"Somos tan invisibles
Amores imposibles
Invisibles
Como unacanción
Invisibles
Ella es irresistible."

-¿Por qué tardan tanto?-preguntó por enésima vez una peliverde, plisándose la falda color magenta.

-Creo que nosotras hemos llegado demasiado temprano.-arguyó la ojicafé, jugando con el dobladillo de su vestido.

Mei y Keiko esperaban en la plaza frente al reloj, bajo la cálida sombra de un árbol. Ese día domingo era perfecto para salir a pasear, y ambas, siguiendo el consejo de la ojivioleta, vestían lo más primaveral posible, aunque tanto esmero creían, no iba a valer la pena si sus citas no llegaban.

-Son las doce y cuarto, Tachibana-san nos citó a a las doce en punto.-Mei, suspirando, se levantó de su asiento.-Voy a ir por algo de beber, por culpa de ese par de idiotas me quedé sin desayuno. ¿Quieres algo?-preguntó, mirando a su hermana mayor.

Keiko asintió y, sonriendo, vio alejarse a su hermana y desaparecer en la tienda más cercana. Bien la peliverde hubo desaparecido, un rubio y un peliazul aparecieron al otro lado de la calle, evidentemente agitados por la carrera que seguramente tuvieron que correr. El corazón de la joven dio un vuelco cuando vio a Ryo que, si era posible, estaba más guapo que nunca. Demonios, esos malditos sentimientos comenzaban a aflorar de nuevo...

-¡Perdón por la demora!-gritó el ojimiel, llegando hasta donde su amiga estaba. Luego, reparó en que Mei no estaba, pero no tuvo necesidad de decir nada pues el rubio, extrañamente, se le adelantó.

-¿Y Tomori-san?

Keiko sonrió, señalándole la tienda donde la peliverde había desaparecido. Entonces, aunque ninguno de sus amigos se lo esperó, el rubio dijo que iría a buscarla, desapareciendo de la vista de ambos.

-Pensé que era una broma cuando dijo que comenzaba a ver a Mei-chan de forma seria.-dijo Ryo, sentándose a un lado de su amiga.

-A mi también me sorprende, pero me quedo más tranquila porque conozco a Kurapika y sé que es un chico serio en cosas como estas. Deberías aprender un poco más de él, Ryo.

El chico hizo una mueca, el día anterior su pelirroja media hermana había dado a entender que era un don Juan y ahora Keiko le hacía entender algo parecido.

-Oye, yo también puedo tomarme las cosas con seriedad.-se defendió, aunque la mirada escéptica de la chica le hizo ver que no le creía nada.

-Dime una sola novia que hayas tenido en serio, Ryo.-exigió, con los brazos cruzados.

El peliazul la miró enfadado, no podía creer que su mejor amiga estuviera haciéndole eso. ¡Justo el día de su cita!

-Honoka.-respondió, aunque al instante las cejas arqueadas de Keiko lo acusaron.

-No duraste ni tres meses con ella y la dejaste por Akira, ¿recuerdas?

Ryo no podía negarlo, su primera novia había sido buena con él pero, en ese tiempo, él estaba con las hormonas muy revolucionadas y la había dejado en no muy buenos términos por su mejor amiga.

-Rikka.

-No duraste ni un mes con ella.

-Midori.

-Dos semanas.

-Saori.

-Una semana y media y te recuerdo que la dejaste por Emi, con quien duraste tres semanas.

-¡Nozomi!-exclamó el joven, cada vez más molesto y a la vez avergonzado.

-Ni siquiera oficializaste tu relación con ella.-lo regañó la chica.

-¿Tsuki?

-Tres días. Y no me hables de Megumi porque la dejaste con el corazón destrozado igual que a Tsuki cuando te pusiste a ligar con la arpía de Rin.

-¿Y Nanami?

Keiko, harta de aquella conversación inútil, suspiró sonoramente, no servía de nada seguir recordando aquella larga lista de novias y seudo novias que habían terminado con el corazón roto por culpa de su amigo.

-Ryo, digas lo que digas, el resultado será el mismo. Tú solo tienes chicas y juegas con ellas como quieres.-el peliazul desvió la vista, avergonzado.-Yo no quiero ser una más en tu lista.

Dicho esto, la muchacha se levantó de su asiento y se alejó corriendo, antes de que Ryo actuara y saliera tras de ella.
Nada más se esfumó, ante la mirada desconcertada del ojimiel, aparecieron Mei y Kurapika.

-¿Y Keiko?-la voz femenina de Mei sobresaltó al peliazul, quien parecía claramente culpable.

Una estupidez que hagas Tachibana Ryo y olvídate de que tienes una mejor amiga. ¿De acuerdo?

-Tachibana Ryo, ¡¿qué le hiciste?!-siseó la ojivioleta, acercándose más a él al darse cuenta que las cosas estaban tensas.

¿Quieres ser mi amiga? Pareces ser la única sensata entre todas las de este curso y a mí me vendría bien tener una compañera como tú.

¿Sería posible que todos estos años ella haya sentido eso? ¿Acaso Keiko...?

-Tengo que ir a buscarla.-Ryo se levantó, más determinado que antes.-Ustedes sigan en su cita, yo arreglaré las cosas con Keiko.

El ojimiel salió corriendo hacia donde su mejor amiga había desaparecido.

Mei y Kurapika, más desconcertados que antes, se miraron entre sí.

-Bueno, ¿nos vamos?-preguntó el rubio, ofreciéndole caballerosamente el brazo a la peliverde.-Nuestra cita espera.

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Misa esperaba con nerviosismo frente al lago del parque Ueno, sabiendo que en cualquier momento aparecería Kalluto. Aun no entendía cómo había terminado aceptando salir con el chico, si bien le caía súper, no tenía mucha comunicación con él en la vida cotidiana, sobre todo cuando no estaba Alluka. No obstante, no pudo decirle que no al joven, simplemente por la forma tan tierna en que le pidió salir con él y que abrió, sin saberlo, un nuevo interés en la pelirroja.

-Siento llegar tarde, el tráfico era un asco.-la voz del pelinegro sobresaltó a la chica, girándose bruscamente hasta quedar cara a cara con él.

-No, no importa... Eh, ¿cómo estás?

El joven sonrió esperanzado, realmente no había sido una mala decisión salir justamente con Misa Hill, más allá del propósito inicial por el que la había citado.

-Bien, aunque debería haber sido yo el primero en preguntar eso.-respondió.- Yo... Pensé que no te aparecerías, la verdad.

Misa, frunciendo el ceño, lo observó con extrañeza.

-¿Por qué pensarías algo así? Te dije que quería salir contigo, eso debería ser suficiente, ¿no?

Kalluto soltó un suspiro, la ojiturquesa era realmente una chica demasiado pura e inocente para entenderlo.

-Digamos que el apellido que llevo pesa más de lo que quisiera.-respondió enigmáticamente.

-El apellido no debería definir quién eres, ¿sabes? Por si no te has dado cuenta, soy una Hill y eso también pesaría demasiado si dejara que me afectara.-declaró con determinación, tomándole suavemente del brazo.

El ojivioleta sonrió más aliviado que antes, realmente, no había sido una mala decisión salir con alguien tan atrayente e interesante como Misa.

-¿Te animas a subirte a uno de esos?-sugirió, señalando los botes de remos a la orilla del pequeño lago.

La chica asintió, ruborizándose ligeramente cuando sintió la varonil mano del joven pelinegro sobre la suya.

-Este lugar realmente es precioso. No pudiste haber elegido mejor lugar para... Nuestra cita.

-Es precioso y es único porque estás tu.

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-Suelta ese maldito teléfono de una vez, me enferma verte desconcentrado de los asuntos importantes.-Killua recibió un golpe "suave" en un costado, soltando por el golpe el aparato, que cayó al suelo.-Más importante aun, ¿leíste la carta que llegó de nuestro padre?

El albino negó, en todos esos días, había mantenido el sobre cerrado lo más lejos posible de él, no podía concebir qué órdenes tendría ahora de él, influenciado por su hermano mayor, pero sabía que no eran buenas.

-Hablando de familia, ¿dónde está Kalluto? Desde el desayuno que no lo veo.

Alluka intercambió una ligera mirada con Killua, el ojiazul había sido informado de dónde estaba su hermano y, era vital ocultarle su localización al pelinegro, sino, todo se iría al traste.

Miyuki Zoldyck hizo su aparición en el comedor, apresurado por comer algo e ir a la biblioteca por unos libros que necesitaba para un trabajo.

-Miyuki, ¿sabes dónde está Kalluto?-siseó el pelinegro mayor, sobresaltando al joven en el proceso.

-¿Ah? Eh... No lo he visto desde que me desperté, supongo fue a algún lado a terminar un trabajo con sus compañeros.-sugirió, ajustándose la mochila y haciéndole un ligero gesto de adiós a sus hermanos menores.

El ambiente se volvió aún más tenso, si no hacían algo pronto, Illumi sería capaz de salir a buscar a Kalluto con sus propios recursos y traerlo a casa, donde estaba seguro que lo castigaría sin piedad.

-Y hablando de compañeros...-el albino se tensó cuando el pelinegro tomó su celular y lo abrió, dejando al descubierto el mensaje que le había dejado a la pelirroja y que ella no había respondido.-Veo que mantienes comunicación con la heredera de los Hill, ¿eh?-la mirada de Illumi no le gustó para nada a Killua, estaba seguro que algo malo se traía entre manos.-Una belleza según lo que su hermano me contó.-los ojos azules de Killua se oscurecieron, fuere como fuere, odiaba que alguien como su hermano se refiriera a la belleza de una chica, eso nunca se desencadenaba en algo bueno.-Qué, ¿acaso estás enamorado de ella?-se burló, notando el cambio imperceptible en la mirada azul del albino y el nerviosismo que le hizo pasarse una mano por el pelo.-Bueno, de todos modos no importa, eso debe ser algo anexo a tu compromiso.

-Sabes lo que pienso con respecto a eso. Yo no debería estar obligado a casarme con ella y ella tampoco está obligada a aceptarme.

Los ojos negros de lllumi se volvieron aun más oscuros si se pudiera, mientras golpeaba la mesa con el puño.

-Tú no vas a desobedecer mis órdenes Killua.

Killua quiso replicar pero la pelinegra se le adelantó.

-La decisión que tome mi hermano sobre con quién casarse no debería ser asunto tuyo, Illumi. Además, si se casa va a ser por amor, no por un estúpido beneficio económico.-rebatió la voz de Alluka, aunque eso solo trajo la ira de su hermano mayor.

-¿Que no me concierne?-el pelinegro se levantó, caminando hasta la chica que se encogió de miedo ante su mirada cargada de furia.-Nadie mueve un pelo en esta casa sin que yo lo autorice.-susurró, agarrando a la chica del pelo y tironeándola, lo que provocó un grito dolorido por parte de ella.

Al instante, el puñetazo certero de Killua impactó en su nariz, haciéndole saltar sangre. Illumi comprobó, un poco sorprendido, que su hermano por fin tenía una actitud más temeraria como todo Zoldyck. Aunque era por motivos muy diferentes que él.

Killua sintió cómo cada fibra de su cuerpo se tensaba, apretando los puños, oscureciendo su mirada tormentosa, rechinando los dientes. Y, con una furia que ni él mismo había experimentado por mucho tiempo, agarró a su hermano de las solapas de su camisa y, con un movimiento violento, estampó su rostro contra la mesa

-Nunca. Vuelvas. A. Tocar. A. Mi. Hermana.-amenazó el albino, recalcando cada palabra.-Sino, la próxima vez no solo será tu cara la que se estampe esta vez en el piso.

Dicho esto, tomó a la pelinegra en brazos y se dirigió a la salida del comedor. Sin embargo, antes de cruzar el umbral, se giró, encarando a su hermano.

-Si Kotori me gusta o no, no es asunto tuyo. Aléjate de ella.

Illumi vio desaparecer a sus hermanos, limpiándose la sangre que aun caía de su nariz y boca. Él no podía hacer nada, estaba claro. Pero sabía quién sí podía hacerlo.

Era hora de llamar a Pariston Hill.

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-Wow, te ves espectacular Kotori-chan.-elogió cierto rubio platinado, llegando hasta su cita y besándole amorosamente una mano, igual que el día anterior.

La muchacha, sonriendo ligeramente, agradeció el cumplido, aceptando el brazo que le ofrecía y caminando tranquilamente por las calles del distrito comercial.

-¿A dónde iremos?-preguntó, curiosa.

-Es una sorpresa.-dijo el ojiverde.-Y si te lo digo, dejaría de ser una sorpresa, ¿no?

Kotori arqueó una ceja, mirando expectante al rubio.

-Kotori-chan, aunque me mires así, no te lo diré.-la chica se apegó más a él, envolviendo sus brazos de una forma mucho más cariñosa que antes. Shalnark tragó grueso, si pensaba que la pelirroja no era capaz de usar tales armas, entonces le iría muy mal en su misión de conquistarla.-No... No te lo diré.-la ojimiel, más segura que antes, le sonrió con desafío, acercando su rostro al de él.-¡Ah, está bien! He preparado un picnic en el parque Shinjuku, ¿contenta?

Kotori soltó una carcajada.

-Mucho.-volvió a separarse del rubio, satisfecha con haber obtenido la respuesta.-No sabía que eras del tipo romántico...-susurró, genuinamente sorprendida.

Shalnark se sonrojó ligeramente.

-Bueno, tuve algo de ayuda, pero quería hacer algo fuera de lo común...

-Me alegro. Eso ha cambiado un poco mi percepción sobre ti.

El parque apareció a lo lejos, sacándole una sonrisa de felicidad a Kotori, aunque era inexplicable, los cerezos en flor le encantaban, su fragancia le fascinaba y sentarse bajo ellos le producía nostalgia. Siempre se había sentido atraída por los cerezos y la primavera era lejos, su época favorita.

Pensando en esto estaba, cuando su celular volvió a sonar intermitentemente, sobresaltándola de paso. Lo sacó del bolsillo, disculpándose con el rubio y lo encendió, cayendo casi de espalda al ver la cantidad de mensajes que tenía en la bandeja de entrada, todos de Killua Zoldyck. ¿Qué pretendía? ¿Acaso quería arruinarle la cita? Bastante había tenido con el mensaje de la noche anterior que aun rondaba frecuentemente en su mente. Molesta, volvió a bloquear la pantalla y, cuando se disponía a guardarlo en su bolsillo, volvió a sonar, esta vez en una llamada proveniente de un número desconocido.

-¿Pasa algo?-preguntó el ojiverde, percatándose de que la pelirroja no era capaz de contestar el teléfono.-Deberías contestar, tal vez es importante.

Kotori lo miró, aturdida, aun sin capaz de atender. La llamada entrante se cortó, no obstante, no pasó ni un segundo antes que volviera su celular a sonar.

-Contéstale.-la ojimiel no supo bien a qué o quién se refería el rubio, pero su mirada tranquilizadora le animó a hacerle caso.

Contestó. No obstante, el sollozo constante de una chica y el sonido de la puerta azotándose, le pusieron al instante en alerta y preocupación.

-¿Donde estás?-preguntó aquella voz masculina que en esos momentos no deseaba escuchar pero que, preocupantemente, estaba teñida de angustia.

La chica no supo al principio qué contestar, pero al escuchar un golpe más fuerte de la puerta, salió de su estupor.

-Parque Shinjuku.-otro azote en la puerta al otro lado de la línea asustó a la pelirroja.- Zoldyck, ¿qué está pasando allá?

Se escuchó de forma nítida la voz de Alluka, gritándole a su hermano que deberían irse cuanto antes, sino, acabarían muy mal.

-Kotori, necesito que nos juntemos en la estación Shinjuku en una hora. Allí te contaretodo.-pidió el albino con voz apresurada.

-Pero...

-Porfavor.-la voz suplicante de Killua rompió el orgullo de la chica, si el ojiazul estaba pidiéndoselo con ese tono de voz, es que era algo demasiado grave.

-Está bien. Te espero.-terció ella, aunque finalmente no supo si el albino escuchó su respuesta o no, pues la línea se cortó.

Se giró, encontrándose con la sonrisa comprensiva de Shalnark, quien parecía realmente tranquilo para un momento como ese.

-Era Killua Zoldyck, cierto.-dijo en un tono de certeza más que de pregunta.

Kotori, sintiéndose apenada, asintió, sabía que su cita llegaría hasta ahí y decepcionaría al rubio.

-Debe ser algo sumamente importante si se ha atrevido a llamarte tantas veces.-Shalnark sabía que ser comprensivo era lo mejor en ese momento, pero también sabía que era un chico y los celos aparecerían al darse cuenta que su cita debería ser interrumpida por culpa del albino.

-Yo... De verdad lo siento, Shalnark.-se lamentó la muchacha, acercándose a él y tomándolo suavemente del brazo.-Pero creo que de verdad debe ser algo grave, escuché a Alluka-chan y parecía verdaderamente asustada.

El rubio asintió, tratando de no pensar mentalmente en golpear al ojiazul.

-Lo sé, no debes excusarte, Kotori-chan. Ya tendremos otro domingo para salir.-dijo, besándola suavemente en la frente antes de dar media vuelta e irse, dejándola sola y ruborizada.