Rose miró nerviosa su reflejo en el espejo. Ni siquiera había planeado ir a la fiesta que los Schmidt habían organizado. Su madre y ella estaban invitadas, pero como Hermione no estaba la idea de ir había quedado descartada. Eso hasta que Scor apareció.

Apartó al rubio de su mente y se concentró en el reflejo del espejo. Llevaba un hermoso vestido turquesa, ceñido a su cuerpo en el torso y suelto en la falda. Un par de delgadas tiras negras cruzaban el torso y sus pechos para sostener el vestido sobre sus hombros desnudos. Su cabello, amarrado en un elegante moño dejaba varios mechones sueltos. Se veía bien, a quien iba a engañar diciendo lo contrario.

Se aplicó un poco de labial rojo en los labios y soltó un suspiro. Los guantes negros de seda que llevaba la ponían nerviosa, y ni siquiera lo entendía. Miró su cuello desnudo y tuvo una idea.

Repentinamente emocionada fue hasta la habitación de Hermione y busco en los cajones. Entre la ropa encontró una caja de terciopelo, suave al tacto. Con mucho cuidado la sacó y se sentó en la cama mientras la apoyaba en sus faldas ¿Sería buena idea…? Su madre quería que ella usara el collar, y esa era una gran oportunidad.

Con el corazón palpitándole con fuerza abrió la caja y descubrió el hermoso collar con un zafiro en forma de corazón. Maravillada lo rozó con la yema de los dedos y se sintió intimidada. Esa belleza estaría en su cuello al menos una sola vez.

Lo sacó con mucho cuidado y cerró el broche en su nuca. Era algo pesado, sí. Pero cuando se vio en el espejo que había en el cuarto de su madre las dudas desaparecieron. Lo usaría.

Una de las mucamas entró al cuarto y al verla sonrió.

- Esta hermosa, señorita – la felicitó y ella se sonrojó -. El chofer la está esperando – Rose asintió con la cabeza agradecida y la chica se retiró.

Con las manos sudando caminó hasta su cuarto y recogió el abrigo que llevaría. Era negro y largo, la dejaría cubierta por completo. Nerviosa se lo puso y se miró una última vez antes de salir de su cuarto.

Le esperaba una larga noche.

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Scorpius ingreso a la fiesta hecho un manojo de nervios, sus padres se encontraba en algún lugar y sin saber que Rose se presentaría. Daba igual, el único objetivo era que su madre no lo atrapara ''con las manos en la masa''.

- Scorpius – lo llamó una voz y vio a uno de sus amigos acercarse. Era alto, de cabellos oscuros e increíbles ojos verdes. Le sonrió a medias y este notó que su amigo estaba extraño.

- Albus, me alegro de verte – lo saludo el rubio, intentando engañar a su amigo.

- No me engañas a mí, Scorpius. ¿Sucede algo? Hace mucho tiempo que no hablamos – el rubio se sintió apenado ante la mención de su amigo. Era verdad, todo el tema de Rose lo tenía absorbido.

- Se puede decir que he tenido algunos temas… - Albus asintió con la cabeza y soltó un suspiro.

- Tú mirada perdida y ansiosa me dice que estás esperando a alguien – Scorpius ni siquiera se molestó en sonrojarse o negarlo, era la verdad.

- Conocí a alguien – le contó a su amigo y este sonrió.

- Me alegro, Scor. ¿Es una chica que te va hacer sentar cabeza? – el rubio sonrió irónicamente y negó con la cabeza.

- Esa chica no existe, querido Al – actuó a la perfección y su amigo le miró decepcionado. Era obvio que su actitud dejaba mucho a desear.

- Espero que algún día la conozcas – fue lo único que dijo antes de que Scorpius dejará de prestarle atención. Por encima del hombro de su amigo alcanzó a ver a la persona que estaba esperando: Rose Weasley en el vestíbulo.

Uno de las mucamas le ayudó a quitarse el saco, dejando a la vista lo hermosa que se encontraba. Scorpius la miró de pies a cabeza, maravillado.

- Es preciosa – escuchó que Albus hablaba y volvió a la realidad. Le sonrió.

- Si me permites – dijo antes de cruzar el tramo que lo separaba de la pelirroja. Cuando llegó frente a ella se sintió repentinamente nervioso, algo que nunca le había pasado.

Admiró su rostro, delicado y hermoso. Sus ojos azules, sus labios…hasta que vio el collar que estaba usando. El mismo que tenía que recuperar. El que era de su familia…

- Hola, Scor – lo despertó el sonido de su voz y la miró a los ojos.

- Rose, me alegro de verte aquí – atino a decir conteniéndose de volver a mirar asustado el collar que tenía puesto.

- Quedamos en vernos aquí, no sé si lo recuerdes… - su voz sonó tan tímida y dulce que Scor se olvidó de todo por un momento. ¿Cómo iba hacerle daño a esa criatura?

Giró el rostro y vio a Albus acercarse con una sonrisa.

- Veo que has tenido el honor de conocer a mi amigo… - le dijo a Rose y ella lo miró confundida -. Albus Potter, un gusto – se presentó estirando la mano y la pelirroja la estrechó algo nerviosa.

- Rose, igualmente – la chica tuvo que contenerse de parpadear al ver los maravillosos ojos verdes que el chico tenía.

- Supongo que seremos buenos amigos – Albus sonreía de una manera tan encantadora que los nervios de la pelirroja se disiparon por completo.

- Estoy segura de ello – Scorpius sonrió al verlos e ignoró el nudo en la garganta que se le formaba.

- ¿Bailamos? – le preguntó a Rose sorpresivamente. Ella lo miró unos segundos aturdida, ya que no se esperaba aquella pregunta, y asintió con la cabeza lentamente.

- Está bien – dijo tomando la mano que el rubio le ofrecía.

Una nueva melodía empezaba a sonar mientras Scorpius llevaba a Rose a la pista de baile de la mano. Albus los miró a ambos con una gran sonrisa.

Ya en la pista, Scorpius apoyó su mano en la cintura de ella y con la otra entrelazó sus dedos con los de ella. Rose alzó el rostro para mirarlo a los ojos y por un momento todo fue perfecto. Ambos se empezaron a mover con lentitud alrededor de la pista, sin seguir ningún paso en específico, solo dejándose llevar.

- Te ves muy hermosa, Rose - el cumplido salió de sus labios sin que lo intentará y ella sonrió.

- Tú no estás nada mal – le respondió de vuelta y sin darse cuenta ambos se sonrieron. Era estúpido pero no les importaba. Era como si el mundo dejará de existir a su alrededor. ¿Un poco tonto, no?

Sin embargo a Rose no le importaba, sino que se sentía de manera extraña con Scorpius. Y eso le estaba empezando a preocupar. No estaba bien.

- ¿Cómo puedes afectarme tanto, conociéndote tan poco? – soltó ella y Scor se quedó sorprendido.

- No lo sé, se puede decir que siento lo mismo – Rose soltó una risa y negó con la cabeza -. ¿Qué sucede? – le preguntó Scor medio sonriendo.

- Nada, simplemente…se me ocurrió una tontería… - Scor se intrigó más.

- ¿Una tontería?

- Algo así como si nos hubiéramos conocidos antes, de bebes, con nuestros padres… Es algo estúpido, lo sé – Scorpius se quedó helado y forzó una sonrisa poco creíble.

Rose agachó la mirada y se concentró en el pecho del rubio. El admiro su pelo brillar por la luz de las velas que había alrededor.

- ¿Por qué me afectas tanto, Rose Weasley? – soltó sin darse cuenta y ella alzó la mirada nuevamente. Sus miradas se encontraron. El gris y el azul. La plata fundiéndose en el mar.

- Porque tú me afectas, Scorpius – respondió ella y ambos se quedaron quietos, con solos centímetros llenos de tensión entre ellos.

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- ¿En que estabas pensando? – soltó Louis dejándose caer en el suelo del cuarto de Jane. La rubia lo miraba entre divertida y preocupada. Sus ojos castaños lucían agotados a pesar de la sonrisa que llevaba. Después de la pelea con su papa había estado pensando en cómo verse con él…y no sé le había ocurrido otra cosa que hacer que entrara por la ventana de su cuarto. Una soga y un par de brazos fuertes fueron suficientes.

- En ti – susurró cuando Louis se puso de pie frente a ella. Era mucho más alto que ella, por lo que fácilmente podía esconder la mirada bajando la cabeza –. Ninguno de mis padres está en casa.

- ¿Entonces porque no me hiciste entrar por la puerta? – Louis ni siquiera sonaba furioso, aunque si tan cansado como ella.

- Puede que a partir de ahora está sea la única forma de vernos… - ambos se quedaron en completo silencio, ella con la cabeza baja, él sin dejar de mirarla. Con cuidado envolvió el cuerpo de ella entre sus brazos y la estrechó contra su pecho mientras le daba un beso en la cabeza -. No lo entiendo…él solo no quiere que haya ''mezcla de sangre''. Y dice que tengo que encontrar alguien a mi nivel. Eso me parece algo inútil…

- No hables, Jane. No te amargues, ahora estamos juntos – susurró en voz baja y ella se tranquilizó –. Y lo vamos a estar siempre, no importa que diga la gente…ni tus padres… - por un momento ella se lo creyó. Que iban a estar juntos siempre.

Pero la realidad no era esa. Sus padres nunca aceptarían ese romance, y su padre no descansaría hasta verlos separados.

- Nunca pensé enamorarme de ti – dijo con un nudo en la garganta, preparada para hacer lo que estaba pensando. Louis dejó de abrazarla para acariciar su mejilla con una mano, Jane alzó la cabeza y lo miró a los ojos, aquellos castaños que en ese momento brillaban como nunca.

- Yo lo supe desde que te vi, ¿lo recuerdas? – Jane asintió con la cabeza.

Recordaba ese momento como uno de los más importantes de su vida. Salir al jardín, ver al nuevo jardinero, abrumarse por lo guapo que era, volver a entrar a la casa con aires de niña engreída.

- ¿Cómo…? – Louis negó con la cabeza mientras apoyaba su frente en la de ella y aspiraba el aroma a rosas que ella poseía.

Jane sintió como su corazón se encogía, pero tenía que hacerlo. Con cuidado junto sus labios con los de él y disfrutó el que sabía sería su último beso. Él acuno el rostro de ella entre sus manos mientras se sumergía en la magia que ella poseía y desconocía.

Cuando el aire se hizo presente ambos se separaron sin dejarse de mirarse a los ojos. Y Jane lo alejó con mucho cuidado.

- La realidad no es esta Louis, no podemos estar juntos – dijo sacando toda la fuerza interior que tenía. No podía derrumbarse.

- Pero…podemos hacerlo, Jane – intentó acercarse nuevamente pero Jane lo alejó.

- No empeores las cosas, Louis. Mi padre no va a descansar hasta que tú no estés conmigo, incluso aunque eso implique destruirte. ¿Lo entiendes? ¡Nunca seremos felices! – Louis empezó a negar con la cabeza, incrédulo, mientras ella contenía las lágrimas.

- Entonces que es esto… ¿una despedida? – comentó irónico y Jane apretó los dientes.

- Esta fuera de nuestras manos, Louis. No podemos…

- Esta no es la Jane que conozco. Esta se está rindiendo antes de si quiera luchar… - Jane no contuvo una lagrima y el castaño vio cómo se deslizaba por su mejilla.

- No hagas esto más duro, no lo hagas, por favor.

- Hecho, no haré esto más duro para ti – soltó con orgullo y salió por la puerta, sin mirar atrás.