Marinette despertó sin cansancio e inusualmente temprano, el reloj ni siquiera estaba cercano a sonar y a pesar de que la idea de seguir durmiendo atravesó su cabeza no lo logro; al contrario, sus pensamientos se dirigieron a la figura de Chat Noir.

Su último recuerdo antes de quedar dormida era la fragancia amaderada de la colonia que desprendía su compañero en sincronía con el masculino olor de su shampoo, el cual quedo impregnado suavemente en la frazada que en este momento la cubría y que le resultaba muy agradable.

Una sonrisa se le escapó sin siquiera ser notada, imaginaba a su galante amigo cargándola cual princesa para que descansara en cuanto notó que se encontraba dormida. El chico era un caballero después de todo.

En ese momento sus ojos se abrieron de par en par mientras su cuerpo se tensaba nte el nuevo pensamiento, ¿y si Chat Noir vio las fotografías en la pared? Había que aceptar que así cómo era fácil imaginar al chico llevándola a la cama, podía imaginar igual de fácil al chico observando su habitación y sonriendo ladinamente tras encontrar aquellas fotografías. Listo para molestarla un poco con el tema.

Se levantó de su cama y empezó a quitar rápidamente las miles de fotografías que tenía de Adrien Agreste, como si de este modo pudiera reducir las posibilidades de que el chico con antifaz hubiera visto aquella pared tan comprometedora. No era que le hiciera ilusión quitar aquellas imágenes, pero si Chat ya había regresado una vez, fácilmente podía hacerlo nuevamente. Además, él mismo se lo dijo ¨¿reamente puedo seguir visitándote?¨

En definitiva, esas fotografías debían desaparecer.

Empezó a amontonarlas en una caja que había vaciado recientemente de todo su material de costura, quitó del mismo modo el horario del chico y busco cuidadosamente cualquier objeto que pudiera revelar su amor por el joven Agreste. Resolvió esconder la caja en una esquina, debajo de sus paquetes de telas que acababa de comprar intentando que no se viera sospechoso.

Encendió su computador para cambiar el fondo de pantalla, intentando imaginar los mil escenarios posibles en los cuales Chat Noir podría descubrir su amorío. Marinette realmente tenía un problema al dejar volar su imaginación.

La alarma se dejó escuchar y un pequeño punto rojo atravesó la habitación para que este dejará de sonar.

—Ya despierta Marinette- se escuchó una dulce voz que se encontraba aun somnolienta —debes llegar temprano a tu primera clase.

Marinette rio por lo bajo, su pequeña amiga estaba tan cansada que ni siquiera notó que su portadora se encontraba frente al computador. La pequeña figura rojiza se quedó dormida en medio de la cama, quizás imaginando que estaba sobre la chica de cabello negro.

La azabache decidió dejarla descansar un poco más, realmente no sabía a qué hora se había dormido esperando que ella regresara a la habitación para cuestionarle sobre el chico vestido de gato.

Se decidió por poner música en su computador antes de prepararse para su nuevo día, alistó su mochila y cambió su pijama por su ropa diaria. Nuevamente se escuchó una alarma acompañada de la dulce voz de su pequeña compañera.

—Mari... ¡Marinette! —La criatura rojiza se levantó rápidamente de la cama y volteo a todos lados hasta que vio a la chica parada en medio de la habitación. Grande fue su sorpresa al ver a la chica preparada a tiempo, pero no se comparaba con la que venía a continuación. —¿¡Quién eres tú y que le hiciste a Marinette!?- la aludida se puso a reír, obviamente nada en ese día parecía normal.

—Tranquila Tikki, todo está bien.

La chica sonrió intentando calmar a su amiga, pero esta no podía salir de su asombro; su amiga, ya despierta y lista para la escuela, al parecer descansada y en una habitación sin rastro de Adrien Agreste. Algo debía de estar pasando.

—Pe-pero, ¿y las fotos? ¿A qué hora despertaste? ¿Es acaso una broma? ¡porque déjame decirte que no es graciosa! —Tikki volaba, de un lado a otro realizando movimientos muy extraños con sus pequeños brazos.

Era como ver a la azabache en un momento de crisis.

—Tikki, tranquila. Te lo explicare todo—. Marinette le explico lo que había pasado durante la noche a su amiga y cómo le causaba conflicto tener que esconder y ser más precavida en su día a día —hay Tikky, ese gato tonto solo causa problemas.

—Vamos Marinette, de seguro Chat está muy agradecido contigo —la pequeña sonreía, le parecía muy tierno que la chica de ojos color cielo quisiera ayudar a su compañero, sabía que podía quejarse al respecto pero que estaba más feliz de poder ayudarlo.

—Sí, bueno. Me sorprendió un poco ver a Chat de ese modo. Espero poder ayudarlo, aunque sea un poco—. Sonrió un poco pensando en el chico, pero rápidamente expreso temor —¡Tikki! ¿Viste cuándo Chat entró a la habitación? ¿Crees que viera las fotos de Adrien?

La pequeña criatura roja soltó una risita, la verdad es que había observado todo lo sucedido y le divertía que la azabache pensara en las fotografías cuando las acciones de Chat estaban más bien dirigidas a ella.

—Tranquila, Chat Noir no vio las fotos. Vio que estuvieras cómoda y bajo la bandeja que le llevaste.
Marinette suspiro tranquila, inconsciente de lo que su amiga omitía. Tikki no deseaba engañar a la chica pero no quiso meter en problemas a Chat por una simple muestra de afecto que no tenía nada de malo.

—¡Marinette, llegaras tarde a la escuela! —se dejó escuchar la voz de la señora Dupain desde el piso inferior, cortando la conversación.

—¡La escuela! ¡Vamos Tikki! —La chica abrió los ojos como platos antes de tomar sus cosas y correr al primer piso de la casa, apenas dándole tiempo a su pequeña amiga para esconderse en un pequeño bolso. Marinette estaba destinada a llegar tarde a la escuela.

Siempre.


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