Capítulo VI: As de picas (As de espadas)
Vueltas, se queda corto para describir todo lo que Aoko había hecho para descifrar aquel endemoniado código que inclusive aparecía en sus sueños obsesionándola aun más que el caso del asesinato del jugador de baloncesto y aun así no había llegado a nada importante.
Dos días transcurrieron desde que encontró el dichoso código que tanto la mortificaba y aun nada que conseguía resultado alguno que fuere a lo sumo lógico, tan sólo había descubierto dos cosas que a su parecer carecían de importancia para descifrar el mensaje y estas eran que: la palabra Kryptos, de origen griego, significa "oculto" y que Johann Bachet era el nombre de un reconocido matemático alemán el cual misteriosamente había desaparecido hace poco más de cuatro meses y que hasta el día de hoy la policía no había sido capaz de conseguir pista alguna sobre su paradero.
Nada parecía tener sentido para ella que ya sentía como su cabeza iba a explotar de un momento a otro de tanto pensar y pensar y no llegar a nada en concreto, necesitaba distraerse con algo para así refrescar su mente y para eso no había nada mejor que el trabajo, un lugar donde habían tantas cosas por hacer que era sumamente fácil distraerse además de que en la comisaria contaba también con Keiko, su única amiga y compañera de trabajo, quien se encargaba de los asuntos de transito.
— ¿Se puede saber a que se debe esa cara? —Bufo disgustada la mujer de corto y lacio cabello color caramelo y ojos verdes al notar que su amiga, véase Aoko, no le había prestado ni la más mínima atención a su interesante relato de la cita en la playa que tuvo con su novio. Aoko acostada sobre la mesa de su escritorio sólo alzo la mirada ante la queja de su amiga, recibiendo una mirada acusadora de su parte— te ves como uno de esos muertos vivientes que aparecen en los juegos y en las películas de terror ¿Acaso estas cansada o, como cosa rara, estas de malhumor?
— la segunda —Respondió sin animo alguno, alzando la mirada a la altura del rostro de Keiko que solo se limitó a observarla fijamente instándola a que fuera un poco más especifica— vine a distraerme aquí trabajando, a pesar de ser mi día libre, y no me dejan hacer absolutamente nada, claro que tan poco es que haya mucho que hacer por aquí ya que al parecer los descerebrados criminales de la ciudad decidieron tomarse un descanso también.
— Si no tienes nada que hacer ¿Por qué no llamas al apuesto hombre que vino por ti la última vez? —Inquirió Keiko sonriendo con genuina malicia provocando que las miradas de todos los hombres de la división de Aoko recayeran sobre ellas— creo que tú y él harían una linda pareja.
— ¡¿Pero que tontería estas diciendo?! —Aoko retrocedió alarmada ante la indirecta de su amiga que sólo la observaba divertida con las exageradas reacciones de ella— Kaito es… Digo Kuroba essólomi amigo.
— Yo sólo digo lo que veo amiga y déjame decirte que a leguas se nota la química que hay entre ustedes —Musito alegremente haciendo gruñir a Aoko por lo bajo ante la idea, Keiko sólo ignoro ese gesto de parte su amiga ya que a pesar de lo que ésta dijera, no podía negar lo que a simple vista era más que evidente. Sin embargo Keiko sabía que tan poco era buena idea presionar mucho a Aoko con estos temas porque después tendía a marcar distancia con el chico en cuestión debido a lo tímida e insegura que podía llegar a ser en estas situaciones, por esa razón ya era hora de cambiar de tema antes de que la "valiente" y "fría" inspectora saliera huyendo despavorida— Cambiando de tema Aoko ya conseguí la información que me pediste ¿Quieres que te diga lo que encontré?
Con el ánimo renovado Aoko asintió efusivamente esperando que aquello que Keiko había encontrado le sirviera de algo para avanzar aunque fuere un poco en el proceso de descifrar aquel endemoniado código; claro esta que no le contó a Keiko sobre el verdadero motivo por el cual necesitaba esa información ya que ocultar la prueba de un crimen era de por si solo un delito que podría traerle graves consecuencias a la joven inspectora si esto salía a luz, además si su amiga se veía involucrada también se seria afectada por las sanciones correspondientes por dicho delito. Es por eso que en el momento que le pidió a ella que investigara todo lo relacionado con el renombrado matemático desaparecido, le invento alguna tonta escusa de porque necesitaba esa información.
— Johann Friedrich Bachet es un hombre de 56 años que actualmente es considerado uno de los matemáticos más brillantes de la época y un amante de la teoría de números así como de los juegos matemáticos, podría decirse que era alguien muy alegre, humilde, cordial y simpático. También hizo incursión en la física siendo considerado por muchos como un físico-matemático muyversátil, aunque no se ha dado a conocer mucho en esta área de la ciencia ya que no ha hecho muchas publicaciones con respecto a ésta ella —Keiko hizo una breve pausa para recuperar el aliento antes de continuar con su informe— recientemente daba clases en la universidad de Cambridge de Inglaterra, donde la mayoría de los tesistas a su cargo trabajaban en temas relacionados con la aritmética modular, hasta que éste repentinamente desapareció y todos esos jóvenes tuvieron que ser asignados a otros profesores.
— ¿Hubo algún indicio de que algo le sucedía? O ¿Tenía algún tipo de extraño comportamiento? O no lo sé ¿Alguien noto algo siquiera antes de que desapareciera? —Pregunto Aoko realmente intrigada por la misteriosa desaparición de un hombre que había alcanzado la cúspide de su carrera, que había incursionado en un área distinta a la suya y aunque no era famoso, al menos se había dado a conocer, lo cual ya es mucho; un hombre que enseñaba en una buena universidad y que era conocido por su alegría y efusividad, alguien que era demasiado bueno y gentil para un mundo tan corrupto como el de hoy en día. En resumidas cuentas el profesor Johann era alguien que no tenía motivo alguno para simplemente desaparecer como un conejo en un acto de magia. No, nada de esto tenía sentido, a menos que éste en realidad hubiera sido secuestrado.
— Nada. Simplemente se esfumo sin dejar rastro, es por ello que la policía llego a la conclusión de que el profesor Johann fue secuestrado y al no haber encontrado su cuerpo, aun la búsqueda continua —Tras finalizar su "informe" Keiko tomo una gran bocanada de aire para recuperar el aliento mientras observaba a su amiga, quien profundamente meditaba sobre todo lo que ella le había comentado— espero que esto te sirva de algo Aoko, aunque no se para que lo necesitabas con tanta urgencia.
— No te preocupes es sólo que había un payaso haciéndose pasar por él en la web y eso me llamo la atención —Mintió descaradamente sonriendo apenada ante la mirada escéptica de su compañera— tengo pensado rastrearlo e interrogarlo ya que podría ser una pista para hallar al desaparecido profesor ¿No lo crees? Jejeje
— Aja. Voy a fingir que te creo —Dijo observando de reojo a su amiga que insistía en mostrarse indiferente ante el tema— Ahora cambiando otra vez de tema Aoko ¿Terminaste con los preparativos para mañana en la noche? Es que has estado muy distraída últimamente.
— ¡Por supuesto que sí! —Aseguro golpeando su escritorio con tanta fuerza que asusto tanto a Keiko como a todos a su alrededor— ¡No voy a dejar que ese bastardo de Kaito Kid vuelva a escaparse de mis manos! ¡Ese infeliz va a terminar en la cárcel por el resto de su vida!
Puede que el misterio de la pequeña caja de madera y del mensaje codificado que había encontrado la tuvieran obsesionada o distraída como decía Keiko, pero nada de eso era lo suficientemente fuerte para hacerla olvidar todo el rencor que le profesaba al escurridizo ladrón que insistía prepotentemente en autodenominarse como el último mago del siglo, el cual como de de costumbre había enviado un aviso anunciando que mañana en la noche robaría la esmeralda de Raki que sería exhibida en el museo de arte y cultura de la ciudad debido a que la joya en si misma era considerada como una hermosa y valiosa pieza de arte debido a los finos y estilizados cortes que poseía. Por otro lado si Aoko obviaba por un instante su rencor personal hacía el bandido de guante blanco, tenía otro motivo para encararlo esta noche y así fuera lo último que haría como oficial de policía, ella se aseguraría por cualquier medio de encontrarse a solas con él y así terminar de una vez por todas todo este ridículo asunto entre ellos que se había prolongado por dos años.
—Museo de Arte y cultura de Beika. 8:59 pm—
A tan solo un minuto de que el afamado ladrón fantasma Kaito Kid hiciera su gran entrada en el museo para robar la joya como había enunciado, un centenar de policías lo esperaban ocultos en posiciones estratégicas que la misma Aoko les había asignado luego de darles a cada uno de sus hombres las instrucciones sobre como debían proceder ante cada movimiento que Kid realizara llegando a cubrir todas y cada una de las posibles rutas de escape a excepción de una a la cual "no tenían" manera alguna de llegar y mucho menos de cubrir.
9:00 pm.
Tal cual lo había anunciado Kaito Kid grácilmente descendió sobre el museo tan puntual como sólo él solía ser tomando la joya entre sus manos luego de abrir con suma facilidad y cuidado la caja fuerte que la contenía, una vez tomo la joya fue velozmente rodeado de policías quienes sin dudarlo le arrojaron gas lacrimógeno con la intención de aturdirlo. Divertido Kid esbozo una sonrisa debajo de la mascara antigases que siempre llevaba consigo preparada, observo rápidamente la situación en la que se encontraba mientras ágilmente esquivaba los ataques de los oficiales que uno tras otro se abalanzaron sobre él desde todos los ángulos posibles dificultándole enormemente el escabullirse como siempre lo hacía, sin embargo no había nada imposible para el habilidoso mago quien distrayendo la atención de los oficiales con uno de sus mejores muñecos, rápidamente se disfrazo como uno de ellos y se sumo a la "captura" de Kid junto con sus "compañeros" golpeando una y otra vez al pobre muñeco hasta que este se deshizo. Desorientados los oficiales buscaron entre el humo del gas lacrimógeno la silueta del ladrón hasta que uno de sus compañeros grito avisándoles a todos que el ladrón escapaba por una de las ventanillas del techo.
— ¡Vamos todos por él muchachos! —Ordeno el líder de escuadrada, quien recordando las instrucciones que la inspectora Nakamori le había dado detuvo al oficial que les había avisado del escape de Kid, sosteniéndolo por el hombro— ¡Tú! ¡Ve ahora mismo a informarle a la inspectora que vamos a iniciar la persecución de Kaito Kid, dile que puede contar con nosotros ¿Entendido?!
— ¡Si señor! —Respondió con fuerza corriendo a cumplir con el deber que le habían asignado para no levantar sospechas. Después de todo no podía darse el lujo de comerte errores tan obvios con lo perceptiva y audaz que era la joven inspectora que cada vez se ensañaba más en hacerle su trabajo más difícil, aunque aun no era nada que no pudiera manejar.
Por un instante insulto mentalmente a la precavida de Aoko Nakamori por decidir esconderse en el último piso del edificio contiguo al museo, el mismo edifico en el cual él había esperado pacientemente a que llegara la hora de robar la joya. Subió piso por piso en el ascensor preparando mentalmente la actuación que llevaría a acabo una vez llegara a su destino para así engañar a la joven inspectora como había hecho otras tantas veces anteriormente.
— ¡Oficial Yamamoto Ryuuji reportándose! —Anunció fuerte y claro cuando al llegar al último piso de aquel edificio diviso a la joven inspectora sentada tras uno de los tantos escritorios que había en aquella enorme oficina iluminada únicamente por la luz de la luna. Aoko al verlo asintió sin despegar la vista del cristal que claramente reflejaba el distrito nocturno de Beika otorgándole una magnifica vista del imponente museo de arte y cultura de Beika. Kaito bajo su mascara respiro hondo y se acerco rápidamente a ella para presentarle el informe de la situación tal y como se lo había ordenado su "superior" al mando— Y eso es todo inspectora Nakamori. El capitán ha dicho que por favor cuente con nosotros.
— Se que puedo contar con ellos, pero esta vez… —una leve sonrisa triunfante se dibujo en su rostro ante la sorpresa del "oficial" frente a ella cuando lentamente tomo su arma y la apunto directo a su cabeza— no será necesario que intervengan, después de todo has venido personalmente ante mi ¿No es así Kaito Kid?
Sorprendido por haber caído en la treta de la audaz inspectora Kaito divertido esbozo una amplia sonrisa emocionado a la vez que, sin perder más tiempo en tontas actuaciones, se deshizo de su disfraz mostrándose como Kaito Kid ante ella. Por su parte Aoko respondió al gesto del ladrón ensanchando su propia sonrisa sintiéndose vencedora al haberlo acorralado como a una simple y vulgar rata, sin embargo sabía que a pesar de haber logrado tanto aun no debía de bajar la guardia ante él, dado que éste era tan o más escurridizo que un astuto zorro.
— Vaya, vaya mi estimada inspectora, debo decir que esta vez me ha impresionado —Musito Kaito elocuentemente como siempre haciendo una leve reverencia ante la inspectora en señal de reconocimiento por todo su esfuerzo— déjeme felicitarla.
— Por favor permítanme unirme a tan animada reunión y ofrecer de igual manera mi más cordial agradecimiento a usted mi joven y hermosa dama —Desde las sombras una voz masculina desconocida para ambos irrumpió abruptamente en el juego del gato y el rato que ambos ya estaban acostumbrados a jugar, alarmándolos debido a la repentina intromisión éste.
Kaito se tenso al ver como aquel indeseado intruso hacia acto de presencia en la escena caminado con elegancia hacia ellos mostrando finalmente su apariencia iluminado por los tenues rayos color de plata de la luna, los cuales a través del vitral se colaban al interior de aquella oficina. Se trataba de un hombre vestido con un elegante esmoquin negro de tres piezas, complementado por finos guantes blancos, un sombrero de bombín negro y un fino y elegante bastón de madera con mango de mármol blanco; usaba además una mascara blanca que asemejaba la cabeza de un halcón la cual ocultaba sólo la parte superior de su rostro al igual que un antifaz. Aquel hombre era uno de los asesinos que estaban tras la vida de Kaito y como era de esperarse en su mano llevaba un arma la cual apuntaba directamente a la cabeza de Aoko Nakamori.
— Permítanme presentarme antes que nada —Dijo anticipándose a ambos jóvenes y a la evidente pregunta que rondaba en sus mentes— Mi nombre es Falcon y como de seguro ya habrás adivinado mi estimado ladrón fantasma, soy uno de los asesinos a los cuales se les encargo eliminarte del mapa, pero antes que nada soy un verdadero caballero ingles.
— Si lo que dices es cierto, entonces ¿Por qué tu arma apunta a la cabeza de la inspectora y no a la mía como debería ser por lógica? —Musito Kaito luchando para que su perfecta Póker Face no se quebrantara ante la inmensa ira que aquel desgraciado le hizo sentir en el momento en que apunto a Aoko con su arma— ¿Acaso la edad le esta pasando factura a su cuerpo, deteriorándolo hasta el punto de no poder distinguir entre un hombre y una mujer a simple vista? O ¿Será acaso que esa ridícula mascara que llevas puesta nubla tu visión?
— Jajaja. Debo decir que posees un curioso sentido del humor Kaito Kid y por eso aclarare tu duda antes de poner fin a tu vida junto con la de la de la hermosa dama aquí presente —Dijo con aquel acento ingles que tanto Kid como Aoko comenzaban a odiar— Veras un asesino no puede permitirse dejar testigo alguno de sus actos y mucho menos un asesino de mi clase puede permitirse cometer semejante error. Es por ello que con todo el pesar que me aflige, la inspectora debe morir junto con usted mi estimado ladrón. Aunque estoy dispuesto a hacer una excepción en este caso y dejar marchar a la hermosa señorita si tú colaboras conmigo Kaito Kid, entregándome la caja de Pandora que le robaste al pobre profesor Johann Bachet.
Aoko contuvo por un instante la respiración al escuchar el nombre de aquella endemoniada caja y del hombre al que pertenecía en un principio, se sintió derrotada y usada como un simple e inútil rehén en el juego que aquel estúpido hombre ingles se empeñaba en imponerles, resignada respiro hondo y sin dejar de apuntar a Kid con su arma se dispuso a confesar que era ella quien poseía la caja en ese instante, ya que no veía otra opción más que esa.
— Lamento romper tu corazón, pero eso no sucederá viejo —Dijo adelantándose a Aoko a la vez que en un veloz movimiento chasqueaba sus dedos y empezaba a correr hacia delante.
Una explosión entre Falcon y ellos ocasiono que las dos armas se dispararan al unisonó justo al mismo tiempo en que el humo causado por la explosión activaba al instante los aspersores anti-incendios que empaparon por completo aquella oficina nublando junto con el humo la visión del asesino por un breve instante en el cual tanto Kid como Aoko desaparecieron por completo de su vista. Furioso Falcon corrió hacia el lugar donde ellos se encontraban minutos antes y una gran sonrisa de satisfacción se dibujo en su rostro cuando hallo en el piso dos manchas de sangre que el agua de los aspersores comenzaba a borrar, pero eso no importaba pues con ese hallazgo tenía la certeza de que en efecto tanto él como la inspectora habían acertado sus accidentados disparos y que ahora sólo le quedaba encargarse de un herido ladrón fantasma que cargaba consigo el cadáver de lo que una vez fue una hermosa mujer. Rebosante de alegría desecho aquella arma sin gracia que portaba, tomo su bastón y dio a conocer su verdadera forma al desenvainarlo como un fino sable con el cual se aseguraría de poner fin a la vida del moribundo ladrón.
Cegado por su logro Falcon dio inicio a su búsqueda ignorando por completo el gran archivador corredizo a su lado, donde a duras penas tres siluetas se ocultaban entre los archivos procurando no emitir sonido alguno para no alertar al asesino y que este descubriera su escondite, dos de estas siluetas observaban con asombro a la tercera que en medio de todo aquel caos apareció repentinamente sin ser visto y los arrastro a ambos hacia el archivador que había preparado de antemano para esconderse y el cual debido a la inesperada presencia de Aoko, se había convertido ahora en el improvisado escondite que salvaría su vida y la de Kid de las garras de aquel pomposo y hablador asesino. Aoko asustada rápidamente se reviso a ver si aquella bala la había alcanzado, pero para su sorpresa no tenía ni un solo rasguño a parte del dolor en su brazo izquierdo que se había golpeado con el archivador cuando fue arrastrada a la fuerza por aquel joven que vestía un saco gris junto con una camisa negra y un pantalón del mismo color, al que no lograba verle bien el rostro y el cual la sostenía por la cintura con delicadeza mientras que con la otra mano sostenía a Kid quien adolorido respiraba entrecortadamente con dificultad sosteniéndose su hombro izquierdo herido por el impacto de bala.
Aquel misterioso joven que los había ayudado a ambos soltó a Aoko y antes de que ella pudiese reaccionar tomo al herido mago y lo deposito con delicadeza en sus piernas sobresaltándola y enfureciéndola por semejante ofensa y osadía por parte de aquel joven que frescamente pretendía que ella cuidara de ese sucio y desalmado asesino que tanto daño le había hecho, sin decirle nada ese hombre le entrego un trozo de papel anticipándose a su negativa, ella extrañada tomo el papel consciente de que no podía hablar para no delatar su posición y resignada a seguir el juego de su misterioso salvador leyó el contenido de aquel pequeño pedazo papel, el cual decía lo siguiente:
"Sin trampas espero que cuide bien del hombre que ha salvado su vida inspectora, le pido que se abstenga de revelar su identidad en mi ausencia. Si no cree en mis palabras vea el abdomen del hombre al que tanto odia"
Sin dudarlo Aoko bajo la mirada hacia el abdomen del infame ladrón que ahora descansaba en su regazo, retiro la capa que ocultaba aquella zona de su vista y contemplo con horror la gran mancha de sangre en su blanco traje, Kaito no la vio a la cara porque simplemente no podía hacerlo después de haber sido descubierto, aunque ella si lo veía a él fijamente preguntándose porque ese hombre al que tanto odiaba por haber asesinado a su amigo, al mismo al que se empeñaba en ver como a un desalmado monstruo, había sido el mismo hombre que sin dudarlo había salvado su vida aun poniendo en riesgo la suya al recibir el impacto de bala en lugar de ella. Por un instante se sintió tentada a quitarle aquel estúpido sombrero y aquel monóculo que usaba para ocultar su rostro, pero se detuvo al recordar lo que decía el pequeño papel que el chico del saco gris le había entregado, suspiro una vez más resignada y sostuvo al ladrón con mucho cuidado llevando una de sus manos a la herida en el abdomen de éste, presionándolo para detener el sangrado aunque fuese sólo un poco.
— No te escondas Kid —La voz de Falcon resonó por toda la oficina haciendo hervir la sangre de Aoko, quien impotente observo al joven que los había ayudado rogándole con la mirada que hiciera algo, a lo que él respondió con una sonrisa conciliadora revolviéndole el cabello con una mano. Fue entonces cuando finalmente Aoko pudo ver su rostro y una aliviada sonrisa se dibujo en sus labios al reconocerlo, pues sabia que podía confiar plenamente en que él los sacaría con vida de aquel problema.
Con sigilo aquel joven salió del archivero sin ser visto por el asesino quien impacientándose por no poder encontrar a su presa comenzó a cortar y a atravesar con su sable todo posible escondite que el ladrón pudiera estar utilizando.
— ¡Da la cara como un caballero, tú, sucia y cobarde sabandija! —Grito fuera de sus casillas el "refinado" caballero ingles cortando por la mitad un gran jarrón de cerámica que allí se encontraba, instante en que de la nada un pequeño dardo salió disparado hacia él repentinamente desde las sombras casi incrustándose en su cuello, Falcon logro esquivarlo en el último momento gracias a sus afinados reflejos y a su refinado instinto que lo alerto del peligro. Más enojado que antes se dio la vuelta para encarar a su atacante, sorprendiéndose al notar que este no era su objetivo, sino alguien que podía llegar a ser incluso mucho más problemático que el astuto ladrón.
— Por lo visto tus habilidades son más autenticas que tus palabras mi estimado Falcon —Musito divertido aquel joven haciendo gruñir por lo bajo al asesino, quien ya tenía la amarga experiencia de haberse topado una vez en el pasado con aquel joven— ¿O debería llamarte William Ingham? ¿Cuál prefieres?
— Lamento decirte que no me es grata tu presencia en este lugar —Anuncio con rabia el asesino centrándose por completo en el joven frente a él, preparándose para matarlo— detective Shinichi Kudo.
Espero que éste nuevo capítulo sea de su agrado. Cuidense
Hasta la proxima.
