganti con la Haruno en media pastelería, besándose. Era indudable, su sequedad se debía a ella, su presencia era el problema.

Un parpadeo, una lágrima.

Aquella revelación fue lo suficientemente clara y dolorosa para asentar y ser la mujer que ellos insistían en crear. Tenía claro cuál era su posición en esa mesa.

—Sí, soy muy prejuiciosa— afirmó, buscando enmascarar su quiebre—. Es parte de mi carácter. No gusto de personas inferiores que quieren sobresalir en un mundo que no le corresponden. Desconfío de quienes no conozco y quieren ganarse mi buena voluntad. Detesto a aquellos arribistas que son capaces de hacer cualquier cosa para conseguir lo que desean... Lo siento, pero eso es lo que pienso de ti— lo vio, inconmovible, pálido, y su alma se cuarteó—, y no pretendo cambiarlo.

—Vaya, amiga, no esperé escuchar eso— se separó de su inmóvil novio y puso ambos brazos sobre la mesa, de modo que pudo posar la cabeza sobre sus palmas y enfocar a la joven a complacencia—. Digo, no consideré que lo confesarías a voces.

— Eso es lo que querían oír, ¿no?

—Bueno…

—No— prorrumpió el Uzumaki, con una severidad que lapidaba su alma—. Pero tampoco esperábamos menos de ti.

Un puñal atravesó su pecho cuando confirmó la ofensa que sus mentiras le significaron. Cómo pudo ser capaz… Sus nervios se descontrolaron al otearlo alzarse del asiento y andar camino a la salida. Se vislumbraba tan molesto que ni siquiera giró cuando la peli rosa amonestó su huida. Solo continuó caminando mientras se perdía entre las decenas de gentes que iban y salían de la concurrida plaza.

Soportando el desconsuelo, ladeó la cara y elevó los ojos al techo, ingiriéndose en el lento movimiento de las aspas de un abanico… Empuñó las manos al advertir un retroceso en su postura. Rápido, se puso lo más recta posible y mordió sus tiritantes labios sonrojados.

No flaquearía.

No se reprocharía.

No sollozaría por él.

Desde ahora, Uzumaki Naruto no tendría que ser más que un doloroso recuerdo de su pasado.

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Me debes de estar odiando… Confirmé tus sospechas y ahora estás seguro que soy la mujer más detestable del mundo. Está bien que pienses eso, así será más fácil ignorarte…

Quiso subir las comisuras de sus labios y evitar el declive que propiciaría un gimoteo. Se dio cuenta de su fracaso al atender el gemir reprimido de su garganta. Rota, se acurrucó a un peluchón y cerró los ojos con fuerza, exigiendo un sueño que llevaba dos horas de extraviado.

De nuevo fue consciente del martirizante click click del reloj, insistente en dejarle saber los segundos que transcurría en insomnio. Deseaba dormir, y no era porque tenía que levantarse temprano al día siguiente y estar descansada para memorizar las setenta preguntas de clases; no, su anhelo era incitado únicamente por la ilusión de desprenderse de la tortura de sus pensamientos y ser, por unos momentos, una mujer libre de pesares.

Profesándose ofuscada, apretó la mandíbula y se hundió más entre la almohada y las colchas. El click click continuaba, pero ella estaba decidida a ganarle la lucha a la vigilia. Trató de ignorar las sensaciones de su alrededor; el suave roce de la felpa, la calidez de su cobertor rodeándola, el ínfimo sonido del aire regulando la fría temperatura de la habitación.

Sin saber en qué segundo sucedió, se vio junto él, ahogándose en un mar de sentimientos al notarlo apático a su presencia, casi asqueado con la osadía de contemplarlo. Perdiéndose, quiso acercarse y hacer algo que en sus cinco sentidos no hubiera pretendido volver a hacer, pero que en un delirio era justificable, deseó besarlo.

Se puso de puntillas e izó su rostro hacía el suyo. Él no se movía, pero tampoco tenía que hacer algo, ella lo haría todo. Cogió su cara entre sus manos y le coaccionó a bajar la cabeza. Las sensaciones no se podían comparar con la realidad, pero pese a eso, el calor que inundaba su cuerpo, parecía ser real, verídico. Ella era fuego y él era puro hielo… Sus labios estaban a punto de rozarse cuando sintió una presión engarrotando uno de sus tobillos. En el sueño, bajó la vista hacia el suelo y buscó la razón de ese espectral tacto, pero nada encontró. No prestó más atención y con urgencia quiso continuar con lo que había dejado inconcluso. Sin embargo, sus intenciones murieron al apreciar que quien estaba a escasos centímetros de su boca no era Naruto, sino Uchiha Sasuke.

Todo su ser se enrigideció al darse cuenta que ella ya no era quien llevaba la situación. El azabache la había atraído dominantemente hacia él, impidiéndole moverse ni un solo centímetro. La exaltación que sintió fue más fuerte que la anterior, y eso la confundió. ¿Desde cuándo Sasuke despertaba ese tipo de sensaciones en ella? Su alarma se activó cuando lo vislumbró aproximarse y eliminar la distancia que los separaba. Increíblemente no retrocedió, se quedó quieta, esperándolo, ansiosa de descubrir la razón de su reciente deseo…

Hyuga…— le figuró atender a lo lejos. No hizo caso, no podía, los labios de Sasuke sobre los suyos le impedían concentrarse en otra cosa que no fuera su necesidad por alargar más el momento.

Hyuga— volvieron a repetir, más cerca. Ella rechistó, molesta por la interrupción—. ¡Hyuga Hinata!— la llamaron imperativamente, con un tono y un derrape de voz que no podía ser más que de…

¡Hyuga!

Esta vez sí obedeció. Se suspendió agitada. Llevó una mano a su pecho y percibió lo descontrolado de su corazón. Jamás un sueño la había perturbado tanto, y vaya que tipo de siesta había tenido… Levantó un poco la vista y se reencontró con la oscuridad de su habitación. En seguida alargó la mano y encendió la lamparita de noche. Eran las 11:05 p.m., apenas había logrado dormir unos treinta minutos.

—Qué tontería— musitó, contrariada—… ¿Por qué con Sasuke? ¿Qué me sucede?— suspiró hondamente al tiempo que rozaba sus labios con las yemas de sus dedos—. Su beso… Su beso se sintió tan real que…

Las palabras se atoraron en su garganta cuando volvió a sentir aquella frialdad entorchando su tobillo.

¡¿No había despertado aún?!

Con letargo fue dirigiendo la mirada hacia el fin del cobertor. La luz se menguaba con cada centímetro que avanzaba y la oscuridad dificultaba gran parte de su visión. Paró al divisar una mancha negra sobre lo que creía era su pie. ¿Q-Qué era eso? Su respiración se descontroló en el acto y un imperioso apuro le exhortó a gritar a todo pulmón. Sin embargo, su chillido no salió al ser su boca tapada por unos duros dedos blanquecinos.

Inminentemente, su mirada quedó pérdida en la otra carbonera.

—No grites.

Ella asentó, nerviosa, y él la soltó.

— ¿Qué haces aquí, Sasuke?— tartamudeó terriblemente, al remembrar su sueño y ver al protagonista de éste en su cama—. No comprendo qué…

—No te espantes— resolvió a decir relajado, evidentemente ajeno a la intranquilidad de la chica. Sin más, acercó su cuerpo y se situó cercano a ella y de la luz—. Quería hablar contigo.

Por un instante, la ojiperla se perdió en la perfección de sus gélidas facciones iluminadas. Era extraño, pero ninguna vez había reparado en lo atractivo que se veía el Uchiha con su halo de misterio y el insolente ímpetu varonil que jamás lo abandonaba… Sacudió la cabeza, avergonzada. Y fue en ese segundo que se dio cuenta de la frialdad que envolvía su cuerpo. Abochornada se tapó la corta camisola de dormir con sus mantas, llevándolas, exagerada, hasta su cuello.

El pelinegro entendió su acción y figuró querer retener una sonrisa, que no se consolidó.

—Discúlpame, Sasuke— dudó, anhelando no perder la línea coherente de sus pensamientos—. Siento si he estado un poco esquiva, pero no me había sentido muy bien… Hasta hoy pude reintegrarme a la Universidad— lo oteó con reticencia—. Te busqué para explicarte, pero me comentaron que no te habías presentado al instituto en toda la tarde, y que era posible que no recibieras las clases de la noche.

—Ya veo.

—De verdad, lo siento mucho. He sido muy descortés contigo y merezco tu disgusto… Pero…—bajó la cabeza, censurando en su interior la sinceridad que afloraba en su compañía—, no deseo que tu molestia se extienda por mucho tiempo.

Lo oteó de refilón y lo percibió tan controlado como siempre. Aquello, le dio el impulso de continuar sin temor de una mal interpretación de sus impresiones.

—Gracias por preocuparte por mí— un sonrojo adornó sus mejillas al tiempo que un decaimiento se hacía palpable en su fisonomía—. Tú y mi primo han hecho que me sienta mejor. Me consienten como mi padre o incluso mis amigas jamás lo harían… y no puedo más que sentirme egoísta al anhelar que este lazo no se rompa.

Contuvo la respiración al advertir los dedos del Uchiha alzando su barbilla e invitándola a encararlo. Su bochorno aumentó en intensidad, pero no le contrarió. Increíblemente, la estoica mirada del azabache le proporcionó una sensación de seguridad que no experimentaba desde hacía mucho.

—Eso no pasará— le susurró, categórico.

Su afirmación fue un bálsamo para sus nervios. Sabía que el camino de recuperación sería largo. Su amor por el Uzumaki no se acabaría de la noche a la mañana, pero ahora, guardaba la esperanza que su agonía fuera menos dolorosa con el cariño que el azabache le brindaba… Él sería su oscuro ángel de salvación.

Se le hizo imperioso romper la atmosfera que se había creado entre ambos. Los ojos ya se le humedecían y renegaba verse más vulnerable delante de él.

— ¿Y, de qué es lo que querías hablarme?...— vaciló—. Sasuke, ¿por dónde entraste? La puerta está cerrada con llave.

El pelinegro eliminó su tacto y concretó la sonrisa, presuntuosa, que se había abstenido de esbozar antes.

—Entré por la ventana.

— ¡¿Por la ventana?!

—Así es—figuró restarle importancia—. Era improbable que Hiashi me dejara verte a estas horas de la noche. No tuve otra opción que colarme a tu recamara y esperar a que despertaras…

—E-espera, quieres decir que me viste mientras dormías— él asentó y en resonancia su piel se decoloró—. Eso…eso significa que, ¿escuchaste lo que dije?

El acelere de su pulso fue acrecentando ante el silencio del Uchiha. No sería capaz de soportar que él estuviera enterado del protagonismo que había tenido en su sueño. Seguramente, el azabache la catalogaría como una más de las decenas de insufribles mujeres enamoradas de su persona.

—Si— respondió, tardío.

—Por favor, no malentiendas…

—Escuché claramente como roncabas. No te veías ni te escuchabas muy femenina, Hyuga.

La ojiperla respiró sosegada al descartar sus miedos, pero rápido padeció la ofensa de sus palabras, aunque no de mala manera. Sus cachetes se inflaron como niña encaprichada y su entrecejo se frunció.

Iba a alzarle la voz y reclamarle, pero él se levantó ágil de la cama.

— Ya es muy tarde, tengo que irme.

—Espera, no me has dicho qué querías hablar conmigo. ¿Es algo grave?

—No te alarmes. Solo quería decirte que mañana por la noche me acompañarás a una fiesta en la casa de mi hermano.

— ¿A una fiesta?, pero…

—Te pasaré recogiendo a las ocho.

Él se giró, sin pretender esperar por una respuesta.

— ¡Sasuke espera!— saltó de la cama de un brinco y fue detrás de él, ignorando el helar del piso y su mala visibilidad—. No puedo ir. Tengo mucho que estudiar, y tampoco tengo muchos deseos de socializar…

—No te lo estoy pidiendo— volteó al fin hacia ella, pero por alguna razón, y por primera vez, Uchiha Sasuke no pudo mantenerle la mirada; prefirió hundirla en la absorbente oscuridad del piso—. Te lo estoy exigiendo— concluyó, severo.

Hinata no pudo combatir contra eso y renuente lo dejó marcharse... El viento de la noche movió las ventanas y provocó que éstas se estrellaran contra la pared. En seguida fue a cerrarlas. Se quedó un momento ingerida en el escaso paisaje detrás del vidrio, esperando verlo aún ahí, pero él ya no estaba.

Suspiró, pensando de nuevo en la lucha que le esperaba contra su insomnio. Pero todo pasó a un segundo plano al divisar su borroso reflejo en el cristal. Se había enfrentado al Uchiha sin percatarse de la insignificante ropa que la abrigaba; una camisola y unos mini shorts que solo alcanzaban para cubrir parte de sus glúteos.

Suspiró de nuevo, con una carga de insoportable vergüenza acuestas.

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—Qué te sucede, Naruto. Hoy andas inusualmente callado.

El rubio no pronunció palabra y continuó con su labor de secar los vasos de licor y depositarlos en la larga bandeja sobre la plancheta.

El moreno respetando su silencio, no buscó cuestionarle más y siguió barriendo el piso de cerámica; fue hasta que atendió el golpe del enésimo vaso quebrado, que pareció no soportar más aquello.

—Naruto, pon más atención en lo que haces. El jefe no dudará en descontártelo de tu salario— puso una mano sobre su cadera y con la otra se sostuvo del palo de la escoba, perezoso—. Llevas menos nueve mil yens— calló al escuchar el décimo vaso en el piso—. Corrijo, llevas menos diez mil yens. Amigo, al paso que vas saldrás sin salario.

— No molestes.

—Si eso es lo que quieres. Pero después no me pidas prestado para cumplirle los caprichos a tu novia; que por cierto, no debe tardar en llegar.

—Sakura…— susurró más para él mismo—. Ella ha cambiado mucho.

— ¿De qué hablas?— le cuestionó el Nara con un bostezo de por medio—. ¿Es por ella que andas así de deplorable, causando pena de quien te vea?

El ojiazul solo lo vio de reojo, fastidiado por su evidenciable estado de ánimo y su impericia para reponerse.

—No digas tonterías, Shikamaru. He estado trabajando horas extras haciendo el trabajo de Kakashi y de paso el tuyo también, es normal que esté cansado.

Alzó el vaso que secaba, buscando algún rastro de humedad antes de depositarlo en la bandeja; pero tal cual mantequilla el cristal se resbaló de sus dedos y fue a parar en el mismo lugar donde yacían los restos de los otros, en el piso.

Aquello fue el acabose de todo.

— ¡No digas nada!— apresuró el rubio a decir, colérico—. ¡Si, tienes razón! ¡Hay algo qué me está molestando, que no me ha permitido tener ni un segundo de tranquilidad!— tiró el trapo a un lado y puso ambas manos sobre la plancheta, empuñando sus dedos con fuerza—. ¡Y sí, maldita sea! ¡Estoy así por una mujer, por una que no merece la pena!

—Y esa fémina no es precisamente tu novia, ¿verdad?

Naruto apretó aguerridamente la mandíbula, rabiando en su interior la tortura que significaba reconocerlo.

—No, no es Sakura a quién me refiero… Es otra; una, endemoniadamente parecida a Fūka.

— ¿A Fūka?— el moreno pareció despabilarse del sueño—. ¿Pero cómo es posible qué…?

—No te equivoques, son muy diferentes en físico. Pero guardan el mismo insoportable carácter. Ambas han nacido entre lujos y desprecian cualquier cosa que no concuerde con su mundo de rosas y prejuicios sin sentido— expiró largamente, depositando su mirada en el contenido rojizo de una botella. Ladeó los labios, sintiendo la apetencia de un trago—. Y yo, he vuelto a ser el mismo iluso de años atrás. Qué estupidez, ¿no?

—Estás seguro que es cómo dices. Mira que encontrar a otra Fūka parece algo difícil…

—No tengo duda— le cortó, experimentando una punzada en el pecho al remembrar las palabras que le había dedicado esa tarde. Le había visto muy cambiada; apática, fría, impertinente. Totalmente diferente a la chica que había compartido un bol de ramen en su apartamento y que le había recomendado con tanto entusiasmo que ingresara a estudiar a la Universidad. ¿Cómo unos días la habían transformado a tal grado?

Gruñó.

Era iluso. Sin tener consciencia de ello, había creído que la había juzgado muy a la ligera; y que tal vez, no era la mujer altiva y soberbia que aparentó ser la primera vez que cruzaron palabra… ¡Pero estúpido él al creer en tal tontería!

—Es una mujer engreída, insoportable, vanidosa, ¡es desquiciante!... ¡El solo tono de su voz me molesta!— dejó ir un sonoro puño contra la bandeja.

—Si es como dices, ¿qué es lo que te atrae tanto de ella? Por lo que sé, Fūka te embaucó con su belleza y vehemencia. Su relación sólo era física. Acaso, ¿ya has llegado a eso con ella?

El Uzumaki alzó la cabeza, abochornándose al traer las imágenes de aquella apetitosa mujer desnuda en su baño, totalmente indefensa a su voluntad, en peligro de caer presa de sus bajas ambiciones… Tragó hondo y extendió el brazo para tomar la botella a su frente. La destapó de una sola retorcida y se la empinó sin preocuparse de las posibles miradas de los comensales ante su acción.

—No, no ha pasado nada de lo que te imaginas— pronunció una vez de pasarse la mano sobre la boca y limpiar el alcohol de sus labios—. Es difícil de definir qué es lo que me gusta de ella…

— ¿Cómo qué difícil?— le interrogó, alzando las cejas—. O te gusta su físico o te gusta su personalidad. En tu caso, se descarta lo segundo y se mantiene lo primero. Ella te atrae— resolvió con seguridad—. No es amor lo que estás sintiendo, solo pasión, deseo, anhelo por tener algo que parece ser prohibido o demasiado bueno para ti.

— ¡¿Y eso es todo?!— fue increyente, tosco—. ¡Lo mismo me dijiste con Fūka, y yo de idiota seguí tu consejo! Pensé que con sólo unas noches todo acabaría entre los dos, pero terminé como un perro llorando por las calles su rechazo. ¡Claro!, ¡ella no esperaba casarse con un pobre mesero, sus aspiraciones iban un poco más arriba!— rió con dolorosa ironía, una, que no pudo pasar desapercibida por la perspicacia del Nara—… No pienses que aún me duele— se echó la botella de nuevo, atascándose todo lo posible de alcohol—. Ya lo superé, pude vivir, y créeme, no me costará más olvidar a esa niñata malcriada de Hyuga Hinata.

—Con que se llama Hinata. Si no me equivoco, es la chica que siempre ha venido con tu novia al restaurante.

El ojiazul asentó, sentido.

—Ella es algo bonita, reservada para mi gusto. No parece ser tu tipo de chica. Lo digo porque se aprecia muy tímida, parca de palabras. En cambio, Fūka era atrevida, alegre y demasiado sensual. Incluso Sakura está más cercana a tu tipo de gusto, aunque no de bolsillos.

—Estás equivocado. Su timidez es interesante, la ingenuidad de sus facciones es terriblemente sugerente, y su cuerpo… es pura perfección, quizás, demasiado tentador— se tomó un momento para seguir la agitación del líquido mientras movía la disminuida botella a su gusto—. Al tratarla te das cuenta de su humor y alegría. Es una mujer con la que podrías pasar horas hablando, sintiendo tu ego acrecentar por la admiración que revelan sus ojos al atenderte; aunque sean tonterías lo que dices y ella lo sepa…

—Y después de todo eso— le quitó el licor de las manos y lo oteó con suspicacia—. ¿Aún crees qué es difícil definir lo que sientes por ella?

Naruto se reintegró del descanso que había sido la plancheta para sus brazos y giró hacia el Nara, sintiéndose un tanto avergonzado por el desliz emocional que acaba de dar. Aquel comentario lo había dicho sin pensar, sin abstenerse por regurgitar las malas experiencias del pasado. Pero, había sido un desahogo que lo había dejado más ligero, con una adrenalina que reponía el cansancio al que su miseria lo había arrastrado por tantos días y noches.

Era ilógico, pero aquello lo hacía sentir tan bien y de la misma forma tan inquieto, que apreciaba como todo a su alrededor daba vueltas e insistía en dejarle ver los pros y los contras de aquel hallazgo.

El rubio esbozó una sincera sonrisa antes de contestar.

—Sí, lo acepto, lo reconozco, ¡me tiene vuelto loco! Y no solo es su físico, ¡es toda ella! ¡La quiero con su candidez, sus encogimientos, sus torpezas!…—paró para agarrar un hilo de aire. Increíblemente, su corazón bombeaba excitado, como nunca antes—. Es por esa razón que no me pudo permitir caer embelesado por sus encantos. Estoy seguro que si caigo, no habrá vuelta atrás.

—Qué bueno que hayas reconocido la verdad, pero…— fue ahora él quien se empinó el botellón. Sonrió al saciarse de la bebida—. Pero no te has percatado de algo, que creo es muy importante.

— ¿Qué cosa?

—Amigo, tú no estás en la condición de permitirte nada; simple y sencillamente porque estás derrapando por esa mujer. Estás total e indudablemente enamorado de Hyuga Hinata. Así que, son dos cosas que debes tener presente cuando recuperes la consciencia.

Elevó la mano a la altura del pecho e inició a enumerar ante unos gestos de confusión del ojiazul, quien ya tambaleaba sobre sus pies.

—Uno, deberás decidir qué harás con tus sentimientos. ¿Te arriesgas a tratarla y definir la realidad sobre los prejuicios que le reprochas o te olvidas de esta noche y continúas fingiendo que gustas de Sakura?

El Uzumaki permaneció en silencio, meditando, mientras el moreno insistía en llevar el brebaje a su boca.

—Y dos, tendrás que alistar tu bolsillo.

—No te e-entiendo, Shikamaru— pronunció, siendo víctima de otro síntoma del alcohol, el entumecimiento.

—Amigo, la botella que acabas de abrir cuesta treinta mil yenes…

— ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué?!

Y fue así, como el Uzumaki pasó de la borrachera a la resaca en cuestión de segundos.

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Hola!