DILEMA
Cuando Jabu volvió a la casa del maestro se encontró con la sorpresa de que Miho estaba entrenando con ayuda de su maestro y su amiga Hanran, quien había vuelto a Argelia.
No paso mucho tiempo para que dejaran el lugar –Lo que yo te pude enseñar ya te lo he enseñado- el maestro se había dirigido a Miho quien se encontraba parada en la puerta cargando su maleta. Él maestro se sentía extrañamente feliz, en tampoco tiempo había aprendido lo que a muchos caballeros les llevo años. Su único problema sería el perfeccionar todo lo que había aprendido
-Gracias, maestro- Al contrario del maestro Miho no se sentía tan feliz, sentía que aún le hacía falta aprender muchas cosas. No quería partir aun, pero ya era tiempo.
-Lo único que te falta para estar completa y ser un caballero... es esto- el maestro le extendió una caja y Miho lo tomo algo indecisa –Ábrelo- él maestro quito su sonrisa para poner una mueca. Miho estaba indecisa en si abrirlo o no y eso al maestro le desesperaba
Miho lo abrió con lentitud. Dentro encontró una máscara igual a la que portaba Hanran y le había visto a Marín -Es un regalo de despedida. Estoy en contra de que las mujeres lo usen, pero es necesaria –Gracias maestro- lo abrazo, gesto que el maestro correspondió casi en seguida. Miho no realizaba muy a menudo ese acto, pero sabía que sería su única oportunidad
-¿A dónde iras, Jabu? – la voz de Hanran se hizo presente
-A Libia, con otro maestro
-Me encantaría acompañarte, pero tengo cosas que hacer
-Sí quieres continuar con él entrenamiento dile al maestro de ahí o cualquier otra región que yo te envió- le dijo el maestro mientras le colocaba una mano en la cabeza, sin dificultad alguna, debido a la diferencia de estatura
-Gracias, maestro. Lo tendré en cuenta
Su siguiente destino ya estaba marcado y ella solamente se encargaría de seguirlo.
Su estadía en Libia fue más corta que en Argelia. Había entrenado igualmente con el maestro del lugar. Lo mismo había sucedido en Tanzania, en Canadá, aun no estaba segura, seguía en ese lugar que le parecía bastante frio, llevaba cerca de un mes en la región y le parecía extraño que Jabu no haya decido irse aún. Los entrenamientos en estas regiones habían sido similares, defensa y pelea si había tenido algún problema en técnica o coordinación ya lo tenía resuelto
-Me impresiona que hayas decidido entrenar de esta manera- Jabu le había provocado un susto. No lo había visto en todo el día porque ella estaba entrenando y cuando logro descansar Jabu no se encontraba por ningún lado, así que decidió acostarse cerca de un acantilado. Hacía mucho tiempo que les había perdido el miedo, al igual que a muchas otras cosas
-si bueno, no fue planeado del todo- sus palabras eran sinceras, jamás creyó interesarse tanto en todo el asunto de los caballeros
-Me alegra que lo disfrutes
-Sí no fuera por ti no lo haría, gracias- Siempre estaría agradecida con Jabu por llevarla a ese viaje y enseñarle más cosas de la vida
-No hay de que- el silencio los rodeó, se notaba a Jabu nervioso, cosa que solo sucedía cuando Jabu quería decirle algo
-¿Ocurre algo, Jabu?- su voz sonaba preocupaba y Jabu se sintió culpable por hacerla preocupar por cosas sin sentido
-No, es solo que…- Jabu no sabía cómo continuar y Miho comenzaba a creer que Jabu le mentía, no estaba terminando sus frases y eso le preocupaba -Debemos volver a Japón- Miho no se lo esperaba, aunque ya había pasado mucho tiempo, y también había pensado en volver. Pero algo había cambiado, quería seguir viajando. Extrañaba a los niños a Erii, a Seiya, de quien no había podido despedirse. Pero se había enamorado del mundo, quería conocerlo más además le habían dado una gran oportunidad que quería seguir aprovechando
-Supongo que tienes razón- su tono había demostrado lo que sentía. Duda.
-¿No quieres volver?- el tono usado por Miho había preocupado a Jabu
-Claro que quiero- Miho sonaba horrorizada por la pregunta de Jabu, por eso mismo se había apresurado a responder –Extraño a Erii, a los niños, extraño mi país, a sus personas…
-¿Pero?- Jabu sabía que eso era lo siguiente, un pero por parte de Miho
-Hay cosas que quiero hacer- su respuesta había sido dicha con mucha ilusión, en verdad quería seguir viajando por el mundo, seguir conociendo el mundo de los caballeros
-Miho, entiendo que estés maravillada con el mundo. Entiendo cómo te sientes, me sentí igual de impresionado cuando yo salí por primera vez. Pero ha llegado el momento de partir, Saori me ha llamado
-Comprendo- Miho había comprendido las palabras de Jabu, estaba al servicio de Atenea y tenía un deber que cumplir
-Partimos en dos días- fue todo lo que dijo Jabu antes de ponerse de pie y para irse. Miho se había quedado sentada en aquel lugar pensando en que debería hacer. Sabía perfectamente que si volvía a Japón no se volvería a ir. Pero si no se iba con Jabu ¿Cuándo regresaría a Japón?
No había tomado una decisión así de difícil desde que eligió entrenar. Sus noches de insomnio habían acabado debido al esfuerzo físico, pero esa noche había regresado.
Quería ver a Erii, los niños a Mei. Extrañaba a Mei demasiado, cada noche antes de dormir era o ultimo en lo que pensaba y lo primero al despertar. Se habían encariñado mutuamente y la extrañaba más que al mismísimo Seiya, esa niña se había convertido en una parte importante en su vida, estaba con ella día a día, haciéndola sonreír como hermanas o quizá más como madre e hija. ¿Estaría siendo egoísta seguir el camino que había elegido en ese viaje y esperar más tiempo?
Un día más y ella no encontraba una solución a su dilema. Estaba cansada mentalmente, no había entrenado desde que hablo con Jabu, faltaban horas para el siguiente día. Miho veía el reloj constante mente como si este le fuera a dar la respuesta sino tomo una decisión regresare a Japón, se sorprendió al pensar en aquello. Había pensado que si no tomaba una decisión volvería a Japón no en que quería volver a Japón. Se recostó en su cama, así como no había dormido tampoco había comido y en esos momentos moría de hambre
Fue a la habitación de Jabu para hablar. La decisión se había tomado antes de que ella se diera cuenta de ese hecho. Toco la puerta de la habitación de Jabu, cuando esta se abrió vio aun Jabu algo somnoliento, este la dejo ingresar -¿Qué haces aquí?- su pregunta fue hosca, pero había sido por la somnolencia que aún tenía. Miho se sintió mal por la forma en la que le hablo aunque lo había dejado pasar
-Podemos hablar- Miho lo había pedio y con mucha duda, ya no estaba tan segura de decirle en aquellos momentos
-Sí, ¿Qué pasa?- Jabu había logrado despertarse un poco más. Estaba preocupado, no la había visto desde la noche en que le dijo que volverían, ella se había encerrado en su habitación y no había vuelto a salir
Miho estaba nerviosa, cómo podría decírselo, respiro un par de veces – ¿Podrías entregarle algo a Erii y los niños?
-¿entregarle?- Miho suspiro y asintió, sería más difícil de lo que esperaba -¿No piensas regresar?- o tal vez no
-Yo... yo- estaba nerviosa y balbuceaba sin saber el motivo, se dio un golpe mentalmente y continuo –No, aun no, quiero hacer otras cosas antes y…
-Está bien, no hay problema, solo quiero que estés segura de esto
-Sí, lo estoy
-¿Cuándo piensas volver?- Eso era lo que más le importaba a Jabu en aquellos momentos
-No lo sé, pero no pretendo tardar tanto
-¿Por qué no volver ahora?- Jabu quería convencerla, quería que volviera con él
-porque si lo hago no volveré a salir de Japón
-Entonces, te apoyare en todo lo que decidas
-Gracias, Jabu- Miho lo abrazo, tal vez sería el último abrazo durante mucho tiempo
