El Gran Final
Edificio de la Corporación Buher.
De noche.
El momento había llegado.
Las estrellas ya estaban alineadas. Todo estaba listo para el ritual.
Una compuerta en la azotea del edificio se abrió, al mismo tiempo que una plataforma movida por motores neumáticos subió el círculo de celdas de los demonios prisioneros a la cima. En el centro de todos ellos, sobre su pedestal, el medallón aguardaba a ser activado…
Buher, vestido con un traje de etiqueta, como si fuera a asistir a una fiesta de gala, presidió todo desde el interior de su panorámica oficina privada. Bebía Champagne de una copa y a la vez, fumaba un puro encendido mientras se deleitaba con la visión de sus planes finalmente realizados.
Era la hora.
¡Pronto, el Triunvirato arribaría a la Tierra!
Pronto, sus más oscuros sueños de inmortalidad, se harían realidad.
Gunn estacionó la camioneta en la entrada del rascacielos. Tanto Ángel como Spike y él descendieron del vehículo, contemplando el lugar.
-Tengo una pregunta, oh, gran líder – dijo Spike - ¿Sabes como le hacemos para entrar ahí?
-Me extraña que seas tú quién me pregunte semejante cosa – Ángel levantó su espada. Comenzó a caminar hacia la puerta – ¿Por donde más entraríamos, si no fuera por la puerta principal, por supuesto?
Spike sonrió.
-¿Sabes, peach? Ya no me caes tan mal, después de todo.
El amuleto se activó.
Una terrible ola de energía salió de él. Envolvió a los demonios en las celdas y les succionó toda la vitalidad… luego, canalizó y drenó ese mismo poder infernal hacia el cielo estrellado de la noche, justo encima mismo del edificio.
Como un velo que se rasga, el aire nocturno se partió por la mitad, hendido; dejó paso a un impresionante agujero de fuego perpetuo que giraba locamente en espirales, abriéndose en un eructo obsceno para darle paso a unas entidades terribles que moraban mas allá del Mas Allá…
En su oficina, Buher alzó su copa y brindó.
-¡Loado sea el Triunvirato! – dijo - ¡Bienvenidos, Maestros! ¡Bienvenidos a su nuevo hogar permanente!
Del gigantesco hoyo de fuego, brotaron tres titánicos rostros asexuados compuestos del mismo material. Con ojos similares a piras ardientes, contemplaron la ciudad que tenían por debajo con una expresión de deleite…
La sonrisa jubilosa que el empresario tenia plantada en la cara en ese momento, murió de improviso en cuanto la puerta de su despacho se vino abajo de un golpazo. Volando hacia el interior, un guardia de seguridad se derrumbó en el piso, la nariz rota e inconsciente.
-Buenas noches, Sr. Buher – dijo Ángel, entrando primero con su espada en alto – Hemos venido a buscar algo que no le pertenece… y que queremos que nos devuelva.
Spike y Gunn, que terminaron de dar buena cuenta del resto del personal de seguridad de la Corporación, no tardaron en seguirle. Se plantaron los tres en el centro de la sala, cubriendo toda posible salida e impidiendo cualquier escape por parte del hombre de negocios.
Buher los sorprendió a todos al sonreír, sereno.
-Vaya, vaya, vaya… ¡Miren nada mas! – rió - ¡El gran Ángel en persona! – extendió una copa de Champagne hacia él - ¿Gustas acompañarme? ¡Será un inmenso placer brindar por el máximo triunfo de mi vida!
-¡Lo único que vamos a brindar va a ser la flor de patada que te daremos en el trasero, maldito hijo de puta! – masculló Spike. Su rostro adquirió su aspecto demoníaco en un santiamén. Gruñó, lleno de ira - ¡Personalmente, me voy a entretener en arrancarte la cabeza y luego colgarla en mi departamento, como trofeo!
-Oh, inspiradoras palabras las tuyas, chico. Ya lo creo que si – el empresario dio una fumada a su habano. Exhaló satisfecho el humo por la nariz – Para desgracia tuya y de tus amigos, eso NO va a suceder nunca, me temo.
Estiró una mano y presionó un botón de su escritorio.
-Un gusto conocerlos, en verdad.
De inmediato, se encendieron las lámparas ultravioletas de la oficina. Tanto Ángel como Spike retrocedieron, sus cuerpos echando humo. Corrieron hasta la salida de la habitación y allí se quedaron, a salvo de la destructora luz anti-vampiros, pero totalmente imposibilitados de entrar y de detener al hombre.
Gunn tragó saliva. No quedaba otra más que ocuparse él de todo. Así lo haría…
-¡Detenga todo esto, ya mismo! – le dijo al empresario, levantando su hacha amenazante.
-Ah, Sr. Gunn… que curiosa coincidencia verlo aquí. No importa. Sea cual sea el motivo por el que acompaña a estos dos zánganos, ya es demasiado tarde para detener nada… - Buher se volvió hacia la ventana de su despacho - ¡La hora del Triunvirato ha llegado! Mientras hablamos, los tres Señores del Infierno se disponen a unírsenos para el banquete… ¡Se alimentaran de esta Tierra y nadie podrá evitarlo!
-¡En tus sueños, maldito! – Gunn se abalanzó contra él – Ultima advertencia, Buher. ¡Termínalo o te parto en dos!
-¿De verdad lo haría, Sr. Gunn? – Buher levantó una mano y le apuntó con una pistola que había sacado de un cajón – Veamos si es tan valiente con una bala en mitad de su cuerpo…
-¡Cuidado, Gunn! – gritaron Ángel y Spike, desde la puerta. Los dos intentaron entrar para salvarle, pero apenas pusieron un pie en la sala, empezaron a arder de nuevo. Tuvieron que recular, a pesar de ellos mismos.
El ruido del disparo retumbó en toda la habitación. Un agujero de bala apareció en el hombro del muchacho…
-¡GUNN! – gritó Ángel, impotente.
Gunn se desplomó en el suelo, herido. Su hacha cayó a un costado en donde Buher, avanzando hacia él, la pateó lejos de su alcance.
-¡Aaaaaay! – chilló en el piso, retorciéndose de dolor. Tenía una mano apoyada sobre su herida, de la que emergía muchísima sangre.
El empresario se paró encima de él; apuntó su pistola directo a su cráneo y miró a la pareja de vampiros apostada en la puerta, con una sonrisa demencial.
-Díganle adiós a su amigo – dijo.
…Su dedo se tensó sobre el gatillo…
-¡NOOOO! – aulló Ángel, transformando su rostro por el de vampiro y lanzándose contra él. Ignorando las terribles quemaduras que las radiaciones provocaron en su cuerpo, embistió a Buher justo cuando disparaba. La bala se desvió de su trayectoria, rebotó en una pared y fue a dar contra las lámparas ultravioletas…
Todas estallaron, apagándose.
-¡No, no, no! – gritó Buher, mientras fue el turno de Spike de arrojarse contra su cuerpo. Libres de la luz que los aniquilaría, los dos vampiros se pudieron mover con total libertad por el cuarto.
-¡Esta va por Illyria, hijo de puta! – dijo Spike, dándole un puñetazo directo a la mandíbula - ¡Y esta va por Charlie! – le dio otro puñetazo - ¡Y esta otra, va de regalo, cabrón! – volvió a golpearlo.
El empresario escupió dientes y sangre, pero el rubio no estaba saciado todavía. Lo tomó de su corbata y lo estampó contra su escritorio; lo empujó por él, a continuación, tirandolo hacia el piso.
El hombre cayó hecho un guiñapo.
-¡Este mal parido no nos molestara mas! – Spike se dio vuelta hacia Ángel. El moreno estaba asistiendo al herido Gunn - ¿Cómo se encuentra?
-Vivo, pero tiene que ver urgente a un medico – dijo el otro, ayudando al muchacho a sentarse. Presionó una mano sobre la herida, de la cual seguía saliendo sangre.
-Ay, ay, ay… ¡Mierda! Duele… duele como mil demonios.
-Shhh. No hables, Charles. Quédate quieto…
-Odio arruinar buenos momentos, pero creo que tenemos un Apocalipsis que evitar, cabezón – Spike se acercó al ventanal del despacho de Buher y echó un vistazo al cielo sobre ellos…
Allí arriba, el Triunvirato no se veía ya tan feliz. Los tres rostros titánicos de fuego puro ahora observaban con disgusto el edificio donde ellos se encontraban. Sabían, de alguna manera, que estaban arruinando sus planes…
…Un fuertísimo temblor de tierra los sacudió…
-¡Están por aplastarnos! – le gritó Spike a Ángel, mientras se sostenía de donde podía - ¡Estoy teniendo un Deja Vuh con lo de Sunnydale! ¡Es el colmo! – varios muebles se cayeron de lugar. En la distancia, algunas ventanas se rompieron - ¿Alguna idea de última hora para salvarnos?
-Se me esta ocurriendo algo – Ángel corrió hacia el escritorio de Buher – Le he visto tocar aquí para activar las luces, a lo mejor, tal vez… - contempló la hilera de botones que estaban ahí - ¡Cruza los dedos! Creo que sé lo que esto va a hacer.
-¿Tenemos otra opción?
-Si. Morirnos.
-¡Prefiero el plan A, entonces!
Ángel presionó un botón.
En la azotea del rascacielos, la plataforma automatizada con los demonios prisioneros descendió bruscamente al interior… tanto, que los motores neumáticos que controlaban su movimiento chirriaron y explotaron, en una lluvia de chispas eléctricas.
El círculo de celdas se rompió. Una a una, cayeron como fichas de domino y arrasaron incluso el pedestal con el amuleto. Sacado de su posición central, el medallón se desactivó… parando el canal de energía demoníaca que mantenía el portal abierto…
-¡No, no! ¿Qué han hecho? – gritó Buher, poniéndose de pie con dificultad y estampándose contra el ventanal de su oficina - ¡No!
Roto el ritual, los tres rostros de pesadilla del Triunvirato perdieron poder. El agujero de fuego por donde habían aparecido comenzó a colapsar, sin más…
Una de las caras de los Amos del Infierno se volvió hacia el edificio, rebosante de furia. Habló y cuando lo hizo, una siniestra sentencia fue echada.
-¡BUHER! ¡NOS HAS FALLADO!
-¡NOOO! – aulló el empresario, aterrorizado.
El Triunvirato explotó. Su deflagración fue tal que el cielo sobre Los Ángeles se iluminó como si fuera de día, por espacio de un segundo…
La onda de choque de la detonación golpeó el rascacielos, un instante después; los vidrios de todas las ventanas se rompieron en miles de fragmentos cortantes, hacia su interior. Ángel y Spike se colocaron sobre Gunn, sirviéndole de escudo ante la mortífera lluvia, pero Buher no tuvo tanta suerte: cientos de pedazos de vidrios partidos volaron sobre él, hundiéndose en su carne y acabando con su vida.
…Cuando cayó al piso, lo hizo para nunca más levantarse…
Todo había terminado.
