LAUREN 3.
El dolor en el cuello hizo que me despertara. Abrí ligeramente los ojos e intenté mover la cabeza. Me costó un gran esfuerzo hacer que recuperara la movilidad después de haber estado dios sabe cuanto tiempo dormida en esa postura tan forzada. Me masajeé las sienes con las manos, intentando hacer desaparecer la pesadez que me invadía. Poco a poco fui centrándome. Recordaba como, cansadas como estábamos después de lograr estabilizar a Evony, Crystal y yo habíamos decidido posponer cualquier tipo de decisión hasta que hubiéramos descansado un rato. Crystal se había ofrecido a compartir la cama conmigo, pero yo había declinado su proposición aduciendo la necesidad de vigilar el estado de Evony. Sabía de los sentimientos que ella tenía hacia mí y no deseaba ponernos a las dos en una situación tensa. Así que, puse la silla que teníamos en la habitación junto a la cama de Evony y me dispuse a pasar una noche incomoda. En algún momento de la noche el sueño me dominó y me quedé dormida.
Estaba tapada con una manta que no recordaba haber cogido. Obviamente, Crystal se había despertado a lo largo de la noche y me había tapado con ella. Eché un vistazo a la cama y, efectivamente, Crystal dormía profundamente, tapada tan solo por una sabana. Me acomodé un poco mejor en la silla, me subí la manta hasta la barbilla y me dejé invadir por su calidez. Me imaginaba a Crystal, en medio de la noche, cubriéndome con la manta y arropándome. Quizás depositando un suave beso en mi cara.
La presencia de Crystal me hacia ver que había un camino fácil hacia la felicidad. Cuán sencillo seria levantarme de la silla y acurrucarme junto ella en la cama. Perderme en su cuerpo durante horas y olvidar todo el dolor que amenazaba con consumirme. Después, levantarnos las dos y marchar, carretera adelante, dejando toda la locura del mundo fae atrás. Buscar esa granja que ella tanto anhelaba y vivir la vida juntas, viendo amanecer y atardecer, un día tras otro, sentadas en el porche de nuestra casa, una cerveza en la mano y una sonrisa de felicidad pintada en la cara.
Pero yo no había escogido ese camino. Escogí la desdicha el día que fijé mi mirada en Bo y me dejé atrapar por un amor sin fundamento. Desde entonces, pocos días recordaba en los que la alegría hubiera sido la nota predominante. Incluso cuando estábamos juntas, cuando todo parecía ir bien, siempre estaba rondando, soterradamente, algún problema. Su naturaleza, esa necesidad de alimentarse de otros cuerpos, la presencia de Dyson como un recordatorio de que, con un solo paso en falso, la perdería.
Me dejé llevar por tan amargos recuerdos y mi alma se quebró. Amargas lágrimas empezaron a correr por mis mejillas, amenazando ahogarme con su amargura. Ansiaba desesperadamente agarrarme a algo tangible, algo sólido que reafirmara mi decisión, mis actos, necesitaba a … Bo.
Quería oír su voz. Que me dijera que estaba bien. Anhelaba escucharla decir que me amaba, que había sido una sabia decisión marcharme y alejarme del peligro. Me urgía saber que vendría a buscarme cuando todo hubiera acabado.
«¿Dónde está el maldito móvil?» Recordaba haberlo dejado en el bolsillo de mi chaqueta. Me levanté de la silla y recorrí la estancia con la mirada, buscándola. No la veía por ningún lado, tenía que haberla olvidado en el coche. Cogí las llaves de la mesa y abandoné rápidamente la habitación.
En el exterior me recibió la cálida luz del sol. El día era precioso, con un hermoso cielo azul y una suave brisa, que me ayudaron a calmar mis nervios y despejaron mis embotados sentidos. La tranquilidad del motel, a esas horas tan tempranas, solo se veía perturbada por el leve roce de las escoba del recepcionista al barrer el porche que corría a todo lo largo de las habitaciones.
—Buenos días, señorita Lewis —me saludo el recepcionista.
—Buenos días —le respondí.
—Me preguntaba, señorita Lewis, si van a dejar el motel hoy. Hace un día precioso para viajar, y como ayer a la noche me comentó que estaban de vacaciones.
—No lo se todavía, señor…
—Anthony, me llamo Anthony.
—Bueno, Anthony. Mi amiga, la que venía ayer dormida, está un poco indispuesta todavía y puede que tengamos que pasar otra noche aquí. Si necesita el dinero, le puedo pagar ahora mismo.
—No hace falta —me respondió amablemente—. Cuando lo tengan decidido se pasan por la recepción y me lo comunican.
—Gracias por todo. Y ahora, si me disculpa… —le dije mientras me dirigía hacia el coche.
—Que pase buen día.
Anthony continuó con su labor mientras yo abría el coche y rebuscaba en la chaqueta hasta sacar el móvil. Lo miré angustiada y comprobé que tenía ninguna llamada perdida. «No puede ser, Bo tendría que haberme llamado, seguro que le ha pasado algo» Marqué rápidamente el numero de Bo y esperé, ansiosa. El tono de llamada se repetía, insistente, pero Bo no respondía. Ahora ya estaba segura de que algo le había pasado a Bo. Era imposible que rechazara una llamada mía. Ella nunca lo haría.
«Vex, Vex tiene que saber algo». Saqué el papel donde Vex había anotado la dirección del refugio, en el tenia un número de teléfono anotado. «Por si tienes problemas, me había dicho Vex». Tecleé, nerviosa, el numero, deseando que Vex lo cogiera.
El maldito tono de llamada amenazó con quebrar mis nervios cinco veces, pero no hubo una sexta vez. La voz de Vex resonó en mis oídos como música celestial.
—Lauren, me coges en mal momento —me dijo con tono ansioso—. Aquí tenemos muchos problemas, así que no me digas que tú también tienes alguno. ¿Estás en el refugio?
—Todavía no hemos llegado —le respondí—. Hemos tenido que parar en un motel a estabilizar a Evony, pero ya está todo resuelto y esta tarde llegaremos.
—Perfecto, Lauren. Tú llega cuanto antes al refugio y quédate allá. Ahora te tengo que dejar, es un mal momento para charlar.
—¡Vex! —le chillé.
—¿Qué quieres? —me respondió con tono duro.
—Bo. ¿Bo está bien? Necesito hablar con ella y no responde al teléfono. Dime qué no le ha pasado nada.
—Siempre con lo mismo, Lauren —me respondió enfadado—. Con ese rollo trágico de los amantes. Escucha, Bo está perfectamente, solo está ocupada resolviendo los asuntos de los faes. Asuntos de los que tú, voluntariamente, te has alejado. Así que no te quejes ni me lloriquees como una adolescente enamorada y aguántate un poco. Le diré a Bo que has llamado y, cuando ella pueda, te devolverá la llamada. Y ahora déjanos hacer nuestro trabajo.
—Vex, por favor…
—Adiós, Lauren.
Vex me colgó el teléfono abruptamente. Volví a marcar su número, pero ya lo había desconectado.
Me apoyé en el coche, mareada, a punto de desmayarme. La sensación de soledad e impotencia amenazaba con arrebatarme la cordura. Al final la lógica se había impuesto y Bo me había relegado al último lugar de sus preocupaciones. Siempre había temido que llegara el día en que Bo se diera cuenta de que no era más que una simple humana incapaz de satisfacer sus necesidades. El día en que eligiera a su especie por encima de mi amor. Y yo, tonta de mí, le había puesto la decisión en bandeja al alejarme voluntariamente de ella.
Volví a la habitación casi sin apenas darme cuenta, mi mente ausente, intentando procesar tan amarga realidad. Crystal y Evony dormían plácidamente, ajenas a mi dolor. A punto estuve de despertar a Crystal y pedirle que nos marcháramos juntas, que me ayudara a olvidar a Bo, pero no fui capaz. Mi mente, mi cuerpo, anhelaban todavía a Bo y no pensaba dejarla atrás para siempre sin oír de sus labios que eso era lo que ella deseaba. Iría al refugio y esperaría cuanto fuera necesario hasta que ella viniera a buscarme, o directamente podía volver a la ciudad a buscarla.
«¡Dios mío! No sabía que hacer.»
Decidí darme una ducha para despejar un poco la mente y relajar el cuerpo. Fui al baño, me desnudé y me metí en la bañera. Abrí el grifo y giré la maneta hasta lograr un chorro de agua lo mas caliente posible. Me sumergí debajo de él y dejé que aquel calor abrasador recorriera mi cuerpo, intentando relajarlo. Apoyé mi frente en la pared de la bañera y, con los ojos cerrados, dejé que el chorro de agua golpeara mi cuello mientras me dejaba llevar por la añoranza. Recordaba todos los buenos momentos vividos con Bo, sin querer creer que nunca más volverían. Anhelaba tanto su presencia, el roce de su cuerpo junto al mío, sus besos, sus caricias, sus palabras de aliento, sus miradas…todo.
Me sumergí tanto en mis recuerdos que me pareció sentir las manos de Bo posadas en mis hombros, acariciándolos, masajeándolos, su tacto parecía tan real… Dejé mi mente en blanco y me concentré en aquella sensación tan placentera. Notaba, incluso, como su cuerpo se pegaba al mío y sus manos abandonaban mis hombros para posarse en mis pechos y comenzaban a acariciarlos suavemente, jugueteando con las puntas, endureciéndolas. Una de sus manos descendió suavemente por mi vientre hasta llegar a mi sexo anhelante, sus dedos empezaron a acariciarlo, por momentos suavemente, luego mas rápido.
«¿Cómo es posible qué un recuerdo me excite tanto?»
Eché la cabeza hacia atrás, la gire y abrí los ojos. La tierna mirada de Crystal sostuvo la mía, sus caricias se detuvieron un momento y pude adivinar su pregunta comenzando a salir de aquella boca remarcada por unos hermosos labios. Acerqué mis labios a los suyos, ávida, y respondí a su pregunta no formulada hundiendo mi boca en la suya, deteniendo su lengua a mitad del camino, acariciándola, fundiéndome con ella.
Una de sus manos cogió suavemente mi muslo y me lo alzó hasta apoyarlo en el borde de la bañera, dejando el camino libre. Su mano se deslizó hasta encontrar el camino y dos de sus dedos se introdujeron, tímidamente, dentro de mí. Yo respondí relajando mis músculos, facilitando la labor. Sus dedos comenzaron a entrar y salir rápidamente mientras, con la otra mano, jugaba con mi centro de placer, pellizcándolo suavemente, frotándolo con energía…
Deslicé una mano hacia su nuca, atraje su boca a la mía, como si en su interior se encontrara el aire que necesitaba respirar, y me dejé llevar. Sus dedos entraban y salían, entraban y salían, me pellizcaban, me acariciaban… hasta que un estremecimiento me recorrió el cuerpo, mis piernas fallaron y me colmé de placer. Me dejé ir, abrazada por ella, durante lo que me pareció una eternidad, una gloriosa y placentera eternidad.
Desecha, temblorosa, me di la vuelta y encaré a Crystal, mis manos dispuestas a devolver el placer recibido.
—No —me dijo, deteniendo el movimiento de mis manos.
Me cogió dulcemente de la mano y me ayudó a salir de la bañera. Cogió una toalla y secó a conciencia mi cuerpo, poniendo tal cariño en ello que unas lágrimas de agradecimiento recorrieron mis mejillas.
—Crystal —le dije.
—Calla, Lauren —me respondió, mientras sostenía mi cara por la barbilla y me secaba las lágrimas. Llevo despierta mucho rato y he escuchado tu conversación por teléfono desde la ventana. No tienes nada que decir, simplemente vístete que tenemos que conversar con Evony.
¡Escúchame! —le supliqué—. Lo que ha pasado ahí dentro… estaba pensando en Bo. Para cuando me di cuenta de que eras tú, y no ella, la que estaba junto a mí, ya estaba tan excitada que no pude parar. Ha sido un error, Crystal. Yo no puedo darte lo que quieres.
—Lauren —me susurró mirándome fijamente a los ojos—, yo sé cual es mi sitio, sé lo que me puedes dar y lo que no. Yo te quiero y tú no puedes estar sola, ahora no. Déjame cuidarte mientras Bo no está y cuando ella regrese, yo, simplemente, desapareceré. Te lo prometo.
Me quedé contemplándola un momento, conmovida por sus palabras. Sentí un gran alivio y una inmensa alegría por no saberme sola en este amargo trance.
—Vamos —le dije—. Es hora de hablar con Evony.
Salimos del baño y nos dirigimos a la cama de Evony. Se le notaba febril. Pequeñas gotas de sudor corrían por su frente, señal de que la infección no había remitido del todo. Necesitaba otra inyección, pero esta no le iba a salir gratis.
Le toqué suavemente el hombro y ella abrió ligeramente los ojos. Me lanzó una mirada asesina, indicio de que, aunque enferma, iba a ser complicado doblegarla.
—¡Querida! —me dijo en tono burlón—. No hace falta que me digas donde estamos. Estoy muerta, ya lo sé, y me han enviado al infierno. Mi particular infierno, una asquerosa habitación donde pasar la eternidad en tu compañía. Y con el añadido de tener a la "putita" de Vex cerca, para azotarme el culo si soy mala.
«Esto va a ser difícil»
—¡Escucha, estúpida! No estás muerta, ni esto es el infierno, pero si vuelves a faltarle al respeto a Crystal, desearas estar en él —le espeté con rabia.
—De acuerdo, Lauren, tú me dirás.
— Bo te resucitó con su chi, pero te ha pasado una infección de la que te estoy tratando.
—Bueno —respondió con media sonrisa—. Parece que alimentarme de la pareja feliz no le sienta bien a mi cuerpo.
«"Pareja feliz", si tú supieras»
—Le sienta bastante mal, no tengas duda —le repliqué—. De hecho necesitas una o dos inyecciones más del antídoto para curarte. Si no te administro una ahora, lo más probable es que estés muerta en unas pocas horas.
—¿Y a qué estás esperando? —me preguntó mientras me echaba una mirada interrogativa.
—La primera inyección era gratis —le respondió Crystal—. Para recibir la segunda los "humanos" como tú tenéis que pagar un precio.
—¿Y qué tiene una "humana" como yo de valioso para entregaros a cambio de tan preciada cura? —me preguntó, con tono burlón.
—Información —le respondí.
—Pues pregunta, querida. Que no tengo mucho tiempo para responder.
—¿Cómo nos apresasteis a Crystal y a mí?
—¡Poco precio para tan alto premio! —respondió sarcásticamente—. Siempre te he tenido vigilada, Lauren. Eras una buena opción, yo diría que la mejor, para atraer a Bo al lado de la oscuridad. Así que siempre estuviste controlada. Cuando te marchaste de la ciudad con Taft, te mandé seguir. Supe todo lo que habías hecho en su laboratorio y decidí que eras demasiado peligrosa como para dejarte campar a tus anchas. Además tus conocimientos médicos nos eran de utilidad, así que, en cuanto recuperé mi posición de poder, mandé a atraparte. Y de paso me traje a tu amiguita, siempre me podría resultar de utilidad a la hora de presionarte si te negabas a obedecerme. Pero tú… tú me lo pusiste muy fácil. Lo tenías todo pensado. Debí sospechar de la docilidad con la que aceptaste estar con las sombras, pero cegada como estaba, por el triunfo que suponía tener a la novia de Bo bajo mis pies, te subestimé. No volverá a pasar, te lo aseguro, Lauren.
Me lanzó una mirada desafiante. Yo sostuve su mirada y le pregunté directamente
—¿Quién es el hombre de negro?
Ella siguió mirándome fijamente, pero su mirada ya no era tan firme.
«Duda, está dudando»
—No lo conozco. ¿Debería?
—No, no lo creo —le respondí duramente.
—Crystal.
—Dime, Lauren.
—Empieza ha hacer las maletas. No quiero estar aquí cuando la infección coma por dentro a Evony. Va a ser un espectáculo desagradable… desagradable y doloroso.
Crystal comenzó a recoger la habitación mientras yo cogía una silla y la colocaba junto a la cama de Evony. Tomé la inyección de Bo y comencé a jugar con ella en las manos, mirando fija y desafiantemente a Evony.
Pasaron unos segundos, segundos interminables en los que la pelea de miradas se intensificó.
Crystal entraba y salía de la habitación, llevando nuestras cosas al coche. La jeringa se movía lenta e hipnóticamente en mi mano. La mirada de Evony evitaba la mía, sus ojos seguían el movimiento de mi mano…
—Marcus, se llama Marcus —me susurró.
—Continua —le apremié—. Crystal casi ha terminado de llevar las cosas al coche.
—Es cierto que te tenía vigilada. Te mandé seguir cuando te marchaste de la ciudad y te tenía controlada cuando estabas en el laboratorio de Taft. Después Vex se aprovechó de la amnesia general y me sustituyó. Él no prestó la mayor atención al hecho de que no estuvieras localizada. Tenía otras cosas en mente, cosas como tu amiguita.
«Cuando volví a ser Morrigan —continuó hablando Evony —, tu pista ya se había perdido. Un día apareció en el complejo de la oscuridad tu "hombre de negro" y solicitó una audiencia. Era un hombre de hermosas facciones, con unos hermosos ojos marrones. Tenía algo que me atraía, así que escuché lo que venía a contarme. Él me contó que te tenía localizada y que, en el momento oportuno, dejaría que yo te capturara. Le pregunté qué quería a cambio de entregarte y su respuesta fue: "Nada, Evony, el placer de saber que Lauren es esclava de nuevo es suficiente para mí."
—¿Por qué un fae de las luces me entregaría a ti? —le pregunté extrañada.
—¿Marcus un fae de las luces? —me replicó, burlona.
—Evony, está claro que si fuera un fae oscuro, me hubiera llevado contigo inmediatamente, obedeciendo las órdenes de su Morrigan. Si no lo hizo así, es porque era un fae de las luces y no te debía obediencia alguna.
—Querida, no era fae, era humano.
—¿Humano?
—Con ciertos poderes, eso sí, pero humano —me aclaró—. Extrañada de su naturaleza le pregunté; cómo es que sabía de nuestra existencia y de nuestra necesidad de atraparte. Él me explicó que su naturaleza era debido a un experimento.
—¿Qué tipo de experimento?
—Un experimento tuyo —me respondió divertida.
Evony sostuvo mi mirada, inquisitiva, intentando adivinar si yo ya sabía de la existencia de Marcus, y todo aquello era una forma de ponerla a prueba, de testar si podía confiar en ella o no. Yo le sostuve la mirada, intentando mantener la calma. No quería que se diera cuenta de lo desconcertada que me había dejado su revelación.
—Explícate —le dije en tono duro.
—Marcus me contó que te conoció en el laboratorio de Taft. Él se presentó voluntario para convertirse en fae y tú experimentaste con él sin llegar a convertirlo en fae. Me dijo que lo convertiste en un híbrido y que por eso te guarda rencor, por no haber cumplido tu promesa. Así que, te siguió cuando escapaste del laboratorio. Me contó que te tenía vigilada y que su mayor alegría sería verte de nuevo esclava de los faes. Que era su venganza personal por lo que le hiciste.
Noté la presencia de Crystal a mi lado. Ella había terminado de llevar nuestras cosas al coche y se acercó, curiosa, a oír la confesión de Evony. Su mirada de asombro era toda una revelación para Evony, así que, le hice una pequeña señal para que se apartara. Ella se dio media vuelta y salió de nuevo de la habitación.
—Veo que valoras tu vida, Evony. Aunque sea una vida humana —le dije, a la vez que le clavaba la inyección en el brazo—. Ahora descansa.
Salí afuera de la habitación para comentar con Crystal todo lo que me había contado Evony.
—¿Sabías quién era el hombre de negro todo este tiempo? —me preguntó enojada—. ¿Me has engañado?
—No, Crystal —le repliqué angustiada—. Yo no experimenté con Marcus. O Evony ha mentido, o Marcus la ha engañado a ella también. Cosa difícil de creer con lo lista que es.
—Entonces, ¿por qué le has inyectado? —me replicó—. Si ha mentido tal y como dices, la dejamos aquí y nos vamos tú y yo solas.
—Evony me sirve mejor viva que muerta, Crystal. Todavía tengo un as en la manga, otra inyección que seguro le hace hablar más.
—¿La puedes volver fae de nuevo?
—Sí.
—Vaya con la doctora —murmuró.
Me quedé apoyada en la pared del porche, pensativa, mientras Crystal entraba de nuevo en la habitación. Un momento después retornó junto a mí con dos cervezas en la mano. Me ofreció una y las dos nos permitimos unos momentos de relax.
—Necesitamos saber si Evony a dicho la verdad —comenté—. Así sabremos si alguien más nos sigue, pero todavía es pronto para tentarla con la otra inyección. Y sin esa propuesta poco más vamos a sacar de ella.
—Tengo una idea.
—Dime, Crystal.
—Tengo memorizado el número al que llamé para que vinieran a atraparte. Les puedo llamar y decirles que te has escapado conmigo y que yo quiero cobrar mi trabajo. Les doy la dirección del motel. Si solo eran los faes los que te querían atrapar, esa información llegará al Morrigan.
—Y Vex es ahora el Morrigan —sentencié.
—Exacto, Lauren. Él te llamará para decirte que te voy a traicionar…
—Y si hay otras personas implicadas, ellos vendrán a capturarnos —terminé la frase—. Buena idea, Crystal. Coge a Evony y métela en el coche. Luego me recoges en la recepción. Voy a decirle a Anthony que abandonamos el motel.
En cinco minutos arreglé las cosas con Anthony y me reuní con Crystal. Ella ya había colocado a una somnolienta Evony en la parte de atrás y me esperaba con el motor encendido. Me senté en el asiento del copiloto y abandonamos el motel. Aparcamos el coche a unos metros de distancia del motel, en una posición desde la que veíamos perfectamente la entrada del mismo. Crystal se dirigió al bar más cercano e hizo la llamada.
—Ya está —me dijo nada más regresar—. Les he dicho que en una hora nos marchamos de aquí, que se den prisa si quieren atraparte.
—Voy a comprar algo de comer, Crystal. Me rugen las tripas.
—Ok. Yo también tengo hambre.
Me dirigí al 7-eleven y compré media docena de burritos y un pack de cervezas. Cuando estaba en la caja pagando la compra pude ver como llegaba un todo terreno al motel, y dos hombres con aspecto de militares se bajaban del mismo y se dirigían a la recepción. Les vi mantener una conversación con Anthony y luego dirigirse a nuestra habitación. Regresé rápidamente al coche.
—Vamos, Crystal. Comeremos por el camino.
—Yo también los he visto —me respondió.
Crystal aceleró velozmente y abandonamos el pueblo en cuestión de minutos. Miré por el espejo retrovisor y comprobé, aliviada, que no nos seguían. Saqué el papel de Vex de mi bolsillo y cogí el mapa de carreteras para trazar la ruta a seguir.
—¿Al refugio, Lauren?
—Sí.
