Más sobre el pasado. La batalla que designó lo sucedido en el presente cae sobre las memorias de Luffy.

Espero que lo disfruten.


-7-

Yo recuerdo.


Fuego. Un fuego único y devastador; que lo consume todo.

Ahí estaba Luffy arrodillado entre un mar de llamas, en un océano de perdición, pues sobre él, alrededor de las llamas se encontraba un remolino de sombras. Aquella entidad negra que lo llevaba todos los días a su perdición, un sinfín de emociones negativas que lo hacía odiar, que lo hacían llorar, que lo hacían… olvidar.

Entonces escuchó su voz…

—Luffy. – aun la recordaba perfectamente, todavía sentía que podía tocarle. —Luffy. – él alzó los ojos, ya no sentía su cuerpo y las fuerzas lo habían abandonado, pero aun así buscó la capacidad para encarar aquella entidad.

—¿Ace? – era él, su hermano mayor. —¿Eres tú Ace?

—Luffy. – en medio de las llamas la silueta de un hombre se formó y con ella el corazón de Luffy dio de saltos. —¿Te has olvidado de mí? – pronunció aquella imagen, en la cual no había ni piel, ni carne ni hueso, sólo fuego.

—¡No, eso nunca! – se levantó, aun presa de la depresión se levantó temeroso. —¡Ace!

—Luffy. – pero alguien más aparte de él sobresalía entre las llamas, una pequeña multitud, personas que conocía muy bien.

—Muchachos. – tragó saliva, sus nakamas estaban frente a él.

—¿Te has olvidado de nosotros?

—¡Jamás! – proclamó seguro.

—¿Y de mí? – entonces la oscuridad consumió aquel aro de fuego y como un espejo, su propia imagen caminó a él en medio de un laberinto oscuro, en donde el fuego desaparecía lentamente.

—Soy yo. – obvio.

—Te has olvidado de mí, ¿Verdad? – le dijo su propia imagen y Luffy negó rápidamente.

—¡No, nunca! – intentó alcanzarle, pero no importaba cuanto lo tratara, su mano no podía tocarle.

—Pues yo si te he olvidado. – contempló con horror la sonrisa maquiavélica que se marcaba en su propio rostro. —Eres débil, Luffy. – entonces sintió que le tomaba de los hombros y se convertía en aquel monstruo que vivía en su interior, en aquella pesadilla. —No es más que una fantasía, Luffy. – le dijo Nightmare. —Es sólo una ilusión… que te consumirá lentamente ¿Y sabes qué? No podrás hacer nada para remediarlo, has perdido tu libertad. – la risa bestial emergió de su garganta y terminó por atormentar al muchacho.

—No… - negó lentamente. —¡No! – tomó a Nightmare de las muñecas y lo apretó con todas sus fuerzas. —¡Tú no puedes quitarme de en medio! ¡Jamás me olvidaré de mi libertad! ¡Soy un pirata, soy libre!

—No. – dijo Nightmare para lentamente consumirse en fuego. —No eres más que un prisionero… que quiere olvidar el pasado. – la misma sonrisa malvada salía a flote y la imagen de su misma cara cambiaba dramáticamente a la de un demonio que conocía muy bien. —Todos morirán, por culpa tuya.

—¡No! - Luffy despertó lleno de sudor y agitado. Tenía el rostro desencajado y de la nada el sonido gutural de otra persona la sacó de sus pensamientos. Tenía a Nami sujeta de las muñecas, las cuales comenzaban a colorearse de morado.

—Luffy. – gimió Nami. —Me lastimas. – el muchacho condujo su vista a las manos de la chica y la soltó rápidamente, como si le quemara.

—Nami. – masculló, sin aliento. —Lo siento… no quise hacerte daño. – ella retiraba sus manos y las frotaba con delicadeza, Luffy pudo apreciar una lagrima solitaria en sus mejillas. Nami negó lentamente y le dio la espalda, para que no le viese compungida.

Luffy apretó los puntos con impotencia y con ello hizo un gesto de decepción. Iba a alejarse de ella, no podía soportar la idea de perder el control y lastimarle, no quería que más cosas malas sucedieran.

—Luffy. – Nami lo llamó y se detuvo ante esto.

—Lo siento. – musitó y justo cuando iba a dar un paso más ella lo detuvo mientras tomaba su mano entre las suyas. Aunque lastimada, no podía permitir que Luffy se fuera y se perdiera en su soledad, además, tenía una pregunta que hacerle.

—¿Quién es Moria? – Luffy abrió los ojos sorprendido para después cerrarlos con lamentación.

—¿Cómo sabes de él?

—Tú lo dijiste… mientras dormías. – respondió Nami, tímida.

—¿Yo? – Luffy miró sus manos, que sujetaban a la suya. —¿Te duelen? – se refería a sus muñecas, que seguían ligeramente moradas.

—¿Qué, esto? – miró sus extremidades e hizo un gesto indescifrable para Luffy. —Estoy bien.

—Vamos. – de nuevo la guio a su habitación y antes de que él pasara por la puerta elevó su vista al techo. —Chopper. – dijo, la sombra del pequeño médico se manifestó en las paredes mientras se acercaba a su capitán. —Cura a Nami, por favor. – la sombra asintió y se adentró en el cuerpo de Luffy para que a continuación éste tomase la cara de siempre, aquella con ojeras y un poco diferente a su humor habitual.

Una sonrisa se asomó en los labios de Luffy, indicándole a Nami que la trasferencia de mando había sido completada exitosamente.

—Hola, tiempo sin verte. – dijo Chopper con una voz más aniñada de la que Luffy comúnmente hablaba.

—Lo mismo digo. – Nami esbozó una sonrisa y se dejó atender. Se sentó en la cama y Chopper se acercó para inspeccionarla cuidadosamente.

—Mmm, sólo con ligeras contusiones, ¿Cómo te las hiciste? – a pesar de estar en el cuerpo de Luffy, Chopper ignoraba todo lo que sucedía en el castillo.

—Yo… me lastime con unas mantas. – mintió, a sabiendas que engañar a Chopper era casi imposible. Después de todo era un médico.

—Está bien si no quieres decírmelo. – suspiró el reno para después comenzar a untar un ungüento sanador. —Esto disminuirá el dolor, pero tienes que tener cuidado ¿Sí? Para que no te duela.

—Claro. – Nami se mantuvo a raya, en realidad no tenía muchas ganas de hablar sobre ello con Chopper, lo que había pasado fue un accidente y ella lo entendía. Después de todo, el estado mental de Luffy era, por no decirlo de manera alarmante, delicado.

—Te vendaré para que estés mejor. – comentó el médico, Nami simplemente asintió.

—Gracias, Chopper.

—De nada.- sin embargo, la respuesta fue un poco más tosca, la voz cambió de nuevo y Nami se halló frente a Luffy, quien le sostenía las manos con delicadeza.

—¿Luffy? – no supo en que momento, Chopper se había ido.

—¿Ya te sientes mejor? – le preguntó en un susurro y Nami asintió cuidadosamente.

—Sí, gracias.

—Hace un momento. – Luffy le encaró. —Me preguntaste que si quien era Moria. – ella no dijo nada. —Pues bien, él… era un demonio que azotó con esta tierra hace muchos años.

La chica se mordió el labio, era la primera vez que Luffy le contaba abiertamente sobre un hecho pasado.

—¿Qué pasó? – murmuró con tranquilidad, aunque por dentro sentía mucha curiosidad.

—Gekko Moria, así se hacía llamar. – Luffy se recargó en la silla que Chopper le había traído para curarle. —Él odiaba a la familia Portgas, pero a quien más odiaba era a Roger, por haberle derrotado.

—¿Al Rey Pirata? ¿Ese tal Moria era un pirata también?

—Creo que sí. Pero dejo de serlo y con el tiempo se dedicó a saquear tierras para su propio beneficio, cuando llegó a esta tierra se topó con Roger, quien acababa de llegar a este lado del mundo. Según Rouge, Roger veía de muy lejos y según mi abuelo, del lugar de donde venía era un hombre muy buscado. Luego nos dimos cuenta que él era el Rey de los Piratas y mi abuelo Garp su eterno rival y perseguidor. Cuando Moria llegó a esta tierra asesinó al padre de Rouge y tomó el castillo, se coronó a sí mismo como el soberano e hizo miles de atrocidades para divertirse, le gustaba que los hombres peleasen entre ellos y cuando uno perdía, reclamaba su cadáver para hacer quien sabe qué cosas.

—Eso es horrible. – dijo Nami, mientras se encogía en su asiento.

—Lo sé. – dijo Luffy en un suspiro. —Rouge nos contó, cuando éramos niños, que ella vivió horriblemente su infancia; que cuando Roger apareció de la nada y le pidió ayuda simplemente le dijo que sí, poco después Moria cayó gravemente herido, jamás había visto a alguien tan fuerte en su vida.

—Lo imagino.- contribuyó Nami. —Mi madre fue parte de la Marina un tiempo, solía contarnos historias de piratas y entre ellas, la leyenda del Rey de los Piratas era más que increíble.

—Hai, Roger tuvo mucha fama… - Luffy se cruzó de brazos. —No sé por qué lo dejó, era genial.

—Bueno, al menos protegió a Rouge-san y a tus hermanos cuando dejó de serlo.

—Eso es cierto. – Luffy esbozó una sonrisa. —Roger era un buen sujeto, tanto, que no mató a Moria en su batalla. – Luffy cerró los ojos y negó en silencio. —Pero, debido a su clemencia, Moria maldijo a la familia Portgas.

—¿Maldijo? – ahí estaba, la pista para entender la metamorfosis de Luffy.

—Moria juró vengarse, dijo que aplastaría a todos los integrantes de la familia Portgas e intentó hacer algo sin igual.

—¿Qué cosa? – Nami estaba al filo de su cama.

—Gekko Moria tenía una habilidad extraña que, ahora que lo pienso mejor, debió ser producto de una Akuma no mi.

—¿Entonces era un usuario? – Nami abrió los ojos sorprendida al recordar el texto del diario de Rouge, en donde la madre de Ace había escrito que durante una charla entre Roger y Garp, el viejo rey pirata había mencionado que se enfrentó contra un usuario, cosa que al parecer Rouge no había tomado tan enserio, pero ahora todo tenía sentido.

—El poder de Moria se llamaba Kage Kage no Mi. Eso fue lo que dijo, cuando le conocí.- Nami lo miró sin entender, ¿Conocerlo? Pero, si dijo que fue derrotado por Roger, ¿Cómo era posible?

—¿Cómo lo conociste? ¡Oh, ya entiendo! Dices que Roger no lo mató, ¿Volvió a atacar? – Luffy negó con la cabeza. —¿Ah no?

—Rouge me contó, hace mucho tiempo, que el terrible Moria fue encerrado en una extraña prisión de cristal y hielo, ignoro cómo fue posible eso, pero desde su derrota con Roger jamás se le volvió a ver en estas tierras.

—¿Entonces… cómo es posible que tú lo conocieras?

—Porque fue liberado… - Luffy apretó los puños. —Por ese maldito. – Sus nudillos se estaban poniendo blancos —Él nos traicionó, traicionó a Ace. – cerró los ojos angustiado.

—¿Los traicionó? – Nami tragó saliva. —¿Quién?

—Marshall D. Teach.

El hombre que provocó todo.

—¡Ace! – Luffy podía reconocer esa estela de fuego en cualquier sitio, el poderoso Portgas D. Ace, o mejor conocido como sólo Ace, en los mares abiertos, era toda una celebridad en el mundo pirata, y sin duda, el hermano mayor de uno de los novatos más sonados de la época, Monkey D. Luffy, el temible Mugiwara.

—¡Luffy! – Ace había interceptado el barco de los piratas del Sombrero de Paja, hacía unos días Ace se había retirado del mundo de la piratería dado que había cumplido la mayoría de edad que le concedía otra clase de título además del de ser "Puño de Fuego, Ace", el infame pirata que podía controlar el fuego al otro lado del mundo. Por tanto, como despedida y como último acto de presentación por ser el gran pirata que había sido, se retiró de su actual tripulación y decidió reunirse con su hermano menor antes de llegar al viejo reino de la familia Portgas.

—¡Ah, que agradable sorpresa, no esperaba verte por aquí! – los dos estrecharon sus manos y puños para sonreía mutuamente.

—Quería visitarte, hay algo que tengo que decir.

—Claro, pasa, pasa. ¡Muchachos, Ace está de visita!

Los piratas del Sombrero de Paja eran una tripulación famosa por su sorprendente fuerza y agallas para ser un grupo tan reducido. En estos momentos del día cada Mugiwara estaba ocupado haciendo sus cosas, pero al escuchar a Luffy se reunieron en la cubierta del barco para saludar al hermano de su capitán.

Ya se habían conocido antes, Ace había ido a ver a su hermano hacía un tiempo y él, tan educado como siempre, les había pedido de favor que cuidaran de Luffy, ya que era un imprudente y siempre se estaba metiendo en problemas. Por ende, la tripulación Mugiwara estimaba a Ace, así que le saludaron afectuosamente.

—¡Oh, es Ace! – dijo Usopp, el inventor y francotirador del barco, quien se aproximaba para saludarle de mano.

—Hola, chicos. – Ace asintió y saludó.

—Ace-kun, ha pasado tiempo. ¿Cómo estás?

—Muy bien, Robin-san. – toda la tripulación le conocía.

—¿Qué te trae por aquí? – preguntó Zoro, quien después de saludar de lejos se sentaba cómodamente recargado al mástil de su barco pirata. El poderoso Sunny Go, un barco creado por Franky, el carpintero y multiusos de los Mugiwaras.

—¡Aww, vino a visitarnos, Ace "Puño de Fuego"! – celebró Franky, quien acababa de verlo.

—¡Wow, los brazos del carpintero crecieron! – exclamó maravillado Ace, al notar las enormes extensiones en los brazos de Cutty Flam.

—¡Son increíbles, no es cierto! – Franky posó un par de veces más y los hermanos D rieron ante esto.

—Ace, ¿Se te ofrece algo de comer? – Sanji ya había preparado la merienda pero al ver al hermano del capitán a bordo estaba seguro que tendría que preparar el doble, era bien sabido que ambos podían comerse un elefante entero cada quien y aun así pedir el postre.

—Sería un placer, tus comidas con geniales, Sanji.

—Enseguida traeré algo. – el cocinero e retiró y el resto de los Mugiwaras se quedó en cubierta mientras atendían a Ace.

—¿Entonces? – Zoro se impacientó un poco, tenía rato que había preguntado, pero por el escándalo Ace no pudo contestarle.

—He venido a visitar a Luffy y a decirle algo. – Luffy prestó atención.

—¿De qué se trata?

—Pues verás. – Ace se sentó en el césped fresco del barco y suspiró ligeramente agobiado. —He dejado la piratería.

—¡¿Qué?! – un grito general se expandió por el barco al escucharlo.

—¡¿Estás bromeando, Ace?! – Luffy era el más incrédulo. —¡Pero si adoras ser pirata!

—Lo sé, lo sé. – se cruzó de brazos y bajó la mirada. —Tengo una mala noticia Luffy. – de pronto todo el ambiente se hizo espeso. —Mamá murió.

—¿Qué…? – el pirata musitó con la boca seca y un nudo en la garganta. —¿Hablas… en serio?

—¿Crees que bromearía con algo así? – Ace apretó los puños. —Enfermó, no quiso decirnos nada, pero hace poco recibí una carta del palacio, Crocus-san dijo que estaba en las últimas, no podía hacer nada más por ella.

—No puede ser. – Luffy cayó sentado al suelo y apretó el césped con fuerza. Mientras la tripulación se sumergía en completo silencio, sin saber qué hacer.

—Hace una semana me avisaron… junto con esta carta. – sacó de su ropa un sobre y se lo entregó a Luffy, quien lo leyó en silencio. En pocos segundos pequeñas lágrimas de tristeza surcaron el rostro del joven.

—Lo siento tanto, hermano. – se limpió las lágrimas en silencio.

—Luffy-san. – Brook, el esqueleto parlanchín y que hasta este momento permaneció en afonía colocó su mano huesuda sobre su hombro para reconfortarlo.

En muy pocas ocasiones Luffy hablaba de su familia, de hecho, llegaron a haber momentos en los que todos pensaron que no tenía o que había aparecido de la nada, sin embargo, durante la primera visita de Ace se dieron cuenta que no era así. Luffy les contó un poco de su procedencia, les dijo que había tenido una madre y un padre adoptivos, un abuelo y dos hermanos, sin embargo, actualmente muchos de los integrantes de su familia había muerto o se encontraban lejos.

Saber que su madre había fallecido era realmente triste para todos, puesto que todos estaban tan relacionados que lo que sentía uno era captado por los demás.

—Gracias. – Luffy tomó aire en sus pulmones y miró a Ace, quien también tenía los ojos vidriosos. Luego de la muerte de Roger, Rouge se volvió un soporte para ellos. Era una madre cálida y consoladora; también estricta, pero la mayoría del tiempo enseñaba bien a los muchachos. Quizá Luffy no había aprendido muchos modales, dado que Rouge los dejaba ser ellos mismos, pero sí había aprendido a amarla desde lo más profundo de su corazón; el saberla muerta le dolía y mucho.

—Muchachos, ¿Pueden dejarme a solas con Ace? – era una petición justa y los piratas se retiraron para que pudieran charlar. —Supongo que harás algo al respecto. – en la carta, Rouge se despedía de Ace y Luffy con tanto amor, que Ace no dejaría pasar este hecho por alto. Antes de partir y volverse pirata, su madre comprendió al cien por ciento que estaba en su sangre en salir al mar, pero también le dijo que nunca olvidara sus raíces, pues ese lugar había sido tan valioso para Rouge como para Roger que le dolería tener que perderlo.

Luffy sospechaba de Ace, ya se hacía una idea de por qué quería abandonar su puesta de pirata.

—Regresaré al reino y me convertiré en su protector, junto como nuestra madre hubiese querido.

—¿Estás seguro? – Luffy sabía lo mucho que Ace amaba ser pirata.

—La verdad no del todo. – contestó con honestidad. —Pero se lo prometí a mi mamá, le dije que no tenía nada de qué preocuparse, que la tierra en donde crecimos estaría bien una vez que ella se fuese de este mundo.

—Entiendo. – hubo una pausa. —¿Y el Oss-san que ha dicho? – se refería a Shirohige, un poderoso pirata de la época de Roger que aún guardaba fama y poder. Cuando Ace partió de casa y se convirtió en pirata Shirohige lo reclutó, a pesar de que Portgas le confesó u ascendencia el veterano lo trató como a otro de sus hijos y los protegió sin importarle sus raíces.

—Oyachi dice que está bien, que existen cosas que los hombres debemos hacer por su familia y por uno mismo. Me dijo que, en caso que deseara volver a la tripulación las puertas estarían abiertas. – Ace se recargó hacía atrás en el pasto. —Creo que es lo mejor. Si el castillo cae, oka-san no podía descansar en paz.

—¿Tú crees? – Luffy respiró pensativo. —De todas formas, Ace. – el mayor le prestó atención. —Te apoyare en lo que sea, y si necesitas ayuda no dudes en pedirla.

—¿Ayuda? – se burló entre dientes. —¿De ti? – bromeó con él. —Gracias Luffy, te mandaré decir si necesito de ti o hay alguna novedad.

—¡Oh, que malo eres!

Así, la conversación terminó en risas y juegos. Todos comieron y después de un tiempo Ace se marchó.

Al llegar a las tierras de la familia Portgas fue recibido por la gente de su castillo con escepticismo. Después de la muerte de la última de la familia Portgas no podían creer que el hijo pródigo estuviera de regreso. Ace dijo que había cumplido los veinte años y tenía edad suficiente para gobernar. Tras comprobar que era totalmente sincero y autónoma para hacerlo lo aceptaron inmediatamente.

De entre los consejeros y capataces que vivían en el castillo se acercó a él un viejo conocido que era también un mentor y amigo. Thhatch felicitó a Ace por volver y hacerse cargo de todo. Teach, un hombre que le doblaba la edad y también un viejo capataz al servicio de la familia Portgas le organizó un banquete de bienvenida. El muchacho agradeció con alborozo la fiesta y prometió, que sin importar qué protegería el patrimonio que le había dejado su madre.

Así pasó el tiempo y Ace se volvió un rey respetado y querido por sus sirvientes. El trataba a todos como si fueran sus nakamas, educación dada por Shirohige y sus amigos, pues dejaba claro que todos eran importantes y que como líder, protegería a sus subordinados así como también les castigaría si desobedecían su moral.

El tiempo fue próspero y así, pasaron dos años. Todo parecía miel sobre hojuelas, todo, excepto una cosa…

Marshall D. Teach, el capataz había descubierto una cámara secreta en el castillo Portgas. Se trataba de un lugar secreto que sólo los miembros de la familia conocían; la prisión de Moria. El feroz demonio (o usuario) que una vez arremetió contra las tierras reales yacía encerrado en una prisión de cristal y hielo, tal como se había descrito antes.

Teach había descubierto aquella cámara por casualidad. Cuando Rouge murió y el castillo quedó totalmente desorganizado, antes de que Ace llegase, recorrió cada recoveco del castillo en busca de algún tesoro, el hombre había fingido por años lealtad incuestionable por temor a Roger y claro, porque simplemente no deseaba comprometer su carrera. Antes de morir escuchó hablar a los sirvientes más viejos sobre los tesoros legendarios que escondía la familia. El viejo Teach pesó que podría tratarse de oro, joyas y dinero, o bien, de Akumas no mi. Si había algo que Teach deseaba era una Akuma no mi única que según las historias sólo existía en ese lado del mundo y que pertenecía a realeza. No en vano buscó por años hasta que llegó al regazo de los Portgas, se mantuvo fiel y callado hasta que descubrió que efectivamente, existían tesoros maravillosos escondidos en alguna parte del castillo.

Lo que encontró fue más que un tesoro. Teach encontró un cofre con la fruta que tanto deseaba, pero también un extraño mapa con una clave secreta. Después de investigar durante días encontró el salón secreto, en donde yacía Moria.

El usuario de las sombras estaba congelado, pero su sombra vagaba por aquella cámara, escondiéndose y lamentando la pérdida de su amo, la cual, fielmente no abandonaba la cámara en ningún momento. Cuando se encontró a Teach la sombra se abalanzó sobre él y una vez ahí, se apoderó de su mente, dado que Kurohige desconocía de dicha habilidad. No obstante, él era demasiado para ser controlado, pues a pesar de todo poseía una férrea voluntad y después de tanto tiempo de inactividad la sombra no tenía la capacidad de resistirlo.

Pero, a pesar de ello, sí pudo comunicarse con él. Moria tentó a Teach con promesas de poder y venganza. Le contó su historia y le pidió su ayuda para liberarse. La mente de Moria y su sombra estaban conectadas a un nivel superior y le era fácil al usuario comunicarse con Teach. El regordete capataz poco a poco aceptó, supuso que no estaban mal empezar su aventura sin antes forrarse de dinero y riquezas lo más que pudiera. Así que aceptó derrocar a la familia Portgas, lo cual sería demasiado sencillo, dado que Rouge acaba de morir y no había nadie que sucediera el trono. Consideró pues, que este sería su perfecto cuartel general.

Moria le dejó claro que si él averiguaba cómo sacarlo de ahí le otorgaría más cosas de las que pudiera codiciar, además de su promesa de unírsele en su cruzada; y esto complació a Teach. Pero una semana más tarde regresó a la cámara con malas noticias. Había descubierta cómo romper la prisión, desafortunadamente sólo la sangre de un Portgas podría hacerlo y la última de sus descendientes había muerto hace poco.

Cuando Ace regresó a las tierras el panorama cambió y Teach se dio cuenta que esta era su oportunidad. Ahora que el hijo de Rouge estaba en el castillo las cosas serían mucho más fáciles y con su habilidad recién dominada empezó a idear un plan maquiavélico para liberar al usuario de la Kage Kage no mi.

Pero, para poder hacer realidad ello debía tener paciencia y tenía que armar un ejército y aliados en su golpe de estado. En total le costó dos años convencer a la suficiente gente para que se realzara contra el rey, así mismo, contrató mercenarios y se hizo de fuerte aliados que más tarde marcarían una importante ventaja sobre ello.

Todo pasó un día como cualquier otro. Lo que desencadenaría el evento sería la muerte de capataz Thatch. La noticia se había expandido como pólvora por todos lados, Ace estaba furioso y triste, cabría destacar, y tal como su Oyachi le había enseñado lo peor que podría hacer una pirata, o persona, en este caso, era asesinar a un nakama. Aún no había sospechoso, de hecho, pero para asegurar esto Ace recurrió a hacer un interrogatorio exhaustivo a cada uno de sus empleados. Cuando llegó con Kurohige éste fingió demencia y aseguro que estaba tan molesto como él en ese sentido, pues Thatch había sido su compañero por muchos años y fuese quien fuese lo pagaría caro. Ace le dejó ir después de un rato, al parecer Teach era inocente.

Al parecer.

Pero, muy en el fondo, Ace sentía un peso duro en el estómago que se intensificaba cada vez que se acercaba a Teach. Las sospechas crecieron así como su ira, mandó emisarios por todos los recovecos del reino, si fuese necesario él mismo iría a buscar al asesino de su amigo, esto no se quedaría sin castigo, lo había jurado.

El día en el que todo comenzó Ace, para variar, recorría los recovecos del castillo como lo hacía en tiempos pasados, cuando Sabo, Luffy y él jugaban a las escondidas en la enorme estructura. En medio de sus pensamientos Ace logró ver a Teach frente a una puerta en medio del pasillo, si su memoria no le fallaba esa puerta era un cuarto de escobas y para poner algunos muebles viejos. Ace se escondió y observó cómo después de golpear una combinación de piedras de forma sistemática la nació debajo de la puerta un extraño pasadizo que iba al subterráneo. Alzó las cejas desconcertado, no recordaba ese lugar. Teach bajó en silencio y la compuerta se cerró inmediatamente, algo estaba siendo por demás sospechoso y lo averiguaría.

Teach bajó las escaleras oscuras como si nada, últimamente su dominio y adaptación a la oscuridad era mejor que nunca, por lo que caminar sin luz le era relativamente fácil. Después de bajar varios metros llegó a una puerta de acero y piedra, accionó una palanca escondida y tan silenciosa como una pluma a la deriva la puerta se movió dejando caer polvo. Pasó rápidamente y llegó a la gran prisión de Moria. La sombra del usuario se abalanzó contra Teach y se cobijó sobre él para comunicarse.

¿Y bien?

—Parece que nadie sospecha nada, Ace está buscando arduamente al asesino de Thatch y no tiene ni idea de lo que se avecina.

¿Ya pensaste en cómo lo traerás aquí?

—Claro, aprovecharé a que esté dormido y usare la fuerza de la Yami Yami no mi para traerlo aquí, no podrá hacer nada, Zehahahaha. – se carcajeó.

Es un buen plan, pero creo que tendrás que ejecutarlo antes de tiempo.

—¿De qué estás hablando?

—Teach. – el capataz se congeló al escuchar la voz de Ace detrás de él. —¿Qué significa esto?

—¡Oh, Ace! – le miró con una sonrisa. —No esperaba que descubrieras este pasadizo. ¿Qué te trae por aquí?

—Deja de hacerte el tonto, Teach. – del cuerpo de Ace pequeñas flamas comenzaban a mostrarse. —¿Ese monstruo de ahí… es Moria, no es así?

—¿Ese? – Teach lo señaló para volver a sonreír. —Sí, es Gekko Moria, el demonio de las sombras.

—Será mejor que te expliques, Teach. – el aura de fuego de Ace se hacía cada vez más grande. —Porque no me gustan los rodeos.

—Mmm…- el capataz suspiró. —Está bien… Pero primero, necesito que me hagas un favor.

—¿Umm?

—¡Kurouzu! – el vórtice oscuro tomó por sorpresa a Ace y antes de que pudiera atacar su cuerpo fue atraído hasta Teach en un instante. Kurohige lo tomó del hombro y automáticamente Ace mostró una cara de asombro. —Parece que te diste cuenta, ¿Verdad? Apuesto que ya ha pasado tiempo desde la última vez que alguien pudo tocarte a voluntad, esta es la habilidad de su fruta del diablo, la Yami Yami no mi. Sé bien que tú posees una habilidad demoniaca para controlar el fuego… pero eso no es nada ahora. ¡Porque yo puedo anularlo! – le dio tremendo golpe en el estómago que mandó a Ace contra el otro extremo de la habitación. Ese golpe acababa de sacarle todo el aire de los pulmones.

—Maldito… - musitó mientras se levantaba lentamente.

—Ahora que te ataque creo que no tiene sentido ocultarlo. – Kurohige señaló la prisión de cristal. —Verás, Ace. Hace mucho tiempo tu padre aprisionó a Gekko Moria por ser un monstruo devorador de sombras… he decidido liberarlo y para ello necesito un poco de tu sangre y el conjuro correcto, ¿Quieres cooperar contestemente o arreglamos esto por la fuerza?

—¿Y tú piensas…? – susurró Ace mientras se levantaba lentamente, una hilo de sangre brotaba de su boca. —¿…Qué voy a acceder tan fácilmente?

—Creo que no me quejas alternativa. – volvió a estirar su mano hasta él. —¡Kurouzu! – de nuevo y de forma inevitable Teach activó la fuerza de succión del vórtice oscuro y Ace, a pesar de resistirse fue atraído por la oscuridad una vez más.

—¡Shinka Shiranui! – jamás lo hubiese esperado pero dos lanzas de fuego atravesaron el estómago de Teach al momento que Ace se acercaba y al ver que el cuerpo del muchacho se acercaba le acertó un buen puñetazo en el rostro a Ace, mandándolo a otro extremo de la habitación.

—¡Maldita sea, maldita sea…! – Teach se revolcó en el suelo de la habitación iracundo, pues el dolor de ser quedado desde afuera y adentro era demasiada para él.

—Me las pagarás… - Ace hizo resplandecer su cuerpo. —Horatubi… - miles decenas de lucecitas rodearon el cuarto. Teach se quedó quieto observándolas. —¡Hidaruma! – las luces explotaron sobre Teach en un mar de fuego incandescente el usuario de la Yami Yami no mi corrió por todos los extremos de la habitación con sus ropas encendidas.

—¡Maldito mocoso! – gritó presa del escozor de las quemaduras.

—No permitiré que liberes a Moria. – murmuró Ace, preparando su próximo ataque.

—¡Eso lo veremos! – sin darse cuenta, el suelo de la habitación estaba lleno de una neblina oscura, Ace no supo exactamente cuándo pero sintió que era tragado por esa oscuridad y justo cuando pensó que podría esperar saltando el vórtice de Teach lo atrajo una vez más, esta vez el golpe fue en directo a su rostro y Ace, a sabiendas se preparó para acertarle uno igual. Los puños se cruzaron mutuamente causando daño a ambos usuarios.

¡Teach acaba con ese niño de una vez por todas! – reclamó Moria en su mente, cansado de ver tanto despliegue de técnicas sin resultados exactos.

—Eso lo dices tú, no estás peleando contra él. – reclamó Teach, agotado.

Entonces tendré que ayudarte… - musitó el demonio.

—¡Kagerou! – al escuchar la voz de Ace el capataz sudó.

—¡No te dejaré, Black Hole! – se creó un agujero negro que succionó la llamarada de Ace. Teach rio al último. —Ya no te vez tan fuerte, eh, Ace. – retó y como respuesta obtuvo más fuego.

—¡Hiken! – una llamarada más intensa y desquiciante calentó la habitación, Teach comenzó a darse cuenta que si no fuese por su agujero negro en estos momentos estaría totalmente tostado. Cuando Ace terminó su ataque Teach pensó que sería bueno atacarle de igual forma.

—¡Liberation! – del techo emergió una columna de fuego que se tragó literalmente a Ace, pero, tras eso nada había cambiado.

—¿Eres estúpido? – se burló Ace. —El fuego es parte de mi cuerpo, no puedes vencerme con fuego.

—Tan sólo estaba distrayéndote. – una cortina de oscuridad se expandía en los pies de Ace y lo dejó inmóvil.

—¿Qué demonios…? – intentó moverse pero entonces sintió un dolor punzante y transitivo que lo llevó a voltear a su pecho. Desde la espalda, una extraña daga oscura acababa de atravesarle por detrás.

—¡Zehahahaha! – se burló Teach. —Ahora las cosas cambian, ¿Eh?

—¿Una sombra…? – Ace exclamó mientras emergía una bocanada de sangre de su boca. La sombra de Moria le había atacado por sorpresa. Ace en ningún momento se enteró de que dicha sombra también estaba en el juego.

—¡Kurouzu! – de nuevo fue desprendido hasta Teach y esta vez no fue un golpe lo que recibió, sino que un puñal atravesó su estómago. Ace exclamó más sangre y cuando Teach retiró el arma el muchacho cayó de rodillas. —Ahora podremos usar tu sangre. – Tomó el cuerpo de Ace y con una expresión sádica pasó el dedo índice sobre la herida y empapó toda su mano. Lanzó a Ace lejos, aún aprisionándole con la oscuridad en caso de que pudiera levantarse y quemarlo por la espalda. Pasó la sangre re Portgas sobre el cristal que sorprendentemente no le había pasado nada debido al fuego.

¡Dilo, dilo ya! – pidió impaciente Moria.

—Por la sangre de la familia real, por el espíritu y la virtud de esta sangre, pido a los dioses liberen a este demonio y que la sombra vuelva a la tierra. – dicho esto la sangre de Ace fue consumida por el cristal, que de un color verde pasó a ser rojo y lentamente comenzó a desquebrajarse.

Moria fue liberado de su prisión.

—¡Kishishishishi! – el demonio volvía a posarse sobre la tierra. —¡Al fin libre! – se dirigió hasta Teach. —Bien hecho, te recompensaré por esto.

—Estoy seguro de ello. – miraron a Ace quien parecía haber perdido el conocimiento. —¿Qué haremos con él?

—Entrégamelo, tenemos una cuenta pendiente. – tomó a Ace de la nunca y lo levantó para después impactarlo contra el cristal. —Parece que ya se murió. – dijo al verlo de cerca, no pereciera que Ace fuese a reaccionar en cualquier momento.

—Iré a afuera, el golpe de estado comienza ahora. ¡Zehahahahaha! – Teach desapareció por las escaleras, dejándoles a solas.

—Ahora te arrancaré la cabeza, tal como lo prometí, tu familia me las pagará. – alzó una mano al aire para quitársela de un golpe.

Moria atacó y antes de que pudiera hacer algo su mano se detuvo en el acto por Ace. El muchacho sujetó fuertemente su puño con ambas manos y las apretó hasta causarle dolor.

—¡Estabas vivo!

—No permitiré que se salgan con la suya. – susurró Hiken. —Le prometí a mi madre que protegería su tierra y eso haré.

—¿Ah sí? – Moria rio. —¿Y que podría hacer un moribundo como tú?

—Más de lo que imaginas.

Una estela de fuego emergió desde el centro del castillo y mientras el caos se desataba en el exterior entre el ejército del castillo y los rebeldes de Kurohige chocaban espadas, a lo lejos, cerca de la entrada del puerta para acceder al rio que posteriormente llevaba al gran lado de la familia Portgas un barco pirata se acercaba rápidamente.

—¿Qué fue eso? – preguntó Chopper, el reno había percibido el olor a carne quemada.

—Algo está pasando en el castillo. – dijo Luffy, nervioso. —Espero que Ace esté bien.

El inicio de la leyenda acababa de denotar.

Continuará…

Los Mugiwaras arribaron casualmente y los sucesos que vendrán a continuación lo explicaran todo. Nos vemos en el próximo capítulo.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.