Mis instintos me despertaron cuando empezó a despuntar el alba. Habría querido quedarme para ver a mi niña transformarse en humana, pero recordé que, tal como me pasó a mí, estaría desnuda. Me sonrojé hasta las orejas solo de pensarlo, así que puse un beso sobre su tronco y salté el muro en dirección al bosque. Para que no se rompiera, me quité la ropa al estar seguro entre los árboles y la dejé junto a un árbol que estaba en un punto del sendero que obligatoriamente debía atravesar hacia y desde el pueblo, así sería imposible pasarlo por alto y olvidar dónde estaba mi ropa. En ese momento, el sol salió y me transformé. Esta vez no se sintió tan mal.

Me animé a explorar otros caminos esta vez, encontrando senderos nuevos y mejores terrenos de caza un poco más lejos de Tomoeda. Lo cual es triste, porque me tomará más tiempo llegar a dormir en las raíces de mi amor, pero qué le vamos a hacer. Me di cuenta de que había dejado la tarea sin hacer anoche, eso no se podía repetir... Me niego a descuidar mis estudios solo porque soy un lobo.

Más por diversión que porque realmente pensara que era posible, traté de usar mis poderes para entrenar como lobo, y me llevé una gran sorpresa: aunque la mayoría de los hechizos que conocía (como mis pergaminos de dioses) quedaban fuera de mi alcance, la magia natural seguía estando a mi disposición. De hecho, ahora que era un animal, comenzaba a comprender la tierra y las plantas de una forma inimaginable para un humano... Quién me lo iba a decir, resulta que ser un lobo fue la clave para dominar la Madera.

"Todo esto es por Sakura" -me repetía una y otra vez, tanto si fracasaba como si tenía éxito-. "Necesito ser fuerte para protegerla, para que nada la lastime. Ni a ella ni a nadie de los que ama... Ni siquiera al insoportable hermano que tiene".

Dediqué bastante tiempo a pensar en Touya mientras compartía un ciervo grande con un grupo de zorros que se mostraron amistosos. Él siempre supo de mi magia por su extraño poder, así que seguramente a eso se debía su desconfianza... y más desde que Sakura y yo comenzamos a ser cercanos. No sé si ya notó que somos casi novios, pero sinceramente espero que no se convierta en un estorbo. Sé que sería doloroso para Sakura si él se pusiera en contra nuestra en serio, especialmente si ella dijera abiertamente que me ama. Su padre no se opondría (creo que ya me aceptó de entrada porque le dijo a Sakura que me invitara al acuario con ella cuando le regaló las entradas), pero Touya sí... Y me duele, pero no sé cómo arreglarlo.

Jugué con los zorros buena parte de la tarde, hasta que se fueron. Aunque no podía entender sus ladridos porque seguía teniendo mente humana, era agradable saber que podíamos convivir. Cuando me quedé solo, regrese a mi territorio (sin extraviarme ni una sola vez) y volví a encontrar la tarea de la escuela esperándome. Conteniendo la risa por la forma en que mi "hermano" cuidaba de mí, me las arreglé para abrir los libros sin romperlos y estudié hasta que la luz comenzó a irse. Después, al recuperar mi forma humana, completé las tareas que necesitaban de mis manos humanas, me vestí (me había quedado desnudo en medio del bosque porque nadie me vería, pero obviamente no iba a bajar así a Tomoeda) y me acosté otra vez entre las raíces de mi cerezo adorado tras contarle cómo fue mi día. Moría de ganas por preguntarle del suyo, pero sabía que era inútil porque no podía hablar.

Al otro día, me preparé para volver al claro donde había encontrado la manada de ciervos, pero olfateé algo que me detuvo en seco: el inconfundible aroma del ser humano. Aunque no había pasado tanto tiempo, me sorprendió bastante la diferencia de olor entre ellos y mis presas habituales. Por precaución para no dejarme ver y también por instinto de preservación, me desplacé por los caminos del bosque que solo los animales conocen y casi me pongo a aullar de alegría al ver a los chicos de mi clase. Entre ellos estaba mi amada, y no sé si fue por la ausencia pero me pareció más hermosa que nunca.

Los observé desde mi escondite entre los árboles mientras catalogaban plantas y recogían muestras de tierra, prestando atención a cada palabra del profesor. Ignoro si seguiremos hechizados para cuando lleguen los exámenes mensuales, pero por eso mismo me niego a no estudiar.

De repente, sucedió lo inesperado: cuando se acercaron a mi escondite, Sakura se quedó quieta como yo cuando olfateo una presa. Como si intuyera mi presencia.

-¿Qué pasa, Sakura? -le preguntó Daidouji con semblante preocupado.

-Tuve una sensación extraña -respondió mi flor-... Como si alguien me observara.

En ese momento, se les acercó Zheng Dao.

-Chicas... Hay algo que quiero mostrarles. Creo que a Sakura es a quien más le interesará.

Me alejé un poco hacia el claro para tener más privacidad cuando llegaran, y me reí por dentro al ver sus expresiones.

-¿Es un... lobo?

-Pero... El profesor dijo en clase que los lobos japoneses se extinguieron hace años...

-Aguarda un segundo...

Sakura se me acercó con curiosidad y estiró su mano hacia mí. La olfateé por puro instinto, y luego la dejé tocarme. Cuando lo hizo, casi pude sentir electricidad entre los dos.

-¿Shaoran? -preguntó, mirándome directo a los ojos- ¿Eres tú?

Dejé escapar un ladrido de emoción y le lamí la cara. No sabría decir cuál de las dos chicas estaba más sorprendida.

-Perdóname por no decírtelo, Sakura -dijo entonces Zheng Dao con la voz muy triste, al borde de las lágrimas-, y también por ocultarles la verdad acerca de quién soy. En realidad, yo soy el corazón de la estrella que cayó en Nara. Soy la estrella que brilló sobre Xiaolang la noche en que nació, y, por lo tanto, le pertenezco... Pero la Ley Celestial que obedezco me obligó a hechizarlos a los dos porque Xiaolang será uno de los magos más poderosos de la historia, a la par del gran Clow Reed, una vez que me coma; debo comprobar si los sentimientos de ambos permanecerán intactos sin importar lo que cambie.

Sakura me soltó y lo abrazó sin darle tiempo a reaccionar.

-No te pongas triste, no lo hiciste con malas intenciones -le dijo. Conmovido, Zheng Dao rompió a llorar de repente, pero los tres nos las arreglamos para consolarlo. Nos quedamos juntos hasta que escuchamos que los estaban buscando, así que había llegado la hora de despedirnos por hoy. Al menos hasta la noche, cuando yo bajaría a Tomoeda como siempre.

-Shaoran... Vendré a visitarte, lo prometo -dijo Sakura con renuencia y me besó en el morro como yo besaba su corteza. Obviamente, a diferencia de las historias de amor, eso no bastó para romper el hechizo.

-Ay, esto es tan romántico... -suspiró Daidouji- Si Naoko supiera de esto, escribiría de inmediato una obra de teatro.

-Es mejor que nadie sepa nada de esto -rebatió Sakura-. No quisiera que se enterara alguien que quisiera hacerle daño a Shaoran.

Daidouji asintió con un suspiro trágico y los tres se marcharon. Mientras los veía desaparecer entre los árboles, me sobrecogió la tristeza de la distancia forzosa y ninguna magia en el mundo habría podido evitar que lanzara al viento el más triste de todos los aullidos que un lobo puede proferir. Luego, me interné en el follaje.

Sin embargo, ése aullido fue el que lo arruinó todo, el que desató lo que vino después... el que convirtió al cazador en la presa.