7. El lugar al que pertenecemos

- No quiero volver ahí – Dijo Harry de forma tajante

- Confía en mí

- Pero Emy – Se quejó Sirius

- ¡Por favor! – Respondió ella suplicante

Siguieron por el camino hasta la verja. Emy miró a todos los lados para cerciorar que nadie más la veía. Alzó las manos y pronunció un hechizo "Monstrare Focaris". Como si de la misma niebla, que aquel día se les presentó en el jardín de la casa, se tratara, poco a poco la imagen de la vieja y destartalada casa se fue desvaneciendo para mostrar una totalmente renovada, con la piedra de las paredes pulida, con los ventanales reformados, con el tejado sin tejas descolocadas, ni trozos de musgo, ni grandes agujeros. Se fijaron también en la valla que cercaba todo el recinto, ahora se encontraba en perfecto estado y bien pintada de verde oscuro. Emy abrió la pequeña puerta de acceso al jardín trasero y al camino que llevaba a la parte delantera de la casa, tanto Sirius como Harry iban detrás de ella sin ninguna gana. Aunque se notaba que todo aquello había cambiado en cuatro días, la sensación era la misma. La puerta principal no tenía nada que ver con la que ellos habían visto, ahora se mostraba señorial, elegante y lustrosa. Emy sacó una llave y la introdujo en la cerradura.

- Bienvenidos a nuestro nuevo hogar – dijo abriendo la puerta

Ante ellos se presentó un gran vestíbulo precioso, con una gran lámpara de cristales en el centro. Las paredes pintadas en color gránate, las alfombras limpias, el taquillón de entrada lustroso, sobre él el espejo tallado de una belleza increíble y las puertas y zócalos perfectamente blancos, daban al lugar un aspecto de mansión de cuento de hadas. Sirius y Harry entraron despacio intentando asimilar lo que estaban viendo, realmente era muy diferente a lo anteriormente visto. Emy les condujo al salón, que se veía realmente bonito una vez terminado; luego les enseñó la cocina y el aseo de invitados. Ninguno dijo ni una sola palabra, Emy lo interpretó como que les estaba gustando y les llevó a la parte de arriba. La habitación de invitados era una preciosidad, se parecía a esas estancias de pequeños hostales de cinco estrellas, luego el baño grande y lujoso que tenía una gran bañera para relajarse, después la habitación de Harry. Este casi se cae de culo cuando la vio, era exactamente igual a la que tenía en Hogwarts.

- Como esta ya te había gustado, pues la he puesto igual, eso sí, si tú quieres cambiar algo me lo dices

Emy esperó la contestación y al ver que no llegaba prefirió seguir con el itinerario. Abrió la habitación de la abuela, todo seguía igual que cuando la habían abandonado pero totalmente limpia y con las paredes pintadas.

- Este seguirá siendo el cuarto de la abuela – Emy sonrió al ver que ésta estaba escondida bajo la cama – Ahora subiremos al ático

Emy salió de la habitación y les guió por el pasillo a unas escaleras, que estaban medio escondidas, con una puerta en la parte opuesta a la última habitación. Subieron por ella y se encontraron un espacio abierto, enorme, que se mostraba como un pequeño apartamento, con una salita con televisión y otra zona con las camas y el ropero. También había una puerta que daba a un baño igual de grande que el de abajo.

- Este será nuestro dormitorio, Sirius - Emy se sentó en uno de los sofás esperando a que alguien dijera algo pero seguían allí, mirando hacia todos lados sin decir ni una sola palabra. - Me ha costado muchos días de trabajo como para que ahora no digáis nada

- ¿Has hecho esto tú sola? – Preguntó lentamente Sirius

- Sí, bueno, con ayuda de la abuela

- Y después de lo que pasamos en esta casa ¿Quieres venir a vivir aquí? – Harry miraba estupefacto a su tía

- Bueno, he aprendido que no debemos aferrarnos a los miedos, a tormentos del pasado. Si vivir aquí es asimilar que un día perdí prácticamente a toda mi familia en este lugar ¿Porque no voy a querer cambiarlo y crear a mi nueva familia en el mismo lugar?

- ¿No te trae demasiados recuerdos? ¿No crees que serás desdichada bajo este techo?

- Aquí he vivido momentos inolvidables, buenos y malos pero son parte de mí y quiero seguir viviendo momentos buenos y malos, con mi familia, en este lugar

- Yo os traje aquí para enseñaros el dolor de Emily – La voz de la abuela se introdujo en la habitación

- Muéstrate a ellos sin miedo

La abuela salió de las escaleras con cara de no haber roto un plato en toda su vida.

- ¿Así qué usted es la culpable de que haya estado cuatro días sin mi mujer?

- Me temo que sí, joven, y permítame puntualizar que aún no es su mujer

- ¡Abuela!

- ¿Me echas a mí la bronca y a él no? ¡Ha sido impertinente conmigo!

- ¡Conque impertinente con usted! PERDÓNEME

A Sirius parecía no importarle lo más mínimo hablar con un fantasma y que encima fuese el de una bruja muy poderosa, madre del mago más tenebroso de todos los tiempos.

- DEBE PERDONARME... Sobre todo por tratarla como si fuese culpa suya que yo haya estado cuatro días en vela, pensando que había perdido al amor de mi vida porque le había prometido no acercarme a esta casa ¿Y cómo iba a ser culpa suya?

- Debo reconocer, Emy, que este chico tiene carácter

- GRACIAS, SEÑORA. PERMÍTAME PRESENTARME – Sirius respiró profundamente debido a que no podía estampar a un fantasma, encima mujer y anciana – Soy Sirius Black, prometido y futuro marido de su nieta

- Supongo que tenga algún dinero con que mantenerla, no quiero vagos en mi familia

- ¿QUÉ? – Sirius iba a estallar

- BASTA YA, LOS DOS – Emy se había levantado del sillón furiosa por la presentación que ambos habían tenido – DEBERÍA DAROS VERGÚENZA, PARA MÍ ES MUY IMPORTANTE QUE VOSOTROS OS LLEVEIS BIEN

- Lo siento, cariño, es que estoy muy nervioso por este repentino cambio. Hace nada hemos vivido aquí la experiencia más horrible que he tenido junto con Azkaban

- ¡Claro, ex presidiario!

- ¡ABUELA! – Emy la miró y casi la deja petrificada – Lo entiendo, amor mío, pero es precisamente por eso que estamos aquí

- Pues yo no lo pillo – dijo Harry desde una esquina

- Esta casa nos recordará a nuestros seres queridos, nos recordará que nunca debemos dejar de ser una familia y que tenemos que ser fuertes contra la oscuridad... No podemos abandonar esta casa de la misma manera que no podemos abandonar nuestras vidas

- Es increíble lo que has crecido, Harry, eres un muchacho muy atractivo para la edad que tienes, seguro que traes de calle a todas las jovencitas

- Gracias...

- Abuela, llámame abuela

- Gracias, abuela, pero sólo me interesa una

- ¡Ah, pues eso lo tenemos que profundizar!

- Si eres tan amable de callarte un momento, para que pueda ver si ellos admiten venir aquí, te lo agradecería... ABUELA

- Está bien, está bien, iré a dar una vuelta

El fantasma de la anciana se hundió en el suelo, desapareciendo de sus miradas.

- Antes de contestarte si me parece bien o mal quedarnos aquí, debo hacer una pregunta – Sirius estaba bastante alterado - ¿Esa mujer va a parecer y a desaparecer en cualquier parte como Peeves?

- Por supuesto que no ¿Qué clase de intimidad tendríamos entonces?

- Vale, es lo que quería oír

- A mí me gusta la abuela

- Me alegro, Harry – Dijo Emy con retintín en la voz

- ¡Oh, por amor de Dios, Emy! No pensabas que iba a quedarme callado ante "la fuerza extraña" que hizo que pensara que nos habías abandonado

- Te dije, tía, que había estado insoportable

- Yo también lo hubiese pensado y... también me enfadé con ella cuando lo supe... No te culpo pero ahora, cuando os volváis a ver, te pido, por favor, que comencéis de nuevo ¿vale?

- Vale

- Bueno ¿Nos quedamos aquí? – Preguntó Emy con voz suave y melodiosa

- Por mí sí – contestó Harry

- Por mí... también

- ¡OH, QUÉ BIEN, QUÉ BIEN! – Emy saltaba de alegría - ¿Qué os parece si hacemos la mudanza esta tarde?

- Eso ya no me pone de tan buen humor – Se quejó Harry – Pensaba que podíamos ir al pueblo para estar con los chicos en los ensayos

- Creo que, en vez de auror, se va a convertir en músico – Se burló Sirius

Bajaron hasta la cocina de la casa, donde se encontraba la abuela mirando el jardín de atrás.

- Te ha quedado de maravilla, Emily, he de reconocerlo

- Señora, quería presentarle mis excusas por haberme comportado en exceso brusco con usted

- Las acepto

- Quisiera también decirle que mis intenciones con su nieta son muy honestas y quisiera casarme con ella, si a usted no le parece mal...

- ¡Oh! ¿Me está pidiendo su mano, caballero?

- Sí, señora

- Sirius se está pasando de la raya – Le dijo Emy por lo bajo a Harry, que se estaba partiendo de la risa

- Si mi nieta le ama, yo no voy a poner ningún impedimento, todo lo contrario le trataré como a mi nieto también

- Gracias, una pregunta más ¿Cómo debo llamarla?

- Bueno, hace muchos años que me acostumbre a que me llamaran siempre abuela, pero tengo otros nombres. El de señora Ryddle no me gusta nada, señorita Martín, mi apellido de soltera, me gustaba pero si ha habido un nombre que siempre me encantó fue Sunny, así me llamaba mi gran amiga Maggy Figg.

Emy sonrió al recordarlo.

- Pues, si usted me lo permite, será así como la llame, Sunny

- Por supuesto

- A mí también me gusta – Agregó Harry

Trajeron todos los alimentos, no eran muchos, de la casa de los Figg y los metieron en la cocina. Allí comieron, con la abuela, mientras se reían de sus ocurrencias e historias. Por la tarde fueron a realizar la compra semanal y dejaron para el viernes la mudanza. Después de estar en el centro comercial, se pasaron por el restaurante para decirles a Ángel y Lola que todo iba bien pero no se quedaron a cenar para disgusto de Harry, eso sí, prometieron hacerlo el sábado por la noche.

Dedicaron el viernes a realizar una mudanza completa, de todas sus cosas, a la gran casa de piedra. Distribuyeron todo y se pasaron el día fisgando objetos antiguos y fotos viejas, que la abuela había decidido no tirar a última hora. Mirando todas aquellas cosas, le traían recuerdos de las personas que se lo habían regalado. Y es que la abuela Sunny, desde que había llegado al pueblo, solo había vivido de dos cosas, la huerta, con sus interminables semillas mágicas y la adivinación.

Por esta última ocupación había sido conocida en bastantes kilómetros a la redonda y encima ocupaba una casa que era símbolo de suerte para los marineros. Así que gente de toda clase iba a verla para que les leyera las cartas, les diera su bendición para sus cosechas o para las faenas de la mar o incluso hubo quien trajo a sus bebes recién nacidos para el mismo fin. A cambio ella nunca pidió dinero, nunca pidió nada pero ellos siempre le traían presentes, regalos, carne o pescado y así nunca les faltó de nada, ni a ella ni a los Figg.

Eran ellos quienes se ocupaban de la huerta, que cada vez era más grande y Maggy, normalmente, se ocupaba, en especial, de las flores, que eran alabadas por la mayoría de la gente que visitaba el lugar. Cuando se enteraban de la desgracia de alguna familia, fuese por motivos económicos o por otros motivos, siempre iban, como buenos vecinos, a apoyarlos y llevarlos algún sacó de patatas o algunas berzas, coliflores o tomates y siempre, siempre, un pequeño ramo de flores. Los tres eran muy queridos en el pueblo y nadie sospechó nunca que fuesen magos o brujas sino gente de buen corazón.

Así vivieron hasta que llegaron tres jóvenes al pueblo, buscando a una señora en particular y nadie del pueblo les dijo ni una sola palabra, no se fiaron mucho de ellos pero la abuela Sunny sabía que ellos iban a llegar, así que el destino volvió a unirla con su familia y desde entonces, la pequeña Emily vivió con ella. A Harry le encantaba oír contar cosas a su bisabuela, se quedaba quieto, totalmente centrado en cada palabra de la anciana fantasma y se hubiese pasado horas y horas allí escuchándola, de no ser porque su tía no permitía que se fuese muy tarde a la cama.

El sábado llegó con olor a huevos fritos y bacón, así que los dos hombres se levantaron sin protestar y aparecieron en la cocina con cara de no haber comido en un mes. Se desayunaron hasta la última miga de pan, cuando deberían haberse dado cuenta que aquello tenía truco. Consistía en ampliar la distancia y reducir el tiempo en sus ejercicios. Así que aquella mañana de fin de semana, recorrieron diez kilómetros corriendo y siete nadando, para cuando llegaron a sentarse en la arena, los huevos y el bacón se había esfumado. Al pueblo irían por la tarde así que se quedaron en casa a comer.

- Creo que hoy podríamos variar con un poco de lectura – Dijo Emy en voz alta

- Me parece una buena idea... ahora eres tú quien debe abrir la biblioteca – Le contestó el fantasma

- Pero yo no tengo varita

- Eso no te ha impedido hacer ningún hechizo, que yo sepa

- Cierto, entonces si sois tan amables – Dijo mirando a Sirius y Harry que no sabían de qué estaban hablando – Acompañadme

Salieron de la cocina y se dirigieron al vestíbulo. Emy se paró delante de las escaleras.

- Bien, este es el primer hechizo que he de enseñaros en esta casa – Sonrió a ambos y siguió hablando – Estas escaleras nos conducen hacia arriba o hacia abajo. Arriba ya sabemos lo que hay y abajo lo vamos a descubrir ahora

- Esto es emocionante, no sabía que la casa tenía estancias mágicas

- Y no las tiene, lo que hay, son habitaciones secretas – Emy terminó de reírse por su broma y alzó la mano indicando con su dedo – varita – Tenéis que estar conectados conmigo cuando diga el hechizo así que tocarme uno y los demás en cadena

Harry se agarró de la mano de su tía y Sirius se agarró de la mano de Harry. En ese momento el pobre muchacho recibió una pequeña descarga.

- Ahora ya sé lo que se siente

- ¿Lo puedes aguantar?

- Perfectamente

- Pues allá vamos "Totus Inmobilis" – Exclamó mientras apuntaba hacia el primer escalón – "Invertere Sentire"

Una a una, las escaleras se fueron poniendo en rampa y luego desaparecieron recogidas por el último escalón del piso superior, como si de una persiana se tratara, para dejar ver unas escaleras hacia abajo con antorchas apagadas a los lados.

- "Lumus" – Ordenó Emy para encender las lámparas y dejar ver el pasillo que llevaba a una sola puerta – Es por aquí, daros prisa

Emy abrió la puerta girando el pomo y dando paso a la habitación más alucinante que se hubiese podido esperar fuera de Hogwarts. La palabra biblioteca alcanzaba ahí su más amplio esplendor. Estaban en medio de una sala circular con dos pisos, ellos se encontraban en el superior, que estaba forrado de estanterías de madera incrustadas en la pared con miles y miles de libros. Se veían de todos los tamaños y colores pero tenían un denominador común, eran muy antiguos.

- "Finnitem" – Dijo Emy – Y así es como se entra en nuestra biblioteca, sin estos pasos es imposible entrar aquí

- Si Hermione ve esto, se cae de culo

- Sí lo sé, es lo primero que pensé de ella cuando la conocí – Respondió Emy – Necesito que me prestéis un poco de atención ahora

- ¿Eh?

- ATENCIÓN

- Sí, sí – Dijeron los dos

- En primer lugar el encantamiento "Totus Inmobilis" es para detener el tiempo y el espacio dentro de la casa, nada que esté dentro puede moverse y nada que esté fuera puede entrar ¿Está claro?

- Sí

- Bien sigo, el encantamiento "Invertere Sentire" es para abrir el pasadizo, claramente significa convertir en sentido inverso, hay que esperar a que la escalera se recoja del todo antes de bajar porque de lo contrario las escaleras son solo una ilusión ¿Está claro?

- Sí

- Por mucho que parezca que vemos en la oscuridad, tenemos que encender las antorchas porque, de lo contrario, no podremos pasar por la puerta y si logramos derribarla lo único que hallaremos es... nada, así que hay que encenderla con "Lumus" ¿Está claro?

- Sí

- Entramos girando el pomo de la puerta hacia la derecha, SIEMPRE LA DERECHA, de girar en sentido contrario nos quedaremos bloqueados ahí abajo y no podremos salir ¿Está claro?

- SÍ

- Y, por último, nada más cerrarse la puerta tras de nosotros, diremos "Finnitem" para que los hechizos anteriores se acaben y todo en la casa vuelva a la normalidad... Digo nada más cerrar la puerta porque, sino, todo quedará como antes de entrar y no queremos dejar a las personas en un estado de petrificación tal que luego quieran vengarse ¿Está claro?

- SÍ

Ahora ya podéis ir a echar un vistazo